Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Outtake 1: Cuando Edward conoció a Bella.
Viernes por la tarde. Me encantaba el viernes por la tarde.
Salí de la oficina un poco antes de lo habitual y caminé en dirección a la estación de tren. Hacía frío y me envolví en mi cálido abrigo. Realmente necesitaba encontrar mi bufanda. No el bulto que Alice me tejió en su fase de tejido de dos semanas, sino una bufanda de verdad.
Mientras que físicamente salía de la oficina, mi mente parecía estar trabajando horas extras. El edificio McKenna estaba casi terminado, pero ahora la familia solicitaba una extensión adicional. Tenían permiso de construcción, pero era un dolor de cabeza en general. Me rasqué la barbilla mientras mi cabeza repasaba las cifras, mis uñas se clavaban en mi rastrojo de barba.
Mi teléfono vibró y lo saqué cuando me acercaba a la estación de tren. Tenía un mensaje de texto de Alice.
¿Tienes mis DVD de House? ¿Puedo pasar a buscarlos mañana?
Le envié un mensaje de texto, deslizando mi boleto para subir a la plataforma.
Sí, los tengo y sí, puedes pasar. Nos vemos mañana.
¿Había terminado de ver esos DVD? No podía recordarlo. Creo que lo hice. Jesús, mi memoria era horrible cuando estaba en un proyecto.
No importa, podría pedir comida para llevar y verlos esta noche si aún no los terminaba. Eso en realidad sonaba bastante bien.
Por eso me encantaba el viernes.
Pasé junto a una mujer en mi camino a la plataforma y ella me miró, ofreciéndome una cálida sonrisa. Le devolví una breve en respuesta antes de continuar. No quería iniciar una conversación con ella. Eso parecía suceder mucho, mujeres desconocidas charlando conmigo. En bares, restaurantes, en el tren… Realmente no lo entendía. Había salido antes, tenido sexo antes, pero para ser honesto, no fue suficiente. Quería más.
Quería imprimar. Quería a la indicada.
Maldigo a Alice por hacerme ver Sex and the City.
Pero era cierto. No quería las potenciales. Quería a la Indicada. Como Carlisle y Esme. Otras personas encontraban a las suyas sin la impronta, pero yo necesitaba la certeza de ello.
Ella podría estar en cualquier parte. Tal vez no la conocería por años, pero la conocería. Podría esperar a alguien así. No siempre me sentí de esta manera. En mi adolescencia y principios de los veinte, salía, tenía sexo, pero nunca lo encontré... alucinante. Me recordó a esas chicas en la escuela secundaria que me miraban, sabían que tenía el gen y esperaban que, si pasaban por delante suficientes veces, de repente me enamoraría de ellas. Era optimista, pero en realidad no resultó en nada. Fui un adolescente torpe y encontraba la atención halagadora y, aunque ahora lo lamentaba, me aproveché de ello como lo hacía un adolescente torpe. Pero nunca fue suficiente, no cuando vi lo que tenían Carlisle y Esme.
Fui sacado de mis pensamientos por el anuncio de que un tren estaba llegando a la plataforma frente a la mía. El mío vendría unos segundos más tarde y comencé a cruzar la plataforma, listo para abordar.
Justo delante de mí, un tipo en su teléfono se topó con una mujer. Su bolso cayó de su hombro, derramando sus cosas por todas partes. El imbécil no se detuvo, solo siguió hablando mientras se alejaba. Ojalá encontrara mierda de perro para pisar.
Un tubo de bálsamo labial rodó contra mi pie y me arrodillé para recogerlo, junto con una pequeña cartera negra. Lo sostuve en su dirección mientras ella apresuradamente metía sus cosas en su bolso.
Sus ojos se posaron en los míos y me congelé. Sus ojos. Eran de color marrón oscuro, anchos y hermosos, y mi pecho se contrajo bruscamente, tratando de acercarme hacia ella.
—Tú.
La palabra se me escapó, pero ella no la escuchó. Sus oídos estaban bloqueados por auriculares conectados a un reproductor de música. Pero ella estaba aquí. La había encontrado y mi corazón latía con fuerza y el tirón en mi pecho seguía jalándome, diciéndome que me acercara, que la tocara, que averiguara quién era porque era mía.
Se escuchaba murmullo en la multitud que nos rodeaba, la gente se detuvo para mirar el anuncio final de la salida del tren en la plataforma opuesta.
Sus ojos se agrandaron y sus mejillas se sonrojaron y santo infierno, era hermosa.
Mi estómago dio un vuelco cuando se puso de pie de un salto y corrió.
Casi me caigo de cuclillas, pero tropecé, mirando su melena de cabello castaño mientras se abría paso entre la multitud.
Se dirigía al tren que estaba a punto de partir.
¡Ella se iba a ir!
Mi pecho tiró con fuerza detrás de ella y comencé a empujar a la gente fuera del camino, gritándole que se detuviera, pero no lo hizo. Se subió al tren justo cuando las puertas se cerraban y me estrellé contra ellas.
—¡Espera! ¡Espera! —grité, el dolor floreciendo en mis costillas mientras ella agarraba un poste. Sus ojos estaban en los míos, todavía muy abiertos y llenos de... ¿Qué era eso? ¿Miedo?
Oh, no.
Oh, Dios, no.
Ella no lo comprendió. ¡No se pudo dar cuenta de lo que acababa de suceder! Ella no sabía que me imprimé y ahora estaba huyendo de mí.
El tren se alejó y golpeé mi palma contra la ventana, ignorando las miradas a mi alrededor.
—¡Deténgase! ¡Detengan el tren!
No sirvió de nada. El tren se alejó y lo miré, sintiendo que podía vomitar. Alguien de uniforme, un empleado de la estación, me agarró del brazo.
—Señor, ¿hay algún problema? —demandó con autoridad, pero apenas podía escucharlo.
Ella me había dejado.
Todo lo que quedaba era la cálida billetera negra que todavía estaba apretada en mi palma caliente.
