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Título: El Otro Lado del Espejo ..
.. Capítulo
3: Debilidad ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
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Advertencias Un poco de palabras malsonantes. Onegai,
soportenlo ..
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Deambulaba por la casa sin saber qué hacer. De un lado a otro, nervioso. No hacía más que pensar en blanco, sin siquiera ser capaz de centrarse en lo que había pasado, la situación actual o lo que sería de ellos a partir de entonces.
Todavía podía escuchar en su cabeza el sonido de cristales rotos que producía el desmembramiento total de los últimos vestigios de familia que le quedaban. Sentía el miedo que le producía la mano fría de la soledad al acunarlo en la oscuridad. Voces lejanas, tenues pero insistentes se reproducían en su mente, atadas a un millón de imágenes por segundo que le producían una jaqueca insoportable.
Quería ayudar a su hermano pero, ¿cómo? Se había negado a escuchar sus proposiciones gracias a su habitual tendencia a cargar con los pecados a la espalda aunque aquello le partiese la columna o lo enviase a la tumba.
¿Por qué? ¿Qué necesidad tenía de encerrarse en una celda y no querer salir?
La imagen del cadáver de su amiga le azotó los recuerdos como un látigo de espinas, violentamente, marcándolo, obligándolo a sentarse para no perder el equilibrio y caer al suelo. Apoyó con pesadez la cabeza en el respaldo del sofá, cansado a causa de la notoria falta de sueño, de la sensación pegajosa de impotencia pero, sobre todo, a causa del miedo y la incertidumbre.
Antes de caer dormido, maldijo al idiota de su hermano mientras una lágima dolida le acariciaba la mejilla.
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"Sus gritos comenzaban a volverme loco.
Eran como un zumbido intermitente en mi cabeza, palabras en voz demasiado alta y sin coherencia, sólo palabras.
Llegué a la casa y estaba llorando en aquel sillón verde, con las manos cubriéndole el rostro, maldiciendo su vida y su suerte. Una y otra vez repetías las mismas palabras, gritándolas y llorando. Taladrando mis tímpanos hasta el punto de llegar a ser desquiciante.
¿Qué te dolía más? ¿La muerte de Tita Pinako, la falta de trabajo del taller y la consecuente escasez económica, el agobiante espacio de esta casa tan grande?
¿O acaso era porque quería ser libre y no quería pertenecerte?
Estabas furiosa por eso, declaraste tus sentimientos abiertamente y fuiste rechazada, y ahora debía soportar tu rabieta. Se sumaban cosas dolorosas en tu vida y no podías hacerte con el control de ellas, te estabas desesperando, y tus gritos llevaron la discusión por otro rumbo.
Me golpeabas, y yo no hacía nada por detenerte. Gritabas nombres, pedías perdón, despotricabas maldiciones... Gastabas tus fuerzas en golpear mi pecho una y otra vez.
Luego, la hoja brillante y plateada del cuchillo resplandeció bajo la luz de la lámpara. No recuerdo de dónde salió, pero me puso nervioso de tal manera que el forcejeo fue brutal.
Luego, tus gritos cesaron y volví a la realidad...
¿Cómo podía haber pasado aquello? Nadie quería...
Pero fue inútil, inútil...
Había tratado de evitarlo pero...
La estancia quedó en absoluto silencio, como si el sonido no hubiese sido más que una fantasía. Y, de repente, la escalofriante tranquilidad súbita del ambiente se partió cuando de tu boca salió un gemido intentando respirar sin resultado, y el sonido seco que produjo tu cuerpo al desplomarse en el suelo.
Los gritos resonaban en mis oídos con tanta insistencia que tuve que apretarlos con fuerza con las manos, y no pude evitar gritar como un perro. Tus ojos vidriosos me miraban desde el suelo, ya rojo por tu sangre, como si estuvieses viva.
Por un momento, cruzó en mi mente la opción de tratar de salvarte.
Pero luego me di cuenta de que no era lo mejor."
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La sala gris y angosta estaba muy sucia. Telas de araña decoraban las esquinas del techo mientras sus dueñas se columpiaban de ellas o se paseaban alegremente por las paredes. Se fijó en una de ellas: era pequeña, no más grande que una piedrecita del camino, pero sus patas eran largas y finas como hilos. Pensó que quizá se sentirían atraídas por la humedad que derramaban las paredes y que le hacía la espalda añicos. Oyó el sonido de pequeñas patitas correr: seguramente, un ratón se paseaba por allí como si fuese su casa, sin darle demasiada importancia a su presencia.
