¡Hola! Para gusto mío esta historia ha recibido varios reviews en los últimos meses. Así que al ver su interés por la misma, me dispuse a retomar este abandonado fic. Espero que disfruten el cap. Gracias por los revs a:
Nekot
H.Fanel.K
Nadeshda Vyacheslav
May
Runa
Antes de continuar me gustaría decirles que: ¡Lo logré! ¡Felicidades a mí! xD Por ser capaz de actualizar todos y cada uno de los fics de mi cuenta n.n. Bueno debo irme si pretendo terminar Cuenta Regresiva antes de navidad. Disfruten el cap.
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Sentido
Por Addanight
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A veces sentidos opuestos,
No pueden evitar llevar la misma dirección.
Addanight
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Capítulo 2: Compañía
Los sonidos de la noche son guiados por el viento a través de las calles de la bella y bulliciosa ciudad de Japón. Las horas se aproximan a las fronteras del nuevo día y aunque la gran mayoría se encuentra descansando apaciblemente, no todos gozan de dicho privilegio. Las personas duermen tranquilamente, ajenas a los sucesos que hace tan sólo unas horas, tuvieron lugar en un pequeño departamento a las afueras de la ciudad oriental. Tan sólo las estrellas habían sido testigos de la inusual batalla que había tenido lugar en aquel sitio.
Sin embargo, a poco menos de dos horas del acontecimiento, aquel departamento parecía ajeno a lo que en su interior había ocurrido. El suelo, antes rociado por trozos de vidrio y cristal, se encontraba inmaculado. Ahora incluso parecía brillar. Los muebles que horas antes yacían en el piso sin orden alguno, habían sido regresados a su original posición. Y de los destrozados elementos, ya no quedaba rastro alguno en aquella habitación.
"Al fin" se dijo un joven peliazul mirando satisfecho su trabajo. Como un último detalle, aquel hombre terminó de colocar las pequeñas plantitas a lo largo de aquel lugar.
"Debo estar demente." Mencionó el mayor de los Kinomiya al analizar sus pasadas acciones. Luego de tantos años de búsqueda, Hitoshi había dado con el paradero de Brooklyn Masefield. Después de que el chico cayera inconciente, y a sabiendas de que el pelinaranja no despertaría pronto, Hiro se había dispuesto a tomar un breve receso. Descanso que nunca tomó, ya que al vislumbrar el estado en el que se encontraba aquel hogar, desechó totalmente la idea y decidió poner un poco de orden.
Quizá dormir hubiese sido lo más sensato considerando la hora que era, pero el chico sabía que no dormiría por dos motivos: el primero, era que deseaba estar al pendiente de Brooklyn; y el segundo, que no tenía la menor duda de que le sería imposible descansar mientras sus alrededores estuvieran regidos por el desastre. No cabía duda que Hitoshi estaba obsesionado con la limpieza, pero no podían culparlo. Luego de vivir con gente tan desordenada como lo eran su padre y Takao, era natural que el terminase siendo un maniático de la limpieza.
Con su misión ya culminada. El apuesto entrenador decidió adentrarse a la habitación en que se encontraba su protegido. Por varios minutos tan sólo le observó dormir desde el marco de la puerta. La situación le parecía tan irreal. Ni por un segundo había cesado su búsqueda, pero el mayor de los Kinomiya había comenzado a creer que moriría sin ser capaz de encontrar a aquel excepcional joven al que alguna vez había tenido la dicha de entrenar.
Quizá había hecho mal en perseguir al prodigio a lo largo del mundo por los pasados años, pero no había podido evitarlo. Todos creían que lo había hecho porque el señor Dickenson se lo había encomendado. Él mismo les había explicado a sus conocidos que la cabeza de la BBA se había negado a que él hiciera otra cosa que no fuera buscar al pelinaranja. Claro que dicha declaración distaba mucho de la verdad.
Dos años atrás, Stanley Dickenson había concluido que la búsqueda era en vano, y que no tenía caso que su mejor agente perdiera el tiempo en ella. Pero para sorpresa del anciano, el entrenador Kinomiya se había negado rotundamente a abandonar su misión. Poco sabía Dickenson del motivo que había llevado al peliazul a tomar aquella decisión, sin embargo, no había día que Hitoshi no pensara en ello. Y sin que lo deseara. El joven ojirojo se adentró en sus recuerdos. En aquellos días que con tanto cariño atesoraba en su memoria. El torneo Justice Five.
