Capítulo 4: He perdido medio año de mi vida, pero…

Medio año en una vida parece poco, pero son 6 meses perdidos en coma. Puede que me haya librado de las clases, de los deberes, de los trabajos, de las humillaciones de quidditch, de un San Valentín con Lockhart, del temor constante a acabar como he acabado, de la desesperación de alumnos y profesores, del injusto encarcelamiento de Hagrid y del despido provisional de Dumbledore. Sin embargo, también me he perdido meses de quién sabe cuántas emociones y aventuras con mis compañeros Hufflepuff.

Mmm… Vale, quizá eso no.

Pero sí me he perdido meses de convivencia con mis amigos, de compartir risas y angustias, aunque sean sólo sus angustias y mis risas, aunque sólo sea ver a Cedric abordado y desbordado por sus cargas (humanas); aunque sólo sea escuchar a Ernie monologar con sus aires de sabiondo pedante; aunque sólo sea tener a Hannah tirándose y tirándome del pelo por su estrés y ataques de ansiedad frecuentes; aunque sólo sea estar con todos los Hufflepuff, pequeños y mayores, mis compañeros.

No me entero hasta volver a casa de que Dumbledore consiguió que los padres de los petrificados nos visitaran en Navidades y en Pascuas. Mi madre no hace más que contarme entusiasmada ambas visitas una y otra vez durante el tiempo que paso en casa en verano, recordando detalles, impresiones y experiencias, todas nuevas para una muggle como ella.

Lo que más menciona no es sólo su feliz encuentro con Lockhart (quien le había prometido solucionar sin falta todo el embrollo y atrapar al culpable, con el argumento de que ya andaba sobre la pista), sino "ese chico tan educado y taaan apuesto que no hacía más que pedirnos perdón por haber fallado en el cumplimiento de sus obligaciones y haber permitido que algo así te ocurriera. Se le veía tan consternado que me entraron ganas de consolarle yo a él".

Pobre Cedric. Por lo visto no se perdonaba el haberme dejado a cargo de Nick-casi-decapitado. De acuerdo con la versión de Hannah:

"Venía constantemente a verte. Casi siempre que veníamos Ernie y yo estaba él aquí, ¿verdad, Ernie? Incluso se quedó alguna noche sentado en una silla junto a tu cama. Ha pasado todo este curso muy angustiado y lleno de remordimientos. Cuando se produjeron los siguientes ataques, ya no perdía ojo a nadie de la casa. Algunos de sus compañeros han estado echándole una mano con los de primero y los nuestros, pero nunca le parecía suficiente. Ha estado más pendiente que los propios prefectos."

Recuerdo perfectamente el día en que desperté y los pocos que siguieron hasta fin de curso...


Me despierto de golpe pero tardo en comprender qué, cómo, cuándo y por qué, puesto que el dónde está bien claro.

La enfermería está llena de gente para lo que es habitual: Madam Pomfrey, Sprout, McGonagall, Dumbledore, Snape y, por otro lado, Creevey, Granger y una chica de Ravenclaw con el pelo oscuro y rizado. Creo que es la prefecta de Ravenclaw, una tal Penélope Clearwater.

Al principio me siento como M.A. Barracus después de haber sido anestesiado a traición para viajar en el avión pilotado por Murdock; como si acabara de aterrizar desorientado y con un jet lag brutal. Pero una vez recuerdo lo sucedido me siento aliviado al ver que tan pocos hijos de muggles han sido atacados después de mí. Colin está frustrado: al haber sido el primero en caer y el último en despertar, no ha podido sacar fotos a nadie petrificado; no obstante, parece consolarse con la idea de haber estado todo el tiempo en la camilla contigua a la mía. Qué chaval.

Dumbledore nos dedica unas palabras reveladoras sobre el tiempo que llevábamos dormidos (del que ninguno éramos conscientes, así que resulta un shock enterarnos de que el fin de curso está a la vuelta de la esquina). Snape frunce el ceño y sólo comenta que se alegra de que la poción de mandrágora haya funcionado antes de acompañar al director fuera. Cuando abren la puerta para salir, veo dos figuras familiares al otro lado. Madam Pomfrey parece acordarse entonces de ellas:

"Ah, señor Weasley, señor Diggory, ya pueden pasar. Los bellos durmientes han despertado sin su ayuda, como les aseguré. La paciencia es la madre de la ciencia, mis muchachos."

