Capítulo 17: ¡Nadie se espera a la Inquisición Española!

"¿Estás seguro, Justin?"

"Sí, Ernie. Creo que lo necesito. Y también es por mis padres."

Hace rato que se han ido los demás, y mientras los últimos alumnos se desperdigan por la estación, los padres de Ernie charlan con los míos a poca distancia al otro lado de la barrera. Como no nos queda más de que hablar, nos quedamos callados un momento, jugando al esquiva la mirada el mayor tiempo posible. Gano yo.

"Como quieras. Nos veremos aquí a la vuelta en enero. Cuídate, ¿eh?"

"Tú también. "

Ernie coloca una mano sobre mi hombro, lo sacude amistosamente, me sonríe y se reúne con su familia. Sólo cuando mi padre se hace cargo del baúl y mi madre me revuelve el pelo mientras me comenta lo delgado que me estoy quedando, que si como bien en Hogwarts o me ha dado alguna tontería, me doy cuenta de que, por primera vez, no he echado en falta otra mano que me lo revuelva en el andén.


En casa, la sucesión de acontecimientos felices me mantiene distraído unos días. Salgo con mis padres a hacer todo lo que me gusta, veo a parientes de distinta cercanía, los vecinos me preguntan que qué tal me va en la escuela, mi familia es tan generosa con los regalos como de costumbre, y no hay en verdad tiempo para aburrirse.

Pero cuando la novedad se pasa, empiezo a notar que en mi casa falta algo, y una noche me doy cuenta de que lo que me falta es una cama junto a la mía, y Ernie ocupándola con sus ronquidos.

Hasta el verano pasado, mi casa era territorio sagrado y dimensión alternativa a Hogwarts. Un santuario, por así decirlo, donde todo lo que ocurría al otro lado era como si no existiera, como si perteneciera al mundo de los sueños. Cedric fue siempre un sueño, antes y después, mientras yo estuviera en mi casa. No era real. Ernie, en cambio, estuvo en mi casa. Y ahora es como si las dos dimensiones se hubieran fundido sin remedio.

Una tarde, poco antes de fin de año, mi padre me descubre frente al televisor con la mirada perdida y se sienta a mi lado en el sofá.

"Justin, creo que va siendo hora de que hablemos."

Me lo quedo mirando con vaga sorpresa.

"Papá, si vienes a hablarme de sexo..."

Él se ríe.

"Tienes 16 años. No sé cómo lo hará la gente en el mundo mágico, pero imagino que algo te habrán enseñado."

Pienso en Cedric. Sonrío. Y luego suspiro.

"Algo. No te ofendas, pero no es algo de lo que quiera hablar contigo."

"No, hijo, de lo que quería hablar es de tu cara."

"¿Mi cara?"

"Sí, la cara que se te queda cuando estás en casa solo. Nos preocupaste el verano pasado, pero como cuando vino tu amigo te vimos más contento, dejamos el asunto correr. Y en el colegio, por tus cartas, siempre pareces muy animado. Pero ha sido volver y darnos cuenta de que tampoco ha mejorado mucho la cosa. Sigues dedicando demasiadas horas al televisor. Si al menos disfrutaras, lo entendería, pero no creo que los debates sobre la economía nacional sean lo que más te apasione en el mundo."

"¿Han llegado ya a los debates?"

"Sí, la película de la tarde se acabó hace rato. No pensé que te gustara tanto Lo que el viento se llevó. Yo me he quedado frito en la cama y hasta tu madre se ha ido de compras después del tercer anuncio."

"...No sé ni cómo ha acabado."

"Ha puesto a Dios por testigo de que jamás volverá a pasar hambre."

"Ah, ¿por eso agitaba la tierra en el aire?"

"Justin, ¿qué te pasa? Venga, hombre, cuéntamelo."

"No lo sé, papá, sólo estoy un poco desganado."

"¿No será que lo que estás es enamorado?"

Giro la cabeza de golpe y me lo quedo mirando. De pronto me arde la cara, pero intento ignorarlo.

"¿Por qué dices eso?"

"Porque los síntomas coinciden. Dime, ¿hay alguna chica? A mí puedes contármelo, chaval, que no se lo voy a contar ni a las vecinas, ni al carnicero, ni al frutero, ni a tu abuela de Yorkshire."

Basta con que se lo diga a mi madre para que el resto de la cadena se entere.

"No la hay, papá, lo siento."

Mi padre se me queda mirando, nada convencido.

"Ya tienes edad de sobra para que te gusten las chicas. ¿O es que te gustaba una y te ha rechazado. ¿Está con otro? ¿Le gusta otro?"

"No me gusta ninguna. Bueno, alguna un poco sí, pero no tanto como para desvelarme. Ni siquiera como para preocuparme."

"Pero te gustan las chicas, ¿no?"

Su pregunta se me clava como una punzada al estómago. Mi padre no me mira con segunda intención, ni siquiera con convicción. Me mira como si lo que estuviera diciendo fuera lo más natural del mundo. Imagino que mi padre no podría sospechar, ni siquiera imaginar... ¿o sí? No, no creo que sea algo que pueda esperarse de su hijo, en cualquier caso. Tampoco sé cómo reaccionaría. No sé si quiero comprobarlo. La tentación es muy fuerte, pero... No es el momento. Hay mucho que tengo que aclararme yo mismo antes de dar explicaciones. La ignorancia de los demás también puede ser una bendición.

"Papá, las chicas no me quitan el sueño."

Y esto es lo más cerca de la verdad que quiero llegar con mi padre ahora mismo.

"Bueno, todo a su tiempo," sonríe de nuevo. "¿Y qué te lo quita?"

"¿La Inquisición en Hogwarts?" me encojo de hombros. "La bruja que tenemos por profesora de DADA, y que amarga a alumnos y profesores. Me preocupa más que los TIMOS, pero la verdad es que ni ella ni los exámenes finales me desvelan."

"Entonces, ¿por qué esta apatía? No has tocado tu guitarra más que cuando abriste el nuevo libro de partituras. Media hora, que lo cronometré. Eso sí que no es normal, admítelo."

"Es que... últimamente... me siento un poco solo," confieso al fin.

"¿Dónde? ¿Aquí en casa o en el colegio?"

"En todas partes," respondo sin mirarle. De pronto, el contar la verdad me está dejando un poco débil, y no quiero que me lo vea en la cara. "Echo de menos... no sé... tener a alguien para mí, para compartir buenos momentos."

"¿No tienes a ese amigo tuyo, Ernie?"

"Ernie sólo piensa en estudiar," miento. A conciencia. Y tampoco es una mentira del todo.

"Eso es lo normal, ¿no? Estáis en un curso difícil y él es uno de los mejores estudiantes. Y un prefecto, además. Me temo que es él quien está en situación de necesitar más de ti que tú de él."

"¿A qué te refieres?"

"Bueno, si es tu amigo, habrá ratos en los que se sienta sobrecargado por sus obligaciones y hastiado de tanto estudiar, digo yo. A menos que sea una máquina, y no he conocido aún a ningún ser humano que sea verdaderamente una máquina. Bueno, conozco a un tipo del que aún me caben dudas. Pero Ernie es muy joven todavía. No ha perdido el alma."

"Ernie es más fuerte que yo."

"Probablemente."

"¡Ey, no asientas tan rápido!"

"Me pregunto si habrá tenido esta conversación con su padre."

"No lo creo, los suyos son muy estrictos."

"Por eso lo digo, porque los conozco."

"Oh, papá, qué majo y qué buen padre eres," le suelto con las manos apretadas y la voz edulcorada.

"Menos lobos, Caperucita. ¿No tenías otro amigo también, un tal Smith?"

"A ese le gusta más hablar que escuchar."

"Hijo mío, ¿qué quieres exactamente? ¿Un esbirro? ¿Un escudero? ¿O un amigo?"

"Papá, no te comas el coco, el problema es mío, ¿vale?"

"Creí que no tenías ninguno."

Ahí me ha pillado.

"No tengo ninguno que contarte. No me apetece hablar de problemas."

"Ahora bien, eso que me has estado contando... lo de la Suma Inquisidora de Hogwarts."

"¿La Sapo?"

"Sí. Me tiene bastante sorprendido y algo preocupado. ¿Sabes? Inquisición es una palabra muy dura para un colegio."

"Díselo al Ministerio, que cree que vamos a organizar una rebelión de estudiantes," y tampoco andan muy descaminados. Claro que la han provocado ellos mismos.

"Justin, eso me recuerda que tienes que escuchar más Pink Floyd y dejar un rato a tus Dire Straits."

"Tengo las partituras, ya practicaré con ellas."

"A ver si encuentro los discos y te martirizo un poco el sábado por la mañana. Pero antes, quiero buscar otra cosa. Tengo la solución perfecta para esa cara de muermo que vistes en estas fechas diseñadas para la felicidad familiar y el consumismo. Mientras tu madre está fundiendo las tarjetas por Harrod's, tú y yo podríamos entretenernos de una forma más... asequible."

Se levanta del sillón, va hacia el armario de la tele, y se pone a sacar cintas y cintas de vídeo, rebuscando hasta el fondo de la cuarta o quinta fila.

"Se me ocurrió nada más hablarme de esa Inquisidora y hacía tiempo que quería volver a verlas. Tienen más años que tú. ¡Lo que me costó grabarlas cuando las repusieron por la tele! Eras muy pequeño para entenderlas, pero luego viste un par de películas de ellos y sé que te gustaron. ¿Te acuerdas del conejo asesino de cueva? La bestia."

Me empiezo a reír al recordarlo. Y a Hannah con sus amuletos.

"¡Ésa era buena!"

"Pues esto es de los mismos. A ver si las encuentro... Ah, aquí está la segunda temporada... la tercera... sí... están todas. Mira, también tenemos El sentido de la vida, pero ésa resérvala para cuando estés verdaderamente depre."

Mi padre saca un puñado de cintas y las deja sobre la mesa.

"¿Te parece que empecemos ahora?"

Durante el resto de esa semana, la noche de Fin de año y todo el día festivo siguiente; si es día laboral, cuando vuelve del trabajo, si es fin de semana, en cualquier hora libre, mi padre y yo nos ventilamos una tras otra las cuatro temporadas del Flying Circus de los Monty Python, la Vida de Brian, los Caballeros de la Mesa Cuadrada y El sentido de la vida. Con ese humor tan nuestro y esa despreocupación por lo absurdo, lo grotesco y hasta lo grosero, consigo de verdad olvidarme un poco de todo lo demás. Ernie me hace notar que mis cartas son más animadas, pero que no entiende nada de mis bromas; y otro tanto me pasa con los otros, en el único mensaje navideño que les mando, cuando por fin se dignan a responder.

Al final acabo desempolvando la guitarra y practicando mis dos horitas diarias. Y de la nostalgia acabo hasta desempolvando la consola y echándome unos vicios.

Así, cuando me acuesto, beso las fotos con más cariño que pena. Y aunque sigo echando de menos la compañía de Ernie, sus palabras rebuscadas y sus peroratas de prefecto; aunque sigo temiendo que se deje el cerebro frito estudiando más horas de las saludables; y aunque no veo el momento de volver a Hogwarts para darle otro abrazo, que en cierta medida me da miedo dar (y que probablemente ni me atreva, después de estas semanas de separación), me alegro de estar pasando tanto tiempo de calidad con mi padre, con el que me río de buena gana recopilando sketches para repetírselas a mi madre durante la cena. A ella no le entusiasman los Monty Python, pero al menos se sonríe y ya no me dice que estoy tan delgado o tan palidurrio, lo cual ha mejorado las perspectivas de conversación.


Cuando llega el día de volver al colegio, tengo sentimientos encontrados. Por primera vez en mucho tiempo, me da verdadera pena separarme de mis padres. Es curioso como, al hacernos mayores, cambia tanto la perspectiva sobre nuestra familia, al tiempo que seguimos siendo los mismos niños de siempre. Yo, por lo menos, sigo siendo el mismo niño de siempre y, para demostrarlo, les sorprendo con un abrazo voluntario (lo cual no impide que mi madre me estruje después, continuando su costumbre ancestral).

Ya en el Expreso de Hogwarts, no veo a Ernie y a Hannah hasta la hora del almuerzo, y aunque durante un buen rato Hannah monopoliza la conversación, apoyada por las preguntas de Susan y los comentarios dentro y fuera de contexto de Zacharías cuando se pasa por nuestro vagón, consigo intercambiar algunas palabras con Ernie sobre las vacaciones. Tampoco hay mucho nuevo que contarnos que no nos hayamos dicho por carta; y él no ha hecho nada salvo estudiar. Se le nota en la cara tan mustia que trae. Para ojos neutrales, es sólo el lado serio de Ernie. Pero yo se lo noto en la mirada y en la apatía que demuestra ante cualquier cosa que no sea la mención de los deberes de Navidad. Deberes que, por otra parte, logré terminar en el último minuto anoche. Mi padre se tronchaba con el temario, siempre le ha hecho mucha gracia lo que aprendo en el colegio. Mi madre sólo espera que en el mundo mágico haya trabajos adaptados a lo que nos enseñan. Yo les tengo dicho que de oficinista no me ven, eso está muy claro. Me da igual que el destino preferido de los Hufflepuffs suela ser el de curritos ministeriales.


Las clases se reanudan con normalidad al día siguiente.

Entre todos los miembros del ED acosamos sin piedad a Harry para que nos diga cuándo será la próxima reunión, que estamos impacientes, pero no sacamos nada en claro. Luego nos enteramos de que le han castigado a dar clases de recuperación de Pociones con Snape, algo que no me cabe en la cabeza. ¿Snape? ¿Dando clases particulares a Harry? ¿No se odiaban? O el mundo se ha vuelto loco o... Ernie está de acuerdo conmigo en que ahí hay gato encerrado, pero no cree que tenga ninguna connotación romántica, como sugiero yo.

"Justin, Snape es nuestro profesor. Igual al que han castigado es a él, por lo mal que lo trata siempre."

"Sí, pero a veces se muestra odio cuando en realidad..."

"Por esa regla de tres, tú estás enamorado de Cho Chang."

"AAAAAAAAAAAAAAAJJJ. ¡No menciones ese nombre!"

"¿Que a Justin le gusta Cho?" repite Hannah con picardía, sentándose a mi lado en la mesa de la sala común. "Eso es nuevo, Justin. Tienes que contarme los detalles: ¿Cómo fue? ¿Ha sido algo que has comido estas Navidades, o un golpe en la cabeza? ¡Cuenta!" se ríe. "Por cierto, Ernie, Anthony me ha dicho que te espera en la biblioteca para resolver esos ejercicios preparatorios de Aritmancia, ya sabes, el cuaderno nuevo que le encargaste."

"¡Ah, qué bien, llevo aguardándolo todas las Navidades! A ver si podemos avanzar un par de temas hoy. Perdona, ¿eh, Justin? Nos vemos en la cena."

"Claro."

Cuando Ernie se ha ido y la figura Hufflepuff más cercana está al menos a tres metros de distancia, Hannah se pega a mí y, con una expresión que nada tiene que ver con la risueña que traía, me suelta:

"Justin, tú y yo tenemos que hablar. De Hufflepuff a Hufflepuff, ¿entiendes?"

"Claro..."

"Necesito que me confirmes una cosa, porque no he dejado de darle vueltas estas Navidades, y por mucho que lo debata con Susan, no saco nada en claro. Ella está además tonta perdida con su Terry, su Terry, que si le ha dicho esto, que si le ha mandado no sé qué por Navidad, que si la va a llevar a Hogsmeade por San Valentín... ¡No se puede hablar con ella de temas serios, Justin!"

"Venga, mujer, dispara."

"¿Que dispare el qué? Bueno, verás, sé que Zacharías es tu amigo, y por eso quizás tú mejor que nadie puede saberlo."

"¿Desde cuándo soy su mejor amigo?"

"El caso es que, bueno, últimamente veo que mira mucho a cierta... persona, y a veces hace unos comentarios que... bueno, imagino que te acuerdas de lo ilusionado que parecía por que la hubieran elegido buscadora de Gryffindor. Vamos, ni que ello fuera a significar que por tenerla en el campo..."

"Hannah..."

"...va a hacerle más caso, si siempre se esfuerza por quedar como un idiota delante de ella y de sus hermanos, con los que un buen día va a tener un disgusto. Y si piensa salir con ella, lo lleva claro. Primero, porque tiene novio, y segundo, porque..."

"Hannaaaaah..."

"...sus hermanos le harían la vida imposible. Y además, ¿qué demonios le ven todos? ¿Es por el pelo? ¿Les gustan las pecas? ¿Es por su descaro, porque no se calla ante nadie?"

"¡HANNAH!"

"¿Qué?"

"¿Me dejas hablar?"

"Perdona, Justin, es que cuando me embalo con estos temas... es que no lo entiendo, de verdad."

"Espero que no estés insinuando que a Zacharías le gusta Ginny Weasley."

"Creo que está bastante claro, ¿no?"

"Para mí, no."

"¿Y si no es así, por qué la mira tanto?"

"Pues no sé... Quizá porque será su rival en el campo de quidditch. Quizá porque sale con su rival."

"¿Su rival?"

"¿A ti no te gustaba ese Corner?"

"Sí... bueno, eso era antes. Ahora... ahora me da bastante igual, la verdad. Por mí que se lo quede Weasley. Pero Zacharías es mi amigo, no quiero que se lo quede también, Justin. ¡Es tan injusto! Ya podría hacerle más caso Harry, y así dejaba a los otros chicos en paz."

Tengo que aguantarme la risa. Esta chica es más espesa que el buen chocolate a la taza.

"Me temo que cada cual se guía por sus gustos, Hannah, y contra eso no se puede luchar. Además, ya sabes lo que dicen de Harry y... cierta viuda negra."

Hannah me mira un momento y luego, sin previo aviso, me abraza.

"¡Tú si que me comprendes, Justin!"

"¿Ah sí?"

"Sí, a ti también te molesta que Cho salga con Harry, ¿verdad? Aunque ya no sientas nada por él. Pero que Cho sólo se junte con la superestrella de turno..."

"La verdad es que ya paso mucho de ella. Pero, entonces, ¿es oficial que están saliendo?"

"Sí, oyeron a Harry pedirle salir para ir juntos a Hogsmeade el día de San Valentín," me confirma Hannah.

"Ese día va a ser el festival de las parejas."

"Madame Puddifoot se va a forrar."

"Y que lo digas. ¿Tú con quién irás?"

"Justin, no seas idiota, sabes que no tengo pareja. Iré con el grupo de los solteros solitarios solemnes."

"O sea, con Ernie."

"Espero que Zach y tú también vengáis con nosotros, ¿eh? No hace falta que nos dejéis solos, como siempre."

"Creí que te gustaba estar a solas con Ernie."

"Oh, sí, está muy bien cuando tenemos que discutir asuntos de prefectos o adelantar deberes juntos. Pero los días que salimos para disfrutar, quiero estar con gente con la que se pueda disfrutar. Y cuantos más, mejor, ¿no es así?"

"¿Pero es importante que venga Zacharías, o puedo invitar a Luna, o a Colin, o a los otros solteros del equipo?"

"¿Qué estás insinuando?"

"¿Yo? Yo nada. ¿Qué me has insinuado tú, que tengamos un dos a dos? ¿O que simplemente lleve a más gente?" sonrío con todos los dientes.

Hannah se pone como un tomate.

"Bueno... Bueno, ¡lo que tengo que oír!"

"Aquí no soy yo al que le preocupa que nuestro Zach le eche el ojo a cierta pelirroja."

"Es una cuestión de orgullo de la casa. De la casa."

"Hombre, aún es pronto para que tengáis vuestra propia casa, pero en unos pocos años, cuando salgáis de Hogwarts..."

"¡Me rindo! ¡Definitivamente, no se puede hablar contigo!" finge enfado, pero se está riendo.

"¡Creí que yo te comprendía mejor que nadie!" le grito mientras se aleja.

Y oigo que le dice a la gente de alrededor que nos está mirando:

"Ni caso le hagáis."

Mejor no le comento nada de esta conversación a Zacharías. Dejaré que las cosas sigan su curso. Me conformaré, por el momento, con la satisfacción personal de saber que a Hannah, definitivamente, no le interesa Ernie.


O McGonagall odia secretamente a los Hufflepuffs, o no hay razón en el mundo mágico ni en el muggle para justificar la cantidad inmensa de deberes de Transfiguración que nos ha encasquetado nada más volver de nuestros cálidos hogares y nuestra vida indolente. O quizá sea sólo yo el indolente.

Hannah se esfuerza tanto, que a ratos la he visto aplicarse un hechizo helador en la cabeza para contrarrestar el sobrecalentamiento. Otra que seguramente no habrá descansado en Navidades. O eso, o le ha dado demasiado al coco con otros temas ajenos a los estudios.

Susan tiene apoyo múltiple por vía Ravenclaw, vía tía en el Ministerio y vía mayores, pero yo no me quedo corto: cuando tengo serios problemas y estoy en la sala común charlando en el sofá circular con los deberes abandonados en el regazo, de vez en cuando alguien los mira y me sopla las respuestas. Alguna que otra vez se ha iniciado un debate sobre revoluciones de duendes y teorías de la propagación mágica y los genes hereditarios. En cierta ocasión antes de Navidades, Ernie estuvo un buen rato pegándose cabezazos contra las paredes del baño cuando le conté el acalorado debate que había surgido a partir de una redacción de Astronomía que tenía que entregar esa misma noche, y que él se había perdido por estar adelantando temas para vacaciones en la biblioteca.

Lo cierto es que mi interés por los estudios se limita a ir aprobando los cursos con las mejores notas posibles, sin matarme. Posiblemente la influencia de Ernie me haga llevar los deberes al día sin falta, pero quizá también si no estudio más es por culpa de su mala imagen de empollón reconcentrado y maniático del cronómetro y la planificación exhaustiva. Muchas veces me paro a pensar que, si me lo propusiera, podría sacar mejores notas que él con menor esfuerzo. No en vano fui preseleccionado para Eton, ¿eh? Es solo que el colegio y nuestra casa me tienen más absorbido que los libros, y en cierto punto de mi carrera como mago infantil decidí inconscientemente que más valía sacar peores notas que Ernie, si podía disfrutar de la vida el doble que él. Sé que soy injusto y algo engreído cuando pienso así, porque Ernie no tiene la culpa de ser como es. Pero a veces me gustaría que fuera capaz de disfrutar más de lo que le rodea, y no estar siempre pendiente de lo que debe hacer.

