Capítulo 7: Un jarro de agua fría y una ducha caliente

Potter no vuelve con resto de los mortales de Hogwarts hasta el lunes por la mañana. El recibimiento no ha podido ser peor: Malfoy y sus acólitos se han pasado medio desayuno imitando su caída triunfal entre muecas y aspavientos. Todos en Hufflepufff hemos deseado que se le quedase la cara torcida para siempre, a él y a sus gorilas mongoloides. Harry ya tiene bastante con haber perdido el partido y su Nimbus2000, que ha quedado hecha trizas tras estrellarse contra el sauce boxeador.

Por su parte, Wood parece un muerto en vida caminando por los pasillos de la escuela. Al verle se me encoge el corazón, pero es que ¡no sólo de quidditch vive un mago, hombre! Como no lo aprenda ahora, no sé qué será de su futuro. Y espero que no le guarde rencor a Cedric eternamente. Nuestro prefecto y capitán hace como que no se entera de las miradas asesinocompungidas que le lanza Wood cuando se lo cruza, pero yo sé que las sufre.

"Cedric, ¡olvídate de ese cabezaquaffle! Tú vales más que todas las snitchs del mundo juntas," le digo cuando se me decae en una de nuestras sesiones de estudio.

"Tiempo al tiempo, Justin. Y no creas, que ya me estaba haciendo a la idea desde antes del partido."

Otro que regresa esa semana es el profesor Lupin, quien aparece en clase con más aspecto de enfermo que antes, si cabe, y cancela los deberes sobre hombres-lobo que nos había puesto Snape. Hannah y Ernie ponen tal cara de licántropos a medio transformar que hasta Lupin se sobresalta.

"Dejadme adivinar: ya lo habíais hecho," sonríe con un suspiro. "No sois los únicos. Podéis entregármelo, si queréis. A cambio os dejaré exentos de la próxima tarea."

Eso parece satisfacerles. Por lo menos a Hannah, quien sonríe de oreja a oreja y se retuerce las trenzas con nerviosismo. En cambio Ernie mira al profesor Lupin con suspicacia antes de seguir las instrucciones que ya nos está dando para la siguiente criatura de hoy, otra más de nuestro repertorio del verano.

"¡Genial! Nada nuevo, ¿verdad, Ernie? Uh, ¿qué te pasa, Ernie?"

"Que aquí hay lobo encerrado, Justin."

Y no me quiere dar más explicaciones. Finge prestar atención al libro, pero no quita los ojos de encima a Lupin en toda la hora, asintiendo para sí y murmurando por lo bajo. Mmm... Me preocupa.


Noviembre pasa en un suspiro entre estudios, entrenamientos y días de lluvia.

Las dos últimas semanas antes del partido contra Ravenclaw, Cedric entrena al equipo a fondo y apenas nos podemos ver. A menudo voy a verle desde las gradas con un par de libros por si me aburro (y da la casualidad de que ese día no llueve), aunque casi siempre termino más pendiente de los movimientos de los jugadores.

Me parece increíble cómo Zacharías obedece apenas sin rechistar todas las instrucciones de su capitán (por la cuenta que le trae, si quiere hacerse un hueco como titular).

Es un buen equipo, Hufflepuff. Pero Ravenclaw va a ser otro hueso duro de roer, por lo que tengo entendido. Esa nueva buscadora, Cho Chang, puede darnos guerra. Me da muy, muy, muy mala espina.


A final de mes, Ravenclaw aplasta literalmente a nuestro equipo.

No jugamos un mal partido, pero las águilas van dos ritmos por delante de los tejones durante todo el encuentro, desplegando hábilmente su fastidioso juego defensivo, y cuando Chang atrapa la snitch, es más un acto compasivo que rubricativo. Nos duele admitirlo, pero es posible que nos haya librado de una vergüenza mayor. Los muchachos no estaban concentrados, ¿por qué? ¿Tanto se les ha subido a la cabeza la victoria contra Gryffindor?

En la sala común se arma una buena trifulca protagonizada, cómo no, por Smith, empeñado en recordar a sus compañeros cada una de sus grandes meteduras de pata durante el encuentro, hasta acusar incluso al capitán de haberse dejado seducir por Cho Chang y sus artimañas femeninas. Ése es el preciso momento que elige Cedric para regresar después de un largo paseo de meditación. No dice nada. En medio de un silencio sepulcral, se marcha a su dormitorio, no sin antes ordenar muy serio:

"En quince minutos quiero a todo el mundo durmiendo. Terminad de usar los baños y de hacer lo que estéis haciendo, y a la cama."

Quizá haya evitado una masacre, porque todos sus compañeros ya tenían los colmillos y las uñas sacadas en dirección a Zacharías.

¡Maldita sea! ¡Eso me recuerda que quería darme una ducha antes de acostarme y la trifulca me ha entretenido! Necesito quitarme la humedad fría del cuerpo. Bajo corriendo a mi dormitorio a por una muda y subo de nuevo a la zona de baños. Ernie y otros compañeros ya se están poniendo el pijama cuando yo llego. Nos sonreímos brevemente, nos damos las buenas noches y me meto bajo el grifo.

El agua está tan calentita y sienta taaan bien que pierdo la cuenta de los minutos que llevo debajo. De pronto oigo una voz familiar que apremia a los rezagados. Termino corriendo de enjabonarme la cabeza mientras grito un "¡Ya voy, ya voy, ya mismo voy!". No puedo ver nada porque tengo los ojos llenos de jabón, pero creo haber escuchado a Cedric decir algo antes de irse y cerrar la puerta. Quizá haya ganado un par de minutos más. Me encantan las duchas mágicas de Hogwarts: puedes elegir tú mismo la temperatura sólo con la voz. Bueno, ya es suficiente. Con dos palabras cierro el grifo. Apenas un instante después de cesar el chorro de agua, me veo de improviso empotrado contra la pared de la ducha, rodeado con firmeza por dos brazos y un cuerpo completamente vestidos. Al estupor por la tibieza de los azulejos contra mi piel, se añade la incredulidad por el brusco contacto físico. Y en mi oído, un susurro cosquilleante:

"Queda detenido, señor Finch-Fletchley, por exceder el tiempo permitido para tareas de higiene. Me pregunto si era sólo a dichas tareas en las ha estado ocupado tanto rato, ¿mmm?"

"Cedric," jadeo, tratando de recuperar la respiración y el ritmo cardíaco.

"Lo que queda de él tras la paliza de hoy," susurra. "Que no es mucho."

Intento reírme, pero no me sale. El sobresalto ha sido inmenso. Y el mamón no se separa.

No, no sólo no se separa, sino que deja caer su cabeza sobre mi hombro, apoyando la frente contra el azulejo, con la respiración aún más agitada que la mía. En esos segundos de incertidumbre en los que sus brazos, cruzados contra mi pecho, se aferran a mis costados como si en ello les fuera la vida, soy plenamente consciente de que él está vestido y yo completamente desnudo. Y no sólo desnudo, sino vulnerable. Resumiendo, más afectado de lo que me gustaría. No sé si estoy temblando o vibrando de placer.

"Vaya susto que te he pegado, ¿eh?" ríe al fin, retrocediendo unos pasos y liberándome de su agarre lentamente. "Pero tú te lo has buscado, por tardón."

"¿Sueles acosar así a todo el que se rezaga?" pregunto incrédulo, sin volverme.

"¿Por quién me tomas? ¿Por un kappa de baño? Anda, sal y vístete, que es tarde," me pasa la toalla que he dejado colgada al lado. Me seco donde estoy.

No quiero darme la vuelta. Necesito desesperadamente que se vaya. Pero no se va. No señor. Se vuelve a acercar. Se apoya contra la pared, mirándome de frente.

"¿Estás enfadado? Lo siento, no pensé-"

"¡Claro que no!" sonrío, tratando a duras penas de enrollar la toalla alrededor de la cintura, sin éxito.

Cedric me mira divertido.

"¿Necesitas ayuda?"

"¡Ya se que es tarde, Cedric! ¡No me metas más prisa!" estallo, y conmigo, mi toalla: como una hoja otoñal plomiza, la maldita se resbala todo lo larga que es al suelo, dejándome al descubierto, en evidencia y bien abochornado. Como no podía ser menos, los ojos de mi prefecto siguen la trayectoria natural en la línea de la gravedad y, por último, se abren como platos.

