Juegos de Seducción

N. de la A. : Lamento mucho la demora en la actualización de este capítulo. He recibido muchos reviews pidiendo la actualización e inclusos algunos pensaron en que había abandonado la historia pero el retraso se debió en parte a la falta de inspiración y a la falta de tiempo (estoy terminando la tesis para graduarme y ni siquiera tengo tiempo para ver doramas). Tenía clara la idea de este capítulo pero no lograba escribirlo. Salió muy largo y quería que la escena de cama fuese especial. (Algún día escribiré un lemon... Lastimablemente no pude incluir escenas explícitas en esta historia.) Por eso agradezco mucho sus palabras de apoyo, que me animaron a continuar adelante y espero que me dejen comentarios sobre este capítulo que tanto sudor y lágrimas me costó.

P.D.: Estoy trabajando en el siguiente capítulo, espero poder actualizar pronto.

Capítulo 16 Sueño Tropical

Cuando despertó, la tibieza y suavidad de las mantas la reconfortaron. La habitación se encontraba a oscuras, pero por las rendijas de las cortinas se filtraban algunos rayos de sol, por lo que dedujo que era avanzada la mañana. De pronto, recordó todo lo ocurrido. ¿Cómo se encontrará Tsukasa?, pensó. Sintió como los ojos se le inundaban de lágrimas y se le formaba un nudo en la garganta. Había estado a punto de morir. Habían partes de las que simplemente no recordaba nada. Tsukasa la había salvado. Él, había arriesgado su propia vida para ayudarla. Sintió una necesidad imperativa de verlo. Se levantó débilmente de la cama y se puso una gruesa bata que encontró en una silla. Salió del cuarto y en el pasillo se encontró con una sirvienta quien apresurada, intentó devolverla a la cama.

Quiero ver a Tsukasa- dijo soltándose de la empleada.

El amo Domyouji se encuentra descansando- respondió ella.

No voy a molestarlo, sólo quiero ver si se encuentra bien- insistió Makino.

Se encuentra perfectamente, solo un poco cansado, ya que no se fue a dormir hasta que los doctores confirmaron que usted se encontraba perfectamente bien de salud- dijo la empleada con tono amable. - Por eso es muy importante que usted no se agite y vuelva a la cama.

Sólo quiero verlo un instante- dijo Makino con un tono tan infantil, que la empleada no pudo evitar esbozar una sonrisa de ternura.

Está bien, la llevaré.- Dijo ella y tomándola del brazo caminaron juntas por los pasillos hasta llegar a la habitación de Tsukasa.

Cuando entró en la habitación, Makino sintió como se le agitaba el corazón. La debilidad de sus músculos no impidió que corriera hacia la cama, en donde Tsukasa dormía tranquilamente, rodeado de cojines y tapado hasta la nariz. La empleada vio que Makino se arrodillaba a la orilla de la cama y abandonó la habitación. Entendía que la situación requería de privacidad. Makino apoyó los codos en la cama y extendiendo las manos acarició suavemente el rostro de Tsukasa. Repentinamente un flash dentro de su cabeza la hizo asimilar sus sentimientos. Y a la vez recordó la situación en la que se encontraba y el papel que tenía ella en la vida de Tsukasa. Nuevamente comenzaron a rodar las lágrimas por sus mejillas y sin darse cuenta se subió a la cama y se acomodó al lado de Tsukasa. Pasó un brazo por encima de él y abrazándolo se quedó dormida.

Tsukasa despertó y de inmediato sintió el peso sobre su pecho y un aliento que le llegaba en la mejilla.

¿Tsukushi?- preguntó él en voz apenas audible. Sacando una mano de entre la ropa de cama, despejó el pelo de la cara de ella, mirándola detenidamente. Ella se movió un poco y abrió los ojos.

¡Tsukasa, por fin despertaste!- dijo ella abrazándolo más fuerte. Él sonrió y le acarició el cabello. Lentamente le tomó el mentón y le dio un dulce beso en los labios.

¿Cómo te sientes?- le dijo mientras le acariciaba la mejilla. Ella asintió con la cabeza, como intentando decir que bien, y nuevamente sus ojos se inundaron de lágrimas. Intentando reprimir un sollozo, enterró la cabeza en el pecho de Tsukasa, quien la abrazó preocupado. - ¿Te encuentras bien? ¿Porqué lloras?- le dijo él intentando mirarla a los ojos e incorporándose.

