Disclaimer (1): Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Su creador es Masashi Kishimoto.
Disclaimer (2): Ni Vampire Knight ni sus personajes me pertenecen. Su creadora es Matsuri Hino.
Advertencias: Ligero OoC. Spoilers. Muerte de Personajes Principales. OC (Original Character). Harem. Headcanon.
Crossover: Naruto x Vampire Knight.
Parejas: Harem/Sakura Haruno. Harem/Ino Yamanaka. Zero Kiryû/Sayori Wakaba. Kaname Kuran/Yûki Kuran. Akatsuki Kain/Ruka Souen. Naruto Uzumaki/Sakura Haruno/Sasuke Uchiha. Sasuke Uchiha/Karin Uzumaki.
Han pasado muchos años desde que acabé este fanfic en Fanfiction-net. No puedo decir que no estoy orgullosa, pero creo que merece que lo edite. No cambiaré nada fundamental, sólo algunas cositas que no me agradaron tanto como cuando las escribí anteriormente. La versión anterior de este fic la podrán encontrar en Fanfiction-net con el mismo seudónimo que utilizó en Wattpad y Ao3, mientras que la nueva versión la subiré en estas dos plataformas.
Uno de mis personajes favoritos es Sakura Haruno con todo y sus defectos, con todo y el desarrollo que Kishimoto decidió darle (con el cual estoy en desacuerdo). Por obvios motivos, me gusta shippearla con quien sea y las ships raras son mi fascinación, así que encontrarán mucho de eso aquí.
Cualquier comentario o duda siempre será bienvenido.
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Prólogo.
"Yo creo que nada sucede por casualidad. ¿Sabes qué? En el fondo las cosas tienen su plan secreto, aunque nosotros no lo entendamos".
Carlos Ruin Zafón.
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Las ansias por matar se acrecentaban en su corazón e impulsaban a su cuerpo, haciéndolo ágil y letal, cada que apuntaba con Bloody Rose evaporizando a sus víctimas, asesinando aquellas criaturas que tanto despreciaba, pero que a pesar de todo compartían con él la misma maldición.
Ser un vampiro.
Un último disparo acabó con el nivel E que trató de huir, el viento se llevó las cenizas desapareciéndolas de la faz de la tierra. La cacería terminó por ese día. Guardó la pistola dentro de su abrigo y dio la vuelta hacia la salida. Una misión cumplida más, engrosando su lista de trabajos impecablemente realizados. Justo lo que se esperaba del único sobreviviente del Clan Kiryû.
Aunque había exterminado más de diez, su anhelo no quedó satisfecho. Anteriormente no habría tenido complicaciones para controlarlo, pero ahora apenas podía suprimir la sonrisa maniaca en su cara cuando le asignaban una nueva misión, atrapándolo en un círculo eterno de locura y obsesión desde hacía tres años. Nada tenía sentido para él, sólo matar vampiros. No obtendría paz hasta que no exterminara a los principales causantes de su malestar, a los vampiros de sangre pura. Aunque actualmente era imposible cumplirlo. La Asociación de Cazadores y el Senado de Vampiros habían hecho un acuerdo hace cinco décadas. Por lo que él y los demás cazadores sólo tenían permitido encargarse de los vampiros que aparecían en las listas que el Senado les entregaba cada día.
Caminó por las oscuras y vacías calles de Nightray, vistiendo vaqueros negros, botas oscuras, camisa blanca y abrigo gris. Su simple atuendo no disimulaba su atractivo y los escasos transeúntes le veían con deseo, aunque bastaba una de sus famosas miradas frías para alejarlos.
De pronto detectó un aroma particular muy atrayente. Se quedó quieto y cerró los ojos para concentrarse. Nunca había olido algo tan exquisito antes… era la esencia de algo sumamente poderoso e intenso.
Abrió los ojos de golpe al sentir una sed potente, una que no había experimentado ni siquiera cuando vivió junto a Yûki como su hermano adoptivo. Sus manos temblaron de ansiedad. De repente estaba deseoso por descubrir al poseedor de tan embriagante elixir. Soltó un gruñido para luego dirigirse a toda velocidad a donde el aroma parecía concentrarse. Saltó por las paredes de los edificios, trepando hasta llegar a una azotea desolada. Cuando se paró en el borde, se percató de la agitación en el terreno baldío aledaño al edificio. Un grupo considerable de vampiros de nivel E rodeaba a una persona, la misma de la que provenía el intrigante olor a sangre.
Zero sacó a la Rosa Sangrienta de nuevo, pero esta vez en el estado eufórico en el que se encontraba no era precisamente para proteger, sino para acabar con los estorbos que acosaban a su "presa". Y justo cuando iba a disparar…
—¡Shannaro!
