CAPITULO 8: LA VIDA ES UNA PUTA, A LA QUE LE ENCANTA FOLLARTE.
Draco y Mina entraron en el gran comedor que estaba decorado con menos velas que las que normalmente lo hacían, logrando así un ambiente más lúgubre. El disfraz de Mina era admirado, ya que las alas sobresalían por entre los demás. Una música rítmica sonaba en la fiesta. Antes de hacer cualquier cosa fueron a inscribirse en el concurso de disfraces, que este año daban un vale gratis para honeyduckes durante un mes. Si bien a Draco no le importaba el premio en lo absoluto, Mina ya se estaba relamiendo pensando en las ranas de chocolate que se iba a zampar. Era la excusa perfecta para atiborrarse, ya que su madre nunca la dejó comer demasiadas: "mami, es que tenía que gastar el premio" pensaba decirla cuando ganara un par de kilos. Esta vez no había grupo invitado, si no que un chico que creyó reconocer de Hufflepuff, estaba con un equipo de música. Evidentemente al no haber enchufes lo hacían funcionar por magia. Pero, curiosamente el chico que ponía los discos, debía ser de origen muggle por que se apañaba muy bien con el aparato. Toda la música era de estilo discotequero, y poca gente bailaba, en vez de eso, se repartía por la pista mientras bebían ponche, (N/A: sin alcohol se supone, que pena). Entre la multitud pudo distinguir a un grupo de seis personas que hablaba y se reían. Consiguió distinguir a Luna Lovegood vestida de águila, como cuando iba a los partidos, Longbottom vestido de gnomo, lo que no difería mucho de su habitual pinta, la Weasley, vestida de princesita ñoña, con un vestido rosa palo con mucho vuelo y una corona, y por último el trío de oro. Ron, iba vestido de cura, con una sotana negra de la que Escrivá De Balaguer estaría orgulloso, Hermione, vestida de campanilla, la del cuento de Peter Pan, de la que Mina conocía la historia también, ya que si algo hacían bien los muggles era la literatura infantil, y por último, Harry, que miraba medio embobado a la pelirroja, iba vestido de pirata. Llevaba unos pantalones corsarios con sus respectivas botas, una camisa en blanco, a medio abrochar, y un chaleco negro encima. Había prescindido del parche y la pata de palo, pero si que llevaba su respectivo pañuelo también en negro, lo que le hacía muy atractivo. En el mismo momento que vio como miraba a la Weasley sintió una punzada de celos en el estomago. Se contuvo y reprendió por haberlo sentido. Ella estaba con Draco y punto. En la fiesta sobretodo resaltaban los disfraces de elfo doméstico, los de enfermera y médico, vio más princesas que Ginny, lo cual no le gustaba nada a la pelirroja y poco más. De hecho el mejor traje era el del moreno, que aunque no fuera nada muy difícil si que parecía un pirata auténtico.
La noche transcurría tranquila, con música no muy allá hasta que el grupito de Potter se pusieron a bailar una canción que sonaba, de la banda sonora de Grease. Ginny se puso a bailar, demasiado cerca de Harry.
- míralos, como si tuvieran idea de lo que es moverse al ritmo de la música. – comentó Draco en voz alta, jactándose.
- espera un momento, ahora vuelvo.
Se acercó al chico que ponía la música y le susurró algo al oído. Instantes después ya estaba al lado de Draco otra vez. Cuando acabó la canción, sonaron los acordes que ella había pedido.
Mina arrastró a Draco hasta la pista, y comenzó a bailar con él, solo como las latinas pueden hacerlo, con esa música dance, moviendo sus caderas, a cada golpe de batería, sus piernas con cada compás, mientras ellos eran el centro de la pista. Draco la agarraba suavemente de la cintura mientras ella movía la cadera resuelta. Consiguió lo que se había propuesto. Captó la atención del moreno, y se quedó mirando al precioso ángel que bailaba. Era la primera vez que reparaba en ella desde que llegó a la fiesta, ya que Ginny había acaparado su mente hasta ese momento. Seguía con su mirada cómo su cuerpo ondulaba sensualmente. La música, llamaba a movimiento provocadores, y ella hacía lo que la música le pedía, por eso estaba en una fiesta. Por un momento recordó los veranos en los que se escapaba a las ciudades muggles para salir los viernes por la noche, esos muggles si que se sabían divertir, sobretodo los españoles, a los cuales un amanecer no les indicaba el final de la fiesta para nada. Mientras bailaba, se acercó a Draco poco a poco, bajo la atenta mirada de Harry, hasta besarle, suave y sensualmente a su novio Draco. Cual sería la sorpresa de ambos cuando un hombre vestido de negro se les acercó y les llamo la atención.
- ejem, ejem ¿interrumpo?
Lucius Malfoy se alzaba a su lado, como siempre impasible, su mirada fría iba desde las manos en la cintura de su amada de Draco a la cara de sorpresa de ella.