En este segundo momento "Tierra, ¡trágame!" en menos de un mes, y siempre con posterioridad inmediata a un partido de quidditch, mi salida a la desesperada vuelve a ser instintiva: de perdidos, al río. En un acto reflejo, y sin saber muy bien por qué me da el pronto, agarro la ofensiva parte de mi cuerpo como micrófono, y me lanzo a la palestra:

Here comes Johnny singing oldies, goldies
Be-Bop-A-Lua, Baby What I Say
Here comes Johnny singing I Gotta Woman
Down in the tunnels, trying to make it pay
He got the action, he got the motion
Oh, yeah, the boy can play
Dedication devotion

Turning all the night time into the day
He do the song about the sweet lovin' woman
He do the song about the knife
Then he do the walk,
Yeah, he do the walk of life

No dudo en saltar al frío suelo del amplio cuarto de baño, menear las caderas, agitar mi brazo libre y agacharme para hacer más creíble el efecto micrófono, y luego erguirme de nuevo, y sacar a Cedric de su estupefacción para hacerlo girar conmigo, a cierta distancia, muerto de la risa mientras intenta seguir mi ritmo. Y cuando por fin acabo la canción:

And after all the violence and double talk
There's just a song in all the trouble and the strife
You do the walk,
Yeah, you do the walk of life

...silbando y nananeando a falta de instrumentos, ambos caemos al suelo rendidos y presos de la risa histérica. El suelo no es nada cómodo y se me está quedando el trasero frío pero no me importa, lo estoy pasando demasiado bien. Nunca había probado a cantar con la acústica de los baños de Hogwarts. ¡Es maravillosa!

"¿Me prestas el micrófono un momento? Quiero saludar a mi madre," me pide Cedric, quien parece haberle cogido el gustillo a los nananás y uuuhuhús.

Me duele la tripa de la risa. No pensé que se acordaría del chiste radiofónico que le conté una vez cuando estudiábamos métodos muggles de comunicación a distancia.

"No, que este micrófono es ultrasensible."

"Prometo no romperlo."

"A tu madre no le gustaría, " me río, y se me saltan las lágrimas ya.

Sin embargo, mi comentario le corta la risa de raíz a Cedric.
Vaya forma de enfriarse el ambiente...

"Perdóname, Justin. Por lo de antes."

"¿Estás de broma? ¡Ha sido lo mejor! No me había reído tanto desde-"

"Es por los comentarios," se apresura en aclarar. "Me están poniendo enfermo. ¿No lo creerás tú también, verdad?"

De pronto me siento completamente perdido. Y noto que me estoy quedando helado. Extiendo la mano para coger la toalla, pero Cedric se me adelanta y me la echa por encima. Aprovecho para dejar un trozo por debajo de mis nalgas, pues ya no las siento. Al ver mi sincera perplejidad, Cedric añade:

"Ya sabes: dicen que he dejado a Cho Chang atrapar la snitch."

"¿Cómo? ¡Pero si la paliza no nos la quitaba nadie!"

"Que me ha engatusado para que haga uso de mi caballerosidad Hufflepuff."

"¡Vaya excusa de perdedores! ¡Esa no es la cuestión! ¡Íbamos perdiendo por-!"

"Que me tenía completamente en el bote."

"¿Quién anda diciendo esas tonterías?"

"No es sólo Zacharías, Justin, ni los Slytherin," sonríe con tristeza. "Se lo he oído a alumnos de otras casas, y sobre todo a alumnos de la nuestra: 'Hasta a Cedric Diggory se le cae la baba con Chang, por eso han perdido'. No te voy a negar que es muy guapa, pero te juro que en lo último en lo que he pensado ahí en el campo es en que mi rival era una chica. A mí sólo me importaba el partido. ¿Y de qué ha servido?"

No sé qué responder. Estoy completamente en blanco. Entonces me fijo en que la ropa y la cara de Cedric están mojadas. Cojo una esquina de mi gran toalla y me acerco a secarle la cara y la frente, a corta distancia.

"A quién se le ocurre... empapado como estaba yo..." le miro absorto.

"Ha sido... refrescante," me guiña un ojo, saliendo de su trance depresivo.

Y yo noto que se me pone sonrisa de idiota y que mi corazón ha empezado a bombear al doble de velocidad.

"Deja que los Ravenclaw lo celebren hoy. Y que Chang lo celebre con Davies. Su capitán sí que babea con la buscadora, tendrías que haber visto cómo ha buitreado hacia ella después del partido. Y a ver qué excusa se busca Zacharías para la próxima: Imagino que no tendrá intención de achacarte que Malfoy te ha seducido en caso de que perdamos también contra Slytherin, ¿no?"

"Es un mal perdedor, pero es uno de los que más ha puesto la carne en el asador hoy, Justin, así que comprendo su decepción."

"No hay nadie que esté dando más por el equipo que tú, así que no justifiques a los que no saben asumir un mal resultado. Sé que piensas que esta derrota ha sido justa."

"Y sé exactamente cómo enmendarla."

"¡Machaca a Slytherin, capitán!" le digo a mi aflojado micrófono.

"No te pases, Justin," se sonroja él.

Sólo más tarde, en la cama, seré vergonzosamente consciente de lo que he hecho.


Para levantar los ánimos de la casa, el domingo por la tarde me tienen más de dos horas tocándoles la bandurria mágica y haciendo duetos con otros músicos mágicos o enseñando primeros acordes a novatillos decididos a seguir el noble arte del bardo Hufflepuff.

Para colmo, cada vez más gente se apunta a las lecciones prácticas de mugglelismo, o lo que es lo mismo, charlas interactivas de Estudios Muggles protagonizadas por alumnos de esa asignatura, futuros alumnos e hijos de muggles que cada vez van saliendo del anonimato para compartir experiencias. Y es que ya no es ningún secreto lo de mis clases particulares a Cedric. Así que, para evitar acusaciones de favoritismo, me han pedido que hipoteque aún más horas de la tarde de todos los domingos para ayudar a los demás alumnos de todos los cursos. Y conmigo, los demás hijos de muggle que quieran colaborar. De este modo no me siento tan elemento representativo único, como en mi primer curso. Por un lado, aunque no acaparar la atención tanto es malo para mi ego, lo compensa con creces la sensación de archipiélago muggle que formamos las islitas pequeñitas.

Los de primero de este año son majísimos todos ellos. Me encanta sorprenderles con cualquier cosa. Y si les dedico una balada a las niñas se me derriten (aunque siempre acaban mirando a Cedric de soslayo, que lo sé, que no soy tonto).


Al margen de que los Hufflepuff nos hayamos recuperado casi inmediatamente de la humillante derrota que, hay que recordar, no cae igual de mal en un Hufflepuff que en cualquiera de otra casa, los que sí que se han animado de lo lindo son los Gryffindors. Sobre todo Oliver Wood, que ahora vuelve a saludar a Cedric por los pasillos.

"Sólo nos quieren para que ocupemos ése último lugar en el que nadie quiere acabar," musita Zacharías indignado de camino al entrenamiento.

"No es tan malo ocupar el puesto que nadie quiere. Te permite muchas libertades y elimina toda la presión: siempre puedes subir, nunca caer más bajo."

"Vaya un consuelo, capitán," comenta Rickett, uno de los golpeadores.

"Aquí os dejo," sonrío cuando llegamos a la entrada del castillo.

Últimamente cae cada cortina de lluvia helada que no sé cómo no se han muerto ya todos de pulmonía.

Por mi parte, prefiero ir a estudiar a la biblioteca. Además, necesito que Ernie me ayude con ciertas asignaturas. A menudo le pregunto si no seré una carga para él, a lo que invariablemente responde que "a mí también me encanta sentirme útil".

Hannah y Susan hoy no dejan de hablar sobre ese reloj dorado de arena tan bonito que siempre lleva colgado Granger del cuello. Otra vez Ernie ha fruncido el ceño de forma suspicaz. Sigue sin entender cómo Granger consigue ir a dos clases a la vez. A mí, francamente, me importa un comino.


Diciembre empieza mojado y un buen día amanece helado. Los días son tan blancos que a veces no sé si me he despertado o me he muerto cuando miro por la ventana de buena mañana. Veremos si alguien no se rompe la crisma de camino a un invernadero. Y doy gracias a que el quidditch se juega sobre las escobas, porque si llega a ser fútbol, las piernas de nuestros jugadores pronto serían fiambre.

Lo peor son las decoraciones Navideñas con las que nos obsequia el colegio llegadas estas fechas. A medida que uno se va haciendo mayor, cada vez resulta más cursi toda la parafernalia decorativa. Aunque no puedo negar que las hadas que Flitwick ha puesto en su clase son de lo más precioso que haya visto jamás.


