Nota:
Cronológicamente, es recomendable leer El verano de Summerby y En la cama de Cadwallader antes de leer este capítulo final. Simplemente aportan diferentes perspectivas y rellenan huecos, pero no son imprescindibles.
Capítulo 18: Un Hufflepuff es para siempre
Planificando el verano, Ernie y yo llegamos pronto a la conclusión de que no estamos dispuestos a pasar más de una semana sin vernos, por lo que hemos organizado las vacaciones de tal manera que dedicaremos la primera y la última semana a nuestras respectivas familias, y el resto del tiempo lo pasaremos juntos alternando casas. Esto incluye la casa de los abuelos de Ernie en la playa. ¡Me encantan sus primos! A saber qué cara ponen cuando se enteren… Ernie me ha asegurado que no va a proclamar nada, pero tampoco vamos a escondernos. Está convencido de que sus primos ya lo veían venir, y no harán más bromas de lo habitual.
Y no se equivoca.
Durante la estancia final de Ernie en mi casa, mi madre nos pilla tonteando cerca de la piscina. Nada serio: empujoncitos, agarrones, amenazas con los morritos puestos. Me doy cuenta de que nos está mirando porque empieza a partirse de risa ella sola, con las toallas que nos había traído aún en sus brazos, hasta que sale mi padre a ver a qué se debe el barullo, y entre los dos nos acaban sonsacando la verdad. Imagino que las miradas que nos echamos a veces a la hora de comer son suficientemente incriminatorias, pero la base de sus sospechas, según mi padre, es que a nuestros 17 años, dos maromos de nuestra estatura (sobre todo la de Ernie) que son capaces de pasar una semana tras otra en los meses del caluroso verano en mutua y exclusiva compañía sin comentar ni una sola vez lo buena que está la vecina o la actriz de la película de la tarde, una de dos: o son unos alelados ultra introvertidos (y dado mi carácter, queda descartado), o son gays.
"Esto es culpa del Equipo-A, si lo sabré yo. Tantos años pendiente de las andanzas de cuatro hombres solitarios que sólo se tienen mutuamente para-"
"Papá, no desbarres."
"¿Eres consciente de que eres el último espécimen capaz de preservar el apellido de nuestra familia?"
Sólo tengo primas y viven tan lejos que apenas nos tratamos.
"Bueno, ¿y qué? No se va a acabar el mundo por ello, ¿no? "
"Al menos me consuelo porque alguien se preocupará de llevarte por el camino responsable en nuestra ausencia," le sonríe mi madre, sentados ya los cuatro bebiendo limonada en la terraza.
"Gracias, Señora Finch-Fletchley. No le quepa la menor duda."
"Bebe y calla, Macmillan," le digo yo, dándole una colleja para acabar dejando mi mano en su nuca, como si tal cosa.
Esa noche nos encontramos una caja de condones y un bote de lubricante en la mesilla. Ernie enrojece hasta la punta de los cabellos cuando le explico para qué sirven.
Mis padres son la monda.
Los adoro.
La última semana sin Ernie se me hace larga, y no veo el momento de reencontrarme con él en King's Cross. Nos escribimos todos los días, pero me falta ese contacto tan adictivo que nos une. Hannah nos escribe también comentando las ganas que tiene de que llegue el 1 de septiembre. Susan no da señales de vida, debe de estar muy ocupada escribiendo a Terry; pero Zacharías me escribe con tanta o más frecuencia que Ernie. El pobre está que se sube por las paredes, angustiado por los grandes agujeros que han quedado en el equipo. Toca de nuevo hacer un casting. ¿Lo aceptarán como capitán? Él espera que sí. Confieso que desde que está con Hannah se ha vuelto más tolerante… y tolerable. Va a ser un curso interesante.
El 1 de septiembre, Ernie y yo atravesamos juntos la pared una vez más. Nos reencontramos con nuestros amigos, y entre abrazos, besos y anécdotas alegres, me doy cuenta de que Susan está muy apagada.
En el expreso, Zacharías se va con los otros dos miembros restantes del equipo (Cadwallader y Summerby), para comenzar a planificar el reclutamiento de nuevos jugadores. En nuestra casa somos un poco vagos para jugar al quidditch, porque en general no nos gusta competir. Por supuesto, hay excepciones individuales, como Ernie y Zach, y por eso estoy seguro de que a más de uno y más de una en el fondo le picará el gusanillo y se animará a presentarse a las pruebas de selección.
Ernie y Hannah se van a su vagón de prefectos a cumplir con sus responsabilidades, y yo me quedo con Susan, quien nada más quedarnos solos se me echa encima y yo la estrecho entre mis brazos, mientras me relata entre lágrimas el verano tan horrible que ha pasado su familia, que es la verdadera razón por la que no ha podido escribir: Los mortífagos se cargaron a su tía Amelia Bones de una forma bastante desagradable y horrenda. Impactado por la noticia, soy incapaz de consolarla verbalmente, así que me limito a darle calor humano hasta que regresa Hannah y le proporciona un consuelo más completo. Ernie regresa poco después, pero lo ocurrido no le pilla de nuevas. El mamón lo sabía, porque había sido una tragedia muy sonada en el mundo mágico este verano, pero me lo ha estado ocultando para no preocuparme. Ahora que ya no hay escapatoria, por fin es momento de ponerme al día.
Al parecer, está el ambiente muy caldeado en el mundo mágico. Hay un nuevo Ministro de la Magia, Rufus Scrimgeour, y las noticias sobre el regreso de Quien-tú-sabes lo ocupan todo en los periódicos. El padre de Malfoy está en Azkabán, pero otros mortífagos siguen sueltos y reclutando más gente y más criaturas para su temible causa. Noticias de magos asesinados van apareciendo con cuentagotas, y nadie se fía ya ni de su abuela. Cuánto me alegro de que mi familia viva al otro lado. Sé que no por ello están a salvo precisamente, pero sí más que los magos ahora mismo.
Hannah confiesa que tiene miedo por su familia.
En Hogwarts, Albus Dumbledore vuelve a ser nuestro director. Snape es por fin profesor de Defensa contra las artes oscuras, y un pedante gordinflón enseña ahora Pociones. De nuestra casa, sólo Ernie se ha apuntado. Sus TIMOS fueron brillantes, por supuesto. Hannah al final no lo hizo nada mal. Y mis resultados son bastante aceptables, así que no me quejo. Los estudios son una preocupación bastante distante al lado del ambiente hostil y peligroso que se está cociendo en el exterior. Creo que nada me enorgullece más que los progresos que hicimos durante las reuniones del ED el año pasado. Siento una enorme gratitud hacia Harry, y no soy el único.
Tras el sorteo, durante la primera cena, lo más comentado, además del verano, el quidditch y los acontecimientos funestos, son la mano ennegrecida del director, la cual a duras penas puede esconder bajo la manga; y la estupidez inagotable de Zacharías, quien al parecer fue víctima de un maleficio de mocomurciélago al poco de subir al tren, cuando intentó interrogar a Ginny Weasley sobre el incidente en el Ministerio con los mortífagos. Menos mal que Cadwallader sabía cómo contrarrestarlo, porque Hannah se negó a curarle cuando regresaba de camino a nuestro compartimento. En cuanto supo quién y por qué se lo había causado, lo mandó a freír espárragos y no volvió a hablarle hasta que Zach la acorraló justo antes del trayecto en carruajes.
La verdad es que Ginny Weasley cada año está más guapa y es más popular en el colegio. Su última conquista es Dean Thomas. Me pregunto cómo lo estará llevando su amigo Seamus Finnigan.
Las dos primeras semanas de curso pasan moderadamente felices. Digo moderadamente, por ser justo con mis compañeros. Yo estoy en un limbo de paz espiritual, contento con mi suerte y con la de Ernie, aunque sólo sea por estar vivos, juntos y con nuestras familias intactas. Incluso Susan, quien rompe en cierto momento con Terry por las tensiones del verano, pero vuelve con él casi en seguida, parece más animada. No se puede decir lo mismo de aquellos cuyos familiares van desapareciendo como un goteo macabro. Cada semana, uno o dos alumnos recibe una mala noticia. Cada mes, son varios los de nuestra casa.
El equipo de quidditch se reconstruye con nuevos fichajes prometedores. Capitaneados por Zacharías (le han dado un margen de confianza mientras se adaptan los nuevos), entrenan duramente para conseguir la sintonía y armonía necesarios para enfrentarse a las otras casas. La verdad es que por ahora lo están consiguiendo. Los nuevos golpeadores no tardan en pillarle el tranquillo a su posición, y se coordinan bastante bien. En cuanto a los cazadores, Cadwallader ha debido de entrenar por su cuenta este verano, porque ha mejorado tanto que anota prácticamente todo lo que lanza. También es cierto que el guardián es novato, pero ni siquiera Zach tiene un porcentaje tan alto de éxito, y a la nueva cazadora se le da mejor fintar y pasar, que es por lo que la han seleccionado. Summerby, nuestro ya curtido buscador, sigue también en muy buena racha y, contra todo pronóstico, este curso parece muy feliz (sospechamos que algo bueno le pasó este verano, pero el mamón no suelta prenda). No obstante, como ocurre cada año, el éxito dependerá en parte de la destreza individual; en otra, de la sintonía de equipo; y por último, de la buena o mala disposición de los rivales el día del partido.
Zach y Hannah son más o menos felices, y comen perdices, y se dan mutuamente con el plato en las narices. Hannah tiene su punto celoso, y Zacharías su punto pesado. El problema sigue siendo que no están en la misma página de la relación: Zach quiere dar un paso más y lamenta que Hannah detenga cualquier avance improvisado; Hannah no se siente cómoda todavía, y teme que Zach le deje por una chica más libertina que ella, como "esa pendona de Ginny Weasley". Cuando un día Hannah se desahoga conmigo y con Ernie en la intimidad de nuestro cuarto, le recuerdo que "esa pendona" ya tiene novio y parece muy contenta con él. No le digo que dudo que alguien con tanto carácter como Ginny Weasley aceptara salir jamás con alguien tan pesado e irritante como Zach, porque eso pondría en entredicho el buen gusto de mi amiga. Y tanto a Hannah, como a Zach, al que tengo cariño, pero quien me tiene a mí hinchados los huevos con sus constantes lamentos, les ofrezco mi mantra de "cada uno está preparado cuando se siente preparado; ni antes, ni después". A Hannah le tranquiliza. A Zach, no. Lo único que le consuela es que sus compañeros de equipo están peor que él porque actualmente están todos desparejados. O eso cree...
Pero esas preocupaciones adolescentes quedan en un muy segundo plano cuando un día, a mediados de septiembre, vienen a buscar a Hannah durante la clase de Herbología para informarle de que han asesinado a su madre.
Hannah abandona el colegio esa misma tarde.
El vacío que deja en nuestra casa, entre nosotros, trae ecos de cierta noche de junio hace un par de años. Y el golpe es fortísimo: Ernie se queda tan afectado que no puede hacer nada a derechas en dos días, y me cuesta horrores animarlo. Susan asume el relevo de prefecta en su lugar, pero la veo ejecutar sus tareas con profunda tristeza, y esto repercute en el ánimo general de los más pequeños.
Pero para nadie es igual el golpe que para Zach.
Al principio amenaza con irse, con tirar la toalla, con dejarlo todo y pasar de "este estúpido colegio con su estúpido director que no hace nada por evitar que tantas cosas horribles ocurran". A duras penas logramos convencerle de que no haga tonterías y que aguante hasta el final. Sólo lo consigue, al fin, una carta de Hannah, diciendo que por favor, por favor, la escribamos todo lo que nos sea posible, y le pasemos los apuntes y tareas, porque ella no podrá regresar a Hogwarts este curso. Esa noticia, no obstante, aunque lo convence para quedarse, deja a Zach tan alterado, que el equipo entero le releva de la capitanía y le prohíbe asistir a los entrenamientos de quidditch hasta que se le levante el ánimo y se le rebaje un poco la animosidad y las ganas de morder a alguien.
A mediados de octubre tenemos nuestra primera salida a Hogsmeade. Continuando la tradición del Comando-H, esa primera vez para los alumnos de tercer curso salimos apandillados para guiarles por el pueblo (tras pasar el molesto sensor de ocultamiento de Filch, que con nosotros apenas pasa por encima una vez, y listo).
Lo malo es que hace una terrible ventisca de nieve y algunas tiendas, como Zonko, han cerrado con tablones. Además, como ya estamos cansados de repetir siempre lo mismo, y la diferencia de edad se va notando, los mayores les indicamos rápidamente dónde está cada sitio, y dejamos a los medianos que se ocupen ellos de intimar el resto de la tarde, si así lo desean.
Por mi parte, dejo a Ernie mirando libros a sus anchas en la librería (¡se puede pasar horas rebuscando!), y acompaño al equipo de quidditch a su cita temprana con los graduados en Las tres escobas. ¡Qué emotivo reencuentro! Abrazo con ganas a Rickett, Applebee y O'Flaherty, pero a Fleet no le puede abrazar nadie, porque Summerby lo monopoliza nada más verle. Tras la presentación de los nuevos fichajes, nos sentamos todos juntos en un rincón apartado de la taberna. Madame Rosmerta parece algo distraída, para lo atenta que suele ser ella, pero la cerveza de mantequilla en tan buena compañía sabe deliciosa. ¡Cómo los habíamos echado de menos! Hasta Zach parece más animado mientras los escucha intercambiar anécdotas y novedades.
