CAPÍTULO # 10

Yoshiko tomó la mano de Genzo, que había soltado en el intento de golpe, y fueron a la pista. Había que aceptar que hacían buena pareja y que Yoshiko tenía que empezar a considerar seriamente la opción de olvidarse de Matsuyama. Genzo saludaba a mucha gente en el camino, mientras Yoshiko buscaba un lugar cómodo y al encontrarlo, empezaron a bailar. Genzo exhibió el talento que tenía escondido: la manera en que agarraba la cintura, porque como bailarín era malo… al principio. Después, los dos fueron sintiéndose más cómodos juntos, y empezaron a incluso divertirse. Matsuyama entró, para su mala suerte, en el momento en que mejor bailaban. Al verlos sintió una punzada general, porque los dos se sonreían un poco más que amablemente al bailar. Yoshiko estaba hermosa, como siempre había estado ella para él, pero esta vez no se arregló para impresionarlo. Ese instante sintió también que la perdía. Kumi no se dio cuenta de la cara con que su novio veía a la ex bailando con su amigo porque las buenas de Sanae y Yayoi la habían interceptado e improvisado una charla interesantísima acerca de lo rápido que avanzaba la biología molecular con la nueva tecnología que iba apareciendo en el campo de la ciencia… es decir, habían hecho magia. Por un oportuno carraspeo de Misugi, Hikaru se dio cuenta de lo obvio que se veía, cambió inmediatamente de cara y llevó a Kumi a su mesa. Estuvo sentado 10 minutos interminables, hasta que a Genzo y Yoshiko se les ocurrió volver a su lugar. Sorprendentemente, Yoshiko sólo los saludó de lejos y se puso a charlar con Genzo. El ego de Hikaru exigía a gritos que haga algo, eso era una burla declarada.

Kumi, tengo que ir al patio un rato, quiero respirar.

Te acompaño, corazón.

No, gracias, quedate hablando con Yukari tranquila, voy solo.

¿Seguro?

Claro – se paró de la mesa y le dio un beso ligero en la boca a Kumi, para no levantar sospechas.

En el balcón, solo, apoyado en el barandado con los brazos y mirando las luces de la ciudad (todo melancólico), pensaba en la manera más apropiada de acercarse a Yoshiko sin poner en aprietos a Kumi y a Genzo. Un rato después Jun le dio un golpecito en la espalda para despertarlo y hablar con él.

Así que Genzo cumplió su palabra… - dijo, sin mirarlo.

Pensé que era una exageración, Hikaru, no pensé que haría algo así.

Pues sí… uno cree conocer a alguien y sale con una de estas… - respondió sin disimular lo molesto que estaba con el arquero.

¡Pero por qué te quejas! Yo no te entiendo, tienes novia, no sabes qué hacer con Yoshiko y te enojas porque alguien la invita a salir – Misugi trataba de defender a Genzo - ¿querías realmente que ella espere a que te de la gana de invitarla a salir o hablar de volver?

Matsuyama se dio la vuelta, se apoyó en el barandado, cruzó los brazos y miró el salón lleno de gente. No hablaba porque sabía que su amigo tenía razón. Genzo y Yoshiko aparecían y desaparecían en el movimiento de la gente, habían salido a bailar otra vez. Misugi se dio la vuelta a hablarle, se notaba que Hikaru estaba molesto por todo y tal vez se le había pasado la mano.

Matsuyama¿sabe…s…

No terminó la frase porque Matsuyama ya no estaba.

Genzo aprovechó la buena racha bailarina y sacó a bailar a Yoshiko una canción que le encantaba. Ya bailaban muchísimo mejor, hasta intercambiaban frases completas por 5 minutos sin pisarse. Yoshiko le sonreía, coqueta, se sentía muy bien con él y se notaba que él también con ella. Genzo paró de repente.

Genzo – le decía Matsuyama después de haberle tocado el hombro - ¿te molesta si te corto?