El último fin de semana nos llevan a Hogsmeade otra vez. Me viene muy bien, porque así puedo comprar algunos regalos para la familia antes de volver.

Ernie se ha vengado de mi regalo anterior y me ha comprado un libro chulísimo sobre música mágica "como regalo anticipado de Navidad". No le beso porque no llego, literalmente. Bueno, y por otras razones menos confesables. Sonrojado hasta las orejas, me doy cuenta de que mi expresión extática ante el libro vale más que dos millones de gracias para él, mientras me comenta largo y tendido (e innecesariamente) cuáles son las características por las que se ha guiado para elegir ese libro y no otro, al tiempo que paseamos por las calles nevadas y decoradas, resguardándonos del ventarrón castigador debajo de nuestros abrigos y bufandas. Por todas partes hay carteles que avisan de la presencia de dementores patrullando, por lo que se recomienda que nadie permanezca fuera después de que anochezca.

En Las tres escobas volvemos a reunirnos un número grande de alumnos, esta vez con algunos de otras casas que son amigos de los nuestros, y brindamos por el comienzo de las vacaciones. Nos marchamos al poco de ver entrar a McGonagall, Flitwick, Hagrid y... me susurran que ése es Cornelius Fudge, el Ministro de la Magia. Estábamos ocupando demasiadas mesas y ya estamos cansados del ambiente cargado y espeso de la taberna.

De vuelta en el colegio, el empacho de golosinas de Honeydukes no me permite cenar esa noche.


Al día siguiente cada uno vuelve a su casa a pasar las vacaciones. Muy poca gente se queda en Hogwarts este año. No me extraña. ¿Quién querría quedarse voluntariamente cuando todos los amigos se han ido? Potter tiene suerte de que Weasley y Granger se queden.

Colin Creevey no se separa de nosotros en todo el viaje de vuelta. Al menos gracias a él tendré fotos nuevas. Zacharías, quien de nuevo se ha adobado a nuestro compartimento, le amenaza seriamente con romperle la cámara. Tiene que intervenir Cedric para que se la devuelva, pues a puntito está de tirarla por una ventana abierta, para desconsuelo de Creevey.

"¿Te crees que eres Malfoy de repente? No me obligues a quitarte puntos, Zacharías."

Tengo ganas de ver a mis padres, pero me da pena separarme de mis amigos, aunque sea por dos míseras semanas. En fin, habrá que pensar en las comilonas y en los regalos que me esperan. Para empezar, recibo un beso de "Feliz Navidad" de Hannah como despedida, compensado con un apretón de manos exagerado y doloroso por parte de Ernie. Cedric me ha dado una palmada en la espalda, ¡qué raro! No me ha revuelto los cabellos como siempre. Claro que era justo el momento en el que Ernie me estaba estrujando los dedos, mientras los padres de Cedric lo apremiaban para que se diera prisa.

Sometido lo tienen, caramba.


¡Qué bien se está en casa tirado en el sillón! Parece mentira, pero Murdock y M.A. aún logran hacer que me retuerza de la risa. Eso sí, nadie tiene más estilo que Hanníbal Smith. Hum, ¿será Zacharías pariente suyo? Lo de este chico es muy raro. Igual le gusta alguna de las chicas, si no, no entiendo por qué se nos pega tanto. Bueno, yo también hago un poco de lapa del equipo de quidditch desde que está Cedric y no se quejan. Me tienen de bardo: en la victoria o en la derrota: "¡Cántanos el Walk of Life!". Les levanta la moral.

Y lo que a mí me cuesta ahora es levantarme del sillón. No he parado de comer dulces desde que llegué aquí. Sumado al hecho innegable de que mi madre me ceba, creo que voy a tener que unirme a Ernie en sus ejercicios diarios. ¡Ay!

Los cuatro meses de sufrimiento sin música se han visto compensados con creces por los fantásticos regalos con los que me obsequia mi familia: ¡Nuevos recopilatorios de mis grupos favoritos! ¡Libros de partituras para guitarra! (Uno de ellos lo andaba buscando como loco y por fin me lo han encontrado mis padres, recorriendo tiendas de Londres cada vez que salían por la ciudad. ¡Ésta me la aprendo pero YA!) Y también un montón de pasta para gastar en Hogmeade y en verano. ¡Yujuuu!

Se está hablando de organizar un viaje de fin de curso Hufflepuff, estilo campamento Scout. Lo del Comando-H cada vez va a más, ¡viva! Aún está todo en el aire, pero la sola idea me vuelve loco. Las vacaciones cada vez se me hacen más largas sin mis compañeros. Parece mentira pero... ¡Tengo ganas de volver ya al colegio!


El viaje de regreso es bastante tranquilo. Todos hemos vuelto saciados de familia y con ganas de compartir menús de Navidad y listas de regalos. Hannah está radiante con su ropa nueva, que no deja de enseñar a todo el mundo. Zacharías gruñe y gruñe pero no dice nada. Al parecer le han traído el regalo equivocado y la cena de Nochebuena le sentó tan mal que ha pasado el resto de las vacaciones en la cama con gastroenteritis. A mí me sorprende que nadie en su casa supiera hacerle una poción decente. Sospecho sabotaje familiar porque calladito en la cama estaba más guapo.


La primera noche nos cuesta mucho irnos a dormir, porque queremos seguir contándonos cosas, pero al final nuestros prefectos nos llevan de las orejas a nuestros dormitorios. Aún me escuece la mía, ¡esa chica no tiene piedad!

Las clases comienzan inmediatamente por la mañana, con un frío que pela y ninguna gana de hacer nada. El camino a los invernaderos es un infierno gélido, pero al menos empezamos con algo familiar. Me he dado cuenta de que Potter y Weasley no se hablan con Granger. ¿Qué les habrá pasado estas Navidades?

En Cuidado de Criaturas mágicas los poooobres gusarajos, esas apasionantes criaturas, se han muerto por indigestión de lechuga (¿a quién se le ocurre usar los mismos para todos los cursos a todas horas?), así que hoy nos toca estudiar las salamandras. Pero vamos, ninguna diferencia, ¿eh? ¡Vamos! Je, je. Qué calorcito dan.

Hannah ha vuelto de adivinación queriendo leernos la palma de la mano a todos. Me escaqueo como puedo, porque esas cosas me dan mal rollo, y me río mucho cuando Ernie es sometido a una lectura intensa durante todo el almuerzo, mientras Hannah consulta una y otra vez el libro. Susan termina por sacárselo a escondidas de la mochila y dejarlo en su cuarto, sin que se entere, argumentando a una frenética Hannah que "te lo habrás dejado en la sala común, luego lo compruebas". Gracias a eso todos respiramos tranquilos el resto de la tarde.

Lupin tiene muy muy mala cara. ¿Le habrá sentado mal la cena de Navidad, como a Smith? La comida de Hogwarts no es tan mala. Igual le hace falta tomar el sol. Uh... Igual es un vampiro.

Nah.

Según parece, Granger pasa aún más horas intensivas en la biblioteca de lo que lo hacía antes. Nunca se la ve con sus dos amigos, ni siquiera en las comidas. No lo entiendo. Por otra parte, hay rumores de que Hagrid se enfrenta a un juicio por el asunto Buckbeak, el hipogrifo. Maldito Malfoy... Padre, hijo y espíritu Slytherin.


El primer sábado es el partido Ravenclaw contra Slytherin, que acaba, para mi alegría inmensa, con una ajustada derrota de los primeros. Quizá haya esperanza y todo. Ejem, Justin, ¿a quién quieres engañar?

En el camino de vuelta del partido y caminando a pocos metros de nosotros, oímos a Malfoy meterse ostentosamente y a base de bien con Cho Chang. Zacharías va asintiendo por lo bajo a todo lo que dice. Cedric acaba por darle un codazo:

"No seas mal perdedor."

"Y tú no la defiendas mucho, capitán, o te veremos regalándole flores el próximo San Valentín," responde Smith con inquina.

"Por San Valentín o por su entierro," comenta el golpeador Rickett. "Porque las lesiones que se hizo en un entrenamiento parecen haber empeorado."

Lo peor del resultado de este partido es que ha animado aún más a los Gryffindor, si cabe, y ahora Wood los hace entrenar cinco días a la semana. Esto supone unas arduas negociaciones entre los capitanes de los equipos, de las cuales Hufflepuff, por una regla de tres que le excluye siempre, sale perjudicado.