Estoy... bien...- dijo ella entre sollozos. -¡Tuve tanto miedo!- dijo abrazándolo más fuerte aún. Él la acarició suavemente y con una voz dulce le dijo:

Ya no tienes de que preocuparte. Todo está bien. Ambos tuvimos mucha suerte de habernos salvado ilesos.- Ella levantó el rostro empapado de lágrimas y mirándolo lo besó en la mejilla.

Gracias- le dijo ella.- Por haberme salvado. Por no haberme abandonado.

¿Cómo podría haberlo hecho?- respondió él sonriendo.- Además no hay nada que agradecer. Ya, no quiero seguir hablando del tema. Mejor planeemos que vamos a hacer el resto de los días.

Yo creo que sería conveniente regresar a Japón.- replicó ella, alejándose de él y sentándose en la cama.- Además Shigeru y Rui están...-

¡¿Japón?! ¡Por favor, no!- la interrumpió Tsukasa, levantando la voz. Abrió la ropa de cama y con un vigoroso movimiento tiró de Tsukushi hacia él, quien cayó encima de él. Tsukasa volvió a taparse con el grueso cobertor relleno de plumas –Yo opino que nos quedemos así, aunque sea sólo por un rato.- dijo abrazándola.

Mmmm... Buena idea.- replicó ella sonriendo.

Tsukushi despertó en los brazos de Tsukasa, y sonrió. No se movió, queriendo permanecer así, envuelta por su calor. Era evidente que todo había cambiado entre ellos. No podía seguir ignorando sus sentimientos. Quería quedarse junto a él para siempre. Una profunda ansiedad la invadió. No podían volver a Japón. Si regresaban todo se arruinaría. Él continuaría con su compromiso, o quizás lo terminaría, pero ¿cabía alguna posibilidad de que ella pudiese ocultarle la verdad para siempre? Que lo había engañado y que se había acercado a él con el único propósito de separarlo de su novia. ¿Alguna posibilidad de que él la perdonase? Si tan solo pudiese detener el tiempo y quedarse así, entres su brazos por toda la eternidad... Pero el momento ya había pasado y Tsukasa poco a poco comenzaba a desperezarse.

Parece que ya pasó la hora de almorzar- dijo él- Estoy muriendo de hambre. ¿Quieres que pida algo para que traigan a la habitación?

Sí, yo también tengo un poco de apetito. Algo ligero como una sopa estaría bien. –Tsukasa tomó el auricular del teléfono y marcó a la cocina en donde pidió un menú para dos.

¿Ya pensaste en algún panorama? Quizás podríamos ir a Nueva York...- dijo él, viendo como ella se levantaba de la cama.

Voy al tocador un momento...- dijo ella caminando hacia el cuarto de baño.

Allí se lavó la cara y se peinó el cabello. Al salir de la habitación vio que Tsukasa también se había levantado de la cama y que se había puesto una gruesa bata. Ella se acercó al otro lado de la cama y recogió su bata, que se había quitado en algún momento. Se la ajustó y se sentó a la mesa, daba junto al ventanal. Al mirar hacia fuera se dio cuenta que pronto oscurecería. Tsukasa se sentó en el puesto junto al de ella.

Creo que Nueva York sería una buena opción, está relativamente cerca y hay muchas cosas que hacer allí. Sin embargo, yo preferiría un lugar más cálido... – dijo ella en tono suave.

¿Un lugar más cálido? ¿Como el caribe? Quizás Hawai sea una buena opción.- dijo él.

No... Hay demasiados turistas. ¿Qué tal Brasil? Un atardecer bailando Bossa bajo la sombra del Redentor de Rio de Janerio...

¿Sudamérica? La verdad es que nunca me ha gustado Sudamérica. He ido en contadas ocasiones y sólo por razones de negocios. Me parece que la gente es excesivamente feliz.

Jajaja... ¿Se puede ser excesivamente feliz? Si es así, me gustaría ser como ellos.- replicó ella.

Mmm... Si partimos esta noche estaremos antes del amanecer en Rio. Llamaré al piloto para que prepare el avión- dijo incorporándose y caminado hacia el teléfono. En ese momento entraron unos sirvientes empujando el carrito con la cena.

Cerca de la medianoche despegó el pequeño avión desde el aeropuerto privado del Rancho de los Domyouji en Canadá con rumbo a Rio de Janeiro, Brasil. A bordo iban el piloto y el co-piloto, además de un sirviente, la asistente de vuelo y Domyouji y Makino, quienes se tomaron una píldora para dormir durante el viaje. Antes de las 7 de la mañana, Aterrizaron en el aeropuerto de vuelos particulares que se encontraba a las afueras de la ciudad y para las 8:30 se encontraban los dos tomando desayuno en el restaurante del Hotel Ritz Carlton de Rio.

