CAPÍTULO # 12
Yoshiko y Genzo llegaron a la muy fina y de buen gusto casa Wakabayashi. Al entrar, un perro que a Yoshiko le pareció feo los recibió emocionado; la llenó de barro en realidad, el perro era grande y casi hizo que resbale y caiga sentada en el pasto que rodea un sendero empedrado que lleva a la casa. Obviamente se nota que a Genzo le gusta el perro, porque sin importarle la mugre, la baba o el desagradable olor a perro mojado lo abraza, lo acaricia y se deja lamer.
Tengo este perro desde pequeño, sólo que en otra casa. Lo trajeron hace poco aquí, más o menos desde que yo volví… para pasar la temporada juntos, supongo.
Qué tierno… hace que el perro se mude para tenerlo cercaaaa…
No te burles, Yoshiko desalmada.
Genzo se agachó y habló con el perro, ignorándola.
¡John¿Por qué vienes a recibirme en esta lluvia? – le habló con la voz que usa también para hablar al pequeño Ozora – Ya estás viejo, amigo… te vas a enfermar… ¡andá a tu casita!.
Claro, Genzo, como te entiende…
Aunque no creas, nos entendemos, y él sabe lo que digo – volteó a ver al perro - ¿verdad?
El perro lo vio, como extrañado, movió la cola emocionado un rato, dos minutos después lo volvió a mirar, se aburrió, dejó de mover la cola y se acurrucó a sus pies.
Sí, Genzo, te entiende a la perfección.
No – dijo, avergonzado – lo que pasa es que está cansado.
¿Sí?
O está enojado porque no lo vi todo el día.
No me digas…
Lo que pasa es que cree que me gustas y quiere hacerme quedar mal – mensaje subliminal N°1.
Yoshiko se quedó sin respuesta sarcástica. ¿Estaba el fuerte de Genzo diciéndole que le gusta otra vez? No pudo creer que el chico éste sea tan persistente, aún después de una negativa… ¿Y su orgullo? Se pusieron a caminar hacia la casa, aunque ya no rápido, como estaban mojados, un poco más de agua no era gran cosa, aparte la lluvia había disminuido y sólo caían gotas pequeñitas, casi como un agradable rocío. Hubo un largo silencio incómodo entre los dos en el camino. Por fin Genzo volvió a hablar.
Sí… sí… así pues… el perro…
Sí¿no? Qué cara está la papa… - Yoshiko usó la frase que tenía en caso de extrema falta de temas de conversación.
¿Qué? – Genzo no entendió el chiste - ¿La papa? No, no sé, la verdad no me ocupo de esas cosas.
Sí, seguro que la sirvienta sabe¿no?
¿Sirvienta? No, Yoshiko, no… se le dice "Ama de Llaves" – Genzo le respondió el sarcasmo con más sarcasmo, con un tono de profesora de 1ro de primaria.
Perdón, señorito Genzo.
Perdonada, pero que no vuelva a pasar.
Llegaron a la puerta y les abrió una mucama después de haber tocado un solemne timbre una sola vez.
"Mmm… el servicio acá es rápido… me pregunto qué hará si les pido una porción de papas fritas con orégano secado al sol…" – piensa Yoshiko, asombrada.
¡Señorito Genzo¡Está todo mojado¡Se va a enfermar! – le reclama la mucama, empujándolo adentro para apurarlo y para que llegue a la secadora de pelo antes de que se enfríe más. El "ama de llaves" era una señora bajita, maciza, de cabello rizado recogido, voz potente, un uniforme morado chistoso y notable don de mando.
"Je je je… señorito… je je je" – ríe para sí Yoshiko – Jijijijijiji – no puede aguantar las carcajadas, trata de ahogarlas – AJAJAJAJAJAJAJAJA – misión fracasada.
¿Se puede saber de qué te ríes, Fujisawa? – le reprocha, avergonzado.
De nada, señorito, no se altere, cuidado que su corazoncito lata más de lo debido y se desmaye – lo mira con una carcajada reprimida en la boca.
Yoshiko Fujisawa, no molestes, te va a ir mal…
No quise irritarlo, jamás como se debe alabado () Genzo Wakabayashi, perdone mi descaro, desde ahora ni siquiera lo miraré directamente a los ojos, soy demasiado atrevida – Yoshiko bajó la mirada e hizo una reverencia exagerada.
