CAPÍTULO # 7

El sofá cama de la sala estaba ahora muy bien acomodado, así que cuando Matsuyama regresó después de guardar su auto en el garaje del edificio, tenía todo listo para dormir. La señora Fujisawa lo vio bien acostado y se fue a dormir, con Yoshiko marchando por delante. Ella llegó a su cuarto con un nudo, esta vez en la panza, y se acostó. Se revolcó en la cama sin poder dormir como una hora, hasta que decidió curar su insomnio con un gran vaso de leche. Se levantó y fue a la cocina, al pasar cerca de Hikaru se quedó parada, como tonta, viéndolo. Sacudió la cabeza, como para despertar y siguió su camino. Se sirvió leche en otros 15 minutos, no quería volver a dormir, si por ella fuera, se acurrucaba entre los almohadones y le servía de frazada, pero no. Al fin se resignó a ponerse fuerte y caminó lento hacia su cuarto, esperando que él se despertara o algo, pero dormía como una roca y lo único que se veía era un bulto en medio de la sala, moviéndose con el ritmo de su respiración. Se encogió de hombros con resignación y siguió adelante. Cuatro pasos y medio después sintió que la acorralaban contra la pared y le tapaban la boca, subió la mirada y vio la cara de Matsuyama delante la suya, con un gesto de "Sssssh" con el dedo. Ella se calló, hipnotizada y dejó que él la guiara.

Sabes que tenemos que hablar – le dijo él, después de cerrar la puerta de la cocina – sabes que estamos mal y que tenemos que hablar.

Pero qué más quieres decir, yo ya entendí todo.

Primero dime por qué no me escribiste más.

Porque tú dejaste de responder.

No, tú ya no respondías.

Te mandaba cartas todas las semanas, los martes, y seguí como 3 meses después de que ya no me respondiste, pero no, una se cansa de ser imbécil – se apoyó en un mueble y cruzó los brazos.

Yo te escribía, y tengo testigos, porque, y lamento meterla en la charla, Kumi mandaba las respuestas cada vez que yo no podía, por las clases o los entrenamientos, en las mañanas. Respondía yo en la noche y ella recogía las cartas después para mandarlas en las mañanas - ¡oh! Grave error.

Mmm… así que Kumi te ayudaba y estaba contigo todo el tiempo…- sospechó algo de la pequeña alzada de Kumi.

Sí, ella me apoyaba.

¿Y por qué no me llamabas?

Nunca te encontraba, y sabes cómo es eso de llamar a algo inseguro, tú sabes bien eso.

Excusas, excusas… �¡al menos debiste decir que estabas con ella!

�¿PARA qué! Para mí tú elegiste salir de mi vida, no pensé que volverías.

Por fin Hikaru había empezado a perder la paciencia, no sabía como explicar a esta terca lo que le había pasado. Tal vez realmente ya no funcionaría, tal vez sí se gastó lo que tenían, si ni siquiera se podían entender hablando así. Se miraron con tristeza, ya no había por qué seguir discutiendo.

Creo que esto es todo entonces.

Pero ni siquiera hemos dejado nada claro, Yoshiko, por qué te portas así, como si no te importara.

No es que no me importe, Hikaru, pero creo que ya no hay nada por hacer.

Yoshiko bajó la cabeza y se adelantó para salir de la cocina, pero con ella el capitán nunca se rendiría. La agarró por la cintura y la abrazó hasta quedar bien cerca de su boca, sin besarla (qué martirio por un beso¿no?). Yoshiko no podía quitar los ojos de sus labios, no podía estar tan cerca sin besarlo, pero más bien ella no dio el primer paso (no sé qué más esperaba) y sintió la boca de Matsuyama en la suya, en un beso desesperado y tan conocido. Sintieron los dos las manos del otro en la espalda, como reconociendo lo que tanto tiempo no tocaron y tanto extrañaban. Estuvieron en una locura de hacer caer platos, vasos y cubiertos de la mesa un rato, sin saber dónde terminar de apoyarse. El papá de Yoshiko escuchó la bulla.

�¿Qué pasa! Despertá… - le dice a su esposa, mientras piensa y analiza la situación lo más seriamente que la salida repentina de su octavo sueño le permite – oye¿no será un ladrón?

No no no… - dijo la señora Fujisawa con fingido fastidio, tenía que disimular – debe ser el gato comiendo algo en la mesa, ya va a pasar, no es nada.

Sí, cierto, el gato… - se dio la vuelta para seguir durmiendo, ya tranquilo. La señora respiró aliviada cuando escuchó los ronquidos de su esposo a su lado. Media hora después, el señor Fujisawa abrió los ojos como iluminado, diciéndose: "¿Y desde cuándo nosotros tenemos un gato?"

