CAPITULO 6: ¿¿¿QUÉ HAGO?

- ¡¡¡¡CONTESTAMÉ! – había gritado Draco apuntando al pecho de la muchacha.

Pero si algo había aprendido del rubio era a ser un témpano de hielo cuando las situaciones se ponían difíciles.

- Draco, baja la varita. ¿De verdad piensas que lo hago por proteger a Potter?

- ¿entonces que pretendes? – contestó con un deje de amargura en la voz.

- protegerte de ti mismo. Este es el paso en falso que quiere tu padre que cometas para alejarte de mi – pero en sus oídos resonó la frase de hacía unas horas "te quiero a ti. No quiero que Draco te toque, ni Draco, ni ningún otro."- no me lo hagas más difícil.

Él la miró con ese frío hielo que invadía sus ojos cuando algo le hacía daño. Era su forma de llorar. Y se dio la vuelta en dirección a la salida. Ninguno de los tres allí presentes dijo nada hasta que el rubio desapareció por la puerta. En ese momento, Mina reaccionó y se precipitó a ir a buscarle, pero una mano le agarró del brazo.

- Bardem, gracias, si no te hubieras interpuesto él…

- no creas que me debes nada – le cortó – desde hoy Potter, tu y yo hemos terminado.

Y se desembarazó de él como pudo para salir detrás de Draco. Sabía sin embargo que si él no quería ser encontrado no lo haría así rastreara todo Hogwarts. Se volvió a la sala común. Se tumbó en uno de los cómodos sofás de la sala común de Sly. Estaba cansada. Cansada de no saber que sentía por Draco, por Potter. Ella sabía sin embargo que le producía el patriarca Malfoy y era solo pasión, pero Draco era para ella mucho más que sexo. Lo quería, lo necesitaba, su piel le gritaba a cada instante que quería sentir el tacto de los labios de él. No podía evitarlo. Así como no podía evitar que al pensar en Potter un sentimiento parecido al calor le templara su alma. Pero ¿era amor lo que sentía por el moreno? No, ¿cómo podía traicionar de esa manera a SU NOVIO? No, no, no,… pero ella lo había sentido, eso que se adueñaba de su ser cuando Potter la besaba…

Con esos pensamientos se fue durmiendo, por el agotamiento, por sus dudas…

Ya bien entrada la noche, (nadie había osado despertarla, todo el mundo sabía que Mina y Draco eran los amos y señores de Sly en aquellos tiempos, nadie les molestaba) la sutil sombra de Draco se coló a través de la sala, y hasta que no vio el cuerpo inmóvil de Mina, dormida plácidamente no paró. Se acercó. Ella se removió, como si buscara una mejor postura. Cuando estaba encima de ella la observó. Era lo más bonito que había visto nunca. No solo se trataba de un cuerpo bonito, para eso podría haber seguido con Pansy, se trataba también de lo que ella significaba para él. Se aproximó más aún y notó su leve aroma a algodón de azúcar. La besó suavemente. Apenas un roce. No quería despertarla. Pero ella se despertó, respondiendo a ese beso, que tenía mucho de dulce. Cuando sus bocas se separaron ella suspiró con los ojos cerrados. Draco la cogió en brazos y la llevo hasta su habitación. Allí la depositó encima de la cama y la arropó como si de una niña pequeña se tratase. Ella en sueños dijo:

- te quiero mi vida.

Él sonrió para sí y salió del cuarto con cuidado.

Aquella noche ella soñó con un rubio, cuya sonrisa era la más bonita de todo el mundo pero que tenía unos ojos verdes extrañamente familiares.

Se levantó esperando que no hubiera pasado nada del día anterior, tanto en un solo día que le hubiera costado más de un ataque de ansiedad en otras ocasiones, pero ayer había sobrevivido.

