CAPÍTULO 6: LA CIUDAD DE CRISTAL

Las chirriantes gaviotas hicieron despertar a Will de un sueño no demasiado reparador. La primera noche en barco le resultaba extremadamente perturbadora.

Contempló a su compañero que dormía a pierna suelta profiriendo temibles ronquidos. No pudo evitar sonreír, si alguien viese a Jack en aquella situación no hubiese creído la fama de salvaje que le precedía.

Se desperezó y se lavó. Después salió hacia cubierta a respirar un poco de aire puro de mar.

El sol le dio de pleno en la cara al salir a la cubierta superior, las velas estaban desplegadas y parecía que hacía un día especialmente agradable. Will sonrió. Le gustaba aquel buen tiempo.

- Buenos días, señor Turner. – saludó firme y jovial una voz femenina.

- Buenos días, Capitán.

- Hace un tiempo perfecto. ¿No lo cree así?

- Sí. Mientras todo esté en calma me suele gustar estar en un barco.

Outcry rió y siguió en pie en la proa del barco. Miraba al mar con cierto apacible interés. No llevaba vestido, en realidad llevaba ropa masculina: pantalones negros, una camisa con volantes y un corpiño negro. También llevaba un mosquete colgado de un cinturón de cuero en su cintura. Las botas marrones con cierto tacón la hacían parecer un tanto más alta de lo que era en realidad. Llevaba un pañuelo en la cabeza de color negro con alguna lentejuela que le daba un cierto aire a una cíngara. Will miró a estribor tratando de evitar seguir mirándola, pero en realidad, no podía sacarle los ojos de encima.

Una mano fuerte y curtida sobre su hombro le hizo desviar su atención. Jack le sonrió y después le lanzó una furibunda mirada a la chica. Suspiró y exclamó:

- ¿Cuándo se come algo en este barco?

- Hace dos horas, señor Sparrow – dijo Outcry sin separar sus ojos del horizonte - , pero creo que quedará algo en la cocina.

- ¿No estamos demasiado cerca de la costa? – preguntó Jack con cierto recelo observando las gaviotas que sobrevolaban los mástiles del barco.

- Sí, señor Sparrow, tengo que parar en una ciudad a resolver unos asuntos, después de ello reanudaremos el viaje.

Jack se metió de nuevo bajo la cubierta en busca de la cocina sin mediar palabra. Nunca le gustaban las cosas raras, encubiertas y sobre todo, cada día estaba más misógino. Will sonrió para sus adentros, sabía que Jack estaba más molesto porque ella fuera guapa que porque fuese mujer. En el fondo, Jack era un buen tipo, pero más receloso que la Inquisición.

Hacia la media tarde alcanzaron tierra. A lo lejos se veía la luz del sol reflejada sobre las aguas cristalinas del Océano Atlántico. Jack contemplaba el espectáculo junto a Will en la proa del barco. Outcry se acercó y dijo suavemente:

- Bienvenidos a la Ciudad de Cristal, señores.

- Bonito nombre.

- Si, lo es, muy poético. ¡¡Stibbons!! – llamó.

El segundo del Lágrimas de Ébano se acercó a su capitana y ella le hizo un gesto con la cabeza. Él asintió y salió hacia la borda de estribor. Señaló a dos hombres y estos hicieron descender un bote y salieron remando.

Al cabo de un rato y mientras se acercaban a la costa se hicieron unas señas y el barco fue guiado hacia el muelle de atraque.

Jack no podía dejar de sorprenderse de la eficiencia de los marineros de aquel barco. Iba a tener bien abiertos los ojos para saber lo que ocurría.

Outcry se perdió durante la operación de atraque que fue supervisada por Stibbons. En un breve lapso de tiempo reapareció ataviada con un vestido de seda verde que mostraba levemente la parte superior de sus senos. Will se congestionó y comenzó a mirar al frente¿por qué era tan condenadamente atractiva?

- ¡Vamos allá! – exclamó Outcry – Stibbons, vigila el barco. A las tres vendrá una carga, acomodadla, yo vendré un poco más tarde.

- Sí, señora.

- En cuanto a ustedes – dijo mirando a Jack y a Will – no les pido que me acompañen a no ser que tengan cierto interés. De todos modos, sería un placer enseñarles la ciudad.

- De acuerdo, siento cierta curiosidad. – comentó Jack – Vamos, señor Turner – llamó haciendo una imitación verdaderamente buena del modo de hablar de Outcry que, al oírlo, arqueó una ceja.

Jack le sonrió de manera atractiva y le ofreció el brazo a la capitana. Esta sonrió y tomó su brazo y los tres bajaron del barco hacia la ciudad.

La Ciudad de Cristal era una de esas ciudades costeras, con amplios ventanales de cristal que hacían reflejar el brillo del sol desde el cielo y desde el mar sobre el borde de la costa. La ciudad era bulliciosa, miles de marineros se movían en el puerto y algunas personas vendían fruta y verduras en la calle.

Varias mujeres les pusieron lechugas y tomates delante de la cara aunque ellos no querían aquello y rechazaban las ofertas una y otra vez.

- ¡¡¡Están fresquísimas!!! – aseguró una mujer oronda agitando una lechuga de hojas mustias.

- No compréis nada. – advirtió Outcry.

- No pensaba hacerlo, querida. – dijo Jack.

Llegaron a una Casa de Cartografía donde Outcry entró muy decidida seguida por sus dos acompañantes. Al verla entrar, el hombre que estaba atendiendo y mirando, simultáneamente, un mapa dejó caer su monóculo con gran asombro.

- ¡¡Señora Moureau!! – exclamó mientras Outcry les hacía una seña a Will y Jack para que se callasen.

- Dichosos sean los ojos, señor Pisón.

- No sabíamos cuando vendría. Tenemos sus encargos preparados. Sólo déjeme buscarlos. – y diciendo esto se subió a una escalerilla y revisó el nombre escrito en varios cilindros de cartón. - ¡Aquí está! – exclamó triunfalmente mostrando un cilindro especialmente grueso que llevaba escrito el nombre por el que se había dirigido a Outcry.

- Muchas gracias, señor Pisón.

- Siempre es un placer hacer tratos con una dama con usted, que siempre paga por adelantado.

Outcry sonrió y salieron de la tienda. Jack la miraba con cierta sorpresa y ella se dio cuenta.

- ¡Suéltelo ya, señor Sparrow!

- ¿Qué diablos hace comprando mapas¿Acaso no tiene, capitana?

- Por favor, claro que tengo, pero me gusta actualizarlos, constantemente se descubren lugares nuevos y los viejos cambian de nombre, de dueño… Me gusta saber a dónde me dirijo, eso es todo. Y también me gusta tener algún mapa antiguo.

- Está bien. - masculló Jack y le dio un codazo a Will que no había podido evitar sonreír ante la pequeña triquiñuela de la capitana para probar a Jack.

- Y ahora¿a dónde vamos?

- A un lugar al que no me gusta ir: "El Zafiro".

- ¿Una taberna? Pensé que te encantaban.

- No cuando voy por negocios, señor Sparrow.

Y los tres se perdieron por una callejuela estrecha que apestaba a vino añejo y a serrín.