Posó la mirada en las esposas que le anclaban las muñecas con fuerza y que le dibujaban una profunda marca roja en ellas, delineando un bonito contorno que dolía. Vio que la cadena que las unía caía sobre la mesa blanca llena de surcos, como si fuese la serpiente que se muerde la cola del ouroboros. Bostezó aburrido y se desperezó, tratando de encontrar una posición más cómoda en la silla de madera dura e incómoda. Se concentró en las voluminosas manchas del suelo mientras su estómago y la totalidad de su cuerpo se quejaba con ansias.
Edward Elric esperaba pacientemente la visita de un oficial. Preguntó varias veces de quién se trataba, pero nadie allí parecía escucharle, por lo que se cuestionó seriamente por vigésima vez aquel día si había sido buena idea entregarse. Las esposas le hacían daño y no se las aflojaban nunca, como si pretendiese huir o algo. Cuándo entenderían que no pensaba hacerlo… Suspiró. Al menos hacía veinte minutos que esperaba el interrogatorio en aquel mugroso lugar. De haber tenido el reloj de plata, lo hubiese sabido con certeza. Mas la licencia le había sido evidentemente retirada, y con ella el reloj. Y no le importaba.
De pronto, una puerta se abrió y entró por ella el Coronel Roy Mustang con aspecto agrio, seguido de su inseparable Riza Hawkeye y de un vigilante armado que cerró la puerta tras de sí, cuadrándose después frente a ella con cara seria.
Roy se acercó a Edward con paso rápido y firme, y le asestó un puñetazo en la mejilla con toda la rabia del alma. El rubio no dijo nada, no trató de esquivarlo, y tardó unos segundos en abrir los ojos de nuevo e incitar al Coronel para que le diese otro.
- ¡¿Por qué haces esto!- rugió Roy, después de golpear nuevamente al que ya no era el Alquimista Fullmetal.
El reo quedó en silencio, no respondió y simplemente miró fijamente al adulto a los ojos. Luego desvió la vista hacia la suciedad del suelo una vez más, con una mal disimulada expresión de angustia. Se tocó la mejilla con una de las manos esposadas y comprendió que se le hincharía. Cerró los ojos con fuerza, tratando de conservar un ápice de serenidad a cambio de toda su cordura. Roy esperaba impaciente una respuesta que tardó unos minutos en llegar.
- Yo la maté.
Aquellas tres simples palabras cayeron como una losa sobre la cabeza del hombre moreno y su compañera, quien no decía nada. Se acercó Mustang al rubio y lo agarró por el uniforme de preso, obligándolo a establecer de nuevo el contacto visual.
- ¡Mientes! ¡Estás mintiendo por alguna razón! ¡No has sido capaz de asesinar a tu mejor amiga como si tal cosa! ¡No has podido!
- Estás paranoico... Tú me viste allí. Sabes que soy un asesino...
- ¡Cállate! ¡No te creo! ¿Qué ocultas, Ed? ¿Qué ocurre?
Mas no recibió respuesta. Edward volvía a convertir a la araña de la pared en su centro de atención, como si el tema no le incumbiese, pero perceptiblemente impactado.
- ¿Vas a... sacarme de aquí?- preguntó por fin, con el tono vacío de sorna.
- No a menos que me expliques qué pasó realmente.
- Ya sabes qué ha ocurrido, ¿qué quieres oír?- en ese momento, Roy fue el que calló- Maté a Winry Rockbell por mi propia voluntad. ¿Qué te ocurre? ¿Aún te reconcome la conciencia la muerte de sus padres? ¿Crees que alguien me ordenó hacerlo como ocurrió contigo? ¡Pues te equivocas! ¡La mandé con ellos porque quise!
Recibió otro golpe, que sólo sirvió para interrumpir lo que al moreno le sabía a veneno sonoro. La estancia volvió a sumirse en el silencio.
- Voy a demostrar que eres inocente.
- No lo soy, imbécil. Este es mi lugar.
- Si no estuviera convencido de que algo falla en esta historia, te creería.
- Se me va a hinchar la cara por tu culpa, gilipollas.
- A ver si así decides ser sincero conmigo, microbio.
Roy Mustang y Riza Hawkeye abandonaron la sala gris y angosta mientras el vigilante sujetaba a la bestia que emergía del rubio alquimista ante la mención de su estatura.
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Notas de Autora: En el siguiente capítulo, desenlace.
Muchas gracias a las personas que me dejaron review! Nos leemos en el siguiente capítulo!
Annie-chan Diethel
"My heart is a battlefield…"