- padre, ¿Qué es tan urgente que no puede esperar ni que acabe de bailar con mi novia?
Le espetó Draco a su padre como si le escupiera.
- vamos a un sitio más tranquilo, aquí nos observa demasiada gente.
Y de hecho así era. Todo el mundo miraba al centro de la pista ahora para ver la escena. Draco cogió la mano de su novia y salieron del gran comedor. Lucius iba delante con su estupenda cabellera plateada, ondulando a cada paso erguido que el daba. Su padre se dirigía al despacho de Snape. Ellos le siguieron en silencio, como si fueran dirigidos a la horca.
Y allí estaba, Snape, pero no estaba solo, Parkinson sonreía de felicidad, lo que a Mina no le daba buena espina.
- tomen asiento, chicos – dijo Snape – Carmen, permítame decirle que está usted muy guapa.
Mina enrojeció hasta la punta del cabello ya que el profesor no era de desmerecer. Sin embargo, Lucius la miró de reojo, y no dijo nada, mientras permanecía de pie.
- bueno padre, me remito a la pregunta de hace unos momentos ¿Qué es tan importante que no puede esperar ni siquiera un baile con mi chica? – dijo Draco todo serio.
- precisamente eso, Draco. Has de saber que lo que había entre la señorita Carmen y tú se ha acabado. – respondió Lucius con una mirada de fría indiferencia.
Draco se levantó de la silla, tirándola hacia atrás.
- ¡¡¡ ¿COMO! No, eso es imposible, ¿por qué? no lo entiendo…
- desde esta misma tarde estás prometido oficialmente con Pansy. – Draco entró en shock. – acabo de estar con sus padres.
Mina no supo que decir. Le estaban obligando a dejarlo con Draco… no, no podía ser, tenía que ser una pesadilla, una horrible pesadilla. Entonces, una sonriente Pansy se acercó a Mina y muy cerca de su cara, peligrosamente cerca, teniendo en cuenta sus antecedentes, le soltó:
- la boda es este julio, esta invitada.
- aléjate, o no respondo – contestó ella intentando mantener la calma. Había apretado los puños tanto que notaba como se le clavaban las uñas en la carne.
- ¿por qué? ¿Por qué Lucius? – atinó a decir Draco, que tenía escondida su cara entre su pelo, porque la había agachado.
- simplemente, no te ofendas Carmen, es una decisión de estrategias familiares. – contestó el patriarca Malfoy fríamente.
Todo quedó en silencio.
- Para que las cosas estén controladas – siguió Lucius – Severus se encargará de que os veáis solo lo estrictamente necesario, en clases, y también se ocupará de que Carmen sea cambiada de casa, a Gryffindor…
- ¿¡¡ por que la tienes que pagar con ella encima? Déjala en paz. Ella no tiene por que cargar con lo que se me ha impuesto a mi. – le gritó Draco.
- Te avisé Draco, te dije que la única condición que te pedía a cambio de quedarte en Hogwarts era que te comprometieras con Pansy y que dejaras a Mina. – contestó él de mal talante.
- ¿se puede saber que problema hay conmigo? La última vez que tuve el honor de acudir a su casa Señor Malfoy no pasó nada, incluso recuerdo que en la fiesta que dio para el embajador se me fue presentada como la prometida de Draco. – rebatió Mina, casi sin esperanzas. Este comentario enfureció a Pansy.
- lo que pasa es que se han dado cuenta de que la basura por España abunda.
Mina no lo pudo evitar. La cruzó la cara. Ella se lanzó a por el ángel negro que tenía enfrente, pero:
- petrificus totalus. – dijo Snape. – lo siento señorita Parkinson pero ha ofendido a Bardem, y no tiene derecho a devolverle el golpe. – comentó Severus ya que sabía que ella aunque petrificada le escuchaba.
- Gracias Severus. – le dijo Lucius a Snape y luego se volvió a Mina. – creéme Carmen, no es por ti, si no por algo a lo que Draco como bien a dicho está destinado.
- Draco ya te puedes ir. – le indicó Snape.
- no, esperaré a mi novia, quiero despedirme.
- no, no lo harás, tuviste tiempo pero lo desaprovechaste. Ahora, vete.
Draco opuso resistencia, pero de nada le valió. Snape, le quitó el hechizo a Pansy y luego se fue con los dos chicos, hasta la sala común de Sly, sin antes decir que ahora volvía, para acompañar a Mina al despacho de McGonagall. Mina y Lucius quedaron solos en el despacho. El silencio se apoderó del despacho. Ella no sabía que decir…
- te lo advertí – dijo Lucius por fin – te dije que no quería que te tocara nadie más que yo. Por fin eres solo mía, no tienes que seguir con Draco, para verme a mí…
- ¿en que momento? ¿En que momento, te creíste que yo estaba con Draco por ti? Yo, óyeme bien, YO AMO A DRACO. – dijo ella mientras se le escapaban las lágrimas. – y lo amo como a nada en este mundo. Nada que hagas podrá cambiar eso.
