CAPÍTULO 12: FID SABE DEMASIADO

Un hombre con una horrenda peluca blanca con bucles y un traje con un exceso de puntilla y terciopelo les anunció como "Lady Moureau y acompañantes" haciendo hincapié en el suelo con su bastón. Al verla entrar un hombre delgaducho, ojeroso y pálido, de unos cincuenta años largos se acercó armando un gran alboroto y con los brazos abiertos de par en par como si fuese a abrazar a un oso pardo en lugar de a una chica.

- ¡¡Mi querida Catalina!! – exclamó al acercarse a Outcry como si fuera sorda - ¡Cuánto me alegro de verte! – y diciendo esto le dio un asfixiante abrazo.

- Yo también me alegro de verte, Fid. – dijo Outcry separándose – Te presentaré a mis acompañantes, son el señor James Parrow – dijo señalando a Jack – y el señor William Tunder - dijo señalando a Will.

- ¡Oh, encantado de conocerles! Pero, pasad, pasad, serviros algo, esto es una fiesta. Estamos celebrando una Mascarada.

- Nadie lleva máscaras, señor. – observó Will

- No, es que no nos gustan, dan demasiado calor y son un engorro, se pierden, hay que llevarlas en las manos…bueno, pero el caso es tener esta celebración.

- Ya veo. – musitó Will sin comprender nada a aquella gente.

- Mire quien ha venido, señora Mantriss. – le gritó Fid a una dama oronda y de aspecto cansado que sostenía una copa de vino con cara de aburrimiento. – Y trae compañía. Señores Parrow y Tunder, esta es mi suegra, la señora Mantriss.- Jack y Will se inclinaron con respetuosidad.

- ¡Oh, qué gente más agradable!¡¡Vaya, Catalina, estás preciosa!¿Qué te trae por aquí?

- Negocios, señora Mantriss.

- Ese marido tuyo es un desastre, Catalina. Mira que obligarte a ir en barco a todas horas y lugares…¡¿qué se le va a hacer¿Vino? – la señora Mantriss no hacía más que parlotear sin a penas respirar, tenía la voz aguda de una soprano y el nerviosismo de un ratón y nunca, nunca, se cansaba de hablar y de hacer preguntas a las que se respondía sola mientras sus interlocutores buscaban la ventana más próxima por la que arrojarse. Sin embargo, tenía otras virtudes, como…encanto personal y que el vino le provocaba sueño.

Ante el cúmulo de noticias del marido inexistente de Outcry, el nombre nuevo y todas las zarandajas propias de aquella situación, Jack y Will decidieron no hacer preguntas. La capitana parecía controlar la situación y, por lo demás, tampoco estaba de más llevar nombres falsos en una Mascarada. Decidieron beber algo e integrarse en la fiestecilla.

- ¡Vaya, guapetón¿tú eres nuevo por aquí?! – preguntó a Jack una mujer que obviamente llevaba cierta dosis de vino afrutado en el cuerpo.

- Si, soy nuevo por aquí. Me llamo James.

- Encantada. Yo soy Mary – agarró a Jack de la mano – y ahora voy a bailar con usted.

- Yo no…

Pero Jack no tuvo tiempo de explicar que él no bailaba nunca y Mary, con sus fuertes brazos, demasiado fuertes para perteneces a una aristocracia acomodada, le llevó junto al resto de parejas que giraban al son de una musiquilla de cámara muy animada.

Will comenzó a reírse al ver a Jack poniendo muecas de desesperación y en ese momento la rolliza y parlanchina señora Mantris le agarró del brazo.

- ¡Vamos, joven, me apetece bailar! Y es de muy mala educación que no saque a bailar a la anfitriona.

Will sonrió y se unió a Jack que le hizo un guiño provocador como recordándole aquello de que "quien ríe el ultimo ríe mejor". Will no se preocupó y bailó con la señora Mantris que era, sorprendentemente, una bailarina muy ágil.