Por el tono irritado de Pomfrey deduzco que ambos han luchado con insistencia para que los dejen pasar.

A todo esto, ¿¡qué demonios hacen aquí esos dos!?

Mi pregunta se responde sola cuando Percy Weasley, el prefecto de Gryffindor, se acerca a la otra prefecta de Ravenclaw y la abraza con ganas. Por su parte, Cedric se acerca a mi cama y vacila un momento, tartamudea un "Justin, yo…", antes de poner los ojos en blanco con un "¡Qué demonios!", y abrazarme también.

"¡Lo siento, lo siento muchísimo! ¡En qué hora-!"

"Shhh. No es culpa tuya, tonto," sonrío contra su hombro. "Además, si te digo la verdad, no me he enterado de nada. Para mí, anoche caí redondo, he dormido como un bendito y esta mañana me siento con fuerzas como para levantar a Ernie a hombros."

Cedric ríe, me revuelve los cabellos, me abraza otra vez, y se sienta en la silla que hay junto a mi cama. Tiene los ojos húmedos, y casi puedo palpar su inmenso alivio. Durante unos instantes nos quedamos mirando. Entonces Creevey, emocionado, hace que le miremos para sacar una foto "a mis dos Hufflepuff favoritos juntos", pero en cuanto aprieta el disparador la cámara se desmonta soltando una breve humareda. Cedric y yo nos echamos a reír, ignorando sus desesperadas maldiciones.

Después, Cedric me resume brevemente los acontecimientos esenciales (mínimos para los Hufflepuffs), que se han producido durante mi ausencia, y juntos nos resignamos a ser los últimos en la competición por la Copa de la casa, como es habitual.

Me muero por saber quién ha sido el culpable de los ataques, quién es el heredero de Slytherin y si existe de verdad la Cámara de los secretos. Para mi frustración, Cedric no sabe mucho, sólo rumores acera de Vóldemort, Ginny Weasley y Harry Potter, quien había sido de nuevo el héroe de la ocasión. Es Granger quien exclama emocionada en mitad de su charla con McGonagall:

"¡Entonces era un basilisco! ¡Estaba yo en lo cierto!"

Y comienza a bombardear a la profe con preguntas a cada cual más estrambótica sobre arañas, lavabos, fantasmas, espejos, charcos y el objetivo de una cámara. Poco a poco empiezo a completar yo solo el puzzle del asunto, y menos mal, porque la jefa de Gryffindor se limita a repeler el aluvión inquisitivo con su habitual elegancia tajante:

"Señorita Granger, estoy segura de que el señor Potter y el señor Weasley estarán deseando narrarle personalmente todo lo acontecido. Ahora, agradecería que me acompañasen al comedor, donde les esperan ansiosos para festejar el fin de esta pesadilla."

"¿A estas horas de la noche?" pregunta Percy Weasley.

"Y durante las que haga falta," sonríe la jefa de su casa. "Creo que todos nos lo merecemos."


Como no podía ser menos, lo primero que hago al llegar al comedor tras saludar a todos mis compañeros, achuchar a Hannah, abrazar a Susan y estrechar masculinamente la mano a Ernie (quien casi me la aplasta, antes de ceder a sus impulsos y darme un abrazo de oso que casi es), es ir a estrechar la mano a Harry Potter (creo que lo hice unas diez veces, no estoy seguro) con tanta efusividad que casi le arranco el brazo, y a pedirle perdón mil veces por haber dudado de él.

Potter parece muy feliz de verme, y yo me sorprendo al no sentir las mariposas en el estómago que antes aparecían inequívocamente al estar a menos de un metro de él. Tampoco se me suben las tripas al pecho cuando me mira y me sonríe, y de verdad que no entiendo a qué se debe este cambio, pero me parece muy saludable.