Si estás cansada podemos subir y descansar durante un rato- dijo él.

Estoy bien. Quiero ir a la playa y tomar sol.- dijo ella riendo.

¿A la playa? Pero, ¿trajiste traje de baño?- preguntó él.

No es necesario. Aquí en Brasil está de moda el "topless".- respondió ella guiñándole un ojo.

¡Topless!- dijo él atragantándose con el café que estaba tomando.- ¡¿Qué estás diciendo?!

Broma... era broma...- dijo ella riendo.- Vamos a comprar primero y pasamos a la playa antes de la hora de almuerzo. Según me han contado en la tarde se llena de gente, así que mejor vamos ahora en la mañana...

Está bien.

Salieron y tomaron un taxi hacia la zona céntrica, bajándose en una avenida plagada de tiendas. A Tsukushi que los trajes de baños ya le parecían atrevidos, casi se quedó conmocionada al ver los bikinis que estaban en venta. ¡Eran todos tan pequeños! Tsukasa por su parte estaba fascinado. Aunque en realidad el pensar en Tsukushi exhibiéndose en una playa pública de esa manera, no le hacía tanta gracia. Finalmente, tras recorrer casi todas las tiendas encontraron una tienda de una prestigiosa marca italiana en donde compró un traje de una sola pieza, de color negro, elegante y sobrio. Tsukasa compró un par de bermudas para baño que le llegaban a las rodillas, resistiendo la tentación de comprar un bañador ajustado que la vendedora insistía en que se probara.

Cerca de las 11 de la mañana llegaron a la playa principal de Copacabana, para encontrase con... ¡una multitud de gente! Al contrario de lo que pensaban la gente en Brasil va a la playa a cualquier hora del día. Había personas que corrían solas por la vereda y otros que jugaban voleibol en la playa. Habían otras cuantas nadando en el mar y la gran mayoría se encontraba tendidos de espalda tomando sol. No había solo brasileños, sino que además turistas de todo el mundo e incluso vieron a algunos japoneses. Un poco incómodos con la gran cantidad de gente empezaron a adentrarse en la arena en busca de un lugar lo suficientemente amplio como para tenderse. Después de casi pisar a cerca de tres mujeres que se encontraban tomando sol semidesnudas, encontraron a una pareja que al parecer se iba y ocuparon su lugar en la arena. Tsukasa estaba asombrado con el paisaje. Toda la gente charlaba y reía alegremente y muchos tenían cerca radios portátiles con las cuales escuchaban música cuyo ritmo se contagiaba a los demás y parecía como si toda la playa se moviese al vaivén candente de los tambores. A pesar de que aún no era mediodía ya debían haber cerca de 35º de temperatura. Tímidamente Tsukushi empezó a desabrocharse la solera que traía y quedó solo con el pequeño bañador negro que parecía ridículamente recatado comparado con los pequeños bikinis que exhibían sus vecinas. La pálida piel de Tsukushi resaltaba aún más antes los bronceados y brillantes cuerpos de las sensuales mulatas que los rodeaban y sus voluptuosos cuerpos hacían que Tsukushi no pareciese más que una pre-púber al lado de ellas. Tsukasa también se quitó la polera que traía y a pesar de que no era un hombre pequeño, la falta de vello corporal hacía que pareciese un adolescente al lado de los masculinos torsos cubiertos de pelo de los brasileños que jugaban al fútbol, corriendo enérgicamente tras una pelota a la orilla de la playa.

Debes ponerte bloqueador solar, sino en la noche te arrepentirás de haber tomado sol.- le dijo él sacando de la bolsa la loción que habían comprado cuando iban en camino.

