Disclaimer: Hana Yori Dango no me pertenece.
Capítulo 3
El Gran Día
Makino fue a la peluquería ese día en la mañana. Se arregló de manera no muy llamativa, aunque de un buen gusto inapelable. Si se vestía demasiado sencilla llamaría más la atención que si ponía todas las joyas que ahora tenía. Se veía hermosa pero sobria. Quizás un poco más apagada de lo que le gustaría, pero Domyouji no podía fijarse en ella todavía.
Se puso un vestido de noche de Chanel. Era de un amarillo oro, de satín que se le ajustaba como un guante. Dejaba al descubierto gran parte de su impecable espalda. Unos zapatos delicadísimos con incrustaciones de piedras. Un delgado collar, un brazalete y un anillo de Hèrmes. Su bolso de noche era bordado a mano con pedrería fina. Se veía espléndida pero no resaltaría demasiado dentro de una fiesta en donde se encontrarían las familias más poderosas de Japón. Una verdadera hoguera de las vanidades en donde las señores sacarían a relucir lo mejor de sus closets para provocar la envidia de las otras señoras. Makino sin embargo debería guardar lo mejor de sí para después. En esta fiesta ella debería observar atentamente a cierta pareja.
A la hora de la fiesta Kurokawa pasó a buscarla en una limusina blanca. Él se veía muy bien. Traía un smoking Calvin Klein de corte moderno. Se veía muy joven y parecía buen complemento para Makino.
-Sr. Kurokawa, se ve usted muy bien. Ese Smoking es muy apropiado para la ocasión, ¿no?
-Muchas gracias Srta. Makino. Usted se ve deslumbrante. ¿Se encuentra nerviosa?
-En absoluto. Estoy dispuesta a disfrutar la velada. Además no tengo gran papel esta noche. Aunque supongo que hoy se decide todo.-suspira.
Ambos se dirigieron en silencio y al llegar al hotel Arce, en donde se celebraba la ocasión, un botones le abrió la puerta y Makino se bajó dispuesta a averiguar que había entre la pareja que heredaría el mayor imperio económico de la historia de Japón.
Se afirmó del brazo de Kurokawa y entraron caminado lentamente por la alfombra roja, que estaba circundada por la prensa que tomaba fotografías de todos los participantes. Al entrar la fastuosidad del salón elegantemente decorado y así como la elegancia de los comensales no pudo sorprenderla más. Ya se estaba acostumbrando a ese mundillo tan exquisito.
Encontraron al Sr. Tanaka luego de que Kurokawa la presentara a algunas parejas de conocidos que encontró en el camino. Sayoko-san se mostró feliz de verla nuevamente y tomándola de la mano la arrastró a saludar a sus amigas. De pronto notó que lentamente los caballeros se dirigían a una ala del salón, cercano al bar, mientras que las damas se recogían a otro sector a saludarse efusivamente, como suelen saludarse las personas que no se tienen mucho afecto. Después de presentarle a media docena de señoras entradas en años, por fin le presentó a una mujer que le interesaba.
-Tsukushi-san te presento a Ookawahara Sayuri. Sayuri-san, ésta es Makino Tsukushi-san una amiga de Kurokawa-san, el director general de nuestras empresas.
-Mucho Gusto Sra. Ookawahara-dijo Makino haciendo una profunda reverencia.
-El gusto es mío Srta. Makino – respondió amablemente Sayuri-san.
-Tsukushi-san es una señorita sorprendente-dijo Sayoko-san- a tan corta edad domina varios idiomas y sus padres vivieron en Brasil durante su juventud.
-Oh, que interesante. Brasil debe ser un lugar espectacular.
-Así es. Tiene unas playas maravillosas y la gente es muy amable. Sin embargo el calor es inaguantable y existen cantidades de bichos y bestias que hacen que prefiera mil veces Japón.- respondió Tsukushi.
-Oh... Qué increíble es encontrar una jovencita nacionalista. Después de la guerra todo el mundo prefiere los países extranjeros. Debería presentarte a mi hija, para que la convenzas de las bondades de Japón. Está empeñada en irse a vivir a América después del matrimonio. Vamos, debe ser de tu edad, así que creo que se llevarán bien.
Dicho esto Sayuri-san guió a Makino y a Sayoko hacia un pequeño balcón en donde se encontraba Shigeru que vestía un vestido de noche de color verde esmeralda, que tenía una forma clásica, con un armazón que hacía que la falda girara cada vez que se movía. A su lado estaba Domyouji Kaede que sorprendió a Makino. Parecía una reina. Si Sayoko-san le había parecido espléndida, ahora le parecía una vendedora de pescados. Era la mujer más espectacular que había visto alguna vez y eso que en el centro de belleza había visto a algunas estrellas de cine. Al lado de su madre estaba Domyouji Tsubaki, que vestía un elegante vestido largo negro con bordados florales con hilos de plata. Era como una versión más joven de su madre. Ambas imponentes, aunque la sonrisa de Tsubaki era cálida y amable. Las tres mujeres saludaron a Sayuri-san.
