CAPÍTULO # 14 Con Las Cosas Claras

Después del incidente orquídea Yoshiko caminaba por las calles más concurridas e iluminadas de la ciudad. No podía no temer por su vida, o por lo menos por su integridad física y mental. Habían estado llamando a su casa, para insultarla o sólo para colgar, como habían hecho después de la pelea telefónica que tuvo con Kumi, y tenía un poco de miedo. No vio a Matsuyama después de las flores, ni tampoco supo de él. Las que comentaron el caso fueron Sanae y Yayoi porque Taro fue con el chisme, pero milagrosamente no querían que se entere nadie más.

Poco a poco se acercaba el día en que Yoshiko tenía que volver a su vida normal y solitaria en Oakland. Andrés y Sofía la llamaron unas cuantas veces, la una para pedirle algunos tomos de un Manga que ella coleccionaba y el otro para aclararle que la oferta de salir seguía en pie. Los extrañaba mucho, sí, pero nada se comparaba a la tranquilidad de la vida en vacaciones y con mucha más gente al rededor. ¿Cómo ya estaría el verano californiano? Pensaba volver para pasar unos días en la casa de playa de Sofía, en el sur. Siempre caminaba distraída, pensando en todo, y ahora más, pues tenía que dejar sus cosas listas y hacer las cosas que no haría en Japón por un buen tiempo. Después de encontrar una calle bien segura y acompañándose disimuladamente por una señora que caminaba más o menos a su ritmo, fue directamente a un puesto de comida "rápida" tradicional que le encantaba, y comió su okonomi-yaki favorito con un gusto tal que el recuerdo del sabor le duraría meses.

Siempre sirven buena comida aquí¿no?.

Yoshiko se dio la vuelta hacia la persona que le había hablado.

Hola Matsuyama. – No sabía por qué, pero no se sorprendió.

Hola Yoshiko.

¿Qué haces por aquí?

Te encuentro… - el tono que usaba Hikaru al hablar era de lo más natural. No estaba tratando de sorprenderla ni nada, pero quería que note que estaba allí por ella.

¿A sí¿Y por qué buscas?

Para estar contigo, Yoshiko, sabes bien que sí.

Ella sonrió, pero evitando verlo. ¿Y si era hora de rendirse a este encanto? Levanto la mirada, se encontró con unos ojos traviesos y conocidos, como cómplices.

¿Vamos?

¿Dónde?

¿Tienes que preguntar por todo, Fujisawa?

Le ofreció el brazo, ella aceptó y empezaron a caminar. Se pusieron a hablar de todo, de sus vidas, de sus éxitos, sus miedos, sus inseguridades… lo peor es que Yoshiko se sentía demasiado cómoda con él, sin nada que ocultar, sin necesidad de fingir. La tarde se fue haciendo oscura alrededor, y ellos ni se daban cuenta. Esta vez no pelearon. Esta vez no trataron de lastimarse, sólo hablaron.

A ver dime, Hikaru¿es cierto que tú y Kumi rompieron? – preguntó por fin Yoshiko, tranquila.

Es cierto. ¿Cómo te enteraste? – Hikaru sabía que el círculo de amigos pasaba todo chisme que aparecía, pero quería saber.

Ella misma me lo dijo, el mismo día.

Matsuyama la miró, sorprendido. No podía creer que la pequeña Kumi era capaz de hacer algo tan poco elegante.

¿Y cómo¿La viste en la calle o algo?

No, mejor todavía… - sonrió – me llamó para contarme sus penas y estuvo hablándome acerca de mi vida personal, dándome detalles privados desconocidos de mi infancia y de mi abuela un buen rato.

Matsuyama se rió ante la ocurrencia de Kumi¿tenía tan poco tacto¿Llegó a conocerla algo el tiempo que estuvo con ella? Tal vez en serio lo quería, por eso hacía semejantes tonterías… buen inflador de ego.

Ni pienses alardear por esto, Matsuyama…

Volvieron a reír. El espacio entre los dos se hacía más chico, los brazos se juntaban más al caminar. Entraron a un café de esos extravagantes, Yoshiko había leído el anuncio de Lectura por el Mismo Autor en un cartel en la puerta y quería saber en qué andaban los jóvenes literatos japoneses. Aunque a él no le interesaba mucho, entró para estar con ella, igual, no era un sacrificio muuuuuy grande, sólo era escuchar a un tipo leer, tomar café, y tal vez opinar…

"Ojalá no pase vergüenzas con Yoshiko, sabe muchísimo más que yo de esto… poner modo ´atención en el cerebro, Matsuyama" – se ordenó a sí mismo.