Weasley y su hermana pequeña (la ex-poseída) me han mirado mal, no obstante. ¿Cómo explicarles que lo único que siento ya por su héroe es admiración y gratitud? No merece la pena. Es más divertido así.

Antes de regresar a mi mesa saludo a Nick-casi-decapitado y le doy las gracias por haberme servido de escudo y salvado la vida. Con una reverencia, Nick responde:

"A su servicio, señor Finch-Fletchley. Espero que esto me sirva como mérito para entrar en la caza decapitada. Qué inconveniencia que el basilisco petrifique con la mirada y no arranque cabezas de un mordisco, ¿no le parece?", antes de flotar hacia otro lado para seguir dialogando con Percy Weasley.

No me pilla de sorpresa la noticia de que Lockhart se ha desmemorizado a sí mismo y ha tenido que ser internado en San Mungo. Ni tampoco el rumor de que era el fraude humano más grande desde Mili Vanilli. ¡Menudo chasco se va a llevar mi madre cuando se lo cuente! Voto por quema de libros en hoguera. Invitaré a más compañeros a la barbacoa.

Cuando Dumbledore ha anunciado que se suspendían los exámenes como compensación al año de pesadilla que habíamos tenido, lo primero que pienso, como casi todos, es: "¡GENIAL!", pero luego caigo en la cuenta de que los de quinto y séptimo curso ponen cara de circunstancias: ¿Qué va a pasar con los exámenes de aquellos cuyo futuro inmediato depende de sus calificaciones? ¿Permitirá el Ministerio algo semejante? ¿Hará Dumbledore una excepción con los exámenes oficiales? La prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater, tiene cara de querer tirarle a Dumbledore la bandeja del pudding a la cabeza (y eso que a ella aún le queda un año); por su parte a Granger, en la mesa de Gryffindor, parece que se le ha caído el mundo encima; y, sin ir más lejos, a mi vera, Ernie frunce el ceño y maldice por lo bajo, al tiempo que Hannah se agita como un fraggle entusiasmado a mi otro lado.

Colin no pierde la ocasión de acercarse a nuestra mesa con su flamante cámara recién reparada. Cedric y yo accedemos a hacernos una foto juntos (exigiéndole a cambio copias de todas las que nos haga), y luego Ernie se pone a mi otro lado; después se une Hannah apoyada sobre mi cabeza; luego acude el equipo de quidditch; seguidamente el resto de mi curso, luego las chicas solas, luego los chicos, luego el fraile y Nick, luego los dos fantasmas conmigo en medio escenificando el momento de mi petrificación, con el fraile haciendo de basilisco; y así hasta que Colin (y yo cuando me dé las copias) se hace con el mejor álbum de Hufflepuff que se haya hecho en la historia, estoy seguro de ello.

Bueno, no creo que a nadie más que los de nuestra casa le interese...

Miento, dos Ravenclaw ya le han pedido todas en las que salga Cedric, sickles en mano. ¿Millicent Bullstrode también? Ojojó, menuda sorpresa. Colin está exultante. Piérdete Malfoy, no permitiré que Creevey te venda mi petrificación fingida para que la uses... comoquiera que las uses. Y no, esta vez no quiero pensar que se la quiera llevar al baño. Creo que todo mal gusto tiene un límite, incluso en el caso de un Malfoy. ¿O quizá no? Colin me cuenta que le ha pedido también esa en la que salen Cedric y Ernie conmigo, ¡será envidioso!


Las celebraciones continúan la tarde siguiente en la sala común de Hufflepuff, donde vuelvo a ser achuchado, agasajado, estrujado, hinchado a preguntas y luego exigido ferozmente a componer una oda a mi odisea para la bandurria.

Tras arrojarles efectos especiales desafinados a los inoportunos fans musicales, me dedico a charlar con todo el que se me acerca, siempre flanqueado por una Hannah emocionada hasta la náusea y un más que pegajoso Ernie, y bajo la silenciosa, reconfortada y reconfortante mirada de Cedric.

Qué extraño resulta que te hayan echado tanto de menos cuando para ti sólo ha pasado una nanosiesta.


