CAPÍTULO # 11

" Doña Matsumoto y el pequeño Kojiro caminan de la mano. Pasean por una calle conocida, a una hora de no mucho tráfico, pueden ser vistos sin perderse entre toda la gente. Hyuga le suelta la mano y la abraza, la señorita Matsumoto golpea su pecho suavemente, reprimiendo la indiscreción. Sonríen, a Kaori se le notan finísimas líneas en los ojos, a Kojiro le parecen hermosas. Ella empieza a caminar, él se retrasa un poco a propósito, Kaori camina precioso… se queda viéndola hasta que ella se da la vuelta y le dice que no se tarde, que ya estaban retrasados. Hyuga apura el paso, teme ser descubierto, la alcanza, le pasa el brazo por la cintura y se van".

Yoshiko disfrutaba el espectáculo de ver a Kojiro Hyuga enamorado sentada en la mesa de un café, desde la ventana. Había salido sola sin saber qué hacer y decidió tomar algo, así aprovechaba para leer el libro que tenía que resumir para hacer una crítica, y adelantar algo de trabajo. Apoyó la cara en la mano cuando los vio pasar y los miraba, describiendo mentalmente todo lo que pasaba entre los dos. Parecían felices. Cuando creyó que Hyuga la reconoció a través del ventanal, se hundió en el libro, con los lentes bien puestos para fingir que era otra persona que no hacía o pensaba en nada más que en su interesante lectura ("Cómo hacer que el uso de mayúsculas en un texto resalten la importancia de una frase"). Escuchó pasos fuertes y pesados, se escurría por la silla cada vez más al sentirlos cerca de ella¿le reclamarían por haberlos estado viendo tan descaradamente, hasta que no pudo disimular más. Los pasos habían parado frente a ella.

Nunca pensé que te encontraría aquí – escuchó la voz que menos quería escuchar en el mundo, no pudo evitar hundirse más en la silla.

¿Por qué? – respondió, intrigada.

Es la cafetería de mis tíos, no pensé que te animarías a explorar así el terreno contrario.

¿Contrario? Si sólo estoy leyendo…

Ya sé… - dijo Kumi, sentándose frente a ella - ¿cómo ibas a saber, no?

En serio que no tenía idea…

Yo sé que no, no te preocupes…

Kumi apoyó los brazos y veía a Yoshiko a los ojos mientras se enderezaba, pues la pose que había tomado era un poquito ridícula. No se dijeron nada durante los peores 5 minutos del mundo (sin contar desastres naturales, hambrunas y guerras, claro), hasta que a Yoshiko se le ocurrió dar su famosa excusa.

Este… mmm… sí, te cuento que tengo el presentimiento que mi mamá está pálida, así que mejor me voy para ver si se indispuso o algo… - se tocó la frente con el índice – estamos conectadas¿ves?

No… ya escuché hablar de tu excusa famosa… ahora no te vas.

"Ya se armó la pelea… tenía que pasar…"

Si estoy aquí es porque quería hablarte hace tiempo, Yoshiko.

¿De qué? – pregunta tonta, para ganar tiempo.

No preguntes… sabes bien de qué hablo.

Dime.

¿Por qué fuiste a mi casa?

Cuándo…

La única vez que fuiste a mi casa. Una señora te entregó un paquete.

Sí, querida, mis cartas.

¿Le contaste a Matsuyama?

No¿para qué?

Para volver con él… - la miró con cara de decirle "pobre pelotuda" (perdón por la palabra, pero ésa es la cara que ponemos ante una idiotez) – tienes un día de tonta hoy, Yoshiko, qué pasa… no te hagas a la loca, porque sabes bien de qué estamos hablando.

¿Qué quieres que te diga¿Felicidades¿Cómo la hiciste¿Cuánto tiempo estás con tu novio nuevo¿Hace cuánto es el amor de tu vida¿Qué quieres que te diga, Kumi?

Quiero que me digas por qué fuiste a mi casa.

Me parece que ahora la de las preguntas imbéciles eres tú – Yoshiko se estaba enojando por el descaro de la alzada que tenía enfrente - ¿Para qué crees que fui¿Turismo de aventura?

Y por qué me espías¿qué quieres saber? Yo te digo todo ahora.

¿Sí¿Por qué ocultaste las cartas? Por TU culpa pasó todo esto¿pensaste que nunca me iba a enterar? Eres una…

Se calló antes de insultarla, no quería caer en lo bajo que podía llevarla su ira. Kumi ya no la miraba, se distraía con el azúcar que había en la mesa juntándola con los dedos, para no responder. Yoshiko empezó a alistar sus cosas, metió el libro en un bolsón que tenía, se paró, tiró dinero en la mesa y se fue. Kumi se paró y la siguió, sin decir nada… ¿qué podía responder? Yoshiko se dio cuenta de la persecución, dio la vuelta y casi gritó:

No quiero que me vuelvas a hablar nunca si no traes explicaciones claras contigo… pedazo de zorra resbalosa y mentirosa... - esto dicho como a regañadientes, pero fuerte y claro.