Sí...- dijo ella, sintiéndose tímida de repente.- ¿No me pondrías tú un poco?- dijo con voz suave. Tsukasa sólo asintió y se puso crema en las manos. Ella se giró y él le esparció la crema por las espalda con pequeños y suaves movimientos. En un movimiento decidido, Tsukasa se puso más crema en las manos y se arrodilló, poniéndole crema en las piernas. Ella se sorprendió pero no dijo nada y solo cerró los ojos, dejándose llevar por el improvisado masaje. Tsukasa empezó aplicándole la loción en los tobillos y en los pies para ir subiendo poco a poco hasta las rodillas. Luego hizo una pausa para ponerse más crema en las manos y siguió subiendo por la parte exterior de los muslos de Tsukushi, haciendo lentos movimientos circulares. Entonces comenzó a moverse lentamente por la parte interior de los muslos. Tsukasa se movía lentamente y no dejaba ningún centímetro de su piel sin cubrir con la aceitosa crema. Tsukushi estaba parada allí, en medio de un mar de gente pero no escuchaba ni veía nada, sólo sentía las manos de Tsukasa subiendo tortuosamente por sus muslos. Entonces, él repentinamente se incorporó y comenzó a untarle crema en los brazos. Ella se volteó para enfrentarlo, pero no abrió los ojos. Él siguió con los movimientos circulares subiendo desde los codos hasta los hombros, llegando por fin a su cuello. Desde allí y solo con los dedos recorrió su cuello, poniendo especial atención a la hendidura que se encontraba en el nacimiento del pecho, luego continuó bajando hasta llegar al borde del traje de baño, en el nacimiento de sus senos. Allí se detuvo bruscamente. Tsukushi abrió los ojos, dejando escapar un suspiro.

Estás lista- dijo él con voz ronca y gutural.

Ahora me toca a mí- replicó ella quitándole el tubo de crema de las manos. Él se volteó para ofrecerle su espalda pero ella se arrodilló y comenzó aplicándole la crema en los pies y piernas. Como el traje de baño de él era más bien más largo, no pudo seguir subiendo así que se levantó rápidamente y comenzó a aplicarle crema en la espalda. El torso muscular de Tsukasa era una verdadera delicia. Ella tocaba suavemente la espalda con sus largos y esbeltos dedos, asegurándose de palpar cada músculo de la ancha espalda de él. Luego comenzó a untar los brazos con crema y cuando él se disponía a girar para ofrecerle su pecho, ella lo abrazó por detrás y continuó masajeándolo. Cuando él apoyó su espalda contra los pechos de Tsukushi, sintió como sus pezones se endurecían y empezó a tener problemas. Ella continuaba masajeándolo lentamente, esparciendo la crema por sus pectorales y poniendo especial atención en los pequeños botones que interrumpían su musculatura. Él sintió como comenzaba a excitarse y cuando ella por fin llegó a su ombligo, él se volteó bruscamente y la tomó de la muñeca arrastrándola hacia la orilla del mar.

¡Vamos a bañarnos!- dijo, saltando entre los otros bañistas que se encontraban tendidos en la arena. Necesitaba enfriarse de alguna manera, si no terminaría dando un verdadero espectáculo en medio de esa playa plagada de gente.

La tiró al agua y se lanzó tras ella. La tibieza del mar les hizo mucho bien. Comenzaron a seguirse mientras nadaban mar adentro y se fueron relajando poco a poco.

Cuando salieron del agua estaban hambrientos. Se secaron y se pusieron la ropa sobre los trajes de baños húmedos, y salieron en busca de algún restaurante.

Caminando un par de cuadras hacia el centro de la ciudad, decidieron entrar a un restaurante cuyo menú ofrecía "churrascos". Sin saber bien de que se trataba, decidieron entrar. Ninguno de los dos hablaba portugués. Así que decidieron por pura intuición. Menuda sorpresa se llevaron cuando les llegó un carrito que transportaba un brasero caliente y encima una enormidad de carne asada. La verdad es que, a pesar de que llevaban una vida acomodada, jamás habían visto tanta carne junta. Obviamente no fueron capaces de comerse todo, y salieron horriblemente cansados del restaurante. Decidieron irse a descansar al hotel. Dormirían un par de horas y al atardecer saldrían a recorrer la noche y la bohemia de Rio.

Cerca de las 8 de la noche, Makino se despertó. Se dio cuenta de inmediato que se había quedado dormida. Se levantó rápidamente para ir al baño a arreglarse cuando descubrió sobre la silla al lado de la cama, un hermoso vestido negro, junto con un par de zapatos de taco. Se dio una ducha y se vistió con esa ropa. Luego llamó por citófono a la habitación de Tsukasa.

¿Aló? Tsukasa, lo lamento, pero me quedé dormida.

Hola. No te preocupes. Te veo en el lobby.

Está bien. Nos vemos.

Al llegar abajo se encontró con un Tsukasa impecablemente vestido con traje de sastre, color azul oscuro. Se veía increíblemente guapo. Makino sintió un retorcijón en el estómago cuando lo vio sonreírle al verla y luego sintió una oleada de calor que surgía desde su interior y se expandió por todo su cuerpo haciendo que se sonrojara. Tsukasa al verla también se sintió emocionado, el vestido que le había enviado le sentaba perfectamente.