Yoshiko, en medio de la magia que sentía al estar así con Matsuyama después de tanto tiempo, razonó acerca de lo que pasaba, no quería que mañana él se haga al loco y se olvide de lo que pasó, podría ser que esto era el resultado de las ganas puras y no de algo que sentían, podía ser que este porquería estaba pensando en Kumi mientras la besaba, podía ser, podía ser cualquier cosa, entonces la inseguridad hizo que soltara a Matsuyama, lo empujara y saliera disparada a su cuarto, se encerrara con tres llaves y dos candados y se tapara la cara con las sábanas, como si fueran un escudo. Escuchó unos pasos y luego la manija de su cuarto moviéndose, pero no hizo nada. Hikaru se rindió pronto, le ponía nervioso la cercanía del cuarto de sus "suegros", de hecho, había sido todo un atrevimiento hacer lo que hicieron un rato atrás, pero con ella no podía. Fue a la cocina, ordenó el desastre (no muy grande…) que hicieron y se fue a dormir.

Al día siguiente, Yoshiko se despertó temprano para hablar bien con él de lo que había pasado, fue a la sala y encontró sólo el sofá-cama arreglado, con las almohadas encima de las frazadas dobladas a un lado, Matsuyama se había ido. Su mamá entró a la sala tras ella, la reprobó con la mirada por lo que sospechaba pasó en la noche en su mismísima casa y que escucharon los mismísimos oídos que la tierra se va a tragar, pero no pudo decirle nada al verla tan triste. Desayunaron las dos solas, sin decir nada, y Yoshiko salió para llorarle/contarle lo que pasó a Yayoi, a Machiko, a Sanae… tenía que compartir todo lo que tenía en la cabeza con alguienasí tal vez no se sienta tan fuerte. Fue caminando a la casa de Yayoi pateando piedras, y al llegar, su amiga, al verla al borde de la lágrima, le hizo entrar directamente a su cuarto para que nadie las viera. Después de conseguirle una jarra de agua y una caja de pañuelos, empezaron a hablar.

No sabes lo que me pasó, Yayoi, no sabes, soy una estúpida.

¿Pero qué pasó?

Es que fue una imbecilidad, una ridiculez, en serio, yo no me entiendo – snif.

¿Ayer¿Pero qué hiciste?

No, es que no me controlo y no me controlo – empezaron las lágrimas – ¡y por eso me va así!

�¿Pero qué te pasó! – ya se desesperó, se moría de ganas de saber lo que le pasó, apostaba que era algo con Matsuyama, imaginaba "lo peor".

Es que ayer Matsuyama fue a mi casa y…

�¿Fue a tu casa!

Sí, y mi mamá le dijo que se quedara a dormir…

�¿Que se quedara a dormir!

Sí, y entonces un rato de ésos yo fui a la cocina…

�¿Fuiste a la cocina!

Ya¿vas a repetir todo lo que digo o me vas a dejar contarte todo tranquila?

¡Es la emoción! Dale, contame – tuvo que aguantar las ganas de jalarle el cabello por malvada.

Y peleamos un rato, y… y luego me besó, y yo lo besé ¡Y NOS BESAMOS! Y así… pasó.

¿Y ENTONCES VOLVIERON?

No.

Y… ¿no hiciste algo "indebido" con él?– dijo esto con un acento de monja de convento de claustro que ni ella se creía.

Igual, un beso, dormir con él… no sé, en las dos cosas se entrega algo, por más beso simple que sea o noche loca, no sé, pero no te preocupes, no pasó a más, pero para qué, el beso estuvo buenísimo.

Aaaaaaaaaaay Yoshiko… ¿y ahora¿en qué quedaron?

En nada, quería hablarle esta mañana pero el muy cobarde ya se había ido.

Algo habrá pasado para que se vaya así.

No.

Yoshiko…

Bueno, deje de besarlo y luego me encerré en mi cuarto y no le dije nada más en toda la noche.

¡Ja…¿Ves?

Pero no era para que se vaya así…

Sí era, y ¿sabes qué? Él se animó a ir hasta tu casa, deberías hacer algo.

Otra vez el cuento de "hacer algo", pero¿y si esta vez tenían razón? Aparte que lo de Kumi estaba medio raro. "Pensándolo bien – dijo para sí con cara de estar mirando el infinito y más allá – por ahí tengo que hacer algo… y no tengo qué más hacer en vacaciones".

¿Sabes qué, Yayoi? Esta vez voy a hacer algo.

Por fin, querida, tienes que dejar esa tu timidez.

Sí… ahora voy a averiguar cómo diablos Kumi terminó Matsuyama.