Un grito de mujer seguido por el crujido de la tierra partiéndose cuando ella la golpeó con su puño. Fue un espectáculo tan inesperado que le devolvió la serenidad para pensar. Zero contempló cómo los vampiros caían en las grietas, y aquellos que se habían sostenido se lanzaban contra ella, sólo para ser despachados por esos puños demoledores. Gracias a su aguda visión, Zero observó a detalle a la valiente luchadora. Su cabello rosado fue lo primero que atrajo su atención, para luego percatarse de su atuendo extraño. Llevaba pantalones oscuros, una blusa negra, protecciones en los codos y un chaleco verde. El chaleco tenía un raro símbolo de espiral en la espalda y ella sostenía su peinado con una banda de metal con otro símbolo desconocido en medio.
Conforme los minutos pasaron y el número de enemigos disminuyó, Zero tuvo tiempo para pensar en lo que había estado a punto de hacer. Su reacción… se sintió avergonzado por su falta de control, por su sumisión hacia sus impulsos más primitivos y es que llevaba bastante tiempo desde que bebió sangre real, fresca, no ese maldito suplemento que se había obligado a tragar hace apenas unos meses atrás. Dirigió su atención a los vampiros que restaban. Contó treinta. Apuntó a la Rosa Sangrienta a sus nuevas presas y apretó el gatillo. Diez disparos fue el mismo número de enemigos que cayeron. Su posición lo mantenía en el ángulo perfecto para no tener que distraerse esquivando a sus oponentes.
Al escuchar los disparos, la chica levantó la vista para buscar la repentina ayuda. Zero lo aprovechó para deshacerse de los últimos. Cuando terminó, bajó de un salto sin derrapar. Se acercó a ella que lo observaba con desconfianza, todavía lista para pelear si resultaba que él no era diferente a los que la habían atacado.
—¿Estás bien? —preguntó Zero con voz grave y profunda, aún sentía residuos de deseo en su ser.
—Sí —respondió. Su acento era desconocido para Zero—. Mi nombre es Sakura.
—Zero —dijo notando que no había mencionado su apellido. Fuera quien fuera parecía conocer el "negocio".
—Gracias —dijo Sakura educadamente.
Un silencio se hizo presente. Zero supo que ella no le diría nada, así que se dedicó a deducir con lo que había visto. Ella era fuerte, probablemente extranjera y muy desconfiada. Ocultaba algo o simplemente era una mujer entrenada que había tenido la mala suerte de toparse con un grupo de vampiros. Zero la habría dejado ir de buena gana si era así, pero el aroma de su sangre lo había hecho perder el control tan rápido, que no era normal.
—Ésta es la Ciudad de Nightray —informó Zero.
—Eso ya lo sé —respondió ella con neutralidad.
—Fuiste atacada por vampiros de nivel E. Tienes que acompañarme a la Asociación de Cazadores para rendir un reporte.
—No te conozco, ¿por qué tendría que creerte? Podrías ser uno de ellos.
La comparación no le agradó nada a Zero, pero se obligó a mantenerse calmado.
—Soy un cazador de vampiros —y pudo notar el escepticismo en los ojos verdes de Sakura cuando lo dijo—, y una de las leyes de esta ciudad es denunciar los ataques de nivel E a la asociación.
—Eso es imposible. Los vampiros no existen.
—Incluso si eres extranjera deberías saber que sí —dijo Zero perdiendo un poco la paciencia. No quería tratar con alguien que se negaba a aceptar la existencia de esas bestias—. Aunque eso no importa. Tienes que venir conmigo ahora.
La tomó del antebrazo sorprendiéndose cuando ella no se movió pese a que él intentó jalarla.
—No iré contigo.
—No tienes opción. El olor de tu sangre hizo que los vampiros de la zona te atacaran. Debo llevarte a que investiguen el por qué y averiguar de dónde vienes. Puedo deducir que ni siquiera sabes dónde estás parada.
Sakura intentó zafarse, pero era difícil ya que Zero también era fuerte. Ella pidió que la soltara, que no le convenía hacerla enfadar, pero no la escuchó. Sakura decidió tomar cartas sobre el asunto y liberarse. Lento movió su mano hasta la bolsa en la que guardaba sus armas. Extrajo una jeringa con un potente sedante.
—Ni siquiera lo pienses —espetó Zero deteniéndola en el acto. Sakura parpadeó impresionada por los agudos sentidos de su captor. Zero aprovechó sus minutos de confusión para quitarle la aguja.
No sabía qué era el líquido amarillento, podía tratarse de veneno o algo peor, pero no estaba teniendo el mejor día, por lo que, sin pensarlo, encajó la aguja en el brazo izquierdo de Sakura.
Ella le dio un golpe que lo mandó directo a una pared, dejándole desbaratado en segundos.
—¡Maldito bastardo! —exclamó Sakura quitándose la aguja y tirándola. Sus movimientos se hicieron torpes enseguida y aunque ella trató de hacer algo para contrarrestar fue víctima de su propia creación—. Mierda.
Cayó al suelo con un último pensamiento dirigido hacia dos hombres que la miraban fijamente, el atardecer brillando a sus espaldas.
