Capítulo 15 El viaje Parte Central

Esa mañana, las sirvientas despertaron a Makino a las 8, tal como ella se los había pedido. Le costó un poco despegarse de la almohada, pero cuando escuchó el agua del grifo que llenaba la tina, se desperezó y mientras las sirvientas arreglaban la habitación y ordenaban la ropa en el closet, ella se relajó entre las burbujas. Convertida en una mujer nueva, radiante y fresca, salió del cuarto de baño lista para cambiarse. Eligió unos pantalones beige de lana, con corte recto y unas botas forradas en piel. A continuación se puso una camiseta negra y encima un chaleco largo de color canela, con botones grandes que le llegaba hasta la rodilla. Un look cálido por cierto, ya que aunque dentro de la casa no sentía el más mínimo frío, probablemente saldrían y tendría que mantenerse caliente. Bajó a las 9:30 a tomar desayuno con Tsukasa y Rui, quien debería haber llegado anoche a Canadá. Sin embargo en el comedor sólo estaba Tsukasa.

¿Y Rui aún no se ha levantado?- preguntó Makino después de saludar a Tsukasa.

Rui no llegó. Confirmamos con la aerolínea y él no tomó ningún vuelo. Llamé a su casa y a su móvil, pero no responde.- respondió él, mientras acercaba su taza a una de las sirvientas quien se la llenó con café fresco.

¿Quieres decir que no se embarcó? ¡Pero cómo es posible!- replicó Makino. Se sentía contrariada. Rui no tenía ninguna excusa para no viajar a Canadá.

Le dejé un mensaje en la contestadora pero aún así no he recibido respuesta. Al parecer nos han plantado a los dos.- dijo él. También se notaba molesto.- Bueno, ¿cómo has dormido? ¿Te ha faltado algo?- dijo, queriendo cambiar el tema.

En absoluto. De hecho, como tenía varias horas de sueño pendiente, he dormido como un tronco. Si me disculpas un instante...- dijo ella levantándose de la mesa. Subió a su cuarto y desde su celular llamó al Sr. Tanaka. Tenía la impresión de que quizás el tuviese algo que ver con la ausencia de Rui.

¿Aló? Habla Makino...- dijo ella hablando en voz baja.

¡Makino! ¿Cómo está Canadá? Fría me imagino...- dijo el Sr. Tanaka con tono amable.

Así es. Fría. Por esas casualidades de la vida, ¿tiene usted que ver con que Hanazawa Rui no haya venido a Canadá?- preguntó ella. Fue directamente al grano, ya que Tsukasa la esperaba abajo con el desayuno enfriándose.

¿Hanazawa Rui no fue a Canadá?... Ahora que lo mencionas supe que tuvo un problema en inmigración. Creo que unos policías lo confundieron con un traficante de drogas muy peligroso. Así que está preso. Por el fin de semana solamente. El lunes a primera hora se darán cuenta de que han cometido un grave error y lo dejarán libre. Le pedirán disculpas y le harán reverencias. Pero el pobre no alcanzará a viajar a Canadá. Una verdadera pena. Pero la verdad es que policía internacional es muy estricta con este tipo de asuntos.- dijo el con tono burlón.

Entendido- dijo Makino y colgó. Volvió a marcar, esta vez al celular de Tsubaki.

¿Aló, Tsubaki?- dijo Makino.

¿Hola, Tsukushi?- respondió ella encantada de escucharla.

Hola. Llamaba para preguntar por Shigeru.

Ella está muy bien, recuperándose.- respondió ella.

Dale mis cariños y que espero que se ponga bien pronto.

Está bien, se lo diré.

Tsubaki. ¿No has sabido de Rui? Aún no ha llegado a Canadá.- le dijo Makino, esperando que ella averiguase algo de él.

Qué extraño. Me dijo que iba a embarcarse anoche. Averiguaré si ocurrió algo y te aviso, ¿vale?- respondió Tsubaki con voz preocupada.

Muchas gracias, cariños a Shigeru- dijo y colgó. Bajó corriendo las escaleras y luego de disculparse con Tsukasa, devoró su desayuno.