Herbert Fleet nos cuenta que está estudiando un curso intensivo para auxiliar mágico-sanitario en el Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas Mágicas, y que después de Navidades comenzará las prácticas. Anthony Rickett y Tamsin Applebee siguen siendo una parejita feliz, y en cuanto terminen su propia formación profesional piensan buscarse una casa juntos. Maxine O'Flaherty confiesa que se encuentra en una etapa de transición en la que no se ha decantado todavía por ninguna carrera. De momento trabaja a tiempo parcial en una tienda del Callejón Diagón, pero donde de verdad le gustaría trabajar es en la tienda de los gemelos Weasley, quienes le comentaron que están planteándose ampliar el negocio a Hogsmeade comprando Zonko, ahora que ha cerrado.
"¡Así podría veros más a menudo!" sonríe, sin quitar ojo a los dos que tiene en frente. Summerby y Fleet tienen las sillas pegadas, con lo cual ellos también están prácticamente adosados. "Bueno, Summerby, ¿y tú cómo lo estás llevando este curso sin el abrigo del capitán? Perdón, ex capitán," se disculpa en deferencia a nuestro nuevo golpeador, quien hace el gesto universal de ni te preocupes.
"Lo sobrellevo," se encoge de hombros Summerby, dedicando una mirada recatada hacia Fleet que éste le devuelve con ternura. O'Flaherty menea la cabeza con exasperación y, de repente, exclama:
"Eh, Cad, ahí está Katie Bell con una amiga," señala hacia una mesa, donde una chica conocida se acaba de levantar.
"¿Dónde?" pregunta rápidamente Cadwallader.
"Se ha metido en los aseos," indica la nueva golpeadora, mirándolo fijamente.
"¿Todavía sigues colado por ella?" se ríe Applebee (y por el rabillo del ojo veo a la golpeadora poner cara decepcionada).
A su lado, Rickett le da a su amigo un codazo amistoso:
"La pregunta clave es, ¿todavía no te has declarado?"
"Es que nunca encuentro el momento, siempre está con esa amiga suya, que me mira mal cuando nos cruzamos y le sonrío," se excusa, apurado.
"Ha entrado sola al baño, aprovecha y espérala en la puerta," le anima la nueva cazadora.
"Aprovecha hoy que tienes tanto apoyo moral," le dice Summerby.
"Si te da calabazas, vuelves aquí con nosotros y te consolamos," asiente O'Flaherty.
Cad se lo piensa un momento, y está a punto de levantarse, cuando vemos a Katie Bell salir rápidamente de los aseos y dirigirse a la puerta de la taberna. Sorprendida, su amiga se levanta de la mesa y va en su busca. Algo raro sucede, porque Katie Bell y su amiga parecen estar discutiendo sobre un paquete que Katie lleva en la mano, y salen aceleradamente de Las tres escobas. Justo detrás de ellas sale el trío maravillas. Ni siquiera nos habíamos dado cuenta de que estaban en el local.
"Mañana lo intento," se resigna Cad.
"El que no la sigue, jamás la consigue," le advierte O'Flaherty. "Mira a Fleet. Sigue su ejemplo."
"¿Qué?" pregunta éste, escondiendo rápidamente la mano con la que acariciaba la nuca de Summerby.
"¿Qué?" responde ella con falsa inocencia.
Pero todos nos reímos porque sabemos exactamente a lo que se refiere. Es una pena que O'Flaherty no esté ya en casa este año para darle también a Cad los muchos empujones que necesita. Aunque, por lo que escucho en intervalos, a su sucesora la está aleccionando en más cosas que el quidditch.
Me encanta este equipo.
Al día siguiente nos enteramos de que Katie Bell ha sido llevada de urgencia a San Mungo por culpa de una maldición que le echaron durante la visita a Hogsmeade. Los detalles son confusos, pero tengo la ligera sospecha de que algo tiene que ver con ese dichoso paquete que llevaba. En la mesa de Gryffindor, su amiga parece desolada.
En la nuestra, Summerby parece más feliz que nunca mientras que Cad, quien ayer estaba tan contento, hoy se ha quedado chafadísimo.
"Bienvenido a mi mundo," le espeta Zach, taciturno.
Zach se presenta voluntario para comentar el primer partido de la temporada, el Slytherin VS Gryffindor. Desde que Lee Jordan se ha graduado, no queda nadie con experiencia para cubrir su puesto, y por fin han decidido hacerlo de una forma más neutral, empleando en cada ocasión a un alumno de una casa ajena a la de los dos equipos contendientes.
No obstante, Zach demuestra ante todo el colegio, no sólo su completa falta de imparcialidad, sino lo absolutamente insoportable que es... ejem, está actualmente; y recibe como premio a Ginny Weasley empotrándose contra su tribuna y dejándolo hecho unos zorros tras ganar el partido, contra los pronósticos del rubiales.
Se lo ha buscado él solito.
Después de aquello, su estado de ánimo se vuelve otra vez una balsa de aceite. Me parece que se desahoga narrándole a Hannah las injusticias cometidas contra él en largos pergaminos que hace llegar a través de una sufrida lechuza cada dos días. Menos mal que ella tiene nuestras versiones del asunto para contrastar. De lo que no le debe de caber la menor duda es del trastorno (más intenso de lo que ya le venía de fábrica) que su ausencia produce en el rubiales.
A veces Zach me llora un poco por la noche en los sofás de la sala común, como en los viejos tiempos, mientras Ernie termina su montaña de deberes y tareas en la biblioteca o en las mesas de estudio de la sala común. Y como a Zach no le gusta sufrir solo, al maldito, la misma noche del partido de marras me comenta:
"¿Y te has fijado en el nombre del capitán de Slytherin?"
"Sí, Zach, como para no hacerlo."
"Urquhart, ¿eh? Qué recuerdos. Ojalá pudiéramos volver a aquel verano."
"No sé, yo me quedo con éste."
"Qué gracioso, porque Ernie y tú podéis estar siempre juntos, pero mírame a mí: ni en verano, ni durante el curso, ni una mierda ya. ¡Es tan injusto! ¡Y para colmo los del equipo no me quieren como capitán! Le han dado el puesto al nuevo golpeador, así, por la cara. Dicen que prefieren a alguien más "agradable", aunque sea novato. ¡¿Te lo puedes creer?! Les importa un bledo la experiencia y la capacidad estratégica. Sólo quieren a alguien que les "trate con amabilidad" y les mime y les dé palmaditas en la espalda, aunque fracasen. ¿¡Así cómo vamos a ganar la copa!? ¡Atajo de blandengues!"
"Zach, el problema es que tú eres demasiado agresivo tirando a hostil, no sólo con los adversarios, sino con tus propios compañeros."
Pero Zach me ignora y continúa lamentándose indiscriminadamente:
"¿Por qué siempre yo? ¿Por qué siempre a mí? ¿Por qué demonios siempre son los demás los afortunados qué...? ¿Qué culpa tengo yo de que...? De verdad que un día voy a coger y..."
"Sí, Zach..." le consuelo con resignación. "Claro Zach... Pobrecito de ti, Zach... Ven que te doy un abrazo, Zach... No me llores, anda..."
¡La que me monta el día que el equipo pierde su primer partido contra Ravenclaw! No sé en qué mundo de fantasía vive, porque NUNCA ganamos a Ravenclaw, cada año nos dan una paliza nada más empezar la temporada. Pero a Zach no le consuela ni el hecho de que Summerby haya atrapado la snitch (¡chúpate esa, Chang!) y el equipo haya conseguido el mejor resultado de los últimos años contra las urracas. Yo les propuse un modo de hacer terapia de grupo que, al menos en lo deportivo, creo que les resultó útil, pero Zach sigue empeñado en desdeñar a sus compañeros hagan lo que hagan, y no soy capaz de entender por qué. Este año todo el equipo se lo toma realmente en serio y los veo entrenar a conciencia para enmendar sus puntos flacos antes del próximo partido contra Gryffindor, pero él sólo se centra en lo negativo. Creo que algo dentro de Zach se está amargando hasta límites irrecuperables, y yo me estoy cansando de hacer de psicólogo de causas perdidas.
Por otra parte más positiva, Ernie no deja de comentar lo bueno que es Harry en Pociones. Como es la primera vez que da esa asignatura con él, no sabe si ha sido así siempre, o si es sólo desde que Snape no es su profesor, pero asegura que Slughorn no cabe en sí de gozo cada vez que Harry resuelve la tarea antes que nadie y con métodos que el profesor ni siquiera ha explicado en clase.
Hermione le ha dejado caer, en una de estas ocasiones en las que se sienta con Ernie para evitar a los otros, que cualquiera puede sobresalir en determinadas materias si se cuenta con el material adecuado, aunque también a veces cuenta más la astucia y la disposición para hacer trampas. Desde entonces, Ernie sospecha que ese libro que Potter tomó prestado del almacén de la clase no es un libro de texto cualquiera.
"De todos modos, Justin, si de lo que se trata es de entrar a formar parte de ese selecto elenco de alumnos ilustres que toman té juntos en el despacho de Slughorn, prefiero guardar mis energías para el resto de materias," me asegura Ernie.
Sin embargo, le veo seguir con ojines golosos a Zabini, McLaggen y Granger cuando coinciden ante la puerta del despacho del Profesor de Pociones, una noche en que nosotros pasábamos por allí volviendo de la biblioteca.
El hecho de que Hermione Granger se junte a veces con Ernie en Pociones (y con Susan en Herbología, pero eso ha sido así en intervalos desde primero), se debe por lo visto a que no soporta que Harry le gane en Pociones, y a que Weasley esté saliendo con esa ultra pava de Lavender Brown. Al parecer se enrollaron durante las celebraciones de la victoria de Gryffindor contra Slytherin, aprovechando que Weasley estaba de subidón por sus paradas providenciales. La verdad es que cada vez que los veo juntos por los pasillos y en clase, me dan ganas de pegarles una colleja a ambos por dos frentes, para que se la peguen de boca y reaccionen. ¡Parecen dos babosas muertas de hambre! Ronald Weasley nunca me ha caído bien, pero jamás pensé que pudiera caer tan bajo. Hermione es mucho, mucho mejor partido. Por lo menos tiene ración doble del cerebro que le falta a él. Pero allá Weasley con su cretinez.
Para dar celos a Weasley fue incluso capaz de ir con ese cenutrio tamaño XXL de Cormac McLaggen a la exclusiva fiesta de Navidad de Slughorn. Luna acudió invitada por Harry, y nos contó que la pobre Hermione se pasó la noche huyendo de sus tentáculos. Qué asco de tíos habitan nuestro colegio.
Qué pena que Viktor Krum viva tan lejos. Hacían muy buena pareja. Susan dice que todavía se escriben, pero que Hermione tiene predilección por su compañero pelirrojo, muy a su pesar.
Supongo que el corazón elige, y a su propietario aflige.
Las vacaciones de Navidad las pasamos con nuestras respectivas familias, pero Ernie viene a mi casa para Año Nuevo, porque quiere conocer las festividades muggles, y no le decepcionan.
Nos gustaría visitar a Hannah, pero no nos atrevemos. Es demasiado peligroso viajar a rutas no habituales. El mundo mágico sigue revuelto, sigue desapareciendo gente, siguen publicándose obituarios cada vez con mayor frecuencia.
Incluso el regreso a Hogwarts se hace por la Red Flu, en vez de en el Expreso, para reducir riesgos de ataque a los estudiantes. Ernie y yo entramos por la chimenea de la casa de Ernie y salimos de la chimenea del despacho de Sprout en los invernaderos. La jefa de nuestra casa sonríe al vernos llegar juntos:
"Desde luego, cada año que pasa os veo más inseparables. Parecéis un matrimonio."
Ambos nos miramos y nos sonrojamos. Sprout menea la cabeza con exasperación maternal, y nos manda a casa.
El nuevo trimestre trae una grata novedad: las clases opcionales de aparición, los sábados por la mañana durante 12 semanas. Como este año cumplimos 17, nos van a enseñar a aparecernos y, para ello, en los terrenos, o en el gran comedor si hace mal tiempo, deshabilitarán el encantamiento que impide hacerlo dentro de Hogwarts.
Ya desde la primera lección nos damos cuenta de que no es tarea fácil y lleva muchos intentos que se produzca algún resultado. Por alguna razón que desconozco, aunque parece que para picar a Malfoy, Harry se ha puesto cerca de nosotros.
Ernie está tan concentrado en el aro delante de él que parece que vayan a explotársele los ojos. La gente se ríe cuando hace una pirueta en el aire hasta aterrizar donde debería haberse aparecido (y yo no soy menos, claro, aunque mis pullas vayan con cariño), pero oye, ya ha hecho más que los demás.