Bajó a la sala común, y como era domingo y bastante tarde no había nadie. Se dirigió hasta el gran comedor y ya casi no quedaba nadie, a excepción de un grupo de Gryffindors y otros dos chicos de Hufflepuff. Pero allí estaba. Su majestuoso rubio, intentando terminarse los cereales con forma de escobas voladoras, por que no hacía más que darle vueltas a la leche. Los de la mesa de Gryffindor le dirigieron una mirada de odio. Definitivamente lo de ayer no había sido un sueño.

Se sentó al lado de su Draco, no sabía como iba a reaccionar después de lo de ayer así que esperó en silencio hasta que el decidiera hablar primero. Y así fue. Él habló primero.

- he recapacitado, y se que te interpusiste por mi bien. Comprendí que tratabas de mantenerme a tu lado, y eso es algo que puse en duda y no lo volveré a hacer – lo que Mina no se esperaba era una disculpa – se que me quieres, pero… es que tengo tanto miedo a perderte que… me cegué por los celos durante un momento, pero prometo – le dijo a ella, ahora más cerca que antes – que no volveré a dañarte. Te protegeré de todo y de todos, por que se que tu me correspondes, se que me quieres…y eso es lo que me mantiene con fuerzas para enfrentarme al mundo por ti. Incluso a mi padre, no conseguirá arrancarme de Hogwarts. Antes de eso me hago amigo de Potter.

Ella quedó sin palabras. Sabía que él era sincero cuando se lo decía, y una parte de ella le correspondía y le amaba hasta la médula, pero…su otra parte se sentía culpable por que sabía que había resquicios en su corazón que pertenecían a Potter, de momento eran solo resquicios. Algo muy fuerte le empujaba a apartarse de él pero algo más fuerte le arrastraba hacía él.

Ella se acercó a Draco hasta besarle. Solo quería que él supiera que ella también le amaba y que ella sentía lo mismo. Se levantó.

- te quiero, no lo olvides.

- ¿a dónde vas? – preguntó ella.

- a casa. Tengo que hablar con Lucius. Estaré toda la semana fuera. Ya pedí permiso a Snape. Él me lo concedió. – ella vio como sus ojos se apagaban, después del beso su ojos estaban brillantes, llenos de vida pero ahora…- volveré el viernes. Te quiero.

Y la volvió a besar, con los ojos cerrados, sintiendo como cada célula de su cuerpo era acariciada por ese beso, el más tierno que él le había dado nunca.

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La semana pasaba tranquila, pero no podía acabar así. Hubiera sido demasiado fácil, y últimamente a la morena le salía todo mal. Así que el jueves, por la noche al ver que no podía dormir fue a dar una vuelta hasta las cocinas. Tenía hambre.

Iba en silencio, con la varita en alto, encendida. De pronto oyó un ruido.

- ¿hay alguien ahí? – dijo ella con voz firme y segura.

De repente Potter estaba en medio del pasillo. Ella se dio la vuelta y lo vio allí parado.

- ¿de donde coño has salido tú? – exclamó ella.

- eso no importa. – dijo él.

- supongo que vienes a vengarte por tu amiguita. – le escupió ella.

- no, en contra de lo que puedas pensar lo que hagáis entre las dos no me importa, mientras no os matéis una a la otra. – respondió él

- pues el otro día me dejaste claro que si la volvía a tocar…

- ya, - le cortó Harry – pero ahora no puedo ser objetivo, no puedo meterme.

- claro que no puedes ser objetivo, lo comprendo, ella es tu amiga.

- precisamente por eso, temo hacerla daño.

- creo que me estoy perdiendo, ¿hacerla daño tú a sang… digo…a Granger? No lo entiendo. – dijo ella

- es fácil. Siento por ti algo más fuerte de lo que me ata a ella y su amistad…y…espera déjame hablar – pidió él al ver que ella iba a decir algo. – se que tú lo sientes igual que yo. No lo niegues. Sé que te pasa cuando me acerco – y se acercó a ella – sé que sientes algo, puede que no sea amor, por que yo sé que serías leal a Malfoy por encima de todo. Pero lo sientes, y también sé que no puedes evitar sentirte culpable por que sabes que está mal.

