Hola, hola, Luna de Acero reportándose.
Este fic es una comisión a pedido de Claudia Roberts quien administra una página EreRiren en Facebook que es una delicia, vayan a darles amorsss: Riren & Ereri lovers (Ships SNK).
Les recuerdo que tengo comisiones abiertaaassss, pueden consultame por mensajito en cualquiera de mis plataformas o escribirme a mi email lunadeacero007 arroba gmail. soy bien económica y accesible.
Este es un fic de dos o tres capítulos, aún no decido, veremos que dicen ustedes, estoy saliendo de mi zona de confort, esta pareja me gusta mucho, pero siempre que Eren no esté presente je. Y bueno, aquí, vamos.
Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime, la historia si es de mi completa invención.
Advertencias: Por el momento solo una que otra palabra altisonante o soez, eso es todo. Tintes de humor, besitos a todos, especialmente a ti, mi corazón.
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"No tenía ni idea de cómo iba a lograrlo. Lo que sí sabía era que no iba a dejar de perseguir mi sueño".
Trujillo Sanz
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Estaba sentado en una mesa junto con otras dos lindas omegas. Erwin vestía un elegante frac blanco que le sentaba a la perfección, con su porte, su altura arriba del metro noventa, su cuerpo esculpido por el constante ejercicio, sus ojos profundamente azules, su cabellera de oro, todo en él era hermoso, excepto que solían confundirlo todo el tiempo con un alpha.
Los jodidos prejuicios de siempre. Que los omegas eran delicados, de rasgos finos, más pequeños, incluso un defecto como la debilidad estaba bien visto, así que él siendo todo lo opuesto de "lo esperable", hacía que buena parte de su vida hubiera sido bastante solitaria, al menos en el ámbito amoroso, porque Erwin era un amigo leal y confiable, siempre de buen humor y con una personalidad agradable que acaparaba la atención de muchos.
—¡Ay, Erwin, hoy estás tan guapo! —Adulaba Moira, una de sus amigas mientras se le prendía del fornido brazo y aplastaba ahí su cara—. Si fueras alpha, me casaría de inmediato contigo.
Ya estaba acostumbrado a ese tipo de frases, si le pagaran un dólar cada vez que alguien decía "si fueras un alpha", con seguridad tendría varios millones. Pero aunque escuchara eso hasta el hartazgo, no significaba que ya no doliera, siempre había una pequeña repercusión, un poquito de dolor que se iba acumulando hasta formar un océano dentro de él.
Estaba en el casamiento de un amigo omega, Moblit Zenner su nombre, se estaba casando con Hange Zoe, la otra socia de su negocio. Eran dueños de una florería en el centro de la ciudad a la que le iba más que bien en las ventas. De hecho fue gracias a él que estos dos se conocieron, por lo tanto le habían pedido ser el padrino de la boda. Habían contratado un fotógrafo profesional que de seguro haría unas hermosas tomas de los arreglos florales para subirlos a la cuenta de Instagram de la empresa y con seguridad esto traería una nueva avalancha de clientes. Y hablando de tener más trabajo, sería mejor que se pusiera manos a la obra con lo de contratar más empleados, porque la verdad el negocio estaba creciendo a pasos agigantados y ya no daban abasto los tres pares de brazos que tenían: él, su socia y Mike, un amigo de su infancia que estaba sin trabajo y que los asombró con sus virtudes para confeccionar ramos.
Mientras esperaban que llegaran el resto de los invitados, tenía tiempo de sobra y pocas ganas de escuchar sobre embarazos, celos y demás tópicos típicos de conversaciones omegas, no porque no fueran de su interés, sino que siempre sobrevenía cierta depresión pos conversación con la que no tenía ganas de lidiar en estos momentos. Hizo lo que siempre hacía, ponerse productivo y buscar alguna cosa en la que mantener la mente ocupada hasta que empezara la ceremonia, se puso a leer los curriculums de los postulantes para el cargo de ayudante. El noventa y cinco por ciento de los mismos correspondían a omegas, el otro cinco a alphas de la tercera edad que tenían ganas de hacer algo y no estar de ociosos, por lo que cuando vio la hoja de vida de un alpha dentro de todo joven, fue cuando menos intrigante.