Peor ha sido para Susan, que se ha dejado una pierna atrás y el chillido que ha metido casi provoca que se me salga el corazón por la boca. Menos mal que estaban allí los profesores cerca para arreglarlo. Esta chica no gana para disgustos...
Y su ejemplo me indica que lo de aparecerse no es para mí. Quiero mantenerme completo y entero por muuuuchos años.
Esto me lleva a pensar en mi relación con Ernie. Noto que me estoy volcando mucho con él, que se ha convertido en alguien imprescindible en mi vida. Sentir tanto por alguien de nuevo es algo que a veces me preocupa, porque necesito mantener una parte de mí intacta por lo que pudiera pasar si...
No, Justin, no va a volver a pasar.
Ernie sigue un poco melancólico por la ausencia de Hannah, ya que era su compañera habitual en la biblioteca, y yo, la verdad, le distraigo más que le ayudo. Pero como le compenso en los ratos en los que estamos solos (léase, en la cama), tampoco se queja mucho. La verdad es que en ese aspecto estamos genial, y aunque no hacemos muchas demostraciones públicas de afecto, en nuestra casa todos lo saben y lo llevan con buen humor.
Por fortuna, hay otros objetivos para el chismorreo doméstico, como los admirados miembros del equipo de quidditch, o los chicos y chicas de nuestra casa, esos peques ya no tan peques, que van floreciendo con la pubertad. Me divierte observar sus interacciones y recordar cuando yo también tenía su edad, y todo era nuevo, desconocido y excitante.
Summerby volvió de las vacaciones de Navidad aún más feliz, si cabe, y no permite que Cadwallader se deprima por el hecho de que Katie Bell todavía no haya regresado a Hogwarts. Meses después del incidente, sigue ingresada en San Mungo y quizá no pueda jugar en el próximo partido contra nuestro equipo.
"Piénsalo bien, Cad: Si no la puedes ganar, ella no te puede odiar," argumenta Summerby, y con razón. Cuántas parejas entre casas habrán roto por culpa del quidditch.
Nuestro buscador parece haberse contagiado del afán de Fleet por cuidar y animar a sus compañeros. La única razón por la que no es el capitán es porque no quiere responsabilidades extra, un síndrome muy habitual entre los nuestros. No obstante, el golpeador lleva bastante bien las riendas y tiene al equipo muy motivado.
Zach es el único que no parece levantar cabeza. Las Navidades le deprimieron, San Valentín le deprime, el colegio le deprime, el equipo le deprime. No está en su mejor momento y no quiere hacer nada por salir del bache. Los entrenamientos de quidditch son lo único que parecen levantarle un poco el ánimo, pero luego siempre se queda con lo peor. Parece haberle pillado el gusto a retozar en sus propias penurias y se ha vuelto un disco rayado. Como cada vez me resulta más tóxico, le ofrezco mi apoyo en dosis espaciadas.
La depresión y la indignación se extienden por el colegio cuando cancelan la siguiente visita a Hogsmeade prevista para el sábado 1 de marzo.
Por primera vez en todo el curso, Summerby muestra signos de abatimiento. Al sábado siguiente tenemos el partido contra Gryffindor, que en nuestra casa es el más esperado de la temporada, y al parecer Summerby tenía la esperanza de encontrarse de nuevo con Fleet en Hogsmeade para insuflarse ánimos antes del gran encuentro. Sin embargo, tras un par de días algo mustio, entre el nuevo capitán y Cad logran finalmente levantarle la moral y centrarle en conseguir el objetivo común que hará enorgullecer a Fleet y el resto de los graduados: mantener la racha ganadora contra Gryffindor.
Cad, por su parte, ha asumido con pesar que Dean Thomas ocupará el puesto de Katie Bell como cazador.
Seamus Finnigan, que no es de nuestra casa, pero me cae bien, se muestra doblemente molesto porque su amigo del alma no sólo sale con Ginny Weasley, sino que ahora además ha sido seleccionado para el equipo, arrebatándole a él la oportunidad, o eso los oigo discutir durante la clase de Herbología que compartimos. Creo que lo que más le duele, por lo que puedo leer entre líneas, es que entre sus citas parejiles y los entrenamientos de quidditch que ahora también comparten, Ginny Weasley le ha robado completamente a su mejor amigo.
Todavía recuerdo cuando Cedric y Cho compartían la afición por el quidditch. Menos mal que no estaban en el mismo equipo…
Cuánto me alegro de que con Ernie sólo pueda tener celos de la biblioteca. Allí sigue pasando horas y horas repasando materia y copiando resúmenes para enviárselos después a Hannah. Está empeñado en que Hannah no tenga que repetir curso y pueda preparar los EXTASIS con nosotros. La verdad es que me gustaría que pasarámos más tiempo de calidad juntos durante el día, pero como sé que es por una buena causa, y gracias al equipo jamás me aburro, no le digo nada.
La mañana del partido, como de costumbre, los jugadores y los amigos más cercanos nos reunimos delante de la foto ampliada de Cedric. Es una tradición que mantiene el equipo para infundirse ánimos y homenajear a nuestro querido y difunto Capitán, con mayúscula.
Sabemos que los Gryffindors van a buscar venganza sangrienta por los comentarios que Zach hizo en su último partido, pero eso no nos amilana.
En esta ocasión, la retransmisión neutral la realiza Luna, con la asistencia de McGonagall (la única además de Sprout que conoce los nombres de nuestros jugadores, porque Luna no acierta con el nombre de Cadwallader ni a tiros.) Mi Ravenclaw favorita no hace más que distraernos con sus comentarios aleatorios sobre qué bonita es esa nube, y qué monstruo es ese que vuela por ahí cada vez que Summerby se acerca a la snitch, desorientándolo.
Cad sigue en racha y anota un tanto tras otro. Zach sigue también en racha, pero en la mala: parece que le han echado un gafe, lo cual no nos extrañaría. Los demás cumplen a la perfección su papel, y esto hace que los Gryffindors se pongan nerviosos.
McLaggen, ese tiarrón tan engreído como inútil que ha sustituido a Weasley como guardián (tras haber sido envenenado recientemente en el despacho del Profesor de Pociones en circunstancias misteriosas relacionadas con una poción de amor diseñada por sus propios hermanos), en cierto momento de enajenación, le quita el bate a uno de sus golpeadores y por accidente deja fuera de combate a Harry Potter, su propio buscador, a quien se llevan inconsciente a hacer compañía a su inseparable Weasley a la enfermería.
Tras el suicidio de Gryffindor, nuestro marcador continúa subiendo sin parar, como si nuestro equipo atacara con rabia, hasta que Summerby, libre este año de resfriados molestos, finalmente logra atrapar la snitch y resarcirse ante Ginny Weasley.
Esto demuestra que el relevo generacional de jugadores no ha cambiado nuestra trayectoria triunfal: Por tercer año consecutivo (sin contar el año del Torneo de los Tres Magos), ganamos a Gryffindor, y este año los hemos machacado: El marcador final es 320 a 60.
Cad, siguiendo mi tradición, prácticamente se come a besos al buscador en cuanto ambos tocan el suelo y se abrazan. El resto del equipo no tarda en unirse a la celebración.
Luego el equipo de marcha a los vestuarios para una reunión postpartido, y el resto nos vamos a comer y a esperarles en casa para la gran fiesta de esta tarde.
La fiesta en casa después de semejante resultado es tan apoteósica (-mente Hufflepuff), que por un día se olvidan los rencores, las desgracias, las ausencias (en parte) y el temor por la situación en el mundo exterior.
El equipo está eufórico y hasta Zach parece contento. Cad y Summerby son los héroes indiscutibles, y como tales son agasajados por las chicas de nuestra casa. Lo más divertido es ver cómo se los reparten por edades: el gigantón Cadwallader es el favorito de las niñas de 1º a 3º (complejo de hermano mayor), mientras que el esbelto Summerby tiene un imán indiscutible para las enamoradizas de 4º y 5º (y eso que no flirtea como hacen otros chicos, más bien se integra fluidamente, como hago yo). Las de 6º y 7º suelen tener ya novio (por lo general Ravenclaw, como Susan) de modo que lo observan todo desde primera fila y cuchichean entre risas.
Los bardos nos marcamos un Walk of Life de órdago con efectos de luces de discoteca y coros de plantas cantarinas, con el que logramos que toda nuestra casa mueva el esqueleto con frenesí alrededor del equipo de quidditch, los reyes de la pista. Luego cantamos una tras otra, primero en grupo y luego yo en solitario para mis fans, hasta que me los no tan fans me callan a cojinazos. Poco después, Ernie me saca de la fiesta porque yo le provoco y para evitar que... ejem... algunas admiradoras se aprovechen de mi estado de pseudo contento con mi media docena de cervezas de mantequilla en el cuerpo (chispada con Whisky de fuego, cosas de un temerario de séptimo). Doy gracias a que nadie en nuestra casa es tan rastrero como para usar esas fatídicas pociones amorosas de los gemelos Weasley.
También Ernie me saca de allí por sus propios propósitos deshonestos, claro está.
A él le gusta celebrar en privado.
Ernie no es muy partidario de las demostraciones públicas de cariño, y yo estoy tan acostumbrado a la clandestinidad, que espontáneamente me contengo de cortinas para afuera y me comporto con la misma naturalidad que con el resto de los amigos con los que tengo confianza. Nuestra casa parece bastante tolerante, pero nadie la ha puesto realmente a prueba todavía.
Hasta pocos días después de la victoria contra Gryffindor.
Una tarde después de cenar en la que Ernie está empollando en su hábitat, la biblioteca, mientras yo me relajo con el equipo y otros amigos en nuestro hábitat, el sofá circular, recibimos una visita sorpresa en la sala común.
Voces emocionadas desde la entrada nos ponen en alerta. En esos momentos Summerby, como viene siendo habitual, está rodeado de chicas en modo estrella de quidditch, pero con sus reflejos de buscador, es el primero de nosotros en localizar al recién llegado:
"¡Herb!" grita emocionado, se levanta como un resorte y corre para abrazarlo.
Fleet se acerca a paso rápido, lo levanta en volandas y luego lo sostiene en sus brazos mientras restriega sus frentes con cara de absoluto éxtasis. Por alguna razón, aquel inocente gesto resulta mucho más íntimo que si se hubieran besado.
El resto de Hufflepuff nos quedamos un poco anonadados, pero enseguida los murmullos empiezan a circular como olas marinas, sosegadas pero potentes. Las fans de Summerby, mano en boca y ojipláticas, están asimilando con dificultad el giro de 180º que ha dado la masculinidad de su ídolo. Pero eso a Summerby parece traerle sin cuidado. Abrazado a Fleet como un koala, ahora mismo sería capaz de iluminar la sala entera con su sonrisa:
"Pero ¿¡qué estás haciendo aquí!?"
"Recados médicos," responde Fleet con un guiño de complicidad.
Sin apartar la vista el uno del otro, Fleet lleva a Summerby en brazos al sofá y los demás les dejamos hueco. Summerby se recuesta contra él, le rodea la cintura con los brazos bajo su alerón y cierra los ojos, como si quisiera aislarse del resto del mundo para sumergirse en aquel feliz momento. Fleet lo rodea con su brazo protector. Mamá gallina ha vuelto y su polluelo se baña en su calor. De pronto me siento dentro de un flashback del curso pasado.
"Cuánto echaba de menos todo esto: la sala común, el sofá circular, el olor del champú del colegio," dice inhalando los cabellos de Summerby, quien lo estruja aún más fuerte.
"No me puedo creer que estés aquí de verdad, Herb. Es como un sueño hecho realidad."
Zacharías y Cad los contemplan atónitos, y alternan miradas entre ellos y hacia mí. En Hogsmeade lo sospechamos, pero ahora está claro que, en algún momento que se nos escapa, su relación ha pasado a otro nivel: Estos están realmente enamorados.
"¿Recados médicos, decías?" pregunta Zach con su habitual tono de escepticismo. "¿Ya te has graduado? ¿Tan pronto?"
"No, no, estoy en prácticas. Terminamos las clases teóricas antes de Navidad, y de aquí al verano tenemos las prácticas. No os vais a creer a quién me he encontrado en San Mungo."
"¡A Katie Bell!" se emociona Cad.
"A tu Katie," le guiña un ojo Fleet.
"No es mía," protesta.
"Todavía, pero pronto tendrás de nuevo tu oportunidad. Creen que saldrá del coma en cualquier momento. Menuda maldición le entró en el cuerpo. Dicen que la culpa fue de un collar maldito, y que tuvo mucha suerte, porque apenas lo rozó por un agujero que tenía en el guante. De haberlo agarrado con la mano desnuda, no lo habría contado. De momento la estamos vigilando por turnos, pero en cuanto despierte, me han asignado llevarle las comidas y conseguirle lo que necesite. Me eligieron a mí porque nos conocemos del colegio y de jugar al quidditch, y pensaron que le alegrará tener compañía conocida. A mí siempre me ha parecido una chica muy agradable, así que creo que nos llevaremos bien. Procuraré llevar la conversación al terreno del quidditch y, como quien no quiere la cosa, le hablaré de ti. Te prepararé el terreno todo lo que pueda, pero el resto tendrás que trabajártelo tú cuando regrese."
