CAPÍTULO 8: LOS MAPAS DE JACK
Era noche cerrada, el barco crepitada mar adentro. Los aparejos se movían y había bastante aire meciendo el barco. Will volvía de la cocina cuando oyó voces familiares en el despacho de Outcry. Jack hablaba con ella y habían dejado la puerta entre abierta. Will dudó pero, al final, se acercó a la puerta y llamó con los nudillos.
- ¿Sí? – preguntó Outcry
- Soy Turner, capitán Outcry.
- Ah, pasa. ¿Qué ocurre?
- La puerta estaba abierta, no me pareció especialmente seguro.
- Lo sé, señor Turner, pero es más seguro mantener la puerta abierta y saber si alguien se acerca que tenerla cerrada y no ver quien pega la oreja¿no le parece?
- Bueno… - tartamudeó Will consciente de que tenía razón, en cierta manera.
- ¿Ha escuchado mucho mientras se decidía a advertirnos de esta situación desde el pasillo?
- La verdad es que no – reconoció Will – solo me detuve porque escuché muy claras sus voces, sólo eso, pero no presté atención.
- Tampoco se preocupe, capitana, Will es un chico de fiar. – terció Jack.
- No lo pongo en duda, señor Sparrow. Y ahora, si no le importa, volvamos a lo que nos ocupa. – insistió ella mientras estiraba un mapa sobre la mesa. - ¿Dónde dice que está ese "asunto personal"?
- En algún lugar en este mapa. Pero no está señalizado.
- ¿Una isla perdida?
- Por supuesto¿usted enterraría el tesoro en alguna isla conocida? Es como si robase a la Reina y lo enterrase todo en Port Royal.
- De acuerdo capitán, por sus indicaciones deberíamos cubrir…no sé, digamos un radio de 100 millas, nos puede llevar mucho tiempo encontrarla.
- La isla muestra una montaña con forma de mujer.
- ¡¡Qué original!! Me sorprende que se fijasen en un detalle como ese…
- Outcry, no sea sarcástica.
- Me puedo permitir el lujo de ser como me da la gana, Jack. – escupió el nombre del capitán de la forma más despectiva posible.
Jack se contuvo mientras Will se ponía la mano en el caballete de la nariz como para evitar el dolor de cabeza.
- Observo que a su segundo le afectan mucho estas discusiones.
- No mi capitana, creo que estoy simplemente mareado. Me pasa cuando va a haber tormenta.
- ¿Ah si¡¡¡Stibbons!!
El segundo de Outcry apareció terriblemente dolorido. Aparentemente no se encontraba en uno de sus mejores días.
- ¿Qué tal va su rodilla?
- Un poco renqueante, capitán.
- Bien. Retírate y échale un ungüento. – Outcry se levantó – Si me disculpan, caballeros, tengo que ir a gobernar un barco.
Jack se levantó para dejarla salir. Ella le contempló, cogió el catalejo sin dejar de mirarle y luego le dijo:
- Señor Sparrow, marque la zona en el mapa, por favor. Señor Turner¿sabe usted manjar los aparejos?
- Me defiendo bastante bien.
- Eso es cierto, yo le enseñé todo lo que sabe de los barcos.
- Suba conmigo, Turner, sin Stibbons necesitaré a alguien con buena voz ahí arriba.
Los dos fueron a preparar el barco en la cubierta con algunos hombres pues una tormenta bastante fuerte se aproximaba.
Entre tanto, Jack miraba con incredulidad los mapas, miraba los nombres y pensaba que debería arreglar el Perla Negra y comprar algunos nuevos. Podría incluso atracar aquella tiendecita de la Ciudad de Cristal. Cogió el compás y midió los radios. La verdad, tenía que acotar el espacio antes de llegar o la búsqueda le saldría tremendamente cara.