Entre tanto, Outcry charlaba con Fid con naturalidad aunque era obvio que se traían algo entre manos. Fid sabía demasiadas cosas, eran buenos ojos, buenos oídos y, lo más importante, de fiar, el nunca bebía y por ello nunca distorsionaba la información.

- Dicen que ha sido un pirata enemigo de Jack Sparrow, el pirata propietario del Perla Negra y – le comentaba a Outcry – poco más. Lo último que sé es que hicieron una escala dos puertos más al norte. Allí conocieron a unos tipos que vinieron a mi fiesta, estaban tan borrachos que soltaron todo lo que sabían. También parece ser que estaba buscando algo en aquella ciudad, no saben el qué. El caso es que el pirata este habló con un informador y consiguió unos papeles y un camafeo. Es todo lo que sé, a parte de que parece ser que es un tipo alto, grande y pelirrojo.

- Vaya, vaya… - musitó Outcry atando cabos – Me parece que el señor Sparrow estaría muy agradecido por esto.

- Sí. De todos modos no creo que ahora le preocupe demasiado. Veo que se lo está pasando estupendamente con mi sobrina Mary…

- No se te escapa nada¿eh, Fid?

- Uno sabe demasiadas cosas.

- Ya me he dado cuenta. Espero que no digas nada de esto.

- Querida mía, soy el único que sabe de estas personas. Por cierto, tengo entendido que han navegado hacia el sur con el Perla Negra. Dicen que buscaban un tesoro o algo parecido.

- Eso si me parece sorprendente, pero todo podría ser. Fid, eres un gran informador. Pronto tendrás lo acordado.

- Vaya, gracias, Catalina, querida.

Outcry sonrió. Miró a Jack agobiado por Mary y a Will que estaba parcialmente agotado de bailar con la incansable señora Mantris. Luego miró a Fid.

- Tu suegra es un torbellino, mi querido amigo.

- No me lo recuerdes. ¿No necesitas algo similar en tu barco? Me temo que terminará parloteando incansablemente durante semanas de este asunto.

- Gracias por el ofrecimiento pero no. Estamos completos. Quizá la próxima vez.

- Si, eso me dices siempre… Si me disculpas, tengo que atender otros asuntos.

- Está bien, Fid, por cierto, nos iremos en cuanto consiga liberar a mis amigos.

- De acuerdo, querida, pero ten cuidado.

- No te preocupes. Adiós, Fid.

Con una ligera inclinación de cabeza Fid se alejó y se perdió por un corredor. Outcry se acercó a la señora Mantris y separó a Will, intercambió unas palabras y un achuchón con la suegra de Fid y acto seguido esta desprendió a Mary de Jack y se la llevó a un rincón. Outcry miró a Will quien le ofreció un brazo galantemente y acompañados por Jack abandonaron la casa.

Por el camino Outcry informó a sus dos amigos de lo que Fid les había contado y Jack maldecía entre dientes.

Mientras tanto, en el despacho de la casa de Fid un hombre grande, alto y pelirrojo charlaba con el anfitrión de la mascarada. Estaba sentado en una de las butacas de terciopelo azul cobalto y fumaba en pipa con cierto estilo.

- La he dejado convencida. Van al sur y creen que vais por delante. Ella no sabe quien eres.

- Jack lo sabrá.

- Sí, pero de todos modos creen que vas delante.

- Les seguiremos poco a poco, ellos tienen la única maldita copia del mapa. – exclamó Finneas – No se quedarán con mi tesoro, con ninguno de los dos – murmuró jugueteando con un camafeo que, sin duda, Outcry habría reconocido. – Has hecho muy bien tu trabajo, Fid. Veo que eres un buen negociador.

- Las cifras mandan, capitán.

- Por eso tú y yo nos entendemos tan bien. Hasta pronto. Voy a despedirme de su suegra y a tomar un par de copas de ese vino francés que tienes y me pondré en ruta.

- Disfrútalo, aunque con mi suegra de por medio no puede haber ningún placer.

Los dos hombres rieron de buena gana y al poco tiempo se marcharon.