Como aprendió a hacer Cedric.

Pero Cedric era Cedric, y Ernie es Ernie.

...Y cuando Cedric desapareció, fue Ernie el que se encargó de recoger los pedazos de Hufflepuff y los míos propios. Que sí, que viene muy bien tener a alguien como Ernie en tiempos de necesidad. Pero, como bien me planteó mi padre, ¿qué hay de sus necesidades?

Quisiera hacer algo, de verdad. Siento que no basta con sentarme a su lado en clase, a su lado en la biblioteca, enfrente en el comedor.

Ayer incluso volví a tumbarme junto a él antes de dormir, y estuvimos hablando de lo que nos gustaría aprender próximamente en clase de Defensa, y cómo podríamos hacer para convencerle a Harry de que nos dé más lecciones a la semana, que al fin y al cabo el quidditch no es tan importante como esto. Luego nos reímos de nuestra propia ocurrencia, porque si decimos eso delante de del ED probablemente la mitad nos lincharía y nos usaría para practicar maldiciones en grupo durante el resto de la sesión.

Y esta noche, tumbados otra vez, mientras le comento las mejoras que he estado observando en los miembros del equipo, soy consciente de la forma en la que me mira mientras me escucha, y cuando bostezo y me despido hasta mañana. Pero no soy capaz de darle un abrazo de buenas noches antes de volver a mi cama, aunque sus ojos y mi cuerpo lo estén pidiendo a gritos. Creí que había superado esa barrera antes de Navidad, pero aún guardo un minipunto de pánico en la boca del estómago por las noches.

Aún me cuesta decidir si es por él o por mí mismo.


Las plantitas (algunas de las cuales no se merecen el diminutivo, sino la exterminación con lanzallamas) crecen bien saludables gracias a todo el amor que le dan los pequeños, pero hay varios de ellos que pasan demasiado tiempo con ellas, y me preocupan. Estos días se nota mucho la depresión postvacacional, la nueva separación de la familia, la perspectiva de varios meses más en el ambiente frío y duro del Hogwarts inquisitorial, unida a la sensación de inseguridad que impera en el mundo mágico. ¡Demonios! Hasta yo lo estoy notando, cuando antes era un descastado de tomo y lomo. Así que decido que esto no puede seguir así. Las canciones no bastan: Hay que recurrir a estrategias de choque.

Mi actuación estelar comienza durante la cena del domingo por la noche, cuando le pido a Zacharías que me ataque con un plátano. Zacharías se niega, pero Susan acepta tomar el testigo, así que la venzo soltándole el tigre de bengala. A uno de primero que se atreve a esgrimir una naranja contra mí, le suelto la plancha de 5 toneladas. Y a Ernie, a Ernie que me tira un par de uvas a la cabeza, le pego un tiro al corazón. La ventaja de ser mago es que puedes añadir efectos especiales con la varita a tus reposiciones de las mejores escenas de Defensa personal contra frutas, mi escena favorita del Flying Circus (en casa, a falta de permiso para usar la magia, no podía). ¿La desventaja? Que nadie más ha oído hablar de los Monty Python. Pero eso no quita que, aunque mis amigos den ya mi cordura por perdida, los pequeños se lo pasen bomba cuando nos ponemos jugar a la Inquisición Española en la sala común. Es una forma de sobrellevar la tensión que se respira en Hogwarts. No sé aún cómo he convencido a dos chicos de tercero para que sean mis acólitos, pero enfundados en nuestras túnicas a la altura de la nariz, nos dedicamos durante media hora a dar sustos a los que vuelven de la biblioteca, saltando desde detrás de la puerta al grito de: "¡NADIE SE ESPERA A LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA! ¡TA-CHÁAAAN!"

"¿Que no?" dice Ernie, que regresa uno de los últimos, a tiempo para mandar a los pequeños a la cama."Ya debe de haber llegado aquí también. Mira el tablón."

Todos nos acercamos corriendo al tablón de anuncios, incluido Zacharías, quien iba detrás de nosotros con un gorro cobrando entrada a los que miraban cómo asaltábamos a la gente. En efecto, hay un nuevo decreto de Umbridge. Esta vez, prohibiendo a los profesores que den más información a los alumnos de lo que les corresponde. Y todo por la fuga masiva de los mortífagos de Azkabán. Llevamos unos días en los que no se habla de otra cosa. Susan está que se sube por las paredes, ya que uno de ellos mató a la familia de sus tíos, y ahora que se ha removido la tierra, no dejan de hacerle preguntas morbosas.

"¡Estoy harta!" se lamenta. "¡No sé cómo Harry lo aguanta año tras año, de verdad."

Incluso se lo comenta al propio Harry en Herbología.

Yo prefiero no pensar mucho en ello, porque da bastante cague. Cedric es la prueba más evidente de que no estamos seguros ni en Hogwarts. Y en Hogwarts encima tenemos a esa... arpía.

"Tampoco es que los profesores estén muy dispuestos a hablar del tema," comenta Ernie, "pero esto demuestra que el Ministerio está tenso."

"El Ministerio tendrá que acabar aceptando la verdad," comenta el capitán Fleet.

"El Ministerio conoce la verdad. Otra cosa es que no quiera admitirlo públicamente," responde una compañera de séptimo.

"Oh, vamos, ¿pensáis que van a lamerle de nuevo el culo al niño Potter?" se ríe Zacharías con desdén.

Y entre unos y otros empiezan a discutir que si el Ministerio, que si Dumbledore, que si Potter, que si patatín. Y como veo que Ernie se aleja hacia los sillones, lo sigo y lo empujo, como quien no quiere la cosa.

"¡A usted le teníamos reservada la peor de las torturas, caballero! ¡A él con el sillón confortable!"

"¿Qué haces Justin?" se ríe, cayendo de culo al sofá que mis acólitos acercan rápidamente.

Luego nos dejan a solas y se van a asustar a la gente por su cuenta, hasta que oigo que una niña le da una torta a uno de ellos, poniendo punto y final a la función.

Pero como mi lema es el del gran Freddy: que la función debe continuar, yo sigo a lo mío. Me planto delante de Ernie, colándome entre sus piernas abiertas, y le acuso con el dedo.

"¡Confieeeeeeeese!"

"¿Qué tengo que confesar?"

"¿Dónde ha estado hasta ahora?"

"¿En la biblioteca?" responde con aburrimiento.

"¡Ajá!"

"¿Qué?"

"¿Cómo es posible que hasta en domingo pase tantas horas quemándose los ojos?"

"Justin..."

"¡Confieeeeeeese!"

"¿La verdad? No hay nada mejor que hacer."

"¿Cómo puede decir eso, si tenía aquí a la Inquisición Española, esperándole."

"¿No habíamos quedado en que nadie se espera a la Inquisición Española?"

"Pero ella sí puede esperar. Y tiene muuuuucha paciencia."

"Paciencia la mía, y la que hay que tener contigo. ¿Me vas a quemar en la hoguera o puede esperar hasta mañana? Tengo sueño, Justin."

"¿No va a confesar, entonces?"

"¿Qué quieres que confiese?"

Me aseguro de que nadie nos oye, y entonces me acerco a su oído para decirle:

"Sabes cuando las mujeres, ya sabes, empiezan a preocuparse demasiado, tú me entiendes, por lo que hagan o dejen de hacer los hombres," me siento en el reposabrazos, le empiezo a dar codazos y le guiño un ojo, " ya sabes, ya sabes, tú me entiendes. "

"Pues no, no te sigo, Justin."

"Si hombre, cuando empiezan a hacerte preguntas, ya sabes, sospechosamente interesadas sobre alguien que pensabas que no le interesaba, ya sabes, o que hasta hace poco le caía un poco mal, tú me entiendes."

Ernie arquea una ceja.

"¿Me estás hablando de Hannah?"

"Ahí le has dado, ahí le has dado. Y es que yo pienso que cuando alguien se empieza a mosquear porque una persona mire mucho a otra, es que algo hay, ¿verdad?"

Ernie arquea las dos.

"Ya sabes, tú me entiendes. No me digas más. No me digas más," sonrío.

"¿Ha hablado de esto contigo Hannah? ¿Te ha dicho algo?"

"No explícitamente, ya sabes, pero ha dejado caer cosas, tú ya me entiendes."

"¿Qué quieres que te diga? Me parece que sabes de esto más que yo. Ahora, Justin, en serio, necesito dormir. Estoy que no me tengo en pie. Y aún tengo que acostar a los pequeños."

"Está bien," le tiendo la mano para ayudarle a levantarse. "Entonces, ¿contigo no ha hablado nada?"

Menea la cabeza, con una extraña sonrisa. No está torcida del todo, pero tampoco es alegre.

"¿De qué te ríes?"

"De nada. Me hace gracia que a ti te vaya a pedir consejo... y a mí me los dé."

"No vino a pedirme... ¿De qué te da consejos a ti?"

"Ya sabes, tú ya me entiendes, no me hagas decir nada más."


Cuando las clases con Harry se reanudan, nos lo tomamos muy en serio. Con tanto mortífago suelto de nuevo por el mundo mágico, defenderse no es un logro, es una necesidad vital. No obstante, confieso que a mí lo que más me gusta de estas clases son las charlas que se organizan en los descansos y la cantidad de información interesante que nos intercambiamos entre las casas.

No sabía, por ejemplo, que si Umbridge asistía ahora a todas las clases de Hagrid, y por lo que parece también a las de Trelawney, es porque los tiene a prueba. ¿Quiere eso decir que puede llegar a despedirlos si considera que no cumplen su papel? A nadie le importa mucho el destino de ninguno, pero todos estamos de acuerdo en que resulta bastante molesto tenerla en clase poniendo nervioso al profesor. La verdad es que más de uno pensamos en ella cada vez que practicamos un ataque. Yo pienso más en Quien-tú-sabes, lo malo es que no sé qué aspecto tiene, así que me imagino a Umbridge con una capa negra que casi oculte su cara, en plan villano de película. Esto me ayuda a concentrarme. Al menos lo justo para no oír la estupidez de no-conversación, porque a tanto no llega, que suelen mantener Harry y Cho cuando éste viene a alabarle lo bien que mueve... la varita la niña.

"Pues yo creo que Neville está mejorando muchísimo," me dice Luna, con la vista perdida esta vez hacia el aludido. "Llevo mirándole un rato, y apenas falla."

Lo observo unos instantes y compruebo que es cierto.

"No podemos quedarnos atrás, entonces. ¡A por ellos, Luna!"

"¡Yaaaaaaaa!"

"¡Auuuuuuuuuu!"

"¡Lo siento, Justin! ¿Estás bien?"

Me levanto del suelo, recojo mi dignidad perdida por vez doscientas treinta y cinco mil, y reúno fuerzas para responder:

"¿Se puede saber a quién ves tú cuando me lanzas tus ataques?"

"Eso, como los buenos secretos, no se dice."


Sin embargo, la mañana de San Valentín, Luna me regala una chocolatina ("Porque hay que dársela al chico que mejor se porta contigo y más caso te hace, no al que quieres que te lo haga. La gente no sabe nada.") y me cuenta un secreto al oído. Me lo cuenta rápidamente y sin muchas explicaciones, del mismo modo que habla de monstruos de dudosa existencia, como si fueran algo lógico y natural. Pero la repercusión de sus palabras puede significar mucho para mí.

Aún las estoy meditando mientras me pongo el abrigo y los guantes en la sala común, cuando sube Zacharías, ya dispuesto, y retoma sus despotriques sobre la traición infame de Susan, que cada vez nos hace menos caso, que ya ni viene con nosotros a Hogsmeade. Tampoco es que antes estuviera siempre pegada a nuestras faldas, replico yo. Siempre ha sido bastante independiente. A Hannah, en cambio, le sigue costando más socializar fuera del círculo. Zacharías es un fracaso social, directamente. Pero eso no se lo digo.

"¡Pero qué tienen esos endemoniados Ravenclaw que todo el mundo quiere uno!" protesta al fin.

"Eso me pregunto yo de los Gryffindors," replica Hannah, con una mirada cargada de intención, calzándose el gorro.

"¿Los Gryffindors? Los Gyffindors tienen un buen equipo de quidditch, eso es lo que pasa," responde Zacharías, quien recibe la inmediata aprobación desganada del buscador Summerby.

El golpeador Rickett, en cambio, responde:

"Más bien, lo tenían. Desde que han dejado a los gemelos Weasley y a Potter fuera de juego, el camino hacia la copa se ve más despejado. Sólo habrá que preocuparse por las chicas, en realidad."

"¡Quién nos lo iba a decir, chicos!" se ríe el rubiales, terminando de ajustarse el abrigo. Las dos chicas de nuestro equipo le fulminan con la mirada. Tamsin Applebee, la cazadora, sujeta a la golpeadora O'Flaherty cuando hace ademán de collejearle.

"Sí, imagino que hay una en particular que no te deja dormir por las noches, ¿me equivoco? A este paso, te dejará fuera de combate antes de que empiece el partido siquiera," le espeta Hannah, y acto seguido me agarra del brazo y tira de mí hacia la entrada. "Anda Justin, vámonos, que nos va a dar el mediodía aquí a este paso."

"¡En qué quedó lo de salir en comando!" protesta una de tercero, a la que le encantan las historias de días Hufflepuff felices del pasado.

"El Comando-H no tiene por qué ir junto a todas partes, ¿no? Nos veremos en Las tres escobas, como siempre," responde Hannah la prefecta.

Los demás murmuran un asentimiento. Y los demás, la verdad sea dicha, son pocos. Hay demasiadas parejitas entre los mayores, incluyendo los nuestros.

"¿Y Ernie?" pregunto yo, mirando alrededor.

No le he visto subir de las habitaciones. De hecho, no le he visto bajar del desayuno siquiera.

"Ernie nos espera arriba," responde Hannah. "Tenía que terminar no sé qué ejercicios con Anthony antes de salir. O si no se le altera el plan de estudios."

"...y entonces un temblor infernal anunciará el fin del mundo, mientras que la tierra se abre y se traga el castillo, a sus ocupantes, y hasta a los fantasmas," termina Zacharías, alcanzándonos y poniendo los ojos en blanco, antes de preguntar a Hannah qué ha querido decir con eso de "dejarle fuera de combate", que se explique; provocando que ésta se haga la misteriosa hasta que nos reunimos con Ernie, que es cuando finge, de forma clara y cristalina, que pasa olímpicamente del tema y de Zacharías.

Jamás entenderé el mensaje de San Valentín, ni por qué la gente le da tanta importancia. Imagino que estar desparejado es una buena razón para no intentar siquiera comprenderlo (el año pasado bien que cantaba por estas fechas). Pero incluso forzándome a imaginar un doloroso aunque precioso futuro alternativo en el que Cedric aún siguiera vivo y pudiéramos pasar este día juntos, mi idea de un San Valentín perfecto seguiría siendo una fiesta con amigos en Las tres escobas, y una velada de madrugada a solas con Cedric. Como cualquier otro día feliz.

Y mejor no recordar, pero recuerdo, que Cedric solía pasar los sábados de Hogsmeade en compañía de cierta arpía que se ganó su beso con tretas baratas de mujer.


Apenas hemos comprado unos caramelos y hemos dado un paseo, por andar, y porque los de tercero que se nos han pegado aún se emocionan cuando ven de cerca la Casa de los Gritos, cuando empieza a llover a cántaros. Alguien comenta que viva el entrenamiento aguado de Gryffindor.

"¡Y a mí qué!" dice Zacharías. "Por mucho que entrenen no van a ganar experiencia en una semana, pero a nosotros se nos acaba de aguar la excursión."

Alguien propone que corramos, y casi todos le seguimos sin pensarlo. Hannah dice que quiere ir a Dervish & Bange's, y Zacharías replica que va a donde ella quiera, pero que sea rápido, que no le gusta mojarse la cabeza. Luego va despotricando a cada charco. Ernie se echa a reír, y yo tampoco me puedo aguantar.

La risa, sin embargo, se me seca en la garganta cuando pasamos por delante de la cafetería de Madam Puddifoot justo cuando la puerta se abre. Vagamente soy consciente de que los otros también se han parado en seco siguiendo mi involuntario ejemplo.

"Chicos, tengo una extraña sensación de deja vù. ¿No es esa Cho Chang?" pregunta Hannah.

"¿Y llorando?" completa Ernie, comentando lo obvio.

"¡Hala! ¡Qué torta ha estado a punto de meterse! ¿Pero adónde va con esas prisas?" Zacharías la sigue con la mirada.

"¡Mira, ahí sale Harry!" exclama Hannah, y todos nos volvemos.

"Demasiado tarde, Cho se ha metido en Honeydukes," observa Ernie.

Esto parece un partido de tenis.

"Que no, Potter, que no busques, que se te ha ido," se ríe Zacharías. "Para los reflejos que tiene como buscador, Cedric le ganó también en esa."

"¡Ay, pobre, mírale qué chafado está!" dice Hannah.

"¿Qué chafado? Lo que está es de mala leche, y con razón. ¿Es que nunca va a cerrar el grifo esa pava? A saber qué numerito le ha montado ahí dentro la muy-"

"Justin, no seas así. Igual Harry le ha dado algún disgusto. Y además, pienso que ni siquiera Cho se merece que la traten mal," afirma Hannah, siempre comprensiva.

"Lo que esa chica se merece es un premio. No es fácil protagonizar la misma escena dos años seguidos," comenta el rubiales, divertido.

"Los que nos lo merecemos somos nosotros, por estar siempre aquí cuando pasa," replica Ernie. "Pero Justin no necesita torturarse más, ¿verdad, Justin? Está lloviendo a cántaros, anda vamos a-"

"Harry está mejor sin ella," mumuro sin pensar mucho, mientras me hacen andar deprisa hacia Dervish & Bange's.

"¿Harry? ¿Desde cuándo te vuelve a importar lo que-?", comienza Ernie, pero le corto rápidamente.

"¿Sabéis que Luna va a conseguir una entrevista para la revista de su padre, el Quisquilloso? Una entrevista a Harry Potter, contando toda la verdad sobre lo sucedido la noche que mataron a Cedric."

Ahora la lluvia torrencial ya no importa tanto, ¿verdad?

"¿Cómo lo sabes?" Ernie se ha quedado tan helado como los otros.

"Me lo ha contado Luna esta mañana. Hermione Granger lo ha organizado todo."

No sé cuándo se publicará, pero no puedo esperar a leerlo. Y por la cara de mis amigos, me imagino que ellos tampoco.


El domingo por la noche, después de un entrenamiento feroz bajo la lluvia, el equipo se reúne alrededor del brasero central para entrar en calor, por dentro y por fuera. Más de la mitad de la casa está sentada a su alrededor, en el sofá circular, en las sillas o en el suelo. Incluso los más estudiosos de quinto y séptimo. Estamos todos muy pendientes de este partido. Y de las palabras del capitán Fleet quien, no, no es Cedric, pero se esfuerza por llenar el vacío. Esto parece estarle causando un poco de ansiedad y problemas personales. Ayer, por ejemplo, llegó tarde a su cita de San Valentín en Hogsmeade por echar un vistazo al entrenamiento de los Gryffindors (algunos a eso lo llamarían espiar, pero él insiste en que era una mera "supervisión de los rivales").

"...así que el sábado que viene, tenemos que salir a ganar. Sin miedo, sin tregua, sin duda," concluye con decisión.

"No podemos perder contra esa panda de novatos," añade Smith, mirándolos a todos con fiereza.

"¿Qué tienes contra los novatos?" protesta el otro cazador, Cadwallader.

"Tú ya no eres novato, Cad. Pero lo que Zach quiere decir es que les vamos a reventar los aros," promete la tercera cazadora, Applebee.

"Y Summerby atrapará la snitch, sin importarle lo buena que esté la buscadora del equipo contrario, ¿verdad, Summerby?" bromea el golpeador Rickett.

"¡Atchús!" asiente con vigor nuestro flamante nuevo buscador.

"¿QUÉ TE PASA, SUMMERBY? ¿QUÉ TIENES? ¡NO TE ME IRÁS A PONER MALO AHORA, ¿VERDAD?!" lo agarra el capitán Fleet por los hombros, sentado como está a su lado.

"No," coge un pañuelo y se suena los mocos. "Debe de ser el tiempo... Como paso tanto aburrido ahí arriba mientras los demás os movéis de un lado para otro... Pero es sólo un enfriamiento, nada más. Mañana se me pasará. Qué sí, hombre, pierde cuidado, capitán. "

Sin embargo, la lluvia nos martiriza durante unos cuantos días más, y el miércoles Summerby acaba postrado en una cama de la enfermería con 39 de fiebre. El capitán llora en una esquina después de la hora de cenar, abrigado por la cazadora (Applebee) y el golpeador (Rickett), que por cierto son pareja desde esta misma tarde, así que más se abrigan entre ellos cuando el capitán esconde la cabeza en las manos y se desespera.

Los rumores cuentan que Rickett se ha declarado aprovechando que han coincidido en la visita de las 5 a Summerby. Por lo visto, como éste estaba dormido, o al menos lo parecía, se han quedado cada uno a un lado de la cama, charlando un poco de todo, hasta que él se lo ha soltado a bocajarro, agarrando a Applebee de las manos por encima del bulto febril inconsciente para decirle: "¿Quieres salir conmigo?". Creo que han consumado la aceptación con un buen morreo. O eso le ha dicho Summerby a Zacharías cuando ha ido a verle poco después con el capitán Fleet. El capitán, muy preocupado, se ha limitado a decirle que deje de delirar y que por favor haga todo lo posible por ponerse bueno antes del sábado, y acto seguido se ha tenido que marchar a regañadientes, porque le tocaba cita con su novia Ravenclaw (aunque, según Zacharías, se notaba que prefería quedarse allí hasta asegurarse de que a Summerby no se le había ido la cabeza del todo). Con lo cual, el pobre Summerby se ha desahogado con el rubiales, contándole lo mal que lo ha pasado todo ese rato, fingiendo que su cuerpo estaba ahí, pero su espíritu no, y aguantando las ganas de toser durante al menos diez minutos interminables para no cortarles el rollo a sus compañeros.

Más tarde, al regresar de su cita y encontrarse a Rickett y Applebee enrollándose en un sofá de la sala común, el comprobar que no eran delirios, sino que Summerby decía la verdad, ha levantado un poco la moral al capitán.

Sólo un poquito.

"Capitán, tú no te preocupes, que si hace falta busco yo," le dice todo dispuesto Zacharías.

A lo cual Hannah le espeta que lo que está buscando es una excusa para atosigar a la Weasley de cerca.