"Levi Ackerman – 34 años". Se fijó que tenía una extensa lista de trabajos en su haber, todas en ciudades diferentes, como si fuera por ahí boyando por la vida, como un nómade. Cuando miró su foto, que tampoco es que revelara mucho ya que uno no sabía si había sido tomada hacía 15 años o hacía 5 minutos, denotaba una mirada dura, estricta (como sería de esperarse de un alpha)… No era por tener pre juicios ni nada pero… tenía cara de delincuente. El trabajo en el que más tiempo había estado había sido de cinco meses, no parecía durar en ninguna parte, aunque los motivos de finalización de los mismos decían "renuncia", no había nada de despidos. Le generó auténtica curiosidad. Tomó su número de ciudadano y lo ingresó en la base de datos sociales de la Nación, en un par de minutos tuvo un informe completo.
Era cierto que tenía 34 años y que era alpha, aunque era extraño que no fuera deportista, profesional o sobresaliera en algún aspecto, solo había terminado la escuela alta y aparentemente estaba saludable. Era cierto que no había despidos en su nómina laboral, también era cierto que la mayoría de los trabajos eran de mesero, cajero, conserje, hasta barrendero, pero no había nada cercano a trabajar en una florería o invernadero, ¿por qué se habría postulado, entonces? Solo aceptó la solicitud porque le carcomía la duda, Erwin era una persona curiosa de conocer las facetas de las personas, sus historias de vida, en fin, algo interesante saldría sin dudas.
La fiesta fue hermosa, desde la ceremonia llena de promesas y mensajes melosos, la cena, los deseos de los invitados, el vals, y luego el desmadre. Cuando se despertó tenía grandes ojeras y le dolían los pies. Se levantó a orinar, tomó una pastilla para la resaca y volvió a la cama, total que era domingo y podía darse el lujo de remolonear. Sin embargo no pudo volver a conciliar el sueño, se giró de un lado y el otro varias veces hasta que escuchó a su perico gritando a todo pulmón, carajo que no tenía ganas de ir a darle de comer, pero ni modo, responsabilidades eran responsabilidades.
Su perico era malo, mejor dicho era espantosamente malo. Agresivo, gritón, violento, se la pasaba diciendo malas palabras, y si se descuidaba podía perder un dedo, tenía una cicatriz enorme sobre el dorso de la mano de una vez que pensó que estaba dormido e intentó acariciarlo. En realidad ni siquiera era su perico, era de un primo suyo que se había ido a vivir a Suecia y se lo había encargado, que cuando él se estableciera lo buscaría, de esto ya habían sido cuatro años. ¿Cuántos años vivía un perico? Google decía que como 20 años. Puta madre.
No quería hundirse en su pesimismo pero ya se estaba hundiendo, es decir, era un buen tipo, ¿por qué la vida era tan injusta con él? Ya había perdido las esperanzas de conocer a alguien que valiera la pena, cosas como un casamiento, que le propusieran compromiso, o siquiera que lo quisieran para novio, estaban totalmente descartadas. Los pocos alphas que se animaron a acercársele por sentirse atraídos eran una completa vergüenza. Desde pervertidos que solo buscaban ser penetrados por un omega, desviados, con fetiches raros, o normales que solo querían una follada rápida con cualquier agujero que estuviera disponible, incluso hubo un par interesados en que los mantuviera (hasta salió con uno por un par de meses), decepción tras decepción, Erwin ya no esperaba que la vida lo sorprendiera. Al único que le recibía propuestas era a Nile, otro idiota que lo visitaba a escondidas (el tipo no quería que los vieran en público, a pesar de que era soltero como él). ¿Por qué seguía manteniendo el contacto con ese pobre diablo? Bueno, ya se conocían, sabía que si le apretaba la cabeza son sus muslos gruesos y firmes y si lo estrujaba un poco el otro estaba más que dispuesto a lo que fuera, por supuesto siempre que mantuvieran la clandestinidad, era como su puerto seguro. Su abuelita siempre le había dicho "m´ijo, siempre es bueno tener un palo ande rascarse". Cuando ya entraba en una fase de desesperación sexual, cuando sobrellevar los celos se volvía doloroso, entonces recurría a Nile para aplacar un poco esa necesidad.
Salió al balcón mientras bebía un café caliente y se apoyó en el barandal, eran más de las dos de la tarde, pero a quien le importaba, a él no, claramente. Miró la gente transitando por las aceras, una pareja alpha mujer y omega mujer venían abrazadas, la más alta besando la frente y corinilla de la otra que se sonrojaba y se reía con timidez. Algo tan simple, algo que parecía de tan fácil acceso a todos, eso es lo que realmente quería su corazón. Por supuesto, se sentía orgulloso de ser autosuficiente, tener éxito económico, tener su propia vivienda, tener salud, no iba a despotricar del resto de su vida porque a decir verdad tenía mucho que agradecer. Pero esa espinita de dolor no se iba, ¿cuánto saldría pagarle a un apuesto alpha para que al menos fingiera ser romántico por una maldita hora? "Hay cosas peores", trató de darse ánimos.