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La Mansión Kuran perdió su ambiente lúgubre en ese día. Todo gracias al primer embarazo de Yûki Kuran, que había sido uno de sus más grandes anhelos desde que se casara con su amado Kaname. La pareja compartió su alegría con sus amigos más allegados en la sala principal. Hanabusa Aido había sido el más enérgico en su reacción, pensando en cómo sería el hijo de su estimado líder. Takuma sonreía ligeramente mientras compartía una mirada comprensiva con Kaname. Akatsuki Kain y Ruka Souen eran más solemnes, pero no menos entusiastas.
—¿Saben si será niño o niña? —preguntó Aido, pues Yûki había cumplido siete meses cuando decidieron hacer pública la noticia.
Yûki puso sus manos sobre su estómago. Su sonrisa era tan grande y hermosa que había dado más calidez a su semblante.
—Es un secreto —dijo dejando en claro que no diría más—, aunque lo que sea está bien para mí. Amo a mucho a nuestro bebé.
Seiren interrumpió la reunión dando una corta reverencia hacia los actuales reyes del mundo de los vampiros y acercándose a Kaname para susurrarle al oído.
—El presidente de la Asociación de Cazadores, Toga Yagari, requiere su presencia, mi señor. Parece que hubo un ataque grupal de vampiros en una zona de la ciudad Nightray. De acuerdo con el informe general varios cazadores reportaron que los vampiros se alteraron en segundos y atacaron en frenesí.
La habitación quedó en silencio. Yûki inmediatamente miró a su esposo y pronunció su nombre. Kaname asintió, señaló a Hanabusa y a Takuma, ellos aceptaron la orden implícita para que lo acompañaran.
El vampiro se volteó para despedirse de su esposa dándole un beso en la frente.
—Espérame. Volveré pronto.
—Te esperaremos —señaló su vientre. El purasangre le dio un último beso y dio la vuelta dirigiéndose a la salida.
—Cuidaremos bien de Lady Yûki en su ausencia —pronunció Ruka cuando Kaname pasó a su lado.
En cuanto salió de la mansión Kaname abordó el automóvil junto a Hanabusa y Takuma. Los tres estuvieron pensativos respecto a esa llamada de emergencia, pues en años anteriores no se habían reportado ataques tan graves.
—Quizás el viejo Toga está perdiendo la cabeza. La edad suele tener ese efecto en los humanos —vino el comentario sagaz de Hanabusa.
—No es normal que los vampiros pierdan el control tan de repente, incluso si son de nive —apuntó Takuma.
—No nos apresuremos a sacar conclusiones —pidió Kaname tan sereno como siempre—. El presidente Yagari no nos pediría ayuda a menos que lo creyera necesario. Así que es cuestión de ir y averiguar lo que sucede.
—D-De acuerdo, mi señor —dijo Hanabusa. Takuma sonrió ante la aparente incapacidad de Aido de replicar cualquier cosa que su líder dijera.
"Espero que no sea nada malo", pensó mirando hacia la ventana. El viento frío presagiaba un mal clima ese día, pero él sería optimista hasta el final. Tal vez no era nada para preocuparse.
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El parloteo de la gente despertó a Sakura. Abrió los parpados de a poco y llevó una mano a su sien; cuando pudo recordar qué había pasado, no pudo menos que sentirse estúpida. Había bajado la guardia y había sido atrapada por Zero, y ahora le dolía horriblemente la cabeza.
—¡Qué ropas tan extrañas lleva!
—¿Quién será esa chica? Es hermosa.
—Su cabello es rosa… ¡es tan rara!
¿En verdad era tan extraño su color de cabello considerando que Zero lo tenía casi blanco? No importaba eso de momento, lo que importaba era que ese imbécil la estaba cargando como si fuera un costal de papas. Seguramente él ya se había dado cuenta que había despertado, así que debería bajarla y dejarla ir. Zero la ignoró tan olímpicamente que le recordó a alguien.
"Adiós, paciencia", Sakura extrajo una pequeña navaja de sus guantes y cortó las sogas con las que la ató. Con las manos libres, golpeó en la cabeza a Zero para aturdirlo.
Sakura se sorprendió cuando él no cayó al suelo como sucedía (aunque tampoco le había dado con tanta fuerza, no quería matarlo). Buscó liberarse con más ahínco. Se quejó cuando sus intentos no lograron nada pues el agarre se volvió más fuerte. Se dio cuenta de las miradas temerosas a su alrededor. No sabía el motivo, pero le veían como si fuera morir.
Sintió como Zero la bajaba al suelo. También percibió el repentino cambió de ambiente. Cuando miró al hombre se topó con una expresión que, si fuera más joven e inexperta, le habría dado escalofríos.
"¿Cómo podría atemorizarme una mirada así cuando he visto cosas peores?", pensó con amargura.
