Never Again
PAREJA: Harry x Draco
DISCLAIMER: El mundo de Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling! Yo solo estoy utilizando los personajes por mero entretenimiento sin fines de lucro :3
ADVERTENCIAS: Es un EWE? (¿epilogo, cual epilogo?) Hay relación chico-chico, sexo explícito (Si no te gusta el delicioso, ¿Qué haces aquí? x9), personajes algo OoC y probablemente palabras altisonantes. ¡Están advertidos!
Si me equivoco en continuidad, horrores de ortografía o las cosas canónicas, ¡me disculpo de antemano! (porque no podré hacer nada xD)
Resumen: Cuando alguien te rompe el corazón y el recuerdo de sus momentos felices no es suficiente ¿Qué queda por hacer? Si aquello que los unía no tiene cabida, la añoranza no es suficiente para un perdón y el amor se trasforma en una intensa agonía oculta por la máscara del odio y de la dulce sed de venganza, lo único que queda por hacer es decir "nunca más"
Notas de la Autora: Hola bebes feliz día de san valentin adelantado! XD
Como si no tuviera historias pendientes por terminar, aquí va una historia que llevo años planeando (y por lo mismo no me decidía a publicar ya que toca un tema que es repelente para mi: la infidelidad ¿se puede perdonar? uwu) sin embargo creo que ya va siendo tiempo que también la saque de la lata en la que la metí y espero darle el cierre que tanto esperé.
A leer se ha dicho!
Prologo
-Acepto- fueron las palabras que pronunció sin temor, sin angustia, solamente amor en su corazón reflejado en sus brillantes ojos de plata cuando le fue depositada la alianza en su dedo anular por las ilusionadas manos del salvador del mundo mágico.
Unas sencillas palabras que los unirían para el resto de sus vidas y que ambos ansiosos añoraban que el otro pronunciara junto con la pequeña e íntima concurrencia que presenció esa ceremonia esperada.
Deliciosos momentos sabían que le seguirían a ese. Su mutua compañía era como el perfecto balance que nadie creyó posible, pero bastaba ver sus miradas enamoradas que reiteraban sus pasiones con cada respiración que no dejaba duda alguna.
Tanto le costó a Harry Potter obtener el frio corazón del príncipe de las serpientes, quien durante años se encerró en su castillo de cristal tras sus duras paredes de nácar; tan duras y perpetuas que parecía una tarea titánica e imposible penetrarlas; pero haciendo honor a la casa que fue su guía durante sus siete años de escuela, jamás se rindió y luchó por ese amor que muchos consideraban perdido e inútil.
La victoria le sabía a gloria y más con esos labios sonrojados que le regresaban su amor con el fuego bendito de sus sentimientos y sus dulces palabras.
Nunca había amado a nadie como lo hacía y estaba seguro que nunca lo haría. Con Draco a su lado todo parecía tener sentido, su mordacidad, su complejidad, sus elegantes movimientos y su angelical belleza lo tenían sumergido en esa nube de encanto y éxtasis, de desbordante ardor que quemaba como una supernova en su interior y parecía no tener fin.
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Como si su vida no fuera lo suficientemente plena y feliz después de 3 años de idílico matrimonio, el destino les regalaba un dichoso y perfecto regalo para coronar su alegría: un bebe.
Una preciosa y bella criatura nacida de su hermoso amor que crecía como un pequeño brote de una flor, con cada rayo de sol se fortalecía, nutriéndose de todo lo que sus padres le daban, su cariño y cuidado, bendiciendo su llegada, esperándolo impacientes por conocerle y acunarle en sus brazos, poder besar con dulzura su cabecita y acariciar su sonrosada mejilla y decirle cuan amado era.
-Gracias mi vida por este obsequio- exclamó temblando de regocijo, tocando el abultado vientre de su amor, la cuna de su primogénito que no dudó en besar y acariciarla como si se tratase del tesoro más preciado del universo –Te amo, cariño… los amo a los dos…- Por fin tendría un hijo con su precioso dragón de ojos grises y no sabía qué hacer con toda esa emoción que amenazaba con salir disparado como un fuego artificial a pleno cielo oscuro.
-También te amo…- exclamó el rubio entre lágrimas.
Aunque su condición era limitante pues gestar para el cuerpo masculino era bastante difícil y complicado, no se rendiría, si por su hijo tendría que detener su trabajo y su libertad, estar confinado a una cama por los siguientes nueve meses, así sería. Era lo más importante en su vida y era consciente de ello.
