Gracias a todos mis lectores y en especial a los comentaristas, me subís un montón la autoestima (¡¡espero no decepcionaros!!)
En cuanto al caso... no estoy estudiando medicina ni nada... lo he sacado de BBC Health, y de internet. Lo cierto es que me está quedando mejor de lo que esperaba. XP
Capítulo 3.
Aunque más débiles que en la otra chica, Shelley Addison tenía los mismos síntomas.
Mareos.
Inestabilidad.
Aumento del tiempo de reacción.
Descamación de la piel en brazos y piernas.
Fallo renal.
Los escribí en la pizarra y añadí un asterisco en el último, para demostrar que sólo se habían producido en una. De momento.
-Los tres primeros síntomas podrían explicarse por algún problema o anomalía cerebral.- opinó Foreman.- También el fallo renal si ese problema afectara a la zona de control de los riñones.
-Un tumor.- dijo Cameron a su vez.
-Tal vez. En cuanto la saquen de la diálisis la metéis en TAC.- repliqué.- De no ser porque falla algo. Dos chicas que desarrollan un tumor cerebral más o menos a la vez y a las que se les manifiesta de la misma forma...
Me volví a la pizarra y punteé los tres primeros síntomas. Muy raro. Escribí "cáncer" y le puse una interrogación al lado como posibilidad poco segura.
-¿Tú qué piensas, Chase? Estás muy calladito esta mañana.- dejé caer.
Nada. La respuesta fue el silencio más absoluto. ¿Estaría demasiado concentrado en el Sudoku para hacerme caso? Me giré hacia la mesa. Un momento...
-¿Dónde está Chase?
La puerta se abrió de golpe y entró el susodicho con la bata a medio poner. O te la pones, o no te la pones, como yo, pero no lo dejes a medias, chico.
-Aquí.- respondió.
Le miré. Estaba raro. En vez de su aspecto impecable y su carita de niño bueno y metrosexual, tenía una cara bastante rara. Como de resaca o de virus, o de llevar un par de noches sin dormir.
-Estás hecho un asco.- le dije.
-Gracias.- replicó él irónicamente, tomando asiento.- Siento llegar tarde.
-House tiene razón.- dijo Cameron, pasando de mí y mirándolo a él.- Tienes mala cara. ¿Te encuentras bien?
-Sí, sí, claro.- contestó.
Di un par de golpecitos con el rotulador en la pizarra.
-Entonces, diagnóstico diferencial, Chase.- dije.- Dos chicas, dieciséis años. En principio, sin ninguna causa preexistente.
Leyó los síntomas, puso cara de concentración, se mordió el labio y entonces dijo:
-¿Cáncer?
-Eso no vale. Lo has leído, con interrogación y todo, tal como estaba ahí.- le corté.
-Quiero decir.. no me parece cáncer. Eso no explicaría la descamación de la piel.
-A menos que el tumor se esté manifestando, de una forma un tanto inusual, en un fallo de la actividad celular epidérmica.- opinó Foreman.
Le hice un gesto para que se callara.
-Quiero saber qué opina Chase. Si no es cáncer¿qué explicaría todos los síntomas, y además la descamación?- le reté.
Él dudó. Lo vi dudar desde el primer momento. Mala señal. Con esa cara y la poca disposición que tenía aquella mañana, poco me iba a ayudar.
-Tal vez alguna enfermedad infecciosa.- dejó caer tímidamente.
-¿Como cuál?
-No lo sé, la inmunóloga es Cameron.
Me reí. Escurriéndose el bulto unos a otros. Mis niños estaban empezando a aprender.
-¿Qué?- replicó ella.- No. Para una enfermedad infecciosa falta el síntoma principal: la fiebre. La temperatura de las dos chicas es normal.
Escribí "infección" y lo taché. Da un gusto increíble tachar cosas.
-Alors?
Vaya, no recordaba que supiera francés.
-Creo que podría reafirmarme en la posición del cáncer.- dijo Foreman entonces.
Me senté. La pierna empezaba a doler más de la cuenta. Me tragué un par de pastillas y esperé a que hicieran efecto.
-Dispara.- le animé.
-Antenas de telefonía móvil.- dijo con una sonrisa de autosuficiencia.- Las dos chicas van al mismo instituto y es posible que haya una fuente de radiación cerca.
Por una vez tendría que darle la razón. Asentí con la cabeza.
-Mmm, esto me suena a demanda.- dije.- Me parece que más de una compañía de teléfonos se va a ir al pozo del que nunca debió salir.
Volví a ponerme de pie con cierto esfuerzo.
-Hacedle un escáner a la que todavía conserva los riñones y después pasádsela a Wilson, yo tengo cosas que hacer.- la reposición de The OC empezaba en cinco minutos, y yo me había perdido el capítulo anterior... no sé por qué.- Vamos, el cáncer no espera.
-¿Qué pasa entonces con la piel descamada?- preguntó Chase, mientras todos se levantaban y se disponían a acabar el trabajito.
-Démosle una oportunidad a Foreman. Ya sabes, discriminación positiva.- le dije.
Estuve a punto de preguntarle qué le pasaba, por qué demonios tenía esa cara, pero no lo hice. Allá él. Pero como no estuviera lúcido para la siguiente pregunta, ya me encargaría yo de quitarle las ojeras a bastonazos.
Toc, toc.
No me molesté en responder. Estaba en el minuto final de The OC y seguro que quien estuviera fuera podía esperar un minuto. Ahora que creía que estaba tranquilo, en mi despacho, en mi sillón, con la tele...
-House...