Por su parte Zero estaba furioso y cansado. Había sido una faena traer a esta chica cuando el aroma de su sangre lo estaba volviendo loco, sobre todo porque todavía estaba algo aturdido del golpe que le dio y ahora ella lo trataba como si fuera su culpa tener que seguir los debidos protocolos. Ah, cuánto daría ahora por no haber aceptado esa misión de última hora.
—Oh, la la, miren lo que tenemos aquí, Zero Kiryû trajo una chica —la voz de un hombre los interrumpió. Sakura miró al nuevo intruso, era alto y atractivo con su cabello corto castaño y revuelto así como sus ojos color gris—. Siempre que sales regresas con números de vampiros muertos, así que esto es una novedad.
—Ése es mi trabajo, Kaito.
—Tan serio como siempre. Como sea, ¿serías tan amable de presentarla? Definitivamente debe ser una chica formidable si la traes a la Asociación —pero antes de que Zero dijera algo, Kaito tomó la mano de Sakura dejando un beso su dorso que provocó en ella una expresión genuinamente disgustada—. Aunque, ¿para qué perder el tiempo pidiéndotelo cuando yo puedo preguntárselo? ¿Cuál es tu nombre, señorita?
—Sakura —respondió sin emoción quitando su mano del agarre de Kaito con sutileza, sorprendiendo al cazador por la fuerza física en ese gesto.
Kaito estaba intrigado. Usualmente las chicas se sonrojaban y caían rendidas ante él.
—Como los cerezos —tomó un mechón de cabello rosa, lo acercó a su nariz, y sin dejar de mirarla agregó—: Tu aroma es tan exquisito como las flores, Sakura.
—Difiero totalmente. Llevó días viajando y no me ha dado tiempo de asearme adecuadamente, así que no tomaré tu palabra en serio.
Kaito se rió por la actitud de Sakura. Miró de reojo a Zero que aparentaba serenidad cuando sus ojos violeta dejaban entrever su molestia. Kaito se sintió curioso, ¿por qué Zero parecía a punto de arrancarle el rostro? ¿Estaría relacionado con esta chica? Kaito no la reconocía de ningún lado y sabría si Zero sí porque lo mantenía vigilado… toda la situación proponía volverse interesante.
Decidió que valía la pena arriesgarse un poco para obtener una reacción más directa.
Kaito puso una mano sobre el hombro de Sakura, sonriéndole tan amablemente como pudo para que no pensara que estaba haciendo algo malo.
"Ah, ahí está", pudo notar el leve destello rojizo en la mirada repentinamente sedienta de Zero. Kaito reconoció enseguida la increíble sed de sangre estaba sintiendo en ese momento. "Ha pasado tiempo desde que lo veo tan deseoso…".
—Basta —intervino Sakura sacándose la mano de Kaito del hombro y mirándolo con aburrimiento—. Cualquier juego que tengan ustedes dos, no me inmiscuyan en él.
—Cierto, cierto —sonrió Kaito levantando las dos manos para disculparse.
—Y déjate de esa falsa sonrisa —dijo Sakura logrando una abertura en la máscara del cazador, que Kaito se apresuró en ocultar—. Como sea, parece que no podré irme sin tener que hablar con sus superiores. Joven Zero, acataré su solicitud con la condición de que me dejen ir luego de que quede claro que no soy una amenaza —se dirigió expresamente a él, sin mencionarle que, de no acceder por las buenas, tendría que ser por las malas.
Una parte de él quiso hacer énfasis en que no estaba en posición de demandar nada, pero la otra, la que evaluaba el verdadero poder que esa chica que había partido la tierra con un puñetazo tendría, decidió simplemente asentir.
—Parece que mi presencia sale sobrando aquí —dijo Kaito captando el nada sutil intercambio de amenazas—. Fue un placer conocerte, señorita Sakura, espero volver a verte pronto.
Sakura se encogió de hombros, sin afirmar o negar nada.
Cuando Kaito se fue el instinto depredador de Zero disminuyó. No era habitual que lo sintiera, menos estando con su compañero de armas, pero había sido inevitable cuando el aroma de Sakura había conseguido hacer flaquear su control.
—Sígueme —pidió Zero prefiriendo ignorar esa molestia por ahora.
Sakura se posicionó a su lado izquierdo. Zero la guió hasta la oficina principal donde se encontraban su maestro, Toga Yagari, y el director de la Academia Cross, Kaien Cross. El legendario cazador aún mantenía su escuela en pie gracias al apoyo de los Kuran y algunos nobles dispuestos a mantener el acuerdo. En la actualidad, los humanos estaban al tanto de la existencia de los vampiros y ambas especies convivían casi en total armonía. A pesar de que Kaien quiso que su hijo adoptivo siguiera siendo el guardián y prefecto, Zero se negó rotundamente. Así que después de graduarse se largó del que había sido su hogar, ya que no quería permanecer más tiempo rodeado de sanguijuelas hipócritas, ni humanos lameculos.