Se sentaron en una mesa visible, "no vaya a creer este chico que por una caminata encantadora ya me tiene lista…" y pidieron unos vinos para amenizar la velada. Las primeras copas resultaron inhibidoras excelentes del carácter, poco después las miradas se volvieron más directas, pero Yoshiko fingía atender al lector todo el tiempo. Matsuyama, por el contrario, la miraba, como queriendo comparar a detalle a la Yoshiko que tenía guardada en la cabeza con la de ahora… estaba más grande, y los años no habían pasado en vano, estaba mucho más bonita, tenía un aire de madurez, intelectualidad y cultura… toda una sabihonda.

Dime, Yoshiko… ¿Te gusta mucho lo que haces allá?

La verdad, me encanta… incluso el mal rato de estar lejos de todo esto es soportable gracias al gusto que le tengo a la literatura…

¿Eso quiere decir que no vas a volver?

Por lo menos no hasta que acabe de estudiar, pero no falta mucho… - se apoyo en la mesa, dejando de ver al tipo que leía en el escenario improvisado – aunque tal vez vaya a otro lugar… quiero viajar.

Por lo menos tienes planes después de esto… yo no sé qué hacer cuando se acabe el fútbol… - su cara demostró su confusión – sabemos que no es para siempre, y la verdad es que en un tiempo el mercado de entrenadores estará atiborrado por los jugadores de esta generación…

Pero has algo más, sabes que no sólo tienes cabeza para el fútbol, ve otras opciones.

Es cierto… pero ahora lo que más me tienta es tu idea de viajar.

Sonrieron. ¿Llegaría pronto la propuesta de viajar juntos? El tipo acabó, agradeció al público con una leve reverencia y se fue. Entró una chica con un cuaderno gordo, una falda rara y el pelo peinado para atrás con mucho gel. Empezó a leer textos depresivos, algunos deprimentes, y hubo uno que ya lindaba con lo patético. Yoshiko y Matsuyama se distrajeron inevitablemente hablando de cualquier cosa mientras tanto, la charla salía natural, ninguno tenía que forzar frases o preguntas para continuar, especialmente con semejante voz-somnífero de fondo. La lectura de textos duró hasta algo pasada la media noche. Salieron del café y volvieron a la caminata por un buen rato. Luego él la acompañó hasta el edificio donde vivía, y en la puerta, al despedirse, se puso frente a ella, le agarró los hombros y empezó a hablar.

Yoshiko, hoy quiero dejar claro que tengo intenciones serias de volver contigo. – Reafirmó la mirada directa a sus ojos – Quiero que sepas que sí rompí con Kumi para estar contigo, y que cualquier cosa que ella haga no me va a hacer cambiar de opinión. Sé también que has estado viendo a Wakabayashi, y que tengo que esperar a que tú decidas con quién estar. – miró al suelo un rato, como para ordenar ideas, bajando la cabeza y sin soltarla – No quiero presionarte, no quiero obligarte a nada, no sé qué es lo que sientes por mí, pero aquí estoy, como siempre, como un amigo, y si quieres, algo más. Ahora todo depende de ti.

Ella escuchó callada lo que decía. En la cabeza reinaba la idea de "Uuuuuuuh… es en serio… ¿no estaré en uno de esos sueños que reflejan mis deseos ocultos? Si sí, ´¡Yoshiko, despertá!". No supo que decir cuando él dejó de hablar. Se acercó, le dio un beso en la mejilla y se fue, caminando, tranquila. Matsuyama la vio subir las gradas sin darse la vuelta o parar a verlo, calmada y tomando su tiempo, hasta que desapareció al doblar la esquina del pasillo que lleva al ascensor. Se quedó parado un rato más, hasta que por fin se dio la vuelta y se fue, caminando, en paz. Quiso decirle a Yoshiko todo esto desde la primera vez que se enteró que ella había vuelto. Iba a intentar acercarse a ella una vez más, esta vez era su turno… Y si tenían que estar juntos, se iba a dar, a pesar de las tonterías que ambos podían hacer, especialmente después de las que hizo él. Pensaba esto desde que ella se fue, y más desde que desapareció.

"Uy, me olvidé preguntarle esto, y era lo más importante… ¿por qué me habrá dejado de escribir¿Habrá alguien más? No mostró ningún sentimiento, tal vez ya volvió con otra persona en la cabeza y nada de esto le importa, es más, por ahí la estoy incomodando… Matsuyama cabezón –se ordenó a sí mismo – la próxima vez no olvides preguntar lo importante".