Oh, no es por que Cedric no luche y ceda ante la presión de los otros capitanes, no, no. Es que el asunto acaba siendo llevado a los jefes de cada casa para que hagan un sorteo de las horas libres de la tarde. Y nuestra querida profesora Sprout no tiene la ferocidad para negociar que muestran siempre Snape y McGonagall cuando se trata de quidditch. Su rivalidad es fascinantemente idéntica a la que muestran Flint y Wood.

Además, entre los deberes y el maldito frío que hace, los ánimos no están muy boyantes. Me siento atrapado dentro de las paredes del castillo, encerrado a cal y canto entre las aulas y la biblioteca.

Granger ha empezado a sentarse cerca de nosotros, junto a Susan y Hannah, cuando no está mirando libracos de derecho mágico por su cuenta. Susan dice que está intentando ayudar a Hagrid a ganar el caso del hipogrifo. Lo veo muy perdido todo. No sé cómo esta chica puede con todo. ¡Tiene todas nuestras asignaturas juntas!

Ernie y ella comentan dudas sobre Aritmancia y debaten acaloradamente puntos de la insoportable Historia de la Magia hasta que Madam Pince les llama la atención por quinta vez.


¡Una tarde entera! ¡Una tarde entera que pasamos en la sala común debatiendo una tarea de Estudios Muggles: Explica por qué los muggles necesitan la electricidad. Y los magos nos llaman retrógados, ¡será posible! ¡Con la de ventajas que tiene! Por ejemplo, si los magos la conocieran, podría escuchar mi discman en Hogwarts.

"La verdad es que cuando hice esa redacción hace dos años no me enteré de mucho," confiesa Cedric.

"¡Pero si sacaste matrícula de honor!" gruñe un compañero de su curso.

"Deberían organizar alguna excursión al mundo muggle de vez en cuando para conocer las cosas que estudiamos in situ," comenta una chica de sexto.

"¡Vámonos todos a casa de Justin este verano, chicos!" propone alguien.

"Por mí vale, pero a mis padres no creo que les haga mucha gracia, y no vamos a caber todos en la piscina."

"¿No habíamos quedado en que al Lago Ness?" se extraña una de segundo.

"¡Chitón! Que aún no hemos convencido a Sprout, ¿verdad, Cedric?" interviene nuestra prefecta.

"Podemos ir disfrazados de turistas e investigar el mundo muggle de los alrededores," propone un chico de cuarto.

"Va a ser un verano muy largo..." me susurra Cedric con un resoplido guasón. Aún tiene el flequillo mojado después de la ducha y del entrenamiento. Al ver que mi mirada se ha quedado congelada en su cara, me mira con extrañeza y luego me da una toba en la nariz.


Había rumores de que Cho Chang no se había recuperado de sus heridas y quizá no podría jugar, pero el día del partido se demuestra que no es así: El enfrentamiento entre ella y Potter es inevitable. Tengo mucha, mucha curiosidad.

Madam Hooch ha seguido supervisando todos los entrenamientos de Gryffindor por miedo a un ataque de Sirius Black.

Y al parecer McGonagall por fin ha devuelto a Potter la Saeta de Fuego que alguien le regaló por Navidad. Será huérfano y todo lo que quieras. Habrá pasado una infancia terrible. Pero tiene un ángel de la guarda con una cuenta en Gringotts que ni los Malfoy: Ellos sólo se pueden permitir Nimbus 2001, no Saetas de Fuego. Claro que una Nimbus 2001 para cada miembro del equipo también les costó una fortuna. No sé si compensa el hecho de que Malfoy juegue. Al fin y al cabo, Potter siempre le gana.

Para empezar, los Slytherin tienen tal cara de patidifusos cuando Potter hace su aparición triunfal en el comedor la mañana del partido portando su magnífica Saeta de Fuego, que me alegro de que Creevey esté al tanto y sacando fotos. ¡Esas las quiero! ¡Vaaamos! Todo el comedor está en éxtasis. De todas las mesas nos acercamos para verla más de cerca. Cedric incluso le felicita por haber encontrado un repuesto tan bueno para la que se partió después del partido. Pobrecito, seguro que aún siente remordimientos. Pero qué tonto que es. Se lo digo de vuelta a la mesa con una sonrisa de oreja a oreja:

"De lo bueno que eres, eres tonto, Capitán."

"Eso ya se lo repito yo todos los días, Justin," gruñe Zacharías desde su asiento.

Aunque no sé si es más tonto ese prefecto de Gryffindor y delegado de Hogwarts, Percy Weasley, que se ha apostado diez galeones con su novia de Ravenclaw a ver quién gana. Para empezar, ¿tiene un Weasley 10 galeones de sobra para apuestas? No entiendo nada.


Con los prismáticos mágicos que usamos por turnos no me pierdo detalle de los preliminares al encuentro.

El día está claro y despejado, ideal para el quidditch. Y sin embargo Gryffindor lo lleva chuungo, chuuungo. Ahí está Cho Chang, contoneándose como una pava. Soy testigo presencial de honor en la distancia del momento en el que Chang hace uso de su ataque especial "sonrisa modosita" y a Potter se le ruborizan hasta las cejas, mientras los capitanes andaban estrechándose felizmente las manos. Qué pena que Davies no lo haya visto: igual se ponía celoso y se desconcentraba él también. Pero todo ha sucedido muy rápido, como el comienzo del encuentro.

Increíble: ya he perdido de vista a Potter. Con esa escoba, si intento seguirle más de diez segundos, acabo con el cuello retorcido. Le paso los prismáticos a Ernie y sigo el juego con mis ojos, mientras Lee Jordan nos ameniza con sus comentarios absolutamente imparciales, sí señor.

En la segunda batalla por la snitch, Wood anima a Harry a que haga justo lo contrario de lo que Cedric hizo: dejar las caballerosidades para los que montan a caballo, no a escoba. ¿Y he oído bien ese "¡Derríbala si hace falta!"? Sí, debe de ser, porque Zacharías se está relamiendo.

Y, de nuevo, ¿es mi imaginación o Chang está acosando deliberadamente a Potter? ¡Qué rastrera! Sabe que la única estrategia posible es seguirle de cerca, pero Potter no se lo está poniendo fácil, menos mal. Algo de dignidad le queda. Un momento, Chang le ha señalado algo... ¡Justo cuando habían vuelto a ver la snitch! ¿Estará tratando de desviar su atención? De nuevo, ¡qué rastrera!

¡Espera! ¿Otra vez dementores? ¡No puede ser! Ualá, Potter parece haberlos repelido con un hechizo raro y plateado. Acto seguido, captura la snitch. ¡Qué tío! Jo, las de su equipo sí que se lo están comiendo a besos. Veo a Wood reprimiéndose para no imitarlas. Como ese gemelo siga así le va a ahorcar. Weasley ha tardado poco en cogerle el brazo y alzarlo en el aire.

Qué idiota, ¡pero QUÉ IDIOTA es Malfoy! A quién se le ocurre disfrazarse de dementor cuando los ánimos hacia ellos están tan caldeados. Esto le va a costar caro a él, a sus gorilas y al capitán de Slytherin, Marcus Flint. O eso espero.

Seguro que hoy los Gryffindors se quedan hasta las tantas de fiesta en la Sala Común. Están a un paso de la victoria, me temo. Pero no sé si Granger participará, porque no ha bajado a felicitar a sus compañeros. Deben de seguir peleados. Aunque en las gradas se la ve feliz por la victoria, últimamente tiene un careto que parece que esté al borde de la histeria.


Al día siguiente por la mañana, Colin viene a nuestra mesa para contarnos la última de Sirius Black: Anoche entró en los dormitorios y casi se carga a Weasley al confundir su cama con la de Potter. ¡Menudo susto! Ahora circulan toda clase de rumores por el colegio.

"Mira que perder la hoja de las contraseñas... Este Neville no aprende," comenta Colin, robándome descaradamente una tostada. Ante mi expresión de protesta, la parte en dos y me mete una mitad en la boca, al tiempo que se sienta sobre mis rodillas. Cuando las chicas se han hartado de reír, lo dejo caer limpiamente al suelo, le arrebato la cámara y le hago una foto a su cara de pasmo.

Por todo el colegio están reforzando las medidas de seguridad cuando salimos de desayunar. Esto no es cosa de broma. Sin embargo, el mayor afectado, Weasley, ha hecho de este acontecimiento su hazaña personal y ha estado nutriendo con su nueva leyenda el desayuno de todos los de su casa y los más pequeños de las otras.