—Puto, maricón —dijo el perico y Erwin lo miró con molestia.
—Como sigas así de malhablado, te juro Birdo, que te llevaré a la plaza que te coman los gatos que salen a la noche a revolver la basura. No me provoques que no tengo un buen día.
—¡Que te cojan!
Erwin revoleó los ojos y se metió adentro, de seguro le iban a empezar a llegar los mensajes de sus vecinos que siempre se quejaban del léxico y el ruido que provocaba el pajarraco. Ni bien tomó un nuevo sorbo de su café sonó su celular, maldita sea. Miró la pantalla y se sorprendió porque era de un número que no tenía agendado, el mensaje decía lo siguiente:
"Cuando y a qué hora lo veo".
Erwin enarcó una ceja y sin otras referencias disponibles decidió agrandar la foto de perfil de este misterioso contacto. Oh, ya, era el alpha con cara de matón que estaba postulando al trabajo. Recordó que al aceptar su hoja de vida el sistema solía enviar automáticamente un mensaje a los postulantes informándoles que habían pasado a la siguiente etapa, normalmente no lo contactaban primero sino que esperaban que él los llamara para darles un turno para entrevista, en fin. ¿Qué clase de modales tenía esta persona? Ni siquiera había saludado, hora de poner en su lugar a la mugre.
"En primer lugar, buenos días, señor Ackerman. Aún no he mirado mi agenda, mañana cuando me encuentre en mi negocio me pondré en contacto para asignarle un día y un horario para la entrevista".
En verdad que este no era su día, se sorprendió de recibir una respuesta casi de inmediato.
"Será buenas tardes, en todo caso, porque son casi las 15hs. De acuerdo, espero que mañana me llame, de ser posible por la mañana, porque de tarde estoy ocupado".
Erwin apretó con fuerza su móvil mientras se marcaba la vena de su frente, "pero miren nada más esos aires de realeza", pensó irritado, "claro, típico de alphas, voy a llamarlo a la entrevista solo para decirle que NO es apto para el puesto, a ver quién manda a quien, maleducado".
Sin embargo cuando llegó a la tienda al día siguiente, a las ocho como era su costumbre (abrían a las 9 pero le gustaba arreglar, limpiar y desayunar tranquilo mientras esperaba a Mike, porque Hange estaría de luna de miel por un mes), grande fue su sorpresa al ver al alpha de pie frente a la puerta. Su sorpresa no se dio solamente porque no se esperaba para nada que se le apareciera ahí de buenas a primeras, sino que además era extremadamente diferente a la intimidante foto, bueno, la cara de matón la seguía teniendo, pero era… era… tenía una altura por debajo de la promedio, Erwin calculó rápidamente, pero incluso debía ser más bajo que su socia, así que sin duda menos de metro setenta, sí, mucho menos. Vestía una remera blanca muy simple, los brazos blancos, fibrosos pero delgados, al igual que su cuerpo en general. ¿Realmente era un alpha?
—Buenos días —largó de manera agria y la potente y grave voz hizo que Erwin volviera de su nube de pensamientos.
—Buenos días.
—¿Usted es el dueño o es otro empleado? —habló con bastante resolución mientras lo observaba fijo.
—¿Quién pregunta?
—Levi Ackerman, tengo entrevista para un puesto de trabajo.
Erwin inspiró y trató de ser lo más diplomático que le podía salir, porque a decir verdad esta persona lo estaba sacando de quicio y eso que apenas se habían saludado. Puso la llave en el portón de entrada para destrabarlo.
—Sí, ya lo recuerdo, y que yo sepa usted no tiene entrevista aún, dije que iba a comunicarme para hacerle una.
—Bueno, pero, ¿ahora no puede? Abren a las nueve, es temprano, podría aprovechar.
Esta vez Erwin lo miró con seriedad, habrase visto semejante desfachatez, venir a apurarlo a él, a nada más ni nada menos que el dueño.
—Señor Ackerman, usted NO está en mi lista de prioridades en estos momentos, le pido que se retire y aguarde a ser contactado.
El alpha bajó la cabeza y se rascó la nuca, pero dio un paso más cerca de Erwin que esta vez se giró del todo para enfrentarlo, ¿qué sucedía con ese enano?
—Si quiere le ayudo con eso, don… —dijo señalando el portón que Erwin estaba removiendo del frente de la florería.
—Si quisiera ayuda se la habría pedido, puedo con esto solo.
