.. Título:
El Otro Lado del Espejo ..
.. Capítulo 2:
Responsabilidad ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
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Notas: Situación temporal: imaginemos que el
capi 51 no existe. Y tampoco CoS. Imaginemos que todo ha vuelto a la
normalidad, Ed tiene sus extremidades y Al su cuerpo, y todos
volvieron a Rizembul, donde construyeron una casita para ellos y blah
blah. Ed sigue siendo alquimista nacional, pero (como se verá
más adelante) la licencia le será retirada al ser
encarcelado, mientras que Alphonse tiene sus habilidades alquímicas,
pero no pertenece a los militares. Ah, y Pinako murió por su
avanzada edad. Más o menos, se sitúa así.
Advertencias: Un poco de palabras malsonantes. Onegai,
soportenlo.
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Observé las nubes grises invadir el cielo con pesadez. ¿Podrían ver lo que había dentro de aquel cuarto? ¿Sentirían pena por eso?
Estaba sentado junto a la ventana, intentando fingir que detrás mía no había nada, mantieniendo la mente en blanco y la mirada en el cielo tormentoso. Llovería, estaba seguro. El cielo lloraría por ella, yo no tenía lágrimas.
Y es que lo primero era lo primero, y ya no podía arrepentirme de nada.
La mezcla celeste de colores era fascinante, oscilaban entre el blanco y el gris oscuro dándoles forma y sin permitir que un solo rayo de luz penetrase por ellos. Sí, la tormenta sería increíble, pero ella no lo vería. Odiaba las tormentas, ¿podría aquello considerarse un favor?
Me sorprendí pensando tan fríamente, pero era como estaba actuando todo el tiempo. Recordé el cuchillo, la sangre, la mirada de horror, los gritos. Me sentía pegajoso por su líquido vital, esparcido por toda mi ropa por haberla colocado en un lugar más cómodo, habiendo intentado ocultar su cuerpo en un primer momento. Pero había cambiado de idea, lo único que faltaba era darle un poco de tiempo al tiempo... Y luego completaría el plan.
Siempre me consideré, interiormente, un maldito cobarde, e irónicamente, en ese momento ,no recordaba siquiera lo que era el miedo. Era tamaña mi determinación que era imposible preocuparse.
Me miré las manos, completamente teñidas de un rojo que me las resecaba y me hacía sentir como si mi propia piel se desprendiese de mis extremidades. Pasé un dedo sobre la palma de mi mano contraria, dibujando con la sangre alguna cosa indescifrable y, cuando reaccioné sobre aquello, sentí náuseas de estar jugando con la sangre de la víctima.
Bueno, ciertamente, estaba preocupado por él. ¿Estaría en casa tranquilo o habría salido a pasear? Mi dulce hermano... No podía permitir que ella te hiciese más daño. Las medidas fueron exageradamente drásticas, pero no había vuelta atrás.
Me puse en pie y eché un último a las nubes antes de iniciar un sendero hasta el teléfono. Lo descolgué e hice girar la ruedecilla de los números, cambiando su pintura blanca por una roja. Cuando retiré la mano, observé el aspecto siniestro que adquirió el aparato y fruncí el ceño.
- Oficina del Führer, buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?- respondió la amable telefonista, cuya voz reconocí como la de su secretaria.
- Necesito hablar urgentemente con él.
- En estos momentos se encuentra muy ocupado... ¿solicitó usted una conferencia telefónica con anterioridad?
- Oiga, es MUY urgente. Dígale que se ponga, por favor.
- ¿Podría identificarse?
- Soy el alquimista Fullmetal y acabo de matar a una persona.
El silencio se apoderó de la conversación y luego la muchacha del otro lado de la línea rió.
- Oh, señor Fullmetal, ¡qué gracioso es usted! Pero como ya le he dich...
- No es ninguna broma, acabo de apuñalar a Winry Rockbell, estoy en su casa y el suelo está manchado de sangre. Informe al Führer.
Acto seguido colgué, sintiendo haberme manchado la oreja y parte de la mejilla. Ciertamente, a mí también me parecía una broma, pero si giraba ligeramente la cabeza hacia mi izquierda recordaría que no era así. No quise mirarla, me sentía mareado cuando lo hacía y verificaba que su rostro estaba demasiado pálido y sus ojos azules permanecían abiertos mostrando horror, conservando la última lágrima que pudo crear y que lentamente se secaba. Su vestido blanco había dejado de serlo y se endurecía con la sustancia roja que un rato antes había emergido de ella.
De pronto comencé a temblar sin razón aparente, mis manos se congelaron y sólo quería abrazarme a mí mismo.
Fui consciente de lo que estaba haciendo y me entró el pánico. No me iría de allí, daría la cara aunque se me cayese a pedazos de vergüenza, pero estaba muy, muy asustado. Tenía frío y comencé a llorar.
- Lo siento...- dije una y otra vez- Lo siento, lo siento...