Pasaron el resto de la mañana en la mansión, conversando y elucubrando acerca de Rui. Cerca del mediodía, Tsubaki se contactó con la casa e informó que Rui había tenido problemas en Policía Internacional y no había podido abandonar Japón. No dio mas detalles. Así que después de almorzar se abrigaron y salieron a recorrer la propiedad. Tsukasa había hecho preparar un par de motos de nieve, con las que recorrieron los caminos hasta llegar a un bosque. Makino tenía excelente memoria fotográfica, por lo que era casi imposible que se perdiera dentro de un edificio, sin importar lo grande que este fuera. Sin embargo, dentro de espacio abiertos, sus habilidades se veían empañadas por un sentido de orientación peor que el de un niño de 5 años. Por eso, iba muy atenta para no perder de vista a Tsukasa.

Él, por su parte, estaba muy feliz. A pesar de la ausencia de Rui, el lugar lo llenaba de recuerdos de su niñez y adolescencia en compañía de sus amigos. Además, el día estaba espectacular. Ni una sola nube en el cielo y el sol brillaba, calentando la atmósfera. De hecho parecía como si la primavera estuviese llegando, a pesar de que aún quedaba por lo menos un mes más de invierno.

Se bajaron de las motos y comenzaron a caminar hacia una vertiente que había en un claro, según contó Tsukasa. Caminaban uno al lado del otro, evitando las ramas congeladas de los árboles, y pisando firme mientras avanzaban, para no resbalar. Internándose cada vez más en el bosque, en vez de encontrar la vertiente que buscaban, encontraron el río, completamente congelado. A un par de pasos había un puente colgante, hecho para cruzar el puente durante el verano.

Parece que nos pasamos de la vertiente.¿Quieres que nos devolvamos o que continuemos un poco más?- preguntó Tsukasa.

Continuemos un rato. Es realmente agradable. Pero crucemos por el puente. Me da un poco de nervios cruzar por el río congelado.- respondió Makino.

Está congelado. Lo peor que puede sucederte es que resbales y caigas de espalda. Estaba pensando en que mañana podríamos patinar en el lago.

Está bien, pero mañana. Ahora cruzaremos por el puente- dijo ella, y caminó hacia el puente.

Este estaba hecho de madera y de cuerdas, pero a pesar de lo endeble de los materiales, parecía muy firme. Cruzaron lentamente, Tsukasa primero y luego Makino. Después siguieron internándose. El bosque parecía hacerse más espeso y comenzaba a hacer más frío bajo la sombra de los inmensos árboles. A pesar de las botas forradas, los pies de Makino estaban entumecidos. Tsukasa caminaba con pasos largos y rápidos, probablemente para no dejarse enfriar. Por eso poco a poco, fue adelantándose a Makino y cuando ella tropezó con una raíz, no se dio cuenta de que ella había caído y continuó caminando. El pie de Makino se enredó en una raíz que sobresalía de la nieve, y cayó sobre sus rodillas, dando un pequeño grito. Como tenía las piernas heladas, se quedó así durante un rato, con la cabeza sobre las rodillas, esperando a que Tsukasa la levantara. Pero él no se acercó. Entonces levantó la cabeza y no lo vio en ningún lugar. Le costó incorporarse un poco, y caminó hacia delante, intentando alcanzarlo. ¿Cómo era posible que él no hubiese notado que ella se había caído? Continuó caminando hacia lo que le parecía era adelante, ignorando el dolor de sus piernas.