Entró sin tocar la puerta, como siempre lo hacía. Toga lo recibió con un comentario sarcástico, mientras que Cross se le aventó encima en un abrazo de oso. Zero tuvo que golpearlo para que lo soltara. Kaien chilló como un niño, brincando y gritando que era un hijo desconsiderado y que aún no tenía un nieto de él y que no le había presentado ninguna novia nueva.
Sakura se percató del leve oscurecimiento de los ojos de Zero.
Kaien seguía berreando. Yagari se levantó de detrás de su escritorio, y se sentó en una de las sillas cerca de la pared, prendió un cigarrillo preparándose para lo que venía. Entonces la vio e hizo una seña para que se acercara. Aunque estaba confundida, Sakura se paró a su lado, esperando que algo sucediera.
—¡Cállate de una buena vez! —gritó Zero.
Kaien se echó a correr temiendo por su vida. Zero, más para callarlo que por otra cosa, comenzó a perseguirle mientras juraba que lo mataría. Sakura no podía creer lo que estaba viendo, considerando que hace poco tiempo había sido atacada y luego "secuestrada", pero había algo hilarante, grotesco y liberador en la escena. Le recordaron a ciertas personas que eran invaluables para ella.
—Parece que un anciano como yo aún tiene lo suyo si puede hacer sonreír a una señorita tan hermosa como tú —dijo Kaien cuando logró escabullirse de los intentos homicidas de Zero. El director se acercó a Sakura y le puso una mano sobre el hombro. Este hombre trasmitía solemnidad en su mirada, algo muy distinto a los chillidos irritantes del principio, para Sakura no quedó duda de que era más de lo que aparentaba—. Creo que estamos a punto de hablar sobre un tema importante. Mi hijo Zero no suele traer chicas, y aunque me siento feliz de que lo haya hecho, parece que no es un asunto normal. Pero antes me encantaría saber tu nombre, señorita.
—Sakura —dijo. Kaien asintió dándose cuenta de inmediato de que no era una chica común. Si fuera así habría dicho su apellido.
—Bien, señorita Sakura, ¿qué les parece si comienzan a contar lo que pasó?
Zero fue el primero en hablar. Rindió su informe con absoluta concentración hasta que tocó contar la parte donde encontró a Sakura. Cuando terminó fue turno de ella de hablar; para los tres hombres fue obvio que no vivía ni en la ciudad ni en las cercanías, y lo comprobaron cuando ella inició haciendo una pregunta para la que no tuvieron respuesta.
—¿Saben lo que es un shinobi?
Fue obvio que no. Entonces, Sakura comprendió varias cosas que no estaba segura de compartir. Sin embargo, les dio el beneficio de la duda considerando que no habían tratado de encerrarla. El código shinobi exigía una protección total a los secretos de su mundo, pero Sakura se permitió contar las cosas que consideró pertinentes. Tras aclararles que sólo podía decir algunos detalles, Sakura les dijo la manera en la que había llegado hasta este lugar tan extraño.
Ella había estado en una misión diplomática entre el Hokage de Konoha y el Señor Feudal de la Nación del Fuego (para este punto tanto Toga como Zero creyeron que estaba drogada). Todo iba perfecto hasta que al tomar una ruta alterna para evitar a un grupo de bandidos, fue atrapada por una "puerta" que se abrió frente a ella. Cuando abrió los ojos se hallaba en un terreno baldío rodeado de edificios que nunca antes había visto. Después de unos minutos, vampiros vinieron y comenzaron a atacarla. Luego Zero llegó y la auxilió.
Al terminar de hablar la oficina quedó en silencio. Sakura decidió no decir más, entendiendo que no le habían creído nada. Esperó la respuesta de los mayores, pues dedujo que eran ellos los que tomaban las decisiones en este lugar. No pudo evitar imaginarse que ordenarían que se la llevaran al manicomio por inventar una historia, pero no fue así. Kaien le sonrió. Toga sólo resopló.
—No te preocupes, todo saldrá bien —dijo Kaien acariciando su cabeza, y agregó cuando el cabello de Sakura quedó bastante enredado—. No puedo decir que es real todo lo que nos cuentas, pero no hay razón para que nos mientas. Así que no queda más que averiguar lo que está sucediendo.
—Estás tomando el asunto a la ligera —opinó Zero recargado en una pared—. No sabemos nada sobre ella y lo que nos dijo suena a que está loca.
—No seas tan descortés, Zero. Nos encargaremos de que analicen su sangre para saber qué pasa, si es necesario. Ahora el único problema es saber dónde te quedaras. Podrías quedarte en la academia y…
—¡Kaien! —exclamó Zero.
Por su tono, Kaien supo de inmediato que había algo más. Lo miró de pies a cabeza y dedujo la causa al instante. El ligero temblor que sacudía el cuerpo de Zero era evidencia de que su sed había despertado.
