Hola chicas, bueno, quiero decirles que tienen una semana más para mandarme sus respuestas, en el próximo capítulo ya daré el nombre de la ganadora. Gracias por participar a las que ya me mandaron su respuesta (ya saben, pueden escribir también a Bueno, en este capítulo quiero mandar un gran saludo a Hada, que creo que gusta de los conflictos (ojalá que te gusten éstos). Un saludo grande a todos, a mis parroquianas habituales, gracias por los comentarios. ¡Lyn! Sigo esperando el dibujo. Hasta la próxima.
Adriana
(Sietesoles)
Capítulo # 15
Oye, Yoshiko… ¿No te parece que se la estás haciendo muy fácil a Matsuyama?
Matsuyama no había entrado a la casa Ozora, tenía un entrenamiento o usó esa excusa para escapar de la mirada reprobadora de Sanae. Se despidió de Yoshiko con un beso en la mejilla y se fue antes de recibir alguna indirecta o agresión sutil que tanto gustaban a la señora Ozora.
"No, no puedo hacérsela tan fácil…"
Las amigas se quedaron un buen tiempo juntas después, planeando maquiavélicamente la manera de hacer que este chico se esfuerce un poco –mucho– más … Pero Yoshiko no sabía con qué moral Sanae le daba consejos a ella, considerando la historia que tenía con Tsubasa…
Matsuyama pensaba, sentado en la vereda del edificio en que vive, cómo hacer que la terca de Yoshiko le haga caso. Apoyaba la cara en las manos, las manos en las rodillas, con la mirada hacia el infinito y más allá. Trataba de entender por qué de repente y de la nada ella dejó de hacerle caso. La había llamado unas cuantas veces después del día "B" (el día del Bebé) y ella supo rechazar amablemente toda invitación y propuesta con las excusas más creíbles que escuchó, no podía convencerla…
"Seguro está vengándose por lo de Kumi… pero tal vez ese arquerucho la está invitando a salir o algo…"- no podía excluir al bueno de Genzo de la situación, total, tenía antecedentes comprometedores con "su" Yoshiko.
Kumi pasó unas cuantas treinta y cuatro veces a su lado mientras estaba sumido en tan vital meditación, sin hablarle, claro, para llamar su atención y que el porquería se de cuenta de lo muy enojada que estaba con él. Matsuyama, claro, ni se inmutaba por su presencia, la pobre pasaba resoplando, hablando alto, caminando con pasos pesados, todo, pero él, nada.
"Matsuyama infeliz… no puedo creer que esté así… y yo no le importe" – Kumi pensaba y repensaba la manera de hacer que vuelva con él, o que por lo menos le de importancia, un poquito.
Después del último desfile de Kumi a su lado, la dueña del edificio pasó tras ella, como persiguiéndola. Quería mucho a esos dos, pero esta vez Matsuyama se portaba como un perfecto imbécil. Pasó cerca no sin golpearlo "accidentalmente" en la cabeza con el palo de una escoba, pero suave, nada digno de atención médica. Él recién se dio cuenta del movimiento que había alrededor suyo con el golpe, y de que la señora no había estado muy amable con él estos días.
Decidió por fin ir al teléfono. Organizó mentalmente el discurso que iba a dar esperando esta vez tener un diálogo y no el monólogo al que se estaba acostumbrando a tener cada vez que hablaba con Yoshiko. Marcó el número lento, inseguro, mordiéndose el labio inferior de nervios, casi los mismos que sentía cuando los dos eran pequeños y le agarraba las manos sin querer. El teléfono sonaba al otro lado, Yoshiko corrió para contestar.
¿Hola?
¿Hola? Comuníqueme por favor con la señora Fujisawa.
Una de las amigas de su madre. Matsuyama se desesperaba al otro lado llamando cada cinco minutos para ver si ya lo desocuparon o habían decidido romper el récord mundial de hablar por teléfono. Volvió a sonar, esta vez Yoshiko corrió y decidió que, si era otra amiga de su madre, le diría que no estaba porque viajó a París por cuarta luna de miel justo hace cinco minutos, sorpresivamente. Empezó una carrera de obstáculos desde su cuarto cuando escuchó los pasos de su madre hacia el teléfono, saltó por encima de montones de ropa sucia, limpia, maletas, maletines, sillones y por fin llegó.
¿Hola? – respondió, agitada.