Era un día como cualquier otro, en el que el entrenador estaba sumamente sumido en sus pensamientos. El motivo de su lealtad a Bega rondaba por su mente. Que Takao se hiciera más fuerte… Eso les había dicho a todos. Pero sabía que no era verdad. La única razón por la que se había quedado era porque el joven prodigio, miembro del equipo, le intrigaba. Le confundía a un grado que simplemente no era normal. El joven parecía saberlo todo. Y él siendo un entrenador y por lo tanto, un maestro, no lo comprendía. Siempre había algo por aprender, y él encontraría que ofrecerle al enigmático chico de ojos azul verde. Ese era su reto.
El muchacho era tranquilo y amable. Parecía un chico sin muchas complicaciones y que se tomaba la vida con sencillez. Eso era lo que el mundo pensaba. Porque para Hitoshi, eso no era más que una mentira. Desde la primera vez que le había visto, había entendido que su mirada gritaba. Que le suplicaba que le salvara. Pero ¿De qué? Algo estaba terriblemente mal con esos ojos que prácticamente agonizaban de dolor. Aquel rostro resplandecía siempre de alegría, y sin embargo, si se le observaba con cuidado, podía encontrarse la bien oculta melancolía que aquel ser emanaba.
Así había sido su interés por el joven Masefield en un principio: mera curiosidad. Pero lo que había comenzado como una simple duda, pronto se tornó en admiración. Brooklyn era simplemente único, tan especial que no podía creer que alguien como él fuese capaz de embonar en el mundo. Pronto se había dado cuenta que el chico era una pieza suelta, un elemento en el rompecabezas de la existencia que simplemente no poseía un espacio asignado. Quiso entenderlo, pero pronto descubrió que no era posible. Y sin embargo, un día, la respuesta había llegado a él como caída del cielo: al pelinaranja no necesitaba comprenderlo…
Un buen día, el entrenador había sido capaz de llamar la atención del pelinaranja. Había demostrado que tenía algo que enseñarle. Por muy pequeño que esto fuera. Fue así que el chico finalmente le había dejado acercarse. Masefield le anonadaba en todos los sentidos. Hitoshi hacía esfuerzos desesperados por siempre estar un paso adelante. Porque el alumno siempre regresaría al maestro, mientras este último aún tuviese algo que enseñarle. Pero sin darse cuenta, el profesor quedó prendado de su pupilo y un día simplemente no pudo resistirlo más. Fue así que la divina tragedia llegó tan sólo un día antes de la batalla entre Kai y Brooklyn.
Considerando que un entrenamiento estaba fuera de lugar, el mayor de los Kinomiya había llevado al ojiazulverde al patio a realizar una pequeña sesión de meditación. Y mientras, el chico de encantadora sonrisa buscaba la paz interior, Hiro sentía que ya no podía más. Que tenía que confesar que sus sentimientos hacia el chico estaban yendo más allá de lo debido. Un extraño cariño estaba surgiendo, y para su desgracia, no tenía como evitarlo. Maldito él por ser tan débil.
"Brooklyn" Había llamado el ojirojo al otro chico, al tiempo que tomaba asiento frente a él. Ambos jóvenes quedaron con tan sólo unos centímetros de por medio. El ojiazulverde miró a su entrenador esperando que le dijera el motivo por el que había roto su concentración, pero el otro permaneció en silencio. Segundos después, y sin ningún aviso, el mayor plantó un beso en los labios del otro. Un fugaz roce que fue suficiente para dejar en evidencia sus intenciones. Esperaba muchas reacciones después de su acción, pero ninguna fue la que obtuvo.
"¿Sabe entrenador? Cuando todo esto termine. Quizá podrías salir a cenar." Habían sido las palabras del chico de anaranjados cabellos. Y como ya era costumbre, el enigmático joven había dejado a su maestro sin palabras.
Ahí había terminado todo. Porque al día siguiente, la pelea se había salido de control. Todo había terminado terriblemente mal, pero lo peor es que Hitoshi lo había permitido; aún cuando había notado que el chico no estaba bien, que su pelea con Kai le había alterado. Su corazón le había gritado que debía poner un alto a la situación, pero no lo había hecho. Sin embargo, había pagado el precio justo, el chico de sus ojos había desaparecido tan pronto aquella batalla con su hermano había terminado.