Tsukasa por su parte, después de unos momentos de marcha echó en falta el ruido de las pisadas de Makino y se volteó. Ella no estaba. ¿Cómo que no estaba? ¿Y dónde demonios se había metido? Quizás la había dejado atrás sin darse cuenta, pero entonces, ¿porqué no le pidió que caminase más lento?. Retrocedió por donde mismo había venido, pero no la encontró. La llamó con voz en cuello, pero ella no respondió. Siguió retrocediendo, hasta que llegó a la rivera del río que habían cruzado antes. Pero ella no estaba allí. ¿Se habría devuelto hacia las motos? ¿Pero porqué no le avisó? Tsukasa no entendía nada. Se sintió tentado a volver a las motos y regresar a casa, dejando que ella volviese como pudiera. Realmente odiaba a las mujeres que hacían este tipo de estupideces, como por ejemplo, perderse en un bosque, a menos de dos horas del atardecer. Él sabía que cuando caía la noche, las condiciones cambiarían radicalmente. Ninguno de los dos llevaba linternas y pronto la temperatura descendería abruptamente. Recordó un episodio que su padre le había narrado cuando era pequeño. Su padre, Keichiro, y su hermano, el tío Kouji, cuando eran jóvenes, mucho antes de que ninguno de los dos se casara, venían siempre en las vacaciones a la casa de Canadá que sus padres habían adquirido después de la guerra. Durante un invierno, las noche los había pillado a los dos en medio del bosque, cazando. Juntos, intentaron regresar, pero habían perdido el camino. Entonces llegaron a la rivera del río. Cruzaron lentamente, de la mano, para no resbalarse en el hielo, pero el peso, hizo que el hielo se quebrase y ambos cayeron al frío torrente que corría bajo la capa de hielo en la superficie. Keichiro, logró encontrar una abertura, cerca de la orilla y salió del torrente. Sin embargo Kouji siguió siendo arrastrado varios metros bajo el hielo. Keichiro siguió a su hermano por la superficie, corriendo mientras se desvestía, consciente de que moriría si se dejaba puesta la ropa mojada. Unos 50 metros más allá, Kouji logró salir a la superficie. Keichiro lo arrastró a la orilla y le sacó rápidamente la ropa que llevaba puesta, incluyendo los zapatos y calcetines. Kouji, estaba medio inconsciente y tiritaba tan fuerte que era incapaz de caminar. Se lo echó a la espalda y corrió lo más rápido que lo dejaban sus miembros, en busca de ayuda. Ambos se salvaron, pero Keichiro había cometido un error. Cuando retiró los calcetines de los pies de Kouji, éstos ya estaban congelados. Al sacarlos salieron dos dedos del pie derecho. Keichiro no se percató del hecho y salió corriendo con su hermano en la espalda. Años después se construyeron las cabañas de auxilio y el puente colgante. A pesar de que ambos se repusieron del hecho, Kouji sufrió un gran trauma y se fue a vivir a un país tropical, donde vive hasta hoy. Un país donde no hace frío jamás. Tsukasa sintió un repentino pánico. Debía encontrar a Makino lo más pronto posible. No podía permitir que le ocurriese nada malo. Comenzó a gritar su nombre y comenzó a bajar por la orilla, siguiendo el sentido del río.

Makino estaba en franco estado de desesperación. Sentía que estaba dando vueltas dentro del bosque. Cosa que, por cierto, estaba haciendo. Al caer, había perdido la orientación y en vez de seguir por donde había Tsukasa, siguió por la izquierda, luego al ver que no lo encontraba, dobló a la derecha y luego, nuevamente a la izquierda. Ella no estaba familiarizada con la geografía del lugar y le parecían todos los árboles iguales. Comenzó a gritar "¡Domyouji!" con todo lo que le permitía su garganta, pero lo único que escuchaba como respuesta era su eco. Mientras más se oscurecía, más aumentaba su miedo. Tenía mucho frío, le dolían mucho las rodillas y tenía pánico a los animales. Había escuchado decir a Tsukasa, que en el bosque habitaban todo tipo de animales, desde renos, ardillas y conejos hasta OSOS. Recordó esa película que tanto le gustaba con Anthony Hopkins y Alec Baldwin "Al filo del peligro". Y recordó al oso maldito que persiguió durante toda la película a Hopkins y que se comió a todos los otros personajes. Desesperada ante la idea de encontrarse con un oso, comenzó a correr en línea recta, siempre hacia delante, hasta que por fin llegó al río. Pero no era a la misma altura en la que había estado antes, ya que no había ningún puente y más adelante se veía una gran roca. No recordaba haber visto ninguna roca, al mirar por el río, hacía un par de horas atrás, así que concluyó que el río debía girar y luego tomar el rumbo en el que ella estaba. Debido a la gran roca en la orilla, no lograba ver la curva, así que decidió seguir río arriba, subirse a la roca y quizás desde arriba podría ver la supuesta curva del río y desde allí encontrar el puente en donde sería más fácil regresar.

Ya había oscurecido del todo. Sin embargo, gracias a Dios, había una luna llena que iluminaba lo suficiente para ver donde iba, por lo menos, por la orilla del río. El camino era accidentado y cuando pisaba la tierra se desprendía y caía encima del hielo. Podría haber ido un poco más rápido si hubiese caminado por el hielo, pero si se caía y torcía un tobillo no podría seguir buscando a Makino y debía encontrarla ya. Cuando llevaba por lo menos 45 minutos de camino, se encontró con la curva del río. Como conocía las características del bosque y del río desde pequeño, sabía que más allá estaba la Roca. La Roca era un punto de reconocimiento para encontrar una de las cabañas. Al cruzar el río, unos 200 metros internándose por el bosque había una cabaña de auxilio, completamente equipada, con teléfono satelital y una chimenea lista para ser encendida. Cuando encontrase a Makino la llevaría hasta allá. Desde esa cabaña había un sendero que guiaba hasta el camino principal, y desde allí encontrarían las motos fácilmente. En la curva, gritó fuertemente el nombre de Makino. Al no haber respuesta siguió caminado, divisaba a lo lejos la roca, cuya superficie brillaba a la luz de la luna. Siguió bajando, mientras gritaba el nombre de Makino.