Toga notó las miradas entre su pupilo y el Vampiro sin Colmillos. No necesitó más para entender la situación a la que se enfrentaban. Antes de la llegada de Zero hubo informes sobre ataques de vampiros descontrolados que causaron mucho daño. El viejo cazador supuso que Sakura, su sangre, despertó la sed de todos los vampiros que pudieron captar su esencia. Había sido una buena idea mandar a llamar a Kuran, tenía mucho que hablar con él sobre esto.
Los fuertes golpes en la puerta hicieron que dejaran la discusión para después. La puerta se abrió para que un cazador menor informara que Kaname Kuran había llegado, y que había traído al escuadrón de cazadores de soporte con él ya que los había hallado en un estado crítico. Dejando el asunto de lado, los tres hombres y la mujer salieron de la oficina.
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Takuma y Hanabusa ayudaban a bajar a los cazadores heridos del automóvil. Los cuerpos tenían marcas de garras y mordidas. El piso de la entrada principal estaba salpicado con sangre y el olor a muerte inundaba el lugar. Kaname no tenía problema con controlar su sed, pero a sus dos acompañantes les costaba más. Se contenían debido a lo grave de la situación y a que estaban rodeados de cazadores dispuestos a aniquilarlos si se comportaban como salvajes.
El cuerpo médico de los cazadores actuaba a contra tiempo, las lesiones eran graves y los veinte heridos habían perdido mucha sangre.
Toga y Kaien llegaron al instante seguidos por los dos jóvenes. Toga fue con Kaname para saber qué diablos había sucedido, mientras que Kaien corrió a auxiliar a los heridos.
El olor de la sangre influyó sobre Zero que trataba por todos los medios de no perder el control ante la inevitable tentación. Se tapó con la mano su nariz y su boca, conteniéndose lo mejor posible. No era tan fuerte como con la sangre de Sakura, pero era difícil ignorarlo.
Sakura no sabía qué ocurría, pero estaba segura que las lesiones de los cazadores eran mortales, y si no se atendían a tiempo sería muy tarde. Observó que los médicos no podían detener las hemorragias. No sabía cuál era el motivo por el que terminó aquí, ni tampoco cómo regresaría a Konoha, pero sí entendía que como ninja medico debía ayudar en lo que pudiera.
Caminó con paso decidido hacia donde la necesitaban.
Se ubicó cerca del cuerpo desgarrado de una cazadora. Al arrodillarse, Sakura notó la mirada dudosa de la mujer así que sonrió tratando de mostrarle que podía confiar en ella y tuvo éxito. La expresión de la cazadora se relajó y cerró los ojos. Sakura puso manos a la obra. Concentró su chakra en sus manos hasta que sintió que era suficiente.
La gente a su alrededor enseguida le prestó atención, curiosa ante lo que esa extraña haría o probablemente atenta a si cometía alguna barbarie.
Sakura extendió sus manos sobre la herida del estómago. Una densa nube verdosa comenzó a emanar. La enorme cortada empezó a cerrar lentamente mientras que las pequeñas heridas circundantes también desaparecían. Tras unos minutos sólo quedó una tenue cicatriz. Los que atestiguaron el suceso quedaron pasmados, pero Sakura no tenía tiempo que perder. Todavía quedaban muchos por atender.
—¡Necesito que traigan todo su material para primeros auxilios! —ordenó tal como lo haría si estuviera en el hospital de Konoha. Todos se quedaron mirando unos a otros por unos segundos, sin saber qué hacer—. ¿Acaso no escucharon? ¡Si en verdad les importa salvar la vida de sus amigos, hagan lo que les pido! No podré hacerlo sin su ayuda.
El equipo médico, incluso Kaien, se movilizó para traer todo lo que Sakura necesitara. Cuerpo tras cuerpo curaba las heridas indicando a sus asistentes lo que debían hacer después de que ella cerrara los cortes. Trabajó por un largo rato sin detenerse ni un instante.
Una multitud de curiosos se había situado alrededor de ella, entre ellos Takuma y Hanabusa que no creían lo que veían. Si bien ellos estaban absortos por lo que ocurría, no eran los únicos. Zero la observaba fijamente. Aunque los vampiros estaba enfocados en el ligero, pero atractivo aroma de su sangre.
Kaname también lo había notado. Indudablemente se sentía atraído, tanto que deseaba saciarse hasta dejarla seca.
"Puede que sea como él… él también tenía una esencia similar", ni qué decir del poder que emanaba de sus manos y curaba las heridas con facilidad.
Al curar al último cazador y dar una prognosis optimista, los presentes la ovacionaron. Ella se limpió el sudor de la frente acomodando sus cabellos con la banda con el símbolo de Konoha. Respiró profundo antes de sacar un pequeño papel y un bolígrafo de su bolsita. Escribió una receta de medicinas y la entregó a quien era el jefe del escuadrón de médicos.
—Éstas son mis recomendaciones para que ellos se recuperen más rápido —indicó.
El jefe tomó la nota.