"Lo que no entiendo es por qué no lo habrá matado Sirius Black," comenta Hannah.

"Bien cierto. Habría sido un gran alivio para todos," asiente Zacharías.

"Porque Ron gritó y Black se dio cuenta de que no era a quien buscaba, quizá," sugiere Susan.

"Si de verdad Sirius Black es el asesino sanguinario al que describen todos los carteles, eso no tiene mucho sentido," concluye Ernie, y todos nos quedamos pensativos de camino a la biblioteca.


Ese domingo el equipo de quidditch tiene entrenamiento intensivo con miras a nuestro próximo partido contra Slytherin, así que no vuelven hasta muy tarde, y para entonces están tan cansados que se van directamente a dormir. La tarde pasa tranquila entre charlas y deberes. Apenas tocamos un par de canciones después de cenar. Los ánimos se encuentran divididos entre la incertidumbre por el último ataque de Sirius Black y la perspectiva de que al día siguiente, lunes, es San Valentín. Es una fecha que para mí no significa mucho y, la verdad, me alegro una vez más de haberme librado el año pasado de las felices ocurrencias de Lockhart, pero para muchas de mis compañeras parece el día más emocionante del año. Ilusas...

Sé que en nuestra casa tenemos algunas parejitas de cursos superiores, e incluso parejas mixtas con otras casas, y que todas ellas anhelan la próxima visita a Hogsmeade para tener una cita en condiciones. Pero, sinceramente, dudo mucho que las desovejadas encuentren el amor de su vida de un día para otro.

De hecho, el lunes es un día muy tranquilo. Aparte de Black para comer, Black para merendar y Black para cenar, de los regalos furtivos u ostentosos de mesa a mesa o dentro de las propias mesas, de las lechuzas con sobres chillones (e incluso los literales: hasta un par de vocifeadores para declararse estallaron durante el almuerzo; aunque el peor fue el de Neville, con su abuela echándole una bronca de impresión por haber perdido las contraseñas y haber avergonzado a toda la familia) y de la decoración (vomito)... digamos (vomito)... sugerente (vomito) del comedor, es un lunes como otro cualquiera.

Hasta que llega la noche.

Ese lunes no hay entrenamiento porque el campo está reservado, así que la mayor parte de Hufflepuff no enamorada pasa la tarde en la biblioteca. Ernie me echa una mano con las dudas, como de costumbre; los mayores nos avanzan cosas para complementar los temas que estamos dando, como también es habitual; y Cedric da consejos de vez en cuando a sus compañeros de equipo según se va acordando mientras lee un libro de quidditch entre tarea y tarea.

"Ante todo tenemos que mejorar nuestra forma física. Todos sabemos que Slytherin no juega muy limpio que digamos," susurra, y los demás asienten.

"Son unos malditos guarros," comenta el golpeador Rickett, quien comparte clases con la mitad del equipo rival y les tiene una tirria tremenda. "Lo siento, capitán, pero pienso pagarles con la misma moneda como amenacen la seguridad de alguien."

"Sólo si amenazan la seguridad de alguien, ¿entendido?" advierte Cedric con el dedo en alto.

"Y sólo después de pedirles perdón por dejarnos golpear, ¿verdad, capitán?" replica Zacharías.

Después de la cena, un enorme corrillo femenino de Hufflepuffs me acorrala bandurria mágica en mano para que les cante una balada en condiciones, con sentimiento. No sé a qué viene tanta excitación (alguien me explica que ya han puesto el cartel de la siguiente visita a Hogsmeade, lo cual puede ser una de las causas del alboroto), pero tienen pinta de haberlo estado maquinando todo el día, porque no dejan de cuchichear y de reír entre ellas. Eso me pone muy nervioso. Los chicos empiezan a reírse en mi cara y toman asiento para verme salir del apuro en primera fila. Las de primer año tienen cara de mudo éxtasis y las de segundo ya están coreando un "¡Justin, Justin, Justin!".

No hay salida.

¿Qué tendrá mi voz a medio desarrollar, que las vuelve locas? Nooooo lo entiendo.

La prefecta, guasona ella, me acerca una silla con mucha pompa y luego se sienta al lado de Cedric en uno de los sofás grandes circulares. Al otro lado están algunos compañeros del equipo. Alrededor y en el suelo, tres cuartas partes de mi casa.

Al principio no se me ocurre nada oportuno que tocar ante semejante expectación, pero enseguida me viene a la cabeza (¡hombre, por favor!) la canción que llevaba practicando desde Navidades después de recibir el tan deseado libro de partituras que me faltaba: Romeo & Juliet.

"Ésta va dedicada a todas mis chicas Hufflepuff," anuncio con aires de locutor de radio, y ellas se ríen, que es lo importante.

Carraspeo, caliento motores con las cuerdas, y empiezo:

A lovestruck Romeo sings the streets a serenade
Laying everybody low with a lovesong that he made
Finds a streetlight, steps out of the shade
Says something like: you and me babe, how about it?

Como las caras de emoción y el silencio continúan, me dejo llevar por la música y todo pierde sentido salvo el mensaje que intento transmitir, especialmente cuando llego a:

Juliet, when we made love you used to cry
You said: I love you like the stars above, I'll love you till I die
There's a place for us, you know the movie song
When are you gonna realize it was just that the time was wrong?

Y cuando termino, el aplauso es ensordecedor y las lágrimas sorprendentemente numerosas. ¡Veo a un par de chicos esconderse para secárselas! Oooh, las niñas están fuera de sí. Me rodean para pedirme un bis, entre palmas. Smith y otro grupillo se llevan las manos a la cabeza y hacen como que se alejan, pero no abandonan la Sala Común, no.

Sin embargo, entre todos los rostros felices, los murmullos por lo bajo de Hannah y Susan (¡cómo si no supiera que hablan de mí!), la cara impasible de Ernie mientras hace como que lee un libro, y las burlas de los cursos superiores (de entre las cuales distingo claramente la palabra "mariquita" un par de veces, pero ellos tampoco se mueven de su sitio), me quedo con la cara extasiada de Cedric. La prefecta le está diciendo algo, pero él no me quita los ojos de encima y yo le sonrío y el me sonríe y se libra de la prefecta con cualquier excusa; y se libra de otros dos guasones; y no oigo la charla a mi alrededor, ni siento los tirones en mi camisa de las de segundo y (¿estas no son de quinto y sexto?) los continuos gritos de bis, porque Cedric, sin dejar de mirarme (insisto en este hecho) levanta el pulgar en alto, arquea las cejas y, al fin, se une al coro de palmas que insisten en que "¡OTRA VEZ, OTRA VEZ!", y me convence con sus ojos grises.

O lo que es lo mismo, convence a mis dedos para que empiecen a tocar por sí mismos, y a mi voz para hablar una vez más de Romeo, y de cómo Julieta lo abandonó y él no puede hacer otra cosa que amarla, y de advertirla de que lo único que falló fue que el momento no era el adecuado, y de que hay un lugar para ellos, como dice la canción.

Y yo, que amo profundamente a los Dire Straits, me alegro de ayudar a todo el mundo a irse a la cama con buen sabor de boca, porque para la tercera vez que la toco, la gente ya corea el estribillo, y algunas lo repiten a dúo de camino a sus dormitorios.

"Precioso," me susurra Cedric mientras guardo la bandurria en su caja.

"¿Cómo?" me sobresalto. No sé por qué se molesta en susurrar, si ya se ha ido casi todo el mundo.

"Todo: la música, la letra, la canción, el momento. Me ha encantado. Me gustaría que la volvieras a tocar otro día, aunque no sea San Valentín, ¿vale?"

"Cuando quieras," sonrío sin mirarle. Me pregunto si se habrá percatado de que mis ojos volvían siempre a él con el estribillo. No lo hacía a propósito, simplemente, se me iban. Cada día lo oculto peor.

"Me ha parecido muy triste. Espero que nunca me pase algo así."

"¿A ti? ¡Ni de broma! Pero yo ya me he resignado a que ése sea mi destino," cierro la tapa de la caja y la empujo hasta su sitio. "Por mucho que intente no enamorarme de estrellas principales contra cuyo foco no pueda competir, y acabe olvidado."

"¿Como Potter?"

Me sacudo las manos y me pongo en pie, con el corazón dándome saltos mortales en la garganta.