Ella estaba hipnotizada con todo lo que Harry le estaba diciendo. Dos declaraciones en menos de 2 semanas, joder. Pero lo peor es que Harry se había dado cuenta de las dudas que su corazón albergaba.

- y también sé que cuando dijiste que tú y yo habíamos terminado, fue en el momento que admitiste que entre nosotros hay algo, y me resistía a creerlo hasta que tú pronunciaste aquellas palabras. Y sabes tan bien como yo que esto solo acaba de empezar.

Y la agarró suavemente de la cintura. La elevó un poco para llegar a sus labios de fresa. Cuando sus bocas hicieron contacto él sintió como su aroma a algodón de azúcar le envolvía. Ella hundió suavemente su mano derecha en el pelo revuelto de él. Su mano izquierda se encargaba de rozar el cuello de él con caricias apenas detectables. De repente se sentía a gusto, como si esa fuera la mitad de su ser. Sintió como a él se le deslizaban las manos por debajo de la camiseta de tirantes que utilizaba para dormir. Fue un contacto cálido, delicado, ¿lleno de amor? Pero aquel momento no era el mejor para intentar desentrañar lo que significaba. De repente oyeron ruidos.

Ellos estaban en medio del pasillo, no tenían donde esconderse. Pero Potter la agarró del brazo y cogió algo del suelo y lo puso por encima de ellos.

- Shhh – indicó Potter poniéndose un dedo en la boca.

- ¿de verdad crees que una estúpida capa nos va a sacar de esta? – dijo ella en un susurro.

- es de invisibilidad. – respondió él.

De repente las voces se escucharon más cerca, y vieron como dos personas doblaban la esquina. Venían hablando. Ellos se pegaron más a la pared. Eran Parkinson y Goyle. Harry echó mano de su varita, como dando a entender que les iba a lanzar un hechizo por debajo de la capa. Mina le sujetó la mano.

- no me puedo creer que estemos haciendo esto por Draco. – refunfuñaba Pansy muy enfadada.

- recuerda que le dijimos que si, además a mi no me importa. – dijo Goyle.

- es que tú te tirarías a un foso con una Banshe si Malfoy te lo pidiera. – dijo ella con un tono burlón.

- mira quien fue a hablar, la que le ruega a cada momento por un poco de amor a "su Draquito". Lo que te fastidia es que precisamente lo que te haya encargado es que vigiles a su noviecita.

Pansy se paró en medio del pasillo y le miró de mal talante.

- lo que me jode es que esa petarda me haya quitado lo que me pertenecía por derecho. – replicó ella. – me jode que a ella la quiera como la quiere y que conmigo hubiera jugado. Yo pensé que él me trataba así por que era un Malfoy pero ahora viéndole, me doy cuenta de lo que pasaba. Él a mí nunca me quiso y por ella babea. Solo hace falta que ella chasquee los dedos para que Draco haga por ella lo imposible. – dijo con amargura. Pero de repente un brillo en los ojos los encendió. – pero si le demuestro a "mi Draquito" que ella está haciendo algo que no debe…volverá a pertenecerme. Goyle, tenemos que buscar lo que está haciendo. Descubrirla y mandarla otra vez a España y que no salga de allí. Y Draco y yo podremos volver a ser lo que fuimos.

- ya, pero tu has dicho que él no te ama.

Ella le dio una colleja. Se frotó la nuca.

- vamos a seguir, esa condenada no debe andar muy lejos.

Y siguieron andando. Cuando ya no se oía nada Mina se dio cuenta que Potter la agarraba ligeramente por la cintura. No era un agarre, si no más bien un roce y ella estaba ligeramente recostada encima de él que estaba contra la pared. Ella se separó, haciendo que la capa de invisibilidad resbalara hasta caer. Él fue a tocarla. Ella se volvió a apartar bruscamente.