—Ah, pero por algo está necesitando ayuda aquí, ¿o no? No se ensucie, deje que yo lo agarro.
—Señor Ackerman, o usted se va, o le aseguro que no va a existir ninguna entrevista, me está exasperando.
—No se ofenda, don, solo quería ser de utilidad.
—Punto número uno, si usted quedara en el puesto tenga la seguridad que me encargaría de que sea de total utilidad aquí, y punto número dos, mi nombre es Erwin, no "don", así que no me llame de esa manera.
—Lindo.
Erwin enarcó una ceja, ¿qué había dicho el tipo?
—Li-lindo nombre, suena a, como algo fino, así extranjero, o algo.
El rubio alto manipuló el manojo de llaves para encontrar la que abría la puerta de vidrio del salón y miró de reojo al alpha.
—Espere mi llamada, ¿estamos de acuerdo?
—Sí, claro, do-Erwin, quise decir Erwin, Erwin solo.
—Sí, bueno, adiós —y le cerró la puerta en la cara para suspirar antes de encarar el resto del trabajo.
Definitivamente no llamaría a ese alpha, le daba malas vibras por todas partes. Siguió con sus labores adentro, terminó de subir las rejas, barrió, pasó el trapo, el plumero y luego se fue a hacerse un café mientras esperaba que los proveedores fueran llegando. Recordó que había dejado varias rosas blancas en una nevera especial con temperatura programada para mantenerlas frescas, se estaban coloreando de azul. Abrió la puerta y estaban listas, sonrió complacido antes de sacarlas.
Luego verificó el vivero del fondo, tenía mucho para hacer, de igual manera abrió la aplicación del negocio para ver cómo iban entrando pedido tras pedido. Por un lado era gratificante que la demanda aumentara, pero por otro era preocupante no saber si iba a llegar a cumplir con los tiempos exigidos. Miró la hora en su reloj pulsera, ¿ya eran las ocho cuarenta y cinco? ¿En qué momento se había hecho tan tarde?
—Buenos días —dijo Mike mientras sostenía un paquete del que se desprendía un exquisito aroma.
—Hola Mike, ¿qué trajiste hoy? ¿Donas?
—Croissants rellenas con jamón y queso.
Erwin tragó en seco, que bien le vendría comerse un par de esas delicias. Mike era un ángel.
—Ya tengo el café listo, es uno nuevo, me lo recomendó Dot.
—¿El que te trajo de sus vacaciones?
—Ni más ni menos.
—Una joya.
Improvisaron con la pequeña mesada de la cocina y allí bebieron y comieron a gusto. Mike no se había dado cuenta que Hange no iba a estar y había traído demás, pero se aseguraron de tragarse su porción en su honor.
El resto del día fue de correr de un lado al otro sin parar, apenas pudieron tomarse un breve receso para masticar algo cerca de las tres de la tarde. No pararon de hacerles encargos, tantos que tuvieron que salir a comprar algunas flores al mercado de la ciudad. Erwin tenía que ajustar los pedidos a los proveedores. Terminaron más que agotados.
Una vez que cerró y volvió a su hogar, usó la máquina para correr que tenía en su sala de estar por cerca de media hora, sudó aún más, se dio un merecido baño, pidió una pizza, guardó al perico que gritaba "¡Viva Hitler!" a todo dar. Comenzaba a dudar que su primo fuera una buena persona, ¿cómo era posible que un animal aprendiera tantas cosas horripilantes en tan poco tiempo? Como fuera, una vez que apagó las luces el emplumado se durmió y así pudo hacerlo él. No llegó a revisar los mensajes de su celular, estaba fulminado.
Al día siguiente cuando fue a abrir, el alpha estaba esperándolo, temblaba un poco porque hacía frío y no se lo veía muy abrigado que digamos, bostezaba a cada momento y se puso firme cuando lo vio aparecer.
—Buenos días —soltó antes de largar un estornudo tamaño ballena azul, de echo Erwin retrocedió unos pasos.
—Buenas, ¿no quedamos en que yo lo iba a llamar?
—Sí, ayer.
—¿Entonces?
—Y que no me llamó, entonces vine.
Algo era seguro, ese tipo estaba desesperado por trabajar. Erwin prestó mayor atención, el hombre tenía un bolso a sus pies de color azul, de tamaño mediano. Momento, ¿no sería un vagabundo, o si? Parecía tener frío pero se empeñaba en demostrar lo contrario. Suspiró sonoramente, abrió la reja, la sacó y luego destrabó la cerradura del local.
