Fuera del Plan

Capítulo 1

Un funeral


-¿Señor Lee? –preguntó aquella voz profunda, ahogada por la puerta cerrada de la habitación.

El señor Lee la ignoró por un instante, mientras (con la puerta corrediza abierta de par en par, por lo que el frío entraba congelando cada rincón de la oscura habitación), continuaba mirando al jardín. Afuera, una fina capa de nieve se encontraba tendida sobre el paisaje, como si se tratase de una suave manta, mientras los pequeños copos de nieve seguían cayendo, aumentando el grosor de la cobija blanca. Sí que había sido un duro invierno.

-Estamos listos, señor.

No pudo evitar suspirar, cansinamente. Eran ellas las que estaban listas. No él. Muy probablemente nunca lo estuviese. Si por él fuese, se quedaría allí, hasta que el frío y la oscuridad lo consumiesen, hasta que llegase el fin del tiempo.

Sin embargo, sabía que no podía hacerlas esperar. En especial no a su madre, la matriarca del Clan Lee. El suave y delicado rostro de su madre cruzó por su mente, y no pudo evitar sentirse más disgustado consigo mismo: él sufría, pero seguramente, ella se encontraba sumida en la agonía. Y una vez más, llegó a la conclusión de que no podía hacerla esperar.

Sin poder evitar el fruncir el entrecejo, miró por última vez al cielo, demasiado azul para un día tan gris como aquel, demasiado vivo para lo muertas que habían sido las últimas semanas, demasiado brillante para lo opaca que sería su vida de ahora en adelante, y se apuró a girarse para mirar al interior de su habitación, oscura y fría.

Se apuró a rodear la cama, y pasar por delante del armario, donde el espejo de cuerpo completo reveló su reflejo: un joven de apenas veintiocho años, piel ligeramente morena, cabello castaño claro y ojos color avellana. Vestía un traje negro, al igual que el calzado, y una camisa del mismo color. Nada de anillos ni relojes. Nada de pañuelos ni corbatas. No eran una vestimenta propia para un día como aquel.

Se detuvo al otro lado de la habitación, frente a la puerta cerrada de par en par, y tras suspirar cansinamente, finalmente deslizó la puerta corrediza: así comenzaban sus últimos minutos de paz.

-Buenos días, señor Lee –dijo aquel hombre de piel morena, cabello negro, unos treinta centímetros más alto que el joven (quien era ya considerablemente alto), ojos oscuros y pequeños, y espalda ancha. Al igual que el señor Lee, la guardia portaba un sencillo traje negro.

La única diferencia entre la guardia y el (ahora) señor de la casa, eran las gafas negras que aquel musculoso hombre llevaba (aun cuando se encontraban dentro del oscuro pasillo) así como aquel manos libres que llevaba en el oído izquierdo, y cuyo cordón bajaba por su cuello y se perdía en el interior de su saco.

-Buenos días, Kurogane –respondió Lee Xiao Lang al hombre que lo aguardaba, mientras deslizaba la puerta detrás de si, para cerrarla, y comenzaba a recorrer el apenas iluminado pasillo, con su acompañante siguiéndole muy de cerca-. ¿Dónde están mis hermanas? ¿Y mi madre? –preguntó, mientras el único ruido que les hacía compañía era el de sus pisadas. Era como si la casa se encontrase vacía, no solo de objetos, sino de vida.

-Todas están ya esperando por usted.

Lee Xiao Lang apuró el paso. Kurogane hizo lo mismo.

Siguieron así, por aquel interminable pasillo, hasta que se vieron en la necesidad de girar a la izquierda. Tras avanzar una docena de metros, finalmente llegaron al recibidor de la casa, y allí, esperando por él, se encontraban las cinco mujeres con las que había convivido durante sus veintiocho años de vida: sus cuatro hermanas mayores, y la matriarca del clan, su madre. Debido a la ocasión por la que lo que quedaba de la familia se encontraba toda reunida, ellas también vestían de negro. Sobrios vestidos largos, y zapatos de tacón bajo. Nada de maquillaje, nada de joyas, accesorios ni detalles innecesarios.