-Esta es Tanaka Sayoko-san esposa del Dueño de la Corporación Tanaka, a quién me parece que ya conoces Kaede- dijo Sayuri-san.
-Así es, cómo está Sayoko-san.- Dijo Domyouji Kaede con una inclinación de cabeza, a la que Sayoko-san respondió con una inclinación un poco más profunda.
-y esta jovencita es Makino Tsukushi-san amiga del director de la compañía Tanaka. Quise presentártela Shigeru, porque a pesar de haber vivido en Brasil dice preferir Japón. Así que espero pueda argumentar en contra de tu idea de irte a vivir a América después del matrimonio.
-La verdad es que no creo que pueda lograr convencerme. Porque no es algo que pueda discutirse. El lugar de una esposa está junto a su marido y si Tsukasa se va a América yo me iré con él-replicó Shigeru.- Aprovechemos que aquí viene.
Domyouji Tsukasa entró en ese momento al balcón e hizo una ligera inclinación a Sayoko-san y a Makino.
-Tsukasa. La señorita aquí presente se llama Makino Tsukushi san y está dispuesta a argumentar a favor de vivir en Japón contra vivir en América.
Tsukushi sonrió y suspiró. Domyouji Tsukasa resultó ser más mucho más apuesto que en las fotografías. De complexión fuerte, hombros anchos, mandíbula poderosa, exudaba masculinidad. Estaba vestido con una traje de diseñador como los que había visto en los desfiles de Milán. Además tenía una particularidad: tenía el cabello ensortijado, cosa mujy inhabitual entre los japoneses, lo que hacía que fuese aún más llamativo.
Bueno, apelando a mi propia experiencia, ya que viví un año entero en Boston e incluso tuve un novio americano, prefiero Japón por su seguridad y eficaz sistema de gobierno. Durante mi estadía en América vi mucho crimen. Todos los días alguien es asesinado por delincuentes, la gente es asaltada en las calles. La calidad de vida en América es muy alta para aquellos que pueden permitírselo, como ustedes los serán sin duda alguna, sin embargo el vivir en un país en donde la gente vive con miedo, termina siendo molesto. Pasear y visitar América es increíble, hay atracciones hacia donde uno mire. Pero intentar llevar una vida normal me resultó casi imposible. No cambio por nada la estabilidad y tranquilidad de mi país.
Muy bien dicho Makino-san- dijo Sayuri-san mirando a Shigeru.
Me parece que todo lo que usted dice es cierto- replicó Tsukasa apoyándose en la baranda del balcón.- Sin embargo y basado en mi propia experiencia debo contradecirla. La vida en América es ejemplar. Hay maravillas naturales por todas partes y todas las ciudades ofrecen grandes centros donde es imposible aburrirse. Por su puesto si se quiere ir a vivir a una ciudad a los barrios peligrosos, sin duda alguna estará muerta de miedo. Por mi parte no tengo nada que temer. No hay absolutamente nada que me puedan quitar que no pueda reponer con un chasquear de mis dedos. No le tengo miedo a la delincuencia. Un auto, una joya, un cuadro, Todo puede ser vuelto a comprar. En caso de que me amenacen a mí, dudo que puedan vencerme, soy experto en lucha cuerpo a cuerpo. Así que como ve Srta. Makino, ninguno de sus argumentos son válidos para mí.
¿No pueden arrebatarle nada? Y si un día caminando por la calle con la que será su esposa un delincuente la ataca a ella. ¿Ella también es reemplazable?-replicó Makno con la cara seria.
Tsukasa la miró sorprendido. Estaba perplejo. Por un lado podía decir que sí, que su novia era perfectamente reemplazable por cualquier otra mujer que tuviera los intereses comerciales adecuados para su compañía. Pero Shigeru y su madre estaban ahí mismo mirándola. No podía decir eso. Pero por otro lado odiaba que esa desconocida estuviese ganando la discusión.
-Por supuesto que no es reemplazable.- Dijo Domyouji con voz seria.- Pero supongo que uno debe arriesgarse si quiere escapar del aburrimiento de Japón- continuó intentando sonreír.
O sea que prefiere arriesgar la vida de su esposa por no aburrirse. Un esposo muy conciente. Además la joven Ookawahara no parece muy convencida de ir por voluntad propia, sino más siguiendo la voluntad del novio. Oh, Sr. Domyouji tiene usted una gran responsabilidad sobre sus hombros.
