CAPÍTULO # 6
Un par de días después, Yoshiko fue al hospital a ver a Sanae y al bebé. Había tardado toda una mañana buscando el regalo perfecto, y por la indecisión llegó como la versión femenina y delgada de Papa Noel por la puerta del cuarto de Sanae, con los regalos tapándole toda la cara. Escuchó la voz de Yayoi:
Por fin apareces, Yoshiko, ya nadie sabía dónde estabas.
La familia, Yayoi, la familia… ¡Hola Sanae¿Cómo te sientes ya?
Molida, no siento las piernas, odio a Tsubasa, pero bien. – las tres rieron, a Sanae ya le había vuelto el sentido del humor…
¿Y el pequeño?
Está en la cunita, acá a mi lado, ven a verlo.
El niño dormía plácidamente, y su mamá no podía estar más feliz.
¿Y dónde está Tsubasa?
Los chicos lo llevaron a bañarse…
Por lo visto no se fue del hospital
Si hubieras estado acá – interrumpió Yayoi – hubieras dicho "Por lo olido"… A Tsubasa le escoció la oreja, como cada vez que las tres hablaban de él.
Se quedaron hablando y abriendo regalos gran parte de la tarde, hasta que a Yoshiko le tocó el tercer turno de búsqueda de comida chatarra en el hospital. Caminó buen rato para variar la comida de las dos anteriores rondas, y volvía al cuarto cargada de comida en los brazos cuando se le cayó una bolsa de papas al emocionarse por ver una máquina de comida paquistaní embolsada. Pensó en los más absurdos malabarismos para recogerla sin hacer caer las seis latas de gaseosas variadas que tenía, aparte de los dulces, las galletas y la manzana (hay que balancear las comidas¡por favor!), y cuando estaba a punto de poner en acción la menos ridícula de ellas, la bolsa apareció misteriosamente en sus brazos, y más misteriosamente aún, con Matsuyama tras ella, soltándola.
Gra… gracias. – desgraciado… ¿tenía que ser tan lindo? La sonrisa casi le llenaba la cara, y el cerquillo le quedaba tan bien… como siempre.
Hola Yoshiko.
Hola Matsuyama.
¿Hay mucha gente con Sanae?
Yoshiko se sonrojó con el comentario, realmente parecía que tenía comida como para entretener por lo menos a todo el Furano.
No – rió – Estamos sólo Yayoi y yo con Sanae.
¿Te ayudo? – Hikaru tomó un montón de bolsas antes de que ella reaccionara.
Sí… gracias.
Hikaru se había puesto frente a ella para agarrar las cosas, y en el equilibrismo que hacían para no hacer caer más cosas, él la miró a los ojos. Yoshiko no podía resistir esa mirada, y sabía que si no hacía algo se echaría a llorar y a reclamar todo lo que había hecho (y lo que no había hecho, claro).
¿Y tu novia?
Él entendió la indirecta y retiró la mirada.
Kumi no pudo venir, pero vendrá mañana con Yukari… va a haber una reunión de mánagers del Nankatsu.
Ah, pero qué encantador – Yoshiko no podía disimular el sarcasmo en el tono de su voz – la saludas de mi parte.
No se dijeron más. Caminaron hasta el cuarto de Sanae sin decir palabra, y no pasaron ni quince minutos hasta que ella diera la excusa más ridícula para irse.
Sí, … este… es que la verdad cuando salí mi mamá se puso pálida, y mejor me voy para ver si está bien o le pasó algo…
Bueno – dijo Matsuyama – te llevo, porque yo también tengo que irme
"Decidido el muchacho" pensó Yayoi.
No, gracias, no quiero desviarte del camino, aparte que estoy cerca, y no hay problema.
No no, no te preocupes, no es ningún problema.
¿Y no te tienes que ir tú también, Yayoi? – Yoshiko le lanzó la mirada más amenazadora de la tarde.
¿Yo? No, para nada, tengo que seguir chismeando con Sanae, Jun vendrá en un rato más y me iré con él, no te preocupes, cielo. – Yayoi usaba ese tonito meloso que le encantaba usar cuando quería hacer sufrir a Yoshiko.
Bueno, vamos.
Se despidieron de las chicas y el bebé, y se fueron. No sabían qué decirse, así que optaron por no decir nada, para evitar comentarios absurdos o demasiado forzados. Llegaron al auto, Matsuyama le abrió la puerta y entraron, pero incluso después de que terminara de ajustarse el cinturón de seguridad, él, no encendía el auto. Yoshiko espero "pacientemente" tres minutos, hasta que por fin formó una frase completa en reemplazo de los monosílabos y sonidos onomatopéyicos con los que se comunicaron en el camino:
¿Y¿Estás bien o me bajo? Porque así de raro no creo que me puedas llevar hasta mi casa. Mejor es que dejemos de tratar de ser amables con el otro frente a la gente, así no tenemos que ponernos en estas situaciones…
Matsuyama no respondía. Veía hacia el infinito con las manos en el volante, apoyado en el respaldar y sin mover un solo músculo. Yoshiko movió la cabeza, como negando.
¿Ve, capitán? – le reprochó – No tienes nada más que decirme, no sé que hago aquí ahora si ni me miras.
Ella tomó su bolso y salió del auto. Se agachó desde afuera y volvió hablar, sentía como si el sello de seguridad de su boca se había roto con la caminata y quería gritarle todo:
Gracias por dejarme sola, capitán, la próxima vez no ofrezca cosas que no pueda cumplir.