Y ahora por fin lo tenía a su lado. El peliazul finalmente se decidió a entrar a la habitación tomando asiento en la cama a un costado del otro chico. Sus manos viajaron hacia su cabello y le acariciaron con delicadeza. Las anaranjadas hebras se movieron con los delicados roces, al tiempo que Hiro sonreía. Le encantaba ese cabello. La primera vez que le había visto, había sido de noche, y a causa de la falta de luz había pensado que Brooklyn era pelirrojo. Pero cuando pudo ver el sol iluminando aquel rostro, había descubierto que eran naranjas.
Fue hasta este momento, que Hitoshi recordó que debía hacer una llamada. Así que, sacando su celular de la bolsa de su pantalón, comenzó a marcar un muy conocido número. Sin desear alejarse del chico. El entrenador permaneció en su sitio, sin detener las caricias que le otorgaba al oji azulverde. Hiro continuó esperando hasta que alguien le contestó del otro lado de la línea.
"Lo encontré" Anunció antes que la otra persona pudiera decir algo.
"¿Qué?" Cuestionó la voz un tanto confundida.
"Dije que lo encontré." Dijo una vez más Hitoshi dejando que una sonrisa adornara su rostro.
"¿Y cómo está?" Preguntó aquella anciana voz entendiendo al fin de que le hablaban.
"Bien" Contestó el entrenador admirando el rostro de su alumno.
"Perfecto. Asegúrate de que las cosas sigan así." Ordenó el Señor Dickenson.
"Sí señor." Agregó Hitoshi aunque, en realidad, la orden recibida salía sobrando; él jamás permitiría que Brooklyn fuera lastimado…no de nuevo.
----- Cambio de POV -----
Unos intensos ojos me miran. Estoy seguro de que es él. La última vez que le vi fue antes de mi repentina huída después del último torneo de beyblade en que participé. Los seres de la zona oeste parecen llorar. Perladas lágrimas caen de sus mejillas. Sus miradas se fijan con melancolía en el dueño de aquellos ojos. Los seres sufren ante la terrible pérdida que se avecina. Quiero consolarlos, pero no se me ocurre qué decir. Después de todo, no puedo hacer nada. Aquel vivaz joven morirá. Lo único que puedo hacer es pedir que el chico sea feliz, al menos en lo que le queda de vida.
El agua cae incesantemente del cielo, pero no me moja. Después de todo, yo no estoy aquí, al menos no realmente. Soy tan sólo un espectador, un simple observador. No puedo actuar.
¿Por qué? ¿Cuál es el motivo por el que siento tanto dolor? No quiero. No deseo continuar viendo a ese chico morir. Detesto ver como los otros tres chicos lloran su pérdida. Tiene que haber una razón. Tiene que haberla. Necesito saber el motivo por el que esos jóvenes continúan infiltrándose en mis pensamientos. ¿Por qué yo? ¿Por qué soy yo quien ve esas imágenes? ¿Por qué el mundo me habla y me dice cosas que no debo ni quiero saber? ¿Por qué tengo que ser tan diferente al resto del mundo? ¿Por qué soy tan ajeno a esta realidad? ¿Por qué…? ¿Por qué no puedo morirme de una buena vez y terminar con todo?
----- Cambio de POV-----
El peliazul dio por terminada la llamada y continuó admirando al pelinaranja. Sin darse cuenta, el chico se acercó al rostro del otro y plantó un dulce beso en su frente. No hacía falta decir que lo que deseaba eran sus labios, pero no podía. No aún. Porque cuando el pudiera adueñarse por segunda vez de la boca de ese enigmático chico no sería a escondidas, sino cuando Brooklyn, en pleno uso de su conciencia, se lo permitiera. No había prisa. Tenía todo el tiempo del mundo para quedarse con el joven Masefield y eso era precisamente lo que Hiro planeaba hacer.
De pronto una extraña sensación inundó los sentidos del mayor de los Kinomiya. Sus rojizas orbes parecieron mirar con más atención los alrededores en tanto sus sentidos se concentraban. Esta atmósfera. Este aire se había presentado hacía ya algunos años, más de una vez, y recordaba perfectamente las circunstancias bajo las que lo había sentido. La primera ocasión, había sucedido justo antes de que se topara con el joven prodigio a quien ahora tenía el gusto de custodiar y la segunda… Poco tiempo antes de que el chico se marchara de su lado por tantos años. No. No lo iba a permitir. No. No. No y mil veces No. Fue entonces que la ventana de la habitación fue bruscamente abierta. Una mujer ingresó de inmediato a la habitación y fijó sus ojos en el cuadro frente a ella.
