CAPÍTULO 4: SILBIDOS NOCTURNOS

Había caído ya la noche y faltaban unos instantes para la hora bruja. Jack estaba de mal humor, nunca le vencían en los tratos y aquello le derrotaba el orgullo. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? Eso ocurría por mandar a una mujer a negociar. ¿Quién se creía que era ese Outcry? Seguro que aquella chica era su amante o algo así. La verdad, no quería ni pensarlo.

Will por su parte estaba ensoñado, recordaba la imagen de la negociadora como un pequeño ángel de fuego que descendía rápidamente para llevarlo al infierno. Trató de sacarse esa imagen mental mediante un prolongado escalofrío.

- ¿Estás congelado, piratilla? – le dijo Jack, bromeando.

- Oh, no es nada. – dijo Will, agradecido porque la oscuridad amparara el rubor de sus mejillas.

- Este es el muelle y ya es la maldita hora. – explicó Jack que trataba de discernir entre la bruma, silbó dos veces de forma intensa y suave.

Se hizo un silencio tan solo roto por el murmullo de blasfemias que soltaba Jack.

Tres silbidos igual de suaves e intensos se hicieron paso en la oscuridad. Un farol se encendió frente a ellos haciendo señas de derecha a izquierda. El ruido de maderas entrechocando rompió la queda noche y pronto una tabla que salía entre la bruma unió el suelo firme con la cubierta del barco.

- Bienvenidos. – dijo un pirata pestilente con mucho retintín y haciendo una exagerada reverencia.

Algunos hombres sujetaron a Jack Sparrow. Uno de los piratas, el más grande de los que había en cubierta se acercó a la nueva tripulación. Miró a Jack con el único ojo sano y sonrió mostrando sus dientes de oro. La luz del farol reflejó sobre su cráneo.

- Bienvenidos al Lágrimas de Ébano, señores. El Capitán Outcry quiere hablar con Jack Sparrow en su despacho. Ha dicho que, si quiere, puede llevar a ese amigo suyo, el de la taberna.

- Esa le ha debido contar todo – susurró Jack a Will y este asintió. - ¿Dónde se instalará mi tripulación?

- Cubierta inferior, camarotes de estribor, me temo que estaremos un tanto apretados.

- Estamos acostumbrados. – respondió, seco, Jack.

- Vengan por aquí el Capitán les aguarda