Junto a ellas, también vistiendo un traje negro, gafas oscuras e intercomunicador (tal como Kurogane), se encontraba a la espera un hombre de ojos azules y cabello rubio. Era apenas un par de centímetros más bajo que Kurogane, pero, en definitiva, era mucho más delgado. Al igual que el otro miembro de la guardia, Fye esperaba en silencio, al fondo de la habitación.

-Madre –dijo Xiao Lang, al tiempo que se acercaba a la alta y delgada mujer que se distinguía del resto de las féminas.

La matriarca del clan, Lee Yee Lang, era la única de las presentes que tenía el cabello negro, a diferencia de sus hijas, las cuales, al igual que Xiao Lang, habían heredado el cabello castaño de su padre. También se diferenciaba de sus hijas ante el hecho de que pese a los tiempos que corrían, aún sabía mantener la calma y el porte que la caracterizaba: mientras que las cuatro mujeres sollozaban abrazándose las unas a las otras, Lee Yee Lang se mostraba serena y tranquila.

Xiao Lang se apuró a detenerse junto a ella, y tomar su brazo.

-Vamos chicas –dijo la mujer a sus hijas, en aquel tono de voz firme pero suave, con lo que, tras la indicación directa de la matriarca, todos tomaron su respectivo lugar.

Fye se apuró a abrir la puerta principal de la casa, guiando a la señora Lee Yee Lang y al señor Lee Xiao Lang al exterior, mientras las cuatro hermanas (Lee Fuu Tie y Lee Fei Mei, seguidas por las gemelas Lee Xie Fang, y Lee Fang Leng), los seguían de cerca.

Esperando a que todos salieran de la casa, Kurogane procedió a seguirlas, no sin antes cerrar ceremoniosamente la puerta, y del mismo modo, la comitiva.

El grupo se dirigió a los jardines del ala sur, donde de toda la vida, el Clan Lee había tenido un pequeño templo. El Clan solía ir allí en ocasiones especiales, ya fuese a recibir el año nuevo, a agradecer por un año más de vida cuando fuese el cumpleaños de alguno de sus miembros, o en despedidas, como era el caso de esta ocasión.

La foto que descansaba sobre el ataúd cerrado, no representaba para nada al padre que Lee Xiao Lang, recordaba. Para su único hijo varón, su padre no era joven, no tenía el cabello castaño como él y sus hermanas y, en definitiva, no sonreía. El Lee Hien Lang de su memoria, era ya un hombre mayor. No un anciano, pero, en definitiva, no el joven treintañero que esa fotografía mostraba, y que, al contrario, se parecía tanto a él, que provocaba que un escalofrío recorriese su cuerpo: aquella fotografía le producía a Lee Xiao Lang la sensación de estar en un viaje astral, y ser testigo de su propio entierro.

No, su padre tenía el cabello gris, casi blanco. Tenía también un estómago que poco a poco se volvía prominente, una mirada cansada, y las líneas de expresión demasiado marcadas alrededor de la boca y los ojos, las cuales evidenciaban que hacía muchos años sonreía y reía a carcajadas, pero ya no más. Y ahora, listo para ser enterrado tres metros bajo tierra, mucho menos.

Lee Hien Lang era un hombre mayor, de eso no había duda, pero no era un viejo, y, en definitiva, no estaba enfermo. Aun le quedaban demasiados años para pasar junto a sus hijos y su hermosa esposa, que parecía haber perdido la habilidad para envejecer después de cumplir los treinta y cinco. Lee Hien Lang aún tenía la edad suficiente para ver nacer y crecer a sus nietos, si es que alguno de sus hijas se dignaba a conseguir un novio y darle decendencia al Clan, o si su único hijo varón finalmente se decidía a heredar el cargo de Líder e iniciar con una nueva generación de Lees. Sin embargo, aquella espera de ver alguna de sus hijas casadas, o a su único hijo varón heredando el legado del Clan, no pasaría más.

Y todo por culpa de los Reed.