"En realidad sí" – pensó – No, no, para nada. ¿qué se te ofrece? – la frase le salió forzada al intentar no decir "qué cuernos quieres"

Quería saber si me es posible bailar con tu linda acompañante.

Yoshiko los veía, quieta, sin saber qué hacer.

Depende de ella, Matsuyama – Genzo le había dado la incómoda opción de escoger. Un rato fue como si una burbuja los envolviera y se miraron los tres en silencio, y como Yoshiko no decía, nada, le agarró la mano y dijo – Supongo que voy a hacer lo que ella no hace por no hacerme sentir mal – dándosela a Hikaru, para que se queden solos – Cualquier cosa estoy en la mesa, ya sabes. Te espero allá – Genzo se dio la vuelta y se fue, sin ser descortés y tratando de hacer el espectáculo lo menos notorio posible (con clase, es Genzo…).

Hikaru y Yoshiko se miraron, y como no tenían otra, empezaron a bailar. La cosa fue incómoda al principio, Yoshiko miraba a un lado para no tenerlo tan cerca, pero luego los dos empezaron a tranquilizarse y a olvidarse del resto del mundo. Era increíble que al bailar el tiempo parecía no haber pasado, ella no debía perdonarlo tan fácilmente, pero sus ojos… eso sí era fácil, perderse en sus ojos. Él no la dejaba de mirar, la apretó contra su cuerpo más fuerte, le hundía los dedos en la piel, ella sólo atinaba a respirar entrecortadamente, cómo él. Empezaron a girar y a reír, bailaban como nadie y como nunca, los cuerpos se movían con la música en acordes perfectos, estaban tan cerca que los alientos se sentían al rozar las pieles desnudas que había (poca). Hikaru siguió bailando y fue llevándola lejos, y ella se dejaba guiar, porque sabía que en parte ella lo llevaba también. Llegaron a un rincón poco frecuentado del salón y siguieron bailando, como perdidos en el mundo. Kumi se quedó hablando con los jugadores del Nankatsu, buscaba a su novio con la mirada pero no lo encontraba, "Debe estar hablando de fútbol, como siempre… reunión deportiva" se consolaba, pues no quería aceptar que Yoshiko tampoco aparecía por ningún lado. Mientras tanto, ellos habían parado, pero se quedaron agarrados, mirándose.

¿Por qué desapareciste? Me dejaste como tonta esperando, espero que no creas que con un baile vas a arreglar todo el daño que hiciste.

No. No quiero arreglar nada, Yoshiko.

¿Entonces que es todo esto? No dirás que es para que tu conciencia tenga una despedida feliz y sin remordimientos – respondió, molesta.

No.

¿Entonces? Ya no te entiendo¡no sé qué quieres!

Quiero empezar de nuevo contigo.

Yoshiko se quedó helada por la firmeza con que Matsuyama dijo esto, pero la cabeza habló antes que ella misma.

Sabes que es imposible.

Entonces dime que me vaya – Hikaru tocó un punto débil. Yoshiko miró al suelo, sabía que no iba a poder - ¿y¿Ahora no me vas a decir nada?

Obviamente estaba en un problema ya con ella misma¿Iba a mandar al cuerno lo que había "logrado" consigo al tratar de olvidarlo¿Traicionarse? Pero, claro¿Olvidar al tipo que la tenía como tontas noches y noches sin dormir, pensando en qué pudieron hacer para seguir juntos? Era su respeto, su autoestima, contra él.

No sé cómo me puedes pedir esto con Kumi esperándote como tarada hace una hora en tu mesa.

Porque perderla a ella no se acerca a lo que sería terminar de perderte a ti.

El desgraciado era bueno con las frases… Yoshiko no sabía qué hacer, así que lo soltó y se dio la vuelta para que no la vea tan confundida. Matsuyama fue a su lado, y empezó a mirar al mismo punto perdido que ella veía, con los brazos cruzados. Se quedaron callados un rato, hasta que él decidió hablar.

