CAPITULO 9: INFIDELIDAD
Draco se había encerrado en su habitación y estaba dando patadas a los muebles, y aunque su tobillo le dolía de golpear un sillón, no podía dejar de hacerlo. Por encima de los golpes oyó tocar a la puerta.
- ¡¡¡¡¡DEJAZME EN PAZ!!!!!
Pero como si no hubiera oído nada Pansy entró por la puerta dejando ver una sonrisa de triunfo en sus labios.
- te dije que al final ganaría. – dijo ella con retintín.
- Parkinson, lárgate. Eres la persona que menos quiero ver en este momento. – contestó él de mal genio.
- cariño tendrás que acostumbrarte voy a ser tu esposa. – dijo ella tocándole el pelo.
Él se revolvió y la sujetó la mano. La miró con odio a los ojos.
- pues creéme cuando te digo que no dejaré que me toques, que te haré la persona más infeliz del mundo, escúchame bien, te arrepentirás toda tu vida de este día, porque amaré a Mina por y para siempre, y nunca traicionaré ese sentimiento, y si decido hacerlo, no será contigo, ¿oíste? Nunca me tendrás en la misma cama que tú.
- un consejo, Draquito, nunca digas nunca, porque, nada es para siempre, y tú deberías saberlo mejor que nadie.
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Desnúdate mi amor y olvídate de él
Arde la tentación envuélveme la piel
Desnúdate mujer, desnúdame también,
Que nuestros cuerpos son arena al amanecer
Se despertó cuando sintió que la luz la llamaba de nuevo. Pero aunque quería que lo ocurrido fuera un sueño, sabía en lo más hondo de su ser que era la verdad más cruel que podía imaginar y quería hundirse más y más en las sombras, en la oscuridad de su corazón.
Miró sus ropas rasgadas, ya que anoche no tuvo ni valor para ponerse el pijama, ahora si que se sentía como lucifer. Separada de su amor. Al ser domingo, supuso que habría mucha gente en la sala común. No le apetecía salir, pero el hambre que tenía superaba las ganas de que nadie la viera. Se desembarazó del vestido y las alas. Se desmaquilló, y se cogió una coleta.
Deja que tu instinto rompa en erupción
Yo se que tu lo deseas como lo deseo yo.
Desnúdate mujer hoy vas a ser infiel
Salió de su cuarto, preparada para cualquier cosa. Pero Ron, el prefecto Ron, se encargó de avisar a todo Gryffindor de las nuevas noticias, que aparte de haber visto a Mina, la subdirectora le había pasado una nota indicando la nueva situación de convivencia, no el por que del cambio pero si que ella estaría allí por el resto del curso. Así que en la sala común le esperaba el trío de oro, con unos cuantos amigos más. Ella no había sido criada para sentir miedo, así que aunque la superaban en número no se amedrentó. Las primeras palabras de ironía salieron de la boca de Granger.
- ¿y este milagro? ¿No eres demasiado digna para esta casa? – dijo ella en tono burlón.
- a veces tienes que acatar órdenes, aún en contra de tu propia voluntad. Seguro que los Gryffindor no conocéis eso…siempre os saltáis las reglas. Por eso nunca tendréis la categoría que los Slytherin tenemos.
- siento informarte, que ahora eres una Gryffindor. – dijo Ron
- no te equivoques. Las circunstancias me han colocado aquí, pero nunca, nunca seré una Gryffindor. – y salió de la sala común para irse a dar una vuelta por el lago. No tenía humor para discutir, y menos ahora.
Cuando mis manos te deshojen conocerás la libertad
Desnúdate mujer, y entrégame tu sed
Bebe mis ganas infinitas robaré tu santidad amor, amor, amor
Las cosas se le estaban complicando demasiado. Le había separado de Draco, y encima le habían puesto en la única casa que tenía al "otro" chico de su vida. Aunque no era exactamente así ella sentía algo por Potter aunque intentara negarlo. Empezaba a tener frío, no lo había notado antes por la concentración en los pensamientos, pero ahora si sentía como el frío acariciaba su piel y la ponía de gallina. Se dirigió a los límites del bosque prohibido, y se medio escondió en la espesura. Llevaba ahí quieta un buen rato, cuando sintió como alguien le echaba una capa por encima de los hombros. Se dio la vuelta para encontrarse con los ojos verdes más bonitos del mundo. Él la sonrió gentilmente. En la discusión que tuvo en la sala común con los otros dos petardos él no abrió la boca.
- lo siento – dijo él.
- tu no tienes la culpa, la única culpable soy yo, me metí donde nadie me llamó, y jugué con fuego, no con fuego, con un volcán…y explotó.
Las lágrimas caían lenta pero inexorablemente a través de sus mejillas. Harry, las cogió con cuidado, para saber como era esa agua bendita que brotaba de los ojos de ella, parecían pequeños diamantes, preciosos, brillantes…
- ¿sabes una cosa? – dijo Potter a la vez que se sentaba al lado de ella. – eres el ángel más bonito que he visto nunca. Aun de negro brillabas con luz propia ayer.