Makino seguía caminando por la orilla, pero resbalaba todo el tiempo, el terreno estaba suelto y muy húmedo, donde la nieve se había derretido. Se enterraba constantemente en el barro. Le daba miedo caminar por el río, temía resbalar y caerse de nuevo. Así que caminaba lenta y penosamente. De repente escuchó algo que parecía ser un grito de su nombre. Rápidamente gritó el nombre de Domyoji. Inmediatamente volvió a escuchar el grito, esta vez más fuerte y claro. Sentía que la voz de Domyoji venía desde adelante, así que apuró el paso. Entonces escuchó los gritos que preguntaban en dónde estaba. ¡Detrás de la roca, gritó ella en respuesta. Entonces vio a Domyoji emerger desde detrás de la roca, caminando por el río, afirmándose con una mano de la roca. ¡Se sintió tan feliz al verlo! Sabía que a su lado estaba salvada. Corrió hacia él y se le tiró encima, abrazándolo.

¡Tsukasa!...- dijo mientras lo besaba en la cara, aferrándose a él.

Makino. ¿Te encuentras bien?- preguntó preocupado, tomándole la cara.

Sí.. Tengo frío y me duelen un poco las rodillas, pero estoy bien.- respondió ella.

Gracias a Dios- dijo él abrazándola.-¿Pero qué ocurrió, cómo te perdiste?

Iba detrás de ti y de pronto tropecé. Cuando levanté la vista ya no estabas. Gracias a dios que volviste por mí, pensé que moriría atacada por un oso.- dijo ella con voz temblorosa. El hecho de estar entre sus brazos, la hizo pensar en todo lo que podía haber pasado y se sintió sobrepasada por extraños sentimientos. Comenzó a llorar y abrazaba cada vez más fuerte a Tsukasa. El abrazo se estrechó aún más y ambas bocas se buscaron. Se dieron un largo beso.

No sé que habría hecho si te hubiese ocurrido algo- dijo Tsukasa acariciándole la cabeza.- Volvamos pronto. Al cruzar el río, unos minutos hacia adentro, en el bosque hay una cabaña de auxilio, allí podremos hacer un fuego y calentarnos un poco. Desde la cabaña hay un sendero que nos llevará hasta el camino y luego a las motos.

Pero, ¿y el puente?- preguntó Makino.

Está por lo menos 40 minutos río arriba. Tendremos que cruzar por el hielo. Descuida, cruza tú primero, y luego lo haré yo.

No. Me da miedo. Crucemos juntos.- dijo ella.

Es peligroso, el hielo puede trizarse.- respondió él.

Entonces prefiero volver al puente- dijo ella, testarudamente.

Escucha Makino. Probablemente ahora haya poco más de 0º , en una hora más habrán –10º. Si no llegamos pronto a la cabaña nos congelaremos.- dijo con voz tan seria que Makino se asustó mucho.

Está bien. Pero no quiero cruzar sola. Si caigo, vendrás a recogerme ¿cierto?. Entonces estaremos los dos pisando el mismo hielo. Entonces si está esa posibilidad, prefiero que crucemos tomados de la mano. Así evitaremos resbalar y será más seguro cruzar.- dijo ella, intentando convencerlo.

Está bien- dijo él después de pensarlo un momento.-Debes pisar firme y tratar de mantener el equilibrio.

Primero bajó él y apoyó ambos pies en el hielo, luego ella bajó y él la tomó por el codo, afirmándola bien. Empezaron a caminar lentamente, caminaba Makino primero y luego la seguía Tsukasa. De pronto, Makino perdió el equilibrio y resbaló, cayendo pesadamente al suelo. El hielo bajo ella se trizó bajo su peso. Tsukasa la agarró fuertemente, intentando levantarla, pero en un abrir y cerrar de ojos el hielo que estaba bajo ella se desprendió y se hundió, siendo arrastrado por la corriente, y hundiendo a Makino bajo el agua. Sin embargo Tsukasa no la soltó.