Cad se queda mudo de la emoción, y sólo puede asentir mientras le estruja el antebrazo con su manaza, agradecido.
"¿Y esos recados médicos que te han traído a Hogwarts?" insiste Zacharías, infame por ser como un perro con un hueso cuando el tema le interesa.
"Pues resulta que hay que llevar suministros médicos mágicos de San Mungo a Hogwarts con cierta periodicidad, y como el mundo mágico está como está, a los mensajeros cada vez les asusta más realizar la ruta al castillo. Pero a cierto aprendiz que está frustradísimo por que se hayan cancelado las visitas a Hogsmeade, le pareció una oportunidad de oro traer a Madame Pomfrey lo que necesita, y ya de paso obtener un salvoconducto para visitar la sala común y a sus amigos por sorpresa," explica satisfecho. "De modo que me ofrecí voluntario."
"¿Es peligroso?" pregunta entonces Summerby, abriendo los ojos con preocupación.
"Un poco. Siempre hay riesgo de que te intercepten en la entrada de Hogwarts cuando te apareces. Pero considero que ha merecido totalmente la pena," le sonríe, y Summerby vuelve a relajarse, dejando caer la cabeza sobre su regazo para mirarle a la cara. Fleet entierra sus dedos en sus cabellos y lo contempla con adoración antes de añadir hacia todos: "Además, me hacía ilusión daros personalmente la enhorabuena por el fabuloso resultado contra Gryffindor. Un retrato de San Mungo que también está en la enfermería de Pomfrey me lo contó todo. Escuchó tanto la retransmisión de Lovegood como el comentario posterior de Weasley y Potter, que estaban ingresados. Menuda paliza les disteis. ¡Bravo, equipo! ¡Me siento muy orgulloso de vosotros!"
Los jugadores se muestran emocionados por sus palabras, salvo el guindilla de turno:
"Pero si jugábamos contra novatos y reservas," dice Zach, restándole importancia.
"Pues tú volabas con gafe y no contribuiste mucho," le replica la nueva cazadora. "Así que no nos quites mérito a los demás."
Todos reímos ante el mohín de Zach. El rubiales guarda silencio mientras los otros jugadores empiezan a compartir anécdotas del partido.
"Menos mal que nosotros jamás tuvimos broncas parejiles en el campo," comenta Cad. "Tenías que haber visto lo furiosa que se puso Ginny Weasley cuando su novio, el suplente de Katie, ese tal Dean Thomas, se rio del golpe que le arrearon a Potter. Estaban jugando muy compenetrados, pero tras el incidente no lograron volver a coordinarse. El marcador lo movíamos sólo nosotros. Todo a nuestro favor, ¿eh, Zach?" le pregunta con retintín.
"Bah," se sonroja éste.
"Casi rompen ese día," asiente Susan. "Pero al final hicieron las paces. Oí a Dean contárselo a Seamus en Herbología. Seamus parecía decepcionado. Yo creo que a él también le gusta Ginny. Le dio mucha rabia que eligieran a Dean en vez de a él para el equipo."
"Pues yo creo que a Finnigan le gustaría que Dean Thomas lo mimara como mima Fleet a Summerby," comento, y recibo una mirada suspicaz del aludido horizontal.
"A mí lo que me gustaría saber es cuál es exactamente vuestra relación ahora, porque me siento muy confuso," pregunta Cad, el valiente. Y todos a una los miramos con expectación.
Fleet y Summerby intercambian una rápida mirada de complicidad.
"Es bastante evidente, ¿no?" sonríe Fleet.
"Es lo que parece," confirma Summerby por fin, ruborizado.
Unos instantes de silencio por las confesiones naturales, públicas y espontáneas, dan paso a un sinfín de preguntas: que cuándo ha ocurrido esto, que si llevaban liados desde el curso pasado, que hasta dónde han llegado, que si le puso Fleet los cuernos a su exnovia con Summerby, como sospechaban algunos. Pero Fleet se limita a responder que estuvieron viéndose en verano y que las cosas evolucionaron de forma natural.
"Y eso es todo lo que me apetece contaros, atajo de cotillas," sentencia Fleet con una de sus sonrisas bonachonas. Summerby esconde la cara contra su tripa, ahogando risitas incontroladas, pero su cuello lo delata: está rojo como un tomate.
Yo noto que tengo una sonrisa permanente de oreja a oreja. Por alguna razón, la relación entre estos dos siempre me ha causado ternura y esperanza. Por lo que pudo haber sido, y no fue. Me alegro de que a ellos tampoco les haya afectado la distancia, ni les afecte lo que piensen los demás. La mitad de las fans de Summerby ya se han dispersado, decepcionadas; la otra mitad están agrupadas en una esquina escuchando todo como quien no quiere la cosa, pero se las ve haciendo esporádicos gestos de emoción y de "¡lo sabía!". Eso me recuerda…
"Tenéis que contárselo a O'Flaherty, se pondrá contenta," les sugiero.
"Se echará todo el mérito," protesta Summerby.
"Hooombreee, no es por naaadaaa, pero el año pasadooo…"
"¡Estabas tan escocido que no podías ni sentarte, así que mejor no hables, Justin!"
Tocado y hundido.
"Tengo hambre," suelta Fleet para cambiar de tema, el buen hombre. "Con todo el trajín se me ha olvidado cenar."
Cinco minutos después, el nuevo guardián y yo le traemos zumo de calabaza y sándwiches de las cocinas. Mientras mastica, nos pide que le pongamos al día sobre qué tal va todo por aquí.
"¿Qué tal te apañas como nueva prefecta, Susan?" le pregunta entre bocados.
"Un poco agobiada, pero tiene sus compensaciones. Hermione me enseñó el baño de los prefectos, y vamos juntas de vez en cuando, ¡es una gozada!"
"A vosotras lo que os gusta es bañaros juntas para cotorrear," ataca Zacharías.
"Por supuesto. No dejamos títere con cabeza. A ti te ponemos fino. Sólo te supera Cormac McLaggen, pero por muy poco. Quizá sólo porque Hermione al final decidió invitarle a él en vez de a ti para la fiesta de Navidad de Slughorn."
"¿¡Qué!?"
"Se lo estuvo planteando, pero sólo para fastidiar a ese memo de Weasley. Decidió que McLaggen le daría más rabia, y por eso fue con él. Luego lo lamentó. Enhorabuena, Zach, al final resulta que no eres el chico más insufrible de Hogwarts."
A todos se nos escapa la risa. Zach nos lanza una mirada asesina, farfulla algo que suena como "Malfoy" y luego resopla con incredulidad.
"¿A quién le importa esa Granger? No habría ido con ella aunque me hubiera invitado. No es más que una rata de biblioteca, y a nadie le gustan las ratas de bibliotecas."
"A Viktor Krum le gustan, y a mí, la verdad es que también," replico yo. Y nadie duda de que no me refiero a Hermione.
"¿De verdad te gusta que pase tanto tiempo encerrado que apenas os veis para ir a clase y a la cama? ¿Qué mierda de relación es esa, Justin?" me ataca ahora a mí.
"Está ayudando a Hannah para que no repita curso, ¿qué quieres que le diga?"
"La verdad: que te gustaría pasar más tiempo con él," interviene Fleet, sorprendido.
"Eso es egoísta. No puedo hacerlo. Esto es lo que hay este curso, y debo asumirlo."
"Pero el año pasado ocurría igual con la excusa de los TIMOS. Y el anterior. Y el anterior también," responde Fleet. "Por eso te convertiste en groupie del equipo de quidditch, porque no soportabas encerrarte en la biblioteca y tu mejor amigo no salía de ella, ¿recuerdas?" sonríe, y a mí me sorprende que alguien como Herbert Fleet me tenga tan fichado. Me sorprende y no me sorprende, dadas todas las circunstancias, y el hecho de que tiene complejo de mamá gallina. Con razón fue nuestro capitán durante un año que comenzó aciago y al final resultó maravilloso. "Macmillan tiene un trastorno obsesivo con el estudio, lo entiendo," prosigue Fleet. "Pero ahora tiene también algo mucho más importante, algo que le ha costado mucho conseguir, y no debería descuidarlo," me mira significativamente.
Sus palabras hacen que sonroje como una colegiala, como no lo había hecho desde los tiempos de Cedric. No sé qué tienen los de su curso, que son caballeros a la antigua, y sacan la princesa que llevo dentro.
"Sigues teniendo un piquito de oro, Herbert," le da un codazo Cad.
Summerby, por su parte, aprovecha que Fleet ha terminado de comer para quitarle el plato, volver a tumbarse sobre su regazo, tomar una de sus manos entre las suyas, y contemplarle embelesado.
Fleet sonríe, ruborizado, y se dirige al nuevo capitán:
"La misión del capitán de Hufflepuff es mimar al equipo, para mantener alta la moral," asevera, y el golpeador asiente con convicción. Luego, vuelve a mirarme a mí con guasa: "La misión del bardo supremo es mimar al prefecto, para mantenerlo contento. Pero en mi experiencia, si uno mismo no es feliz, no se puede ni mimar, ni hacer feliz a otro."
El golpeador y yo asentimos, entre risas colectivas.
El reloj de la sala común marca las 10 de la noche y Fleet anuncia que debe marcharse.
"Vendrás a casa en Pascua, como hablamos, ¿no?" pregunta Summerby. "En un par de semanas."
"No lo sé, es peligroso. Quizá deberías quedar-"
"¡Ni hablar! ¡Si tú has podido jugártela hoy que has venido solo, yo puedo jugármela con la mitad del colegio que siempre se va de vacaciones! ¡Bastante frustración tengo ya porque no podemos vernos en Hogsmeade! ¡No aguantaré hasta fin de curso sin verte, Herb! ¿Y si te pasa algo antes y no nos volvemos a ver? ¿Y si atacan Hogwarts y ocurre lo peor? Los Hufflepuffs sabemos bien cómo puede cambiar la suerte y la vida en apenas unas horas."
Al oír aquello se me encoge el corazón y se me revuelven las tripas. Siempre creo que lo tengo superado y luego me sorprendo en momentos como éste.
"De acuerdo," se rinde Fleet, sin mucha lucha. "La verdad es que no sé cuándo habrá que traer el próximo suministro, pero sí sé que yo tampoco aguantaré sin verte hasta el verano."
"Entonces, ¿prometido?"
"Prometido."
Summerby se incorpora y lo abraza. De fondo oigo a algunas chicas dar respingos, emocionadas. Susan y las otras jugadoras directamente los aplauden y silban.
Tras las despedidas, Summerby, Cad y yo nos levantamos para acompañarle hasta el acceso a la sala común, y pasamos junto al tablón de anuncios. La foto ampliada de Cedric y otras fotos antiguas y recientes del equipo lo saludan.
"Cuántos recuerdos," comenta con nostalgia, contemplando las instantáneas en movimiento. "Los días en el colegio pasan tan deprisa... Por favor, aprovechadlos bien. Disfrutad todo lo que podáis."
"Lo haremos," asiente Cad.
Dejamos que Summerby lo acompañe el último tramo, para darles un poco de intimidad, y Cad y yo nos quedamos a cierta distancia prudencial. Vemos que se abrazan fuerte, fuerte, y luego Fleet vacila, sopesando qué debe hacer dada la expectación, pero Summerby no lo duda y se pone de puntillas para besarle. Es un beso bonito, de los que cargas todo tu afecto en tus labios y lo transmites a conciencia para que la otra persona te lleve consigo por el camino. Fleet separa su boca lentamente y, con un susurro de despedida sólo para Summerby, se marcha.
Summerby regresa hacia nosotros palpándose los labios, como en trance.
"Oooh, Summerby, ya habéis llegado a los piquitos, qué monos," lo provoca Cad, caminando a su lado. Que llame a eso piquito delata su propia inexperiencia.
Sonrojado y feliz, Summerby lo ignora. Hacia mí y hacia el resto del equipo suelta:
"Bueno, gente, me voy a la cama, buenas noches."
Los demás murmuramos nuestras despedidas y yo me dirijo al sofá, pero aún escucho a Cad susurrarle:
"¿Vas a masturbarte pensando en Fleet?"
"¡Piérdete, Cad!" se ríe.
"No, te acompaño."
"Como quieras," Summerby se encoge de hombros.
Cad levanta el brazo en gesto de despedida hacia nosotros y se marcha con él. El resto del equipo se levanta poco a poco y se dispersa en diferentes direcciones. Susan está intercambiando comentarios excitados con la cazadora y la golpeadora, y juntas se marchan hacia los dormitorios de las chicas, no sin que antes la prefecta mande a la cama a todos los pequeños que quedan sueltos por la sala común, y dé un aviso a los medianos para que se comporten. Siempre deja que Ernie haga el último barrido hacia las camas cuando regresa de la biblioteca. Funcionan bien así.
Cuando me quiero dar cuenta, me he quedado a solas con Zacharías, quien está todavía mudo de la impresión.