"¿Pero qué tenemos aquí?" Cuestionó la mujer en tanto Heero permanecía en silencio. Quizá su asombro tenía algo que ver con que la dama hubiera no sólo entrado por la ventana, sino que lo había hecho flotando.
"Déjalo en paz" Dijo esta vez un despierto Brooklyn a quien la sola presencia de la intrusa había sacado súbitamente de su descanso.
"Brooky, brooky, brooky. Creí que ya habías entendido que todo lo que se te acerca se muere." Mencionó la chica un tanto divertida.
"Él no tiene nada que ver en esto." Declaró Masefield temiendo por la vida de su entrenador.
"Cierto. Hazte a un lado para que Brooklyn y yo podamos terminar nuestros asuntos." Pidió la recién llegada, pero el ojirojo no se movió.
"De ningún modo." Fue la respuesta que dio antes de ponerse de pie frente al chico de cabello anarajado en un claro gesto de protección.
"Vaya. Al fin te conseguiste alguien con agallas. Por lo general, tus amigos ya te han abandonado para este punto." Agregó la mujer.
"Entrenador márchese. Por lo que más quiera." Suplicó el chico de orbes azul verde. Aquella persona era poderosa, ni siquiera él podía hacerle frente y sin duda sería incapaz de proteger a su maestro.
"Ya te dije que no voy a ir a ninguna parte." Afirmó Hitoshi.
"En ese caso, creo que tendré que deshacerme de ti." Declaró la intrusa acercándose amenazadoramente.
Con un gesto de sus manos las cosas en la habitación empezaron a volar hacia ellos, pero, antes de que les alcanzaran, los objetos se detuvieron gracias a la intervención de Brooklyn. Hitoshi estaba impactado. Siempre había creído que no había quien pudiese hacer frente a los poderes de su alumno. Pero esta mujer estaba demostrando lo contrario. La extraña dejó salir una cínica sonrisa antes de sacar algo de su bolsillo. De su puño cerrado comenzó a emanar una luz que causó una extraña reacción en el pelinaranja. El chico cayó de inmediato sobre sus rodillas, su mirada se volvió perdida y la conciencia del joven pareció esfumarse. Kinomiya se dirigió de inmediato hacia él.
No había que ser un genio para saber que lo que sea que la tipa esa le hubiera hecho al prodigio no podía ser bueno. El entrenador comenzó a avanzar con decisión hacia quien se había atrevido a atacar a su alumno. La agresora le miró expectativa. Pero cual fue su sorpresa al ver como aquel chico de galante porte se colocaba justo frente a ella y le lanzaba un puñetazo directo al rostro. La mujer se quedó helada por un momento. Nadie, jamás, había osado ponerle un dedo encima.
"No tienes idea de lo que acabas de hacer." Dijo molesta la agredida.
"Claro que lo sé. Acabo de golpear a una vieja y fea mal nacida." Agregó el apuesto entrenador. Estaba conciente que esta mujer podía matarlo, con el extraño poder que tenía, y que él no podría defenderse. Pero nada de eso importaba. Si la desconocida quería lastimar al ojiazulverde, tendría que pasar sobre su cadáver. Lástima que eso fuera precisamente, lo que nuestra visitante planeaba hacer.
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Notas de la Autora:
Jajaja, ya sé que me tardé como medio año o quizá más, pero lo importante es que al fin está aquí. Ahora tendré que ver como le hago para que esta historia alcance a la otra, porque Vínculo le lleva 11 caps de ventaja hehe. Qué risa. -.-U Pero no sé preocupen, que creo saber como remediarlo xD. Y antes de irnos, una aclaración. Para aquellos que también lean Vínculo, podrán notar que ambos fics comienzan en la misma fecha. La relación entre ambas historias no se las diré, dejaré que ustedes lo descubran. Aunque repito que pueden no leer Vínculo, porque al final esta historia tiene su propia trama aunque haga una que otra referencia a Vínculo. En fin.
Gracias por Leer
Cuídense
Addanight