Wilson. Abrió la puerta y se coló a mi lado.
-¿No molesto, verdad?- dijo.
-No, ya he escondido a la chica bajo mi escritorio.- repliqué sin apartar la mirada del televisor.- No mires, es muy tímida.
-Tengo que hablar de...- comenzó.
-¡Calla! Ryan y Marissa van a besarse.
Hubo un segundo de agradable silencio, pero solamente uno.
-¿Ryan y Mar...?- murmuró Wilson, y acto seguido me puso los resultados de la resonancia frente a los ojos. Los aparté pero ya era demasiado tarde, lo siguiente que vi fueron los créditos del final de la serie.
-¿Qué demonios te crees que estabas haciendo?- le dije. Le arranqué las placas de las manos.
Él me miró un poco avergonzado. Acababa de reconocer su pecado.
-Los resultados de Diane Bell y Shelley Addison.- dijo de mala gana.- Están limpias. No hay cáncer y menos en el cerebro.
Afección desconocida, 1; Foreman, 0. Escruté las placas en busca de alguna anomalía, pero estaban perfectas. Esas malditas chicas diez de instituto me lo querían poner difícil. Ya no importaba si había antenas telefónicas, si no era cáncer.
-Tendremos que empezar de nuevo.- dije, con un suspiro.
Me estiré y me levanté del sillón. Eso dolía. Maldito cuadriceps inexistente.
-¿Te duele?- me preguntó Wilson.
-Noo.- repliqué, sarcástico.
-Puedo ponerte una inyección de salino si eso te ayuda.- propuso él.
Cogí mi bastón y fui a apagar el televisor. Después dejé las dos placas sobre la mesa y me volví hacia él.
-Dos observaciones, Wilson. Una, la esencia de los placebos es que pienses que es un medicamento real, así que nunca lo propongas de esa manera. Yo habría dicho "¿quieres morfina?" y después habría inyectado lo que me hubiera dado la gana, sólo que conmigo ya no habría funcionado porque ya lo iba esperando.-saqué el dedo índice y después saqué otro.- Dos, no intentes ser gracioso si no lo eres. Deja los comentarios ingeniosos para quien sabe hacerlos.
No me hizo caso. Estaba en plan sé-lo-que-es-lo-mejor-para-ti-y-voy-a-pasar-de-ti-aunque-te-quejes. Cuando se pone en plan paternal es insoportable. Me extrañó que todavía no me hubiera preguntado por la cita con la psicóloga.
-Un momento.- dijo.- ¿tú no tendrías que estar con el doctor Shore?
Debo tener poderes mentales o algo.
-Doctora.- le corregí.
-¿Qué¿Matt Shore es una mujer?
-Sí. Matilda Shore es una mujer. Y si soy un buen paciente quizá la convenza de que necesito atención psicológica las veinticuatro horas y me la lleve a cenar.
-¿Está buena?- preguntó.
-Desengáñate, Jimmy, no te la dejo. Te casarías con ella y después te divorciarías, y yo no quiero ser el segundo plato.
Lo dejé reflexionando durante un momento. Al parecer no era Chase el único que estaba espeso aquella mañana.
-¿Se llama Matilda?- preguntó.
-Ya ves. Es extraño que una mujer como ella tuviera unos padres tan lerdos que, para no cambiar la abreviatura de su nombre cuando nació y fue niña, le pusieron ese nombre tan ridículo.
-¿Soy yo o tus razonamientos hoy son incluso más retorcidos que de costumbre?
Me encogí de hombros.
-Supongo que estoy inspirado.
-Entonces estarás suficientemente inspirado como para sacar un diagnóstico de estas chicas.
Y en ese momento Cuddy apareció a la deus ex machina, abriendo la puerta con un portazo melodramático y entrando con unas maravillosas ínfulas de superioridad justa y al mismo tiempo furiosa.
-¿Has llamado yonqui a la señora Bell?- dijo.
-Eso fue hace un par de horas, y además, no sé de qué te extrañas a estas alturas.- contesté.
La miré. ¿Llevaba un escote como el de la doctora Shore? De hecho¿llevaba el mismo jersey?
-¿Tu amiguita y tú habéis intercambiado camisetas?- le pregunté.
Ella pareció avergonzarse y cruzó los brazos ocultando el desbordante espectáculo. Pensé que todavía le quedaba mejor que a Matt. No había ninguna duda de que estas sí eran auténticas. Me sorprendí a mitad de esa idea y me estremecí. Cuddy y pechos en un mismo pensamiento. Uh.
-¿Tienes frío?- me preguntó.
-Eh... yo... sí. Siempre me paso con el aire acondicionado.
-Ah¿sí? Pues enfila ahora mismo hacia la consulta de la doctora Shore, ya verás como te calientas por el camino.
¿O si no qué¿Me calentarás tú, preciosa?
Cuddy salió de mi despacho y tuve que salir detrás. Bueno, a pasar otro rato con la comecocos rubia. Caminamos un rato en silencio, juntos, en la misma dirección, hasta que ella dijo:
-¿Te has fijado en mi ropa?- preguntó tímidamente.
Exactamente no en tu ropa, sino en tu escote, pero en fin...
-Me sonaba demasiado familiar.- dije por toda respuesta.
-Matt y yo nos los compramos juntas...- explicó.- Es casualidad que nos lo hayamos puesto el mismo día.
Estaba cortadísima. ¿Adónde se había ido la suficiencia de un minuto antes?
-Eh... tengo que irme.- se disculpó de repente.- Te quedan cuarenta minutos de sesión. Y como no los completes, haré pedacitos tu contrato.