He pedido que nos hicieran una reserva en el mejor restaurante de la ciudad.- le dijo Tsukasa, acercándose y ofreciéndole el brazo.- Nos espera afuera un auto.- Ella se colgó del codo de Tsukasa y juntos caminaron hacia la salida. Ambos estaban tan exquisitamente vestidos que los demás pasajeros del hotel que se encontraban en el lobby en ese momento se quedaron todos mirando a la pareja que irradiaba una energía tan fuerte que nadie dudó en que se trataba de unos recién casados.

La cena transcurrió de manera relajada y sin contratiempos. La comida era más que deliciosa, el vino era perfecto para la ocasión y el ánimo de ambos comensales estaba inmejorable. De hecho, ninguno de los dos mencionó Japón para nada, la conversación se basó exclusivamente en Brasil y en su estadía allí. Así poco a poco el ambiente se fue preparando. Sentían los corazones tan ligeros que cuando Tsukasa le preguntó a Tsukushi si quería ir a un lugar más tranquilo ella asintió sin pensarlo dos veces. Salieron del restaurante tomados del brazo caminando por la tibia noche, aspirando el suave aroma de los numerosos árboles que habían en las calles.

Cuando llegaron al hotel, se dieron cuenta que había un evento. Una famosa cantante brasileña llamada Maria Rita se estaba presentando en el jardín del hotel. Tsukushi quiso ir a verla pero todos los asientos estaban completos y no querían estar de pie en el fondo, habían caminado desde el restaurante hasta el hotel y ahora los zapatos de tacón le estaban pasando la cuenta a los cansados pies de Tsukushi. Entonces Tsukasa recordó que la terraza de su habitación miraba hacia el jardín del hotel. Podrían ver la presentación desde arriba. Subieron y Tsukasa acomodó un par de sillas para ver el espectáculo. La verdad es que la música era maravillosa y la voz de la cantante era tan angelical que pronto estuvieron apoyados el uno en el otro. Entonces comenzó la suave melodía de una canción que ninguno de los dos conocía pero que ambos sintieron era como un encanto. (Tiempo después Tsukushi la encontraría por accidente en una disquería de Tokio y se echaría a llorar de pura emoción, y por fin averiguaría el nombre de tan dulce melodía: "Menina da lúa"). Se pusieron a bailar suavemente al compás de la canción, Tsukushi con los brazos cruzados por sobre el cuello de él y Tsukasa con las manos apoyadas en la cintura de ella. En un momento sus labios se encontraron y ya no existió nada más que ellos. Se besaron profundamente, explorándose y las manos de él le tocaban la espalda dulcemente. Ella recorrió sus manos por el pecho de Tsukasa, llegando hasta los botones de su camisa. Se los fue desabrochando uno a uno hasta que llegó a la parte en que la camisa se metía dentro del pantalón. Sin pensarlo dos veces, desabrochó el cinturón y el botón del pantalón bajándole el cierre. Tsukasa se sobresaltó un poco ante ese ademán tan osado y se percató que aún se encontraban en el balcón. Entonces tomó a Tsukushi en brazos y la llevó a la cama donde la tendió suavemente. Se sacó la camisa y los pantalones junto con los zapatos y calcetines. Se quedó solo con la ropa interior negra (que por cierto era mucho más osada que el traje de baño que había utilizado en la mañana) y se acercó a la cama a continuar besando a Tsukushi. La respiración de Tsukushi ya estaba agitada pero cuando lo vio desvestirse empezó a respirar por la boca. De pronto sintió que la ropa le incomodaba y comenzó a agitarse para desabrocharse el vestido.

Déjame ayudarte- le dijo él tomándola en sus brazos, y mientras la besaba, le bajó el cierre.

Luego con un rápido movimiento le bajó los hombros al vestido y con ayuda de Tsukushi, logró dejarla solo en ropa interior. Entonces las manos de él la recorrieron por completo, lenta y tortuosamente, desde la punta de los pies hasta el cabello. Fue basándola despacio por todos los puntos que primero acariciaba con sus manos, haciendo que poco a poco Tsukushi fuese perdiendo la cabeza. De pronto se desprendieron de la poca ropa que los separaba y comenzaron el sensual baile que los llevó a la unión de sus cuerpos.

Tsukasa le hizo el amor a Tsukushi de una forma tan dulce y tierna, que ella pensó que explotaría de pasión. De hecho, si explotó. Cuando llegó el clímax, ambos se fundieron en un abrazo y sintieron como sus cuerpos se estremecían. Después, agotados, se durmieron al instante, Tsukasa con apenas la energía suficiente para salir de encima de ella y abrazarla.

Fin del capítulo.