CAPÍTULO 17: EN POS DEL PERLA NEGRA
Las negociaciones fueron duras con Stibbons, Jack tardó varias horas en contarle lo ocurrido con Outcry y los últimos acontecimientos. El segundo del Lágrimas de Ébano estaba furioso. Culpó a ambos amigos de lo sucedido pero finalmente accedió a que Jack les condujese a través de las aguas.
Todo esto hubiese resultado un éxito de Jack sobre Stibbons si no fuese porque el Lágrimas de Ébano estaba ya en alta mar al poco de subir los piratas abordo, el caso, de todos modos, era que Sparrow sería el capitán en funciones.
- No puedo creer que ese Finneas se la haya llevado por un maldito tesoro.
- A mi lo que me extraña – comentó Jack – es que no lo haya hecho antes. Todo esto es muy raro pero pienso recuperar mi barco y mi tesoro. – Stibbons le lanzó una mirada asesina – Y a Outcry también, chico, a ella la rescataré junto al barco.
- No se preocupe, Stibbons, la encontraremos.
- Más os vale. Puede que Jack esté gobernando este barco ahora pero no olvidéis dónde estáis viajando y quien es el que maneja realmente los hilos.
Dicho esto, Stibbons desapareció entre el resto de la tripulación.
- ¡¡Vaya con el segundo!! Tiene tan mal carácter como la capitana.
- Sí. Será por eso que se llevan tan bien.
- Puede. – acordó Jack – Bueno, será mejor que nos planteemos a dónde vamos. Si Outcry va en ese barco no quiero ni pensar lo que estarán sufriendo, puede que en el fondo tengamos ventaja.
- Eres malo Jack.
- Me parece que en comparación con Finneas soy un manso corderito, amigo mío. ¡¡¡Timonel, a estribor 20 grados y mantenga el rumbo!!
- ¡¡20 GRADOS A ESTRIBOR!! – exclamó Stibbons. Jack y él se miraron y se devolvieron una colaboradora sonrisa.
El Lágrimas de Ébano iba a toda vela en pos del Perla Negra.
Sin embargo, en el segundo barco no todo era armonía. Un estruendoso golpe contra una pared y el crujido de madera llamó la atención desde cubierta de Finneas "el Rojo" que bajó a la bodega a ver lo que ocurría.
En el suelo y con la comida por encima yacía el pirata encargado de bajarle la cena a Outcry. Ella estaba atada a un enorme y pesado cajón de mercancía de dudosa procedencia que estaba en el centro de la bodega.
- ¿Qué ha pasado aquí?
- Me ha dado una patada – se quejó el pirata mientras se levantaba y se sacudía los restos del rancho de encima.
- Bien. Sal de aquí.
- Sí, mi capitán.
- Bien, bien, Outcry ¿a qué juegas?
- A nada, no sé a que juegan tus hombres pero no me gustan los cerdos. Por mucho que me bajen la cena…- dijo haciendo un gesto desafiante con los ojos.
- Si mis hombres tienen las manos largas es problema de ellos. Yo sólo le ordené bajar la cena. Lo que ellos quieran hacer en el entretanto no es problema mío.
- Entonces supongo que no te importará que yo les pegue.
- Ese es problema tuyo. Luego no digas que te mueres de hambre.
- No me asustas, Finneas.
El capitán se acercó a Outcry muy despacio y le clavó la mirada, una mirada ardiente de deseo.
- Eres igual que tu madre, Outcry.
- ¿Mi madre? – a la capitana le dio un vuelco el estómago. - ¿Qué sabes tú de mi madre?
Finneas sonrió con picardía y crueldad. Se levantó muy despacio y se marchó dejando a la capitana confusa, sedienta y hambrienta.