¿Yoshiko? – la voz de Matsuyama acarició sus oídos.
Sí¿con quién hablo? – tenía que hacerse a la interesante y tratar de disimular que esperó esta llamada mordiéndose las uñas parada al lado de su madre mientras hablaba, mirándola con ojos asesinos para que cuelgue de una vez.
Soy yo, Matsuyama.
Hola.
Te estoy llamando para saber si quieres salir conmigo hoy, a tomar un café o algo así, tranquilo.
No gracias. Tengo que alistar mis cosas… y ya tenía planes.
Bueno, en otra será.
Sí, tal vez. Hasta luego, Matsuyama.
Hasta luego, Yoshiko.
Obviamente se quedó toda la noche viendo películas con su mamá y chateando con Sofía (como la autora) sólo por darse el gusto de hacer sentir mal a Matsuyama, o dar el gusto al resto del sindicato.
Yoshiko empezó a empacar maletas, antes de tiempo, sí, pero para poder ver lo que le falta allá. Después del incidente el día del bebé, había puesto prioridades diferentes a la lista de "Cosas que tengo que hacer en Japón" que tenía, para dejar de pensar en el mismo tipo todo el tiempo. No había que negarlo, salió un par de veces con Genzo, el chico tiene algo irresistible en su forma de ser, pero sin que pasara nada extraño o muy interesante. Ellos dos sabían que Matsuyama nunca saldría del medio, así que empezaron a volverse muy buenos amigos, incluso él la apoyó en el plan del esfuerzo (En realidad quería hacerlo de otra manera, un poco más personal, pero ella puso las cosas claras y las distancias bien definidas).
El plan estaba saliendo bien, según sus amigas, pero para Yoshiko la cosa se estaba poniendo fea, faltaban pocos días para que volviera a Estados Unidos y no pasó nada de lo que quería que pasara con Matsuyama. Si lo veía era con alguien más, él ya no fue a su casa ni ella intentaba llamarlo. Él tampoco la estaba pasando bien, no sabía que hacer y las cosas en su edificio se ponían cada vez más hostiles. Había que aclarar la situación con esas dos histéricas, quedó como el malo de la película, claro que no había sido muy amable de su parte romper con Kumi de repente y por otra chica, pero tampoco era para tanto, él había tratado de ser lo más sutil y delicado posible en estas circunstancias, pero ya se estaba hartando. La Doña (como todos le decían) se portaba casi tan ridículamente como Kumi, seguro era por esa complicidad implícita que se tienen las mujeres, especialmente si son amigas, y más todavía si la una había casi adoptado a la otra desde que llegó.
Buenos días, Doña¿tiene el periódico de hoy? - la saludaba Matsuyama, como siempre.
¿No puedes ir a buscarlo tú mismo? – la señora cada vez se ponía más agresiva, nunca le contestó así antes, y es más, cuando bajaba de su departamento le tenía preparada la sección deportiva junto a su beso de despedida al salir.
Salió del edificio con el humor en conflicto, harto de todo, no le importaron las clases y menos el entrenamiento que tenía antes, subió a su auto y fue al departamento de Yoshiko. Mientras tanto, ella, con un pijama viejo, de esos matapasiones que tenemos todos, el pelo revuelto y los ojos hinchados por dormir mal, disfrutaba su octavo sueño, corriendo por un campo con árboles de helado que se derretía, persiguiendo a Matt Damon vestido de elfo, cuando escuchó golpes furiosos en la puerta.
"Debe ser ese pobre mensajero de nuevo…"
Esperó un rato a que su madre abra la puerta. Seguía escuchando golpes, cada vez más fuertes.
"Cómo me enferma que salgan y no me despierten…" – rezongó.
Se acercó a la puerta y ni bien abrió entró Matsuyama furioso, desesperado, dispuesto, si no a matar, a gritarle cuatro verdades en la cara.
¡TÚ CREES QUE VOY A ESTAR ROGÁNDOTE HASTA QUE TE DÉ LA GANA DE HACERME CASO!
Yoshiko estaba tan sorprendida que lo miraba con la boca abierta, olvidándose hasta de la crema que se puso anoche en ese grano gigante que amenazaba con salir a la luz pública.
¡RESPONDEME! – Matsuyama la agarró de los hombros, zarandeándola a su gusto y antojo.