Al menos el resto del curso pasa también en un suspiro, libre de miedos, preocupaciones, ¡y exámenes!

Como hace ya buen tiempo, pasamos muchos ratos fuera vagueando sobre la hierba y hablando de cualquier cosa (pocas veces trascendental). Sin embargo, los petrificados (menos Granger, que es autodidacta) nos vemos obligados a recibir unas cuantas clases extra por las tardes, con instrucciones para repasar en verano por nuestra cuenta todo lo que nos hemos perdido. Los más desafortunados somos Creevey y yo, a los que, por haber sido petrificados antes de Navidad, tenemos prácticamente un curso entero de retraso.

Por eso, Ernie se ha ofrecido a echarme una mano este verano. La verdad es que no me vendría nada mal. Me ha invitado a pasar agosto en su casa, tanto la de sus padres como la de la playa, y me siento entusiasmado con la idea. Creo que este verano sí que voy a echar mucho de menos el mundo mágico y a mis amigos, especialmente si se tiene en cuenta que para mí apenas han pasado 3 meses desde las últimas vacaciones.

Sobre todo me apetece la idea de pasar más tiempo con Ernie.

Últimamente a Hannah le encanta cotillear conmigo cuando Ernie está en la biblioteca, haciendo horas extras. Tanto hablar de la faceta asocial empollona de Cedric, y él no es mucho mejor. A veces me da la impresión de que, por mucho que Ernie admire y aprecie a Cedric, lo ve como un modelo a superar, más que a imitar. No entiendo por qué. Con su estructura corporal nunca tendrá a las chicas locas por él, ni mucho menos a los chicos. Cuando un vez le comento esto en broma, me responde:

"Cada uno destaca en lo que puede, Finch-Fletchley. Al menos yo no soy popular por sestear peligrosamente." Y al ver mi expresión contrariada, añade con una sonrisa: "Me gustaría trabajar para evitar que algo así vuelva a suceder."

Sobra decir que Hannah me ha contado lo que Ernie ha hecho en mi ausencia: Cómo se encaró con Potter cuando éste fue a buscarme a la biblioteca para explicarme que quería defenderme, no atacarme con la serpiente; cómo le desafió delante de todos cuando le pillaron in fraganti junto a mi cuerpo petrificado (al parecer Potter tropezó conmigo y se me cayó encima, ¡sin que yo pudiera disfrutarlo!), y por lo visto se puso tan fuera de sí que MacGonagall le mandó hacerse cargo de Nick para que se tranquilizara y no armara más follón; y cómo le retiró la palabra hasta que petrificaron también a Granger, y entonces Ernie le pidió perdón. Oh, Ernie...

Hannah tiene mucho apego a Ernie. Supongo que mi ausencia también ha ayudado a que ambos se acerquen aún más. Susan es muy simpática y tiene muchas anécdotas que contar, pero según Hannah acaba resultando aburrida, como las demás chicas de su curso. Se llevan muy bien todas, al igual que los chicos entre nosotros, pero no la comprenden como Ernie. Cuando no la devora la ansiedad, Hannah es una persona que sabe escuchar, y creo que es también la única persona que de verdad comprende a Ernie.

Ernie puede ser difícil, si no se le conoce. Difícil de soportar durante mucho tiempo, quiero decir. En su gran cuerpo abarca lo mejor y lo peor de un Hufflepuff. Me pregunto si se suavizará con el paso del tiempo o evolucionará drásticamente hasta convertirse en el próximo Percy Weasley, cuyo esnobismo es la comidilla de todo Hogwarts.

Tanto tiempo que pasamos juntos, y me doy cuenta de que, más allá de aquel desahogo-monólogo que tuvo conmigo en primer curso la noche que me pilló llorando, nunca nos hemos sincerado, como hacen los buenos amigos.

Definitivamente, este verano puede ser la ocasión perfecta.