Harry cuidaba de él con la mayor delicadeza posible; trataba de ayudarle con lo que pudiera; a levantarse que mes con mes se le dificultaba; a mimarle y consentirle todos sus gustos y caprichos y haciéndose de toda su infinita paciencia procurando no llevarle la contraría ni provocar esos adorables mohines que tanto adoraba ver en su rostro amado.
Arreglar el cuarto del bebe fue una alegría compartida; entre los dos decidían los juguetes que comprarían, la cuna y porta-bebe, la periquera, las docenas de biberones y los colores que pintarían él lugar; mientras uno anhelaba que fuera en tonos rojizos y dorados, el otro exigía que fuera con colores verdes y plateados; Ninguno de los dos quería ceder hasta que Hermione sentenció que sería amarillo, el color más neutro en el mundo y que si tenían alguna queja o sugerencia, se la guardaran.
A Draco no le hizo gracia eso, pero con el tiempo terminó por darle la razón a la castaña y asegurarle a Harry que hiciera lo que hiciera su pequeño entraría a Slytherin. El azabache amaba la jovialidad y dulzura que rodeaba a su lindo dragón embarazado, si de por si brillaba con luz propia, ahora parecía resplandecer.
Escoger el nombre del bebe fue aún más difícil. Ninguno los complacía lo suficiente y más que Draco se negó a un nombre como "Albus" o "Severus"; amaba a su padrino, pero aceptémoslo, ese nombre no es muy alegre que digamos.
-Quiero que sea algo lindo, digno de un Potter-Malfoy- decía suspirando viendo una y otra vez los libros de nombres para bebe que le recomendó Hermione.
-¿Qué te parece Orión? Como mi padrino, es sofisticado y digno de un Malfoy… aunque no se me ocurre uno por si es niña…-
-Me encanta Orion…- dijo con ensoñación –y descuida, estoy seguro que será un niño… un bello niño rubio con ojos verdes…. Con tu capacidad para meterte en problemas y mi astucia para evadirlos…- el azabache enternecido besó la frente de su dulce esposo, esperando el día en que lo viera con sus propios ojos. Eso le llenaba el corazón de dulce ilusión.
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Sabía que fue sido una tontería de su parte, una muy grande si le preguntaban.
¿Cómo si quiera la cometió? Un simple movimiento de apariencia inofensiva como agacharse por su varita le costó una ida de urgencia a San Mungo.
Una sensación extraña en su vientre y supo que algo andaba mal. Los ojos verdes acusadores le decían lo peor.
Hubiese preferido perder cualquiera de sus extremidades a eso que los medimagos le decían con consoladoras y frías palabras "A veces pasa". Pero lo que no entendía era porque le había pasado a él.
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Perder a su primogénito fue devastador y más aún para el perfecto balance de la casa Potter-Malfoy que sin aviso se vino abajo terminando con esa felicidad que tanto les caracterizaba.
Draco dolido por la pérdida de su no nacido pasaba horas encerrado en su habitación mirando a la nada, absorto en su dolor sintiendo que parte de su corazón le fue arrebatado en carne viva.
Para Harry tampoco fue fácil. Todas sus añoranzas, todos sus sueños de familia perfecta que se armaron en su cabeza entorno a su pequeño bebe con esa pelusita rubia jamás abriría los ojos para verles, nunca se movería tratando de atrapar sus dedos y chuparlos, nunca oiría ni una risa o llanto proveniente de sus labios, nada.
Y ahora a su esposo también le estaba perdiendo, por más que trataba de hablarle no respondía, comía muy poco y no le regresaba la mirada; era un inferi o un simple cuerpo cuya alma adolorida vagaba tan lejos de él sin poder regresarla a su lado, a compartir su dolor.
Meses y meses pasaron y Draco solo un poco más recuperado, vagaba por la casa vacía como un fantasma soltando una que otra lagrima silenciosa al recordar a su pequeño bebe que solo por unos segundos pudo sostener entre sus brazos, acunándolo esperando alguna reacción que no llegaría, le cantó tiernamente la única nana que entonaría para él y tras besarle su mortecina frente tuvo que dejarlo ir.
-Mi pequeño bebe… mi niño…- temblaba de impotencia.
Con el paso de los meses las cosas no mejoraron, solamente el terrible distanciamiento de los dos, Draco no salía de su letargo y Harry se metía más y más en su trabajo; cualquier misión a la que le solicitaran ahí estaba, sin importarle los riesgos, la dificultad, él lo hacía porque era la única manera en olvidarse solo un poco de su amarga realidad.