—Entre —dijo de mala gana y el alpha ingresó mirando todo a su alrededor como si en vez de una florería fuera un zoológico. ¡Qué tipo más raro!-. ¿Nunca estuvo en una florería antes? —soltó con cierta burla el rubio.
—Eh, bueno, la verdad es que no, solo miré una que otra pero de afuera.
Erwin enarcó una ceja.
—Nunca vió una florería por dentro, ¿y viene a pedir trabajo justamente a una?
—Aprendo rápido, cobro barato, soy eficiente, tengo más de doce referencias que puede llamar para chequear.
—Las referencias pueden ser números de parientes suyos, así que me tienen sin cuidado. Como sea, voy a preparar café, ¿gusta uno?
—No, odio el café, que sea té negro.
Erwin sintió ganas de agarrarlo de la solapa del cuello para tirarlo a mitad de la calle con bolso y todo, ¿por qué ordenaba de ese modo? ¿Solo porque era un alpha y se creía el ser más importante del universo? Tenía té negro, pero ni de coña le iba a estar sirviendo a un idiota con ínfulas de mandón.
—No tenemos, café o agua, elija rápido que tengo mucho por hacer.
—Ah, bien, ninguno. Entonces, ¿me hará la entrevista ahora?
El omega estaba a un paso de estallar, pero bueno, sino le hacía la dichosa entrevista el tipo lo seguiría atosigando.
—Sí, claro, venga —dijo señalándole unas sillas que había cerca del mostrador que usaban los clientes para esperar a ser atendidos.
Tomó un cuaderno y un lapicero y se sentó a una distancia prudente del otro que lo miraba fijo.
—Muy bien, primera pregunta: ¿por qué se ha postulado para trabajar aquí, señor Ackerman?
—Fácil, porque necesito trabajo.
—Eso es notable, a lo que me refiero es que si usted no tiene ni la más mínima idea de lo que hacemos aquí, ¿por qué postuló a este negocio y no a otro en el que tuviera experiencia?
—Bueno, la verdad es que quiero aprender algo nuevo y, desde pequeño me han gustado las flores, pero ya sabe, debido a que soy un alpha, y no estaba tan bien visto que a uno le gustara la botánica, pero ahora es diferente y quisiera hacer esto.
—¿Entonces usted espera cumplir alguna especie de sueño frustrado, es eso?
Levi se encogió de hombros y luego asintió sin mucha convicción.
—Segunda pregunta: ¿Dónde está viviendo actualmente?
—Depende, a veces en un hostal y otras veces en la casa de, de algún a-amigo.
—Ya veo, bien, eso sería todo —dijo Erwin poniéndose de pie y Levi abrió grande sus ojos.
—¿Eso es todo?
—Así es.
—Bien, ¿entonces cuando comienzo?
—Lo siento, pero no ha sido seleccionado, señor Ackerman, le agradezco su tiempo y su interés, pero bueno, seguiremos buscando.
—¿Qué? ¿No tengo el trabajo? —preguntó sorprendido.
—No, no lo tiene.
—Pe-pero, solo me hizo dos preguntas.
—Sí, pero ya leí su hoja de vida y vi sus actitudes en estos días, más que suficiente.
—No entiendo, ¿por qué no?
—Porque yo lo digo —dijo con rispidez, su diplomacia estaba desapareciendo rápidamente.
—¿U-Usted?
—Sí, yo que soy el dueño, ¿quiere más detalles? Claro, se lo explico: usted no me agrada, sus malas formas de pedir las cosas, de andar exigiendo, de ser impaciente, no gracias, no voy a lidiar con eso en mi negocio.
—Ah, mire, yo le pido disculpas, si la forma en que dije algo le pareció fea, lo siento, ¿sabe? Cuando me pongo nervioso tiendo a ce-cerrarme un poco, pero le juro que si me da la oportunidad le voy a trabajar de lo mejor, por favor, necesito el trabajo.
—En la esquina hay un café, también están necesitando personal, puede intentar ahí, le deseo el mejor de los éxitos. Ahora le pido que se retire, a menos que quiera comprar flores.
Levi agachó la cabeza y Erwin se sintió un poquito mal, pero muy poquito, le dio pena la expresión del alpha que parecía que acababa de perder una herencia millonaria. Tomó su bolso, se lo colgó del hombro y se giró para retirarse, pero luego de hacer dos pasos regresó y Erwin miró de reojo un bate de béisbol que tenía detrás del mostrador, por las dudas.
Pero el alpha se detuvo frente a él y se agachó doblando la mitad de su cuerpo, como si fuera una reverencia.