Una de las mejores cosas de todo este embrollo de la Cámara de los Secretos y de sus consecuencias es que el padre de Draco ha sido despedido de la junta de la escuela, de modo que Draco ahora no se pavonea tanto como antes, y ha reducido sus pullas a los Hufflepuffs a mínimos históricos. Eso no quita que una vez que nos cruzamos por los pasillos (dato a anotar: yo iba sólo, él con gorilas y sin niebla) me soltase:

"Eres carne de ultratumba, Finch-Fletchley. La próxima vez ni ésta podrá ayudarte."

Sus gorilas se agitaron con risa simiesca, pero yo le ignoré, que es lo que sé que le hace más daño.

Cada vez que veo a Ginny Weasley y me acuerdo de los rumores que corren, me entran ganas de pedirle prestado a alguno de mi casa las ristras de ajos (ya algo podridas) que aún guardan en sus dormitorios. La verdad es que esa chica, aunque dulce, tiene cara de psicópata. ¿De verdad partía el cuello a los pollos con sus propias manos? Mejor no pensarlo.


El último día de clase por la tarde Madame Sprout me hace ir a su despacho en los invernaderos para repartirme el último bloque de tareas que, como jefa de la casa Hufflepuff, los demás profesores le han entregado para que yo estudie en verano. Está terminando de explicarme lo que tengo que hacer por su parte, cuando alguien llama a la puerta.

Es Cedric.

Sprout sonríe y le hace pasar.

"Enseguida estoy contigo, Cedric. Dame un minuto," le dice y se vuelve de nuevo hacia mí. "Bueno, ¿todo claro, Justin? Deberás administrarte bien las vacaciones para poder estar al día cuando empieces tercero. Todo esto ha sido un suceso lamentable, pero no hay vuelta atrás en el tiempo, ¿verdad?". Asiento, y ella continúa: "Porque nadie más que... las circunstancias tienen la culpa," al decir esto lanza una mirada significativa a Cedric, quien baja la cabeza rápidamente.

Empiezo a recoger mis cosas, y mientras Sprout se aleja un instante a reorganizar sus papeles, Cedric me susurra un rápido "Espérame fuera. No tardaré", que me deja muy intrigado.

Efectivamente, al poco rato sale del invernadero con una sonrisa de oreja a oreja y me pide que le acompañe a dar un paseo. Me lleva a un rincón apartado del lago y allí nos sentamos bajo un cielo completamente despejado.

Ante mi mirada expectante, me empieza a contar:

"No sé si recuerdas que nuestro buscador y capitán de quidditch termina este año."

"¡Es verdad!" Qué pena me da. Solo que no.

"Estas últimas semanas el equipo ha estado cavilando sobre cómo sustituirle, e incluso adelantaron las pruebas para buscar a un candidato entre todos los Hufflepuffs, alguien que idealmente pudiera ocupar a la vez ambos puestos. Pero pocos tenían aptitudes para jugar, la mayoría tenía pánico escénico, y ninguno se sentía preparado para ser capitán. Ya sabes como son en nuestra casa."

Ya te digo: Los Hufflepuffs seremos leales y trabajadores, pero huimos de los puestos de autoridad como de la peste. No nos gusta estar al mando. Preferimos que otros se hagan cargo.

"Nadie en el equipo quería hacerse cargo de la capitanía. Un par de jugadores de mi curso, Herbert Fleet y Anthony Rickett, y otro de quinto, Malcolm Preece, se lo llegaron a plantear a la desesperada, pero eso de tener responsabilidades extra no les convencía. Ese chico nuevo de primero, Zacharías Smith, dijo que no le importaba tomar el cargo, siempre que pudiera jugar de cazador principal, y cazadores tenemos de sobra. Además, tampoco le ha caído muy bien al equipo. Sacarle defectos a la cara a todos tus futuros compañeros no es la mejor carta de presentación."

Zacharías Smith es un rubiajo resabido que sólo sabe hablar en quejas, un dialecto muy curioso y muy cargante. La única razón por la que le van a dejar entrar en el equipo el curso que viene es porque tiene mucho talento como cazador. De momento será suplente, pero ya se comporta como si fuera el jugador más valioso.

"Cedric, dispara, que te veo venir," sonrío.

"Yo nunca pensé en jugar al quidditch en Hogwarts. Y menos incorporarme justo en quinto, el año de los TIMOS, y de mi estreno oficial como prefecto," sonríe apurado.