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Dos años pasaron y Draco ya salía más, su humor mejoraba, pero no lo suficiente pues extrañaba horrores a su pequeño y a Harry… ¿Por qué no estaba con él? ¿Por qué siempre en el trabajo? Sabía la respuesta, pero prefería cerrar los ojos y los reproches de su corazón.
Harry se veía más revitalizado, tan fresco y lozano cada que despertaba a su lado, durante las noches que estaba presente le besaba con el cariño del ayer, lo idolatraba como si de un ídolo en algún altar se tratara y lo abrazaba. Lo único diferente es que no llegaba más allá. Ya no le hacía el amor con la bravura y la tempestad del mar, dichoso y abrazador o dulce y suave. Nada. Se auto engañaba pensando que todo estaba bien hasta que abría los ojos al alba.
Desayunaba casi siempre en su eterno silencio, fiel compañero de las últimas temporadas y con un último beso y una caricia se retiraba por semanas y si bien le iba y no volví hasta que la "misión" terminara.
Obviamente una cruel y estúpida mentira que procuraba alimentar con los leños de su corroída confianza y respeto ciego que debía tener a su esposo.
La apatía siempre ganaba, rompiendo su ego y su orgullo con cada falta que le perdonaba. Lo amaba, pero parecía que su cariño se enfrió con el tiempo y solamente la sortija en su mano era el único indicio de lo que una vez los unió.
-Tal vez a mi hijo no fue al único que perdí ese día…- pensaba con amargura tomando otra copa de whisky observando por la ventana esperando ver llegar al amanecer en su soledad.
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Era obvio que las atenciones de la tan hermosa y distinguida auror Cho Chang cautivaran la curiosidad de Harry Potter. Puede que lo suyo en la adolescencia fuera bastante efímero, pero como dice el dicho "el primer amor nunca se olvida" o al menos eso pensaba en su momento el azabache cuando comenzó a trabajar con la ex –Ravenclaw.
Jamás pensó que se enredaría tanto con ella, pero era bastante inquietante con su largo cabello oscuro y su olivácea piel, su coqueta sonrisa y sus disimulados roces de manos cada que trabajaban juntos.
Se decía que amaba a Draco, pero tenía una particular debilidad por la chica que sabía sacarle provecho a sus oscuras pestañas y tímidos arrumacos.
"Es un capricho" se repetía tratando de mantener su sanidad, pero era prácticamente imposible huir. Entre más intentaba alejarse, más profundo caía en su intoxicante red.
"Estoy perdido" fue lo que pensó la primera vez que volvió a unir sus labios con los de ella ya que eso no bastó para ninguno de los dos, que sabían que repetirían y que el ardor en su interior los incitaba a seguir en ese juego prohibido.
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Solo una carta de disculpa sobre la mesa y una hoja de divorcio fue lo que parecía merecer.
Cinco años de su vida que en un principio pareció su más preciado sueño, que terminó en una horrible pesadilla. Todo por lo que luchó, todo lo que amaba se quebró ante sus ojos y solamente había dos culpables.
Una por fácil oportunista zorra desalmada y el otro por imbécil y estúpido, débil ante la carne nueva, fresca y accesible.
¿Dónde estaban todas las palabras de amor, las promesas de fidelidad e incondicionalidad? Se fueron por el caño al parecer. Nada importaba pues su calentura pudo más que sus votos matrimoniales y eso no se lo perdonaría.
Claro que le lloró como nunca; lo que quedaba de su corazón fue lastimado como jamás lo pensó, al igual que su orgullo. Como un animal herido aulló de dolor por noches seguidas esperando que se calmara la supurante laceración.
No le perdonaría, no podía. Le hirió y el muy maldito creía que podía ser feliz a costa suya con otra persona; no lo permitiría.
Sin siquiera leer la indignante carta la arrojó a las llamas rojas viéndola consumirse y con ella la última lagrima que le dedicaría. No valía la pena, no le daría la satisfacción de hacerle daño nuevamente y con un temple redoblado se irguió cuan largo es, con sus maletas en mano regresó a ver su hogar, su único hogar por tantos años y apretando los ojos se marchó con una sola frase en sus labios.
-Nunca te lo perdonaré Harry Potter… te haré pagar por cada lagrima que he derramado por ti…-
Notas finales: En un momento subo el siguiente capitulo como regalo :3
