Notas:

Como no hay una personalidad canónica de los 2P, para esta historia no serán unos psicópatas solamente, sino que son la personalidad opuesta a las versiones originales. Esto será clave para entender ciertas actitudes que tendrán.


Capítulo uno: El Descubrimiento

...

Febrero 2020

La celebración del Año Nuevo Chino había causado una conmoción a nivel internacional. Miles de turistas -por no decir millones- recorrían cada rincón de la casa de China, disfrutando aquellas tradiciones tan vistosas de la milenaria nación.

¿El problema? China, temeroso de perder su reputación -y dinero también- escondió al resto de países que un nuevo virus hacía estragos en algunas ciudades.

Fue cuestión de tiempo para que se masificara la nueva enfermedad, afectando a la mayoría del planeta. Sin embargo, nadie había previsto que sería más fuerte que el SAAR y que en cosas de semanas, las muertes aumentaran drásticamente.

Queriendo evitar una mayor tragedia, los científicos determinaron cuarentenas; sin embargo, la mayoría de naciones europeas tuvieron desagradables pesadillas por los flashback de la gripe española y la peste negra que los habían asediado décadas y siglos atrás.

Inglaterra, aterrado de ver cómo sus ciudadanos se amontonaban fuera de los hospitales, su primera prioridad fue que su amada reina se mantuviera en una burbuja sanitaria. Él sabía que con los humanos no había que encariñarse demasiado, pues sus vidas son demasiado efímeras, no obstante adoraba con cada fibra de su ser a su reina. No sabía si era por su carisma, determinación, amabilidad con él -la mayoría de sus superiores habían mantenido distancia con él- o por la valentía demostrada en ambas guerras mundiales.

-Entiendo la situación, Inglaterra, no tienes que preocuparte por mí. En estos momentos hay que mantener la calma -le respondió con una cálida sonrisa. Ella era una mujer serena, pero con él mostraba una calidad que, ni siquiera, entregaba a sus hijos. Observó el reloj de pared.- Son las cinco, ¿tomamos el té de la tarde?

Abril de 2020, la situación no mejoraba en nada, incluso el primer ministro inglés fue internado en cuidados intensivos por covid y los nervios de Inglaterra no hacían más que aumentar. Se escuchaban reportes de España e Italia nada alentadores, incluso había noticias de gente muerta en la calle como en los peores momentos de la peste negra, fue tanto el impacto que esas y otras naciones afectadas habían caído en un profundo coma. Lo peor era que les pedían mantener reuniones vía zoom para intentar coordinar ayudas, sin embargo, con todo el caos ¿quién podría ayudar a quien?

-Debe haber algo aquí que ayude.

Se decía para sí mientras recorría su inmensa biblioteca, en su mayoría libros de magia antigua de la época celta. No esperaba resolver la pandemia en sí, sino algo que pudiera cambiar el pasado para evitar tantos contagios, o algo que permitiera darle inmunidad a su reina. Se sentía débil y triste, contagiado de la desolación de sus ciudadanos, sumado a la pena que experimentó cuando Estados Unidos no se conectó a la última reunión, temía que también hubiera caído en coma como Italia.

Encontró algunos libros y apuntes antiguos referentes al tiempo, incluso algunos estaban escritos en inglés antiguo, bretón, gaélico y córnico. Se sentó para apaciguar la sensación de fatiga que tenía, lamentablemente si muchos ciudadanos suyos se enfermaban, él también sentía los síntomas; para luego empezar a leer. Con harta paciencia, empezó a desenredar los antiguos textos, no recordaba mucho de aquellos léxicos y, quién podría ayudarlo, lo echaría a patadas si lo viera. Soltó un suspiro recordando la mala relación que tenía con sus hermanos, ahora serían tan útiles.

Tras horas de lectura, y unos cuántos tés en su cuerpo, tomó unos cuantos papeles y se dirigió a su sala especial.

-Creo que esto podría ayudar.