Toda la casa está de acuerdo en que no hay otro como Cedric para guiarnos. Ha sido el caballero andante (¡de arriba para abajo, de abajo para arriba todo el día!), el paladín de los desamparados alumnos por los pasillos.

"Sin embargo," prosigue "ante esta situación desesperada, Sprout vino a hablar conmigo y me dijo que con ese cuerpo -palabras suyas- que la naturaleza me ha dado seguro que se me dan bien los deportes. Así que me hizo presentarme a las pruebas para el equipo y, no te voy a mentir, se me da bien lo de ser buscador. Hace tiempo jugaba con otros chicos del área donde vivo y, como era el más pequeño, siempre me dejaban de buscador. Siendo prefecto, con dotes de mando, y según Sprout, con el beneplácito absoluto de todos mis compañeros, era el candidato idóneo para ocupar el puesto de capitán, así que..."

"Entonces…"

"Justin, el año que viene yo seré el capitán y buscador de Hufflepuff."

Cedric me mira con un rubor que delata conflictos internos entre su orgullo y su modestia natural, y yo no sé qué decir. Estoy tan contento que me levanto para darle una palmada en el hombro y protestar en broma:

"¡No es justo! ¡No he tenido ninguna posibilidad! ¡Han aprovechado que he estado en coma y he perdido la forma para dejarme fuera!"

"¿Lo dices en serio?" se ríe con dudas. Sabe que yo no juego.

"Nah, prefiero quedarme en las gradas y chillar como una animadora: '¡Cedric! ¡Cedric! ¡Eres el mejor! ¡Queremos un hijo tuyo! ¡Aplasta a Gryffindor!'"

Y le hago tal demostración de chillidos exaltados y amariconados, que termina rodando por la hierba de la risa. Al final ruedo yo también en una maniobra de agitación espasmódica final, y por poco no nos caemos en el lago los dos. Vemos asomar un tentáculo, luego otro, y finalmente ambos desaparecen entre burbujas.

Tumbados recuperando el aliento, Cedric me mira más serio.

"Esto tiene que quedar entre los Hufflepuffs, ¿eh?"

"Cierto, no podemos revelar nuestra arma secreta al enemigo antes de tiempo."

"Sobre todo a Wood. A ése no se le escapa una. Te apuesto lo que quieras a que a principios del curso que viene empezará a renovar sus fichas como loco y a investigar nuestros entrenamientos. No sé de dónde voy a sacar tiempo para todo, pero se intentará," suspira, más ilusionado que agobiado.

"Ojalá pudiéramos ganar algún partido importante el año que viene," suspiro yo, y luego me estremezco al recordar mi absurda promesa conmigo mismo. Al menos Cedric no se da cuenta de que me he puesto como un tomate, porque está mirando el cielo, pensativo.

"Ojalá pudiéramos ganar a Gryffindor," dice. "Lo que daría por demostrarle a Oliver Wood de lo que soy capaz."

"Y a Potter. Será con Potter con quien tengas que enfrentarte."

"Ya, pero, ¿sabes? A mí también me hubiera gustado ser cazador. Tampoco se me da tan mal, y me parece más divertido que pasar el tiempo oteando el horizonte para unos pocos segundos de acción frenética; pero era un buscador lo que necesitaban. Y sí, Potter será un hueso duro. Como no tenga los cielos a mi favor, dudo mucho que exista alguna oportunidad."

"No digas tonterías, Cedric. Todo Hufflepuff confía en ti. No hay presión."

"Y que lo digas," sonríe forzadamente. "¿Sabes que los dos prefectos de sexto han devuelto su insignia a Sprout?"

"¿¡Han cumplido su amenaza!? ¡Serán vagos!"

"Dicen que conmigo es suficiente para una casa como Hufflepuff, total la gente termina siguiéndome a mí..."

"Eso es cierto..." comento, recordando los momentos de tensión previos a mi petrificación. Cedric es como un flautista de Hamelín que ni siquiera necesita la flauta mágica: los mira, y se los lleva adonde quiera.