La cogió la cara suavemente y la acercó hacia sí. Se miraron a los ojos unos instantes. Él sentía que se podía perder en la negra oscuridad de esos ojos, en ese negro, tan profundo, tan triste que a veces mareaba. Ella sin embargo al mirar el verde de aquellos ojos, descubría que la bondad seguía latente en el mundo que le había tocado vivir, que ese niño, que no lo había tenido nada fácil, que todo el universo le había mostrado su más fea cara, ese niño, contenía más amor en su mirada que cualquier cosa.
La lluvia cae sensual por tu cuerpo y el mío
Resbala el sudor de nuestra pasión
Desnuda eres cristal, perfecta en la intimidad
Tus pechos el manantial donde me quiero ahogar
Ella poco a poco se fue deshaciendo en la calidez de aquellos labios, tan dulces que parecían miel. Y él se sumió en la oscuridad que le brindaba aquella boca, que daba unos besos tan fríos que parecía tocar el mismo hielo, hielo que él quería derretir…
Ella hundió su mano derecha el la cabellera alborotada de él, un gesto que la caracterizaba… y el posó suavemente su mano en la cintura de ella, con miedo a espantarla otra vez.
Los besos estaban ahora llenos de calor. Con cuidado, él la fue recostando hacia atrás, hasta echarla en el verde césped. Harry tenía miedo a tocarla, como si tuviera cristal entre las manos. No sabía exactamente que hacer, solo quería demostrar a la morena cuanto la quería desde el primer momento en que la vio. Mina, se dio cuenta de lo que él pretendía, y lejos de querer correr, (N/A: jejeje, yo me entiendo) ella también quería consumar ese acto, que nada se asemeja a lo que una vez hizo con Lucius. Nada de sexo, era hacer el amor.
Harry con delicadeza empezó a tocar su cuello, llegando, a su camisa, a la que empezó a desabrocharla los botones, mientras se deleitaba con cada centímetro de piel expuesto. La acariciaba como si se tratase de una figura de mármol. Admirando su belleza, cada pequeño lunar que estaba en su piel morena.
Ella también, empezó a desnudar al chico, desabotonando su camisa, sin prisa, pero sin pausa.
Deja que tu instinto rompa en erupción
Yo se que tu lo deseas como lo deseo yo.
Desnúdate mujer hoy vas a ser infiel
Acariciaba levemente el pecho del joven, que nada tenía que envidiar al de Draco, (N/A: el ser buscador exige esfuerzo, no chicas, y aun que las comparaciones son odiosas, yo siempre preferiré a Draco en el aspecto físico jejeje) él. Al llegar a los pantalones de la chica, él se puso demasiado nervioso, así que ella tomo el mando. Guió la mano del moreno hasta el botón de los vaqueros, y aunque él parecía indeciso ella no lo estaba.
- sigue – le susurró muy suavemente, al oído.
Él comenzó a bajar los pantalones de la chica a la vez que besaba sus muslos, luego sus rodilla, y por último sus tobillos.
Mina, hizo lo propio con los pantalones de él. Harry, volvió arriba, para hacerse cargo del sujetador que ella llevaba, de color negro. Lo soltó sin demasiada dificultad. No había visto nunca una chica desnuda, pero dudaba que hubiera alguien tan perfecto como esa chica que ahora tenía entre sus brazos.
Paseó por su vientre, y ella que era la que ahora tenía el mando de la situación le llevó a experimentar lo más alucinante de su vida. Sentía su calor con cada movimiento, su infinita sensualidad. Mina jadeaba levemente al oído de Harry, y él con su respiración entrecortada le susurraba palabras de amor a la chica, que ahora cerraba los ojos, abandonándose al placer que Harry, le estaba dando.
Cuando mis manos te deshojen conocerás la libertad
Desnúdate mujer, y entrégame tu sed
Bebe mis ganas infinitas robaré tu santidad
Poco a poco y casi sin darse cuenta ninguno de los dos, les sobrevino la cima del placer máximo, que les convirtió en una misma alma, en un mismo ser, inseparable, sus respiraciones en solo una, cada miedo, duda, alegría o tristeza era compartido por esos dos cuerpos que se habían convertido en uno solo por unos segundos.
Por que todo ha sucedido sin sentido y sin razón,
Sabes amor así es la pasión tu y yo haciendo el amor.
Desnúdate mujer, y entrégame tu sed
Bebe mis ganas infinitas y saciare tu santidad amor, amor, amor.
Se separaron, y sin sentir frío ninguno de los dos, se abrazaron, debajo de aquel árbol, sintiendo que eran el uno para el otro, pero cuando Mina creyó que todo estaba bien le sobrevino una imagen a la cabeza. Los ojos grises más bonitos del mundo.
Fin del Cáp. ¿Qué tal gente? Espero que os haya gustado, es un Cáp. Un poco cortito, pero quería darle la importancia que se merecía a este acto de amor, que como bien he dicho antes nada tiene que ver con el sexo y solo he escrito esto poco. Bueno, prometo colgar pronto. En cuanto encuentre a mi muso, creo que se ha ido de fiesta. Por cierto, la canción seguro que la conocéis, pero es de David Bisbal, por mucho que me pese, no me gusta nada, pero la canción me venía de perlas y es de las pocas que me gustan. Bueno besos.