—Muchas gracias, señorita, ha hecho lo que creíamos improbable, incluso yo —contestó el hombre ordenando a sus subordinados seguir las indicaciones de Sakura. Él le rindió una última reverencia y se marchó para verificar que todo saliera bien.
Cuando Sakura quedó sola se vio asediada por los curiosos que habían estado observándola, pero antes de que pudiera decir algo el cansancio se presentó. Se sintió mareada y trastabilló. Dos fuertes los brazos la detuvieron. Cuando se forzó a mirar quien la había salvado se quedó en blanco. Jamás había visto a alguien tan endemoniadamente atractivo en su vida (ni siquiera Sasuke).
—¿Te encuentras bien? —preguntó Kaname.
Si hubiera sido la Sakura Haruno de doce años muy probablemente habría chillado como loca.
—Algo agotada, pero estoy bien —contestó, soltando un suspiro agotado—. Gracias.
—De nada —levantó su mano dispuesto a ponerla en el hombro de Sakura para ayudarla a equilibrarse.
La mano de alguien más interceptó la suya. El purasangre no necesitó exigir saber de quién se trataba y se enfrentó a la mirada gélida de Zero. El cazador tenía una expresión realmente temible.
—Aléjate de ella, Kuran.
Kaien trató de intervenir, pero Toga lo detuvo advirtiéndole con una mirada que Zero podía encargarse de la situación sin explotar. Aido flanqueó por la izquierda a su líder, dispuesto a degollar a Zero si se atrevía a atacar. Por su parte, Ichijou se mantenía atrás; él no quería ser parte de una pelea por lo que optó por no hacer un movimiento premeditado.
La escena en sí trajo a colación un recuerdo particularmente doloroso para Sakura. Lo revivió con claridad. Había sido una gennin ingenua que no se había dado cuenta de los sentimientos de rencor, envidia y temor que se cocieron en la relación de sus mejores amigos. Cuando Sasuke retó a Naruto por sentirse inferior, cuando Naruto aceptó para demostrarle que no se quedaría atrás. Cuando ambos pelearon a muerte y ella tuvo que ponerse en medio para tratar de detenerlos.
—Deténganse, por favor —articuló las palabras con dificultad, y usó sus manos para ponerlas en el pecho de cada chico, guardando la distancia de cada uno.
Su voz los regresó a la cordura. Mirándose entre sí y luego a ella se dieron cuenta de que no era el momento para esto. Kaien suspiró agradeciendo que las cosas no pasaran a mayores. Toga prendió un cigarrillo y resopló por lo estúpido de la situación.
Sakura mantenía sus manos donde estaban. Se percató que ese momento particular de su vida no lo había superado como creía. Si esto le hubiera pasado cuando tenía 15 años estaría llorando. Pero la Gran Cuarta Guerra Ninja y los años posteriores la habían endurecido; aun había cosas que no resolvía, pero al menos tenía el temple que necesitaba para soportarlo o al menos reprimir el dolor que escocía en su pecho.
—Lamento haberte hecho recordar algo desagradable —dijo Kaname deduciéndolo por su expresión. Ella asintió con la cabeza aceptando la disculpa y dejó de tocarlos—. Parece que han sucedido cosas extrañas en las últimas horas, así que es inevitable que debamos hablar por mucho tiempo. Aunque antes quisiera saber cuál es tu nombre.
—Sakura.
—Gracias por lo que hiciste, señorita Sakura —dijo Kaname—. Ahora, si me disculpas, el presidente y yo tenemos un asunto que discutir.
Kaname le pidió a Takuma que lo acompañara. Aido tuvo que quedarse para averiguar si podía hacer algo para apoyar a los cazadores mientras su jefe se dirigía junto a Toga y Kaien a la sala de juntas. Sólo quedaron Zero, Sakura y Hanabusa, este último dando miradas furtivas al cazador.
—Si tienes algo que decirme sólo habla, Aido —espetó Zero.
—Me sorprende que quieras escuchar antes de disparar, Kiryû. Realmente me frustra que mi señor no te arranque la cabeza por tu comportamiento irrespetuoso, nivel E.
Deseaba que Zero explotara para tener una excusa para matarlo, pero no fue así. Zero no tenía expresión alguna, pero sus ojos contaban otra historia. Aido sintió escalofríos cuando esos ojos argentos lo enfocaron, más cuando Zero dirigió su mano hacia su pistola. Una gota de sudor resbaló por su frente y tragó grueso cuando Zero tocó el cargador. Pero pasó de largo y se llevó un dedo a los labios.
El rubio no entendió al principio lo que significaba, pero Zero señaló sutilmente a Sakura. Aido llegó a comprender que era lo que le pedía. Respiró tranquilo, era un trato justo. Zero le perdonaba la vida a cambio de que no dijera su condición de vampiro frente a la chica.
Hanabusa decidió cambiar de tema concentrándose en Sakura. Ella notó su mirada.
"Tiene el mismo color azul que los ojos de Naruto, pero no la misma calidez", pensó ella.