"Tío, estoy rodeado," comenta al fin, mientras me rodea él a mí los hombros con un brazo y deja caer su cabeza contra la mía. Este chico está tan necesitado que no se da cuenta de que sus palabras y sus gestos son contradictorios. Siguiéndole el rollo, paso mi brazo alrededor de su cintura y me relajo para reconfortarle un poco.
"¿De amigos?"
"De pervertidos."
Sin poder evitarlo, se me escapa una risotada.
"Los has oído igual que yo," protesta.
"Pensaba que lo decían en broma. No creo que realmente vayan a masturbarse juntos, Zach. ¿Quién hace eso?"
"Es tradición en el equipo de quidditch desde hace un par de años," responde imperturbable.
Mientras intento asimilarlo, Zacharías me sigue explicando:
"Yo me niego a participar, claro. Pajearse en compañía es muy gay, lo pinten como lo pinten. Fleet pasaba porque era un mojigato y a Summerby ni se lo propusieron porque era muy inocentón. Pero Rickett y Cad se pasaron el curso en la cama de Rickett dándole a la manivela. Según ellos lo hacían "juntos, pero no revueltos". Lo malo es que no pararon ni cuando Rickett comenzó a salir con Applebee, y mira que ella era abierta de mente y de otras cosas, tú ya me entiendes."
"¡Zach!" protesto, horrorizado por su forma de hablar de Tamsin Applebee, una chica a la que considero encantadora. Insconscientemente, retiro el brazo con el que le rodeaba y me separo un poco.
"¿Qué pasa? Sólo digo la verdad," protesta él. "Applebee dejó que Rickett se la tirara al poco de empezar a salir. Se lo montaban en los vestuarios de quidditch después de los entrenamientos, y sólo a final de curso, si recuerdas, pidieron explícitamente a Fleet y al resto de compañeros de dormitorio de Rickett que les dejaran intimidad para despedirse de Hogwarts follando cómodamente en una cama. Si eso no es desvergüenza, no sé yo lo que es."
"Eso es una vida sexual saludable entre personas sexualmente compatibles que mantienen una relación natural y sana, Zach."
Al final Zacharías va a resultar el típico machito que no se aclara si le gustan las chicas recatadas o guarrillas, y termina despreciándolas a todas, porque ninguna le da lo que quiere.
"Si tu lo dices... Pero tras graduarse Rickett, Cad ha tomado el relevo en su cama, porque dice que le deprime hacerlo solo. Con los nuevos se ve que no tiene todavía confianza, pero a Summerby y a mí nos lo ha propuesto en varias ocasiones. Yo me he negado tantas veces que me ha dejado por imposible, pero Summerby comenzó a aceptar después de Navidades. Debe de ser que Papá Noel le trajo su despertar sexual, porque si no, no lo entiendo."
"¿Herbert Fleet disfrazado de Papá Noel?"
"¡Para, Justin!" se tapa los ojos. "¡No me dejes más imágenes perturbadoras en la cabeza! Esta noche he tenido suficientes."
"¡Pero si ha sido muy bonito!"
"Normal que tú pienses eso, mariconazo, pero para otros como yo ha sido traumático y bochornoso, Justin."
Mientras dice esto, vuelve a recostarse contra mí.
"A ti lo que te pasa es que estás muy necesitado de mimos, celosín," le doy un codazo, y él gruñe sin mucha gana. "Como Summerby el año pasado."
"Al menos no soy tan patético como Cad, yendo como un perrito detrás de nuestro buscador en celo, sabiendo que necesita intimidad."
A mí me hace gracia cómo verbalmente despotrica de tanto mariconeo, mientras físicamente busca mis abrazos. Estoy a punto de sugerirle si, en el fondo, no será bisexual reprimido, cuando, sin previo aviso, me confiesa al oído:
"A mí la que me pone es Ginny Weasley."
"Eso ya lo sé," sonrío, pero por dentro siento una punzada de traición hacia mi mejor amiga.
"Pienso en ella cuando… ya sabes. Me siento un poco mal, porque debería estar pensando en Hannah. Pero cuando pienso en Hannah, recuerdo cómo me apartaba siempre las manos, y ni en mis pensamientos soy capaz ya de tocarla. En cambio a Ginny puedo desnudarla y tocarla como me apetezca. Ella me deja."
"En tus sueños."
"En mis sueños, todo es maravilloso," asiente. "Ella me deja desnudarla, y yo le dejo que me pegue, que me maldiga, que me haga lo que quiera, mientras que me toque. Tengo pensamientos muy, muy sucios, Justin. Muy… humillantes. Pero no puedo evitarlo. Me pongo… me excito sólo de pensarlo," se reajusta un poco en el sillón. "Sé que Ginny nunca saldría conmigo. Le caigo mal a ella y a sus hermanos. Y yo sigo queriendo a Hannah, pero…"
"Hannah y tú no sois sexualmente compatibles, Zach."
En realidad, creo que ya no son compatibles en nada, pero esto no se lo digo.
"El problema es que la sigo queriendo, Justin. No me apetece salir con otra chica sólo para apagar calentones. Y por eso la frustración es insoportable. Ojalá… Ojalá me sintiera atraído por ti. Además de buen amigo, tienes pinta de que te va la marcha. La pega es que no me atraen nada los chicos. Cero patatero."
"A eso se le llama ser hetero. Pero sé a qué te refieres."
"Por eso te aprecio tanto."
"Pero que conste que a mí no me vale cualquiera, sólo quiero estar con el chico al que quiero. Y ahora mismo soy Erniesexual."
"Ya lo sé. Y yo me siento muy solo…" apoya de nuevo la cabeza contra mi hombro, momento que elige Ernie para entrar en la sala común y buscarme con la mirada.
"¡Ernie!" lo llamo alzando una mano.
Mi cara de alivio al verle lo dice todo. Ernie, en cambio, parece muy serio. Mira alrededor de la sala común un instante, como evaluando quiénes quedan y quiénes se han ido a la cama, y luego se dirige hacia nosotros.
Estoy a punto de contarle la visita de Fleet cuando, sin previo aviso, con una mano aparta sin miramientos la cabeza de Zacharías, con la otra acerca suavemente mi cabeza, y me da un morreo de los que resucitan ahogados. No sé a qué viene esto, pero es igual: mi cerebro entra en modo tras las cortinas, le rodeo el cuello con ambos brazos y tiro de él hacia mí sobre el sofá. El beso dura tanto que apenas percibo en segundo plano a Zacharías saliendo por patas hacia los dormitorios al grito de "¡Estoy rodeado, RODEADO!", provocando las risas de los pocos que quedan por ahí.
Cuando por fin paramos para tomar aire, tumbados de cualquier manera, no puedo evitar preguntarle:
"¿A qué ha venido esto? ¡Que conste que no me quejo!"
"Me he cruzado con Fleet en el pasillo. Me ha hecho reflexionar y replantearme algunas cosas," dice, mientras me cubre de besos el cuello.
"Ah," sonrío. Se ve que a Ernie también le ha soltado el discurso del amor en tiempos de mortífagos.
"Y cuando he llegado y he visto a Zacharías acosándote, no he podido contenerme."
"¿A estas alturas te da por marcar territorio? ¡Sólo está deprimido!" respondo estupefacto.
"Y un cuerno. Lo que está es salido perdido y no consiento que se aproveche de los amigos que más quiero, de ninguno de los dos. Ojalá Hannah rompiera con él de una vez, así pasaría página y te dejaría en paz."
"No creo que Zacharías tenga consuelo ni solución."
"Yo tampoco lo creo, pero por mí que le den. Y tú, ¿por qué no me has dicho que te sentías solo, Justin?" me pregunta, compungido.
"Porque no me siento solo, tengo amigos. Pero al que de verdad necesito es a ti," confieso con el corazón acelerado.
Ernie me abraza fuerte, fuerte y me susurra:
"A partir de mañana regularé mis horas de biblioteca para que en ningún caso superen la hora de la cena. Después de cenar, seré todo tuyo."
Ahora soy yo el que se abraza a Ernie como un koala. Con la cabeza enterrada en su cuello, se me escapa alguna lagrimilla. Fleet y Summerby me han afectado hoy mucho más de lo que me imaginaba. Es una suerte inmensa para nosotros poder pasar juntos los últimos años de colegio. Ernie parece estar pensando en la misma línea que yo, porque añade:
"Fleet tiene razón. Quién sabe lo que ocurrirá el curso que viene. Es muy probable que los exámenes sean la última de nuestras preocupaciones."
Tras aquella visita demoledora, hay un ambiente más alegre y dicharachero en nuestra casa. Al menos tres chicos más y hasta cuatro chicas han salido del armario. Entre los chicos hay un par de bardos, lo cual me entusiasma, porque no tenía ni idea. Zacharías comenta que debe de ser una estúpida moda contagiosa, a lo cual no tengo ni que responder, porque una chica de cuarto le cierra la boca con una maldición que nadie le cura hasta la cena.
Esa chica luego nos cuenta que su novia Ravenclaw en realidad nació chico, pero al entrar en Hogwarts eligió llevar uniforme femenino. Por lo visto la magia que nos impide entrar a los chicos a los dormitorios de las chicas no funciona con ella, porque de verdad se siente chica. Lo mismo le ocurre, al parecer, a otra chica Ravenclaw y a un chico Gryffindor, del cual desconoce cómo se las apaña en los dormitorios y en las duchas, pero él dice que tiene amigos que lo protegen.
El que va dando bandazos es Summerby, quien no deja de sorprendernos con esa especie de doble personalidad mimosa que despliega en presencia de Fleet. Porque habitualmente el mamón exuda masculinidad y seguridad en sí mismo, pero cuando está cerca su amado, el héroe del equipo se transforma por completo en una heroína romántica. Algunas admiradoras no se han recuperado del impacto que les causó presenciar la transformación en vivo y en directo. A cambio, lo siguen rodeando un buen número de chicas que aprecian su honestidad, y que a su lado se relajan y lo tratan como un igual.
Su historia con Fleet ya es comidilla popular y a las chicas las sumerge en una historia romántica de fantasía, en la que la "intensidad y la pureza" del amor que desprenden ambos les hace soñar a ellas con vivir alguna vez lo mismo. Yo, sinceramente, alucino con las películas mentales que pueden montarse las quinceañeras. Aunque tampoco olvido que a su edad yo fantaseaba con viajes familiares al Lago Ness junto a Cedric y nuestros hijos adoptados. ¡Cómo he cambiado! Ya no pienso en adoptar. A Ernie lo quiero para mí solo.
Ernie está cumpliendo su palabra y después de cenar ya no vuelve a la biblioteca, ni se lleva los libros para estudiar en la sala común. Está conmigo, con los amigos y con el equipo, tranquilo y relajado, siendo uno más. A veces le cuesta, porque es una persona que necesita estar haciendo siempre algo, no soporta estar pasivo-inactivo durante mucho rato. Pero por mí, lo aguanta. Cuando estamos con los demás, a menudo nos abrazamos o me acurruco contra él, pero los besos seguimos dejándolos para detrás de las cortinas, porque una vez empezamos la cosa escala rápidamente, y por mucho que me vaya el morbo, nunca me ha interesado el exhibicionismo.
Cad, por su parte, está raro. Lo noto muy nervioso: por un lado aguarda con anhelo el regreso de Katie Bell y, por otro, mira a Summerby como si de un día para otro se hubiera convertido en una criatura fascinante. De ser verdad que ambos se masturban juntos en la intimidad de su cama, es posible que Cad se esté encaminando a un callejón sin salida.
La víspera de las vacaciones de Pascua, Summerby se acerca a mí discretamente para solicitarme una reunión privada. Como sospecho de qué va la cosa, instintivamente lo llevo al rincón más alejado de los invernaderos, mi escondite sagrado, al que no había acudido desde aquel fatídico día.
Allí me cuenta que sus padres se irán de viaje unos días y él ha invitado a Fleet a quedarse con él en su casa. Los padres lo saben. Lo saben todo. Pero Summerby no sabe nada sobre sexo entre magos, y Fleet… No quiere dejar nada a la suerte. Necesita un experto en su misma posición, y sabe que yo soy su hombre.
"Aunque preferiría poder sentarme después, Justin."
"Te aseguro que sigo sin arrepentirme de nada de lo que ocurrió aquel día. Ya descubrirás que hay momentos por los que merece la pena sufrir luego," le guiño un ojo.
"Te creo, más de una vez hemos estado a punto," se sonroja. "Pero Herb es incapaz de hacerme daño, incluso a mi pesar."
"Je, es que ese chico te atesora. Por eso, empezaremos por lo más básico."
A partir de ahí le hago un resumen de hechizos que recordar, precauciones que imitar y malas experiencias de las que aprender, y parece quedar satisfecho.
"¡No sabes cuánto te lo agradezco, Justin! Por cierto, este sitio está genial," comenta al fin, contemplando el lago y las montañas. "Menudas vistas. ¿Cómo lo descubriste?"
"Me lo enseñó Cedric. Precisamente durante las vacaciones de Pascua de hace dos años."
"¿Esas en las que enfermasteis los dos y fuisteis la comidilla de toda la casa?"