—Lamento mucho haberlo incomodado, señor Erwin. Me iré y no le traeré más problemas, gracias por su tiempo y disculpe.
Y al fin se fue. Erwin se quedó un par de minutos mirando la puerta y sintiéndose fatal, ¿se habría apresurado en tomar la decisión? Nah, su instinto nunca se equivocaba, ese alpha era extraño y su energía era oscura, ojalá consiguiera trabajo pronto.
Desde ese suceso en adelante las cosas no mejoraron ese día, Mike tuvo un pequeño accidente de tránsito con su moto y llegó tardísimo al negocio, para entonces Erwin estaba a un paso de perder la cordura entre el teléfono que sonaba sin cesar, los mensajes, los ramos y coronas a entregar, los repartidores que estaban esperando, gente en el salón, era un completo caos. Por si fuera poco el camión de los proveedores de tulipanes había pinchado un neumático y no iban a poder llegar.
—Ni modo, iré en mi auto a buscar las cajas con las flores, no demoro —le dijo a Mike mientras le pedía con la mirada que aguantara un poco hasta que regresara.
Erwin se estaba lamentando de antemano tener que cancelar algunos pedidos porque era físicamente imposible cumplir con todo, lo haría al regresar al negocio. Pudo dar con el camión, recoger las cajas con las plantas y regresar. Pero entonces cuando entró encontró al alpha que había rechazado hacía unas horas ayudando a Mike a embalar unas coronas de sepelio.
—¡Erwin! Mira, encontré alguien que nos diera una mano —dijo Mike que trabaja lo más rápido que podía mientras Levi evitaba hacer contacto visual con él.
El negocio se estaba llenando de nuevo y… bueno, sería una estupidez decirle que se fuera, la situación apremiaba, suspiró y se apretó el puente de la nariz unos segundos.
—Bien, sigan trabajando, yo me encargo del mostrador.
Luego arreglaría el embrollo.
Estuvieron ocupadísimos hasta las tres de la tarde donde finalmente pudieron hacer un pequeño receso para almorzar. Los tres estaban muertos de hambre, tampoco es como si pudieran perder mucho más tiempo, de manera que Erwin pidió un par de pizzas a un local de comidas cercano.
Erwin se sentó con Mike en la cocina para servirse mientras Levi había ido al baño a asearse un poco, o eso había dicho.
—Oye, Er, el chico nuevo trabaja bien, ¿cierto?
—No es chico, es un hombre, tiene treinta y cuatro.
—¿En serio? Parece mucho más joven, pero, ¿ya lo conocías?
—Sí, era uno de los postulantes.
—¿Era?
—Esta mañana lo entrevisté y lo rechacé de plano.
—¿Qué?
—Si, por eso cuando regresé y lo vi contigo me sorprendí mucho.
—Yo creí que tú lo habías seleccionado.
—¿Él dijo eso?
—No, solo vino y me dijo que necesitaba hablar contigo, le pregunté si estaba aplicando para el puesto y como dijo que si… sé que no debería haber tomado esa decisión sin consultarte, pero estábamos en aprietos.
—Ya, no te preocupes, hoy mismo me encargaré de tomar otra persona y asunto arreglado, a él le pagaré el jornal y listo.
—Bueno, pero, ¿por qué no él? Trabajó muy bien.
—No tiene experiencia.
—Sí, me lo mencionó, pero con un par de indicaciones hizo todo bastante bien.
Mike tenía razón, pero a Erwin se le retorcían las tripas de pensar en tener que lidiar con esa personalidad desagradable cada día. Se llamaron al silencio cuando Levi se apareció en la cocina, ambos lo miraron asombrados. Al parecer se había dado una ducha, a decir por su pelo húmedo y prolijamente arreglado, la ropa nueva y limpia, ahora vestía un pantalón jean de color negro algo ceñido y una remera del mismo color pegada al cuerpo que hacía notable lo musculoso de su compacta anatomía.
—Si sabes que tendremos que trabajar varias horas más, ¿verdad? —dijo Mike sonriendo de medio lado.
—Sí, pero no aguantaba la mugre, suelo tomar varias duchas al día.
—¿Eres misofóbico o algo así? —preguntó Erwin tomando otra rebanada de pizza.
—No, solo me gusta estar limpio —miró la caja con la comida humeante pero no hizo nada para tomar una pieza.
—Sírvete, Erwin invita —dijo Mike amistoso.
