CAPÍTULO 5: EL CAPITÁN OUTCRY
Ambos amigos se dirigieron al camarote central, donde dormía Outcry, por lo que parecía. El interior del barco era como todos, de madera y olor a mar.
Entraron al despacho, en la penumbra y apoyada en una mesa, estaba la chica que habían visto en la taberna. No parecía haber nadie más. Jack se sentó frente a la mesa y Will se quedó en pie, un paso detrás de Jack.
- Y, bien¿dónde está Outcry?¿A qué juega?
- No juega a nada, señor Sparrow, está frente a usted.
- ¿Perdón?
Jack no salía de su asombro y Will abría la boca sin emitir sonidos. El Capitán Outcry era una mujer o por lo menos es lo que ambos juraban haber oído.
- Muy bien – exclamó Jack - , me habéis cansado de jueguecitos. ¿Dónde está Outcry¿No le da vergüenza dejarnos aquí a solas con su hija o lo que quiera que seas?
- Señor Sparrow, no me haga perder la paciencia. – replicó la joven muy serena pero contenida – No me gusta que no me tomen en serio.
- ¡¡Vamos!!
- Sé que para usted esto puede parecer inconcebible pero es la pura verdad. Hace mucho tiempo que soy capitán de esta nave y no pienso dejar que usted mi insulte.
- Si en realidad es usted el capitán del barco¿por qué demonios no nos lo dijo en la taberna?
La chica suspiró profundamente. Miró a Jack un instante y después inquirió con un tono que no daba lugar a replica:
- ¿Habría hecho usted el trato, Capitán?
Jack no respondió, era obvio que nadie haría un trato con una mujer que fuese capitán de un barco, era lo más estúpido que se le había podido pasar por la cabeza a un marinero, por muy borracho que estuviese y, en cambio, reconocía que una mujer era también el mejor señuelo. Jack bufó y puso las botas sobre la mesa.
- Está bien, hemos hecho un trato y no lo voy a romper pero no tiene por qué gustarme.
- Nadie le ha pedido que nos gustemos, Capitán Sparrow – comentó ella mientras empujaba las botas de Sparrow fuera de su mesa con la indiferencia propia de quien limpia el polvo - , aunque en mi barco seguimos mis normas, aquí gobierno yo y si tiene algo en contra puede comentárselo a mi segundo. Ya le han conocido, es el hombre tuerto que les ha traído aquí. Supongo que, como a mí, no le gustan los problemas, así que espero paz, orden y tranquilidad. Soy muy hospitalaria, señor Sparrow, pero no por ello idiota. No abuse de mi amabilidad y yo no dejaré que mi tripulación cometa abusos con usted. ¿Alguna pregunta?
- No por el momento. Supongo que zarparemos de inmediato.
- Mi querido capitán, ya estamos zarpando, mi barco es el más sigiloso de los que usted ha conocido. Por cierto – añadió ella con una sonrisa -, tengo preparado un camarote para ustedes dos: un capitán y su segundo deben tener cierto espacio. La segunda puerta a estribor. Supongo que allí estarán cómodos.
- Gracias. – Jack estaba rabioso, le ponía tenso tratar con mujeres, por alguna razón todas parecían tener una manía por el control y el orden.
Will y él se dirigieron a la puerta para salir. Antes de girar el picaporte el capitán Outcry, sin levantar la cabeza de unos papeles que se había puesto a leer, dijo:
- Capitán, se me había olvidado comentarle una cosa: mi segundo se llama Stibbons, creo que debería decirme el nombre del suyo para que nos vayamos conociendo todos.
- Mi segundo se llama Turner, Capitán Outcry.
- Gracias y, por favor, no de un portazo al salir, me molestan muchísimo.
Jack cerró la puerta con una suavidad casi irritante. Después se dirigió al camarote encomendado blasfemando en murmullos y de un humor de perros. Will, por su parte, no sabía que pensar. La noticia de un capitán mujer casi tan buen negociador como Jack Sparrow le había cogido de improviso por completo.
La chica, o el capitán Outcry, era una belleza auténtica a pesar de ser un capitán en toda regla.
Por otro lado, estaba el asunto de su repentino ascenso a segundo de Jack, era una cosa más o menos previsible, Jack no confiaba en nadie más que en él mismo y puede que Will fuera la excepción a la regla, que se le iba a hacer. De todos modos se alegraba de no tener que dormir hacinado con los demás piratas.
