Dos capítulos en un día, para que veáis como va a desarrollarse la trama. Este capítulo es aun más corto que el anterior (...), pero es que si ponía éste junto al tercero no encajaba bien.
Espero que os guste.
Disclaimer: Obviamente, todo lo que os suene pertenece a la gran Rumiko Takahashi.
Capítulo 2. ¿Sesshomaru?
"Han pasado cuatro días. Me siento… culpable… Por dejar que Kagome estuviera a punto de morir… Otra vez…"
Inu-Yasha estaba tumbado en una esterilla dentro de la vieja cabaña donde tiempo atrás también le encerraron por su bien. Podía ver el cielo estrellado a través de un ventanuco. Nadie diría que ese cielo brillante había observado tristezas y engaños, mentiras y sobornos, guerras y muerte…Que en esa época podían suceder miles de cosas que en el futuro apenas serían meros recuerdos, que todo desaparecía y sería sustituido por elementos extraños…
- ¡Hola! – saludó Kagome, entrando con alegría.
- ¿Por qué estás tan contenta? – preguntó, de malhumor.
- No seas así, Inu-Yasha. Alegra esa cara.
- Oye… ¿De verdad estás bien?
- Sí… - pero su cara mentía, cruzada por una doloroso corte en la mejilla, causado por alguno de los monstruos.
Estuvieron un rato hablando.
Sango y Kirara ya habían vuelto, pero desgraciadamente el significado de la roca seguía siendo todo un misterio, no había nada en claro, y el motivo de que hubieran ido allí era de que corría un rumor: "la roca azulada cuyo contenido revela el secreto oculto de la piedra de las cuatro almas está junto al origen de los monstruos." Consiguieron descubrir que ese "origen" era dónde nació Naraku, así que fueron a la cueva de Onigumo, y un escrito escondido les guió hasta la montaña.
Horas después, la Luna vagaba por el cielo y todos dormían, excepto Inu-Yasha. Salió afuera, caminando despacio por encima de la hierba, cuyo color se oscurecía a medida que avanzaba la noche. Sus heridas seguían imposibilitándole estar seguro. Era consciente de que si fuera un humano estaría muerto, y por eso estaba preocupado por los demás. Estaban heridos, sí, y mucho, pero no se habían quejado ni una sola vez. Y todo era su culpa… Hacía casi dos semanas que había escuchado donde estaba la verdadera guarida de Naraku, y fue allí con todos a regañadientes, ya que habían querido acompañarle tanto sí quisiera como sí no. Inu-Yasha lo persiguió incansablemente durante una larga semana, pero Naraku sólo huía. En esos siete días nadie lo abandonó. Kagome, Miroku, Sango, Shippo y Kirara. Todos permanecieron a su lado, mas Naraku se cansó de ser encontrado una y otra vez, y envió a muchos esbirros a luchar contra ellos.
Ese era el motivo de que ahora estuvieran allí, cansados, manchados de sangre. "Y para rematar, ese mal nacido de Sesshomaru fue a matarme como un cobarde… ¡Maldito desgraciado!", pensó, con ira, y dio un puñetazo con todas sus fuerzas a un árbol. Notó el dolor punzante en sus manos. Ciertamente, le dolía todo el cuerpo.
Poco después, su desarrollado sentido del olfato le advirtió de la presencia de Sesshomaru, mezclada con sangre. Dudó entre correr en su busca y desgarrarle o avisar a los otros. "Puedo perfectamente con Sesshomaru…" Y echó a correr. Lo que no sabía es que Kagome lo estaba mirando, y saldría detrás de él enseguida.
- ¡¡Sesshomaru¡Sal de tu escondite…!
Inu-Yasha calló de repente. Sesshomaru, su hermano demonio, avanzaba penosamente mientras iba dejando un hilo de sangre.
- ¿Sesshomaru? – preguntó con incredulidad.
- Inu-Yasha… Vete antes de que mate… - murmuró. Jaken no estaba por ningún lado, ni tampoco Rin.
- ¡¿Qué?! – soltó una carcajada – Eres tú el qué va a morir¡mírate!... ¿Qué te ha pasado?
- A ti no te importa… - Sesshomaru tosió; seguía avanzando a un paso tan lento que no parecía él. De pronto se detuvo y miró a Inu-Yasha con frialdad – Si no quieres que termine de rematarte, vete…
- ¡¡Te mataré, Sesshomaru¡¡Garras de acero!!
Saltó dispuesto a terminar con la vida de ese demonio que tanto odiaba, pero Sesshomaru bloqueó el ataque y lo empujó.
- Veo que sigues débil y tan lento como siempre.
- ¡Maldito…!
- ¡¡Inu-Yasha!! – gritó una voz femenina.
El hanyou se giró y vio a Kagome, casi sin aire, después de correr lo más rápido que pudo.
- ¡Kagome¿Qué diablos haces aquí?
- No… puedes… matarle…– dijo, tomando aire entre palabra y palabra.
- ¿¡Por qué no¡Intentó matarte!
- Está muy herido…
Inu-Yasha chasqueó la lengua y se cruzó de brazos.
- Vaya, vaya… - Sesshomaru cada vez hablaba con voz más baja – Sigues siendo un inútil medio-demonio dominado por una humana. Que… patético…
Sesshomaru se alzó cuán largo era, con la dignidad y la elegancia propia de él. Se mantuvo firme unos instantes, sin cambiar su expresión, hasta que sus esfuerzos se agotaron y perdió la conciencia.