Levi se refregó las manos y miró de reojo al rubio que trataba de ignorarlo. Mike miró a uno y al otro y se preguntó qué diantres estaba sucediendo, Erwin no era una persona que tratara mal a alguien que no conociera, le parecía algo extraña su actitud y por otra parte este chico nuevo, hombre o lo que fuera, Levi… era extraño, pero olía bien y si olía bien, no había nada para temer.
—Puedo, eh, puedo ir a comprar un jugo si quieren —ofreció Levi, que esta vez sonó mucho más suave que en la mañana y se notaba que ponía empeño en encajar.
—Hay jugo en la nevera si quieres —respondió Mike señalando el electrodoméstico que estaba en un rincón—, también tenemos café, té, allá en la alacena, sírvete lo que gustes, hay tazas, endulzantes.
—¿Hay té negro? —preguntó Levi y Erwin lo miró de soslayo con molestia.
—Sí, tenemos de toda variedad porque a Hange, la otra jefa que está de licencia, le encantan.
—Oh.
Erwin se giró para encarar a Levi y el alpha le sostuvo la mirada.
—Si tienes algo para reclamar o decir, dilo ahora —pidió Erwin con poca amabilidad, claramente se refería a lo sucedido en la mañana, cuando le había dicho a Levi que no tenía té.
—Bueno, eh, ¿puedo servirme un poco? —dijo señalando la caja de la pizza.
—Mike ya te había dicho que sí.
—Cla-claro, este, buen, buen provecho —dijo notablemente nervioso y tomó una rebanada para darle un gran mordisco.
Mike enarcó una ceja, ¿qué había pasado ahí?
Al final de la jornada Erwin cerró con llave el salón y llamó de inmediato a Levi.
—Bien, jornada completa, aquí tienes, gracias por la ayuda —dijo depositando el dinero sobre el mostrador.
—Oh, si no es molestia a mí me gustaría que me pagara quincenal, si le parece bien.
—¿Quincenal qué cosa? Aclaremos los tantos, señor Ackerman, hoy fue una gran casualidad haberlo tomado como ayudante, pero no tengo intención de que sea de manera permanente o semi permanente, fue solo por hoy, aquí tiene su paga. Revise y dígame si está correcto, de hecho —dijo sacando unos billetes más de la caja y los puso arriba de los que ya había separado para Levi—. Aquí tiene un poco más, por si no le parece suficiente.
Mike se estaba colocando el abrigo mientras escuchaba y observaba todo lo que sucedía. Levi tomó los billetes demás y los puso a un costado, tomando la paga inicial.
—Esto es más que suficiente —aceptó con voz apagada y luego miró a Erwin otra vez—. Escucha, realmente necesito este trabajo, puedes, eh, puedes pagarme menos si quieres, no importa yo-
—No se trata de pagar menos, jamás haría eso, no es un problema económico. Soy el dueño y ya tomé una decisión sobre usted, ya seleccioné a otra persona para el puesto, así que entienda que le agradezco mucho pero hasta aquí llegamos. Que tenga buenas noches, vamos, lo acompaño a la puerta.
Una vez que cerró volvió resoplando y suspirando pesado.
—Oye, Er, ¿qué sucede con él? Quiero decir, parece buen tipo y trabajó bien.
—Ya tengo a otra persona seleccionada. Brisa, vendrá mañana.
—¿La prima de Hange? —dijo Mike haciendo una mueca con el rostro.
—Sí, ella, ¿cuál es el problema?
—La conozco, Er, esa chica es floja, no le gusta despertarse temprano, será un dolor en el culo, recuerda mis palabras.
—Como sea le daré una oportunidad, me lo pidió Hange.
—Bueno, en fin, que tengas buenas noches, me voy.
—Hasta mañana, Mike.
Le escribió a la prima de Hange quien le aseguró que estaría en el negocio al siguiente día a primera hora. Erwin volvió a su casa una hora después, cuando llegó tuvo que escuchar los reclamos de Birdo como una hora completa. Le dio semillas de girasol, que eran su debilidad, para comprar su silencio y le puso el pienso, cambió el agua. Notó que se estaba acumulando polvo en algunos lugares, bueno, se encargaría el fin de semana que no estaba tan lejos. Se duchó, cenó una lasagna que tenía congelada en el freezer y que calentó en el microondas, media hora después estaba durmiendo a pata suelta.
Cuando llegó al otro día al negocio… algo le dijo que ese iba a ser "otro día memorable". El alpha estaba de pie frente a la puerta, ¿debería llamar a la policía?
—Buenos días —le dijo con solemnidad y Erwin casi que no le contesta.
—Sí, hola. Abrimos a las nueve, lo dice el cartel.
—Sí, lo sé, es que… quería ver si podía hablar con usted, un poco.
