CAPÍTULO 19: UNA ISLA
- La hora ha llegado. – le dijo Finneas a su segundo.
El hombre se dirigió a tres piratas y les dio una carta. Echaron un bote al mar y los tres remando y con una bandera blanca se dirigieron hacia el Lágrimas de Ébano.
Martin estaba en su puesto y chilló:
- ¡¡¡Capitán, un bote se acerca, bandera blanca, parece una tregua!!!
- Prepárese, Stibbons.
- Sí, capitán Sparrow.
"¿Qué demonios querrá este imbécil?" Se preguntaba Jack mientras se acercaba a la baranda para darles la bienvenida a los embajadores. Tres piratas enclenques y apestosos se acercaron a saludarles.
- Traigo una carta del Capitán Finneas para Jack Sparrow. – hizo saber el que parecía el portavoz de la comitiva.
- Yo soy Sparrow. – dijo Jack arrancando la carta de las manos del pirata.
Mi querido Sparrow, supongo que ya habrás pensado que yo caería en la cuenta de que no le dirías ni a un perro dónde está enterrado el tesoro de Niobe. Dado esto te emplazo a que nos veamos en la isla que hay a doce millas al oeste. Si te presentas Outcry tendrá una oportunidad, si no apareces, daré por sentado que nadie la reclama y la mataré.
Atentamente, Finneas "El Rojo".
- ¡¡Cabrón relamido!! – exclamó Sparrow.
- ¿Outcry está bien? – preguntó Will con angustia.
- Sí…creo, pero estará peor si no le entrego el tesoro. Dile a Finneas que le veré allí y que nada de trucos.
- ¿No nos quedamos con ningún rehén? – preguntó Stibbons.
- No merece la pena – explicó Sparrow - , Finneas no aprecia a nada ni a nadie, y menos a un tripulante, son fáciles de reemplazar. Déjales que se marchen y pon rumbo al Oeste.
- ¡¡TODO A BABOR!! – exclamó Stibbons.
Will se puso nervioso y se fue a ayudar con las velas para mantenerse ocupado. Si no pensaba en ella no se sentía tan mal…pero era muy difícil.
Tras aquello se dirigieron a una de las pequeñas islas cercanas a Madagascar. Jack sabía que debía esperara algo por lo que se mantuvo muy alerta todo el camino.
Al cabo de unas horas llegaron a un pequeño y paradisíaco rincón verde. El agua era cálida en aquellas latitudes y cristalina, bajo ellos miles de peces danzaban entre ellos haciendo su vida habitual. Miraron a la enorme playa que se entendía frente a ellos a pocas millas. Sparrow le hizo un gesto a Stibbons.
- ¡¡ECHAD AMARRAS!! – bramó el segundo. Inmediatamente anclaron el barco al fondo.