Su esposa, Lee Yee Lang fue la primera en presentar sus respetos. Después de ella, siguió Fuu Tie, la mayor. Luego las gemelas, Xie Fang y Fang Leng, seguidas por la menor, Fei Mei, y al final el favorito de su padre, Lee Xiao Lang, el único varón de la dinastía Lee, y sobre el que caía la responsabilidad de guiar al Clan, ahora que su padre los había dejado.

O, mejor dicho, ahora que lo han obligado a irse.

No quedaban ya muchos Lee. Hacía un par de años, Lee Yee Lang había mencionado (tras la insistencia de las gemelas) que el clan Lee contaba con apenas un par de familiares lejanos que vivían fuera de Hong Kong, pero que no tenían nada que ver con la vida y las costumbres del Clan, por lo que era muy difícil el considerarlos familia.

Así que, los seis presentes, apretujados en aquel templo de los jardines del ala sur, eran todo lo que queda del clan Lee. Ellos seis eran el corazón de lo que hace muchos años fue un enorme durazno, como decía Hien Lang a sus hijas. O un dumpling de cerdo, como le decía a Xiao Lang.

Entre Fye y Kurogane, el ataúd fue bajado de la mesa donde el clan Lee había presentado sus respetos, y con paso lento y ceremonioso, lo guiaron frente a ellos a la parte posterior del templo, donde descansaban ya todos aquellos otros miembros del Clan que estuvieron antes que ellos: allí disfrutaban del descanso eterno los abuelos, los padres de ellos, así como sus propios abuelos, y más, muchos más Lee que ninguno de los presentes pudo siquiera llegar a imaginar, menos a conocer.

Gracias a que aún había una ligera capa de nieve en los jardines, fue fácil para Fye el comandar a la tierra a que se levantase, y se posara sobre el ataúd de Hien Lang. Y así, con un elegante movimiento de sus manos, necesario para poder llevar a cabo su magia, él último miembro del ya extinto Clan D. Flourite finalmente impidióa los Lee el seguir viendo aquella fría caja de madera.

Soltándose del brazo de su único hijo varón, Lee Yee Lang dio un par de pasos al frente, y deteniéndose a los pies de la recién tapada tumba, procedió a trazar un amplio círculo con sus brazos, el cual procedió a disminuir de tamaño hasta reducirlo a la creación de una pequeña esfera con sus manos. Se llevó aquella esfera contra el pecho, y tras dedicar una última oración, deshizo aquella esfera con una única palmada que resonó en cada rincón del jardín.

Así era como la ceremonia llegaba a su fin. El funeral había concluido, y con ello, los Lee eran libres de marchar a llorar su pena en silencio y tratar de no derrumbarse, de comenzar desde cero, construyendo sobre las cenizas, a tratar de ignorar lo que había ocurrido y tratar de seguir con sus vidas.

Pero todos sabían (aunque nadie se atreviese a decirlo), que, en esta ocasión, aquello no era una posibilidad. Esta vez, el clan Lee no podía permitirse olvidar: el derrumbarse, o mostrar debilidad no eran siquiera una opción. La muerte de Lee Hien Lang había sido un ataque, y todos los restantes miembros del Clan sabían que vendrían más.

No tenían otra opción más que estar preparados.


-La señora Yee Lang desea verlo, joven Xiao Lang.

La suave voz de Fye se coló por entre la puerta y el suelo. Un suave susurro que subió desde el piso y llegó a los oídos de Xiao Lang, de manera casi mágica. Había algo en la suave y dulce voz de aquel hombre de cabellos dorados y relucientes ojos azules, que provocaba un efecto analgésico, una paz indescriptible, para todo aquel que la escuchase.

Sentado en el borde de la cama, Xiao Lang desvió su mirada de la pistola que sujetaba entre las manos y tras guardársela en el bolsillo interior del saco, se incorporó con paso lento, y del mismo modo, procedió a abrir la puerta de su habitación. El mismo pasillo vacío y oscuro lo recibió aquella tarde.