"¿O es que tienes miedo de errar el tiro ante su hermano?"

Estas insultantes palabras, que ni yo le habría dicho en broma en un momento de relax total, digamos, con tres litros de firewhisky encima, inician una bronca de dimensiones absurdas en la que Zacharías acaba dejando a Hannah contra la espada y la pared, preguntándole a las claras y exigiendo una respuesta, sobre qué demonios le importa a ella si practica maldiciones o se la PIIIIIIIIIIIIIIIIIIII pensando en Ginny Weasley. Que está harto de escuchar estupideces. Llevan así desde el sábado, pero esta vez el tono de Zach la pilla por sorpresa; y la debe de haber dolido, porque sin más se va a llorar a otra esquina, sola y desconsolada. Ernie está estudiando en la biblioteca, y Susan también (pero estudiando a Boot, probablemente); y a mí me aparta de su lado. Como el rubiales se ha ido con el mohín a otra esquina, mordiendo a todo el que se acerca, y ya sólo queda una libre, animo a un par de aspirantes a bardos a que toquen un rato conmigo, a ver si con la música conseguimos amansar a las fieras.

Alguien me tira un cojín a la cabeza cuando entono el primer verso de Love is in the air.

Cabrones desagradecidos.


Los rumores de la entrevista que Harry ha concedido van pasando de mesa en mesa, aunque no se le da mucha importancia porque nadie parece dispuesto a creerlo hasta que no lo vean por escrito.

En cambio, en nuestra casa hay una tensión creciente a medida que el viernes se acerca y Summerby sigue postrado en la cama, con el capitán a su lado dándole una cucharada de sopa y otra de remordimientos de conciencia, por el apuro en el que va a poner al equipo si al final no puede jugar.

El viernes a mediodía Madam Pomfrey lo suelta con la condición de que no le hagan entrenar y que se ponga el termómetro cada dos horas. Si por la noche no ha bajado de 38, que es lo que suele tener después de cenar, nada de jugar mañana.

"No hay presión, no hay presión," murmura Summerby con unas ojeras tan largas que podría caminar con ellas.

Pero parece aliviado de salir de la cama. El capitán se lo lleva envuelto en una manta por los pasillos, como si fuera una posesión preciosa, rodeándole los hombros con un brazo. Fleet viste tal cara de psicópata por la preocupación, que hasta un grupo de pequeñajos de Gryffindor se apartan a su paso. Zacharías y yo seguimos al resto del equipo de cerca.

Poco después de la cena, el capitán nos mandá a buscar a los que siguen aún desperdigados por el colegio.

"Es la hora," nos dice.

"Es la hora," le digo a Ernie y a Hannah en la biblioteca.

"Es la hora," voy oyendo por el pasillo de camino de vuelta a la sala común. Hufflepuffs que salen de los baños y de los dormitorios.

Cuando por fin estamos reunidos alrededor del brasero, la tensión que se respira en el aire se puede cortar con cuchillo. Durante unos segundos, no se oye ni una mosca. El silencio termina cuando Summerby estornuda.

"Capitán, ya han pasado los 5 minutos," anuncia Zacharías, mirando su reloj.

Todos lo miramos, expectantes.

"Vamos allá," anuncia, remangándose. Con cierto tembleque, mete la mano por debajo de la manta y de la túnica, hasta llegar al sobaco de Summerby. Instantes después, la vuelve a sacar, mira el objeto en su palma, y sonríe:

"37.5."

"¡BIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEN!" comenzamos a aplaudir con exclamaciones triunfales, vítores y gritos de guerra.

"¡SÍ, MAÑANA TENDREMOS BUSCADOR!"

"¡Un hurra por Summerby! ¡Summerby SÍ que es NUESTRO rey!"

"Pero yo aún me encuentro muy malito..."

"Tonterías, chaval, tú estás sano como una roca," le palmea la espalda el capitán, conteniéndose a tiempo, justo a tiempo, para no abrazarlo.

"Cuando acabes el partido puedes volver a la cama, hombre. Piensa en ella cuando quieras animarte," le dice Zacharías con una enorme sonrisa.


Sin embargo, nuestro buscador debía de tener más ansias que ganas por agarrar la cama el sábado, ya que en el último momento, en el momento clave y crítico del partido, cuando tiene que disputar la snitch con la menor de los Weasley, cuando está a punto puntísimo de cogerla, cuando pensamos que en verdad vamos a derrotar a Gryffindor por goleada (el marcador va 240 a 80), cuando está virtualmente en su mano...

"¡Atchús!"

...Summerby estornuda.

Y Ginny Weasley atrapa la snitch.

Pero una victoria es una victoria, aún sin las estrellas del equipo rival, y ese factor le salva del linchamiento verbal. Ese factor y Madam Pomfrey, que ha venido corriendo al campo para llevárselo con ella de nuevo a la enfermería a pasar el resto del fin de semana. Espero que le dé alguna droga que le impida acordarse de lo que ha pasado. Qué demonios, tendría que dársela a todo el equipo para que sirviera de algo. Es igual. Nosotros bajamos en tromba a darles la enhorabuena, que se lo merecen.

"¡Casi los machacamos!" comenta Cadwallader de camino a los vestuarios.

"¡Casi aplastamos a Gryffindor!" aplaude Applebee.

"Elimina el casi, ¿quieres? La snitch era nuestra. Ha sido mala suerte," responde Zacharías, quien le tenía tantas ganas al pelirrojo guardián de Gryffindor que se ha encargado personalmente de acribillarle a la menor ocasión.

"Hemos ganado," comenta el capitán, quien aún lo está asimilando.

"¿Habéis visto a ese Weasley intentando parar la Quaffle?" se ríe una de sexto. "Creo que en el próximo baile voy a adoptar esa coreografía," añade, y acto seguido hace una imitación perfecta.

Sus amigas se ríen. Zacharías y los demás se carcajean, y pronto hay una oleada de imitaciones, que degeneran luego en la sala común en un concurso a ver quién representa el "pilla el punto a Weasley" más sonado:

"Y este fue el 80 a 0," dice Applebee, antes de agitarse hacia atrás con un brazo nadando hacia delante.

"¡El mejor ha sido el 140!" comenta Rickett, sentado junto a ella. Más bien, adosado a ella.

"¿Y habéis visto el definitivo, el 240?" cuenta uno de cuarto, quien hace un gesto de incredulidad con la cara y con los ojos que nos tiene a todos por el suelo medio minuto.

"Yo creo que nada supera la cara que puso cuando su hermana atrapó la snitch," dice Ernie."Es como si estuviera condenado a muerte y le hubieran salvado la vida en el último minuto."

"Ginny es buena," comenta Susan. "Terry dice que lleva entrenando años en secreto cuando sus hermanos no miraban. Se lo ha contado Michael."

"Vamos, que no es generación espontánea," sonríe O'Flaherty, a la que le gusta ver a otras jugadoras en acción, aunque sean rivales.

"Los gemelos también son bastante buenos," añade Rickett, quien se ha enfrentado a ellos varios cursos.

"Sí, sin ellos en el campo ha sido todo mucho más fácil," admite Applebee desde su regazo. Ella también los ha sufrido en sus carnes.

"Pero al final hemos ganado por nuestros propios méritos, muchachos. Igual que la otra vez," sentencia Zacharías, con un tono que no admite réplica, a menos que quieras discutir con él, y yo me abstengo de comentar que Cedric no lo vio así en su día, pero acabó aceptándolo para no aguar la fiesta.

Y es que sí, la otra vez también ganamos justamente, pero...

"Hemos ganado," insiste el capitán, que vuelve a llevarse las manos a la cabeza. "De verdad que no me lo creo."

Todo se hace más creíble cuando llega la cena especial de campeones que nos hacen llegar a casa y empezamos a celebrarlo a lo grande. Con canciones y efectos especiales, el "Weasley dance" y un par de parejitas dando la nota por los sofás, tenemos el casi-desbarre Hufflepuff garantizado. Hannah está aún un poco resentida por las palabras de Zach, pero éste está tan contento por la victoria, que en cierto momento le ofrece su botella de cerveza de mantequilla, y ella la acepta sin pensar.

"¡Un beso indirecto!" exclama O'Flaherty.

Otros se ríen. Y luego pasan del tema enseguida. Pero Hannah le devuelve la botella sin mirarle, y Zach está como un tomate. Lo último que oigo es a él diciendo:

"Oye mira, que lo del otro día..." al tiempo que se sienta a su lado en el sofá, un instante antes de que algo enorme me tape la visión.

Miro hacia arriba y me encuentro a Ernie, más serio incluso de lo habitual, que me dice:

"Yo me voy a la cama ya," y luego en voz apenas audible: "¿Te vienes?"

"No, creo que me quedaré un poco más. Quiero ver en qué acaba la noche," señalo con la cabeza detrás de él.

Ernie los observa unos instantes, se vuelve de nuevo hacia mí, y dice:

"Cuando te canses de mirar a los demás, y quieras empezar de nuevo a tener vida propia, me avisas."

Sus palabras me dejan un poco helado y pensativo. Y eso que estoy rodeado por gente que no deja de hacer bromas y de cantar desafinando y con temas... nada recomendables para menores de quinto, por lo menos.

No han pasado ni diez minutos cuando me pongo en pie, me despido con cualquier pretexto y me bajo al dormitorio.


Los demás están todos arriba. La luz está apagada. Ernie ni siquiera está leyendo hoy. En el último momento, me doy cuenta de que no me he lavado los dientes. Bueno, por un día...

"¿Ernie?"

"¿Qué quieres?" responde una voz de ultratumba.

Bien, no está dormido aún.

"Eres un mamón."

"¿Y eso a qué viene?"

"Primero me haces proposiciones indecentes, y luego te vas a dormir antes siquiera de que pueda aceptarlas."

"Tú no aceptas ni las buenas noches, Justin."

"¿Oh?" respondo con una rodilla en su cama. Hoy me siento atrevido.

"¿Qué haces, Justin?"

"Hacerte sufrir."

"Eso se te da bien."

"¿De verdad?"

"Hoy has cantado doce canciones, Justin. Doce. Que las he contado. Sólo tres eran nuevas. Si a eso no lo llamas tortura..."

"¡Ja! Nadie más se ha quejado."

"Eso es porque te ignoran, bardo pardillo."

"¿Y tú por qué no lo haces, si tanto te duelen los oídos?" murmuro, al tiempo que mi rodilla choca con la suya. Ya no puede huir más sobre el colchón.

"Porque soy el único imbécil que te escucha, cuando los demás ya se han ido a otro lado."

"¡Ataque de la manta humana!" exclamo, mientras caigo todo lo largo que soy encima de su tripa.

Ernie protesta, pero como está atrapado bajo mi peso, no hay mucho que pueda hacer.

"Justin, que pesas."

"Tú pesas más," le digo, levantando el pijama y restregando mi cara contra su tripa. "Y cómo se nota que últimamente no haces mucho ejercicio."

Ernie no responde. Sigo restregándome, al tiempo que voy bajando, voy bajando, hasta que llego al pantalón del pijama. Ahí es cuando yo empiezo a lamer, y Ernie, a gemir. Sigo el rastro con mi nariz, mientras que mis manos van apartando la ropa, y cuando encuentro lo que busco, me deshago en lametones, hasta que decido hacer las cosas a conciencia. Ernie intenta ahogar en vano los gemidos, mientras con sus manos en mi cabeza alienta mis acciones. Al final hace lo más sencillo: me agarra las piernas, me baja los pantalones, y me devuelve el favor. Creo que esto tenía un nombre científico, pero qué más da. Es intenso y excitante.

Cuando los dos nos hemos quedado a gusto, y nos relajamos tal cual estamos mientras recobramos el aliento, se me ocurre que no es una postura digna para que nos encuentren nuestros compañeros de habitación. Estoy pensando en cómo moverme cuando es Ernie el que se incorpora, me hace a un lado suavemente, se sienta en la cama, y sé que está a punto de decirme algo, de hacerme algo, de agarrarme los brazos... pero la puerta se abre y de un salto me meto en mi cama antes de que la luz de una varita intente dar cuenta de nuestro estado.

"¡Apaga eso, que hay quien quiere dormir!" chillo con medio fuelle, que es más del doble de lo que en realidad me queda, con el corazón aporreándome el esternón y haciendo eco-eco en mis oídos.

"Bueno, bueno, ni que fuéramos a seguir la fiesta. Para eso ya se bastan los de séptimo, que tienen montada una en su dormitorio con todo el equipo... Se han metido hasta los de sexto. Chicas incluidas."

"Adivina quiénes no se despegan hoy," sonríe otro compañero.

La verdad es que Applebee y Rickett han pasado la velada en proceso de fusión corporal constante.

"Pues a mi también me gustaría que me dedicaran 50 puntos, oye. Y más si luego me dan un beso por cada bludger que he desviado por ella."

"¿Estás celoso?"

"¿Yo? Estoy hasta las pelotas de ellos, las tres."

"¿Y Zach, qué? ¿Algún avance?" les pregunto.

"Nah, han hecho las paces y se han ido a dormir como niños buenos. Al menos la prefecta, que ha prometido hacer la vista gorda mientras silencien el entorno. Con el fiestorro del equipo, no creo que Smith duerma mucho esta noche."

"Pues para compensar, a ver si nosotros podemos dormir por todos ellos. O, al menos, dormir."

"Yaaaaa vino el prefecto a joderla."

"Ernie, tío, relájate."

"Ya estoy relajado," se defiende él.

"Cómo no, sí me puedo imaginar para qué propósito deshonesto te has venido al cuarto tú solo antes que nadie."

Ahí lo han pillado. Y a mí se me suben aún más los colores. En la oscuridad no puedo ver la cara de Ernie, pero su tono de voz es de profundo fastidio. Al menos no se ha dignado a responder a la última pulla. Total, sabemos que los otros lo han hecho más de una vez porque yo pillé a uno y Ernie al otro hace un año o dos. Es fácil creerte que estás solo en el cuarto, feliz en la intimidad de tu cama, y que de repente alguien se haya dejado un libro o el rollo de pergamino o los calzoncillos y, como no te enteres de que la puerta se ha abierto, te arriesgas a que ese momento sea inmortalizado en el anecdotario del curso para la posteridad. Peor lo deben de llevar los compañeros de curso de Colin, no obstante. No quiero pensar lo que tiene ese chaval en su colección fotográfica privada. En Hufflepuff estoy a salvo, creo.

Anda que no ha llovido, y lo tranquila que sigue siendo mi vida, cuando no me provoco estos sobresaltos por... necesidad irresistible de alterarla. Hasta qué punto quiero hacerlo, no lo sé. Pero ya no tengo tantas dudas idiotas ni remordimientos duraderos antes y después, respectivamente, de seguir impulsos como el de esta noche.

Además, hay que reconocer que Ernie me lo ha dejado en bandeja. ¿Se habrá dormido? ¿En qué estará pensando ahora mismo? Oigo a los otros comentar un par de jugadas más, de antes y durante la fiesta, y caer como troncos al poco rato. Es entonces cuando me doy cuenta de que aún tengo los pantalones hechos un burullo alrededor de los tobillos por debajo de la colcha. Demonios, ni siquiera me he puesto el pijama. Me levanto para solucionarlo, y no he hecho más que tirar la túnica y los pantalones al suelo, cuando oigo que Ernie se levanta de un salto y se queda de pie justo detrás de mí, con la respiración desbocada. Él se queda parado, y yo, rígido, esperando su siguiente movimiento. Cuando no lo hay, comprendo: está esperando mi reacción.

Date la vuelta, Justin, vamos, date la vuelta, me digo, me repito, me insisto.

Pero mi cuerpo no se mueve, no hay más impulsos. No hay más atrevimiento por esta noche. Lo noto, lo sé, lo... siento.

Al final es Ernie el que resopla, se da media vuelta y vuelve a su cama, desistiendo.


El domingo, Ernie pasa todo el día en la biblioteca. Ni siquiera le veo a la hora del desayuno, debe de haber madrugado más que nadie. Me siento un poco mal. Quiero hablar con él, de cualquier tema menos de anoche, claro, pero no me atrevo a molestarle cuando estudia sin una buena razón. Ernie se toma muy en serio sus horas de rigor, y es algo que quiero respetar, como buen amigo que soy. Las veces que paso por detrás y le soplo la nuca o le escribo mágicamente "cerebro frito" en la mano o le garabateo tonterías en los apuntes, para seguir luego mi camino como si nada, no cuentan.

Después de comer me paso con Zach a ver a Summerby, quien parece encontrarse un poco mejor, y de quien el capitán no se separa ni un minuto, no sé si porque se siente culpable de haberle hecho jugar enfermo, o porque quiere hacerle sentir culpable a él por haber perdido la snitch delante de sus narices.

No me apetece estudiar, pero decido que es mejor que termine los deberes antes de la hora de la cena, de modo que volvemos a la sala común a por mis cosas. Allí Zach dice que necesita recuperar un poco de sueño de la noche anterior, así que me subo solo a la biblioteca. Al entrar veo a Ernie en su sitio de siempre, concentrado al máximo. Con mucho sigilo, me acerco por detrás, apoyo la barbilla en su cocorota, y le masajeo los mofletes.

"Te estás acorchando, señor prefecto," le susurro, y me deleito con su sobresalto.

"¿Has venido a estudiar o a tocarme los...?" susurra con poca paciencia.

"A estudiar, a estudiar. Tengo que terminar una traducción de runas."

Me siento rápidamente a su lado, pero al retirarme dejo que mi mano acaricie su nuca como quien no quiere la cosa. A Ernie le da un escalofrío, pero sigue a lo suyo. Estudiamos en silencio, uno junto al otro, durante varias horas, hasta que llega el momento de las lecciones de apoyo de Estudios muggles que vuelvo a dar los domingos junto a los otros compañeros de familia anormal. Antes de irme, garabateo un Siento lo de anoche, lo de después. en un papel que le suelto con la varita encima de la línea que estaba subrayando en ese momento, y que queda como la espalda de un camello. No recibo respuesta, pero le noto algo más sonriente en la cena.


El lunes sale por fin el ejemplar del Quisquilloso, que la Sapo no tarda ni dos minutos en prohibir con un nuevo decreto educativo. Bueno, si nos hemos enterado de que ha salido ha sido gracias precisamente al decreto de marras. La gente ya se las ha ingeniado para convertirla en un codiciado objeto de contrabando estudiantil.

Ernie ha conseguido una copia camuflada de la entrevista de Harry, que por suerte estaba ya en su poder cuando Umbridge ha registrado al dueño original, y todos la leemos a escondidas después de cenar y la comentamos en las duchas. No sé en las otras casas, pero en la nuestra quedan ya pocos que duden de que lo que le ocurrió a Cedric fue un accidente. Muy pocos. Y la mayoría es, o porque son demasiado pequeños y por tanto no conocieron a Cedric, o porque no saben aún qué pensar.

Esa noche me da la vena y me quedo en el sofá circular contemplando las estrellas en el techo después de que todos se hayan ido a dormir, algo que no creo que pueda hacer yo, después de lo que he leído; y me lo he leído tantas veces que me lo sé de memoria. En cierto momento, el sofá se hunde a mi lado, donde Ernie ha vuelto para sentarse con un mamotreto de libro iluminado mágicamente del que no despega los ojos ni siquiera cuando recuesto mi cabeza contra su hombro mientras a la luz de mi varita me leo el artículo una vez más, sólo una vez más.


Parece ser que más gente está apoyando ahora a Harry, y que incluso Cho y él han hecho las paces gracias a la entrevista. La gente sigue hablando de los fugitivos, del retorno de Quien-tú-sabes, y de quién será el primer profesor en ser despedido. Hasta que un buen día, a la hora de cenar, Umbridge intenta dar la patada completa a Trelawney y echarla de Hogwarts. Por alguna razón, quizá para demostrar el apoyo a sus profesores y desafiar a Umbridge, Dumbledore impide que se vaya del colegio, y trae a un centauro para que dé clases en su lugar. Muchos lamentamos ahora no haber cogido Adivinación en tercero. Ese centauro es impresionante. Hannah está que babea con él, mientras que Zacharías ya ha logrado sacarle por lo menos 200 pegas.

"¡Si lo único que sabe decir es que los humanos no sabemos nada ni lo entenderemos jamás!"

"Pues yo si sé una cosa, y es que es una criatura preciosa. Mucho mejor que la histérica de Trelawney," replica Hannah.

"¿Histérica? Le dijo la sartén al cazo..."

"¿Qué has dicho?"

"Que esa asignatura me sigue pareciendo un latazo."

"Ya te gustaría a ti montarlo, ¿eh Justin?" me pregunta un compañero de Zacharías a traición cuando me pilla mirándolo embelesado antes de que entre en la clase once, donde acaba de entrar Hannah.

"Pues no. La verdad es que no me va la zoofilia, ni siquiera la mágica."

"Lo olvidaba, a ti lo que te van son los prefectos."

Estoy a punto de arrearle, cuando me doy cuenta de que hacia nosotros viene Ernie, que acaba de salir de su clase de Aritmancia, y para cuando miro atrás, el bocachancla se ha escaqueado detrás de una columna y se dirige a donde Zacharías lo espera para salir juntos a clase de Hagrid.

"¿Vas a casa? ¿Puedes dejar estos dos libros en mi cama, Justin?"

"Claro."

Han cancelado Estudios muggles porque el profesor se ha ido a investigar no sé qué evento muggle importante que ocurría hoy, así que tenemos la última hora libre. Supongo que aprovecharé que la sala común está vacía para adelantar-

Espera.

La sala común estará vacía.

"Toma, gracias."

Ernie me entrega los libros, que pesan como el demonio, y hace ademán de irse.

"Espera, Ernie."

¡Que la sala común estará vacía!

"¿Qué?"

...Como mi mente en estos momentos.

"Queee... nos vemos en la cena."

Ernie sonríe, desconcertado.

"Sí, Justin, nos veremos como cada día desde primer curso."

"Bueno, en segundo hubo un tiempo que-"

Ernie se queda aún más perplejo, hasta que al fin sonríe de oreja a oreja:

"Oh, ya comprendo. Te da miedo volver a casa solo porque recuerdas aquella vez en circunstancias semejantes que te encontraste un basilisco por el pasillo, y quieres que te acompañe. ¿Es eso?"

"¿Qué?" ahora soy yo el que se queda perplejo. "Nononono, sólo quería decir queee... bueno, que nos vemos luego."

"Claro. Pero, oye, a ver si algún día me dices lo que piensas sin más rodeos, porque se está volviendo complicado contigo. Casi más que con Hannah."