- él…él…me…me quiere. – solo pudo decir eso antes de salir corriendo.

Harry quedó en el medio del pasillo sin saber que hacer. Lo había oído todo, pero su instinto le decía que Malfoy era incapaz de amar. "¿pero que estoy pensando? ¿Desde cuando me importan los sentimientos de Malfoy?

El vienes llegó, y al medio día Draco entró al gran comedor todavía con la ropa del viaje puesta. Mina se levantó rápidamente y corrió hacia él para abrazarle. Sintió una mirada de odio en su nuca. Se giró levemente y vio a una enervada Pansy mirándolos.

- nena, te he echado de menos. – dijo él a su oído.

- y yo, Draco, y yo a ti.

Y salieron del gran comedor, juntos, dados de la mano, mientras otra mirada, esta vez de dolor y pesadumbre les miraba desde la mesa Gryffindor. Harry había visto toda la escena y le había dolido, como nunca antes había experimentado, el corazón, por que estaba ahogado de celos.

- ¿qué te dijo tu padre? ¿Cómo acabó todo? ¡¡Dime algo! – le gritó ella sacudiéndole.

- me quedaré aquí. Al fin y al cabo solo me queda un semestre de escuela. – dijo él dejándose caer pesadamente en el sofá de la sala común. – tranquila, me tendrás aquí. Por siempre.

Y la atrajo hacia a sí, para volver a besarla, por que el tiempo le parecía eterno sin su presencia, por que le dolía no tenerla entre sus brazos. Pero nunca se lo había dicho, ¿para qué? Quizá algún te quiero después de hacer el amor, pero quizá en ese momento no era el más adecuado. Él había tirado su capa por el piso, sin reparar en ella, estaba acostumbrado a los elfos domésticos. Ella estaba a su lado, rozándole suavemente, casi imperceptiblemente. Él notaba como su fragancia de algodón de azúcar despertaba en el un inmenso cosquilleo. No soportaba tenerla cerca sin hacerla suya. Así que casi sin querer, allí, en medio de la sala común, empezó a acariciarla, suave y lentamente. Poco a poco fue recargando su peso encima del de ella, hasta dejarla tumbada en aquel cómodo sofá, con él encima, dibujando con sus manos todo su ser. Ahora él no importaba, solo quería sentir su calor. Y poco a poco fue abriéndose paso por entre sus piernas, para notar como ella hervía. Y mientras se mordía el labio inferior para no gritar el nombre de su Draco a los cuatro vientos, una imagen de su Harry le cruzó la mente, haciéndola recobrar la poca cordura que tenía y que Draco la había hecho perder tan ágilmente entre sus dedos (N/A: fijaos en el doble sentido, juas, juas, juas…volvemos a lo nuestro)

- no… no Draco… no sigas – dijo ella apartándole.

- ¿qué…?

Pero ella solo salió corriendo. No podía seguir en este plan. No era posible que volviera a pensar en Harry cuando SU Draco estuviera con ella, y más en ese tipo de situaciones. De repente se acordó que tenía clase, y menos mal, ya era la hora. Volvió al comedor, allí se había dejados los libros. Ya no quedaba casi nadie en el comedor. Cogió su mochila y bajó corriendo hacia las mazmorras ya que tenía pociones. Desde aquella "pequeña fantasía" Mina se sentía muy rara ante el profesor de pociones, pero bueno, gracias a Dios el no se había dado cuenta de nada. Se dirigió a la puerta, pero antes de girar el pomo…

- espérame. – Draco estaba al final de pasillo y venía corriendo, ya cambiado para ir a clase. La alcanzó en cuatro pasos. Y así entraron los dos juntos. Allí estaba Snape, con media sonrisa en los labios.

- señor, Malfoy, señorita Bardem,… ¿se puede saber el motivo de su retraso?

Mina bajó la cabeza, no se le había ocurrido pensar en eso, pero Draco fue rápido en aquella ocasión.

