Nota: ¡Hola! Aquí está la tercera parte de mi serie "Eternamente juntos". Comienza en el año 2006, y tiene cinco capítulos. ¡Disfrutad!
Capítulo 4
Cuatro años después
Las lágrimas brillaban en sus ojos mientras no dejaba de rebotar nerviosa la pierna contra el suelo. Se mordió fuertemente el pulgar, tratando de controlar los nervios mientras esperaba que pasaran los cinco minutos, y aguantaba las ganas de echar un vistazo.
Cuando sonó la alarma en su móvil, respiró hondo y cogió el palo del lavabo. Las lágrimas que antes estaban en sus ojos, ahora rodaban por sus mejillas. No había duda: estaba embarazada.
Sin embargo, estaba muerta de miedo. No estaba segura de cómo se lo tomaría Aaron. Habían hablado alguna vez de tener hijos, pero nunca habían concretado. Era algo que ella siempre había querido, pero nunca parecía llegar el momento adecuado para ello. ¿Qué haría si Aaron no quería tener hijos?
Cuando habían huido juntos de aquel hotel, sus vidas habían cambiado (para bien) para siempre. Adelantaron su viaje a Quantico, donde Aaron entraría en la Academia en Septiembre y pasaron el verano recuperando los tres años que habían estado separados.
Ella desconectó su teléfono, evitando las llamadas furiosas de Mark y sus padres. Cuando meses después volvió a encenderlo, descubrió cientos de mensajes escritos y el buzón de voz colapsado. Ninguno de ellos era agradable. Lo entendía, pero necesitaba hacer su vida para ser feliz.
Tiempo después, su hermano Josh se puso en contacto con ella, y aún hablaban de vez en cuando. Él la mantenía informada de cómo les iba a sus padres, porque a pesar de que ellos la odiaban, y de que en realidad nunca se preocuparon realmente por lo que ella quería o necesitaba, Erin todavía les tenía afecto.
Esta vez, y aunque ella había huido prácticamente con lo puesto, no estaban tan mal económicamente como tres años atrás. Aaron había trabajado duro, y ella seguía teniendo su cuenta, donde había ingresado todo el dinero cuando estaba trabajando.
Cuando Aaron entró en la Academia, fueron las únicas semanas que estuvieron separados desde que volvieron a estar juntos. Luego él se quedó destinado en Quantico, y establecieron su residencia definitiva en DC.
Esas semanas, ella decidió volver a estudiar, y comenzó un máster en psicología para completar sus estudios. Estaría dos años estudiando, pero si eso le daría la oportunidad de trabajar por fin en lo que siempre había soñado, haría el sacrificio. Aaron la apoyó en todas sus decisiones.
Al terminar el máster y hacer las prácticas en una pequeña clínica, su sueño se cumplió. La doctora a cargo le dijo que si quería, podía contratarla. Le había gustado cómo trabajaba y tenían un hueco para ella. Lloró de felicidad al llegar a casa y contárselo a su marido.
Se habían casado hacía casi dos años, justo antes de que ella empezara a trabajar en la clínica. Fue una ceremonia íntima en el ayuntamiento. Estaban ellos dos y un par de testigos: uno de los guardias de Quantico, con el que Aaron se llevaba bien, y una de las compañeras del máster de Erin. Fue lo que se pudieron permitir en ese momento, por sus obligaciones laborales y el tema económico. Aunque Aaron le había prometido que en cuanto pudieran, harían una boda por todo lo alto y se irían de viaje de novios. Ella insistió en que lo único que necesitaba, era a él.
La madre de Aaron se enfadó con ellos por no decirle nada y no invitarla, pero enseguida se le pasó. Los quería tanto que no podía estar demasiado tiempo enfadada con ninguno de sus hijos. Erin era para ella como una más de la familia desde el primer momento que la había conocido, y para ella, Judy era como su segunda madre.
No supo cuánto tiempo estuvo ahí sentada, mirando el test de embarazo, esperando quizás, que cambiara el resultado. Se sobresaltó cuando escuchó un golpe en la puerta.
-Erin, ¿estás bien? Llevas mucho tiempo ahí dentro -la voz de Aaron sonaba preocupada.
-Sí, estoy bien. Enseguida salgo -intentó darle a su tono un deje de alegría.
Metió el test en su caja y lo guardó en el armario. Más tarde se desharía de él.
Se lavó la cara, borrando todo rastro de lágrimas y puso una sonrisa en su cara. Cerró los ojos brevemente y respiró hondo antes de abrir la puerta.