"Eeeh... sí," me ruborizo al recordarlo.
"¿Lo hicisteis aquí, bajo la lluvia?"
"Eso es confidencial."
"Eso es un sí," sonríe con picardía. "Justin, no sé cómo lo haces. Tienes cara de no haber roto un plato y no haces más que tocar repetitivas canciones muggles pasadas de moda, pero tu vida de estudiante en Hogwarts ha sido de lo más emocionante."
"Te diría que con gusto me habría ahorrado el basilisco, pero también trajo cosas buenas."
Summerby se queda pensativo, embelesado con el paisaje, y al rato asiente, para luego exclamar:
"Justin, ¡qué ganas tengo de volver a casa! ¿Es normal sentirse tan ansioso cuando se está enamorado? ¡No dejo de pensar en él! Y en todo lo que quiero que hagamos juntos."
"Es totalmente normal. Y apuesto a que él piensa tanto o más en ti. Ya me contarás a la vuelta," me río, dándole un codazo amistoso.
Resulta entrañable pensar en la que será su primera vez. Estoy seguro de que Fleet le tratará como a un príncipe.
Ernie y yo no volvemos a casa. No queremos correr riesgos y sí pasar todo el tiempo posible juntos.
Juntos nos marcamos un buen ritmo de estudio por las mañanas, y las tardes nos las dedicamos a nosotros por completo. Escribimos cartas a dúo a Hannah, leemos en alto fragmentos de El señor de los anillos (¡por fin lo he conseguido!), paseamos por los terrenos de Hogwarts y disfrutamos de nuestro dormitorio vacío.
El día de la vuelta de vacaciones, a principios de abril, Summerby me busca nada más llegar a la sala común, y me envuelve en un fuerte abrazo.
"¿Eso es que ha ido bien?" susurro.
"Justin, ¡ha sido maravilloso!" sonríe contra mi hombro, y luego me susurra al oído: "Lo hemos puesto todo en práctica. ¡Todo! Cuánta razón tenías respecto a la ducha. Herbert dice que ahora comprende mejor a su antiguo compañero, ¿te acuerdas? El que hizo creer a la gente que salían fantasmas aulladores pasada la medianoche, para poder monopolizar las duchas con su novio."
Mi aliado, qué majete era, y cuánto le debo.
"Herbert quedó un día con él antes de las vacaciones para informarse, así que también vino preparado," susurra con picardía. "De verdad, Justin, ¡te estoy tan agradecido!" me vuelve a abrazar.
Este chico es tan tierno… No me extraña que Fleet esté loco por él.
Entonces aparece Cad por la espalda y nos da un abrazo de oso a los dos que nos deja aplastados el uno contra el otro.
"¡Os he echado de menos, pimpollos!"
"¿A quién llamas pimpollo?" protesta Summerby, colorado, incapaz de competir con la fuerza de los brazos de Cad.
Al final consigo deslizarme hacia abajo como una lagartija y me escapo, con lo cual Cad estruja aún más a su víctima restante.
El resto del equipo ríe a poca distancia, mientras van tomando posiciones en el sofá junto a Ernie y Susan, alternando anécdotas divertidas con noticias funestas del mundo mágico.
Quisiera que esta burbuja de felicidad no estallara jamás.
Después del parón por las vacaciones, retomamos de nuevo las lecciones de aparición, ésta vez con lecciones prácticas en Hogsmeade. ¡Qué ganas teníamos de volver!
Tras conseguir, aunque sea en distancias cortas, hacer que mi cuerpo llegue entero de un sitio a otro, por fin llega el momento de hacer el examen el 21 de abril. Como Ernie no cumple los años a tiempo para el límite marcado, no puede presentarse, al igual que Harry y Draco Malfoy, con quienes se queda a solas en pociones (y sale refunfuñando de la habilidad sobrenatural de Harry para esa asignatura, lo cual me indica que algo ha pasado que lo ha dejado en mal lugar a él).
A mí me da igual tener la edad o no: pienso esperar a Ernie para examinarnos en verano juntos.
Al día siguiente al examen de aparición, ocurren dos cosas que alteran un poco la estabilidad de nuestro entorno: Katie Bell regresa al colegio, y Ginny Weasley rompe definitivamente con Dean Thomas. Cad y Zach están que se suben por las paredes. Y hoy en Herbología he notado chispas alegres en los ojos de Seamus Finnigan mientras trabajaba junto a su deprimido amigo.
Zacharías sólo fantasea, no le veo con huevos de intentar seducir a Ginny, después de la trayectoria autodestructiva que lleva con ella desde el viaje en el Expreso en septiembre. Además, ya le he avisado de que si me entero de que le ha puesto los cuernos a Hannah antes de romper con ella, como sería lo decente, tengo media docena de aliados feroces con los que torturarle de aquí a fin de curso. Y esta vez no sería a base de canciones, sino de maldiciones, y de las chungas.
Sin embargo, Cad está planificando seriamente cómo acercarse a Katie Bell. Su príncipal obstáculo es que ahora sus amigas la rodean más férreamente que nunca para protegerla. Además, tras múltiples calabazas de otras chicas año tras año (el pobre Cad realmente necesita amor), su autoestima no es la más alta del mundo. La única baza a su favor es la introducción amistosa que Fleet ha sembrado durante su convalecencia en San Mungo. Todos estamos de acuerdo en que, gracias a Fleet, al menos Katie no saldrá huyendo si le pide hablar un momento con ella en privado.
"Por algo tienes que empezar, Cad," le anima Summerby. "No creo que Sprout aprecie que te pongas a ligar en mitad de Herbología, pero quizá le puedas pasar una nota para hablar a la salida de clase, o del comedor."
"Todo me parece una idea terrible," replica Cad con pesimismo. "Demasiado repentino e inesperado para ella. Después de lo que le ha pasado, no creo que le apetezca complicarse aún más lo que le queda de curso. Si por lo menos yo tuviera un cuerpo que le alegrara la vista..."
"Pues no sé qué decirte," comenta la golpeadora. "Si me hubieran atacado a mí, ahora agradecería tener un novio grande e imponente como tú, Cad. Aunque sólo fuera para disuadir a otros agresores."
Esta idea sí que lo anima.
A principios de mayo derrotamos una vez más a Slytherin. Nuestro equipo se ha estado preparando a conciencia para enfrentarse al juego sucio de las serpientes y tanto esfuerzo ha dado una vez más resultados asombrosos. Cad y Summerby vuelven a ser los héroes indiscutibles, y Zacharías ha podido colarles algunos tantos, pero ojo también a la nueva generación: están demostrando ser jugadores de primera. Esta victoria es dulce para nosotros, pero no tanto como ganar a los campeones. Además, la diferencia de puntos con Ravenclaw, que aplastó a Slytherin y nos ganó a nosotros, hace que sea ya imposible que ganemos la copa de quidditch: está prácticamente destinada a Ravenclaw, a menos que Gryffindor obre el milagro y les pegue una paliza monumental por más de 300 puntos en el último partido de la temporada.
La celebración termina en la sala común a medianoche, y a partir de ahí la fiesta se mueve al dormitorio de 7º, donde continúan la fiesta. Ernie y yo no nos unimos a ellos, preferimos irnos a no descansar a nuestra cama, pero al día siguiente nos enteramos de que el equipo lo celebró hasta las tantas y al final rompieron la cama de Cad, donde se despertaron todos. Pese a la resaca, por lo visto lograron arreglarla con hechizos reparadores antes del desayuno.
La victoria ante Slytherin da a Cad la determinación que le faltaba para conseguir su último propósito este curso: declararse a Katie Bell.
Ánimo, Cad. Todo Hufflepuff está contigo.
Pero Katie Bell no quiere saber nada de Hufflepuffs recomendados. O eso dice su amiga Leanne, quien, haciendo las veces de intermediaria, le expresa de forma contundente que Katie no está ahora para nadie, y que la deje en paz.
"Esa Leanne la quiere para ella sola," comenta Summerby, abrazando a un lloroso Cad en el sofá circular, mientras nos cuenta lo que ha ocurrido esa noche a la salida de la cena.
Eso le hace sonreír un poco.
"Le he dicho que entiendo que su amiga es muy importante para ella, y que sólo la quiere proteger, pero que yo sólo quería hablar un momento con ella a solas. Al final Katie ha confiado en mí y ha accedido. Eso se lo debo a Herbert."
"¿Pero…?" pregunta Summerby, ansioso, como todos nosotros.
"Hemos ido a hablar junto a los trofeos de quidditch, y me ha confirmado que sabe de mí por lo que le ha estado contando Fleet en San Mungo. Pero que no olvida que yo he sido el mayor anotador durante la humillante derrota de Gryffindor en su ausencia, y que aunque ella estuviera dispuesta ahora a entablar amistad con chicos de otras casas, que no lo está, el quidditch siempre sería un motivo de disputa entre nosotros. Que ya es difícil entre los miembros del mismo equipo, como está viendo en su casa, como para encima mezclar a los de otras. Que, en resumen, lo siente mucho, pero entre ponerse al día con el curso y con los entrenamientos de quidditch, no tiene tiempo ni ganas para más complicaciones. Pero gracias por el interés, me ha dicho. Que se siente halagada."
"Lo del quidditch me parece una excusa terrible," opina Summerby, indignado.
"Bueno, podría haber sido peor," comenta Zacharías.
"Al menos ha sido amable," asiento yo.
Pero Cad, sin poder contenerse más, entierra la cara en sus manos y estalla en sollozos:
"Nadie me quiere... Voy a terminar mi vida estudiantil en Hogwarts más solo que la una…" murmura entrecortadamente, y por la voz se le nota realmente hundido.
"Como los demás," responde el rubiales, quitándole importancia.
"Yo ya tengo novio," confirma la golpeadora, frustrada. Según Susan, le gustaba Cad, pero desistió al ver lo colgado que estaba por Katie Bell.
"Y yo," añade la cazadora, apurada. A principios de curso parecía interesada en Summerby, pero tras verlo con Fleet en Las tres escobas se había olido el percal, y había perdido rápidamente el interés personal, para sustituirlo por el morbo de la mariliendre.
"Yo me enrollé el otro día con una de Ravenclaw, pero todavía no sé en que fase de la relación estamos," confiesa el otro golpeador y capitán.
"Mi mejor amiga y yo somos amigos con derecho a roce," confiesa a su vez el guardián, que es el más joven.
Zacharías enmudece con expresión de profunda incredulidad y envidia.
Summerby pone los ojos en blanco, respira hondo y con una mano masajea el tenso cuello de Cad.
"No te preocupes, Cad, nos tienes a tu lado," lo anima. "Es una pena que en Hogwarts no hayas encontrado quien pueda corresponderte, pero seguro que ahí fuera encontrarás a alguna que vea lo buen tío que eres y lo mucho que vales."
Las chicas del equipo y Susan asienten con entusiasmo.
"Oooh, qué bonito," se mofa Zacharías. "Pero el mundo exterior no es más amable que este estúpido colegio. Prepárate para una vida llena de decep-"
"¡A ti te vaticino cinco divorcios, pedazo de carcamal!" lo interrumpe Summerby con un veneno nada habitual en él. "¡Irás engañando y desengañando a destajo hasta que al final te amargues tanto que no seas capaz de hacer caer a nadie más en la trampa, so desgraciado!"
Zacharías enrojece de rabia y, sin mediar palabra, se marcha a los dormitorios. Ernie me sujeta del brazo para que no lo siga, e incluso Susan menea la cabeza muy seria. Nadie más parece preocupado por su marcha. Al contrario, se respira una sensación de profundo alivio. En ese momento me planteo por primera vez si Zach, más que irritante, es una persona realmente odiosa, y sólo mi cariño irracional hacia él me ha impedido darme cuenta hasta ahora.
"Que le zurzan, por insensible," sentencia nuestra prefecta. "Así no se consuela a un amigo. Se le consuela así: ¡Chicas!" grita hacia toda la sala, donde sabe que hay docenas de orejas escuchando. "¡Cad está triste! ¿Quién se apunta a animarle?"
"¡Yo! "¡YOOO!" "¡Y yoooo!"
Al instante, como si hubieran estado esperando el momento, todo el corrillo de admiradoras de primer a tercer curso sale de los otros sofás, las mesas de estudio y hasta de los lavabos para rodear a nuestro cazador estrella y cubrirle de abrazos y besitos.
"¡No estés triste, Cad!"
"¡Nosotras sí que te queremos!"
"¡Cad, tú eres el más grande!"
"Mis niñas… Gracias a todas," dice mientras se turnan para besarle las mejillas y la sien.
"¡Si ella no te quiere, más Cad para nosotras! ¡Viva!"
"¡VIVA!" corean.
"Estoy tan emocionado," llora nuevamente el grandullón mientras con un brazo sujeta a tres niñas de primero, y con el otro a Summerby, a quien no suelta.
Ernie y yo nos miramos preocupados. Ernie también se ha dado cuenta de que cada día que pasa parece importarle menos que Summerby sea un chico, y ambos estamos de acuerdo en que aquello no es sano.