¡No te sueltes, Makino!- gritó Tsukasa- ¡No importa que ocurra, no te sueltes de mí!- dijo él intentando sacarla del agua, pero el hielo se resquebrajó bajo él y también cayó al agua, siendo ambos arrastrados por la corriente, bajo la superficie del hielo.

Cuando recién cayó al agua, la primera sensación que tuvo fue su piel quemándose al contacto con el agua fría. Luego cuando ambos fueron arrastrados, instintivamente contuvieron la respiración. Tsukasa se aferró al cuerpo de Makino y la abrazó. Makino daba brazadas desesperadas para intentar subir, pero sus manos chocaban contra el hielo. Cuando Tsukasa comenzaba a sentir la falta de oxígeno, repentinamente su espalda se azotó contra una roca, cerca de la orilla del río. El golpe hizo que soltase el oxígeno que había en sus pulmones, y dejase libre a Makino. Makino sintió el impacto y miró a Tsukasa. Vio como las burbujas salían de su boca y lo tomó por la mano. Entonces, casi por intuición vio que al lado de la roca se filtraba más luz. ¡Quizás había una abertura! Aferrándose a la roca se movió hacia la luz y tanteó con sus manos. Sus golpes quebraron la delgada capa de hielo y sacó la cabeza para respirar. Con las piernas abrió aún más la abertura y arrastró consigo a Tsukasa hacia arriba. Él estaba desmayado. Con un esfuerzo sobrehumano Makino se arrastró hacia la orilla que estaba medio metro más allá de la abertura, arrastrando a Tsukasa con ella. Haciendo uso de todas sus fuerzas logró subirlo a la orilla y comenzó a gritarle: "¡Tsukasa, despierta!" y a golpearle la cara. Makino no sentía las piernas de frío. Entonces se dio cuenta de que quizás, él había tragado agua. Recordó las clases de primeros auxilios del colegio y tapándole la nariz, tomando aire en su boca lo expulsó en la boca de él. Repitió el procedimiento dos veces más, hasta que él tosió agua y abrió los ojos.

¡Tsukasa!- gritó ella, intentando sentarlo.

¡Makino! ¿Estás bien?- preguntó él, intentando enfocar la mirada.

Sí, logramos salir del río.- dijo ella. Su cabeza giró intentando divisar la Roca, lugar donde habían caído. Unos 200 metros más allá vio una gran sombra, lo que reconoció como el lugar que buscaba.- Allá está el lugar donde caímos.- le dijo apuntándolo.

¡Rápido Makino, sácate toda la ropa!- dijo Tsukasa incorporándose de pronto.- Todo, incluidas las botas y los calcetines.- dijo desvistiéndose él también.

¡Pero me va a dar hipotermia!- dijo ella.

¡Te va a dar hipotermia si te quedas un solo segundo más con la ropa mojada!- Viendo el torso desnudo de Tsukasa, comenzó ella también a desabrocharse la parka y la chaleca. Extrañamente no sintió frío, y el helado viento le pareció una tibia briza.

¡Ahora debemos correr hacia el refugio! ¡No te detengas por ningún motivo!- le dijo él, tomándola de la mano y empezando a correr hacia el bosque.

Corrieron con los pies descalzos, pisando piñas de pino, ramas, frutos secos y hojas. Sus cuerpos completamente desnudos despedían un vapor blanco, al igual que sus bocas cuando exhalaban. Las ramas bajas de los árboles golpeaban la cara y los brazos de Tsukasa, quien corría adelante, prácticamente arrastrando a Makino, pero él no lo notaba; lo único que sabía era que tenía llegar al refugio. Makino sintió que las piernas no le respondían. Las sentía como si fueran de lana, y a cada paso que daba, las rodillas se le doblaban, como si fuesen incapaces de soportar el propio peso de su cuerpo. Entonces, tropezó con una rama y cayó rodando. Esta vez, Tsukasa si sintió como caía al soltar su mano y se detuvo en seco.

¡Vamos, levántate!- le dijo tomándola por debajo de los hombros para intentar incorporarla.

No puedo...- dijo ella con voz débil.- No puedo más... Tengo demasiado sueño- dijo con una voz que era apenas un murmullo.