¡Te dije que te iba a ir mal! – corre hasta alcanzarla, le agarra por la cintura, la alza y se la pone al hombro, mientras ella patalea en el aire ya - ¡Te advertí que algo iba a pasar si seguías! – Genzo corría cargándola, ella no veía nada, sólo atinaba a golpear y patear donde podía, riendo y gritando.
La llevó hasta la sala diaria de estar (no una tan fina como el salón de visitas; en esta sala estaba la tele gigante, sillones cómodos, un refrigerador pequeño de bar, un equipazo de sonido, juegos de mesa… solamente lo básico para pasar el rato) no sin antes dar 324324 vueltas con ella, saltar, correr y casi tropezarse. La tiró en el sillón más grande, ella sintió cómo se hundía y cómo Genzo empezaba a hacerle cosquillas a diestra y siniestra. Empezó a reír como loca, en realidad disfrutaba el asunto, hace tiempo que no sentía cosquillas, y si alguien había intentado hacérselas, no había pasado nada, como si bloqueara sus receptores o hubiera perdido el gusto. Genzo se mordía los labios para no reír muy fuerte, pero no lo lograba, así que por toda la casa se escuchaban las carcajadas de los dos, que reían como locos. Un rato de ésos, cuando pararon, Genzo se sentó a los pies de Yoshiko, los levantó y se los acomodó en su regazo, poniendo la mano en las pantorrillas de Yoshiko. Ella sintió algo extraño con esta inocente situación, sin ninguna intención "muy" extraña por parte de Wakabayashi por lo menos, y aguantó estar echada así con las manos de Wakabayashi en sus pantorrillas no más de diez minutos. Se sentó de golpe a unos recatados 25cm. de Genzo en el sillón, tirándose en el respaldar para descansar un poco después del tremendo ejercicio que era para ella estar echada y reír como condenada. Él se agachó y apoyó los codos en sus rodillas, viendo al piso, luego volteó a ver a Yoshiko y ella tuvo la imagen "in fraganti" más cautivadora y sensual de Genzo hasta ese momento.
"Shu, malos pensamientos, shu shu" – se dijo mientras sacudía la cabeza y movía las manos como espantando moscas alrededor – "mente sucia, trozo de depravada… ¡Cómo imaginas esas cosas!"
¿Estás bien, pequeña?
Ahí a Yoshiko recobró la compostura en menos de 0.01283 de segundo, pues sólo Matsuyama le decía "pequeña". Alisó su polera un poco, se arregló el pelo. Todo pensamiento extraño con Wakabayashi se le había ido de la cabeza… ¿qué estaría haciendo Matsuyama ese momento?
Voy a conseguir algunas cosas para cambiarnos – le dijo Genzo, sacándola de sus pensamientos – te vas a enfermar o algo si es que no te quitas esa ropa mojada.
Sí, gracias… te espero aquí.
Yoshiko volvió a sus cavilaciones… de repente sintió celos atroces al pensar en todo lo que pudo haber pasado entre Hikaru y Kumi, total, vivían solos en una gran ciudad, en el mismo edificio, y eran novios. La evolución natural e instintiva de una relación es ir más allá de los besos, y ellos habían tenido el tiempo suficiente para todo y sin interrupciones. La idea le daba vueltas y vueltas en la cabeza, y cada vez se ponía peor.
"¿Por qué se me mete esta idea en la cabeza ahora? Fácil, Yoshiko- se responde – porque ahorita acabas de darte cuenta de que tú eres humana… y Matsuyama también".
¡Yoshiko! – gritó de repente Genzo "sin polera" desde el barandado de algún piso - ¡ven a cambiarte!
"Nooooooo… ¿siempre tengo que estar en situaciones tan… tan comprometedoras? Maldita lluvia…"
¡Yoshikoooooooooooooo¡Apuraaaaaaaa! – el bueno de Genzo se desesperaba, tenía frío y quería darle la ropa de chica que consiguió apenas e indicarle dónde tenía que ir; necesitaba cambiarse y encima ella tardaba en subir.
¡Ya voooooooy!
Subió un montón de gradas casi corriendo, también tenía frío, y se encontró con un húmedo y semidesnudo (N.d.l.A. Jejeje… estoy exagerando, pero una babea con este chico¿no?) Wakabayashi esperándola al final de la escalera. Otra vez la imagen celestial e hipnótica… "Matsu ¿qué?"