"Hace poco tuve una charla seria con Cad," me susurra. "Pero hay impulsos que son muy difíciles de controlar cuando la otra persona está siempre tan cerca, y sabes que te necesita tanto como tú a ella."
Me sonrojo hasta la punta de los cabellos y luego le doy un rápido beso.
"Por mi parte, creo que voy a imitar a Susan. ¡Chicos!" grito hacia mis bardos, que están en un rincón ensayando canciones mágicas a su aire, rodeados de plantas que les hacen los coros. "¡Necesito vuestra ayuda! ¡Alerta barda! ¡SOS! ¡Accio bandurria!"
Al instante me veo rodeado por mis cinco bardos, cada uno con nuestros instrumentos, y rápidamente nos ponemos de acuerdo sobre qué tema tocar. Cuánto me alegro de contar con otros dos hijos de muggles y un mestizo entre nosotros, pues así es más sencillo interpretar a bote pronto un With a Little Help From My Friends, que tras dos bises ya puede corear nuestra casa entera, con efectos especiales de cintas de luz de colores que nos unen a todos, y que culminan en fuegos artificiales por el techo.
Una pasada.
Al terminar, aplaudimos y vitoreamos y le hacemos la ola: "¡Cad, Cad, Cad, Cad!", y él se levanta y hace reverencias. Y se acerca para darme un abrazo de oso a mí y a todos los bardos.
"Me siento tan agradecido," se seca las lágrimas. "De verdad. No volveré a decir estupideces. Ya sé que no estoy solo. Era… bueno, creo que me entendéis."
"Claro que sí, Cad. Todos aquí nos hemos llevado algún chasco alguna vez, y más que nos llevaremos," comenta Susan, mirando de reojo a Ernie. "Sólo los que se rinden y se limitan a quejarse de su suerte y a envidiar la de los demás terminarán quedándose solos."
Nuestras miradas coinciden en la puerta de los dormitorios, donde a Zacharías le deben de estar pitando los oídos.
Los prefectos Ernie y Susan mandan entonces a todos los peques a dormir, y el resto de la casa comienza también a dispersarse.
"Bueno, gente, gracias a vosotros al final me voy a a la cama contento," sonríe Cad a su alrededor. "Summerby, ¿te vienes?" le invita con una mirada significativa.
"Venga, vale," responde éste con una mirada enigmática, y comienza a despedirse del equipo y de sus amigas.
"Cad," lo llamo yo, antes de que se marche.
"Dime, Justin," sonríe mientras se acerca a mi sofá.
En bajito, para que nadie más lo oiga, le digo:
"Recuerda que ya está pillado."
Y le lanzo otra mirada significativa, marca de la casa.
Cad parpadea, se sonroja, y responde en un susurro:
"No sé de qué me hablas. Buenas noches, Justin."
Y se va.
Pero no ha dado ni tres pasos cuando se vuelve de nuevo hacia mí y resopla.
"Apenas me quedan un par de meses en Hogwarts y quiero aprovechar el poco tiempo que tengo con él, eso es todo," susurra con cierto tono de desesperación.
"Lo entiendo, pero ten cuidado. Sé de primera mano y de mano ajena que de cortinas para adentro pueden pasar cosas muy sucias," le guiño un ojo con complicidad.
Cad menea la cabeza con una sonrisa, me revuelve los rizos (repito: ¡me revuelve los rizos!) y se reúne con Summerby en la puerta del dormitorio de los chicos. Summerby le da unas palmadas amistosas en su inmensa espalda y ambos desaparecen tras la puerta.
Como en trance, comienzo a tocar los primeros acordes de Bizarre Love Triangles.
Un hijo de muggles de 7º alza los ojos de su libro y me espeta:
"Madre mía, Justin. Como sigas retrocediendo en el tiempo vas a acabar tocando a Mozart."
Sólo gente con familiares muggles pilla el chiste.
No es tan antigua, demonios.
¡No lo es!
No sé qué ocurre aquella noche de cortinas para adentro, pero algo debió de ocurrir, porque al día siguiente Cad nos embosca por el pasillo después del desayuno y se lleva a mi Ernie.
"Enseguida te lo devuelvo, Justin."
Le noto tan agitado que no me atrevo ni a bromear. Ernie se marcha con él quién sabe a qué rincón apartado, y yo regreso solo a la sala común justo a tiempo de presenciar cómo uno de segundo sobrealimenta a su planta carnívora de dos metros en su esquina apartada (¡a la fuerza!).
"¡CHULETAS!" ha aprendido a decir el monstruo vegetal. Y su cuidador le va lanzando chuletas crudas de un plato. "¡MÁS CHULETAS!"
Lo más truculento resulta ver al chaval acariciar a la planta con amor mientras ésta devora lo que podría ser el aperitivo antes de merendárselo. Sprout asegura que no les gusta la carne humana, pero tengo entendido que la evolución se cimenta en esos pequeños cambios en los que un individuo de una especie decide hacer algo que cambia los hábitos de sus descendientes.
Sumido en mis funestos pensamientos estoy, cuando me sobresalta una mano en mi hombro.
"¡Summerby! ¡Qué susto!"
"¿Tienes un minuto?"
"Claro. Cuéntame," respondo, y algo me dice que esto tiene que ver con el secuestro de Cad a Ernie.
Summerby mira a su alrededor para cerciorarse de que nadie nos escucha, y luego me habla casi en un susurro:
"Mira, Justin, no se me dan bien estas cosas cuando se trata de mí, pero ¿tú crees que yo a Cad le gusto?"
No se le darán bien, pero a nuestro buscador ésta no se le ha escapado. Me lo quedo mirando con una sonrisa boba sin saber qué contestar, porque soy del tipo de persona que no necesita veritaserum para confesar: mi cara lo dice todo. Y los ojos de Summerby me dicen que ya ha leído en ella la respuesta. Pero aun así siento el impulso de defender a Cad:
"A ver, él lo que más necesita es un amigo. Te necesita."
"Lo sé. Yo también a él."
Summerby baja la cabeza, pensativo. Y yo suspiro, y me animo a preguntar lo que me muero por preguntar:
"Dime la verdad: ¿Ocurrió algo anoche?"
Summerby menea la cabeza deprisa, pero luego recula:
"Bueno," matiza, "aunque mi idea era animarle a él, al final me dio el bajón a mí y… me eché a llorar. No lo estoy llevando bien estos días, Justin, echo mucho de menos a Herb."
"Es natural, no sé si yo podría soportar vuestra separación. Me subiría por las paredes."
"Pero para ti fue peor cuando Cedric-"
"Es diferente," le interrumpo enseguida, no queriendo pisar campos de minas emocionales. "Ahí ya no había esperanza, así que, aunque fue muy doloroso, fue también más sencillo. Pero tú volverás con Fleet en verano. Estoy seguro de que te esperará impaciente en el Andén 9 y ¾ para recibirte con los brazos abiertos y un anillo de compromiso. O algo parecido."
Summerby se ríe.
"Conociéndole, no lo descartas, ¿verdad?" le digo.
"No," confiesa divertido. "Pero estos meses que quedan están siendo realmente duros. Y por eso valoro tanto tener amigos como tú, y como Cad. Lo que pasa es que Cad, anoche…" se interrumpe y se muerde el labio.
"Estaba muy vulnerable," asiento.
"No es eso. Fue algo muy extraño. Nada más llegar a su habitación me dio un abrazo de oso de los suyos, y me dio las gracias, y nos sentamos en su cama a charlar, y a... bueno, lo de siempre," me mira sonrojado, y yo asiento. "Pero luego me dio el bajón más gordo que me ha dado este curso, peor que cuando cancelaron Hogsmeade, y sentí…"
"¿Summerby?" pregunto preocupado.
"Sentí que, por mucho que necesitara un abrazo, Cad no me lo iba a dar, el muy egoísta. Y yo no se lo podía pedir."
"¿Estabais tirados en la cama?"
"Sí."
"Entiendes el peligro, ¿no?"
"Anoche lo sentí," asiente Summerby. "Y eso que él mantuvo las distancias."
Buen chico, Cad.
"No quise pensar mucho en ello, porque me consoló con algunas de las palabras más bonitas que me ha dicho nadie, quitando a mi Herb, claro. Pero se ha marchado muy rápido después de desayunar, con no sé qué excusa mala que ni se ha molestado en elaborar, y hace un momento lo he encontrado en un aula abrazado a tu Ernie como a un salvavidas, con cara de estar a punto de llorar. Como a Macmillan no creo que le pida consejo sobre chicas, sólo se me ocurre un punto en común sobre el cual apoyarse."
"Ya," asiento ruborizado, sin saber qué decir. Cad debe de estarlas pasando canutas para no aprovecharse de la situación. A Ernie le costó. A mí me costó. Los triángulos son complicados, sobre todo cuando el tercero en discordia es un amigo valioso.
"Justin, ¡no es justo! Cad se lleva todos los abrazos, y yo sigo necesitando uno, ¿me lo das tú, por favor?"
"¡Pues claro, tonto! ¡Ven a mis brazos!"
Summerby se adosa a mí como una lapa y yo le abrazo hasta estrujarle. Él suspira y suelta un gemido entre el ahogo y el placer. Unos segundos después, sucede algo que me descoloca.
"Summerby, ¿me estás tocando el culo?"
"Lo siento, tenía muchas ganas. Necesitaba confirmarlo."
"¿El qué?"
"Cómo se siente el culito más bonito de Hufflepuff," responde con picardía. "Así se lo puedo contar a las chicas y darles mucha, mucha envidia."
¡Pero bueno! ¡Qué huevos tiene este chaval!
"No me hagas mucho caso," dice, apartando las manos. "Es lo que tiene enamorarse y que se te despierte el cuerpo y luego no ver a tu novio en meses. Un día pasas de todo, y otro te da calentón hasta abrazar a los amigos. Es un poco asco. Perdona, ¿eh?"
A mí se me escapa una carcajada, y luego le susurro al oído:
"¿Por qué crees que empecé a permitir que se me pegara Zacharías?"
"¡Qué pillín!" sonríe Summerby.
"Luego me arrepentí."
"No me extraña, antes prefiero que se me pegue…" no termina la frase porque algo ha visto por encima de mi hombro, y se separa de mí: "¡Cad, ahí estás! ¡Amigo mío, tenemos que hablar!"
Cad se para a medio camino con expresión entre sorprendida y burlona:
"¿Vas a romper conmigo?"
Summerby se ríe y le rodea media espalda con un brazo:
"¡Esto no puede seguir así! ¡Necesitamos más quidditch para desfogarnos! Tenemos que retomar los entrenamientos de cara al curso que viene y prepararte un sustituto semidecente."
Cad se relaja y sonríe, y le rodea todo entero con su brazo:
"¡Demonios, sí! ¡Vamos a buscar al capitán, se pondrá contento!"
Ambos chocan las caderas en su saludo particular y se van juntitos tan felices. Se ve que el desahogo les ha venido bien a los dos. Cuánto me alegro.
Ernie luego no me cuenta nada. Es tan buen amigo que no comparte los secretos de confesión. Pues yo tampoco le cuento que Summerby me ha metido mano. Se lo casca Susan, porque Summerby ha ido fardando a las chicas, el muy mamón. Ernie solo me pide que ponga la retaguardia en guardia e impida que se aprovechen de mí los necesitados. Y luego se aprovecha él de su derecho a roce privilegiado. Y yo, más satisfecho que nadie.
Un buen día de mayo, Harry Potter estalla y destripa a Draco Malfoy. No sabemos bien qué ha ocurrido, sólo que le ha hecho desangrarse en los lavabos y ahora se va a perder el partido contra Ravenclaw por castigo de Snape. A mí todo me suena fatal, y más tratándose de esos tres. Profesor y alumnos parecen tener una obsesión mutua que se remonta a primer curso y que cada año que pasa se manifiesta de forma más rocambolesca y dramática.
Lo que está clarísimo es que a Snape le encanta tener a Harry a solas castigado en su despacho.
Por fin tiene de nuevo una excusa.
Pese a la ausencia de su capitán, Gryffindor aplasta a Ravenclaw por 450 a 140. Lo siento por Harry, pero Ginny es muy buena buscadora (¡mejor que la innombrable!). Y el no coincidir con su ex Dean Thomas en la alineación de cazadores, unido al retorno de Katie, quien se ha resarcido por sus meses de ausencia, ha hecho que la ofensiva de los leones sea imparable. Otra vez se han llevado la copa de quidditch. Y a nosotros sólo nos queda el consuelo de ser los únicos que siempre ganamos a los campeones.
Cad y Katie cruzan miradas desde las gradas y ella le hace un gesto que yo interpreto como "¡Os la he devuelto!", pero algunos se lo toman como un indicio favorable y le animan a que lo vuelva a intentar, ahora que ella estará con la euforia ganadora. Sin embargo, Cad responde que él ya ha dicho todo lo que tenía que decirle, y que ella sabe dónde encontrarle si lo quiere. Para mí que Cad ha perdido totalmente el interés tras su rechazo. Ha pasado página saludablemente. Summerby se calla, pero le he visto poner cara de pavor ante la sugerencia, y de alivio ante la respuesta. Está claro que Summerby también quiere a Cad sólo para él, como Leanne a Katie Bell.