Los militares llegaron una o dos horas después. Habían venido muchos, como si fuese un psicópata que planeaba matarlos. El Führer me miraba fijamente mientras un soldado anclaba mis muñecas con aquellas incómodas, dolorosamente apretadas y frías esposas. Detrás de él estaba Mustang, que me miraba con decepción y enfado. Y también con duda. No se atrevía a pensar que yo sería capaz de algo así.
"¿Acaso yo sí?"- me pregunté- "Y aquí me tienes."
Cuando pasé junto a él, a empujones del soldado, me asestó un puñetazo en la mejilla. Yo miré fijamente las esposas y continué caminando con la mirada gacha, sin pretender hacer ruido para no perturbar más el sueño eterno de Winry.
Salir fue lo peor de todo. Me tropecé de bruces con la mirada rencorosa y cargada de odio del pueblo entero cuando vieron el estado de mi ropa, mis manos, mi cara, aunque traté de ignorarla. En mis oídos resonó su voz quebrada concentrando en una sola palabra.
Alphonse... Lo siento, lo siento, lo siento tanto... No me mires, por favor, no veas a dónde me llevan, no llores por favor.
Hawkeye lo detuvo y agradecí que no llegase a mí, aunque tenía frío y necesitaba su calor. No podía consentir que se ensuciase con la sangre, no. No podía consentir que se ensuciase conmigo, con un pecador.
- Ya todo está bien, Al.- así que no llores, hermano, no llores. No está mamá para enjuagar tus lágrimas, tampoco la abuela Pinako. Lamento mucho dejarte solo pero es mi deber. No llores, no llores maldita sea.
Me empujaron hacia un furgón policial, donde se acomodaron varios soldados armados para vigilarme. Pero yo no pensaba escapar, no señor. Yo iba a asumir las consecuencias de aquello como era mi obligación.
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Un edificio grande y gris. Muy grande y muy gris. Y frío, muy, muy frío. Parecía como si las corrientes de aire se concentrasen en la entrada, donde se encontraba el joven Alphonse, indeciso por si entrar o no.
Cruzó el abrigo en su pecho y aprovechó para abrazarse a sí mismo, añorando un calor que parecía haberse esfumado. Aquel lugar le daba frío y miedo. Era por la mañana temprano, pero el sol no aparecía. Continuaba muy nublado, muy gris, como aquel edificio, como aquel día. Dio un paso adelante y volvió a detenerse. Volver otro día no era opción. Entrar o no. Dio un segundo paso, y luego un tercero, decidido a entrar sin estar del todo convencido de ello.
Un hombre vestido de militar lo atendió en una especie de mostrador tras un cristal, probablemente sellado anti-alquimia y resistente a los impactos. Aquel caballero le indicó que debía depositar allí todas las pertenencias que llevaba encima y el chico de ojos pardos obedeció sin rechistar. Luego le hizo firmar unos impresos, alegando que aquellas pocas cosas eran suyas y que venía de visita. Después llamó a otro hombre para que lo acompañase a la sala de visitas.
Se sentía totalmente cohibido, asustado, caminando tras aquel militar de cara extremadamente seria y rígida. Atravesaron un largo pasillo con al menos tres puertas de rejas que sólo podía abrir con un gran manojo de llaves que llevaba. Vio que cada una de ellas llevaba un círculo de transmutación distinto, lo que significaba que aquellas rejas también estaban selladas contra alquimia.
La cárcel de alquimistas no era ni mucho menos acogedora ni siquiera para los visitantes, y eso lo hacía sentir nervioso. Finalmente llegaron a una angosta sala con una especie de mesa alargada que separaba la estancia en dos, con su debida reja, seguramente sellada también. El militar de mirada hostil le indicó que tomase uno de los asientos libres de la zona de visitantes y que esperase y, de nuevo, Al obedeció. Observó las condiciones tan miserables del lugar, con grietas y marcas de humedad por las paredes, el suelo sucio y un olor fétido penetrante. Vio que había dos o tres visitantes más charlando animadamente con presos, pero todo en susurros. Junto a las puertas de ambos recintos, un militar vigilaba con una rigidez que turbaba al pequeño alquimista, que se encogía como podía en la mugrosa silla.
No tuvo que esperar mucho hasta que su hermano apareció por la puerta del otro espacio, casi arrastrado por un soldado, vestido con un uniforme gris de preso. Sus ojos dorados se iluminaron de alegría al ver a su hermano allí, y luego tomaron una expresión triste y desvió la mirada hacia el suelo mientras tomaba asiento. Un silencio se formó entre los dos, mirando con atención ambos las esposas que portaba Ed.
- ¿Cómo estás, niisan?- Al rompió el silencio, realmente preocupado.
- ¿Por qué has venido?- rebatió el mayor, con un tono molesto.
- Estaba preocupado por ti. No dejo de pensar en ello y... estoy seguro de que ha sido un error. Así que podrás salir de aquí en cuanto...