Comenzó a recitar esos antiguos párrafos, pero la fatiga le dificultaba concentrarse, hacer magia implicaba usar energía vital que, en esos momentos, él no poseía. Empezó a sentir grandes oleadas de energía alrededor de la habitación, sabía que si quería un buen resultado necesitaba concentrarla al centro de la sala; no obstante el cansancio se lo impidió, finalizando antes de lo esperado. Como una suave oleada, Inglaterra sintió una energía especial recorrer toda la habitación; no obstante, no sabía si efectivamente esa energía fue la magia bien hecha o solo la fiebre que le hacía delirar.

Agotado, se desplomó en el suelo, cayendo en un potente sueño.

En varios de los pasillos del Castillo de Buckingham, algunos de los espejos vibraron como si ráfagas de viento los atravesaran; al mismo tiempo, los corgis de la reina ladraron al unísono, causando nerviosismo en los empleados reales.

-¿En serio pensaste que unos abracadabra podrían hacer algo?

-Ni siquiera sé porqué te estoy contando esto.

-Es que, Inglaterra, ya no estamos en la Edad Media, los rezos no nos ayudaron en la peste negra.

-Lo sé, Francia, es solo que -soltó un suspiro- me siento impotente, ¿tú no?

-Sí -respondió él, desganado. Hizo una breve pausa para degustar el vino que tenía en las manos.- El pobre de Ita-chan está muy mal, Alemania dice que no reacciona a nada, ni siquiera si le ponen un plato de pasta al lado.

Hubo una pausa algo incómoda, era cierto que sus relaciones habían mejorado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero no eran amigos. No obstante, la soledad de la pandemia formó una tregua entre ellos.

-¿Has sabido algo de Estados Unidos? -preguntó Inglaterra para cortar el incómodo silencio.

-Sí, sufrió un desmayo pero no cayó en coma -volvió a beber un poco de vino.- Y su jefe loco no ayuda.

-Es igual de idiota que él.

-Oye, Inglaterra, ¿estás solo?

-¿Por? -repreguntó curioso y desconfiado.

-Es que me da la idea que hay alguien ahí, detrás tuyo -inmediatamente el británico volteó, asustado, observando un enorme espejo con hermosos detalles de cobre en el marco.- Ah, es el reflejo del espejo, no deberías ponerte delante de uno en una videollamada.

-Idiota.

-En serio, pareciera que sí hay algo atrás. Es raro, no veo mi bello reflejo.

-Los espejos muestran la realidad, idiota.

La conversación vía telemática fue relativamente fluida, era raro conversar de forma tan distendida ellos solos, por lo general en espacios fuera de formalidad solo se insultaban y reprochaban rencores del pasado. Sin embargo, Inglaterra no se pudo quitar la sensación de que alguien lo observaba detrás de sí.

Y fue una sensación que lo acompañó durante todo el confinamiento. No sabía si se estaba volviendo loco o si la fiebre de sus ciudadanos le hacía sentir escalofríos cuando pasaba por ciertas partes del palacio. Curiosamente solo le pasaba en el de Buckingham; si por abecé motivo tenían que viajar a otro, la calma y la paz reinaban en su mente, por lo que deseaba estar en otros lugares reales; sin embargo, debido a sus funciones gubernamentales a lo más podía moverse del palacio al parlamento y viceversa. A veces pensaba que podría ser consecuencia del fallido hechizo hecho en abril, pero su mente racional lo calmaba diciendo que si no pudo terminarlo ni concentrar la energía, solo se disipó sin lograr ningún cambio.

Qué equivocado estaba.

Cómo si fuera la televisión, un joven pelirrojo observaba fijo el reflejo de un simple espejo, la diferencia es que si alguien extra estuviera ahí, lo vería mirando la nada, pues curiosamente el espejo no reflejaba nada, como un televisor apagado.

Sin embargo, mostraba algo fascinante.