Me atrevería a decir que con Cedric bastaría para nuestra casa entera y para las chicas de las otras tres. Sobre todo ahora que Terence Higgs está a punto de graduarse. El nuevo buscador estrella de Hogwarts será probablemente Cedric.

"De modo que ellos prefieren dedicarse a sus estudios. Y a Sprout le parece bien que funcionemos con los dos prefectos de mi curso por ahora. Y que yo sea además el capitán del equipo.

"Lo dicho, Cedric: ¡No hay presión!"

Cedric ríe, y luego su expresión se vuelve seria y determinada.

"Pienso entrenar muy duro todo el verano hasta ponerme a tono."

"¡Claro que sí! ¡Ahí está nuestro Cedric! En serio, capitán, enhorabuena. Y también quiero pedirte perdón por no haber podido ayudarte con Estudios muggles."

"¿Qué no me has ayudado? Habría sacado sobresaliente en el tema de Los efectos de las artes oscuras sobre los hijos de muggles. No te haces una idea de todo lo que he estado investigando al respecto. Ni Granger podría haberme superado. Al menos en esfuerzo, que no en resultados. Quiero decir, si no hubiera estado petrificada. Como tú."

Hace un amago de compungimiento, pero se recompone en seguida al verme de brazos cruzados meneando la cabeza, y vacila un poco antes de añadir:

"¿Sabes? Durante todo el tiempo que pasaste petrificado, me descubrí a mí mismo yendo a la enfermería a verte prácticamente todos los días. Imagino que te lo habrán comentado, claro, sin duda," toma aire, algo nervioso. "Solía quedarme allí un buen rato, susurrándote mis preocupaciones, contándote mis penas, descargando sobre tus orejas todo lo que me reconcomía por dentro. Creo que ya te has dado cuenta de que me cuesta un poco abrirme a los demás. Todos dan por sentado que yo... bueno, que yo lo tengo todo para triunfar. Que nunca me siento inseguro por nada. Nada más lejos de la realidad. No sé..." se ruboriza visiblemente. "...No sé si recuerdas algo de lo que te estuve contando todos estos meses. Se dice que la gente en coma mágica puede escuchar, por eso la gente les habla." Vuelvo a menear la cabeza, mirándole fijamente con incredulidad, y él parece aliviado. "En cualquier caso, poder hablar contigo fue un alivio para mí, y quería que lo supieras."

"Hombre, yo preferiría que hablaras conmigo cuando esté despierto, como ahora, que parece que has merendado lengua."

Cedric ríe nervioso y me revuelve los cabellos con mano temblorosa, dejándola sobre mi cabeza esos segundos de más que hacen que el corazón me lata un poco más rápido.

"Claro que sí, pero tiene que ser mutuo, ¿entendido?" me dice con fingida autoridad, antes de recuperar su tono más humilde. "Entonces, ¿puedo contar contigo para los TIMOS el año que viene?"

"¿Acaso lo dudas? Aunque tenga que ir en una escoba a tu lado en los entrenamientos recitándote la lección mientras intentas atrapar la snitch."


Cedric y yo tenemos pocas ocasiones más para charlar antes de fin de curso. Eso no impide que me sonría cada vez que nos cruzamos, esto es, unas doscientas veces de media. Da igual. Con esa sonrisa, son doscientas alegrías que me regala al día. Y eso contribuye a que no quiera volver a casa.

Aún así, con mucho cuidado, despego los pósters y pegatinas de Hannibal y compañía que tengo en la cabecera de la cama y los guardo en la maleta mientras silbo algunas de las canciones que me pondré en cuanto llegue al mundo muggle. Son esas pequeñas alegrías que compensan.

El año que viene, muchas cosas van a cambiar. Puede que haya perdido medio año de mi vida, sí, pero me he dado cuenta de que mis compañeros se preocupan por mí, ¡Harry Potter! se ha preocupado por mí y, lo que es mejor, Cedric Diggory confía en mí. Desde luego, me siento más importante que siendo un cerebrito de medio pelo en Eton. Y me espera un verano mágico con Ernie Macmillan.

Mi primer verano mágico.