Tiró la puerta del auto y se alejó dando grandes y furiosos pasos. Matsuyama ni se había movido del auto, cosa que hacía enojar más a Yoshiko, que esperaba ser inmediatamente perseguida (mejor si casi de rodillas) por un humillado y arrepentido Hikaru. Una cuadra después empezó a llover. "¡LO QUE FALTABA!" pensó mientras buscaba un paraguas en su cartera (siempre tenía uno esas épocas por si acaso, para defenderse de Japón lluvioso)
ESTÚPIDO MATSUYAMA, ESTÚPIDA LLUVIA Y ESTÚPIDA YO POR HABERME OLVIDADO DEL PARAGUAS – gritó al no encontrarlo en el bolsillo de siempre.
Se sintió atraída súbitamente hacia la carretera, no podía ver nada entre las gotas-chorros de lluvia, pero dejó de gritar cuando vio que era Matsuyama quien la había jalado de la mano hasta su auto.
Te vas a resfriar si sigues así, ven, vamos, no te enojes.
�¿Qué no me enoje! – Yoshiko se calló para no insultarlo en tres idiomas. Lo único que se escuchaba en el auto era el sonido de la lluvia cayendo y el limpiaparabrisas peleando con ella para que Hikaru pudiera ver un poco. Nuestra mojada Yoshiko miraba hacia la ventana, ofendida en el alma por la actitud que él tomó antes, igual¿para qué la había recogido si "ya" estaba mojada?– oye, ya casi estamos en mi casa¿cómo diablos sabes la dirección si yo no te la di nunc…?
Lo que tú no sabes es que conozco tu casa de memoria, siempre iba y voy a visitar a tus papás– buena movida de parte de Matsuyama.
¿Y para qué?
Para hablar… cuando estábamos juntos y todavía escribías, iba seguido a verlos y a hablar de ti y de mí, no sé, siempre me trataron muy bien y fue como tener algo conocido en Tokio, sabes que no conocía a nadie cuando llegué, pero después empecé a tener amigos, ya no supe de ti, las visitas, pues, se hicieron más escasas, pero siempre vine. Tu mamá hace comida riquísima.
Al decir esto Hikaru parqueó el auto en la puerta de edificio y se volteó a ver a Yoshiko sonriendo, ella seguía viendo a la ventana hasta que sintió la mano de Hikaru arreglándole el cabello, poniéndolo tras la oreja.
¿No me vas a hablar?
No.
Ya me hablaste.
Un "no" no es "hablar".
¿Y ahora? Sabes que por lo menos me quieres gritar¿Por qué te portas así?
No sé que les pasa a ustedes con las preguntas estúpidas… - Yoshiko abrió la puerta y salió del auto– la respuesta es tan obvia… no sé qué tienes en la cabeza. Gracias por traerme.
¡Esper�! Te acompaño, tengo un paraguas – Hikaru salió del auto con el paraguas abierto ya, y acompañó a Yoshiko por la vereda hasta la puerta del edificio.
¿Qué quieres hacer? Y estás mojado, ven, así ves a tus mejores amigos, tomas algo caliente y te presto una chompa.
Claro, gracias. – Hikaru mantenía la frescura, como si todo estuviera saliendo a pedir de boca.
Subieron al ascensor, Yoshiko agradeció al cielo que una viejita, la vecina, subiera con ellos. Llegaron al piso de sus padres y bajaron, cuando la mamá de Yoshiko vio a Matsuyama casi tumba a su hija para llegar a él y recibirlo con un abrazo y un gran beso.
¡HIJO¿Hace cuánto que no te veo? Tiene que ocurrir un milagro para que vengas… qué barbaridad, ven, pasa, te estás enfriando ahí, mojado.
"Sí, claro" – refunfuñaba Yoshiko – "Yo estoy chorreando, pero no… el hijo pródigo acaba de llegar… ni con ella gano"
Gracias, pero no se moleste, por favor…
¿Desde cuándo me "usteas", Hikaru querido? Sabes que esta es tu casa… - la mamá de Yoshiko se deshacía en cariños, por lo visto la ogra era Yoshiko, por haberlo dejado.
"Trrrrrraidorrrrrrrrrrrra" – el acento prusiano volvía, con los ojos entrecerrados.
Señora Fujisawa, está usted tan guapa como la recuerdo
"Chupameeeediasssss"
Ay no exageres… ¡parece que quisieras ganarte a la suegra! – No, mala frase, los tres se miraron y la señora no sabía dónde meter la cabeza – uy, perdón, es que los veo y se me olvida que ya no están juntos – peor, en vez de arreglar la situación, la embarraba más y más – noooo… cómo son los recuerdos, pero bueno, ustedes ya saben lo que hacen, y-o n-o me meto – Los dos chicos se pusieron muy incómodos esta vez, y para salvarla, la señora le dijo a Hikaru que se cambiara de ropa en el cuarto de Yoshiko, así la que traía puesta se seca y se la devuelven, no vaya a ser que se resfríe.
¿Y yo?
Tú no eres la invitada, además, ya sabes dónde está todo.
Mmmm… - le salió un gruñido visceral.
Yoshiko fue al baño, al pasar notó que el infeliz de Matsuyama había dejado la puerta abierta… y ella, claro, tuvo que ver la hermosa espalda que tenía, y el bello cuello… y hasta la bella nuca. Más bien sólo era la polera, porque si no, ella no se iba a controlar más con él (es humana la chica, y él está bueno).
Fue al baño a ponerse un pijama para dar la indirecta de "tengo sueño, vete" a Matsuyama, pero cuando salió él ya estaba sentado hablando con su mam�, tomando chocolate caliente y aceptando la invitación para quedarse a dormir.