Espero que esta ropa no te quede tan mal… busqué algo que te quede… - le señaló un cuarto cruzando el pasillo – te puedes cambiar allá. Si necesitas algo, me dices.
"Uuuuuh… se fijó en mi talla (�!)" – le sonrió y recibió la ropa y unas toallas – Gracias, don Wakabayashi, pero andá a cambiarte, que te vas a enfermar – lo sacó de su vista inmediatamente.
Empezó a cambiarse en un cuarto que parecía de chico, y con dos dedos de frente podía deducirse que era el de Genzo. Las paredes tenían muchos pósters de futbolistas y medallas, las mesas y anaqueles estaban adornados por trofeos, una pelota vieja con un reto escrito en ella (sí, había leído lo que decía), cachos, uniformes, y la infaltable colección de gorras de todo tipo y color que Genzo tenía. Se empezó a cambiar e iba en la mitad del proceso cuando la puerta se abrió, lentamente. Yoshiko sólo atinó a pensar "acá yo ya…" hasta que se metió una cabeza… se tapó las vergüenzas con el cubrecamas en tiempo récord, destendiendo toda la cama y haciendo caer unos libros que estaban ahí. Se escuchó por toda la casa un…
�¡SAL DE AQUÍ, DEPRAVADO!.
Genzo escuchó el alarido y salió del baño corriendo, para ver lo que pasaba. Por ahí uno de sus hermanos había entrado sin querer o John empujó la puerta… Yoshiko no gritó antes por obvias razones (pensó que Genzo se había animado por fin a hacer algo), pero le salió un grito visceral cuando vio la cara de Ishizaki y la mitad de su cuerpo entrando al cuarto. Wakabayashi encontró a Ryo siendo golpeado brutalmente por Yoshiko con una almohada de plumas, al tiempo que lo insultaba con frases difíciles de volver a repetir por las nuevas y extrañas combinaciones de malas-palabras y groserías. Genzo no pudo más que pararse en la puerta y reír, al pobre de Ishizaki no le habían dado oportunidad de explicar algo, ni siquiera de pedir disculpas.
¡Yoshiko! JAJAJAJAJAJAJA – reía - ¡Es Ryo! JUA JUA JUA JUA JUA – las carcajadas le salían como disparadas, ver a Yoshiko semidesnuda peleando por su honor…
�¡Infeliz, pervertido de #&¡Y tienes novia, cerdo de "#"¡Así son todos ustedes, so #"&!
¡Pero yo qué hice¡El ama de llaves me dijo que podía entrar a buscar a Genzo tranquilo!
Ryo sólo podía protegerse de los golpes. Media hora después de peleas, gritos, maldiciones y acotaciones acerca de la vida sexual de la madre de Ryo, los ánimos se calmaron y Yoshiko se quedó con Genzo en el cuarto después de botar al pobre de Ishizaki a patadas. Ella se había dado cuatro vueltas de cubrecama alrededor del cuerpo para taparse, y él seguía riendo. Un rato después pararon de blasfemar y de reír, respectivamente, se miraron a los ojos y se acercaron lentamente. Cada uno podía ver la boca del otro, y había que decir que ninguna estaba mal, aparte que ambos sabían que ese beso era esperado y deseado desde antes. Él la abrazó por encima del cubrecamas (apenas, pero esos brazos lo pueden todo), ella se derretía al sentirse rodeada por él, se sentía el aliento del otro chocar contra el propio, pero…
�¡SEÑORITO GENZOOOOO¡EL TÉ ESTÁ SERVIDOOOOOOOO!
Adiós magia, chau deseo, nos vemos pronto, "momento preciso". Se separaron, sonrieron y sin decir palabra Genzo salió y Yoshiko empezó a cambiarse. "Parece que realmente no estamos destinados a tener algo entre los dos…". Ella ya culpaba al destino las perfectas interrupciones entre ellos. Poco después tocaron la puerta.
¿Estás lista? Es mejor que bajemos, porque sino el ama va a empezar a gritar más e Ishizaki va a empezar a pensar en el buen chisme que dará al resto.
Sí, ya vamos, estoy lista.
() Frase sacada del primer tomo del "Quijote de la Mancha"