"Como Potter. Buenas noches, Cedric," vuelvo a sonreír rápidamente y me dispongo a huir hacia mi dormitorio, antes de hacer o decir cualquier cosa de la que me arrepienta mañana, cual resaca post-San Valentín.

Cedric, sin embargo, no está dispuesto a permitirlo y me agarra del brazo. Vacila mucho antes de hablar, pero al final lo consigue:

"Si yo puedo olvidarme de Wood, tú también puedes olvidarte de Potter, Justin."

Sus ojos grises no sólo me están atravesando el cerebro, sino que me lo están revolviendo. Patas arriba, defensas abajo. Me doy cuenta de que tengo que salir de aquí, ¡YA!

"¿Cuántas veces te he dicho que hace MESES que me olvidé de Potter?" respondo desafiante y esta vez no consigo sonreír, lo cual hace que suene más agresivo que reconfortante, en contra de mis intenciones. Cedric me suelta, confuso, y yo balbuceo un escuálido y sonrojado "perdona", y aprovecho para marcharme a pasos acelerados, antes de perder aún más el control.

Detrás de mí oigo que él murmura "Buenas noches, Justin", pero yo ya no soy capaz de responder.

En vez de eso, a una distancia segura escaleras abajo, miro hacia arriba y susurro suavemente:

"Cedric, I'd do the stars with you... anytime."

Y creo que él, en el fondo, ya lo sabe.


Por suerte las cosas siguen siendo normales en nuestra mesa a la hora del desayuno. Quitando los chistecitos inevitables sobre la función de anoche y los bises improvisados de algunas compañeras, todo el mundo, incluido Cedric, se muestra natural. Incluso nos sonreímos mutuamente sin sensación de incomodidad. Estamos planeando ya la siguiente visita a Hogsmeade el sábado que viene. El Comando-H repetirá la estrategia de la salida anterior: dispersión general y brindis conjunto en Las tres escobas para terminar el día.

Durante esa semana, Hannah nos comenta un par de veces lo cruel que está siendo Weasley en sus comentarios hacia Granger. Confirmamos la situación anormal en Hogsmeade, donde Weasley pasa el día aparentemente sólo y murmurando para sí (como en Zonko, que estaba lleno hasta la bandera y él parecía un náufrago en una isla desierta), hasta acabar en una extraña pelea de bolas de nieve (espero que sea nieve, porque si no da mucho asquito) con Malfoy y sus gorilas cerca de la Casa de los Gritos. No sé qué hechizo habrá usado para lanzar las bolas desde diferentes direcciones, pero ha conseguido dar a Malfoy su merecido. O eso parece desde la distancia. Aunque Malfoy parece más sobresaltado que otra cosa, y echa a correr hacia el castillo después de que uno de sus gorilas (nunca he logrado distinguirlos) haya sido derribado. Será esa casona. Qué mala espina me da. No quiero volver a acercarme.

Por lo demás, el día transcurre tranquilo, cada uno recorriendo por su lado lo que más le interesa. Yo me quedo con parte del equipo, porque hablaban de entrar en los mismos sitios a los que quería ir yo. Cedric y otros se van por su lado, pues quieren enviar lechuzas y no saben cuánto van a tardar.

En cierto punto nos cruzamos con Susan y un corrillo de varios cursos, y ya seguimos juntos. Al pasar junto a la cafetería de Madame Puddifoot nos reímos a gusto de las parejitas que reconocemos por la ventana. Algunas incluso nos sorprenden.

"Yo nunca, nunca, NUNCA entraré allí," anuncia Zacharías.

"Eso decimos todos y luego caemos como moscas," replica Preece, cazador de sexto curso. "A mí el año pasado me embrujaron y entré."

"¿Y quién fue la desafortunada?" pregunta Zacharías. "¿Y dónde la dejaste?"

"Se graduó. Era de séptimo."

"Le gustaban jovencitos, ¿no?" comenta Susan con una risita.

"Pero no llega al nivel de aquella pareja legendaria, ¿te acuerdas?" le pregunta la golpeadora O'Flaherty a Preece.

"¡Cómo lo iba a olvidar, si ella está en mi curso!" Viendo nuestra cara de curiosidad, explica: "Cuando estábamos en primero, ella se lió con uno de séptimo de nuestra casa. Fue un escándalo. Al lado de eso, lo de mi niña y yo es algo totalmente normal."

"¿Niña? ¡Si además de dos años te sacaba dos cabezas!" murmura otro chico de sexto, haciendo reír a su inseparable amigo, un chico un año menor que va al curso de Cedric.

"¿Aún os escribís?" le pregunta a Preece su compañera cazadora Macavoy, con sospechosa curiosidad.

"Toooodas las semanas," sonríe de oreja a oreja, orgulloso. "Lo dicho, tío: algún día tú también caerás."

Zacharías farfulla algo ininteligible que incluye la palabra "cadáver", las chicas se ríen entre dientes y los otros le siguen picando de camino a Las tres escobas, donde ya están Hannah y Ernie (quienes han pasado la tarde mirando libros, muy propio de ellos), el resto del equipo y Cedric.


A la hora de la cena hay rumores de que Harry Potter ha sido visto fuera del castillo. Malfoy se lo ha chivado a Snape y la que se ha montado ha sido fina. Ahora entiendo lo de los bolazos. Bueno, a medias. Granger parece desconsolada, ¿qué le habrá pasado? Por lo menos parece que Weasley y Potter han hecho las paces con ella.

Colin viene a nuestra mesa a que le contemos las últimas hazañas del Comando-H, y me permito sorprenderle con la bolsa de caramelos y artículos de broma que he comprado para él. Hasta el año que viene no conocerá Hogsmeade en persona. De lo contento que se pone, me hace cinco fotos, la última con él. Oye, ¿eso no es un auto regalo? FLASH ¡Mis ojooos!


Es nuestro último partido de la temporada y Slytherin nos ha ganado. No me lo puedo creer. ¿¡Por qué!?

Bueno, sé por qué: no utilizan jugadores, utilizan monstruos, trolls de las cavernas, auténticos bestiajos. El único mico medianamente humano es Malfoy, y quizá el incombustible Adrian Pucey, quien en combinación con Marcus Flint ha sido el azote de nuestro pobre guardián Herbert Fleet durante todo el partido. Para colmo, la Nimbus 2001 de Malfoy es mucho mejor que la escoba de Cedric.

El vapuleo ha sido tal que ni siquiera Zacharías, quien se ha quedado fuera esta vez por falta de envergadura, se atreve a hacer comentarios crispantes hacia sus compañeros: todos comparten la misma frustración y la misma rabia.

"Al menos nosotros hemos luchado a brazo partido y justamente," sentencia Cedric antes de irnos a dormir.

Pero yo sé que él no va a pegar ojo. Los golpeadores de Slytherin, Derrick y Bole, le han hecho pasar un mal rato durante todo el partido. Y hemos perdido la copa, igual que Ravenclaw. Ahora sólo nos queda desear que Gryffindor se la arrebate a Slytherin. Pero a mí no me consuela el hecho de que hayamos ganado a Gryffindor, y creo que a Cedric, tampoco.

Sin poder animarle de ninguna otra manera, apoyo una mano conciliadora sobre su hombro antes de dirigirme a mi dormitorio, y él la agarra unos instantes, sin mirarme. Después la suelta y se pone en su postura reflexiva favorita: con las palmas juntas delante de la nariz, sobre sus rodillas. No sé qué hacer. Una parte de mí sabe que debe dejarlo solo. Otra parte quiere sentarse en el reposabrazos del sillón y recostarse contra el afligido capitán, para darle silencioso calor humano.

"Cedric..."

"Como prefecto me veo en la obligación de hacer que te acuestes de inmediato. Es muy tarde, Justin."

Suspiro, y estoy a punto de dar media vuelta, resuelto, cuando Cedric continúa, sin mirarme, y con un tono mucho menos enérgico y mucho más desnudo:

"Como amigo, me gustaría pedirte que te quedaras conmigo un rato más."

Sin dudarlo un instante, elijo la opción B: Me siento sobre el reposabrazos y le rodeo el cuello, apoyando mi cabeza contra la suya; luego Cedric me hace un poco más de hueco y acomodo la mitad de mi trasero junto al suyo. Estamos tan a gusto que en algún momento nos dormimos los dos. Hasta que el frío de la madrugada despierta primero a Cedric, y él me acaricia el pelo y me susurra para que me ponga en pie.