- Lo sentimos Profesor, pero acabo de llegar de mi viaje, y fui a deshacer el equipaje y a cambiarme, y Carmen me ayudó.

- vale, pueden sentarse, pero a ser posible, que vuestros "asuntos" no vuelvan a interferir en una tardanza. – dijo el profesor, con sorna, lo que provocó alguna cierta risilla entre los Slytherins ya que sabían por donde iba Snape mencionando sus asuntillos. Fueron a ocupar su pupitre, los dos juntos, bajo la atenta mirada de un moreno de ojos verdes que en esos momentos estaba clavando la navaja de cortar las raíces en la madera de la mesa.

- Harry, Harry… ¿Qué te pasa? – le preguntó su amiga castaña al ver que estaba haciendo un agujero considerable en la mesa.

- ¿Qué…? Esto… nada es que me he acordado de algo.

- jopetas, pues te ha puesto de muy mal talante. – respondió ella con su habitual tono.

- De verdad Hermione, déjame, no tengo buen día.

Dos horas de pociones dejaban KO a cualquiera, y cuando salieron de clase la mayoría solo pensaba en hacer un par de horas el vago para luego baja a cenar. Mina salió de clase con Draco y sus respectivos amigos. Al llegar a su sala común ella se dirigió hacia las escaleras.

- ¿a dónde vas nena? – preguntó Draco

- a mi habitación, no me encuentro muy bien. No creo que baje a cenar. – dijo ella.

Se metió en su habitación. En Slytherin, a diferencia de las demás casas, tenía habitaciones individuales. Salazar Slytherin las había construido así. Pero las pocas que había eran asignadas por calificaciones, es decir, los que más nota tenían eran los que disfrutaban de las habitaciones individuales, que al mismo tiempo eran las más lujosas. Se dejó caer en la cama, y con un movimiento de varita, encendió la mini cadena que había traído de su casa. (N/A: ya sé que se supone que no funcionan esos trastos en Hogwarts, pero yo no puedo vivir sin música así que pasar esto por alto, jejeje)

Era una de las pocas cosas buenas que los muggles habían inventado. Eso y el café.

Una canción empezó a sonar.

¿Qué tiene tu veneno que me quita la vida solo con un beso?

¿Y me lleva a la luna y me ofrece la droga que todo lo cura?

¿Que tenía el veneno de Draco que le embrujaba así?

Dependencia bendita invisible cadena que me ata a la vida

Y en momentos oscuros palmadita en la espalda, ya estoy más seguro.

¿Por qué necesitaba a Draco para estar en la tierra? ¿Por que le ataba a la vida?

Se me ponen si me besas, rojitas las orejas.

¿Por que le encendían así sus besos?

Pon carita de pena, que ya sabes que haré todo lo que tu quieras

Ojos de luna llena, tu mirada es de fuego y mi cuerpo de cera.

Y sus ojos grises, del color que la luna irradia en su plenitud, esos ojos, esa mirada que podía llevarla a cometer locuras… él tan pasional, él es fuego y ella madera que se consume cuando él le toca.

Tú eres mi verso, un mapa de mi sentimiento,

La noche yo y tú la luna, yo la cerveza y tú la espuma.

Y ellos se complementaban, eran el uno para el otro, eran como la noche y la luna, inseparables…

Se me ponen si me besas rojitas las orejas.

Por que él le encendía, pero aún así, aún viendo que ellos eran el uno para el otro, teniendo tan claro lo que ella sentía por el rubio, ¿Por qué Harry le venía a la mente y le ardía el corazón cuando pensaba en él?

Fin del Cáp. Hasta aquí el Cáp. 6. Bueno, informaros que la canción se llama "rojitas las orejas" de Fito y Fitipaldis, del disco de "a puerta cerrada" por si os interesa. Gente en el próximo os prometo más canciones, reflexiones. Todavía no se con quien se quedará Mina, está muy difícil… bueno próximamente en sus ordenadores… los principios de la lujuria… hasta otra.