Kumi se quedó quieta… no quería provocar un golpe o algo. Yoshiko alcanzó a dar unas cuantas zancadas antes de que el clima volviera a burlarse de ella. Lluvia otra vez; falta de paraguas, también. Corrió hasta algo techado en que mucha gente se protegía, aprovechó para soltar unos lagrimones de rabia y que no se notara por el agua que le chorreaba del cabello a la cara. Sintió una mano que le agarraba el brazo, se dio la vuelta y encontró la gran sonrisa de Genzo frente a ella.

¡Eh, Fujisawa¿Por qué lloras así? – gritó para hacerse escuchar más que el golpeteo de las gotas en el techo ése.

¡Wakabayashi! – le gritó, secándose las lágrimas y sonriendo - ¿qué haces "tú" a pie?

Se ve que no me conoce, señorita Fujisawa… - le respondió, riendo – a veces ni yo encuentro parqueo cerca de donde estoy…

Wakabayashi – se escuchó la voz de Hyuga tras ellos – hace tiempo que no te veía.

¡Hyuga¡Qué sorpresa!

Se dieron la mano calurosamente, olvidando broncas pasadas. La señorita Matsumoto carraspeó desde el fondo para ser notada… Kojiro podía tapar con su gran cuerpo la pequeña humanidad de Kaori Matsumoto.

Uy, perdón linda… - dijo, rascándose la cabeza – te presento a Genzo Wakabayashi, arque…

…ro de la Selección Nacional, claro que sé quién es, chiquito… - le ofreció la mano a Genzo – Hola Genzo¿cómo te está tratando Alemania?

No me quejo – dijo, mientras jalaba a Yoshiko de la mano, porque se había ocultado entre las bolsas llenas de hojas comestibles que una señora cargaba y de un niño en los brazos de su madre, para que no vean sus ojos vidriosos y, como siempre, su cara inmediatamente congestionada. Asomó un ojo y decidió salir al encontrarse con tres caras que la miraban, confundidas por su comportamiento.

Sabía que había visto a alguien conocido en la cafetería, Kaori¿ves? – apoyó las manos en la cintura, con actitud vencedora – Te dije.

Yoshiko no sabía dónde ocultarse, eso quería decir que la habían visto viéndolos con cara de boba.

Sí… es que ando un poco distraída… no los vi…

Seguro que no… - dijo Hyuga cómplice - ¿Cómo estás? Hace mucho que no te veía…

Es cierto, estoy de vacaciones.

No te pregunto por Matsuyama por razones obvias, pero… ¿y ustedes dos? Se los está viendo seguido juntos¿no?

Nooooooooooooooooo… para naaaaaaada – enrojeció Yoshiko – acabamos de encontrarnos.

Sí… como con ustedes, escapando de la lluvia – respondió un enrojecido Genzo, también.

Qué bueno… todo aclarado entonces… los dejamos solos ahora, tenemos que irnos. ¡Nos vemos luegoooo!

Yoshiko sintió que su salvación se iba corriendo, riendo y gritando en la lluvia, esquivando charcos. Genzo la miró con ojos de "ahora no te me escapas" y la volvió a jalar, pero hacia su auto. Corrieron dos cuadras más, el momento no pudo ser preciso, después de la rabieta que tuvo por culpa del infeliz indeciso de Matsuyama. Hay que darse segundas oportunidades… los dos porquerías son el uno para el otro (obviamente Kumi y Matsuyama). Entraron al auto y comenzaron a reír.

Desde otra esquina, un confundido Matsuyama veía todo el espectáculo. Fue a su auto corriendo, lo encendió y los alcanzó, todavía seguían parqueados en el mismo lugar. No pensaba, no razonaba, ni siquiera podía ordenar sus ideas. Había quedado en recoger a Kumi de la cafetería para ir al cine, pero se había olvidado de todo. Una rabia le roía todo el cuerpo, y un sentimiento de pérdida le oxidaba lo que quedaba. Quería ir y abrir el auto del frente, sacar a Yoshiko a jalones, meterla a su auto y llevarla lejos. No hizo nada. Arrancó, pasó lento a su lado y fue a recoger a Kumi antes de que sea más tarde, por ahí se enojaba, y no quería tener más problemas.

En el auto de Genzo, mientras tanto, los dos se sacaban las chompas mojadas y escurrían todo lo decentemente permitido por la ventana. Disfrutaban de la calefacción cuando por fin Genzo habló.

Yoshiko… ¿quieres ir a tomar un café a mi casa?

Claro, gracias. – Yoshiko le sonrió, amablemente.