Harry Potter se ha perdido el partido, pero a cambio se ha ganado a Ginny Weasley, y ahora son pareja. Al ser los dos tan populares, se han convertido en la comidilla del colegio. Estos días se los puede ver a menudo retozando y rebozándose junto al lago, a no mucha distancia de donde nos juntamos los Hufflepuff. Aunque, como están en su mundo, ni nos ven. Me alegro por ellos, porque a pesar de ser la hermana de ese cretino de Weasley, tiene dos dedos de frente, buen carácter, es realmente maja con Luna (pese a que una vez creí que era algo falsilla, Luna siempre habla maravillas de Ginny, hasta lo hizo en público durante su comentario de quidditch) y dicen que llevaba años enamorada de Harry. ¡Ole por ella!
En su tenacidad me recuerda un poco a Ernie. Claro que Ernie dice que:
"La verdad, antes me hubiera imaginado a Harry saliendo con Draco Malfoy: no hace más que susurrar en clase que si Malfoy esto, Malfoy lo otro... A veces no lo escucho bien, porque me viene un molesto zumbido a la cabeza que no me permite entender una palabra de lo que habla, quizá por algún hechizo protector de la intimidad, pero siempre lo está mirando, y más de una vez lo he visto seguirle. Lo suyo es pura obsesión, os lo digo yo."
No lo sé, es posible. Pero yo por ahora le veo muy feliz con Ginny. Más feliz de lo que jamás había visto a Harry en todos los años de colegio.
Y también veo a Seamus Finnigan y Dean Thomas haciéndose ojitos mutuamente en Herbología. Ernie dice que también lo nota.
Estos se han liado seguro.
Una fatídica noche de junio, se produce una gran conmoción en el colegio que tiene poca relación con el romance y todo que ver con Draco Malfoy.
Ya en la cena no vemos a nuestro director, lo cual viene siendo habitual, pero aun así siempre es motivo de especulación e inquietud.
Durante la velada, noto a Ernie raro e intranquilo. Como si supiera algo que los demás desconocemos. Pero él le quita importancia y nos vamos a dormir como de costumbre.
Sin embargo, desde la cama escuchamos temblores, explosiones y gritos procedentes de los pisos superiores.
Salimos todos en pijama a la sala común. Alguien comenta que han visto la marca tenebrosa encima del colegio, y Ernie nos prohíbe salir de casa. Sólo él, Cad y los de séptimo se aventuran fuera de los barriles. Al poco rato vuelven y nos cuentan que han visto pasar a Harry a la carrera, hecho unos zorros. Ernie le ha preguntado en vano si sabe qué está pasando, pero él sólo ha gritado que se aparten y ha empujado a dos de los nuestros para seguir su camino como alma que lleva el diablo.
"Parecía estar persiguiendo a alguien con auténtica desesperación," comenta Cad.
Tras una hora de incertidumbre, Sprout viene a nuestra casa para anunciarnos que Dumbledore ha muerto y que por favor nos vayamos todos a dormir, que mañana nos explicará los detalles, cuando los averigüe a ciencia cierta.
Semejante mazazo nos deja a todos helados.
Con gran esfuerzo, Ernie y Susan convencen a nuestros compañeros de que, si quieren discutirlo, lo hagan en sus dormitorios. Por seguridad.
Pero…
¿¡Quién puede dormir después de aquello!?
Ernie y yo nos abrazamos en silencio en su cama, conscientes por primera vez de que ninguno estamos a salvo.
Ni siquiera en Hogwarts.
Por la mañana nos enteramos, con la respiración contenida, de que Dumbledore ha sido asesinado con la imperdonable letal por unos mortífagos en una emboscada en la Torre de Astronomía. Las malas lenguas dicen que ha sido el Profesor Snape, y puesto que se ha fugado junto a Draco Malfoy, no hay mucho espacio para dudarlo.
Desde hoy, McGonagall es nuestra nueva directora.
Al menos están arreglando rápidamente los desperfectos causados por la lucha de anoche, y ya saben por dónde se colaron los mortífagos en el colegio, de modo que van a sellarlo para que no se repita más.
Luna me cuenta al final del desayuno que la noche anterior vio una llamada de emergencia en las monedas del ED y acudió a ayudar a los Gryffindors. Es la que me pone al día con los detalles más escabrosos. Aunque como siempre mezcla los hechos con hipótesis descabelladas, no sé hasta qué punto tomarme al pie de la letra lo que me cuenta. Sé que ella y Hermione fueron a vigilar al Profesor Snape, quien los dejó a cargo de Flitwick, al que le habían absorbido la energía vital no sé qué parásitos que se transmiten a través de la humedad de las mazmorras, cuando éste fue a avisar a Snape de lo que ocurría. Luego todo fue muy caótico, y gente variopinta los atacó sin piedad, pero todos los hechizos rebotaron porque habían bebido no sé qué poción de la felicidad que les había dado Harry, y con la cual nada te puede salir mal.
"¡Felix felicis!" exclama Ernie. "La suerte líquida. Se la ganó durante una clase de Pociones."
"Menos mal que la tenía, ¿verdad?" dice Luna sonriendo. "Ojalá pudiera tener un poco de esa poción para ir de exploración con mi padre este verano. Seguro que con ella encontraríamos pruebas de todos los especimenes de... y de... que habitan en las selvas de... y tendría para tantos artículos que..."
Ernie se siente un poco mal por no haber acudido a la llamada de las monedas del ED aquella noche. La verdad es que no les habíamos hecho ningún caso este curso, así que cómo íbamos a saber que nos llamaban para enfrentarnos a... bueno, no quiero ni pensarlo, que los rumores hablan de un hombre lobo sanguinario incluido en el lote, que por lo visto ha dejado desfigurado al mayor de los hermanos Weasley, quien está ahora en la enfermería, igual que Neville, herido de menor gravedad.
Pero Ernie termina confesándome que sí vio la alerta en la moneda, y que aún así decidió quedarse en casa, a cargo de los nuestros. ¡Por eso estaba tan alterado!
"Soy prefecto de Hufflepuff," asevera, sacando pecho, quizá para compensar su medio arrepentimiento. "No sé si estoy preparado para combatir a las fuerzas de Quien-tú-sabes, pero estoy más que dispuesto a proteger a mi casa."
Y yo le quiero aún más por ello.
De lo que sí dudamos ya es del futuro del colegio. Ernie no hace más que debatir desapasionadamente con los mayores, quienes no saben siquiera qué pasará con sus exámenes finales.
Algunos alumnos se han apresurado a huir del colegio, forzados por sus padres, o por voluntad propia. Se van antes de que termine el curso, antes siquiera del funeral de Dumbledore.
Zacharías es uno de los que se marchan ese mismo día. Sus padres, como los de tantos otros, ya no sienten que Hogwarts sea un lugar seguro. Y el padre de Zacharías no parece un hombre muy transigente. La despedida con el rubiales en la sala común, cerca del tablón de anuncios donde están todas las fotos de la casa, y la de Cedric, es emotiva, pero espero, le digo, que no definitiva. Él me promete que no, que ya haremos hueco para encontrarnos un día, cuando sea seguro.
"No hay sitio seguro ya, en ninguno de los dos lados," comenta Ernie, quien está muy abatido por todos los acontecimientos.
"Seguro que encontramos alguno," comenta el rubiales exasperado. "Podremos reunirnos los de siempre, todo el equipo, los prefectos, los amigos..."
"¿Querrán volver a ver tu cara, Zach?" bromeo, aguantando las lágrimas. Alguno detrás de mí menea la cabeza con entusiasmo desaforado.
"Claro que sí, seguro que alguno se ha quedado aún con ganas de partírmela," sonríe, muy forzado. "Quizá incluso pueda apuntarse Hannah."
"¿Piensas arrastrarla de las coletas, como amenazaste una vez?" pregunta Ernie, quien probablemente tiene más ganas de verla que el rubiales.
"Si no hay más remedio...Y bueno, vosotros estaréis juntos, ¿no?"
Ernie y yo nos miramos.
"Supongo," decimos a la vez.
Sprout llega entonces para avisar de que su padre lo espera abajo, que ya ha resuelto todo el trámite con la directora en funciones.
"Tíos, de verdad, aunque se acabe el colegio, tenemos que hacer lo posible por volvernos a ver. Las cosas no pueden acabar así," nos dice, dándome un último abrazo a mí, y a Susan, y estrechando la mano de Ernie, de los compañeros de equipo, de sus compañeros de clase (la mayoría claramente no muy tristes por su marcha, otros fingen mejor).
"¡Pues claro que sí, Zach! Aunque demolieran el colegio, su espíritu permanecería intacto. Y además, ya sabes a que nosotros se nos encuentra enseguida, somos fácilmente identificables."
"¿Te refieres a los Hufflepuffs?"
"Pues claro. ¿Por qué crees que nos tocó el color amarillo chillón y el negro fúnebre? ¿No ves que somos el objetivo favorito de los magos puristas después de los muggles?"
"Pues tú ándate con mucho ojo, Justin, porque entonces tú tienes todas las papeletas para ser exterminado," sonríe, restregándose una lágrima que se le ha escapado.
"Pues nada, que me exterminen, ¿qué se le va a hacer?" sonrío yo también, tratando a duras penas de no llorar, porque tengo el presentimiento de que Zach y yo jamás volveremos a vernos en el colegio, así que le doy un último abrazo, que él devuelve con ganas mientras me susurra al oído:
"Gracias por aguantarme todo este tiempo. Por favor, no dejes que te maten, por favor."
Esto hace que me estremezca de la cabeza a los pies. No le puedo contar que Ernie y yo estamos ya urdiendo un plan por si las cosas se ponen realmente feas.
"Aunque ya no esté, o aunque muriera, como Cedric, mi espíritu seguirá vivo," respondo, "porque ya sabes lo que dicen, ¿no? Un Hufflepuff es para siempre."
- FIN
Nota final:
Muchas gracias por leer hasta aquí, y espero que haya merecido la pena.
Éste último capítulo es una especie de epílogo que abarca a grandes trazos el libro sexto, cuando todavía no se había publicado el séptimo, Las reliquias de la muerte. Fue publicado originalmente el 26 de noviembre de 2006, el día del 3º aniversario del fic. Fue editado ligeramente el 26 de noviembre de 2015, en el 12º aniversario del fic. Y finalmente ha sido reeditado y ampliado extensamente en mayo-junio de 2020, durante el Coronaggedon que mantuvo a medio mundo encerrado en casa y que me ha devuelto la inspiración.
En su momento decidí que terminara con la despedida a Zacharías, uno de los personajes principales de esta historia, y así lo he mantenido. Y si termina en ese tono sobre el "exterminio Hufflepuff" es por mi temor de entonces a que JK se cargara a Justin aleatoriamente en el último libro. En el sexto no lo menciona una sola vez, y temía que en el séptimo sólo lo nombrara para decir que algo malo le ha pasado, como a Susan y a Hannah, en una línea puesta como ejemplo de "lo que les pasa a otros de mediana o ninguna importancia", que casi siempre son Hufflepuffs o sus parientes, ¿no lo habéis notado? Entonces me dije: "Si no lo hace, si sigue olvidándose de él, y logra olvidarse de Ernie lo suficiente, aunque sea el nombre de su abuelo, quizá haya esperanza para los dos." Y yo quería mantener la esperanza de que ambos sobrevivían la batalla y tenían un futuro juntos. Porque estos dos sí que pueden seguir juntos muuuuchos, muuuuchos años, aunque sea en una anodina vida Hufflepuff, que es al fin y al cabo la de la mayoría de los mortales.
La idea original era modificar este capítulo si ocurría algo relevante para los Hufflepuffs protagonistas, con el fin de adaptarlo a los hechos. En vez de eso, he mantenido el final en la despedida a Zacharías del sexto libro, y a cambio he escrito una secuela que abarca el libro séptimo desde otros puntos de vista. Ahora que sabemos que Ernie se comportó como un héroe durante la Batalla de Hogwarts, así como quiénes vivieron y quiénes no, y que a Justin siguió sin mencionársele ni una sola vez, el último libro y sus consecuencias se retoma en ¡Hufflepuff resiste!
Os animo a leer la secuela si queréis conocer la perspectiva Hufflepuff de lo que ocurrió durante el 7º curso y qué les depara el futuro a todos nuestros queridos Hufflepuffs y sus parejas después de Hogwarts. Con bonus Deamus.
Os recuerdo que existen historias paralelas con otros puntos de vista sobre lo que ocurre en este sexto curso. Por ello, recomiendo leer El verano de Summerby y En la cama de Cadwallader ANTES de empezar Hufflepuff resiste, donde se verá además el punto de vista de Ernie sobre muchas de las cosas que ocurren.
Sed siempre bienvenidos a escribirme por aquí o a pasaros por el journal de Tastatur ( .com) si queréis comentarme algo en cualquier momento. Aunque sea muy breve, muy breve, y tarde MESES en contestar, sabed que me hará mucha ilusión.