Con su fuerte brazo agarrándome firmemente alrededor de los hombros, paso por la puerta circular y bajo en modo zombie las escaleras hasta la habitación de mi curso. Cedric me despide en la puerta, tras asegurarse una vez más de que no me caeré rodando si me deja solo.

Lo que sí caigo es rendido sobre la cama. Rendido... y con una sonrisa enorme. Apenas me da tiempo a percatarme de que Ernie está con los ojos bien abiertos, sentado contra la almohada, las cortinas de su cama desplegadas por el lado que da a la mía.

"Buenos días, Justin," susurra.

"Buenas noches, Ernie," sonrío feliz.

Ese domingo me levanto tan tarde que no lo veo en toda la mañana. Pero a la hora de comer, Ernie está tan afable como de costumbre (si bien con unas ojeras enormes), y a todo el equipo se le ha pasado el mal trago.


Hoy ha ocurrido una de las cosas más increíbles que esperaba ver en este colegio, y no estaba ahí Creevey para sacar una foto: Granger ha propinado un soplamocos histórico a Malfoy. ¡A Malfoy! Y no contenta con eso, ha mandado a Trelawney a freír espárragos para el resto de sus días. La verdad es que no me extraña: tanta tensión acumulada últimamente tenía que explotar un día u otro. Ni siquiera la hemos visto a la hora de comer.

Aquello supera, pero por poco, la clase de Flitwick sobre hechizos para animarse. ¡Jamás había visto a Ernie reírse de esa manera! Nos quedamos ambos más contentos que aquel día cuando... Um, quita, quita, no pienses en eso, Justin, que aún dormís en camas vecinas y os quedan unos cuantos añitos juntos. No obstante, dudo que un verano como el anterior vuelva a repetirse.

Pese a la fabulosa clase de Encantamientos de hoy, hace tiempo que noto a Ernie más distante conmigo. También es natural, porque él vive encerrado en la biblioteca, y yo prefiero salir a vivir. El tiempo que yo paso mosconeando al equipo de quidditch y con Cedric, o apadrinando a los peques de nuestra casa, él lo pasa con Hannah. Puedes añadir a algún Hufflepuff más en la sala común, o a Hermione Granger en la biblioteca. Pero siempre está ahí Hannah. Empiezo a sospechar que el año que viene bien podrían ser ellos los que tomen té en la cafetería de Madame Puddifoot. La verdad, no sé qué pensar al respecto. Hannah es muy buena chica y sigue siendo la persona que mejor entiende a Ernie, pero... pero... ¡son tan parecidos! ¿No se aburrirán el uno al otro?

"La bola de cristal me ha dicho que me casaré con alguien temperamental y que el matrimonio durará poco," comenta Hannah durante la cena. ¿Debo dar crédito a Trelawney o a mi funesta intuición. "Pero a mí me gustan los chicos dulces, así que no creo que eso ocurra," ríe despreocupadamente.

Todos la miramos de reojo y Susan esconde una risita detrás de la mazorca que está mordisqueando.


Pero la "dulce" Hannah casi tiene un colapso nervioso durante las vacaciones (¡LAS VACACIONES!) de Pascua a causa del Kilimanjaro de deberes que nos han puesto para que ocupemos los aparentemente innecesarios días libres.

"¡Esto es total y absolutamente injusto!" protesta Hannah tirándose de las trenzas, a medida que va llenando su horario de estudio con notas sobre tareas y más tareas. La pobre tiene lágrimas aflorándole a los ojos.

"Piensa en Hermione Granger," trata de animarla Susan con una mano en su espalda. "Ella está peor que nosotras, con todas las asignaturas que tiene. Llega a la biblioteca antes que ninguno y es la última en irse."

"¡Eso no me consuela! Ella es ella y yo soy yo. Yo tengo las asignaturas justas y... no puedo, de verdad que no puedo."

"Anda, tontita, que aquí nos tienes para echarte una mano," sonríe Ernie, secándole una lágrima con el dedo. Su sonrisa se le contagia. Al fin acepta el pañuelo que le lleva rato ofreciendo otra chica de nuestro curso y se pone manos a la obra enseguida.

No son las mejores vacaciones de Pascua de nuestra vida, pero aún así sacamos tiempo para charlas, canciones y juegos en la Sala Común. Los de primero de este año tienen un morro... A su edad nosotros jugábamos al plantanova mágico, pero no teníamos cada uno nuestra propia planta para cuidar. Han elegido hasta el nombre para ellas y son como sus mascotas. Las hay que muerden. Qué injusto, cada año se inventan tareas más agradables. Y los de tercero, ¡a fastidiarse!

"Cuando quieras te regalo un cactus salvaje, tengo varios en casa," me dice Ernie. "Son muy simpáticos: les gusta lanzarte sus espinas cuando quieren llamar tu atención. Al final logro que se duerman leyéndoles fragmentos del libro de Historia de la magia."

"Con esa voz, Ernie, ¿qué esperas?" río yo.

"Me los imagino dreando a Justin para que les cante un bis," se parte Hannah.

Retiro lo dicho: Nada de plantas propias.


El partido definitivo tiene lugar justo después de las vacaciones. Durante toda esa semana, los Gryffindor y en especial Potter son sometidos a un acoso físico y psicológico sin precedentes por parte de los Slytherin. Hasta dos de ellos acaban en la enfermería, uno de cada casa. La expectación que crea este partido es impresionante. La tensión se respira por todo el colegio. Potter es acompañado por una horda de Gryffindors adondequiera que va, para evitar "accidentes".

El día del partido, a la hora del desayuno, tanto Ravenclaw como Hufflepuff recibimos a Gryffindor con aplausos para infundirles ánimos. Los Slytherin les llevan 200 puntos de ventaja, va a ser una lucha sin cuartel. Le he deseado suerte a Potter cuando ha pasado a mi lado, pero creo que no se ha enterado porque Cho Chang ha elegido justo ese momento para hacer lo mismo. Y lo mismo hizo con Cedric cuando jugamos contra Slytherin. Pero, a diferencia de Potter, a Cedric no se le subieron los colores. ¿Qué pretende Chang? ¿Echarle el gafe?

De nuevo Slytherin ha sacado toda su colección de armarios de primavera, pero esta vez han dejado fuera al esbelto Adrian Pucey para incorporar al brutal Cassius Warrington. A su lado, Malfoy parece la mascota del equipo. Las gradas bullen con animadores de Gryffindor. Los de Slytherin, aunque minoría, son muy ruidosos. La verdad es que este emocionante partido tiene un sabor agridulce: no vamos a ser felices en ningún caso, pero mejor que gane Gryffindor. De lo contrario, nos quedará un sabor totalmente amargo de este torneo.

Juego sucio, tensión y lucha encarnizada. Lee Jordan tan imparcial como siempre. Ojalá tuviera un walkman para poder ignorarle. De pronto, este partido me está poniendo malo. Estoy triste por mi equipo. Me gustaría que mi equipo estuviese ahí, y no Gryffindor, luchando por hacerse con el esquivo título de campeones de algo que no sea la porca miseria de méritos. No tengo ni fuerzas para animar. Ernie me pregunta que si estoy bien. Asiento desganado. Quiero que acabe el partido, irme a la sala común, y cantar algo para animarme. Necesito un hechizo de esos que te dejan la sonrisa permanente.

Malfoy se pega a Potter mucho más de lo que lo hacía Chang. Cedric y los demás no hacen más que maldecir: demasiado juego sucio para nuestro espíritu Hufflepuff. Y además, los violentos golpeadores acaban de arrojar dos bludgers sobre Wood gratuitamente. No sé, a mí no me ha dado tanta pena (silbido inocente). Tampoco me la ha dado cuando Malfoy ha agarrado la Saeta de Fuego para impedir que Potter atrape la snitch y acabe de una vez este maldito partido.

Mi deseo no tarda en cumplirse: Potter hace una caída espectacular de las suyas y atrapa la bolita dorada. Potter es feliz, Gryffindor es feliz, a Wood le acaba de tocar la lotería (y va a construir un pedestal a Potter), y todas las gradas menos las verdes gritan de entusiasmo. Aplausos a mi alrededor. Aplausos míos. Ya está. ¿Podemos volver? No parece que estén muy dispuestos. Hay una melé en el campo. No me creo que eso que va dando saltos sea Percy Weasley. Ni que esa bola despeinada que se seca las lágrimas con la bandera de Gryffindor sea McGonagall. La gente empieza a subir a los del equipo a hombros. Dumbledore espera con la copa. Todo es tan bonito que se me revuelve el estómago.