¿Pretende convencerme en realidad de desistir de mis planes de vivir en América, señorita Makino?-dijo Domyouji con voz molesta.- si fuese por tener miedo a morir, no saldríamos de casa los días de lluvia. Podría caernos un rayo encima.
Tiene razón Sr. Domyouji. Mi argumento es un poco infantil. Supongo que después de recorrer el mundo no hay mejor lugar para mí que mi patria. Pero eso no significa que sea igual para otros. No ha sido mi intención enfadarlo. Espero disculpe mi insolencia.- dijo Makino suavemente con una ligera sonrisa en sus labios.
No tiene de qué disculparse.-replicó Domyouji.- Shigeru venía a avisarte que me voy. Me encontré con Rui y los otros y nos iremos a otro lugar para conversar un rato. Hace tiempo que no tengo oportunidad de hablar con ellos. Con su permiso señoras- y girando en dirección de Makino- señorita- dijo con una inclinación de cabeza y salió del balcón.
No fue mi intención discutir con su prometido Srta. Ookawahara, le ruego me disculpe.
En absoluto-dijo Shigeru con una sonrisa triste. Ella también había visto la forma en que Tsukasa había dudado cuando se le cuestionó si ella era reemplazable o no. Ella sabía perfectamente la respuesta.
Oh. No debes preocuparte. Pero ciertamente me sorprendió la forma en que lo enfrentaste. Usualmente la gente no se le enfrenta. Aunque reaccionó de forma bastante civilizada. Hace un par de años te habría golpeado.- dijo Tsubaki sonriendo.
Bueno Señoras, debo disculparme pero tengo hace bastante rato abandonado a quien tan amablemente me invitó a esta fiesta. Un gusto haberlas conocido, con su permiso me retiraré.- Dijo Makino y salió seguida de Sayoko-san. Caminó rápidamente en dirección a Kurokawa-san a quién divisó al otro lado del salón. En una esquina vio saliendo por una puerta lateral a Tsukasa seguido de tres jóvenes apuestos vestidos como modelos de pasarela con lo último de la moda.
Al alcanzar a Kurokawa lo miró abriendo muchos los ojos, como intentando decirle que algo malo había ocurrido. Pero no alcanzó a decir nada ya que Sayoko-san lo tomó del codo y le dijo:
-Kurokawa-san no podrás ni imaginar con quien estuvimos hablando recién. Con los mismísimos anfitriones. El Sr. Domyouji no estaba, pero la Sra. y el joven y su hermana si estaban. Deberías haber visto con la soltura con la que se desenvolvió Tsukushi-san.
Kurokawa se volteó a mirar a Makino quien le hizo un gesto con los hombros, queriendo decir que no pudo evitarlo.
En eso se acercó el Sr. Tanaka quien fue informado prontamente por su esposa de las nuevas.
Tras la salida de Makino del balcón seguida de Sayoko-san, las mujeres se quedaron comentando.
-Me parece una mujer interesante, esa jovencita- dijo Tsubaki.
-Así es, bastante impetuosa y vivaz- repuso Shigeru.
-A mí me pareció más bien imprudente e inoportuna-replicó Domyouji Kaede.- Espero que no estarás pensando en poner obstáculos a la mudanza, Shigeru-san.
-En absoluto, madre. Usted sabe que la última palabra corresponde a Tsukasa.- respondió Shigeru a su futura suegra a quien llamaba "madre". Y Tsukasa hará lo que yo le diga, pensó Kaede.
El Sr. Tanaka sonreía para parecer divertido con lo que su esposa le contaba.
-Así que mantuviste una discusión con el poderoso joven Domyouji. De entre todos los caballeros presentes en esta sala, no encontrarás a uno solo que se atreva a hacer lo que tú acabas de hacer.
Makino sonrió débilmente. Había adelantado el plan en unos cuantos días. Probablemente el Sr. Tanaka no estaría demasiado complacido.
-Creo que es hora de retirarnos. Sayoko, me siento un poco fatigado. Si quieren pueden quedarse un rato más Kurokawa.
-En absoluto, también nosotros nos sentimos fatigados, ¿no es así, Makino-san?-replicó Kurokawa mirando a Makino.
-Así es. Me muero de cansancio. Buenas noches Sayoko-san, lo pasé muy bien. Muchas gracias por haberme invitado y haberme presentado a esa gente tan interesante.
-Volvamos a reunirnos pronto Tsukushi-san.
-Cuando usted guste, es sólo cuestión de que me llame, Sayoko-san.
-Así lo haré- y haciendo las respectivas reverencias se fueron ambas parejas saliendo por diversas salidas.
Fin del Capítulo 3
Nota de la Autora: Muchas gracias a La-rosa-d-plata, bure-chan1, Minue y Chi2-chan quienes me escribieron y dieron su apoyo para continuar con la historia. Muchas gracias.