"¿Y a Hannah qué le pasa?"

"Oh, nada, que está muy nerviosa por los exámenes. Dice."

"Dice," asiento, y sabemos que en gran parte es verdad.

"Ahora mismo el que de verdad está preocupado por los exámenes soy yo. Y si a ti también te preocupan, más te vale aprovechar cada hora libre que tengamos, como ahora. A menos que estés pensando en dar ahora Adivinación."

"¡Qué dices!"

"Anda, deja de perder el tiempo, coge tus cosas, y vente a estudiar conmigo, que si te pierdo un momento de vista, te evades y abandonas el buen camino hacia los TIMOS."

Pues lo habría hecho, y le habría dado en los morros al señor prefecto, si no fuera porque Zacharías sale antes de Cuidado de criaturas mágicas por no sé qué asuntos personales de Hagrid, que ha aprovechado que Umbridge estaba hoy de visita informativa mensual al Ministerio para escaquearse media hora de su clase. De modo que a mí me vence la desidia, y me quedo en el sofá con él. Zach empieza a hablarme de quidditch, de "Potter y sus teorías del fin del mundo" y de cómo va a darle su merecido a esos gemelos Weasley la próxima vez que intenten algo. Yo le pregunto que si antes o después de caer en su trampa. Pero él me ignora y pasa a comentarme que ve muy nerviosa a Hannah últimamente, más de lo normal. La nota muy irascible, dice.

"Zach, es que tú tienes matrícula de honor en irritar a la gente."

"Ja, ja, muy gracioso. Pero cuando es a Susan a la que grita, por una tontería de la ropa en su dormitorio, o a Ernie, porque dice que ella se preocupa más como prefecta que él algunas veces, que ojalá la ayudara más; o a Neville Longbottom, como me contaste, por hacer mal la tarea que les ha tocado juntos en Herbología, creo que alguien está perdiendo la perspectiva, y a este paso, el juicio."

Lo de Neville fue algo bochornoso. Pobre. Qué cara se le quedó. Fue como si la hubieran poseído. Casi abofetea a Dean Thomas cuando éste le dijo a Neville que no se preocupara, que probablemente ella sólo estaba en uno de esos días del mes. De verdad que la vi sacar los colmillos y las garras de tejón rabioso. Con lo dulce que ha sido siempre Hannah... Hombre, ya cuando la conocimos era algo nerviosilla, con tendencias histéricas. Pero es que como siga así, va a acabar necesitando terapia.


De momento, Madam Pomfrey ya la ha puesto en tratamiento serio. Resulta que hoy le ha vuelto a dar un pronto, la madre de todos los prontos, y se ha echado a llorar en Herbología delante de toda la clase en un fastuoso despliegue de autoflagelación verbal. Sprout nos ha pedido a Ernie y a mí que la llevemos corriendo a la enfermería y, por lo bajo, nos ha pedido que la observemos atentamente de ahora en adelante.

Ernie ha ido todo el camino criticando a los profesores por sorbernos los sesos con los TIMOS, cuando sabemos de sobra que están a la vuelta de la esquina. Hannah se ha ido abrazando por turnos a Ernie y a mí, repitiendo una y otra vez que quiere irse a casa, que no aguanta más, que se siente muy sola, que está harta de no tener amigas, que no sirve para nada, que no logra concentrarse, que va a suspender todas, y que se lo merece, por zopenca.

Después de la poción calmante que le ha dado Pomfrey y la buena siesta que la hemos obligado a echarse, se la ve un poco más tranquila. No ha querido subir a cenar, porque le da vergüenza salir de nuestra casa después del número que ha montado en clase, así que pedimos a los elfos de las cocinas un plato con cositas ricas y una jarra de zumo, que se toma con ganas mientras le dedico un Tunnel of Love lento y sosegado que le hace sonreír de oreja a oreja. Esa canción nos trae tan buenos recuerdos...

Cuando el equipo regresa del entrenamiento, alguien suelta una pregunta sobre la prefecta, que es rápidamente acallada. El rumor se ha extendido como la pólvora, pero es mejor que hoy nadie le recuerde a la pobre el bochorno, les dice Ernie. Sin embargo, los mayores se sientan a su alrededor y empiezan a contarle episodios similares de crisis durante sus respectivos quintos cursos, de mayor y menor envergadura, incluida una hospitalización en San Mungo, por "estudiar más de 14 horas al día, así que ya te vas aplicando el cuento tú también, Macmillan", que Ernie está en ese momento demasiado ocupado discutiendo unos deberes de Aritmancia con otros dos de sexto como para oír. El caso es que Hannah sonríe ya con verdaderas ganas, y unas niñas de segundo le regalan un par de gorros diminutos que se han encontrado por el pasillo junto a la puerta de las cocinas y que transfiguran delante de ella en un par de guantes para el frío. Aunque resultan demasiado pequeños para Hannah, ella los guarda con gratitud. Cuando el grupo se ha dispersado lo suficiente como para que no le oigan, yo sí que oigo a Zacharías decirle en voz baja a Hannah:

"Y no se te ocurra volver a decir estupideces como que te quieres ir del colegio, porque el día que tú te vayas de Hogwarts iré yo detrás a traerte a rastras por las coletas. Palabrita de Smith."

Hannah le da un abrazo, Zach se siente satisfecho, y a mí, no sé por qué, la imagen mental me da la risa, así que hago mutis por el foro y me voy a molestar a Ernie, fingiendo interés en sus cálculos y luego, mientras él sigue escribiendo operaciones, dibujándole a él en una esquina con la cabeza reventando por arriba y dejando una estela de humo por todo el margen de la página, que sólo termina cuando una monstruosidad amorfa de ojos rasgados y melena morena la apaga con su llanto a modo de fuente-aspersor.

"Ya salió el artista que llevas dentro," suspira, borrando mi obra maestra con un gesto de su varita, sin poder ocultar su sonrisa.

Sigo apoyado con todo mi peso sobre su brazo izquierdo, y voy a dibujar otra cosa, cuando, sin previo aviso, me retira el apoyo, haciéndome caer sobre el cuaderno en su regazo. Al darme cuenta de la postura en la que me ha dejado, me da la risa floja.

"¿Vas a azotarme, Ernie? ¿Os dan permiso ahora a los prefectos para hacerlo?"

Varios de primero nos miran, asustados. Ernie pone los ojos en blanco y suspira.

"El azote eres tú."

Y me estampa el cojín más cercano encima de la cabeza, saca el cuaderno de debajo de mi tripa, y lo coloca encima de mi espalda. Y el tío sigue haciendo sus deberes. Me quejo un poco, gimoteo y luego me rindo, remolón. El capitán Fleet le pregunta entonces que si ése es el nuevo sistema infalible para callar al bardo, y yo acabo irguiéndome lo suficiente para tirarle el cojín a la cara.


Susan está hoy extática porque Harry ha empezado a enseñarnos el conjuro patronus. De momento no nos sale más que humo de la varita, así que aprovecho un momento de distracción de Ernie para invocarlo fallidamente detrás de él y gritar:

"¡TE LO DIJE, ERNIE, TE LO DIJE! ¡TANTO ESTUDIAR TE IBA A SOBRECALENTAR EL CEREBRO!"

Pero no le hace gracia. O a lo mejor es sólo que está frustrado porque a él no le sale ni humo, por más que lo intenta.

"Pensamientos felices..." murmura Zacharías. "Todos mis pensamientos felices implican venganza contra alguien por algo que me han hecho recientemente."

"Pues entonces mejor déjalo, porque si sólo tienes eso es que eres un pobre infeliz, y no te va a salir el bicho en la vida," le dice Hannah.

"¿Qué bicho?" pregunta Michael Corner.

"Uno como la nutria que le sale a Hermione, por ejemplo," responde Terry. "Creo que es una nutria. Aún le dura poco tiempo, pero con lo que es ella, en un par de clases más la saca a pasear si quiere."

"¡Yo quiero uno así! Vamos, Terry, asústame para que me concentre," exclama Susan.

"El mío seguro que es un Snorkak," sugiere Luna con los ojos perdidos en el techo, lleno del humo de todos los fallos de la clase.

Colin comenta que esa humareda le recuerda a la de un festival fotográfico mágico al que asistió.

Me pregunto qué bicho será el mío, si alguna vez lo consigo.

Como me salga Nessie me muero.


La siguiente clase es algo mejor. La mayoría seguimos sin conjurar un patronus decente, pero al repasar el resto de hechizos que Harry nos ha enseñado, apenas cometemos errores. A este paso vamos a ir sobrados para los TIMOS. Le estoy diciendo esto mismo a Ernie, cuando me fijo en que no está escuchando una palabra de lo que digo, tiene la mirada clavada en el suelo, pensando inequívocamente en otra cosa.

"¿Qué te pasa?"

"Que cada vez queda menos. Cada vez hay menos tiempo. Hoy necesito hacer que me cunda. Debo conseguir que me cunda."

"Ernie, aunque lo hagas un poco peor en alguna asignatura, vas a sacar matrícula en Defensa contra las artes oscuras. Deberías estar animado."

¿Cómo lo hago para tener siempre un agonías a mi lado? A veces pienso que igual es mi misión en la vida aliviar a estas almas atormentadas. Pero el tormento que me dan a mí a cambio es de órdago.


Al haber tenido hoy la clase extra antes de cenar, Ernie traga deprisa y se va directo a la biblioteca. Hannah se lo toma con un poco más de calma, pero se marcha poco después. En el fondo les comprendo: ellos dos tienen acumuladas a los estudios las tareas de prefectos. Otros se abstraen con el quidditch, empeñados en seguir la buena racha. No va a durar, lo sé, pero no se lo digo, que soy la mascota y se supone que tengo que animarles. Susan está absorta en Terry. Y aquí el único que no tiene una dirección decidida soy yo.

Gracias a las clases de Harry y el ED, la camaradería Hufflepuff y del equipo y, sobre todo, al apoyo incondicional de Ernie, he logrado llegar de nuevo a un punto de estabilidad aceptable, y más que buena. Pero no logro hacer que nada me motive para superarme y avanzar hacia delante. Es como si siguiera huyendo un poco de la realidad que dejó tras de sí la muerte de Cedric. Que me dé cuenta es un paso, supongo. Quisiera poder hablarlo con alguien, pero como no me entiendo ni yo, no puedo someter la mente de por sí afectada de mis amigos a mis comeduras de coco. Sobre todo Ernie.

Con Ernie estoy siendo especialmente injusto. Mantengo un tira y afloja revoloteador que no sé cómo soporta, la verdad. Diría que porque está acostumbrado, porque si no hace tiempo que me habría retirado la palabra. Hay una línea entre nosotros que llevo saltando de un lado a otro como quien salta a la comba. Que sí pero que no, que le toco aquí, le agarro de los mofletes, me tiro en plancha sobre su tripa, sobre su espalda, contra su brazo; le agarro la cabeza, finjo que le estrangulo, me agarro a su pierna desde la alfombra delante del sofá, me arrodillo para recitarle una oda al pollo asado con ensalada delante de media casa; y hasta me tumbo con él ciertas noches y le hablo a los ojos, sin esquivar la mirada, aun a sabiendas del riesgo. Aunque hablemos de tonterías, aunque nuestras manos mantengan las distancias, aunque mi corazón me esté martilleando locamente y mi cabeza empiece a nublarse y mi cuerpo a moverse solo; aún así, pasivo, aguanto.


Aguanto hasta que ya no puedo más, y un día, sin más, en mitad de la clase de Transfiguración, mientras escucho de fondo a McGonagall, decido que ha llegado la hora de que Justin Finch-Fletchley se ponga en activo y en acción.

Ese pensamiento, claro como nunca en mi vida desde que a los trece años le bajé los pantalones del pijama por primera vez a Ernie Macmillan y me lo comí con patatas, me acompaña a la hora del almuerzo, durante las clases de la tarde, y durante la cena. Eso hace que estar junto a Ernie en todos y cada uno de esos momentos (diantre, ¡que hasta para mear vamos juntos!), hace que el día pase como en una nube, como si Hogwarts no fuera Hogwarts y yo no fuera yo, sino otra persona, renacida y despierta, que sabe lo que tiene que hacer para ser feliz, pero que todavía tiene que hacer un último gran esfuerzo antes de alcanzar el estadio final.

De hecho, voy tan recargado de motivación, de propósitos y de energías positivas, que hasta casi como que medio conjuro el dichoso patronus.

"¿Qué es? ¿Qué es?" preguntan a mi alrededor.

"¿Era algo alargado, verdad?"

"Sí, parecía una serpiente."

"Ahora va a resultar que el que invoca basiliscos es él," comenta Ernie, picado porque su oso era amorfísimo y se ha evaporado en dos segundos.

"Pero tenía patas."

"Parecía un Snorkak."

"Ja, ja, ja," me río yo, extático.

Sabía que mi pensamiento feliz ayudaría.

Harry nos dice que aquí es fácil, pero que cuando nos enfrentemos a un dementor de verdad, nos vamos a enterar de lo que vale un peine. A mí hoy no me detienen ni cien dementores.

Miro a Ernie, que sigue peleándose por invocar su oso. Me encanta su cara de concentración, pero disfruto más cuando se frustra. Con lo digno que es él, y el mohín que se le pone. Hasta Zacharías va mejor que él. Ernie nota que le miro y se da la vuelta. No, no perdona que yo lo esté consiguiendo con más facilidad.

Miro el reloj. Ya falta menos, ya falta menos para el final de la clase. Sólo tengo que esperar un poco más. Tener valor. Es fácil, es muy fácil, sé que no tengo nada que perder.

Pasan dos minutos más y Ernie me pregunta que cómo lo hago yo con la varita, que haga el favor de ayudarle. Dejo un momento a Luna, a la que tampoco le estaba siendo de mucha utilidad, y me acerco para enseñarle al prefectísimo cómo no debe mover la varita con esas florituras (¡qué manía tiene!). Le agarro la muñeca, que es bien maciza, pero mis dedos por suerte son largos y la sujetan bien, y le guío en el aire desde detrás.

"Ahora, Ernie, piensa en algo feliz. Un pensamiento, un recuerdo, una ilusión... lo que sea," le susurro en el oído.

Ernie está a punto de dar media vuelta para mirarme, pero en esto que se abre la puerta y entra un elfo doméstico girando la cabeza a diestro y siniestro con cara de puro terror. De repente todo el mundo se calla, los patronus se evaporan, y el elfo empieza a hablar con Harry. Mi mano, que sigue sujetando la muñeca de Ernie, baja su varita hasta quedar apuntando hacia el suelo, pero no suelto. Ernie tampoco se mueve. Por un momento nadie reacciona, es como si se hubiera producido una petrificación masiva.

Umbridge lo sabe y viene hacia aquí, mi mente registra de la conversación entre ambos. Pero hoy me siento demasiado temerario, y sólo puedo pensar en lo que estoy a punto de hacer, y cómo aprovechar esta situación para mi ventaja.

Por suerte, Harry nos hace reaccionar gritando que nos vayamos cagando leches. En un microsegundo, la gente empieza a apelotonarse en la puerta. Ernie grita a Hannah para que se dé prisa y no se quede atrás, y yo hago lo mismo con Luna, que está como siempre en su mundo feliz. Pero soy yo el que tira de Ernie y luego lo empujo hacia la puerta, sirviéndome de su envergadura para utilizarlo como ariete y escudo humano, y así atravesar más rápido el embudo. De pasada, porque lo tengo detrás, oigo a Seamus Finnigan quejarse de que para cuando por fin se decide a venir, van y nos cazan; y a Dean Thomas responderle que la culpa es suya, que es gafe.

"¡No!" les digo yo. "¡Aún no nos han cazado!"

Y no permitiremos que lo hagan. Una vez fuera, empezamos a correr en distintas direcciones.

"¡A la lechucería, id a la lechucería, que está más cerca!" indica Ernie a Hannah y a otros.

Zacharías tira de ella y otros tres o cuatro van en esa dirección. Ernie parece querer esconderse en el baño de chicos que hay un poco más adelante en el pasillo, pero como aún lo tengo agarrado, tiro de él con decisión hacia delante. No para de lamentarse mientras corremos:

"¿Dónde demonios quieres que nos metamos? ¡Esto es terrible, Justin! ¡Nos expulsarán! ¡Nos suspenderán a todos, y luego nos expulsarán! Llamarán a nuestros padres... Caeremos en desgracia..."

Ernie está más pálido y aterrado de lo que le he visto en la vida. Por el rabillo del ojo me parece haber visto a Malfoy escondido detrás de una columna un poco más atrás, y si es así, seguro que nos ha visto, pero ahora mismo me da igual. Sólo espero que Harry tenga el buen sentido de ir en otra dirección cuando salga, porque algo me dice que lo está esperando a él. ¡Al diablo Malfoy! Yo necesito... sí, este trastero servirá.

"Justin, ¿estás seguro? Si registran la zona seguro que abrirán este cuarto," dice él cuando le hago ademán de que entre.

"No si lo sellamos por fuera. No sabrán que aquí había una puerta, a menos que se conozcan bien el colegio, y con lo poco que lleva Umbridge aquí, como para acordarse."

"Pero está oscuro... y lleno de... ¿qué hay en esos sacos?"

"Esqueletos humanos de la Cámara de los secretos."

Ernie pone cara de espanto y da un paso hacia atrás, al tiempo que mira a todos lados con frenesí.

"¡Es broma! Vamos, Ernie," lo empujo y cierro la puerta, no sin antes poner en práctica un conjuro que me enseñó Cedric en una situación parecida pero menos dramática. "Ya está. No te preocupes, Ernie, somos Hufflepuffs, ¿recuerdas? Estamos libres de toda sospecha."

Por si acaso, añado también un conjuro silenciador de entorno, que no durará mucho, siendo mío, pero que de momento servirá. Este cuarto es tan pequeño y hay tanto saco acumulado, que apenas cabemos en él. La carrera nos ha dejado sin aliento. Ernie no deja de murmurar que estamos perdidos, perdidos; que ya verás cuando nos encuentren, qué vamos a decir; y que por qué está todo tan oscuro.

Pero yo no le dejo encender la varita, ni me molesto en responderle con palabras. Sin previo aviso, le agarro por los hombros, lo embocadillo contra la pared, me cuelgo de su cuello y le beso.

Un año sin besos es mucho tiempo, y un beso robado salvajemente es el más dulce de todos, digan lo que digan los románticos del acercamiento progresivo, de la tensión expectante. Para cuando me quiero dar cuenta, los dos hemos dejado de respirar y yo le estoy haciendo un repaso bucal a Ernie Macmillan de los que dejan los labios hinchados.

El pobre no se lo esperaba ni de lejos, así que tarda un poco en reaccionar, lo poco que le dejo para que recupere el aire antes de asaltarle de nuevo, deseando ser lo suficientemente bueno como para quitarle de la cabeza toda preocupación, todo temor, todo lo que no sea yo, por una vez. Entonces, ya sí, pone las manos en mi cintura, y las baja aún más para acercarme a él lo máximo que la piel y la ropa permiten. El gemido ahogado que soltamos los dos resuena por todo el trastero. Ernie no ha besado a nadie en su vida, eso está claro, pero por falta de ganas no me puedo quejar. La siguiente vez que respiramos, Ernie decide seguir otra ruta por mi cara y por mi cuello, y yo aprovecho la libertad de expresión para decirle lo que llevo esperando todo el día a decirle: que le quiero más que a nadie en este mundo.

Al escuchar aquello, Ernie suelta tal gemido desgarrador, que por un segundo temo que se eche a llorar, pero lo único que hace es estrujarme de tal manera que estoy seguro de que me ha reventado alguna costilla.

Y luego me besa por iniciativa propia. Me besa con tal intensidad, que a mí se me termina de nublar el juicio. Llevo todo el día teniendo pensamientos puros y soñando con comérmelo a besos, pero había olvidado que soy una persona muy carnal, con muchas ganas acumuladas. Pronto el contacto a través de la ropa no es suficiente, así que empiezo a quitar capas. Ernie es lento para algunas cosas, pero con esto siempre ha demostrado estar bien dispuesto, incluso más que yo. Mis pantalones están en el suelo antes que los suyos. Sin embargo, cuando empieza a acariciarme el interior de los muslos con ambas manos, sin dirigir ninguna en la dirección adecuada, tomándose su tiempo entre jadeos, me doy cuenta una vez más de que necesito tomar las riendas de este asunto. Me corresponde.

Tras varios hechizos preparadores de entorno interno y externo, con un lumos en forma de luciérnagas revoloteando a nuestro alrededor para guiarnos, y un par de minutos de rodillas en el suelo, tengo a Ernie temblando, alternando las manos entre mi cabeza y su boca, incapaz todavía de abandonar toda prudencia. Una vez preparado el terreno, me incorporo y coloco sus manos en mi cintura y en mi muslo derecho, a ver si pilla la idea, antes de treparle para rodearle el cuello con los brazos y el torso con las piernas, mientras me restriego contra su cuerpo antes de poder guiarlo dentro de mí, hasta el mismo fondo. Con las ansias, no me he preparado lo suficiente, y es posible que luego pague las consecuencias, pero ahora mismo el dolor me importa un comino, porque me siento en la gloria. No sé qué siente Ernie, porque le noto abrumado por la nueva experiencia, pero supongo que mis gemidos incontenidos gritando su nombre le motivan, porque no tarda en ayudarme a encontrar un buen ritmo juntos para una postura tan complicada como la que tenemos. Una vez más, compruebo las ventajas de que Ernie tenga unos brazos tan fuertes que puede sujetar todo mi peso con ellos. Ernie es grande en todos los aspectos. Y eso me encanta.

A partir de ahí mis pensamientos se vuelven confusos por el estado de ebullición de todo mi organismo. Me consta que la primera vez no duramos mucho: las piernas de Ernie ceden y los dos nos deslizamos al suelo, donde terminamos rápidamente sin dejar de besarnos. Sé que no tardamos en recuperarnos, y que apenas salimos de una antes de meternos en otra ronda. Pero la imagen que quedará grabada en mi memoria es la de Ernie Macmillan perdiendo todo el control, dándonos la vuelta para empotrarme a mí contra la pared, abrazado a él con todas mis extremidades mientras me sujeta por las nalgas con todo su cuerpo en tensión, y se sumerge en un ritmo tan enloquecedor que tengo que morderle el cuello para no gritar salvajemente. Con ello logro que Ernie pierda aún más los papeles y me excite de tal forma que ya sólo me queda echar la cabeza hacia atrás y dejar que me invada por completo.