Yoshiko… - la voz ya no era tan firme – Todo ahora depende de lo que quieras hacer. Dime qué hago para que me perdones y estés conmigo.

Yo creo que sabes lo que quiero que hagas.

Sí, pero dame unos días.

¿Ves? Ya pones trabas. Ya estás con tonterías. – lo miró, enojada – Cuando la propuesta que me haces sea seria, me hablas, antes, no te quiero ni ver. – empieza a caminar.

¡Si eso es lo que quieres! – él también se va, por el lado contrario.

Genzo hablaba con los Ozora en la mesa, ya se había metido la idea de que Yoshiko no volvería en la cabeza, sabía desde el principio que era pelear con el fantasma de Matsuyama también, se sintió mal, pero ya estaba advertido. Sanae le había dicho claramente a lo que se metía, y él decidió arriesgarse… pero no estaría mal tenerla aunque sea de amiga, tal vez pase algo después. De todas formas estaba incómodo, claro, lo habían plantado en media fiesta.

Genzo… - trató de consolarlo Sanae – Lo siento pero sabes cómo es la cosa entre ellos.

Sí, pero… no sé, por ahí era diferente.

Tal vez, pero ahora viste que no. No te sientas mal, al menos intentaste y no te pasaste de cobarde, como el tonto de Matsuyama, que ni decide qué hacer y pone mal a las dos – Sanae estaba enojada con la manera de actuar de Hikaru, sus amigas salían lastimadas y él desubicado en tiempo y espacio¿y si era un verdadero imbécil con las mujeres oculto en un buen carácter? Tal vez estaban viendo quién era él de verdad.

Yoshiko tampoco es una persona muy simple que digamos…

No, pero él no debería hacer esto.

Se quedaron callados, no sabían qué más decir.

Tal vez sea bueno que me vaya, ya se puso fea la situación.

Pero quedate con nosotros.

¿Y seguir de violinista? No, tranquila, mañana nos vemos mejor, voy y visito al pequeñito.

Claro, te esperamos…

La charla terminó ahí, pues ante la sorpresa de todos, especialmente del bueno de Genzo, Yoshiko volvía a la mesa. Él la sintió extraña, y por él también, se acercó y le dijo que fueran a otro lugar, para hablar. Llegaron al mismo balcón en que Matsuyama decidió acércaseles, se sentaron en unas sillas que habían en un rincón. Ella no levantaba la vista para nada.

Yoshiko – le agarró la barbilla con la mano, y le levantó la cara, para que lo mirara – Contigo no tengo oportunidad¿no?

Se quedó callada, no sabía qué responderle. Él la dejó pensar, el tiempo pasaba lento y los dos se ponían más incómodos. Por fin habló.

No. No quiero hacerte lo que me están haciendo a mí.

¿Qué?

Tú me gustas, pero no quiero tenerte esperando como tonto a que me dé la gana de estar contigo. No quiero tenerte de segunda opción. – Genzo se impresionó con la sinceridad, pero prefirió que le haya dicho las cosas así. – Yo te voy a avisar si puede pasar algo – Yoshiko le sonrió – Perdón.

Genzo se apoyó en el respaldar de la silla para terminar de procesar la idea, nunca había sido rechazado así en la primera, y peor si la chica parecía sentir lo mismo que él. Después se tranquilizó, no tenía otra, y decidió ser el amigo, se veía que ella estaba mal.

¿Quieres contarme lo que pasó?

Se quedaron hablando el resto de la noche, como viejos conocidos. Ninguno volvió al tema de las cosas entre los dos, así que pudieron estar más cómodos charlando, y nada más. De lejos vieron a Matsuyama en con Kumi, con el brazo en la mesa y apoyando la cara en la mano. ¿Aburrido¿Preocupado¿Triste? No pudieron adivinar. Antes de que ellos pudieran terminar el análisis crítico de la cara de Hikaru, Kumi lo vio de una forma extraña y se lo llevó.