CAPÍTULO 11: A LA CAZA DEL PERLA NEGRA

Puede que aquella no fuese una buena idea pero por lo menos pasarían tranquilos un par de días y, sobre todo, secos. Jack Sparrow miraba la costa intranquilo. Tanta calma después de la tormenta no le parecía nunca bien, aunque era lo obvio y lo natural, sobre todo.

En la proa del barco, chillando, se encontraba la capitana Outcry. Will le clavaba los ojos con cierta admiración lo que molestó a Jack que le increpó con severidad.

- Bueno, Jack, tienes que reconocer que tiene cierto estilo – comentó uno de los piratas del Perla Negra que le acompañaban en el viaje.

- No le defiendas encima. Bien sabe que no se puede idolatrar a una mujer con poder.

- Y ¿la reina Victoria?

- ¡¡Olvídate de la Reina!! Es que no comprendéis nada. Will no pienso dejar que te enamores de la capitana.

- Nadie ha dicho que esté enamorado, Jack…es guapa, si, pero…no sé, sólo soy un segundo.

- Will las mujeres no traen nada bueno. No te fíes de ella, no me gusta, oculta cosas.

- No la conoces.

- ¿Acaso tú si?

- Más que tu sí.

- Will…

Pero Will no le escuchó más, se dio la vuelta y se marchó a los camarotes seguido de Stibbons. Jack maldijo en bajo y escupió por la borda.

- Outcry…¿estamos haciendo cabotaje o qué¿Por qué vemos la costa? – bramó Jack

- Sí, señor Sparrow, estamos haciendo cabotaje, tengo intención de atracar en un pueblo. Me han dado cierta información para encontrar su barco…si no le interesa podemos reanudar el viaje.

- No. Atracaremos pues. – decidió Jack, ansioso de recuperar su barco.

- Bien.

Las maniobras de atraque se llevaron a cabo con tranquilidad. Stibbons habló con la gente del puerto para los trámites que debían llevar a cabo.

- He conseguido un buen precio por una sobremesana nueva. – informó a la capitana.

- Bien, esa tormenta nos ha destrozado el barco, por lo menos así repararemos a bajo precio. Vamos a bajar. Busca a Fid y concierta una cita.

- Sí, señora.

Stibbons volvió a bajar del barco y se perdió entre los almacenes del puerto.

- ¿Quién es Fid?

- Un buen amigo, unas buenas orejas y un buen par de ojos. Si se sabe algo del Perla Negra él es quien desde luego lo ha visto primero.

- Supongo que es de fiar.

- Si le pagamos bien es muy de fiar. Como todo el mundo.

- De acuerdo – aprobó Jack tras obtener esta información – Will, tengo que hablar contigo.

Capitán y segundo se reunieron en un rincón cercano a la popa del barco. Jack estaba muy serio y jugueteaba con su mosquete,

- Will, quiero que te quedes en el barco y no nos acompañes.

- ¿Qué?

- No creo que te convenga seguir viendo como esta chica manipula a todo el mundo. Además te vendrá bien no verla en unas horas.

- Jack, esto es muy estúpido.

- Will, lo hago por tu bien. Lo sabes. Esa chica tiene algo, pero no está hecha para ti.

- Jack¿estás celoso?

- No. Es solo que yo una vez me enamoré de una mujer de carácter como esta y la dejé porque mi vida era como la de ella y…créeme, te dolerá.

- No estoy enamorado y soy mayorcito, Jack, aunque gracias por lo que estás haciendo. Si me enamoro será mi problema,

- Bien, Will, tú lo has elegido.

- Señores¿nos vamos? – interrumpió Outcry, vestía un traje de seda azul que le resaltaba el pelo y los ojos. Un escalofrío recorrió la espalda de Jack pero tan sólo el se percató. – Mmm. Tenéis una pinta horrible, pararemos en una tienda a compraros algo más decente.

- ¿No vamos a un bar?

- Jajaja, que ocurrente. No, vamos a la mansión de Fid y creo que deberíamos ir un tanto mejor vestidos que de costumbre.

- Te dije que esconde cosas – le dijo Jack a Will en un murmullo. Will rió.

Al cabo de un par de horas, ambos compañeros salían de una tienda ataviados con trajes de terciopelo negro y camisas con puño de puntilla. Jack estaba muy incómodo, prefería su ropa de pirata más amplia y menos elegante. Will estaba muy atractivo y no se sentía especialmente molesto por la ropa sino todo lo contrario.

- ¡Vaya! – exclamó la capitana - ¡Qué bien os sienta la ropa! Parecéis dos caballeros y todo.

- No se haga ilusiones, capitana.

- Sólo digo que lo parecéis, no que lo seáis. ¡Vamos allá!

Se dirigieron a la mansión del viejo Fid que estaba construida en la cima de una colina y frente al mar. Jack resoplaba porque odiaba caminar mientras que Will observaba el paisaje verdiazul de la costa. En pocos minutos entrarían por la puerta de la mansión.