Capitulo 5.
La noche amenaza tormenta; el violento viento sacudía los marcos de las ventanas, y los árboles agitaban sus descomunales y umbríos brazos, cual gigantes en fantástica danza y mortal pendencia. Riza y Winry, completamente solas, abandonaron la casa por la poterna y comenzaron a descender la colina. La luna no había salido todavía; y aunque el camino le era familiar a ambas, Winry se tambaleaba y temblaba, mientras que Riza bajaba con paso firme la empinada pendiente, arrastrando un poco su abrigo. Llegaron a orillas del río, donde una pequeña barca estaba amarrada, y, esperaba un hombre. Riza se introdujo en ella, y ayudó a su temerosa compañera, En pocos segundos estuvieron en mitad de la corriente. El cálido y tempestuoso viento equinoccial las arrastraba. Por primera vez desde que se puso de luto, un escalofrío de placer llenó el pecho de Riza; y ella acogió la emoción con doble regocijo. No puede ser, pensó, que el destino me prohíba amar a alguien tan valiente, tan generoso y tan bueno como Roy. Nunca podría amar a otro; moriré si me separan de él; y este corazón, estos miembros tan radiantemente vivos, ¿están ya predestinados a una tumba prematura? ¡Oh, no! La vida clama dentro de ellos. Viviré para amar. ¿No aman todas las cosas? Los vientos cuando susurran a las impetuosas aguas; las aguas cuando besan los márgenes floridos y se apresuran a mezclarse con el mar. El cielo y la tierra se sostienen y viven por y para el amor. Si su corazón había sido siempre un profundo, efusivo y desbordante manantial de verdaderos afectos, ¿se vería obligada Riza a taponarlo y cerrarlo definitivamente?
Estos pensamientos prometían sueños placenteros; y quizá por eso la muchacha, adepta a la creencia popular en el dios ciego, se entregó a ellos con más facilidad. Pero mientras estaba absorbida por suaves emociones, Winry la agarró del brazo.
-¡Riza, mira! -gritó-. Alguien viene, aunque todavía no se oyen muy cerca los remos. ¡Ahora que el cielo nos ampare! ¡Ojala estuviéramos en casa!
Un oscuro bote se deslizó junto a ellas. Cuatro hombres vestidos como militares, cubiertos con capas negras, manejaban los remos, que, como dijo Winry, no hacían demasiado ruido; otro iba sentado junto al timón: como el resto, iba cubierto con un manto oscuro, pero no llevaba gorra; y aunque ocultó su rostro, Riza reconoció a su amante.
-Roy -gritó en voz alta-. ¿Qué haces tu aquí?
Pero la figura del bote ni volvía la cabeza ni contestó, y rápidamente se perdió en las sombrías aguas.
¡Cómo cambió ahora el ensueño de la bella muchacha! El sueño había iniciado ya su prodigio, y formas sobrenaturales la rodeaban, mientras forzaba la vista por entre las tinieblas. Primero vio, y luego perdió, a la barca que la había asustado; y le pareció que iba en ella otra persona, portadora de los espíritus de los muertos; y su padre le hacía señales desde la orilla, y sus hermanos la desaprobaban.
Mientras tanto se acercaron al embarcadero. Su barca fue amarrada en una pequeña ensenada, y Riza tomó pie en la orilla. Temblaba, y casi se rindió a los ruegos de Winry por su regreso; hasta que la indiscreta muchacha mencionó los nombres del General y de Mustang, y habló de la respuesta que mañana se les daría. ¿Qué respuesta si ella se volvía atrás en su intento?
Riza corrió a lo largo del quebrado terreno que bordeaba el río hasta llegar a una colina que abruptamente surgía de. la corriente. Cerca había una pequeña capilla. Con dedos temblorosos, la joven extrajo la llave y abrió la puerta. Entraron. Estaba a oscuras, salvo una pequeña lámpara, tremulante al viento, que ofrecía una incierta luz frente a la puerta que conduciría hacia la respuesta a sus dudas o a la muerte segura. Las dos mujeres se arrodillaron y se despidieron; luego, se levantaron y Riza, con acento complaciente, dio las buenas noches a su amiga. Luego abrió una pequeña y baja puerta de acero. Conducía a una angosta caverna. Más allá se oía el rugido de las aguas.
-No debes seguirme, mí pobre Winry -dijo Riza-. Ni siquiera con el deseo: es una aventura para mí sola.
Fue extremadamente difícil dejar sola en la capilla a la temblorosa joven, que no tenía esperanza, ni miedo, ni amor, ni pena que la entretuviera. Pero por un lado, Winry estaba segura en un recinto sagrado. Mientras tanto, Riza seguía su camino a tientas en la oscuridad por el estrecho y tortuoso pasadizo. Finalmente, lo que parecía una luz oscureció por largo tiempo el juicio que se había manifestado en ella. Alcanzó una caverna abierta en la pendiente de la colina mirando hacia la impetuosa corriente de abajo. Contempló la noche. Las aguas del rió se daban prisa, cambiantes pero siempre lo mismo; los cielos estaban densamente velados por nubes, y el viento en los árboles era tan lúgubre y de tan mal agüero como si soplara alrededor de la tumba de un asesino. Riza se estremeció un poco, y miró por encima de su lecho, una estrecha repisa de tierra y una musgosa piedra al borde mismo del precipicio. Se quitó el abrigo (era una de las condiciones del prodigio); inclinó la cabeza, y se soltó la pinza de su cabello dorado; se descalzó; y así, completamente preparada para sufrir a lo sumo la escalofriante influencia de la fría noche, se extendió a lo largo sobre la estrecha cama, que apenas le proporcionaba espacio para el descanso, y por tanto, si se movía en sueños, podía precipitarse a las frías aguas de abajo.
Al principio creyó que ya nunca más volvería a dormirse. No sería muy extraño que la exposición al soplo del viento y su peligrosa posición le impidieran cerrar los párpados. Por fin, cayó en una ensoñación tan delicada y sosegante, que deseó velar; y luego, sus sentidos se aturdieron gradualmente. Estaba en el lecho junto al rió; el cual se precipitaba debajo, y el salvaje viento arrasaba. ¿Qué tipo de sueños le enviaría la santa? ¿La conduciría a la desesperación o le ofrecería su amparo para siempre?
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Hola a todos, agradezco sinceramente a aquellos que hayan seguido esta historia, solo falta un capitulo, solo me gustaría que dejaran su opinión, ya sea mala o buena, así que espero reviws, ciao vale black