Yo quería ver a Cedric y a los muchachos sosteniendo esa copa.

El único que lo está pasando peor que yo es Marcus Flint, al que Madame Hooch parece estarle cantando las cuarenta por su conducta deshonrosa, mientras él se desangra por la nariz. Se lo tiene merecido, ¡por guarro! Incluso sus compañeros se han adelantado hacia los vestuarios sin él, cabizbajos. Le han dejado solo en el campo.

"Te acompaño," me susurra Ernie, quien lleva un buen rato observando mi cara. "Necesito repasar mis notas de Aritmancia y revisar unas cuestiones de... Historia de la magia para poder consultarlas luego en la biblioteca. Venga," me da un codazo al ver mi vacilación. "Que sé que lo estás deseando."

Sin decir nada a nadie, regresamos a la sala común. Al principio intento hacer deberes, pero no lo consigo. Así que acabo sacando la bandurria mágica e intentando tocar otra de mis canciones favoritas. Ernie se acomoda en un sofá con el libro de Aritmancia en la mano y se queda allí conmigo hasta que el resto de nuestros compañeros irrumpe en la sala con su exaltada charla sobre el partido.

Sin embargo, a medida que pasan las horas, la alegría por la victoria de Gryffindor se va transformando en nostalgia por las oportunidades perdidas, y no me queda más remedio que atacarles con un Walk of life por sorpresa para que vuelvan a levantar la vista del suelo.

"El año que viene será nuestro año, ya lo veréis," sonríe Cedric antes de ir a cenar, y el equipo entero junta los puños cerrados en señal de promesa. "¡El año dorado de Hufflepuff!"


Después de aquello hay un encierro colectivo hasta junio. Los de quinto y séptimo están tan agobiados por los exámenes que Cedric, quien está en el mismo curso que los gemelos Weasley, me comenta que hasta ellos parecen estar hincando los codos.

Es una lata tener que estudiar cuando empieza el buen tiempo y el olor del verano está en el aire, pero nos consolamos pensando en las vacaciones. No todo el mundo se va a apuntar al campamento Hufflepuff, pero al menos casi todos los de primero y segundo. Pensando en ellos se hace, cómo no. Las actividades se mejoran para los nuevos cada año. Los dos prefectos van como monitores. Y los de los otros cursos, dependiendo de la edad, estarán al cuidado de los más pequeños o vigilados por los mayores. Me da que entro en el lote de los pequeños. ¡Qué bien! ¡Quiero que me cuiden!

¡Maldita sea! ¡Quiero que nos den las vacaciones YA!

"Señor Finch-Fletchley, esa carta astral deja mucho que desear. Me temo que como en el examen sitúe Marte junto a Plutón, no va a a ser el campamento el único sitio en el que le coloquen con los pequeños."

"Señor Macmillan, no me toque las pelotas más de la cuenta."

Ernie se queda mudo y a su tarea, tal y como esperaba.

A veces soy malo, muy malo.


Los exámenes de junio acaban un jueves por la tarde. El último de todos es el de Estudios muggles: ¡Chupado!

La alegría de vivir nos desborda cuando corremos hacia el lago para celebrarlo. Nos dejamos caer junto a la orilla, a la sombra de un árbol, y pasamos allí el rato hasta la hora de cenar. Me pregunto qué tal les estará yendo a los de quinto y a los de séptimo. A estos últimos habrá que hacerles una despedida especial. Ya no les volveremos a ver en septiembre.

No sé qué habrá pasado esta vez, pero todo el mundo habla de que ayer se pasó por el colegio el Ministro de la magia, Cornelius Fudge, con el verdugo que iba a ejecutar al hipogrifo. Al parecer se descubrió que Sirius Black seguía rondando el colegio, que Snape lo atrapó, pero que luego se escapó. Y el hipogrifo también.

"Me pregunto quiéeeeeen lo habrá robado y habrá volado con él," Ernie pone los ojos en blanco.

"¿Y qué os parece lo de Lupin?" pregunta Susan. "¿Le volveremos a ver?"

Snape había dejado escapar por accidente a los Slytherin en el desayuno que Lupin era un hombre-lobo de verdad. A Ernie no le pilló por sorpresa.

"Lo dudo mucho. A estas horas ya habrá presentado su dimisión a Dumbledore. O dimite o se enfrenta a una queja masiva por parte de los padres de los alumnos," explica Ernie. "Lupin parece un hombre sensato y razonable. Dimitirá."

"¡Un año con un hombre-lobo sin saberlo! ¡Qué emocionante!" salto yo.

"Sabía que lo tuyo con el basilisco no había sido ni accidental ni suficiente," comenta Zacharías por lo bajo.

"Dicen que a Trelawney le dio un jamacuco durante el examen de Adivinación de ayer," interviene Hannah, muy seria. "Que le soltó una profecía terrorífica a Potter."

"Trelawney le predecía la muerte en cada clase, Hannah, no es nada nuevo," argumenta Susan.

"Pero esta vez iba en serio y no hablaba de Potter. Hablaba del retorno de Quien-tú-sabes."

"Quien-tú-sabes es por ahora la última de nuestras preocupaciones. Sirius Black sigue estando a la fuga y tenemos un colegio de locos: Uno de nuestros profesores es un hombre-lobo y anoche hubo luna llena. El trío fantástico de Gryffindor está en la enfermería y nadie sabe qué les ha pasado. Corren versiones para todos los gustos, pero yo con esos tres no creo en la casualidad," explica Ernie.

"¡Al cuerno los Gryffindor, los licántropos y los dementores! Acabamos de terminar los exámenes. ¡Alegría, alegría!" palmoteo yo, imitando el estilo de un espectáculo mallorquín que presencié algunos veranos atrás.

Mis compañeros menean la cabeza, exasperados, pero no pueden evitar sonreír.


Al día siguiente hay visita a Hogsmeade para celebrar el fin de los exámenes. A la vuelta nos anuncian la marcha de Lupin. No va a terminar el curso con nosotros ¡y no hemos podido despedirnos!

Las últimas clases pasan sin mayor novedad. Los preparativos para el campamento siguen en marcha, las aprobaciones paternas siguen llegando vía lechuza, y las listas están casi completas.

El último día de curso salen las notas: buenas, buenas. He sacado matrícula en Estudios muggles y Ernie también. De hecho, Ernie ha sacado unas cuantas matrículas. Qué tío. Hannah también tiene unos resultados envidiables, pero yo no me puedo quejar. Cedric tendrá que esperar al verano para recibir los resultados de los TIMOS, pero nadie duda de que los va a bordar.

Gryffindor se ha llevado la Copa de la casa por tercer año consecutivo. Los resultados de quidditch han ayudado, no cabe duda. El festín de fin de curso es fabuloso, pero no más que la fiesta de despedida que organizamos a los de séptimo en nuestra casa. Fiesta Hufflepuff, pero fiesta al fin y al cabo. Cantamos, reímos, bebemos granizado de zumo de calabaza y comemos golosinas hasta hartarnos. Hacemos planes y comentamos el próximo Mundial de quidditch, que tendrá lugar también este verano.

Ernie no vendrá al campamento. Le he invitado a venirse a mi casa, después, para enseñarle el mundo muggle al igual que hizo él el año pasado, pero ha rechazado la oferta.

"Otro verano será," sonríe.

La verdad es que esperaba algo así. Sé que las cosas no son como antes, pero el verano es el mejor momento para pasar de verdad tiempo juntos, y que no venga me fastidia. Le voy a extrañar muchísimo. Cedric no quiere convencerle para que se apunte, pese a mis ruegos.

"Tendrá otras cosas que hacer, Justin."

"La verdad es que voy a emplear el verano en estudiar de verdad. Nunca llegaremos a quinto lo suficientemente preparados."

"No es para tanto, Ernie," ríe Cedric. "Si se puede compaginar el estudio con el quidditch, con más razón se puede disfrutar el verano de dos cursos antes."

"Debo insistir."

"Entonces yo debo desistir," asiente Cedric caballerosamente, y se marcha a ocuparse de los de primer año.

El Expreso de Hogwarts está a punto de partir y nuestros caminos se separarán en King's Cross otra vez. Aunque esta vez, por muuuuucho menos tiempo: En unos pocos días, el Comando-H se reunirá de nuevo junto a los cachorros para pasar el mes de julio en el Lago Ness.

Oh, Ernie, ¿por qué tienes que ser tan cabezota?


Notas:
Walk of Life
Romeo and Juliet
Ambas son de los Dire Straits.