- Cállate, Al.- espetó el rubio alquimista, con sus fieros ojos color oro brillando de rabia- No ha sido ningún error. Yo maté a Winry y yo debo pagar las consecuencias. No busques falsos culpables. Acéptalo: ¡tu hermano mayor es un criminal que no merece que tus ojos lo vuelvan a mirar!
- ¡No digas estupideces, niisan! ¡Yo sé que eso no es cierto!
Ambos guardaron silencio cuando se dieron cuenta de que estaban alzando la voz en demasía. Las plateadas y brillantes esposas volvieron a ser el centro de atención y, para Al, también las marcas que le provocaban a su hermano en las muñecas. La nostalgia lo golpeó con saña cuando recordó el feliz momento tras la transmutación final. Pudo recuperar su cuerpo y su hermano sus extremidades, y cuando se dieron cuenta se habían abrazado.
"¿Todo para esto?"- se preguntó el menor- "¿Para que sus manos estén atadas y mi cuerpo sufra?"
- ¿Qué tal es... esto, niisan?- curioseó, sólo por cambiar de tema, por saber de él.
- Esto es una mierda, Al. La comida es escasa y horrible; la gente de aquí dentro es lo peor, tanto reclusos como militares; los baños son comunes y debemos ducharnos todos a la vez con agua fría y debes tener cuidado de que no se te caiga el jabón, porque si te inclinas para recogerlo alguno de los otros perdedores te rompe el culo.
Tanto desprecio, veneno, en las palabras de su hermano asustaron al muchacho de tristes ojos pardos mientras escuchaba a su hermano protestar.
- Tenemos que hacer ejercicio todos los días y, aunque no sea un problema, esta gentuza te hace cada segundo imposible y para más colmo mi compañero de celda es homosexual, no me deja dormir tranquilo y me atormenta con que, en cuanto me descuide, me hará "su hombre". Es horrible, hace tres noches que no duermo y apenas como. Las horas en las que podemos salir al patio son horrorosas, los imbéciles que por aquí rondan no hacen más que llamarme 'enano' todo el tiempo...
Vio cómo Al esbozaba una sonrisa divertida ante el comentario y fingió molestarse. Por un momento les pareció volver a ser dos hermanos normales, molestándose el uno al otro, riendo, siendo felices...
- Odio esto, Al. Lo odio, pero este es mi lugar. Así que prométeme que no harás nada por sacarme de aquí.
El menor se vio obligado a prometer y jurar por su difunta madre con la mano derecha posada en la verja a modo de juramento, gesto aprovechado por Ed para imitarlo y establecer un vago contacto con su calor humano que tanto extrañaba. Y acto seguido el vigilante del recinto de Ed obligó a todos los presos que recibían visita a retirarse. Edward se levantó pesadamente, y sólo así Al pudo apreciar lo escuálido y pálido que estaba, con aquellas ojeras que le asomaban bajo los ojos. Se entristeció.
- Volveré la semana que viene.- anunció el menor.
- No lo hagas.- replicó el mayor, sabiendo que su pequeño hermano no le haría caso.
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Notas de Autora: En el siguiente capítulo, Edward recibirá la visita de Roy, otro ente como Alphonse que piensa que todo esto es un error... Entre otros sucesos y flashbacks en primera persona.
Muchas gracias a las personas que me dejaron review!
Maria
Caridad: o.oU la pregunta está contestada de sobra,
¿no? Ed mató a Winry. n.n ojalá te siga
gustando. Arigato!
Mara: Pues no te creas, no hay
tantos (qué porcentaje de esos pocos será mío?
o.o...). Me alegro de que te gusten mis fics! Eso sí me hace
ilusión n.n por cierto, la maldita página cortó
el review? Gracias por reviewar!
Anfitrite Aquarius: Después de tantas ansias de matar a Winry en varios fics pensé en cómo sería si tuviesen que asumir el debido castigo. Y, de ahí (y de las clases de sociología) salió el fic. Tus dudas están respondidas en las notas del principio, si tienes mas dudas no vaciles en preguntar y encantada te respondere n.n En cuanto a las mentiras, Edward y Alphonse de por sí son falsos, siempre ocultan cómo se sienten. No se abren. Aquí pasará lo mismo, pero decir más es spoil nxn Arigato por el review!
Hanasaki: Quiero leer ese fic (8) Como ya dije, este fic no tiene pairing (pero, eh, me cuesta MUCHO no hacerlo elricest!), aunque, como ya te dije, no admitire que este fic tenga pareja (eso corre por cuenta vuestra xD). Arigato gozaimasu por el review!
Kayter: Te agradezco el titulo pero es que esto se supone que no tiene pairing xD Eh... Al menos, no intencionado pero es que me sale solo! ToT que culpa tengo yo? como discipula? tu estas segura de eso? mira que no te hara bien en el cerebro xDD Sera que yo le tngo mas mania a la rubia que nadie? A saber xD Arigato!
Nos leemos en el siguiente capítulo!
Annie-chan Diethel
"I'm here without you, baby, but you still with me in my dreams..."