Yoshiko no reaccionó por la sorpresa y porque se veía de lo más sexy enojado, pero por fin se dio cuenta, cuando dejó de sacudirla y la miraba a los ojos desesperado, que no debía tratarla así por ningún motivo. Se liberó de las torpes manos de Matsuyama empujándolo hacia atrás fuerte, y alejándose de él.
¿QUIÈN CARAJO CREES QUE ERES PARA VENIR A MI CASA Y TRATARME ASÍ¡¡YO NO SOY COMO LAS CHICAS CON LAS QUE ESTÁS ACOSTUMBRADO A SALIR¡¡A MÍ ME RESPETAS!
Golpe totalmente bajo, pobre Kumi. Matsuyama se dio cuenta de la estupidez que hacía, la miró avergonzado, se fue a sentar a uno de los sillones de la sala, agachado, apoyando los antebrazos en las rodillas. Yoshiko no se acercó, lo miró de lejos y habló por fin.
Quiero que te vayas ahora – le ordenó, calmada pero firmemente, abriendo la puerta.
Es que no te entiendo, Fujisawa, juro que eres la persona que menos entiendo, y en toda mi vida – pasó las manos por su cabello, como peinándolo para atrás, enderezó la cabeza, mirándola – y todo iba tan bien… ¿qué pasó¿Por qué estás así? Te estoy buscando ya semanas como imbécil para recibir respuestas estúpidas de tu parte… ¿cuántas veces a la semana se pone pálida tu mama, mmm? – preguntó, con un tono de sarcasmo en su voz.
¡Tú eres el que menos me debería pedir explicaciones aquí! – Yoshiko le reclamó - ¡Tú!
¿Y por qué no? – se paró y se acercó a ella - ¡Tú eres la que me trata como basura!
¿Creíste que iba a ser tan fácil¡¿Cómo tú vienes me pides explicaciones cuando fuiste TÚ el que desapareció sin dar ninguna?
¡Y volvemos a la misma pavada¿Nunca va a entender que yo te escribí como imbécil, y nunca respondías, ni cartas, ni mails ni llamadas?
¡Yo¡Con qué cara vienes a decirme eso cuando sabes muy bien que el que se hizo al tarado para poder estar con su amiguita fuiste tú!
() Ya no respiro como ayer, voy inventando una frecuencia que no grite, desesperada.
Sólo ves, que he sido infiel, he sido más, tú no lo ves, he sido música
Que adornará tu vida, que custodia tus heridas, y te abraza al despertar.
Música, el bálsamo invisible, el beso más preciso que pueda hacerte llegar, hacerte llegar, hacerte llegar
Matsuyama no podía responder con algo a eso y salir victorioso del apuro, sabía perfectamente bien que lo que había hecho con Kumi no era del todo bonito.
Nunca te voy a entender¡no sé por qué insistes con eso!
Yoshiko tiró la puerta para cerrarla, dio grandes y rabiosas zancadas hacia su cuarto y volvió, yendo hacia él de la misma manera.
¡Por esto! – gritó, tirándole en la cara un montón de cartas a Matsuyama.
¿Qué es esto?
Una de tus mejores amigas me las dio cuando fui a buscarte al edificio – mentirita blanca, imposible que le diga que fue a espiarlo con Misaki – dijo que era mías y me las "devolvió".
Matsuyama veía el montón de cartas asombradísimo, nunca en su vida las había visto, y eran tantas…
¿Y¿No puedes decir nada ahora?
Te juro que nunca las vi, te juro que nunca me llegaron.
No mientas, Matsuyama, no mientas más – suspiró Yoshiko, como derrotada, se acercó a la puerta de nuevo – Por favor, sal, ya no quiero verte. Y llevate tus cartas, al final, las hice para ti.
Él las recogió, tomó su tiempo, unos minutos después pasó por su lado y se fue. Yoshiko sintió que además de salir de su casa, Matsuyama salía por fin de su vida.
Después de la pelea, la buena de Yoshiko se veía cada vez más deprimida. Cada fiesta, té, cena, almuerzo, picnic de despedida que planeaban en su honor le aumentaba la pena, uno, por recordarle cada vez que la despedida estaba más cerca, y dos, porque Matsuyama nunca iba. Por eso, por verla tan decaída, sus buenas amigas organizaron una noche de chicas, se despidieron de novios y esposos y salieron. Al llegar al lugar se dieron cuenta, tarde ya, de que Misaki las había seguido en su auto.
