CAPITULO 2
Antes de comenzar a narrar mi etapa en Hogwarts, he de contar ciertos datos que pudieran aclarar algunos puntos de mi historia. Soy la oveja negra de la familia ¿la razón? bueno, hay muchas razones - la mujer deja la pluma un instante y se queda mirando las llamas. Moja la pluma en el tintero y vuelve a escribir-. Para empezar, nunca fui lo que mi madre llama "una buena chica": no me case con el tipo absurdo y aburrido q ella me eligió como marido, nunca me comporte como una princesita estupida e inútil. Y, claro, para rematar, no fui a gryffindor, casa a la que fueron todos mis antepasados. El asunto no habría sido tan grave de haberme quedado en Ravenclaw o Huffelpuff; pero caí en Slytherin. Mi padre dejo de hablarme, para él yo no existía, daba igual que sacara las notas más altas de mi curso. Toda la debacle llego a su punto álgido cuando tuve la mayoría de edad y me encontré mis maletas en la puerta de casa con una nota q decía: "apañatelas como puedas serpiente". Fue entonces cuando hizo su aparición el tío Albus. Me acogió en su casa hasta que encontré un trabajo decente y me independice. por suerte, mis notas altas y las cartas de recomendación de mis profesores me abrieron muchas puertas. Mi relación con mis compañeros de clase, no fue ni buena ni mala, simplemente, no había relación. para los slytherins de tradición yo era una gryffindor revenida y para el resto de casas yo era una asesina en potencia. Una vez aclarado este punto, continuare x donde iba.
Mi llegada a la escuela fue muy extraña. Se supone que cuando vuelves al lugar en el que has pasado tu niñez/adolescencia te trae maravillosos recuerdos y todo eso. A mi me fue completamente frió traspasar esa puerta.
Una figura familiar me esperaba en las puertas. Hagrid. El semigigante estaba tal y como lo recordaba, grande y bonachón, agitando la mano. La mayoría de los sly le creían un imbecil incompetente y torpón….bueno, yo también creo q es un poco corto de luces, pero es un buen tipo q nunca hace daño a nadie, al menos, no aposta. Me cojió las maletas y me dio unas palmadas en la espalda q por poco me tiran al suelo. Intentando controlar mi genio, hice una mueca q era un intento de sonrisa y le seguí camino al hall. Durante todo el camino no paro de hablar de unos bichos que creo q se llaman scregutos de cola explosiva (x Merlin!! Es q este hombre no puede contentarse con un canario, un helecho o algo asi?). Mi dolor de cabeza iba en aumento, siempre me duele la cabeza cuando controlo el enfado. Gracias a Morgana q al llegar a la entrada la voz de Minerva le hizo callar de una vez, no creía q pudiera haberlo soportado durante más tiempo.
-"Bienvenida querida"- dijo sonriendo-"has crecido mucho, apenas te reconocí".
La mujer apenas había cambiado, seguía llevando el mismo moño recatado y la misma expresión, apenas unas canas más. Por un momento me hizo sentirme de nuevo una alumna de primero a la q va a poner el sombrero seleccionador en la cabeza.
-"Un gusto volver a verla profesora McGonagall"
Nos dimos la mano y me llevó a mis habitaciones. Ya no recordaba lo asquerosamente frías q son las mazmorras. Mientras Minerva me iba guiando, rezaba para mis adentros q no me dieran un zulo con un ventanuco raquitico, un camastro y un candelabro oxidado. Me libre del ventanuco raquítico, del candelabro y del camastro, pero no del zulo. La habitación era realmente húmeda, casi esperaba ver chupiteles de hielo colgando del techo. Hagrid entró, dejó mis maletas, me dio otras dos palmadas de despedida, esta vez, x fortuna, más suaves.
-"Mañana a las 12 tenemos la primera reunión del claustro, en la sala de profesores"-dijo Minerva- "seguramente recordaras donde está, buenas noches, profesora Imnes".
La devolví las buenas noches y se fue. Profesora Imnes, cielos, q extraño era todo eso. Profesora Adrairel Imnes. Las habitaciones en cuestión se componían de una pequeña salita con un par de sillones de aspecto cómodo, una chimenea, un escritorio, unos cuantos tapices por las paredes y una puerta q daba a mi dormitorio. Entre y deje las maletas sobre la cama amplia con dosel de terciopelo verde con decoración de plata. Por lo visto el echo de ser slytherin me quita el derecho a elegir el color de la ropa de cama, en fin, sigamos. No os voy a aburrir con imágenes mías deshaciendo maletas, dándome un baño y metiéndome a dormir.
A la mañana siguiente me levanté pronto, seguramente debido al hecho de que era una cama extraña y me costó conciliar el sueño. Me di una ducha rápida y me puse una túnica cómoda. Me fui directa a las cocinas, dudaba de q a las 5 de la mañana se sirvieran ya desayunos en el gran comedor. Me recibieron un montón de elfos domésticos ofreciéndome bandejas con dulces. Me acerqué a un tal Tumnes q era el q parecía mandar en aquel sitio y le indique el tipo de desayuno y la hora en la q debían tenérmelo preparado. Quizás os suene muy estricto, pero intento llevar un orden en mi vida… bueno, intentaba, antes de q todo se volviera un caos. - vuelve a mojar la pluma en el tintero, pensando en como seguir la historia-. Los elfos tardarían un tiempo en preparar todo aquello, asi q me entretuve en dar vueltas x los pasillos, intentando en vano rescatar algún recuerdo feliz de mi niñez/adolescencia. Me apoyé en el parteluz de una ventana gótica, saque la pitillera y me puse a fumar un rato. Quizá fue el paisaje o las ondas que hacia el humo en el aire, pero no me entere de que un hombre vestido de negro estaba a mis espaldas.