Tumbados sobre los sacos, con mi túnica doblada bajo su cabeza a modo de almohada, y su cuerpo entero como la mía, Ernie sigue temblando. Su cerebro tarda en reponerse de tantas emociones fuertes, pero cuando lo hace, me llena de besos y caricias con tal delicadeza y adoración que se me estremece el alma. ¡Esto es lo que yo necesitaba! ¡Esto es lo que todo lo cura! En cierto momento, en un arrebato, me estruja entre sus brazos y exclama:

"¡Cinco años, Justin, cinco años! Pero de verdad que ha valido la pena la espera."

"Me ha costado un poco superar la congestión emocional, lo siento. Quería estar completamente seguro antes de dar el paso."

"Mejor así," asiente Ernie. "Prefiero que te hayas tomado tu tiempo. Nunca he querido presionarte, pero también temía no mostrar el suficiente interés y que me dieras por perdido."

"¡Y con razón! He llegado a pensar que te gustaba Hannah. Y que lo que hicimos durante el verano de segundo era solo experimentación, porque estabas confuso."

"Qué va. Desde el primer día en Hogwarts he tenido bien claro lo que quería."

"¿El qué?"

Ernie me sonríe:

"A ti."


Como hemos tardado una hora en salir, el pasillo está desierto.

Al principio, con mucha cautela, caminamos de la mano. Si nos pillan, prefiero que piensen que somos gays recién salidos del armario, a miembros del ED fugados. Ambas cosas son ciertas, pero nadie tiene por qué saberlo. Sólo nos relajamos al descender por fin a una zona de tránsito estudiantil donde podemos mezclarnos con la gente que vuelve de la biblioteca hacia sus casas. Con los dedos de la mano libre cruzados, ruego por encontrar a nuestros compañeros a salvo.

Ya en la sala común, nos quitamos un gran peso de encima al echar un rápido vistazo y encontrar a Hannah y Zacharías sentados en los sofás circulares con Summerby y O'Flaherty. Hannah está sollozando, rodeada por delante y por detrás con el cuerpo y las extremidades del rubiales, quien la mece suavemente:

"Todo irá bien, tontita, seguro que ellos también han escapado y enseguida vendrán, ya verás como no nos pasará nada a ninguno, tú tranquila."

"¿Y Susan?" les pregunto por sorpresa, haciendo como que no veo lo que estoy viendo.

"¡Justin! ¡Ernie! ¡Menos mal! No os han pillado, ¿verdad?" exclama Hannah, visiblemente aliviada. Probablemente, si Zacharías no la tuviera tan bien enganchada, se habría lanzado a abrazarnos. Muchos otros compañeros también nos saludan con alivio. Se ve que la noticia se ha extendido.

"No nos han pillado," sonríe Ernie, sentándose cerca.

"Habéis tardado mucho, ¿qué os ha pasado?" pregunta Hannah.

"Estábamos bien escondidos," respondo yo, y salto desde detrás del respaldo para sentarme entre ellos. Pero al roce de mi trasero con el sofá siento tal pinchazo de dolor, que de otro salto bajo rápidamente al suelo. Creo que nadie ha notado nada. Bueno, Summerby me mira raro y no me quita ojo mientras busco postura. Al final me acomodo medio recostado a los pies de Ernie, con la cabeza apoyada en su muslo. Summerby frunce el ceño, pero no dice nada. Hannah, ajena a estos detalles, continúa explicando:

"Nosotros intentamos ir a la lechucería, como nos dijiste, Ernie, pero los Creevey y Luna llegaron allí primero, así que Susan y Terry se quedaron escondidos en un rellano dándose el lote para que, si alguien los viera, pensara que simplemente estaban allí buscando un poco de intimidad. Buena estrategia, ¿eh? A Crabbe y Goyle les convenció. Aunque eso no era difícil."

"¿Debo entender que vosotros también la habéis adoptado?" sonríe Ernie, con las mejillas todavía encendidas como si hubiera corrido una maratón, y los dedos de una mano enroscándose en mis rizos. Cualquiera que le conozca y lo vea ahora exultante de relax y satisfacción, por narices tiene que intuir lo que ha ocurrido. Zacharías, quien hasta hace unos instantes solo escuchaba mientras besaba distraídamente los cabellos de Hannah, lo mira, me mira y yo le devuelvo una mirada sugerente tan intensa, que abre los ojos como platos. Con los dedos, le hago el gesto de "luego hablamos", mientras Hannah sigue contando su versión:

"Nosotros... hemos bajado todo lo rápido que hemos podido y hemos salido a dar un paseo al lago," responde Hannah, quien sigue en su propia burbuja, al tiempo que se recuesta aún más contra Zacharías con las mejillas rooooooojas como dos tomates maduros. Zach le da un beso reconfortante en la sien. No sé por qué, pero verlos en actitud tierna me divierte. Quizá sea por el alivio definitivo de esa tensión acumulada que salía ya como el vapor de una olla exprés. O'Flaherty tiene cara de pensar exactamente lo mismo, porque hincha y deshincha los mofletes como si aguantara la risa. Summerby, en cambio, tiene la vista clavada en Ernie con expresión alucinada. Entonces descubro, para mi horror, que, al tener la cabeza recostada de lado sobre el respaldo del sofá, desde donde contempla a Hannah con ternura, Ernie ha dejado al descubierto un descomunal moratón en el cuello que parece la mordedura de un vampiro y del que que ni nos habíamos dado cuenta.

"Al principio pensábamos fingir que hacíamos jogging nocturno," dice Zach, quien tampoco puede apartar ya la vista de Ernie. "Pero después de dar esquinazo a las serpientes lechuguinas, nos hemos cansado de tanto correr para nada, y como nadie más venía detrás de nosotros...", pierde el hilo y, sin poder aguantarlo más, cambia de tema: "Oye, pero entonces, ¿vosotros dónde habéis estado todo este tiempo exactamente?"

"Camuflados," responde Ernie.

"De incógnito," respondo yo al mismo tiempo.

"¡Y un cuerno! Pero bueno, ¿se puede saber qué os pasa a todos?" salta de pronto Summerby, acercándose a Ernie por detrás del sofá. "Aquí la única incógnita es el nivel de depravación de la gente de vuestro curso. Hacen una redada a vuestra reunión clandestina, ¡¿y de repente os da un calentón a todos, atajo de pervertidos?! Bones se camufla morreándose por las esquinas; Abbott y Smith resuelven su tensión sexual de sopetón; Macmillan tiene medio cuello morado con marcas de dientes, y cara de haber sido expuesto a hierbas alucinógenas; y el bardo supremo está tirado en el suelo porque no puede ni sentarse del dolor en el trasero; ese famoso trasero por el que las chicas de nuestra casa le llaman Justin culi-"

Lo que iba a decir se le queda en la boca, tapada por la mano de O'Flaherty:

"No se lo tengáis en cuenta," dice la golpeadora, envolviéndole en un falso abrazo de amiga. "Lo que pasa es que el pobre se siente solito y abandonado desde que el capitán ya no está tan pendiente de él, y le dan mucha envidia los emparejados."

De pronto se oye el súbito chirriar de una silla al desplazarse con violencia.

"¿¡Cómo!?" exclama el capitán Fleet desde su mesa de estudio, poniéndose en pie. "¿Es eso cierto, Summerby?"

"¿Qué has hecho, insensata?" susurra Summerby con ojos asustados y cara de haber sido pillado in fraganti, mientras Fleet se acerca a pasos agigantados:

"¿Necesitas que te dé mimitos?"

"¡No! ¡No hace falta! ¡Argh!"

El capitán lo envuelve en sus brazos, mientras Summerby intenta zafarse con muchas dificultades y pocas ganas.

"¡Capitán, suéltame!"

"¡Eres tú el que con una mano me empuja y con la otra tira de mi pechera!" sonríe Fleet con ternura. "¡Y yo que me contenía para no agobiarte!"

"¡Pues sigue conteniéndote! ¡Max, traidora!"

"Disfruta del karma," sonríe O'Flaherty, haciéndole el gesto de adiós con la mano mientras guardián y buscador comienzan una persecución a distancia cero uno del otro, y desaparecen a la vuelta del arco que lleva a la sala de estudio. Luego sonríe en nuestra dirección: "Yo les voy dando empujoncillos, a ver si caen de una vez."

Sí, sí. Se empieza bromeando, y se acaba follando en trasteros sórdidos en momentos inoportunos. Como leyendo mi pensamiento, además de nuestras caras, O'Flaherty añade:

"Cuánto me alegro, Macmillan. Ya era hora," nos guiña un ojo. "Abbott, mi más sentido pésame," le hace el gesto de condolencia con la mano en el pecho, y rápidamente regresa a contemplar su obra en primera fila y a comentar la jugada con sus amigas.

"¡Pero bueno!" protesta Zach.

Los demás nos reímos. Desde lejos se pueden oír los ronroneos del capitán y las quejas cada vez menos convincentes de su buscador, mientras todos los estudiantes allí concentrados en las mesas los observan, menean la cabeza y se sonríen. Mis ojos se cruzan un momento con los del compañero de Cedric, y ambos intercambiamos una mirada de profunda complicidad.

"¿Sabéis qué ha sido de los otros miembros del ED?" pregunta entonces Ernie, mientras Hannah le cubre las marcas del cuello con un hechizo que ella suele utilizar para disimular las ojeras, y luego lo abraza, emocionada.

"Susan ha visto a Parkinson sacar a las Patil del baño y llevárselas junto a Malfoy, quien tenía con él a los Creevey. Ni el baño ni la lechucería han resultado buenos escondites, menos mal que no nos metimos ninguno allí," comenta Zacharías.

"A los demás los hemos ido encontrando de paso que os buscábamos a vosotros," explica Hannah, "pero el único al que no hemos encontrado, claro, es a Harry."

"Evidentemente, si alguien ha dado el chivatazo sobre nuestro grupo secreto, a nadie le cabrá duda de quién es el cabecilla. Nosotros, a menos que el chivato haya dado uno a uno los nombres, podemos estar tranquilos," razona tranquilamente Zacharías.

"¡La lista!" recuerda de repente Ernie, quedándose pálido. "La lista que hizo Hermione. Que nos obligó a firmar Hermione. Estaba en el aula. ¿La habrán cogido?"

De inmediato nos miramos con el terror pintado a brochazos en nuestras caras. ¡Nos habíamos olvidado de la maldita lista! ¿Qué importa ya que no nos hayan pillado esta tarde? Si alguien la ha encontrado, es como si hubiéramos firmado nuestra sentencia de expulsión.

Ernie se ha apagado por completo. El buen humor de Zach ha quedado más que remojado. Hannah está temblando como un flan. Ninguno decimos nada, hasta que todos empezamos a maldecir a la vez. Al vernos tan hechos polvo, otros de nuestra casa se acercan a consolarnos. La voz se va corriendo, se va corriendo, y pronto estamos más que rodeados. Unos dicen que se lo veían venir, que era demasiado arriesgado. Otros nos dan muestras de apoyo y piden que no dejemos la casa aunque nos echen, que nos atrincheremos en la sala común, que si Trelawney se ha podido quedar en Hogwarts, nosotros también.

Susan vuelve en cierto momento y nos abraza a los cuatro, sentándose a mi lado en el suelo antes de informarnos de que los Ravenclaw están todos a salvo, algo que tampoco me importa demasiado. Pero sí la revelación del presunto chivato:

"Ha sido Marietta Edgecombe, la amiga de Cho Chang. ¿Os acordáis? Hoy no estaba en clase."

"Hija de la grand..."

"¡Oh, Zach, no digas tacos en mi oreja!" y acto seguido: "¡Será zorra!"

"Zorravenclaw tenía que ser," asiento yo.

"¿Pero sabes qué le ha dicho, qué le ha contado?" pregunta Ernie, frenético.

"No sabemos nada, sólo que la han visto ir al despacho de Umbridge y nadie la ha vuelto a ver desde entonces," responde Susan, quien también da muestras de cierta ansiedad.

"¿Y la lista?" insiste Ernie. "¿Se sabe algo de la lista? ¿A alguien se le ocurrió cogerla?"

"Los últimos en salir fueron Harry y Hermione. Si mantuvieron la calma lo suficiente, dadas las circunstancias, quizá la tengan ellos. Quizá Hermione ha hecho algún conjuro para ocultar los nombres, como la gente ha estado haciendo con El quisquilloso. No lo sé. Sólo sé... que no quiero que me expulseeeeeen," se echa a llorar sobre mi hombro.

Intento reconfortar a Susan, pero ahora mismo la angustia me impide pensar con claridad. Ernie está pasando del pálido al azul. Zacharías tiene la mirada fija hacia delante, concentrado en su rabia interior. Hannah le aprieta las manos con tanta fuerza que le va a dejar marcas. La gente sigue yendo y viniendo, diciéndonos cosas alentadoras. Hasta que al final es la jefa de nuestra casa, Madam Sprout, quien entra en la sala común, sofocada, pregunta por Ernie y llega hasta nosotros.

"Los prefectos, venid conmigo, por favor. Necesito tener unas palabras con vosotros dos."

Ernie y Hannah intercambian una rápida mirada antes de seguirla en silencio.

Instantes después, Susan anuncia que va a ver si Terry tiene más noticias. Últimamente esta chica está abonada a Ravenclaw.

"Si vuelve Marietta, pídeles que la linchen también por mí, ¿quieres?" le grita el rubiales antes de que se pierda de vista.

Y cuando nos quedamos los dos solos (todo lo solos que podemos estar en la sala común en hora punta antes de dormir y con dramones varios cociéndose y escociéndose por las esquinas), más por ocupar la mente que porque de verdad esté ansioso por saberlo (de verdad, palabra), le digo:

"Bueno Zach, ya me lo estás contando."

Zacharías tiene la decencia de 1. no andarse con rodeos 2. sonrojarse.

"Pues nada, tío, que al final me he decidido."

"¿Y tenía que ser precisamente esta noche?" me río.

"¿Qué quieres que te diga? Llevaba un tiempo ya que si sí, que si no, que si tengo que hacer algo porque como me vuelva a sugerir que me gusta Ginny Weasley, una de dos, o le arreo una maldición, o la beso allí mismo. Pero nada, que no encontraba el momento, que no me atrevía. Y hoy estábamos corriendo como posesos escaleras abajo, cuando se me ocurrió que, si nos expulsan, además de que mi padre me reventaría los huevos a cruciatus, nos separarían a todos y yo ya no podría ver a Hannah, quizá nunca más. Entonces me entró tal pánico que, de pronto, me dio por pensar que, tal y como estaban las cosas, tampoco quedaba mucho por perder. Vamos, que era un ahora o nunca; de perdidos, al río. Estábamos llegando al final de la escalera cuando le solté algo así como "Hannahmegustassalconmigo"; y, como si le hubiera lanzado un petrificus totalus, se quedó ahí parada mirándome fijamente, roja, roja, roja; y de verdad, no he visto a nadie más rojo que a ella hoy."

"¿Y entonces?"

"Oímos a Crabbe y Goyle bajando las escaleras con jadeos descomunales y seguimos corriendo hasta el gran recibidor. Ahí ya no podía más y tiré de ella para llevarla a donde las estatuas, que además nadie miraba, y…bueno, pensé que me daría una galleta, pero me dio algo mejor. Por mí me habría quedado allí toda la noche, tan a gusto estaba. Hasta que ese imbécil amigo tuyo nos sacó una foto por sorpresa, que casi nos escupimos el corazón mutuamente. ¡Qué susto nos dio el cabrón! Pensé que lo tenían retenido. ¡Y encima me quería hacer pagar por la foto! Yo le dije que la foto o su cámara, que le tengo ganas, y de paso, su cara, que le tengo aún más ganas. Al final Hannah me convenció para llevarnos la foto y dejarle en paz, pero estoy ahora mismo que me dan ganas de buscarle y descargar estrés con él, y no de la misma forma que tú y Ernie, claro. Pero, en cualquier caso, y a lo que voy, es tu turno."

"¿Mi turno?" finjo inocencia, algo de lo que carezco de una forma tan evidente que hasta yo me avergüenzo de intentarlo.

"¿No tienes nada que contarme? Porque las marcas de dientes que tenía Ernie en el cuello parecían coincidir sospechosamente con las de tu boca."

"Estábamos haciendo el tonto, nada más."

"Justin, tú puedes disimularlo mejor, pero alguien como Ernie Macmillan, no. Macmillan llevaba pintado en la cara un he mojado que cegaba."

No puedo evitar reírme.

Entonces se acercan Cadwallader y Rickett, toallas en mano, y lo felicitan, por mojar.

"No estábamos hablando de mí, listos."

"Todavía," dice uno.

"Sí, todavía," dice el otro.

Ambos se sonríen y luego Rickett me mira a mí:

"Justin, tenías que haberlos visto cuando llegaron. Qué espectáculo."

"Una llorando, el otro despotricando, y entre sollozo y maldición, un morreo," añade Cadwallader.

"Y cuando se separaban para respirar, volvían a maldecir y a sollozar respectivamente. Alguna vez hasta blasfemaban juntos," explica Rickett.

"Qué lata de gente," se exaspera Zacharías. "Ni que nunca hubierais visto a dos personas besarse. Rickett, tú no eres quién para hablar. Y en cuanto a ti, Cad, y a O'Flaherty, a ver si os buscáis pareja y nos dejáis a los demás en paz, entrometidos."

"Oh, habló el afortunado," replica Cadwallader. "No todos conocemos el secreto para ligarnos a la prefecta. Aunque si le digo a cierta persona que de repente, no sé, Katie Bell me parece la chica más dulce del colegio, igual empieza a hacerme más caso."

"Es verdad, a Zach le ha funcionado. Pero a ti Katie te gusta de verdad," responde Rickett.

"Por eso. Así no miento, igual que Zach," remacha Cadwallader enseñando todos los dientes, y ambos se marchan hacia las duchas.

"¡Ey! ¡Yo nunca dije nada semejante de Weasley!" protesta Zacharías a sus espaldas.

"Pero hay veces que te la comes con los ojos, confiesa," se gira Cadwallader con una media sonrisa burlona.

"¡CONFIEEEEEEEEEEEEEESAAAAAAA!" grito yo sin poder contenerme, poniéndome de rodillas en el sofá y señalándolo con el dedo.

"No bromees con esas cosas, Justin, que podría suceder que mañana la verdadera Inquisición nos haga confesar para sellar nuestra expulsión. ¿Y qué vas a hacer entonces? ¿Soltarle el tigre de bengala, sobornarla a cambio de tus órganos, o arrojarle un pomelo?"

"No lo sé. De momento yo también me voy a dar una buena ducha, que la necesito."

"Permite que no te acompañe."

"Oh, vamos, no me vas a decir que ahora te va a dar cosa ducharte conmigo, cuando siempre has sabido de qué pie cojeaba. Además, ahora más que nunca es improbable que te deje abordarme."

"Cierto, ahora que los dos tenemos pareja dejarás por fin de hacerme esas insinuaciones sobre consolarme en caso de que las cosas nos vayan mal."

"¿QUIÉN HACÍA ESAS INSINUACIONES? ¿¡QUIÉN!?" casi grito con incredulidad, pero con humor.

"Quizás me falle un poco la memoria con todo el trajín de la noche, pero no me veo haciéndote insinuaciones, Finch-Fletchley. Siento que te lo tomaras en serio."

"Bueno tío, me da igual que quieras salvar tu dignidad de hetero, pero yo me voy al baño, ¿te vienes o no?"

"Pues sí, que con tanta carrera huelo a tigre, y quizá para cuando salgamos ya habrá vuelto Hannah... ya habrán vuelto Hannah y Ernie, quiero decir."


La catarsis de Summerby ha tenido sus consecuencias positivas: Mi buen amigo de séptimo se ha tomado la molestia de dejar un momento sus estudios para traerme discretamente a las duchas un ungüento mágico con el que aliviar mis castigadas posaderas.

"No vuelvas a hacer el animal, Justin. Aplica bien los hechizos que os enseñamos. ¡Recuerda que es mejor prevenir que curar!" susurra, mirando por encima del hombro a Zach y los otros, que ya se están vistiendo.

"Lección aprendida. Pero ha merecido la pena," sonrío de oreja a oreja.

"Me alegro mucho por los dos," sonríe él también. "Mi amigo Cedric era un chico maravilloso e insustituible, pero Macmillan ha estado por ti ahí al pie del cañón durante tanto tiempo, que entre los que entendemos y los del equipo se ha ganado el mote de Ernie Picopala que le puso en su día Rickett. Estoy seguro de que para él también ha merecido la pena," me guiña un ojo y se va, dejándome con el ungüento en la mano y cara de póker. Realmente va a ser que nuestra casa no estaba tan a su bola como yo creía.


Cuando subimos del baño, Ernie y Hannah acaban de regresar con tales noticias que han sido rodeados por la mitad de nuestra casa y los están bombardeando a preguntas:

"¿Que Dumbledore ha huido?"

"¿Cómo que Umbridge será la nueva directora?"

"¿Y ahora qué va a pasar?"

Hannah nos ve y huye valientemente del centro del círculo, dejando a Ernie lidiar con los curiosos. Después de empotrarse contra Zacharías unos instantes, en lo que el diccionario pese a todo se empeñaría en llamar abrazo, nos resume brevemente su conversación con Sprout.

"No nos va a pasar nada, Dumbledore ha asumido toda la responsabilidad. El Ministro lo iba a arrestar, pero ha huido a tiempo."

"Nos hemos quedado con Umbridge asumiendo todos los poderes en Hogwarts," se lamenta Ernie, quien se ha librado de alguna manera del acoso popular y se ha acercado también a nosotros. Me mira unos instantes con tanta intensidad, que me hace consciente de que tengo el pelo mojado y estoy acalorado por la ducha. Finalmente suspira con gran alivio:

"De la que nos hemos librado. Habían encontrado la lista, después de todo."

"Vamos a sentarnos, anda, y nos contáis todo como es debido," propongo.

La sala común está ahora mismo a rebosar. ¿Quién puede irse a dormir después de estas nuevas? ¿Con qué autoridad pueden hoy los prefectos mandar a los más pequeños a la cama, cuando han sido parte causante del embrollo? Todo el mundo está angustiado, todo el mundo comenta, todo el mundo debate y discute, y quiere más información, pero no hay mucha más. Mejor hacer piña arriba hasta calmar los ánimos, que obligar a los peques a sufrir la incertidumbre solos abajo.