Yoshiko hacía un esfuerzo sobrehumano al mantener la calma al ir hacia el ascensor, pero cuando se aseguró que él no la podía ver, se puso a correr y dar saltitos en su camino… Estaba de lo más feliz, y no podía creer lo que pasó. Fue una tarde perfecta y se enteró de todo lo que quería saber de la mejor fuente de información: Matsuyama en persona.

"Tal vez todo salga bien, después de todo, si es que antes no soy muerta por la Furiaaaaaa de Kuuuuuumiiiiiii – pensó esto en tono de presentadora de televisión, burlándose – ya me emociona todo esto… igual, al final me quedé yo con él" – Imposible evitar el sentimiento de triunfo y satisfacción.

Yoshiiiiiiiiiikoooooooooooo… ya es tardeeeeeeeeee… a despertaaaaaaaaaaaaaaaarrrrr…

Día nuevo en Tokio. Yoshiko despertó con los mismos gritos de su madre, a la misma hora, pero no se sentía igual. Daba vueltas y vueltas en la cama, viendo las orquídeas ya un poco marchitas que no quería botar, y viendo la pared al otro lado para dejar de pensar en lo mismo. Se levantó de un brinco, acababa de acordarse de que tenía que ir a cuidar al pequeño Ozora, Sanae tenía que ir a clases y hacer una práctica no sabía dónde, y la había llamado al día siguiente del encuentro con Matsuyama para que la ayude, Yayoi ya había sido martirizada con el llanto del pequeño por casi cuatro horas completas una semana atrás. Se vistió rápido, quería llegar antes de que la nueva mamá se vaya para memorizar bien todas las instrucciones y no equivocarse con su casi sobrino. Se embutió el desayuno, corrió al auto de su mamá y se peinó ahí dentro. Manejó como loca y por fin llegó a la casa de su amiga. Salió del auto casi por la ventana porque no podía desasegurar la puerta y encontró a Sanae saliendo, cargada de libros y vestida de adulta (ya saben, un traje muy formal, seriamente peinada y recatadamente maquillada).

¡Sanae¡ Qué bien que te encontré!

Yoshiko de cuerno… pensé que no ibas a llegar – la regañó – Tengo que darte instrucciones precisas, Tsubasa viajó y casi me llevo al pequeño a la Universidad…

Entraron a la casa y Yoshiko recibió las instrucciones más detalladas de su vida, con horarios específicos, colores de ropa adecuados al desarrollo psicomotriz del pequeño y biberones que suplían la ausencia del seno materno, es decir, instrucciones que Sanae daba como toda buena madre exagerada, moderna y primeriza… Le dio las llaves de la casa y le dijo que podía llevarlo donde sea "seguro y menos contaminado que en la ciudad" (Los Ozora vivían un poco alejados del centro de la ciudad). Cuando su amiga se fue, entró a la casa empujando el coche del bebé… se veía tan tierno… fue a la sala y se puso a ver tele, poco a poco fue quedando dormida, como contagiada por el sueño del niño, hasta que casi una hora después ambos fueron despertados por el teléfono.

¿Hola? – respondió Yoshiko con un bostezo.

¡Por qué tardaste tanto!

Sanae, el teléfono sonó dos veces…

¡Pudo haber sido una emergencia¡Pudo haberle pasado algo!

Estábamos durmiendo muy bien los dos, querida¿qué pudo pasar en una hora?

Es que… es que me olvidé ponerle su talco de media mañana.

Se lo pongo yo.

Claro, por eso te llamo… Es el talco que está en un frasco amarillo pastel en el primer cajón de la cómoda que está a tres pasos de mi cama, tienes que sacudir el talco encima del bebé unas 4 ó 5 veces, si es mucho se irrita, pero muy poco no sirve…

Sanae… hoy tu hijo es mío. Sé que quieres cuidar su suave trasero, pero en vez de ponerle el talco lo voy a llevarlo al parque desde ahora y almorzaremos allá, así que… nos vemos en la tarde.

¡PERO¡No hagas tonterías!

¡Si sigues tratándolo así vas a volverlo un mimado del diablo! Necesita aire natural sin filtrar y un poco de plantas. Chau Sanae.

¡Yoshik…!

Sólo se escuchó el sonido intermitente del teléfono. Yoshiko buscó en la ropita y sacó el enterizo menos futbolístico que había, le puso un poco de bloqueador, alistó un super-bolsón con todo lo necesario, cargó el coche con las cosas y el niño, y salió a caminar. Paseó un buen rato por el barrio de lo Ozora, uno tranquilo, rutinario y decorado con colores otoño bien combinados, incluso entre casas vecinas. Encontró un parque limpio y tranquilo, con un montón de niños jugando y gritando, acomodó el coche cerca de un árbol alejado de gran bullicio, sacó una frazada grande, la extendió en el pasto y acomodó al niño junto a ella entre almohadones y mantas, para tomar un poco de sol (no mucho, claro) y leer. Sacó un libro grueso, se puso unos lentes secretos, normalmente usa lentillas de contacto para ocultar su defecto, y se hundió un buen rato en la lectura y el cuidado del pequeño, que berreaba y a dormitaba a su lado.

