CAPÍTULO # 5

Yoshiko se fue rápido a su casa para arreglarse. Al llegar, vio que su mamá le había dejado un montón de papeles amarillos en el refrigerador con recados telefónicos, pues contestadora y todo, le encantaba hacer resúmenes de las llamadas que recibían.

"A ver… mmm… Kondo, Hisashi, Susumu y Oda llamaron para decirme lo de esta noche, Machiko llegó hoy y Sanae llamó para encargarme a su marido hoy, jejeje, la única autorizada para bailar con él soy yo…" Agarró el teléfono y llamó a los Ozora.

Aló, buenas noches.

Hola Sanae, habla Yoshiko,

Hola Yoshiko, te llamé y no llegaste todavía.

¿En serio no vas a ir esta noche?

Si tuviera 10 kilos menos te juro que voy, pero aparte estoy un poco indispuesta.

¿Tsubasa va a ir?

Sí, y me lo c-u-i-d-a-s.

Pero ¿no hay problema en que te quedes sola?

No, el médico nos dijo que puede que haya fallado en calcular la fecha y que no hay peligro esta semana más. ¿Le digo que vaya a recogerte de tu casa? Así no llegan solos.

Claro, y dile que se ponga lindo, porque no salgo con adefesios, y menos casados.

Uy, entonces mejor voy a ayudarle… Yo le aviso, nos vemos pronto, Yoshiko. (N.d.l.A.- ¿Notaron la ropa con que Yoichi viste a los pobres de civil? Qué barbaridad…)

Chau Sanae, te lo devuelvo entero.

¡Más te vale!

Yoshiko decidió ir preciosa a la reunión, quería que la vieran hermosa después de tanto tiempo y, por qué no, impresionarlos, pero ella sabía que había otra razón más fuerte por la que se arreglaba tanto: Kumi no podía estar más bonita que ella. Empezó a vestirse, peinarse, maquillarse, (N.d.l.A.- Aquí cada una se imagina cómo quiere que vaya, pero con la condición de que quede "despampanante") y justo cuando se ponía su perfume especial sonó el timbre. Yoshiko se encontró con un sonriente Ishisaki en la puerta.

¡Hola Ryo! Saco mi cartera y nos vamos.

A Ishisaki no se lo borró la sonrisa hasta que escuchó la voz de Yukari desde el auto.

Eh, Ryo¿por qué te quedaste parado ahí como tonto?

Cuando salió Yoshiko la pregunta se respondió sola. Tsubasa estaba manejando la nueva vagoneta familiar que habían comprado por el bebé, Taro iba a su lado (lindo, como siempre), Yukari y Ryo atrás. Todo el auto se impresionó, estaba hermosa.

Así que sacando la maquinaria pesada, Yoshiko – Tsubasa se vengó por toda la tarde de tortura.

Es que ustedes no entienden de otra manera, querido capitán.

Los chicos en el auto se miraron, y coincidieron al decir "Es cierto, aj�, sí, tiene razón". Yukari la saludó cariñosamente, y Taro le preguntó por los del equipo, habían estado juntos en el Furano por alguno de los viajes de su padre, y quería saber qué había sido de la vida de su antigua compañera. Lo que más extrañó a Yoshiko fue que haya sido el único en todo el tiempo que estaba en Japón que no le había preguntado por Matsuyama… sintió deseos de abrazarlo hasta ahogarlo, y agradeció el resto del auto, que seguramente le había advertido que no dijera una palabra del asunto (claro, ellos le contaron todo).

Se encontraron con un montón de gente al legar al punto de encuentro, habían caras conocidas que no veían hacía mucho tiempo, entonces tomaron la primera media hora para saludar y esperar a los que faltaban. Obviamente nuestra protagonista era admirada por todos los chicos de la reunión, aunque no lo aceptaran. Era un alivio que Kumi no aparecía por ahí, pero un apena ya que el novio se había quedado con ella. Igual, el esfuerzo no fue en vano, porque hasta el engreído de Wakabayashi le estaba hablando muy amablemente. (Hay que conseguir su perfume¿no?)