Fye, de pie junto a la puerta, aun vistiendo de traje, gafas y con el intercomunicador en el oído, se apuró a agregar:

-La señora Yee Lang lo espera en la oficina del señor Hien Lang.

Xiao Lang asintió, en señal de entendimiento, y con esto, Fye procedió a retirarse. Cerrando la puerta tras de sí, Xiao Lang giró a la izquierda, y se dirigió por aquel largo pasillo al fondo de la casa, la cual una vez más no producía sonido alguno, excepto por el eco de las pisadas que se producían de manera automática al caminar.

Se detuvo frente a la puerta, y tocó con los nudillos, para indicar su presencia. Esperó un par de segundos hasta que la voz de su madre le indicó que podía pasar, y así lo hizo.

Al igual que su habitación y el resto de la casa, la que era la oficina de Hien Lang estaba sumida en la oscuridad. Apenas un débil fuego crepitaba en un rincón, para recordarle al invierno que allí no era bienvenido.

Al igual que siempre que acudía a la oficina de su padre, la costumbre se hizo presente cuando Xiao Lang no pudo evitar quedarse de pie, frente al enorme escritorio de madera oscura, y con ambas manos pegadas a los costados de su cuerpo, en una especie de posición militar, y miró al frente, donde aquella silla vacía hizo que le temblase la quijada.

Conservar aquella posición de espera era más difícil de lo que había creído. Y es que nunca había entrado a aquella habitación y visto la silla vacía.

-Puedes descansar, Xiao Lang -dijo Yee Lang a su único hijo varón, mientras apoyaba la espalda baja en el escritorio (al igual que Xiao Lang, la matriarca del Clan sólo había visto a su marido sentarse allí, y ella no iba a usurpar su lugar), y se limitó a mirar el fuego que crepitaba en la chimenea.

-Estoy segura de que tanto tú como tus hermanas saben que tu padre no murió de causas naturales –fue lo primero que dijo su madre.

Dejando de mirar la silla vacía, Xiao Lang enfocó su mirada en su madre, y pese a que ella le daba la espalda, asintió en silencio.

-No se lo he comentado a tus hermanas o a la guardia, pero estoy segura que Fuu Tie ya ha leído mi mente, y lo ha contado. Al menos a ti.

Aún si ver a Xiao Lang a los ojos, el joven no pudo evitar tragar nervioso, y, procedió a responder de la manera más firme que pudo.

-¿Fueron los Reed? -preguntó.

Ahora fue el turno de su madre de asentir.

-No quiero que comentas una imprudencia –se apresuró a añadir la matriarca del clan, dejando de apoyarse contra el escritorio, y girándose para mirar a su único hijo varón, dio un par de pasos hacia él-. No es el momento.

-Pero madre… -susurró Xiao Lang.

-He visto cosas –agregó Yee Lang, con lo que Xiao Lang no pudo evitar congelarse. Durante sus veintiocho años de vida, aquella oración nunca ha traído nada bueno, y era imposible el ver como en esta ocasión sería diferente-. El clan va a desaparecer, Xiao Lang -susurró su madre, y sin poder sostenerle la mirada, la mujer giró para dirigirse a la ventana, donde se dedicó a observar el frío jardín-. El salvarlo no es una opción, a menos que…

-¿A menos que qué? –Xiao Lang no pudo evitar espetar, al tiempo que su postura militar se rompía, y él no podía evitar el dar un paso al frente.

-Necesitamos ayuda ajena al Clan.

-Pero nosotros nunca…

-Lo sé –fue la simple respuesta de su madre-. No quedan muchos Clanes con vida en estos tiempos. Sin embargo, mi visión me ha dicho que hay alguien que puede ayudarnos.

-¿Y dónde los encontramos? ¿Están aquí en Hong Kong?

-Se trata de una única y solitaria persona -y sin poderlo evitar, Yee Lang tomó un par de segundos para suspirar profundamente-. Mi visión no me ha dicho el sitio. Pero sí me ha dicho que tenemos mayores probabilidades de sobrevivir si nos separamos y cubrimos más terreno.