Malfoy la agarró de los brazos, haciéndola daño, no podía creer que una niña de 17 años le estuviera rechazando.
- escúchame tu a mí, mocosa, yo cojo lo que quiero y me da la gana.
Y la empujó contra la pared para empezar a besarla furiosamente. Pero de repente paró. Snape había tocado a la puerta. Después de tocar abrió la puerta sin esperar a que le contestaran, evidentemente era su despacho.
- señorita Bardem, ejem…si me acompaña… - dijo Snape a la chica, y si bien no había visto el beso se le hacía muy raro que Lucius estuviera tan cerca de ella, como si estuviera arrinconándola.
- ya voy profesor. Adiós señor Malfoy. – escupió Mina con rabia en los ojos.
Ella iba caminando al lado del apuesto profesor de pociones, el cual no sabía exactamente como animar a la chica que parecía de verdad un ángel convertido en oscuridad por un amor arrebatado.
- señorita Bardem, de verdad siento todo esto…si hubiera alguna forma de ayudarla…
- no, -cortó ella viendo como las palabras de su profesor preferido eran sinceras – si hay algo que he aprendido de Draco en todo este tiempo es que los Malfoy, y en este caso Lucius, siempre hacen lo que quieren.
A Severus esas palabras se le tornaron de color negro en la voz de tan precioso querubín. Si él pudiera hacer algo…pero las decisiones de los padres de donde debe estar su hijo o a quien debe de ver pueden pasar a veces por encima de las normas del colegio.
Llegaron al despacho de la profesora McGonagall y la encontraron sentada en detrás de su escritorio, con las manos apoyadas en la mesa, como si estuviera pensando. Cuando Severus entró le miró fijamente a los ojos y le dijo:
- Severus, por muy amigo que seas de Malfoy deberías de reconsiderar esta situación, no me parece apropiada para ninguno de los chicos. Además recientemente me he enterado de un altercado que la señorita Bardem tuvo con una alumna de mi casa, que por supuesto espero que no se vuelva a repetir – le dijo ahora la profesora a Mina con una mirada severa.
- lo siento profesora – McGonagall asintió con la cabeza como si estuviera todo perdonado ya.
- por una vez, y sin que sirva de precedente, Minerva, coincido contigo. No creo que sea bueno para los chicos. Aunque tuvieran que estar separados deberían aprender a respetarse. Es decir a obedecer lo que se les manda.
A todo esto Mina era inmune, estaba pensando. No podía creer que ahora le pusieran en una casa donde el que más aprecio la tenía le deseaba una muerte rápida e indolora, los demás estaban dispuesto a despellejarla y torturarla poco a poco y lentamente. Además del hecho de que Potter estaría más cerca de ella. De repente sintió como la Profesora McGonagall tiraba de ella. Se dejó arrastrar simplemente. La puso frente al cuadro de una señora gorda que le pareció muy estúpido, "de Gryffindor tenían que ser" y pronunció la contraseña.
- como no queremos que le afecte demasiado el cambio le he conseguido una habitación para usted sola. Algo, que creo, me valdrá unas cuantas protestas pero… en fin. Creo que los elfos domésticos la han dejado igual que estaba la suya en Slytherin. No notará la diferencia.
Dijo Minerva con un tono de voz que daba a entender que no le gustaba nada aquella situación. Dicho esto la deseó buenas noches y se marchó por donde había venido. Ella se encontró en una sala común que no tenía nada que ver con la fría Slytherin, y no es que hiciera más calor, si no que los colores de la tapicería y de la sala eran en tono granates, lo que daba calidez a la estancia, que también era más "pobre" en comparación con su antigua casa. Ella se sentó en una butaca junto al fuego, con cuidado de que sus preciosas alas no se estropearan.
Llevaba un rato en esa posición cuando oyó un ruido, ella no se molestó ni en mirar, ya que no tenía interés en conocer a nadie de Gryffindor mientras su estancia duraba allí. Ese alguien se había parado detrás de ella y balbuceó:
- tu… no… es imposible… eres de Slytherin… - dijo Ron con evidente sorpresa cuando se dio cuenta a quien pertenecían las alas, que era lo que se veía de ella.
- sorpresa comadreja, tu peor pesadilla seguro que se ha cumplido. – Dijo ella con total indiferencia – a partir de ahora dormirás con tu enemigo.
Fin del Cáp. Hola gente… ¿Qué tal esos ánimos? Espero que bien este es el Cáp. nº 8 espero subir pronto el 9 pero necesito inspiración, así que me iré con monjes budistas a encontrar la paz interior… jejeje bueno solo decir que espero que os haya gustado mucho ¿okas? Besazos a todos los que leéis este fic y en especial a todos lo que dejáis reviews Deuuuuu.