Encontró a Aaron en la cocina, leyendo el periódico y tomando su café. Levantó la cabeza cuando la oyó entrar y sonrió. Respondió igual mientras iba hacia la cafetera y se servía una taza.
-¿Quieres otra?
-No, estoy bien.
Se sentó frente a él, y miró fijamente por encima de su hombro hasta la ventana. Los árboles comenzaban a florecer poco a poco, dejando atrás el frío invierno.
-Erin, ¿te encuentras bien? -preguntó Aaron de nuevo. Cuando lo miró, vio que tenía el ceño fruncido y parecía preocupado. Sonrió levemente.
-Estoy bien. Sólo cansada. No he dormido demasiado bien las últimas noches. Es una suerte que hoy descanse.
La conocía demasiado bien, y ahora que era perfilador, no se le escapaba nada. A pesar de todo, pareció contentarse con su respuesta, y después de recoger su taza y su plato, los guardó en el lavavajillas. Recogió sus cosas y Erin lo acompañó hasta la puerta.
-Creo que hoy podré llegar temprano. Podemos hacer algo especial si quieres.
Erin asintió sonriendo y lo abrazó. Se empapó del amor que desprendía, ese que siempre la hacía sentir mejor en sus peores momentos, esperando que cuando le diera la noticia, siguiera queriéndola como siempre.
Terminó de poner la mesa y encendió las velas. Todo estaba perfecto: la cena en el horno, la mesa puesta y el test de embarazo guardado en una cajita que le daría a Aaron en el postre.
Después de estar de los nervios y de pensar durante todo el día qué iba a hacer, y cómo se tomaría su marido la noticia de que iban a ser padres, decidió llamar a Alex.
Alex era la prima de Mark, y la única, junto a su hermano, que la había apoyado en su decisión de huir y acabar con su antigua vida. Se conocían desde hacía años, se habían hecho amigas y casualidades de la vida, estaba casada con James Blake, un cardiólogo que trabajaba con su madre.
Alex le recomendó que hablara con Aaron después de la cena. Que cenaran tranquilamente y luego se lo contara. Así que se había dado un baño para calmarse, había preparado una rica cena y se había puesto uno de los vestidos favoritos de Aaron.
Cuando escuchó la puerta, se alisó el vestido rojo y fue a esperar a Aaron frente a la puerta. Sonrió nerviosa cuando entró.
-Oye, estás muy guapa -dejó la chaqueta y el maletín antes de acercarse y besarla.
Ella le rodeó el cuello y profundizó el beso. Él la miró interrogante cuando se separaron.
-¿Y esta bienvenida? ¿Celebramos algo?
-No…o puede que sí. Siéntate y cenemos, luego hablamos.
Aaron notó durante la cena que Erin estaba diferente que por la mañana, más relajada, como si se hubiera quitado un peso de encima; pero también la notó nerviosa por algo. No quiso preguntar, ella hablaría cuando estuviera lista.
Después del postre, Erin se levantó y dejó frente a Aaron una caja rectangular. Él la miró confuso. Iba a abrirla, pero ella lo detuvo posando una mano sobre la suya.
-Aaron, quiero que sepas que siempre has sido mi prioridad, y aunque a partir de ahora nuestra vida será diferente, esto sólo la hará más feliz. Complementará nuestra felicidad.
Había ensayado su discurso, porque terminó convenciéndose que Aaron estaría igual de feliz que ella.
Él asintió ante sus palabras, aún sin entender nada. Abrió despacio la caja cuando ella retiró la mano, y su cara se iluminó.
-Erin, estás…-se mordió el labio nerviosa y asintió despacio-. Cariño, es maravilloso.
Se levantó, y tiró de ella para levantarla y darle un abrazo. Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras la besaba.
-Estaba tan nerviosa, Aaron. Creí que no estarías contento y…
-¿Bromeas? Ahora mismo soy el hombre más feliz del mundo. Te amo, Erin.
-Yo también te amo. He hecho cálculos y creo que estoy de unas seis semanas. He pedido hora con mi ginecólogo para el Lunes.
-Me parece bien. Por supuesto te acompañaré. Pero que te parece si ahora…-la atrajo un poco más a él y comenzó a besarle el cuello-. ¿Celebramos esta maravillosa noticia?
En vez de contestar, lo llevó a la habitación, donde comenzó a desnudarlo. Después de la angustia que había pasado gran parte del día, necesitaba demostrarle todo lo que lo amaba; y más ahora, que en unos meses, tendrían con ellos al fruto de su amor.
Continuará…