—No, estaré muy ocupado —dijo entrando y cerrándole la puerta en la cara.
¿Qué había hecho él para merecer ese castigo? Se fue a prepararse un café mientras empezaba a ordenar todo. Cuando regresó al mostrador, cuarenta minutos después, notó que Levi seguía de pie afuera, su figura temblaba de a intervalos, y como no si estaba desabrigado. Gruñó internamente y fue a abrir la puerta.
—Disculpe, pero le tengo que pedir que se retire, está estorbando el paso.
—¿Eh? Pero… abren a las nueve, ¿no? Hasta entonces va a estar cerrado.
—Será posible, pase de una vez —dijo corriéndose para darle lugar, Levi dudó un poco pero terminó ingresando—. Siéntese ahí, espere que ya regreso.
Volvió con un té negro humeante, Levi agradeció y aceptó la taza mientras una sutil sonrisa se le dibujaba en el rostro, tenía la nariz roja por el frío. Erwin se cruzó de brazos y lo miró con el ceño fruncido.
—Bueno, ¿de qué quería hablar?
—S-sí, es que, mire, necesito el puesto, seré silencioso, no hace falta que me pague el almuerzo, limpio muy bien y-
—Otra vez con eso, señor Ackerman, ya se lo dije ayer, ya seleccioné otra persona. No tengo posibilidad de mantener a dos empleados nuevos, si tanto le urge, lo máximo que puedo hacer por usted es hablar con algunos amigos que tengo en la ciudad para que lo entrevisten y vean ellos de tomarlo en algo.
—No, está bien, no quiero darle problemas.
—Pues ya me los está dando.
—Lo lamento.
—Si lo lamentara no sería tan insistente sobre un tema sobre el que ya me expedí.
—Disculpe, de, de nuevo.
Levi dejó la taza vacía sobre el mostrador.
—Entonces, ¿quiere que lo recomiende con otros comerciantes o no?
—No, pero gracias por su ofrecimiento.
—Bien, hemos terminado entonces.
—Uh, eh, ¿puedo esperar aquí dentro que se hagan las nueve?
—Sí, está bien —dijo Erwin aceptando a regañadientes y se fue adentro para seguir con sus quehaceres.
A los pocos minutos llegó Mike que saludó a Levi y le ofreció una porción de bizcocho caliente que traía de la panadería.
—Veo que decidiste tomarlo, excelente decisión —dijo alegre el del mostacho y Erwin enarcó una ceja.
—Primero, buenos días, y no, como siempre hace vino por su cuenta.
—Oh, ¿no te da un poco de pena? —dijo en voz baja Mike—, pobrecillo, debe estar en aprietos para rogar por un trabajo.
—Nada de pobrecillo, es un alpha, será sencillo para él conseguir otra cosa, además le ofrecí recomendarlo en otros lugares y me dijo que no. Así que no te apiades tanto.
Cuando Erwin regresó, puso el letrero de abierto y destrabó la puerta. Levi se puso de pie y se acercó al mostrador con su bolso azul, el rubio lo miró de regreso.
—Hola, quisiera comprar un, un ramito, ramo de flores.
—Ok, ¿qué flores quieres?
—¿Cuáles son tus flores favoritas?
Hubo un silencio incómodo y Erwin frunció levemente el ceño.
—No voy a responder a eso —dijo al fin y Levi inspiró decepcionado.
—Bien, entonces, unos narcisos amarillos, por favor.
—¿Cuántos quieres?
—Un ramo de media docena, con papel blanco y cinta roja.
—De acuerdo.
Erwin fue a preparar el pedido, sus pensamientos en conflicto, el teléfono comenzó a sonar y Mike fue a hacerse cargo mientras se escuchaba el ruido de la puerta abriéndose, ya iba a empezar la vorágine. Arregló el ramo de la mejor manera posible y lo llevó al extraño cliente quien abonó en efectivo, pero no se retiró del lugar.
—¿Necesitas algo más? —preguntó Erwin.
—Sí, bueno, esto es para ti —respondió el alpha ofreciéndole el ramo que acababa de armar.
—¿Qué?
—Espero tengas un lindo día, gracias por el té —como el omega no le agarraba las flores las dejó sobre el mostrador y se fue antes de que Erwin pudiera replicar.
Se giró al escuchar a Mike tratando de reprimir una carcajada, pero no había tiempo que perder, tomó el ramo y lo puso en la cocina antes de regresar para atender a los clientes que comenzaban a acumularse.
Levi era el alpha más extraño que él hubiera conocido, sin dudar.
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By Luna de Acero.-