Él seguía analizando sus facciones. Si, era bonita. Su rostro no carecía de encanto. Una lástima que vistiera ropa tan fea… ¿y ese hedor provenía de ella? Pff, salvo el tenue aroma de su sangre, Hanabusa estaba seguro que olería mejor si tomaba una ducha.
—Vaya que apestas, mujer, ¿de dónde vienes no conocen el agua espumosa o qué? —dijo.
El eco de sus palabras duró en el aire un instante hasta que estalló la bomba.
—¿Qué dijiste, cabrón? —reclamó Sakura una expresión que asustaría a los niños pequeños.
Aido se confundió durante unos segundos. ¿Qué le pasaba? Por lo general cuando decía algo así la chica en cuestión rompía en llanto y vergüenza, pero ésta le miraba como si estuviera a punto de romperle la cara.
Sakura le tomó de la corbata con tal fuerza que Hanabusa quedó impresionado.
—Para tu información, rubio cara de imbécil, no he podido bañarme adecuadamente porque he estado de un lugar para otro, sin parar. ¿Crees que fue por elección personal? Daría lo que fuera por tomar un baño, pero trabajo es trabajo, y no toleraré que un niño bonito me reclame por algo que todavía no puedo remediar, ¿entendido?
—Yo…
—¿Tú qué? —preguntó duramente.
—¡Yo lamento si mi comentario te incomodó!
—Bien —lo soltó y luego puso una sonrisa encantadora—. Asunto arreglado.
Una hora después la junta terminó, por lo que fueron convocados a la oficina del presidente. Dentro estaban los cuatro involucrados que esperaron hasta que Sakura estuvo frente a ellos para dictar su veredicto.
Sakura descubrió que el aroma de su sangre fue lo que provocó que los vampiros enloquecieran, aunque no era algo del todo confirmado por lo cual se abrirían las respectivas investigaciones. Fuera cierto o no lo de su historia sobre shinobis, no podría irse aunque quisiera ya que pondría en peligro la vida de personas inocentes. Zero actuaría como su guardián hasta que pudieran resolver la situación. Él quiso negarse ya que no sería capaz de suprimir su sed si la tenía cerca, pero era una orden del mismo presidente. Por tal motivo, no pudo negarse.
Kaien le explicó a Sakura que, aunque había demostrado que no tenía malas intensiones, todavía no podían confiar en ella y tendría que residir en la Academia Cross como medida preventiva.
—Y eso es todo por el momento —pronunció Kaien.
—Gracias por su amabilidad, señor Cross —dijo ella aceptando que no podía simplemente desatenderse de esto y luego se dirigió a Zero—. Te agradezco lo que tienes que hacer por mí. Prometo no ser una molestia para ti.
Zero no le dijo nada. Sakura se limitó a no darle importancia y miró hacia la única ventana, hacia el cielo del atardecer que señalaba el inicio de una aventura inesperada.
Al estar perdida, no se percató que Zero la miraba de reojo como tampoco que sus ojos lilas ahora tenían un tono rojizo. Él había abandonado la Academia Cross hace muchos años y ahora tendría que volver para custodiar a esta extraña chica. Los días venideros no serían tranquilos. Mientras la sangre de Sakura lo atrajera de esa manera, no podría estar en paz hasta no beber aunque sea una gota.
Y así, comienza una nueva historia.
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¡Fin del prólogo! Esta historia se centra cincuenta años después del final de Vampire Knight, excepto que Kaname no terminó arrojando su corazón a la forja del Metal-Madre. En otras palabras, esto es un AU en el que Kaname ganó y consiguió gobernar como rey y aplastar a la oposición. A pesar del caos y revuelo que causó, Yûki terminó aceptándolo otra vez.
En la versión anterior usaba los sufijos nipones (entiéndase el "san", "kun", "chan", "sama", etc.), pero decidí que en esta nueva versión no lo haría y emplearía sus equivalentes en español, para experimentar.
En este AU, Yûki está embarazada de Ai. Anteriormente había puesto a Yûki en este estado por el angst y la tragedia en la trama (quienes han leído la primera versión sabrán de lo que hablo), pero ahora a la luz de los capítulos de Vampire Knight Memories, creo que Ai merece existir en el fic.
Antes Sakura era más reactiva a los halagos y actitudes caballarescas de los chicos de VK. Sin embargo, tuve que cambiarlo a raíz de lo que Sakura vivió durante la guerra y los años consecuentes. En el fic ella tiene veinte años y le han ocurrido cosas dolorosas y horribles como para no mostrar un cambio en su forma de relacionarse con otros.
Escribí anteriormente que Kaname reaccionaba como los demás vampiros a la sangre de Sakura, pero modifiqué la escena para dar entrada a uno de los tópicos de la trama principal. Además que no quedó muy claro en la versión anterior la conexión que Kaname parece tener con el mundo ninja.
No hay más que decir. Nos leemos en el siguiente capítulo.