"Hemos tardado más en regresar porque Sprout nos ha hecho buscar a todo rezagado de nuestra casa para que volviera enseguida. No está la noche hoy como para quedarse por los pasillos," cuenta Ernie.

"¿Susan no ha vuelto?" pregunta Hannah de repente, mirando alrededor con preocupación. "Pues no es buena noche para rondar otras casas. Esos estúpidos Slytherin aún siguen de patrulla junto a Filch. "


Son casi las 11 de la noche cuando regresa Susan, sofocada. Para entonces muchos se han ido a sus dormitorios, aunque probablemente sigan hablando del tema en la cama.

"Filch casi nos pilla," explica sin aliento, y no hace falta preguntar a quiénes. "Pero me he enterado de que Marietta está ahora en la enfermería," hace otra pausa para tomar aire. "Anthony y Padma han ido a verla. Me he quedado a esperar que volvieran, para saber más. Está como atontada por algún conjuro, y en la cara le han salido granos pustulentos formando la palabra "chivata" o algo así. Por lo visto Hermione hechizó la lista para que, si alguien se chivara, supiéramos enseguida quién había sido."

"¿¡QUÉ!?" exclamamos todos a la vez.

"Ya, ¿verdad? Podría habérnoslo dicho. Pero mira, le está bien merecido a esa idiota. Dicen que llevaba un tiempo preocupada, porque su madre trabaja en el Ministerio, pero oye, mi tía también trabaja allí, y yo me he estado arriesgando a-"

"Susan, tu tía es abierta y públicamente simpatizante de Dumbledore, como mis padres. No sabemos de qué parte está la de Marietta, probablemente del Ministerio," resuelve Ernie.

"Si es por eso, a los míos no les haría ninguna gracia enterarse de que he colaborado en un plan de apoyo a Dumbledore, créeme," dice el rubiales muy serio.

"Mira, me da igual, Ernie, es una cobarde y una chivata de mierda, y se lo tiene merecido," afirma Susan.

"Imagino que Anthony y Padma, como prefectos, también estarán al tanto y habrán contado en Ravenclaw lo sucedido, ¿no?"

"Sí, se han quedado todos muy conmocionados. Ahora empiezan a correr rumores de todo tipo sobre la fuga de Dumbledore. Pero lo peor es tener a la Sapo de directora. Y lo peor de lo peor es que sabe quiénes estábamos en la lista. ¡Nos va a hacer la vida imposible!"

"Eso no lo sabremos hasta mañana. Hoy es mejor que no le demos más vueltas en balde, porque me temo que lo peor de verdad está aún por llegar," augura Ernie. "Sería bonito pensar que nos hemos librado tan fácilmente de castigo, pero algo me dice que nos caerá cuando menos lo esperemos."

"No quiero creer que Dumbledore nos haya abandonado a nuestra suerte," intervengo yo. "Seguro que la Sapo no dura mucho en el puesto."

"¿Que no? Lleva todo el año cagándola en Hogwarts y aún no han podido echarla, sólo ha estado aumentando progresivamente su poder y su influencia. Lo próximo que saldrá en El Profeta es que el Ministro ha sufrido una indisposición de por vida y ahora ella es la nueva Ministra," profetiza el rubiales.

"¡No quiero oír más sobre sapos y culebras!" decide Hannah. "Yo me voy a tomar mi poción relajante y a dormir. Buenas noches," besito a Zach. Éste protesta que es poco, se levanta, la sigue, y no quiero saber lo que hacen después.

Nosotros nos quedamos charlando un rato más en el sofá circular con nuestros compañeros, el equipo entero y algunos de sus amigos, y juntos recordamos cómo se han llevado las cosas en otros momentos de crisis, como cuando yo estuve petrificado y se hablaba de cerrar el colegio, o cuando Sirius Black andaba suelto y peligroso. No hay que desesperar todavía. Sobre todo porque es un momento de gran unión entre los Hufflepuffs, y de mucho amor en nuestro círculo cercano, con hasta tres parejas consolidadas y otra inminente, a juzgar por la forma tan íntima que tiene el capitán Fleet de sentarse junto a Summerby con un brazo protector alrededor de sus hombros. Summerby parece haberse rendido y lo asume con naturalidad, reclinado ligeramente contra el cuerpo del capitán, mientras los demás bromean con que al final al capitán le va a dejar la novia (Ravenclaw: está perdido) y Fleet responde que ya le ha amenazado varias veces con hacerlo desde que asumió la capitanía del equipo. Para él la cuestión no es si lo hará, sino cuándo, porque él ya le ha advertido que no piensa renunciar al equipo, que es lo más valioso para él este último año en Hogwarts. Ella no se lo tomó muy bien, claro. Por cómo lo cuenta, y cómo se adosa a su buscador, sospecho que el capitán está tan necesitado de mimitos como Summerby.

Finalmente nos vamos a dormir pasada la medianoche, y cuando bajamos al dormitorio todos juntos, me pongo el pijama rápido y ni me molesto en abrir mi cama: me meto directo en la de Ernie.

"Justin, mira que vas dormido, que te has equivocado de cama," comenta un compañero.

"Que no tío, que no te has enterado, que estos también están liados," comenta otro. "¿A que sí, Justin?"

"Yo no confirmo ni desmiento: sólo os digo que, a partir de ahora, si no queréis ver lo que no debéis, no nos descorráis las cortinas."

"¡Ay, madre! ¿Vais en serio?" dice el otro, terminando de arroparse.

"Y si algún día nos olvidamos de silenciar la cama, por favor, echad el hechizo vosotros, ¿vale? No seáis cortarrollos. ¡Buenas noches!"

No sé lo que responden porque rápidamente cierro las cortinas, y lo silencio todo. Ernie está tumbado con la cara colorada bajo ambas manos, y a duras penas aguanta la risa.

"Sabía que tenías poca vergüenza, pero esto ya me supera," sonríe por entre los dedos.

"Mira, Ernie, con lo que nos ha costado llegar hasta aquí, como para andarnos ahora con tonterías. Todos somos mayorcitos y estoy cansado de ir a hurtadillas. Mejor dejar las cosas claras desde el principio, y ahorrarnos sustos e incertidumbres," sonrío, arqueando las cejas sugerentemente.

Ernie se yergue lo justo para tirar de mí hacia él y besarme. Un beso de buenas noches como a mí me gustan. Y dado que la postura en cucharita entre dos adolescentes sexualmente activos nunca invita al sueño inmediato, Ernie me baja los pantalones del pijama y me dejo hacer una vez más, despacio, suave y dulcemente, hasta caer rendidos de puro agotamiento. Creo que Ernie pasa la noche dentro de mí.

Demasiadas emociones en un solo día.


Por la mañana ha aparecido ya el cartel en el tablón de anuncios. Es oficial: Umbridge es nuestra nueva directora.

A la hora del desayuno, todo el mundo comenta los acontecimientos del día anterior. El colegio entero está al tanto de la fuga de Dumbledore. Algunos datos sobre la causa aún permanecen algo oscuros, como el ED y sus miembros, pero la historia que se ha filtrado por el teléfono mágico escacharrado parece bastante completa. Ernie está deseando que sea la hora de Herbología para interrogar a Harry, porque ahora mismo está demasiado solicitado.

Entretanto, el Fraile le cuenta a Ernie algo interesante sobre la Sapo: anoche, al parecer, no pudo entrar en el despacho de Dumbledore porque la gárgola le dijo que nones, que no se movía por ella. A Ernie le ha hecho gracia. Yo estoy más pendiente de comprobar que esta vez no le he dejado marca por ningún sitio, porque esta mañana le he dado los buenos días de forma un tanto apasionada.

Tengo una sensación rara hoy, como si nada fuera conmigo. Me siento tan bien y tan relajado, que ya podrían estar demoliendo el colegio a mis espaldas y estar ardiendo el bosque y el campo de quidditch, que yo seguiría en mi nube.

De hecho, cuando me quiero dar cuenta, he llegado a clase antes que los demás. Si es que nuestros prefectos no paran de hablar con éste y con aquél: que si actualización de última hora con Anthony, que si a ver qué se cuenta Padma, que qué saben de la zorravenclaw de Marietta (esa casa está repleta), que si Susan y Terry no pueden despegarse antes de entrar a clase. Total, que me siento en mi sitio, y me dispongo a comenzar el día tarareando Raindrops keep falling on my head...


El chaparrón llega a la hora del almuerzo, justo después de Herbología.

Con la excusa de terminar ciertos deberes de Transfiguración que le quedaron pendientes ayer con tanta agitación, Ernie se adelanta para ir un rato a la biblioteca antes de comer, y de paso se acerca por fin a Harry para preguntarle por su versión de los hechos, pues al parecer los únicos alumnos presentes en el momento de la fuga del director fueron Marietta y él. Así que lo veo desaparecer hacia la entrada al castillo caminando junto al trío maravillas.

Hace un día tan bueno que me apetece dar un paseo por el lago. Hannah dice que ella también quiere ir a terminar los deberes, y se va. Susan dice que ha quedado con Terry, y se va. Total, que al final me voy a dar el paseo yo solo. Pero a los cinco minutos me entra el hambre y me vuelvo al comedor.

Ni Hannah ni Ernie están allí cuando llego. Zacharías está hablando con los del equipo, quienes están preocupados por si suspenderán el quidditch, pero de vez en cuando lanza una mirada furtiva a la entrada, igual que yo. Nada. Que no vuelven.

De repente se oye una explosión como si hubieran reventado todos los retretes del colegio a la vez, y acto seguido empieza a escucharse una sucesión de pequeñas explosiones, silbidos y gritos histéricos que hacen que salgamos todos corriendo en tropel del comedor a ver qué demonios está pasando, desoyendo las advertencias de los profesores.

Fuegos artificiales y diversos mecanismos pirotécnicos están causando estragos en uno de los pisos superiores. Algunos pasan de piso en piso, y otros dejan palabrotas en el aire para que todos las leamos. ¡Qué bueno! ¿Quién habrá sido?

"Esto es cosa de esos dos," comenta uno de séptimo. "Me juego mi varita y no la pierdo."

Pues no me extrañaría nada que hubieran sido los gemelos Weasley. Más gente lo comenta, pero enseguida otros los chistan, que Umbridge no tiene por qué sospechar tan rápidamente como haría Filch.

Cuando la novedad ha pasado un poco, volvemos a terminarnos el postre.

Pero no hemos hecho más que sentarnos, cuando veo a Hannah pasar corriendo junto a nuestra mesa en dirección a la mesa de profesores, que se encuentra medio vacía (la mayoría ha salido a contemplar el espectáculo más que a detenerlo). El rubiales se ha puesto en pie como un resorte, y otros en nuestra mesa miran hacia allí y comentan con curiosidad. Algo debe de haber pasado, porque Sprout se limpia rápidamente con la servilleta, traga de golpe lo que sea que estuviera masticando, y se levanta a toda prisa para acompañarla de vuelta a la salida.

De pronto tengo un mal presentimiento.

"Algo ha pasado con Ernie," murmuro con un nudo en el estómago.

Quiero seguirlas, pero mis piernas no se mueven. El pánico me paraliza. ¿Le habrá alcanzado alguna explosión? ¿¡Por qué Hannah no nos ha dicho nada a nosotros primero!?

"Vamos, Justin," me dice Zach, tirando de mí.

Los pasillos son un caos y no sabemos hacia dónde han ido. Al final optamos por preguntar, y alguien nos indica que ha visto a Sprout subiendo las escaleras con una chica rubia con coletas. Volvemos a preguntar, pero la gente está más pendiente de los fuegos que de lo que hacen los demás. El camino está bloqueado por un letrero de humo que reza Comemierda el que lo lea.

"¡Comemierda el subnormal que lo haya escrito!"

"Zacharías, hombre, no hay que tomárselo como algo personal. Echemos un vistazo en la biblioteca."

Pero en la biblioteca no queda casi nadie. Empiezo a ponerme muy nervioso. Miramos de nuevo en el comedor, en los baños. Ernie no está por ninguna parte. En la sala común. No, tampoco. Al final volvemos hacia el gran recibidor, y es cuando vemos a Ernie bajar junto a Hannah y Sprout. Suelto todo el aire que había estado conteniendo en un profundo suspiro de alivio, y corro hacia ellos.

"¿Qué ha pasado?" preguntamos casi a la vez el rubiales y yo.

"Chicos, tened mucho cuidado a partir de hoy, ¿está claro?" nos dice Sprout a todos. "No siempre voy a poder estar ahí para sacaros del apuro si esa pandilla se pone tonta. Por favor, no les deis motivos."

"Sí, profesora," responde Ernie, tan serio que vuelvo a sentir cierta aprensión. ¿Qué demonios ha pasado aquí?

Sprout vuelve al comedor y nosotros la seguimos a cierta distancia, mientras Hannah y Ernie nos cuentan atropelladamente (ella) y matizando brevemente (él) la fundación de la nueva Brigada Inquisitorial, que se caracteriza por tener una insignia con una "I" y estar compuesta por la peor escoria de Slytherin: Malfoy y compañía.

"Primero le quita puntos a Ernie por contradecirle y luego lo arresta para interrogarlo," solloza Hannah, quien ha presenciado la detención y gracias a eso ha podido avisar. "Dicen que están interrogando a todos los principales cabecillas, y que a Harry le estaba interrogando la propia Umbridge cuando se han desatado los fuegos artificiales, los petardos y los cohetes, pero no he visto a los de Ravenclaw siendo interrogados, todo sea dicho. ¿Habéis visto a Anthony o a Padma en el comedor?"

"Sí, estaban todos. Pero ¿qué más da? A Padma la pillaron ayer junto a su hermana," responde Zacharías."¿Crees que nos interrogarán también a los demás, eh, Ernie?"

"No lo sé, pero ya has oído a Sprout: ándate con mucho ojo cerca de Malfoy y sus esbirros. Tú también, Justin. Mantente lo más lejos posible. Especialmente de ese despreciable de Malfoy."

"¿A dónde vas, Ernie? El comedor está-" le dice Hannah.

"No tengo hambre. Ve tú, que aún no has comido, y pon sobre aviso a los demás, por favor."

Y sin más, se va en dirección a nuestra casa.

Voy a seguirle cuando Hannah me dice rápidamente:

"Justin, no sé qué habrá pasado en el despacho de Umbridge, pero todo ha sido muy extraño. Malfoy se ha encerrado con él a solas y ha dejado a los demás, a cuatro, vigilando la puerta. Umbridge no estaba con él, ha llegado después, cuando ha visto a Sprout forzando la puerta, y se ha puesto a gritar que no estaban utilizando métodos fuera de lo normal para interrogar a un prefecto sobre sus obligaciones. Pero estoy segura de que sí que lo estaban haciendo. Por favor, asegúrate de que Ernie está bien, ¿vale?"

"No digas tonterías Hannah, a eso mismo iba," le guiño un ojo. Pero por dentro estoy angustiado.

¿Qué le ha hecho esa sabandija de Malfoy a mi Ernie?


"Te estaba esperando," me sonríe cuando llego a la habitación.

Deja a un lado los deberes que estaba preparando y abre los brazos para que me acerque a él. Aún lo estoy apretando fuerte, fuerte, cuando le pregunto:

"¿Qué te ha hecho ese indeseable?"

"Nada, lo normal, amenazarme," responde tranquilamente.

"¿Amenazarte con qué? ¿Con quitarte puntos? ¡Como si eso importara!"

"Bueno, ha estado tanteando mi fibra sensible, como si fueran las cuerdas de tu bandurria, hasta que la nota adecuada ha sonado."

"¿Qué nota?"

"Primero ha amenazado con perjudicar las de Hannah. No sé cómo, y seguro que él tampoco. Ha sido sólo un farol para tantearme. Todo el mundo sabe lo afectada que está Hannah por los TIMOS."

"¿Y luego?"

"Me ha dicho que las serpientes se comen a las arañas, y que sabe que Cho no es la única viuda negra de Hogwarts."

"Ah..." comprendo. "¿Y qué?"

"Ha amenazado con hacerte daño a ti, Justin. A ti. Porque sabe... bueno, porque intuye que a mí..."

"Ernie, nos vio huir ayer de la mano por el pasillo. Si no nos detuvo entonces es porque esperaba cazar una presa más jugosa. Posiblemente una con gafas y cicatriz."

"Pues con más razón."

"¿Y por qué tendría que amenazarte? Y, ya que estamos, ¿para qué detenerte y meterte en una habitación con cuatro gorilas en la puerta? Quizá seas prefecto, y uno de los cabecillas del ED, pero ¡eres un Hufflepuff! ¿Qué va a sacar de ti?"

Ernie parece vacilar y no me mira cuando responde:

"¿Qué más da? ¿Acaso necesita Draco Malfoy un motivo para ser tan repelente y desagradable? No, lo hace por puro vicio."

No me quedo muy convencido, pero lo dejo estar.

"Justin, por favor," me besa la sien antes de mirarme a los ojos, "prométeme que te mantendrás lejos de él. Tal como están las cosas, con su estúpida brigada rondando los pasillos ansiosa por desplegar su nueva autoridad, puede ser peor que un basilisco."

"Lo tendré en cuenta," me río y le beso. "Si además es él quien me evita, porque dice que la locura se contagia," sonrío. "No me será difícil hacer lo mismo."

Ernie sonríe de nuevo y se queda más tranquilo, mirándome de esa forma que tan nervioso me pone. Así que hundo la cara en su cuello y nos quedamos un rato así, a gusto, hasta la hora de la siguiente clase.

Para entonces Ernie tiene tanta hambre que tenemos que asomarnos a las cocinas y pedir por favor un plato de algo, un sándwich, lo que sea. Los elfos domésticos están tan encantados con nuestra visita que empiezan a sacarnos de todo, y me cuesta convencerles de que ya he comido y sólo me entra si acaso un postre. Me recuerdan a Pumky, el elfo de Ernie. Y a mi abuela.

Al final tenemos que correr hasta clase, pero esa tarde no se avanza mucho en ninguna materia. Y como los profesores están en huelga de brazos caídos en lo que a los fuegos y petardos se refiere, la Sapo se pasa el día corriendo de una clase a otra para apagarlos. Es muy divertido.

Eso sí, tenemos mucho cuidado de que no lo note.


Por la noche estamos todos muy alterados de nuevo. El espectáculo de luces, colores y explosiones sigue ahí fuera. Algunos no se apartan de las ventanas encantadas, que esta noche son el espejo del caos. Hay explosiones tan fuertes que nos levantan del sillón.

Durante esa noche y los días siguientes, los temas de conversación siguen siendo los mismos: ¿Dónde está Dumbledore? ¿Cuándo volverá? ¿Es verdad que mató a tres antes de huir o sólo los dejó estupefactos? ¿Nadie va a intentar un golpe de estado contra la Sapo? ¿Han sido de verdad los gemelos Weasley los causantes de este fabuloso desaguisado? ¿Y habrán sido ellos los que hicieron que Montague, el capitán de Slytherin, apareciera atascado en un retrete sintiéndose completamente desorientado? (ya podría haberse aparecido en las Kimbambas, decían los del equipo). Y lo que es más importante: ¿Qué vamos a hacer contra la Brigada Inquisitorial?


Por fortuna, el viernes nos darán las vacaciones de Pascua, así que podremos tomarnos un respiro de clases y centrarnos en estudiar. Los de quinto y séptimo no volvemos a casa por vacaciones, hay que dar el todo por el todo hacia la recta final. Y además, no soportaría ahora mismo separarme de Ernie ni por una semana. Qué le voy a hacer, soy así.

Bandurria en mano, saco mi carpeta de partituras temáticas y voy pasando separadores: Para depresiones, para celebraciones, para camelarme a las chicas, para camelarme a los chicos, proscritas por los recuerdos, novedades inclasificadas... mmm... ¡Ésta!

No llevo tocando ni 30 segundos cuando un hijo de muggles de sexto exclama:

"Oh, ¿ahora te ha dado por Pink Floyd?"

"Por prescripción paterna, nada más."

Desde el Wish You Were Here que le dedicamos a Cedric, no había vuelto a tocarlos en público.

"¿Tu padre también estaba hasta los mismísimos de que cantaras siempre las mismas canciones?" pregunta Summerby, y Zacharías se adelanta a responder:

"Anda, majete, no hablemos de cantadas."

"Tranquilo, Summerby, que a la próxima lo lograrás, ya lo verás, por mis huevos y los tuyos," le dice el capitán, siempre a su lado, siempre motivándole.

"Sólo cuando toco por la noche," respondo yo al fin, aguantándome la risa. "Por eso me regalan partituras nuevas en cuanto tienen ocasión, y yo no me quejo."

"Nosotros también estamos profundamente agradecidos," asevera un amigo bardo de sexto. "Díselo en tu próxima carta, por favor."

"¿Y qué vamos a tocar esta noche?" pregunta otro bardo hijo de muggles, que por fin ha terminado de afinar la suya. "¿Nos marcamos un murete?"

"¡Sí, sí, que viene que ni pintado!" comenta el otro.

"Pero sin cantar, ¿no? Porque como la Sapo os oiga..." comenta otro de séptimo.

"Los demás podéis tararearla y pensar la letra en vuestra cabeza," sugiere el de sexto. "Como una especie de protesta colectiva medio silenciosa."

"¡Pero si no nos la sabemos!" protesta un sangre pura de cuarto.

"Mejor así," asiente él.

"No, hombre, ¿qué gracia tiene, si no saben el significado de la canción?" saco la partitura. "A ver, Hufflepuffs, venid todos aquí, vamos a hacer una coral de murmullos. Ernie, Hannah, ¿podéis traer a los demás?"

"¿Qué os proponéis?"

"Una pequeña revolución Hufflepuff, que hacía ya tiempo," respondo tranquilamente. "Los que estáis aquí, id leyendo la letra rápidamente. Si, ya sé que las palabras andan sueltas por la partitura, pero todos sabéis leer y juntar palabras en frases, ¿no? ¡Venga, que no se diga! ¡Que somos la casa de los trabajadores! ¡Tú y tú, no huyáis!"

Risas. Gente que llama a gente. De pronto tenemos a más de media casa concentrada, pasando la letra de mano en mano, tres bandurrias practicando ciertas partes, y los dos prefectos reuniendo activamente al resto. Una vez reunidos todos los que voluntariamente han acudido, repetimos el plan:

"La idea es cantar sin letra, pero sabiendo lo que se canta, ¿está claro? Por Dumbledore, por el colegio y contra la Sapo y la Brigada Inquisitorial que nos quita puntos por el mero hecho de ser Hufflepuffs, ¿estamos de acuerdo?" arenga Ernie.

"¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!" coreamos todos como buenas tejovejas, unos con más ardor que otros.

Fuera siguen oyéndose explosiones. ¿No es evidente que hay un ambiente de fiesta enrarecida? Hay que canalizar de algún modo toda esa tensión e incertidumbre, toda esa emoción y esperanza, todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor y que no entendemos ni cómo ni hasta cuándo ni por qué.

Comenzamos las bandurrias. Tardamos un par de minutos en ponernos de acuerdo. Alguno tose. Todos miramos a Summerby. No ha sido él. Expectación. Empezamos de nuevo. La tocamos una vez.

A la segunda, algunos van tarareando "mmmmm".

A la tercera, ya hay voces que nos siguen claramente al son del "lalala".

A la cuarta, medio coro se va emocionando y sigue la melodía con fuertes "NANANANA".

A la quinta, uno de segundo grita espontáneamente:

"Hey! Teachers, leave the kids alone!"

Zacharías, que está cerca, le da una colleja por bocazas.

Para cuando llegamos a la octava, el tarareo es tan potente que no necesita de letra. Me emociono y todo. Ni siquiera hacen falta efectos especiales, porque las luces de las ventanas artificiales con los fuegos que se pierden en la noche, con las explosiones, y todo ello combinado con la media luz que hemos dejado en la sala, basta para crear el ambiente.

Cuando terminamos, estallamos en aplausos y vítores entusiasmados.

"Muy bien chicos y chicas, y ahora todos a dormir. Los de primero, ¡a la cama! Los de segundo, ¡a la cama! Los de tercero... ya sabéis cómo sigue."

"¿Nos vas a arropar a los mayores también, Macmillan?" le dice Rickett, dándole un codazo al pasar.

"¡Los de sexto nos pedimos primer!" bromea Cadwallader.

"Deja, que ya tiene a quién arropar en su propio dormitorio," suelta Zach con un inusual buen humor. "Buenas noches, tíos, ha estado bien esto."

"Podríamos juntar a todo el colegio la próxima vez," comenta Hannah entusiasmada.

"Y después te despiertas... en el despacho de Umbridge, claro," le dice el rubiales con un beso.

"Pues yo también creo que estaría genial," la defiende Susan.

Y se marchan los tres discutiendo.

En medio de la desbandada general, felicito a mis compañeros de bandurria mientras las limpiamos y guardamos bien. Algunas niñas se nos acercan. Yo intento cedérselas todas a ellos, pero hay fans persistentes que quieren favores personales de los músicos, esto es, canciones dedicadas. Yo digo que "Claro, claro", con una enorme sonrisa, y huyo valientemente a mi dormitorio, con una reverencia que les hace reír.

Esta vez soy yo el que da el beso de buenas noches a Ernie cuando se apaga la última luz. Lo que pasa es que antes de que me de la vuelta para volver a mi cama, porque creo que esta noche necesitamos recuperar sueño, Ernie me agarra de los brazos y me tira a la cama con él, que luego no digan que no arropa a los suyos. Oh, Ernie. Aquí me quiero quedar yo. Ernie coge la varita de la mesilla y cierra las cortinas. Y si no estuviéramos tan cansados, la cosa no se quedaría en un... mmmm... en un... Aaah.

"Justin, para, que como sigas, no respondo de mí y mañana me he propuesto estudiar 10 horas. Ten compasión de un pobre prefecto, ¿quieres?"

"Sí, quiero."

"En qué hora..."

"Mañana que sean 9 y no se hable más."

Y no se habla más.


Las vacaciones de Pascua pasan en un suspiro, pero nadie de nuestro curso ha descansado con los exámenes tan cerca. Entre estudiar, asistir a los entrenamientos del equipo, tocar la bandurria por las tardes y tener ración de Ernie para mí solo cada noche, cuando queremos darnos cuenta han empezado de nuevo las clases.

Se acabaron los días tranquilos y los huevos de chocolate. Entre todos los que han recibido en nuestra casa, nos hemos puesto ciegos a comer. Ernie ha vuelto a hacer gimnasia:

"Al menos un par de semanas, hasta que baje un poco de peso."

Que conste que yo me ofrezco a ayudarle, pero su respuesta es:

"Esa gimnasia no es suficiente, Justin. Aunque tampoco le haré ascos."

Ernie siempre tiene que hacer todo lo que se propone. No obstante, procura hacer ejercicio cerca de donde Hannah repasa lecciones en alto, para no perder ni un minuto de su programa diario.

Nuestro prefecto lo lleva aparentemente bien, pero Hannah está recayendo un poco en ese agobio feroz que casi la destroza hace unas semanas. Creo que Zacharías es un magnífico apoyo, incluso cuando discuten, porque de un modo u otro siempre consigue distraerla de sus preocupaciones obsesivas. Además, al saberse querida ya no piensa en que sería mejor irse del colegio porque no vale para nada.


Y es que Zach está de verdad pillado. Llevan ya dos semanas juntos, cuando me dice, sentados él y yo junto al lago tras un entrenamiento del equipo:

"Tío, estoy enamorado."

"Yo también."

"Pero a mí es la primera vez que me pasa."

"Yo sólo espero que me dure."

"Me tiene como atontado, es como si no fuera yo."

"¿Quizá porque por fin te preocupas de verdad por alguien que no eres tú?"

"Quizá. Espero que apruebe. Con todo lo que estudia, espero de verdad que saque muy buenas notas. Se lo merece. Aunque a veces quisiera que me hiciera un poco más de caso a mí, y menos a los libros."

"No creo que por estudiarse 5 libros extra de cada materia vaya a sacar mejores notas," asiento empáticamente.

"Es que dice que no se siente segura."

"¿Cuándo se ha sentido Hannah segura?"

Zacharías parece pensárselo.

"¿Cuándo crees que será seguro... ya sabes?"

"¿El qué?"

"¿Qué va a ser? Avanzar. Aún es pronto, ya lo sé. Pero, digo yo que poco a poco... ¿Quizá cuando ella esté en sexto? ¿O será demasiado pronto?"

"Me hacen a mí esperar hasta sexto y me muero."

"Claro, pero para vosotros es más fácil. Compartís ducha, dormitorio, constitución hormonal. Con las chicas es distinto. Hay que ser más..."

"¿Paciente?"

"Considerado."

"Pues yo creo que un polvo ahora mismo ayudaría mucho a Hannah a tomarse las cosas con más calma, fíjate lo que te digo."

"Justin, no seas burro, que estamos hablando de mi novia."

"Precisamente. Lo digo como amigo de ella. Un polvo la ayudaría mejor que las pociones de Pomfrey. Ernie dice que ahora se concentra mucho mejor. Pero sé que es pronto aún, acabáis de empezar. Ernie y yo jugábamos con ventaja."

"¿Cómo? ¿A qué te refieres?"

"Es igual. Tú sigue ahí, apoyándola. Que no se ponga muy nerviosa. No la irrites mucho. No hables de las buscadoras de otros equipos delante de ella. Si es posible, al final del día no le digas que tal libro de consulta que ha estado mirando y resumiendo con ahínco no sirve para nada."

"¿Y si hay una buena razón para decírselo?"

"Con mayor motivo. Se sentirá peor si se da cuenta de que tienes razón."

"Me estás dejando sin temas de conversación."

"Pues ya es pobre vuestra conversación..."

"Mira, estoy de vuestros TIMOS hasta... Tengo unas ganas de que lleguéis a sexto..."

"¿Para hablar mejor con ella o para tirártela?"

"Justin, tío, serás maricón, pero eres más burro..."

"Lo siento, yo también tengo un poco de ansiedad últimamente. Por si no lo sabías, yo también me examino."

"Hombre, ya iba siendo hora de que te dieras cuenta de que de este curso depende tu carrera futura. ¡Enhorabuena! Aún estamos en mayo, tienes, veamos... ¿un mes? Suficiente."

"¿Por qué crees que me está entrando la ansiedad? Porque ya le estoy viendo las orejas al lobo. Y me temo que viene para merendárseme y no dejar ni los huesos."

"Tú tranquilo, tío, que yo me puse a estudiar en serio dos semanas antes, y los saqué bien."

"¿Cuál es tu secreto?"

"Renunciar a las que sabía de sobra que no iba a sacar ni aunque hubiera estudiado desde primero todos los días con la materia de quinto."

"No es mala idea. Pero, ¿cómo puedo saber cuáles necesito y cuáles no?"

"Oh, pronto os lo dirán. Dentro de poco toca que os den las sesiones esas sobre las salidas profesionales después de Hogwarts. No te entusiasmes mucho cuando veas las opciones. Recuerda, ante todo recuerda, de qué casa vienes. Y luego ya puedes soñar, si te dejan."


Efectivamente, una semana después de las vacaciones, Sprout, como jefa de nuestra casa, nos va llamando uno a uno a su despacho para hablarnos de las salidas profesionales después del colegio. Esperaba que me dijera que mi futuro está en la botánica, o en la psicología mágica, o que ya tenían un asiento reservado para mí de sella-pergaminos en el Ministerio. Pero en realidad sólo me suelta una explicación sucinta acerca de las carreras más extendidas y las asignaturas y notas que se necesitan.

"¿Qué hace exactamente un auror?" le pregunto.

Nunca me quedó claro a qué se dedicaba Ojoloco Moody, el auténtico. Ella me explica que son los que se dedican a detener a los magos oscuros, a los mortífagos. Algo así como las fuerzas especiales de seguridad del mundo mágico.

"No creo que valga para eso," sonrío yo, que no puedo ni imaginarme delante de uno de esos fugitivos peligrosos con mi varita. Quizá con mi bandurria podría afectarles de algún modo desagradable. Pero con la magia no tengo nada que hacer.

"Oh, no te preocupes, Justin. Pocos en nuestra casa tienen el carácter necesario para convertirse en auror. Los ha habido, por supuesto. Y yo tenía las esperanzas puestas en Cedric. Ese chico podría haber sido lo que quisiera. Es una pena que lo matara el peor de los magos oscuros antes siquiera de que se decidiera a cazarlos. Después de él, no he vuelto a ver potencial aún en ninguno de los nuestros. Ernie parecía ilusionado con la idea, hasta que le he dicho que los aurores, o sus familias, no suelen tener una vida muy longeva si hay mortífagos sueltos por el mundo mágico. Y me temo que no sólo ellos, en los tiempos en los que vivimos... Pero, en fin, Justin. ¿Has visto más o menos por dónde quieres encauzar tus pasos el año que viene?"

"La verdad, aún no lo sé muy bien."

Sprout empieza darme consejos, como que si se me ha pasado por la cabeza ser músico profesional, que no tiene mucha salida, que lo olvide; y me pregunta si he pensado en la docencia, porque me ve madera de profesor, tengo mucha paciencia con los más jóvenes que yo. Mira, esa idea sí me gusta. Pero no sé, pasar el resto de mi vida en Hogwarts, sin mis amigos...

"No, no podría," les digo a ellos en la sala común. Estamos los cuatro: Susan, Hannah, Ernie y yo.

"Yo tampoco podría ser auror. El reto parece emocionante, pero supondría demasiado sacrificio," dice Ernie.

"Yo quiero trabajar en el Ministerio, como mi tía. Parece un trabajo muy interesante."

"Yo quiero aprobar con buena nota todos los TIMOS y luego los ÉXTASIS. Después... ya me lo pensaré, " dice Hannah.

"Pero querréis casaros y tener hijos, ¿no?" les pregunto.

"¿Quién?" preguntan a la vez los tres, y casi fulmino con la mirada a Ernie, pero me puede la risa.

"Tú y Terry no, Susan. Pasáis demasiado tiempo juntos. Si no rompéis antes del verano, lo haréis nada más volver, por el shock del agradable respiro veraniego. Y tú, Hannah..." miro alrededor, veo que el rubiales no está, "...como sigas ignorándole por culpa de los estudios, no te va a durar mucho."

"No digas tonterías, Justin. Queda un mes para los exámenes. El año que viene no será tan estresante."

"Y en séptimo ya no estará," comenta Susan de pasada. "Qué pena, ¿no? Tendrías que haberte buscado a uno de nuestro curso."

"Prefiero a uno mayor. Tiene más experiencia."

"Ooooh, ¿en qué, en qué?" pregunta toda emocionada.

"Ya ha pasado los TIMOS y puede darme muchos consejos."

Susan menea la cabeza, exasperada.

"¿Es que no piensas en otra cosa?"

"Bueno, chicas, no discutáis, que al fin y al cabo las dos estáis obsesionadas con algo que empieza por 'T'," intervengo yo, y al menos consigo que las dos se pongan de acuerdo para atizarme.

Las tengo a las dos sujetas por los brazos de mala manera, cuando un grupito de niñas de primero y segundo se lo toma como excusa para atacarme también, en defensa de sus compañeras "oprimidas" (en especial su prefecta, que es su ídola por los cortes que le pega al rubiales en sus discusiones públicas, que son casi todas), y de pronto me encuentro embocadillado, asediado, amordazado y bastante indefenso.

"Efniiii... ayu- pffffff... ayuuuuu-"

"Sí, yo también creo que hay una pega a la recomendación de Sprout," dice él, sin levantar la vista de su libro de Pociones. "Creo sinceramente que tienes madera de profesor, pero enseguida dejas que se te suban a la chepa."

Ernie espera unos minutos a que empiecen a venir también niños, atraídos por el revuelo de gente cayéndose y saltando del sofá (para entonces el vapuleo se ha extendido a otras ofensivas particulares, y ni la autoridad ni los gritos de Hannah la prefecta bastan para que se me quiten de encima), y entonces, ya sí, se pone en pie, empieza a agarrarlos con una sola mano a cada uno, y a apartarlos poco a poco de la masa humana, hasta que me saca, sofocado y enrojecido. Con un par de órdenes bien dadas, pero con suavidad, eso sí, dispersa a los alborotadores, me sienta en el sofá, me atusa los pelos, y se sienta junto a mí a seguir leyendo su libro.

"Sexto, sexto, sexto, quiero que llegue sexto."

"¿Para qué?"

"Lee entre letras," lo miro de soslayo, sonriendo con todos los dientes al tiempo que recupero el aliento.

Ernie ve mi sonrisa, frunce el ceño, lo piensa un momento, y luego pone los ojos en blanco.

"Justin, aún me quedan dos horas de repaso de pociones."

"Sí, ya lo sé. Tengo paciencia."

No sé otras, pero Pociones es una de las que seguro segurísimo, me voy a dejar.


Antes de que pueda dejar Pociones o cualquier otra asignatura, los que dejan el colegio directamente son los gemelos Weasley. Con una salida triunfal en la que anuncian la apertura de su nueva tienda de bromas en el Callejón Diagón, y animan a Peeves a que siga haciendo la vida imposible a la Sapo por ellos, abandonan Hogwarts justo antes de los EXTASIS. Esos si que se lo montan bien.

Qué caretos se les ha quedado a la Brigada de los Imbéciles, como los llamamos en nuestra casa, cuando y donde no nos oyen. Para colmo, los gemelos Weasley han dejado el colegio literalmente empantanado, lo que tiene a la Sapo y a Filch fuera de sí, porque los profesores han vuelto a hacer huelga de brazos caídos.

El que está que se sale de alegría es Zacharías, a quien nos hemos encontrado dando saltos en uno de los sofás gritando: "¡VIVA, VIVA!", feliz por la marcha de sus peores enemigos en el colegio. Le tenían más acojonado que los Slytherin.


Y hablando de las serpientes, Hufflepuff gana a Slytherin y el capitán casi se come a besos a Summerby delante de todo el colegio. Menos mal que se contiene a tiempo. Por lo menos nuestro buscador puede disfrutar esta vez de la gran fiesta que montamos. Hasta le dedico una canción, que el muy ingrato no aprecia porque se está dejando mimar por varias chicas de nuestra casa y no me hace ni caso. Me consuelo pensando que el capitán está peor que yo, que ni sé de quién tiene celos, si de ellas, o de él. Últimamente, Summerby y el capitán han pasado tanto tiempo juntos hablando de estrategias y entrenando intensivamente para este partido, que parecían una pareja de hecho; y de hecho, la novia de Fleet le dejó definitivamente después de que la ignorara durante más de dos semanas. Y por muy zorravenclaw que sea, en este caso, debo darle a ella la razón. Fleet y Summerby ya sólo se separan para ir a clase y para dormir. Y por el brillo en los ojillos de Summerby cuando el capitán nos contó la noticia de la ruptura, me da que tampoco le haría ascos a compartir sábanas.

Ahora sólo queda esperar el resultado del siguiente partido de nuestros rivales. De la diferencia de puntos depende que aspiremos al primer o al segundo puesto. Lo que quiere decir que, aunque pocas, ¡hay esperanzas!


Dichas esperanzas terminan cuando Gryffindor gana a Ravenclaw con buena puntuación.

Y aunque me siento también un poco mal por Luna y su sombrero de águila (que casi me muerde cuando la iba acariciar), me hace ilusión que a la innombrable la haya dejado Ginny Weasley con un palmo de narices. ¡Ja, chúpate esa! Sé que no debería alegrarme, lo sé. Pero soy humano, yo también tengo mi lado oscuro, y no soporto a la viuda negra lacrimosa. De hecho, ya está llorando otra vez, para que vayan a consolarla. Qué asco la tengo, ¡qué asco!

De camino al castillo de vuelta del partido, de pronto me doy cuenta de que justo detrás de nuestro grupito van Harry y Hermione hechos unos zorros. ¿Qué hacen ahí que no están con su equipo, celebrando? Bueno, da igual. Por ahí viene la procesión, llevando a Weasley en brazos y cantando la nueva versión de la canción. Qué bonita es la Copa de quidditch. No creo que la vea en nuestra sala común antes de que me gradúe. Pero al menos me queda la satisfacción de que nuestro equipo ganó al campeón. Dos veces. Y en una lo tendría que haber barrido por goleada.

Por la noche, el equipo se reúne alrededor de la foto ampliada de Cedric, que sigue colgada del tablón de anuncios junto con tantas otras fotos. El capitán es el que habla primero:

"Lo siento, Cedric, hemos llegado más lejos de lo que hicimos hace dos años. Hemos ganado a Gryffindor y Slytherin. Y si no fuera por la diferencia de puntos... ejem... por la mala suerte, habríamos podido ganar la Copa de quidditch. Espero que, estés donde estés, te sientas orgulloso de nosotros."

"Lo siento, Cedric, la culpa fue mía, debí haber contenido aquel estornudo," añade Summerby, acongojado.

El capitán lo rodea cariñosamente con un brazo, y los demás le dan palmadas amistosas en el hombro. Cedric sonríe desde su pose eterna de nervios ante la cámara, mirando a un lado y a otro. Pero yo sé que habría estado orgulloso de su equipo.


Una tarde Susan llega toda emocionada para contarnos que Michael y Ginny han roto por culpa del quidditch, y que Michael está ahora con Cho Chang.

"Sabía que tenía mal gusto, pero no hasta ese punto. Vaya un imbécil," comenta Hannah con desdén desde la mesa de estudio.

"¿Sí, verdad? ¿Quién quiere amargarse la vida con esa?" asiente Zacharías, sentado en la silla de al lado, pegado a ella, desde donde la ayuda a revisar Historia de la magia con consejos impagables del estilo: "Este párrafo es una gilipollez" "Esta fecha no es importante" "¿A quién le importan estos dos duendes? El que mola es éste, fue el que inició la tercera revuelta y se lo cargaron cuando..."

"Pues Terry me ha dicho que Cho está mucho más feliz ahora. Al menos Michael le hace caso, lo cual es un gran cambio. Harry estaba muy pendiente de sus amiguitos y pasaba de ella," comenta Susan.

"Harry no necesita una novia ahora mismo, ya tiene demasiado de que preocuparse. Ni siquiera pudo participar de la victoria de Gryffindor porque a él, a diferencia de ella, le prohibieron jugar al quidditch. Chang debería entenderlo," opina Ernie.

"Yo creo que no tenían muy buena comunicación," sigue Susan.

Pero es Hannah la que dice lo que todos estamos pensando.

"Susan, anda, dale un poco a la Historia, y deja los cotilleos, que la vida de infames Ravenclaws es una asignatura en la que tú ya tienes matrícula, no necesitas recitarla más."


En junio no hay más materia nueva, no hay más deberes, toca hincar los codos a base de bien.

Soy incapaz de pasar tanto tiempo en la biblioteca como nuestros prefectos, así que dedico parte de las tardes a salir al aire libre, al lago, junto a Zacharías y el equipo. Estar con ellos me trae gratos recuerdos del curso pasado por estas fechas, y aunque todavía duele un poquito, es mayor el dulzor, y mejor la compañía. Voy a echar mucho de menos a esta pandilla.

A estas alturas, tengo la impresión de que entre el capitán y Summerby no hay romance, sino adopción. Fleet no es el paladín de su buscador, es prácticamente una mamá gallina, un hermano mayor acaparador y posesivo, que no comparte con nadie a su chiquitín. Resulta rocambolesco, pero delicioso. Summerby, por su parte, parece encantado con el arreglo y decidido a pasar los días que le quedan en Hogwarts a su protector refugiado bajo su ala.

O'Flaherty disfruta mucho contemplando a las otras parejas y haciendo de celestina ahí donde le llega la mano, pero no la veo interesada en nadie. Cadwallader se declaró a la chica que le gustaba, pero se topó con la barrera del novio Ravenclaw, un clásico en nuestra casa. Zacharías sigue contento por su éxito, y sólo se queja moderadamente de su falta de progresos. Los que siguen más acaramelados que nunca son Appeblee y Rickett.

Rickett, buen amigo donde los haya, me advierte que ni se me ocurra aceptar ninguno de esos productos milagrosos que estudiantes mayores de otras casas están vendiendo, porque 1. es hacer trampas, y eso es una deshonra para nosotros, 2. son todos falsos, uno picó el año pasado y se puso muy, muy malito. Y todos los mayores me insisten en que no hace falta que me angustie, porque no hay que ser un Cedric ni un Ernie para sacar los TIMOS decentemente.

Y como a Ernie de todos modos lo espero antes de ir a dormir, aprovecho también para estudiar por las noches.

"Deberías dejar de comparar con todo el mundo las horas que dedicas a repasar, Ernie. Te estás volviendo un obseso compulsivo," le digo una de ellas.

Los de sexto y séptimo de nuestra casa están hasta las pelotas también, porque lleva así desde principios de curso, y ahora todavía con más ahínco.