Se podía ver un palacio esplendoroso, aunque algo anticuado. Era brillante, con muchas luces y pinturas antiguas. El joven sintió nostalgia, él alguna vez tuvo un palacio así de decorado y elegante, pero ahora solo tenía las paredes vacías y agrietadas, reflejando el deteriorado estado de la vivienda.

Si es que podía llamar vivienda a ese lugar apagado y frío.

Sentado en el suelo, miraba cada detalle que el espejo le entregaba; lo único que le desagradaba era ver esas cosas peludas de patas cortas correr con una mugrosa pelota mientras varios empleados los perseguían. Odiaba los perros, odiaba pensar cómo podrían ensuciar algo tan bello y cómo nadie hacía nada.

Lo que más curiosidad le daba era ver a un hombre con la curiosa similitud de poseer las mismas cejas, cuando lo encontró lo seguía por horas a través de diversos espejos. Sorpresa mayúscula se llevó cuando se enteró que se llamaban igual.

-¿Descubriste un mundo paralelo? ¡Interesante! ¿Puedo verlo? ¿Le contaste a los demás? ¡Al fin te resulta un hechizo! Pensaba que no había magia en este cuerpito.

-Calma, Escocia querido -interrumpió la efusividad de su hermano, quien estaba realmente emocionado, dando rápidos movimientos de brazos mientras hablaba.- Yo no quise nada, solo vi eso raro en el Palacio de Buckingham. Sabes que, mh, la magia no es lo mío -expresó con temor, pues recordar a esos malditos bichos mágicos que lo acosaban le causaban profundo terror.

-¡Le contaré a Gales! Se emocionará cuando lo vea, ¿y qué tal es tu otro yo? ¡Dime que viste a mi otro yo!

-No, querido, solo vi a ese otro Inglaterra, y se viste horroroso.

Escocia lo miró de pies a cabeza con lentitud, incomodando al pecoso.

-Es que bueno, Iggy, tu estilo es… mh… -¿cómo decírselo en buenas palabras?- No, no, espera, no llor…

Demasiado tarde, su hermanito salió corriendo de su casa llorando a mares. Soltó un suspiro, primero se había quedado sin conocer ese maravilloso portal y, por otro, sabía que si Inglaterra se sentía ofendido le llegaría una caja llena de cupcakes venenosos, o planearía otra venganza para hacerle pagar. Se frotó la mejilla, recordando cuando su hermanito se la cortó con un filoso cuchillo después de reprocharle lo malagradecido que era con las hadas.

Soltó un suspiro mientras susurraba "en fin, otro día será".

-Yo solo quería contarle a Escocia -susurró en medio de sollozos, mientras colocaba nueva masa de cupcake en los moldes.- Él sabe más de eso y yo no sé qué hacer ¿Deberé hablarle a Gales? No -negó con su cabeza al tiempo que colocaba el molde en el horno.- De seguro Escocia ya le contó, especialmente lo último.

Quiso cocinar otra tanda para sentirse mejor, pero no pudo evitar sollozar durante toda la preparación de unos cupcakes de zanahoria.

-Y bien -dijo para sí, llevándose a la boca un delicioso muffin de chocolate sin veneno.- ¿Qué tienes hoy para mí? Por lo que entiendo, están con una… ¿cómo era? mh era con p, pero no recuerdo -se elevó de hombros, restándole importancia-. En fin, se muere la gente y tú te preocupas, no sé porqué la verdad -rió suavecito.- Tienes riqueza todavía, si yo tan solo pudiera acceder a ella -tocó el espejo, deseando poder atravesarlo y volver a revivir sus tiempos de glorioso imperio, pero solo sintió el frío del espejo.

Enojado, lanzó una de las pocas tazas que le quedaban, de la forzosa venta que había tenido que hacer para pagar en algo sus deudas, la cual se quebró en miles de pedacitos. Sus ojos irradiaban rencor, rabia, frustración, aversión y melancolía, entre otros.

-¿Cómo -susurró tenebrosamente- puedo cruzar a tu mundo y arrebatarte todo tu oro?