Como ya nadie más daba señas de llegar, se fueron todos a una discoteca en la que podían entrar todos… no era tan mala, y pudieron bailar desde que llegaron. A pesar de las ganas, nadie se animaba a sacar a bailar a Yoshiko, la pobre ya tenía el estigma de "ex - novia" en la frente, hasta que el bueno de Tsubasa se acercó y le dijo:

Señorita, no la engaño, estoy casado, pero la estoy viendo desde que llegó al auto y quisiera bailar con Usted – la miró levemente inclinado hacia ella, con un ademán caballeroso exagerado.

¡Pero ya puedes hablar con una chica! Si la pobre de Sanae se entera que Yoshiko logró en una hora lo que a ella le costó como 10 años… - el comentario de Ryo provocó la risa de todo el que había escuchado.

Pero claro, gentil señor, si sus intenciones no son indecorosas, con gusto bailaré con Usted – Yoshiko se paró y fueron a la pista.

Mientras bailaban ella no podía evitar buscar con la mirada a Hikaru. Tsubasa se dio cuenta, y trataba de distraerla, ella se sentía más triste con cada hora que pasaba.

Matsuyama no vino al final.

No, pero no deberías estar así. – Tsubasa trataba de consolarla.

Tienes razón, después de todo, si le hubiera importado algo, me buscaría¿no?

Sí, Yoshiko, tal vez es hora de olvidar. Aparte noté que Taro te estaba hablando muy interesado… - eran recursos extremos de consuelo, pero había algo cierto en eso.

No molestes… además tengo uno esperándome all�, con todo esto, voy a decirle que salgamos.

Uuuuuuuuuuuh… Yoshiko… no nos habías contado de esas tus habilidades… uuh…- los ojos de Tsubasa la miraban picaronamente.

Vamos, te invito un trago por buena gente…

Se tomaron de la mano "para no perderse" y fueron a la barra. Se pidieron las bebidas con los nombres más raros que vieron en el menú, y se sentaron con vasos gigantes de mil colores y paragüitas. Hacía tiempo que ella no se sentía tan bien con un amigo, se decepcionó de los hombres y se alejaba de ellos, pero la compañía de Tsubasa era muy agradable. La salida no fue tan mala, al final. (Para los mal pensados, no me vengan con que "entre un hombre y una mujer no puede haber amistad, alguno se confunde"). Estaba cuidando muy bien al marido de su amiga. Taro se acercó a ellos lentamente, y con un intento de mirada sexy le dijo a Yoshiko.

Hola.

Pero que elocuente… - se burló Tsubasa al ver a su amigo en tan exótica situación.

Está bien, Tsubasa, está intentando conquistarme – Yoshiko siguió a su amigo.

Ay ya, mejor me siento… qué están tomando – Taro se rindió.

Los nombres más raros, y estamos viendo si los colores de las paredes empiezan a chorrearse.

Me uno.

¡Señor! – Llamó Tsubasa - ¿Nos trae un … – el pedido fue interrumpido por una llamada.

Yoshiko decidió hacer un movimiento, agarró el menú, se apoyó en la barra, miró a Taro, y justo cuando estaba por usar la voz más sexy que tenía, Tsubasa pálido gritó.

�¡Sanae está en el hospital!

�¡Qué?

�¡No me llamó antes porque todo fue muy rápido¡Nos tenemos que ir!

�¡Vamos ahora¡Quién maneja rápido!

¡Pero yo manejo! – Tsubasa gritó desesperado, al borde de la histeria.

�¡Eres un nabo al volante¡Encuéntrenme en la puerta en cinco (minutos)!

Taro agarró su chamarra y se perdió en el mar de gente. Sanae hizo lo mismo con Tsubasa y lo llevó a la salida mientras que Taro interrumpió descaradamente una conquista de Wakabayashi.

Taro – le preguntó obviamente molesto - �¿Se puede saber qué haces!

¡Es Sanaeestáenelhospitalllamóhace cinco minutoshayque ir porque estáaapuntodedara luz ysu maridito estáconnosotros sin saberqué hacer y esunnabo y hayqueir volando! – dijo Taro tan rápido que obviamente Wakabayashi no entendió.

¿Qué? – preguntó con cara de haber escuchado español.