"Necesito saberlo, Justin. Necesito dejar mi conciencia tranquila."

"Sí, pero ¿cómo puedes tener tu conciencia tranquila cuando mientes?"

"¿Que miento?"

"Sí, hoy a la entrada de Herbología les has dicho a Harry y a Ron que estudias una media de 8 horas diarias, pero eso no es cierto, estudias una media de 10."

"Les he dicho que hago 10 en mis mejores días, y es verdad."

"Entonces tus mejores días son todos."

"Cuando te pones pesado, pierdo la hora de antes del desayuno. Y luego, como el martes, que no pude estudiar después de cenar porque se te ocurrió decirme que-"

Le tapo la boca y sonrío con picardía.

"Qué pesado con lo del martes. Si en el fondo te encantó que te forzara a dejar de estudiar. Te dejé libre de culpa y remordimientos... o eso quiero creer. Y luego, ¿qué? ¿Eh? ¿Te cundió más al día siguiente o no?"

Ernie gruñe por toda respuesta, pero está rojo como un tomate.


Un día antes de que los TIMOS se nos echen encima, llegan los examinadores a Hogwarts, un grupo de ancianos magos de aspecto muy serio. Los mayores, de nuevo, nos tranquilizan diciendo que los hay muy amables. Otros son más duros de roer, pero suele ocurrir que los más duros al final son los más impresionables.

Dos semanas para la libertad, pienso yo la víspera, en mi cama. Dos semanas: prácticos por la tarde, teóricos por la mañana.

Ernie me ha pedido que, por mucho que nos cueste, y más a él, aunque no me lo crea (y no me lo creo, sé que los exámenes son mi peor rival por su atención), estas dos semanas no le provoque, no le haga perder horas de sueño, y no durmamos juntos para evitar tentaciones. La verdad es que hemos tenido una pequeña bronca, pero como no ha entendido el insulto cuando le he dicho que "por mí como si te metes a cura cuando acabes los EXTASIS", no ha llegado la cosa a riña parejil.

Si al final me tocará repasar la víspera, a falta de algo mejor que hacer, como si lo viera. Con lo que odio repasar mucho el día antes de un examen, que me pone más nervioso. Pero ahora están los de sexto y séptimo muy metidos también en lo suyo, así que no hay escapatoria posible. Comienza la cuenta atrás. Y a mí más me vale contar ovejitas estos días...


...Nah, Ernie se mete en mi cama tras el primer día, y me confiesa que no aguantará dos semanas sin abrazarme bajo las sábanas. Ya, ya. Ha debido de salirle especialmente bien el examen práctico de Encantamientos, porque él sí que parece encantado consigo mismo. Tanto, que acabo convenciéndome de que en realidad ha vuelto a mi lado sólo para revivir el examen de hoy y descargar sus preocupaciones sobre el de mañana. Eso sí, la terapia resulta, porque me duermo enseguida.


Al día siguiente, Hannah logra atascar 10 minutos el examen práctico de Transfiguración al transfigurar un hurón en una bandada de flamencos. Así se hace, Hannah, con estilo. Zacharías intenta consolarla, pero le resulta difícil contener la risa ante las numerosas anécdotas que circulan sobre lo mucho que costó desalojar el zoo espontáneo para seguir examinando a la gente.

El miércoles todos bordamos nuestro examen de Herbología, por supuesto, nadie va a confesarle algo distinto a Sprout cuando nos pregunta con tanta ilusión y orgullo de maestra. Pero ahí estoy exultante hasta yo, que soy de los pocos que no miento (¡ha merecido la pena hacer tantos años de padrino de plantas ajenas y teniendo que empollarme sus cuidados especiales!). Sólo espero no sacar más nota que Ernie, o me odiará. No mucho, pero sé que lo hará.

El jueves, los cuatro miembros del ED nos confesamos la satisfacción de haber podido poner en práctica lo aprendido con Harry, y le mentamos varias veces durante la cena, agradecidos de verdad. Habríamos hecho un brindis de no ser porque habría resultado demasiado cantoso.

Runas antiguas no me va nada mal el viernes.

El sábado Hannah aún no ha superado lo del martes, y se echa a llorar al menos tres veces durante todo el día (una en el desayuno; otra cuando no le salía recitar una lección en particular del libro ni a la de seis; y la última, que es la más gorda, porque de ahí se fue directa a llorar a los baños, cuando alguien me pregunta que si cuando fui a las islas españolas en verano con mis padres aprendí a bailar flamenco), de modo que al final me uno a Zacharías para echarle un cable y animarla, algo que no logramos hasta el domingo por la tarde, cuando terminamos de repasar Pociones y tanto ella como Ernie se unen a las actividades de la casa (incluso a un bis de canción con tarareos), porque reconocen que necesitan despejarse un poco.

"Ya haré un último repaso antes de dormir."

"¿Otro último repaso, Ernie?"

"Justin, la mayoría de la gente de nuestra casa da siempre Pociones por perdida, pero yo quiero estudiar Pociones el año que viene, y, como ya te he repetido hasta la saciedad, Snape sólo acepta en su clase a aquellos que saquen la máxima puntuación. Necesito la máxima puntuación. Cedric lo logró, así que yo también lo voy a conseguir."

El lunes por la noche, Ernie no las tiene todas consigo de haberlo hecho bien, pero aún mantiene un hilillo de esperanza, que se multiplica al día siguiente con una, de nuevo, actuación estelar en el examen de Aritmancia.

Cuidado de Criaturas Mágicas nos sale aceptable, sobre todo a mí, que nunca se me han dado del todo bien los bichos que nos saca Hagrid para "cuidar" o "cuidarnos de".

La Astronomía nunca ha sido mi fuerte, y casi me duermo en el examen, hasta que Umbridge y otros 4 energúmenos asaltan la cabaña de Hagrid y atacan a McGonagall sin previo aviso, lo que hace que todos, incluídos los profesores, dejemos de prestar atención al TIMO durante varios minutos. Cuando el examen acaba, Ernie se acerca al trío maravillas unos instantes, y luego se reúne con nosotros para regresar al dormitorio y comentar tanto el examen como la jugada del Ministerio.

"Terrible lo de McGonagall, ¿eh? Pero creo que este examen no ha presentado especial dificultad, pese a los obstáculos."

Lo miro con incredulidad y no respondo.

"¿Qué está pasando en Hogwarts?" comenta Susan espantada.

"Que están despidiendo a los profesores incompetentes, eso es lo que pasa," responde Ernie. "Claro que la que juzga que son incompetentes, es la más incompetente de todos."

En casa todo el mundo habla de lo ocurrido, claro, y hasta Ernie se olvida de repasar para expresar sus opiniones con éste y aquél y juzgar los porqués y las causas de esta situación, y cómo todo se solucionaría si Dumbledore iniciara una reconquista de Hogwarts antes de que termine el curso. No sé los demás, pero yo me voy a la cama antes de que dé la una. Mañana es el examen de Historia de la magia, y los exámenes de teoría tocha necesito tenerlos bien reposados, más que repasados. Ernie vuelve a las tantas de la madrugada, pero noto que sigue estudiando en la cama, porque hay una tenue luz que emana de detrás de las cortinas.

El examen en sí, el último de todos, por cierto, pasa sin mayor novedad. Porque Harry gritando y desmayándose en medio del examen sin venir a cuento no resulta ninguna novedad para los Gryffindor, por lo que nos cuentan después Seamus Finnigan y Dean Thomas. No sé lo que le habrá pasado, el examen no era tan difícil, aunque sí tostón, como era de esperar; pero como dice Ernie:

"¡Qué más da, Justin! ¡Hemos terminado!"

Salimos un rato los cuatro a dar un paseo al lago y cuando volvemos alguien ha arrojado no sé qué gas en las inmediaciones del despacho de Umbridge. Ya están los bromistas otra vez.

"¡Qué más da, Justin! ¡Hoy es día de fiesta! ¡Tenemos que celebrarlo con los de séptimo!"

"¿Y qué vas a hacer ahora que no tienes que estudiar ocho... diez horas al día."

Ernie me mira, arquea una ceja y sonríe.

Pervertido...


Por la tarde salimos los dos solos, ya que se ha declarado día oficial de "cada oveja con su pareja" antes de que nos den las vacaciones. En cierto rincón junto al lago nos encontramos a los Creevey, intentando sacar instantáneas del calamar gigante. Dennis posa abrazado a un tentáculo, haciendo el gesto de la victoria. Flash. Dos tentáculos, un extremo en cada mano. Flash. El calamar sale a la superficie y Dennis se le abraza. Flash.

"¡Ey, Colin! ¿Nos sacas una foto?" le pido, y una vez hecha, añado en voz baja: "¿Es cierto que tienes una foto comprometedora de Hannah y Zacharías?"

"¿Por qué, quieres copia?"

Asiento vehementemente.

"Vale, esta noche durante la cena te llevo las dos a la mesa."

"¡Gracias Colin, eres un amor!"

"No me hables de amor..."

"¿Por qué?"

"Porque estoy a ver si me echo novia antes del verano, que quiero tener algo que contarle a mi padre cuando vuelva."

"¿A tu padre?"

"Sí. No entiende que con 14 años tenga mi pared forrada de fotos de chicos del colegio. Un día en Navidades nos sentó a Dennis y a mí en la cocina y nos dijo algo que jamás olvidaré, pero que a día de hoy tampoco entiendo muy bien."

"¿El qué?"

"Tú sabes que mi padre es lechero, ¿verdad?"

"Sí..."

"Pues nos dijo que el futuro de la humanidad depende en buena medida de que no se malgaste ni una sola gota de leche."

"Para leche, la de tu padre, y muy mala además."

"¿Tú lo entiendes, Justin?"

"Eso sí. Lo que no acabo de entender es por qué tu hermano está dando besitos al calamar."

Ernie está contemplándolos estupefacto a pocos metros, mirándolos a ellos, mirándome a mí, y señalándolos con vigor y pavor.

Colin suspira.

"Le he dicho muchas veces que su amor no tiene futuro, pero Dennis dice que aún le quedan muchos años en Hogwarts para saber si están hechos el uno para el otro o no, antes de dar el paso."

Qué fauna me rodea, de verdad. Ernie parece opinar lo mismo cuando volvemos al castillo.

"Ahora sólo nos falta encontrarnos a Luna Lovegood, y tenemos ya la ronda de lunáticos completa."

"Mira, por ahí va," señalo yo al verla dirigirse hacia el Bosque Prohibido acompañada por Neville Longbottom, Ginny y Ronald Weasley.

"¿A dónde van? ¿Es que han montado los Gryffindor una fiesta en el Bosque esta noche?" pregunta Ernie.

"Quién sabe. Igual saben dónde está Hagrid y van a reunirse con él," respondo yo.

Pero como ni Hermione ni Harry ni los otros tres aparecen a la hora de cenar, y sí los demás Gryffindors, mi teoría resulta la más plausible.


Aquella cena nos sabe a todos mejor que nunca, porque sabe a libertad divina después de tanto tormento académico e inquisitorial.

Más tarde, en la sala común, cantamos canciones y contamos historias y anécdotas del curso, debatiendo por qué han visto a Umbridge volver histérica perdida del Bosque Prohibido, qué hacía la Brigada Inquisitorial atrapada en su despacho hechos un cromo, y dónde estará el grupito que desapareció esta tarde.

No obstante, el momento más emotivo del día, para mí, tiene lugar, cómo no, en la cama, mi sitio favorito últimamente, donde estamos solos Ernie y yo, gracias a que la mitad de nuestra casa aún sigue celebrando el final de los exámenes (y han prometido celebrarlo hasta el amanecer), mientras que nosotros lo celebramos a nuestro modo, por supuesto.

Y no somos los únicos, que Rickett se ha llevado a Applebee a su dormitorio, con la connivencia de todos sus compañeros. Zacharías estaba verde de envidia, pero todavía no se atreve a proponerle a Hannah irse a un rincón apartado. Cuando los hemos dejado, estaban acaloradamente fusionados en un sofá. Hannah está mucho más contenta y se vuelca con Zach, pero tengo la impresión de que ambos están en distinta página del despertar sexual, e intuyo problemas. A veces me gustaría compartir con Zach alguno de mis escondites secretos, para ayudarle a crear el ambiente adecuado, pero con lo bocazas que es, temo que entonces dejarían de ser mis escondites, y correría el riesgo de encontrármelos un día cuando los necesitara, a pesar de que sé que jamás llevaré a Ernie a ninguno de los rincones que compartí con Cedric. Sí, soy así de egoísta con algunas cosas. Sigo atesorando recuerdos.

Por suerte, Ernie y yo no tenemos reparos en utilizar nuestras propias camas, que son mucho más prácticas, seguras y cómodas. Cierto es que a mí antes me iba el morbo, pero en tiempos de Inquisición, hasta el más impuro se vuelve maduro.

Y yo necesito esta intimidad con Ernie como el comer.

Algunas veces Ernie se compara inconscientemente con Cedric y siente vergüenza de su cuerpo. Yo le insisto que la genética no perdona, que cada uno es como es, y que si para tener un cuerpo escultural tiene que dejar de comer golosinas y helados conmigo cuando estemos juntos en verano, prefiero mil veces sus lorzas. Prometo acompañarle haciendo ejercicio, eso sí, pero sin obsesionarnos.

A mí me encanta Ernie tal como es. Me gusta recorrer cada uno de los rincones de su recio y bien dimensionado cuerpo, no me importa en qué forma; me encanta besarle durante minutos, largos minutos, e impedir que haga cualquier otra cosa, porque yo sólo quiero besarle una y otra vez, así se acabe el mundo. Como esta noche.

Esta noche es nuestra y no hay ninguna prisa.

Tras una larga sesión de actividad placentera, cuando estamos tan baldados que apenas podemos mover los músculos de las pestañas, empezamos a hablar del verano y de qué pasara con Hogwarts, y cómo seguiremos nosotros el año que viene, y luego en séptimo, y cuando todo acabe, y si el mundo será un lugar mejor o peor, si Quien-tú-sabes no arruinará el futuro para todos. Y en ese momento, Ernie me destroza, y me rehace, y me vuelve a destrozar cuando empieza a acariciarme el pelo mientras me susurra al oído, abrazado a mí por la espalda, que no importa lo negro que se ponga todo en el futuro, porque, y esto termina recitándomelo de memoria, como si hubiera estado guardándolo sólo para este momento:

"...believe in me baby and I'll take you away
From out of this darkness and into the day"

Y como ahí se queda atascado, sigo yo:

"From these rivers of headlights these rivers of rain
From the anger that lives on the streets with these names
'cos I've run every red light on memory lane"

Y termina él, con verdadera emoción en su voz:

"I've seen desperation explode into flames
And I don't want to see it again. . ."

Oh, Ernie.

No dejaré que vuelvas a ver la desesperación. En mí no.

¿Quién dijo que el amor verdadero es el primer amor? El primer amor es maravilloso. Pero no es el único, ni el más grande.

Y para grande, Ernie.

¿Te vienes conmigo?, es lo primero que recuerdo de él, en el andén de King's Cross en primer curso. Todavía le recuerdo a los 11 añitos, con su nariz respingona y su cara seria, acompañándome hasta el tren que me llevaba a mi nueva vida en Hogwarts, mi primer día en el mundo mágico. Y con Ernie sí que me bajaría en casi cualquier parada.

"Pase lo que pase, llévame contigo," le digo.

"Muy bien. Empezamos este verano. Tú eliges el mes."

Me río, y le respondo con un beso y un:

"Como desees."


Como no podía ser de otra forma, nuestro quinto curso termina con una revolución del mundo mágico al completo. El Ministerio de la Magia se ve obligado a admitir públicamente que es cierto que Quien-tú-sabes ha vuelto tras la detención de varios mortífagos en su propia sede. Entre ellos se encontraba el padre de Draco Malfoy.

Siempre supe que la familia de ese prejuicioso holocáustico no podía ser trigo limpio. Y, para colmo, Lucius Malfoy y sus secuaces intentaron cargarse a nuestros compañeros. Me enteré por Luna, quien estuvo allí con el trío maravilla, Neville Longbottom y Ginny Weasley; pero no supe descifrar ni la mitad de lo que ocurrió porque ella tampoco parecía tenerlo muy claro al narrarlo, en su relato se mezclaban esferas proféticas, velos asesinos y desmadres diversos. La conclusión de todo el asunto es que Harry Potter vuelve a ser el "elegido" para derrotar a Saur… perdón, al señor oscuro. A veces me pregunto si su cicatriz es una especie de anillo único incrustado en la frente, que atrae hacia él todos los gafes y a toda la chusma truculenta, como le pasaba a Frodo.

Todos estos incidentes los comentamos varios miembros del ED (Hannah, Ernie, Susan, Terry Boot, Anthony Goldstein y un servidor) en nuestro compartimento en el Expreso de Hogwarts de regreso a Londres. Por ello, el último recuerdo feliz del quinto curso es ese delicioso momento en el que salimos en defensa de Harry cuando oímos que Malfoy y sus gorilas lo acorralan a la vuelta del baño. No sé ni lo que les soltamos entre todos por las varitas, pero estoy seguro de que fueron las maldiciones de Ernie las que más daño hicieron, porque mira que le tenía ganas...

Una vez que Ernie y yo hemos ayudado al niño que lo volvió a contar a meter en el portaequipaje las babosas amorfas que han quedado de semejante conjunción de hechizos (pena que sólo dure hasta que se les pase el efecto...), Ernie comenta que está deseando ver la cara de la madre de Malfoy cuando lo vea en la estación. Entonces llega Ronald Weasley y se lleva a Harry, no sin que éste antes nos dé las gracias.

Ernie está radiante de felicidad:

"Ni siquiera recordarán de donde les llovió, ja, ja."

Sí, mejor que no se acuerden el curso que viene.


La llegada al andén 9 y ¾ es agridulce. Como habíamos pactado la noche anterior, la noche de nuestra gran despedida Hufflepuff de fin de curso, los más allegados al equipo nos concentramos a la salida de su vagón para despedirnos de los graduados.

Lo cierto es que ésta ha sido la primera graduación a la que he asistido. La ceremonia de graduación en Hogwarts es corta y emotiva, y culmina con los de séptimo curso recorriendo en barca el camino inverso a la llegada en primero. Ha sido muy emocionante verlos montar en las barcas del lago de vuelta a la estación, mientras los amigos les decimos adiós con la mano desde el embarcadero en simbólica despedida.

Una vez en el tren, Zacharías ha ido todo el trayecto con ellos, como última reunión extraoficial del equipo de quidditch que tantas alegrías nos ha traído. Nuestra casa no será la misma sin Herbert Fleet, Maxine O'Flaherty, Anthony Rickett, y Tamsin Applebee.

También echaré de menos a los otros compañeros de Cedric, especialmente a mi aliado particular, del que me despido con un fuerte abrazo en el andén, antes de quedarme con el círculo íntimo de los jugadores.

Los graduados se despiden de nosotros con estrujones amistosos y palabras de ánimo para el tiempo que nos queda en Hogwarts. Cadwallader y Rickett se abrazan con lágrimas en los ojos. El capitán Fleet nos va dando abrazos afectuosos a unos y otros, dejando a Summerby para el final. El pobre no hace más que entrar en contacto con el cuerpo de Fleet, cuando algo se rompe dentro de él y estalla en sollozos incontrolados.

"Herb… Herb…" llora con amargura, mientras el capitán lo estrecha fuertemente entre sus brazos y lo mece con cariño para consolarlo. Su cara está enterrada en el pelo de Summerby, pero es obvio que también está llorando.

Me duele el corazón de observar un drama tan tierno, así que sigo el ejemplo de los demás y los dejo despidiéndose a solas. Lo siento por Summerby, quien probablemente volverá a sentirse muy solito el curso que viene, sin nadie que le dé mimitos. Y no será por falta de voluntarias.

Viendo a Summerby me pregunto cómo lo habría llevado yo de seguir Cedric vivo. Cómo habríamos llevado la vida separados sin compartir el refugio de Hogwarts. Su compañero me contó que siempre queda Hogsmeade, donde él ha seguido viendo a su pareja graduada cada sábado de libertad (y hoy lo estaba esperando en el andén al bajar del tren, ha sido un reencuentro muy emotivo). Al parecer, el pub Cabeza de puerco, donde nos reunimos por primera vez el ED para constituirnos, es el mejor sitio para pasar unas horas de intimidad clandestina. Aberforth, el propietario, no hace preguntas y se la suda lo que haga la gente en sus camas (cuenta la leyenda que él mismo tiene un rollo raro con sus cabras, y que por eso lo detuvieron una vez, sin que nadie sepa exactamente por qué). Pero con lo sucia que estaba la taberna, no quiero ni imaginarme las criaturas que habitan sus colchones. Y a menos que Cedric hubiera cumplido su promesa al final del maldito torneo, habríamos tenido que seguir llevando nuestra relación en secreto y sudar la gota gorda para justificar su presencia en Hogsmeade. Después de llevar mi relación con Ernie de forma pública y abierta, he comprobado la diferencia abismal entre sentirte públicamente querido y secretamente atesorado. Da más morbo lo segundo, pero más felicidad lo primero. Me sigue aterrando pensar que la graduación de Cedric habría podido significar el principio del fin de nuestra relación, quizá de nuestra amistad. Probablemente, yo habría sido el primero que no lo habría soportado. Es una triste suerte que nunca vaya a poder averiguarlo. Y que siempre pueda seguir besando su foto con el mismo cariño ininterrumpido, y con la absoluta certeza de que exprimimos al máximo el poco tiempo que tuvimos juntos.

Pero más suerte, para mí, es seguir teniendo a alguien como Ernie a mi lado.

No lo cambiaria por nada.


Créditos y Notas:

Sketchs de los Monty Python: Defensa personal contra frutas (del capítulo "Owl-stretching Time"), La Inquisición española I y parte II (del capítulo, "The Spanish Inquisition"), Hint-hint-nudge-nudge, say no more (visto por primera vez en "Monty Python in Hollywood").

Letras de canciones: Another brick in the Wall, de Pink Floyd; Telegraph Road de los Dire Straits.
Raindrops keep falling on my head es de Bacharach/David cantada por B.J. Thomas para la película Dos hombres y un destino.

Escena paralela de Draco interrogando a Ernie: Dame un Segundo.

Historia paralela de Summerby que describe lo que ocurrió después de la despedida entre él y Fleet, y que al final conecta con el 6º curso y el capítulo 18: El verano de Summerby (Summerby's Fleeting Summer).