¡Era noche de chicas! – rezongó Sanae - ¿quién le avisó a Misaki!
Inmediatamente Yayoi se puso a contar angelitos en el cielo, tarareando una canción de moda, ni modo, él sería el único privilegiado de estar con mujeres tan hermosas. El grupo, entonces, estaba compuesto por el sindicato (Yayoi, Sanae y Yoshiko), Machiko y Misaki. Estaban seguras de no encontrar a nadie muy conocido en el lugar, habían ido a una de esas discotecas que no conoce nadie, pero que tienen buen ambiente e invitan a loquear un poco. Entraron sin esperar o hacer fila, aparte de que Yayoi ya era popular por su trabajo en las ligas infantiles, las cuatro y el quinto estaban guapísimas y guapísimo (otra vez, la ropa se las dejo a ustedes, pero por favor, nada muy brillante o tornasol). Muchas miradas masculinas y femeninas (por Misaki, claro) se dirigían hacia ellos, inflando más el ego de las que se sentían hermosas y levantando el ánimo de las que no tenían intenciones de sentirse bien. Los tacos de punta alfiler que sonaban y los andares seductores hacían notar su presencia en el lugar. Se sentaron en una mesa muy bien ubicada, como para ver y ser vistos, ordenaron unos tragos (Yoshiko y Misaki pidieron cosas exóticas, porque la última vez que lo hicieron fueron interrumpidos por el oportuno nacimiento del pequeño Ozora). Un tipo muy guapo se acercó a Yayoi para pedir que vayan a bailar, ella miró a sus amigas, que rieron del pobre Jun, y fue con él, total, era noche de chicas "locas".
A Jun no le va a gustar esto cuando le cuente – dijo Misaki, con un tono casual, mientras se hacía espacio entre el jardín de la exagerada decoración de su trago.
A Jun nadie le va a decir que pasó esto, querido Taro – Sanae lo miró amenazadoramente - ¿entiendes el concepto de "noche de chicas", verdad? – le preguntó con una sonrisa amenazadoramente fingida, hablando con los dientes apretados.
Misaki entendió a la perfección, ni una palabra saldría de su boca, y aprovechando esta situación, miró seductoramente a Machiko, animado, claro, por unos cuantos buenos sorbos que había dado a su bebida selvática, le tomó la mano y la sacó a bailar.
Oye, guapa… estás lindísima hoy… ¿vamos a bailar?
¡Vamos! – respondió Machiko, halagadísima.
Sanae y Yoshiko se quedaron en la mesa, riendo de la ocurrencia de sus amigos. Charlaron de todo, como siempre, y de cosas de las que no hablaban nunca, sin dejar de vigilar a Yayoi y al tipo guapo en la peligrosa para el novio oficial noche de chicas…
Sí, Yoshiko, yo tuve que "incentivar" a Tsubasa a pasar un poco más allá de los besos…
Risas estruendosas… confesión predecible, pero confesión, al fin.
Yo… yo no tuve necesidad de hacer eso, digamos que Matsuyama y yo nos dimos un buen regalo de despedida… ¡mucho tiempo antes de saber que me iba!
Risas otra vez… no pudieron evitar pensar en lo lindo que era Matsuyama… Sanae la envidió un poco, pero había que aceptar que Tsubasa en los últimos meses había mejorado no sólo sus técnicas futbolísticas.
Pero lo extraño mucho cuando se va, y viaja mucho… no sé… - etapa de tristeza – creo que nos vamos a ir de Japón…
Las dos se enfrascaron en una charla acerca de los pros y contras de vivir afuera, una charla intensa, revelaciones más interesantes que se decían al hablar… estuvieron buen rato así, rechazando a cuanto chico se acercaba, sin importar cuán guapo o interesante era. Unos cuarenta y cinco minutos después¡oh, casualidad! Sanae puso cara de pocos amigos. Yoshiko volteó a ver qué la puso de mal humor, tal vez Machiko y Misaki estaban avanzando al tipo íntimo de relación y en público, pero no. Todo mundo decidió salir con amigos esa noche: Matsuyama reía en una mesa cercana, rodeado de por lo menos la mitad del antiguo equipo del Furano.
() La canción de llama "Música", es de Llegas, cantada por Rodrigo Villegas y Rodrigo Rojas.