Se resignó a no saber nada y correr tras Taro, por suerte alcanzó a coger todas sus cosas… "Qué bonita era esa chica, ojalá que esto valga la pena, si no lo mato" Encontraron a Tsubasa histérico y a Yoshiko en la puerta, los cuatro corrieron al auto de Tsubasa, lo metieron en el asiento de atrás y le dieron las llaves del auto a Genzo.

¡Manej�! – le gritó Taro al ver que se quedó parado sin hacer nada, extrañado.

�¿PERO QUÉ PASA?

¡Es Sanaeestáenelhospitalllamóhace cinco minutoshayque ir porque estáaapuntodedara luz ysu maridito estáconnosotros sin saberqué hacer y esunnabo y hayqueir volando!– repitió Taro.

Otra vez se quedó sin entender, pero fue hábilmente empujado al asiento del conductor por un caderazo.

¡Estamos yendo al hospital! Es Sanae, llamó y dijo que está allá y que ya está en trabajo de parto – Yoshiko le explicó por fin, mientras Genzo encendía el auto.

¡PERO POR QUÉ NO ME DIJERON ANTES!

Llegaron en tiempo récord para el tráfico de Tokio, pasando por calles totalmente ilegales y desconocidas, dando curvas que parecían de montaña rusa y rebasando autos sacando chispas. Corrieron al primer mostrador que vieron y le gritaron los cuatro a la recepcionista preguntando por Sanae. Una enfermera tomó a Tsubasa del brazo, los otros tres sólo atinaron a perseguirlos en silencio, hasta que les cerraron la puerta en las narices antes de entrar a un cuarto. Se miraron aliviados, la familia ya estaba completa, y se sentaron a descansar en unas bancas que había cerca de donde pararon. Yoshiko se tiró al asiento, nerviosa más que cansada, cerró los ojos y respiró. Los chicos seguían parados.

Creo que voy por unos refrescos¿Quieren algo? – Wakabayashi por fin rompió el silencio.

Sí, cualquier líquido, gracias – a los jugadores la tensión emocional y nerviosa, aparte de la carrera, los había agotado, a Yoshiko la había reducido a un despojo de chica. "Tengo que ir al gimnasio", pensó, mientras veía al arquero alejarse.

Se quedaron sentados si hablar por un buen tiempo, hasta que los teléfonos de Taro y a Wakabayashi. empezaron a sonar. Todos querían saber por qué los dos amigos habían casi escapado de la reunión y por qué el desgraciado malddddiiitttttto de Tsubasa y la fácil de Yoshiko (dicho todo esto con acento prusiano) habían desaparecido misteriosamente solos… Dadas las explicaciones pertinentes, escuchadas las risitas nerviosas de los chismosos y recibidas las disculpas del caso, empezaron a llegar las personas que estaban en la reunión a la media hora. Ahora el nacimiento del primer hijo de los Ozora se había convertido en todo un acontecimiento para el fútbol japonés. Más de una hora después que llegaron, Tsubasa salió triunfal del cuarto, con una sonrisa de media luna, casi gritando:

¡Es un niño¡Tengo un hijo!

Para sorpresa suya, ese momento recibió 42 abrazos y el doble de felicitaciones, sin contar con el aplauso inconsciente que dio la mayoría al escuchar la noticia. No entraron a verlos, tenían que descansar, así que Tsubasa se despidió de todos, hasta llegar a sus tres compañeros de aventura.

¿No quieren quedarse? Supongo que Sanae ya va a estar mejor.

No, no queremos incomodar – dijo Wakabayashi, como siempre, correcto y calculador.

¡Yo quiero ver al bebé! – fue Taro y no Yoshiko el que gritó esto.

Y yo lo apoyo, sólo un ratito.

Entraron a ver a Sanae cuando ya estaba instalada en su cuarto, y vieron a Hayate y Sanae abrazados. El pequeño estaba envuelto con una mantita celeste con ositos (como una empanada), y su mamá lo acariciaba. Tsubasa miraba embelesado la escena desde la puerta. Taro, Yoshiko y Genzo abrazaron Sanae, vieron al bebé, y se fueron rápido, sabían que tenían que dejar a la familia disfrutar a su nuevo integrante solos.