¿No se te antoja uno así? – una voz conocida le hizo salir de la hipnosis de una buena trama.

¡Hikaru¿Qué haces aquí?

Sanae me dijo que cuidarías a su bebé hoy, así que… aquí estoy, para acompañarte.

Bueno, gracias…

Matsuyama se sentó al lado de una confundida Yoshiko, que sólo atinó a apoyarse en el árbol, poner el bebé en su pecho y seguir leyendo.

Tal vez estés más cómo da si me lo das.

Si quieres…

¡Claro! – le sonrió – ya te dije que para eso vine.

Yoshiko le pasó al niño desconfiando de las aptitudes paternas de Matsuyama, pero se sorprendió al ver que lo agarraba correctamente, evitaba verlo de atrás y le sonreía encantadoramente. Hikaru jugaba con el bebé alzándolo en el aire, moviéndolo y hablándole dulce pero claramente, se notaba que sabía que afecta el desarrollo del lenguaje hablar a los niños como a tarados. A Yoshiko le hipnotizó ahora el juego entre ellos dos, el libro sólo le pesaba en el regazo, porque los miraba y sonreía con ellos, atenta a cada gesto que Matsuyama le ponía al pequeño, haciéndolo reír como loco. Yoshiko volvió a la lectura después, tenía que acabar de leer ese libro pronto, y dejó a los dos chicos jugando al lado. Se acomodó bien en la frazada, empezaba a sentir sueño otra vez, el libro se había vuelto pesado y aburrido en comparación de la fiesta que le hacían los dos en la frazada, se puso a dormir otra vez (debe estar anémica). La despertó un mosquito que pensaba hacer de la punta de su nariz un banquete, movió la cabeza y vio a los dos chicos dormidos, Matsuyama con el pequeño en el pecho, agarrándolo por la espalda con sus grandes manos. Ella se echó de costado sólo para analizar la escena… ¿cuántas veces antes lo imaginó así? Claro, en su cabeza el niño era propio, pero ¿no se veía hermoso? Los miraba sonriendo sin darse cuenta. Matsuyama despertó, tal vez al sentirse observado, pillando a Yoshiko en lo más tierno de su observación. Se sentó tomando al bebé en brazos, sin despertarlo, se paró y lo acomodó en el coche, acercándolo a la frazada para vigilarlo mejor mientras Yoshiko se sentaba. Volvió a acomodarse a su lado, un poco torpemente, los nervios le hicieron perder un poco de la actitud casual que se obligaba a tener con ella, se acercó, le dio un beso en la frente y la abrazó. Nuestra querida se derretía en el abrazo. Ninguno pudo aguantar, se acercaron para darse el tan esperado beso, pero escucharon un grito histérico.

¡Claro¡Ustedes se ponen románticos y dejan a mi hijo solo!

Una vez más, la situación se había arruinado completamente. Sanae terminó su trabajo antes y llegó hasta donde estaban ellos interrogando a toda la gente del lugar. Después de asegurarse de que su hijo estaba entero, sin heridas o hambre y bien tratado, los tres se fueron a cenar. Yoshiko y Matsuyama no podían creer su mala suerte, pero las cosas ya estaban claras y declaradas… sólo faltaba la oportunidad.


Okonomi-yaki : Mariscos y legumbres salteados en la sartén y mezclados con huevo en una especie de torta.

Bueno, perdón si los datos sobre la comida están mal, pero son los que conseguí, con la guía espiritual de Yun, claro. Más disculpas por la tardanza, pero con la U el fic va más lento, al ritmo de la inspiración… (re-lento). Muchas gracias a las lectoras (¿es?) que siguen leyendo mi fic a pesar de la inconstancia. Para ustedes se me ocurrió una idea loca… miren, es como un concurso, sólo tienen que repasar el fic y decirme quién creen que pudo haber ayudado a Kumi con lo de las cartas. Tienen una oportunidad., así que piensen bien su respuesta. El premio será un fic "lemon" personal con la ganadora y el personaje de su elección (escrito por mí, claro). Pueden mandar sus respuestas cuando quieran, les avisaré unos días antes de que el plazo se acabe. Escríbanme a , ojalá se animen a participar.

Un saludo grande.

Adriana

(Sietesoles)