PRELUDIO

La muerte de Sirius era el peor dolor que había experimentado en toda su vida. Aún varios meses después de la tragedia, la tristeza se apoderaba de él con frecuencia. Aunado a eso, algo le inquietaba por dentro. Llevaba días sintiendo una rara presión en el pecho, como la premonición de que un terrible suceso está a punto de ocurrir, sin que suceda. Esa sensación lo ahogaba. Aunque no lo había dicho abiertamente, Ron y Hermione intuían que Harry estaba muy deprimido e intentaban animarlo. Bajo esa encomienda, una noche en que el semblante del moreno parecía más sombrío de lo habitual, su amigo pelirrojo, ahora prefecto, lo invitó para que lo acompañara a hacer la ronda correspondiente en los pasillos del colegio.

- Ponte la capa, dijo Ron.

Inusualmente, Hermione no criticó nada al respecto.

- No se demoren demasiado, fue el único comentario por parte de la castaña.

Sabían que caminar le ayudaba a Harry a distraer los pensamientos, por lo que Ron había realizado dos vueltas deliberadamente. Cuando al fin terminaron de hacer la ronda, el semblante del moreno lucía mucho mejor.

Iban de regreso a la torre, cuando escucharon un leve gemido. El ruido provenía de una de las aulas vacías. Ron se encaminó al salón, pensando que alguna pareja se había escondido ahí para verse en secreto.

- ¿Quién anda ahí? , preguntó. El toque de queda empezó hace más de una hora.

Nadie respondió. El salón estaba a oscuras y casi no podía ver nada, pero podía sentir la presencia de alguien. Volvió a escuchar el gemido, aunque más leve. Convocó un lumos con su varita para poder ver mejor.

- Más vale que regreses a tu casa o tendré...

Y entonces lo vio. Draco Malfoy, estaba tirado en el suelo, casi inconsciente. Estaba gravemente golpeado y herido. El costado de su camisa blanca estaba manchado de rojo. La sangre se extendía formando un gran charco bajo su cuerpo. En la cara y en las manos tenía varios moretones y cortes profundos, y su cabello también estaba teñido de sangre. Alrededor de él había un montón de cristales rotos.

- Oh, mierda, se acercó hacia él sin pensarlo dos veces. ¡Harry!

Tras oír el grito de Ron, Harry se quitó la capa de encima y entró al salón corriendo. Al ver el estado del rubio se arrodilló inmediatamente a su lado.

- ¿Por Dios Malfoy, qué te pasó?, susurró el moreno.

Al escuchar su voz, el Slytherin giró con lentitud su cabeza. Al ver que se trataba de Potter, Malfoy trató de decir algo, pero empezó a toser sangre y a ahogarse con la misma.

- Está bien, tranquilo, todo estará bien. Ron, hay que llevarlo a la enfermería.

- S-sí, contestó el pelirrojo saliendo del shock de la impresión y se acomodó para tratar de sostenerlo entre ambos.

- Ha -rry... La voz de Malfoy apenas era un hilo, pero lo suficientemente audible para que ambos lo escucharan.

- Sshh. No hables. Te llevaremos con Pomfrey en un momento.

Con dificultad, Draco estiró su mano temblorosa hacia la de su archienemigo. Sus ojos derramaban lágrimas involuntariamente.

_Lo- sien-to..., logró decir con sus últimas fuerzas antes de desvanecerse por completo.

Harry y Ron se miraron por un momento, sorprendidos, e inmediatamente se pusieron en acción. Harry convocó un levicorpus.

- Sujétalo de ese lado, dijo Ron con un extraño nudo en la garganta.

Harry asintió con la cabeza. Sin decir más, lo levantaron en vilo y lo llevaron a la enfermería.