-¿Separarnos? Es decir, que, pese a que mi padre ha sido asesinado en su propia cama, ¿quieres que te deje sola?

-Tú lo has dicho –Yee Lang se giró para ver a su único hijo, mientras la nieve comienza a caer detrás de ella. Una firme y determinada mirada paralizó a Xiao Lang-. La casa ya no es segura. Debo sacarte a ti y a tus hermanas de aquí.

-¿Y qué hay de ti? -preguntó el joven en un susurro.

-Mi visión me ha dicho que tiene otros planes para mí.

-¡No pienso dejarte!

Lee Yee Lang no hizo más que sonreír. Una sonrisa triste, melancólica. Y fue allí cuando Xiao Lang volvió a odiarse. Odió con todas sus fuerzas el no haber nacido con una habilidad especial, como su madre y mis hermanas. Si pudiese leer la mente como Fuu Tie, o sanar heridas como Xie Fang, o ver el futuro como su propia madre, podría protegerlas, podría siquiera intentarlo…

Pero no, los varones del Clan Lee no nacían con ninguna habilidad especial. El gen estaba presente en su sangre, pero no existía para que ellos lo utilizasen: su única función era el transmitirlo. Era por ello que entrenaban y se especializaban en utilizar sus armas: espadas, pistolas, katanas, dagas, lanzas… aprendían a matarse como bestias, protegiendo aquella sangre que valía tanto.

-Te necesitaré cerca, Xiao Lang –musitó Yee Lang en voz baja, mirando esta vez al piso-. Como heredero del Clan Lee, el único varón con vida, tu eres más importante que tus cuatro hermanas juntas, inclusive más importante que yo. Pero la partida es inminente –y sin dar oportunidad a que su hijo replicase, volvió a girarse para ver los jardines-. Tus hermanas estarán más seguras mientras más lejos estén. Pero tú te quedarás cerca. Y, pese a que sé que eres capaz de cuidarte a ti mismo, te pediré aceptes llevar escolta.

-¿Escolta? –repitió, incrédulo-. ¿A quién mandará a mi cuidado? ¿Y a dónde planea llevarme?

-La mejor escolta que tenemos aquí, obviamente –rio ella por lo bajo. Una risa melancólica que dejó entrever el dolor que estaba sufriendo-. Mi propia escolta. Y sobre el sitio, no tienes por qué preocuparte, no dejarás Asia, eso te lo aseguro.


¿Cuándo fue la última vez que me aparecí por aquí? ¿2, 3 años?

¡Hola a todos! Espero y aún se acuerden de mi :')

¿Les cuento un secreto? He tenido este fic en borradores desde el 2019 y la maldita inspiración dijo "no mi ciela, tú no terminas de organizar esto" hasta hace apenas un par de semanas... Es por eso que llevo desaparecida tanto tiempo T^T Espero y puedan perdonarme (?

Llevo tanto tiempo desaparecida que varias configuraciones que tenía en la cuenta parece ser se han reseteado (dejaron de llegarme notificaciones de todo tipo), pero tengan por seguro que me voy a estar paseando constantemente para leer sus reviews, y obviamente contestárselos.

Esta es la primera vez que publico en la etiqueta de TRC así que estoy algo nerviosa jsjsjs. Si bien van a aparecer varios personajes de esta obra (como Fye y Kurogane, así como otro que aparecerá más adelante), también se van a mencionar varios nombres que son de CCS; solo les pido que vayan con el flow (? y no se saquen de onda jsjsjs

Sobre las updates: recuerdan esos viejos tiempos en que publicaba lunes, miércoles y viernes? Bueno eso ya fue (? Ando algo ocupada con otros temas, por lo que tendrán que leerme los martes, jueves y sábados. Es casi lo mismo, pero más barato (?

En fin, igual que siempre, ya se me olvidó que más anuncios importantes tenía que compartirles, así que me despido no sin antes recordarles como siempre que cada voto, favorite y review es muy bien recibidio, y se los estaré eternamente agradecida.

Los quiero! Sigan bellos.

~Ribo~