Tsukasa la levantó, pero era cierto, ella no podía sostenerse en pie. Se la echó a la espalda y empezó a trotar, pero el peso de ella lo hizo más lento. Siguió trotando y el contacto de ella en su espalda hizo que se entibiase un poco. Unos metros más allá se divisaba una gran sombra. ¡Finalmente encontraron la cabaña! Entró a la cabaña y la dejó sobre el sofá. Tomando unas frazadas que habían en el closet, cubrió con una a ella y la otra se la echó sobre la espalda. Entonces fue a encender la chimenea. Como se trataba de un refugio de auxilio, la leña ya estaba en la chimenea y al lado había un recipiente con gasolina y unos fósforos. En menos de 2 minutos el fuego estuvo listo y ardiendo. Entonces Tsukasa fue a ver a Makino quien estaba profundamente dormida. La tomó en brazos y la depositó en la alfombra de piel, y luego la arrastró hacia el lado del fuego.

Makino, despierta.- dijo meciéndola desde los hombros. Chequeó que estuviese respirando. Lo hacía, pero débilmente.- Vamos Makino, no es momento para dormir. Debes secarte primero.- dijo pero ella continuaba dormida.

Se levantó y del closet sacó las toallas que habían. Con una le envolvió el pelo, que largo como lo tenía le mojaba toda la espalda. Entonces destapándola de la frazada comenzó a secarla. Los brazos, el pecho, el estómago y luego las piernas. Le secó uno por uno los dedos de los pies y revisó que estuviesen bien. Por suerte lo estaban. Luego la vistió con un sweater y unos pantalones que encontró. Todos hechos de un material térmico. Luego se secó él y también se vistió. El fuego ardía y pronto la cabaña se calentó. Esta era de una sola habitación, además del cuarto de baño y no había cama, sino un solo sillón y una mesa, además de los muebles de cocina. Preparó café. Makino parecía recuperar el color en su rostro al calentarse la habitación. Cuando el café estuvo listo, sirvió dos tazas y se acercó a ella. La obligó a despertar, llamándola con voz fuerte y remeciéndola hasta que ella abrió los ojos.

Por fin despertaste. Toma, bebe un poco de café, te calentará por dentro.- le dijo ofreciéndole el tazón.

Ella lo recibió con una mano temblorosa y bebió un sorbo. Siguió bebiendo, sin decir palabra, hasta que se terminó el tazón. Murmuró un gracias. Entonces volvió a apoyar la cabeza en la alfombra y se quedó dormida nuevamente. Él sonrió. Se acercó al teléfono satelital y marcó hacia la casa. Cuando el mayordomo escuchó la voz de su amo, se sorprendió muchísimo, y le contó que había algunos sirvientes buscándolos ya que eran pasadas las 10 de la noche. Tsukasa le dijo que se encontraba en la cabaña de auxilio número 3 , que se encontraban a salvo y que por favor enviasen un vehículo a buscarlos y a un doctor. Dicho esto, fue y se recostó al lado de Makino. La abrazó y se tapó con la frazada. En un instante se quedó dormido.

Fin del Capítulo 15

N. de la A.: ¡Por fin! Me salió súper largo este capítulo. Espero que lo hayan disfrutado. Con respecto a la inspiración, la historia del padre de Tsukasa y de su hermano está basada en una historia real que le ocurrió a un vecino que tuve hace algún tiempo, Terry que venía de Canadá. El hombre disfrutaba ver mi cara de terror cuando me contaba sus experiencias cercanas a la muerte. Una vez me contó de un accidente de avión que tuvo en África, y otra de una pelea con unos marineros. La historia de la caída en el río fue cuando era joven y su hermano efectivamente perdió dos dedos del pie, peor no se fue a vivir a un país cálido, sino que se volvió alcohólico y eventualmente se cayó de un tejado, quedando paralítico. Pobre hombre.

Con respecto al fic que les mencioné "Abstinence Education", hay un capítulo en que los protagonistas caen por un torrentoso río, pero este no está congelado, sino que el caudal es muy grande y los arrastra, y casi mueren ahogados. El link a la historia (en inglés) es http/madame-manga. respecto a livejournal, debo recomendar el sitio que es muy bueno. En mi diario, he posteado todos los capítulos de mi fic, además de alguna información personal y de mis intereses y gustos. El entorno es mucho más familiar y el sistema para dejar comentarios más simple. Visiten el sitio y déjenme algún recuerdito: http/penitence-hurd. no me queda más que agradecer a todos aquellos que se dan el tiempo de leer mis historias y de dejarme sus comentarios. Es extraño, porque uno debería escribir por el placer de hacerlo, pero ciertamente lo hago para ver que me dicen ustedes y que piensan de mi historia. Sin sus reviews, probablemente ya habría dejado botada la historia. Muchas gracias por su constante apoyo.