Bueno, quiero disculparme por la tardanza y por lo corto de este capítulo. Prometo escribir pronto y más, hay que aprovechar las cortas vacaciones. A los que siguen, gracias. Quiero mandar un saludo especial para los que se preocuparon por mí y a los que exigieron actualizaciones más frecuentes. Un saludo especial, como siempre, a mi amiga y socia, Vicky Varela, y a la ganadora del "concurso", Lynminmay. (sólo que tienes que prometerme no decir nada, aunque Yun insista). Tu premio no tarda. Bueno, me voy a estudiar para el último examen, por ahora. Un beso a todas/os.

ADRIANA (Sietesoles)

Capítulo # 16

Precioso, como siempre. Yoshiko volteó rápido para que nadie se diera cuenta de la cara de tonta que puso al verlo riendo con sus amigos, con la sonrisa sincera y contagiosa de siempre. El tipo, hermoso, con el pelo cuidadosamente alborotado (ubiquen el peinado que los chicos tardan horas en hacer para que parezca descuidado y sin importancia), un jean oscuro y una polera de cuello, casual, de esas frescas, holgadas pero que revelan contornos y cuerpos bien formados (estaba hecho una hermosura). Sanae se quedó viendo unos minutos más que Yoshiko, por fin habló:

- Con razón sufres por ese churro…

- ¿Ves que tengo razón? – respondió Yoshiko, sufriendo. Unos segundos después se dio cuenta del descaro de la señora casada, se enderezó en su lugar y la miró con cara de Juez Moral, escandalizada.

- ¡¿Qué! – rió Sanae, pícara - ¡Es noche de chicas!

Las amigas se vieron un rato sin expresión alguna, hasta que reventaron en carcajadas. Obviamente recuperaron el glamour poco tiempo después y se pusieron a rechazar a cuanto chico se les acercaba, con gestos tan obvios de desagrado que el mismo tipo no insistía más de dos veces. Media hora después, reacción retrasada, Taro y Machiko corrieron hasta la mesa sin disimular su turbación.

- ¡¿HAN VISTO! – preguntó Taro, gritando por la emoción y la música a todo volumen - ¿QUÉ VAMOS A HACER AHORA, YOSHIKO?

- ¡¡SSSHHHHH! – las dos chicas le hicieron callar, porque la mesa estaba muy cerca.

- Ay… qué aburridas que son… - Taro se ofendió y tenía que defenderse, aparte no se emocionaron tanto como pensaba que se iban a emocionar.

- Es que ya lo vimos hace un rato, y nos estamos haciendo a las sabrosas para que nuestra Yoshiko no se desespere y caiga de un salto en las faldas de Matsuyama, pidiéndole perdón por todo lo que hizo y lo que no…

- ¡Yo nunca haría eso! – dijo Yoshiko, dignísima – No tienen por qué fingir conmigo, yo estoy bien, todo normaaaaaal…

De repente los ánimos de los acompañantes se calmaron, vieron llegar a una figura desde la otra mesa. Los ojos se desorbitaron, las bocas se abrieron. Las cabezas se movían acompañando pasos seguros que se acercaban a la mesa. Yoshiko sospechaba lo que pasaba, se emocionó, pero quería hacerse a la buena: no se dio la vuelta a ver. Por fin escuchó la voz conocida, desarmándola por dentro.

- Señora Ozora, ¿qué hace usted acá, sola, tan linda y sin bailar? – Matsuyama estiró la mano hacia la mamacita, digo, madre del grupo – ven, vamos.

- Claro, jijiji – dijo ella, toda sonrojada, pero presta a bailar con el guapo de su amiga, total, no era malo bailar – jijiji – lo miró con una sonrisa tímida, tapándose la boca con la mano.

A Yoshiko no le quedó otra que verlos partir hacia la pista. "Desgraciada ésa, mala amiga… so zorr…"

- ¡Yoshiko! – gritó Machito, llamando su atención – Está casada y no va a pasar nada… tranquila, eso te pasa por tarada y por hacerte a la sabrosa, querida, BIEN HECHO – buscó más argumentos – además, es mejor que baile con ella a que con una desconocida de éstas…

Uh no, más indignación y ofensa, fue personal. Se paró y fue al baño sola, no quería que la vean mal, el infeliz ni siquiera la saludó. Llegó, se arregló un poco frente al espejo, y decidió que irse así haría más obvio su mal humor y la causa, así que salió hermosa y volvió rápido a la mesa con una sonrisa. Después de media hora de fingir buen humor, llegó Yayoi cansada y un poco despeinada, según ella por mover la cabeza al bailar, y Taro aprovechó para sacar a bailar a Yoshiko sin dejar a Machiko sola, que se quedó dando detalles de lo sucedido a la tercera fundadora del sindicato. Se fueron al otro lado de la pista para que los otros no crean que iban a hacerles reto de baile, y se ocultaron para que Yoshiko estire la jeta todo lo que podía sin necesidad de disimular.

Taro se portaba muy bien con ella, es lindo y un gran tipo, y aparte de que las intenciones que tenía con Machiko se notaban a leguas, no sabía por qué no le atraía el chico con el que bailaba y seguía como tarada tras alguien que ya se notaba que no tenía interés en tener algo con ella. Bailaba y las cosas empezaron aparecer lejanas, como cuando nos desconectamos del mundo y las imágenes son más borrosas y las voces menos claras, como en un sueño. Taro le hablaba, le sonreía, pero no lograba llamar su atención, o por lo menos desviarle los ojos de Matsuyama.

Al otro lado, Sanae y su galán pasajero bailaban como locos, como hacía un buen tiempo que no bailaban, en realidad, ella por las vicisitudes de la maternidad y él por la falta de ganas. Todo bien, todo interesante hasta que a Sanae se lo ocurrió seguir la mirada de Hikaru y encontrarse con su amiga y compañera del partido (de porristas rebeladas). Estaba cómoda con él, pero lo notaba demasiado distraído. Decidió hablar.

- Y… Matsuyama…

Matsuyama le respondió con una sonrisa gil, porque no la había oído.

- ¿¿AH? – preguntó él, con una mano en la oreja, para dejar bien claro que no había escuchado nada.

- ¡¡Y, MATSUYAMA…!

- Aaaah… ¿Sí, Sanae? – preguntó, acercándose a ella, con ganas de saber lo que ella podría decirle, con ese tono tan misterioso que había empezado a usar.

- Si la ves tanto, querido capitán oponente y nuevo defensor de la selección, ¿POR QUÉ CUERNOS ESTÁS AQUÍ CONMIGO Y NO LE ESTÁS PIDIENDO QUE BAILEN JUNTOS? ¡¿SE HACEN A LOS IMBÉCILES O QUÉ!

Matsuyama se sorprendió ante la repentina violencia. Sólo la miró, no supo qué decir o cómo reaccionar ante tanta verdad.

- Mirá, querido, ella se va la próxima semana y no hicieron nada juntos, y lo peor es que se mueren por tenerse cerca – puso las manos en la cintura – no es que no me guste bailar contigo o ser el objeto de envidia femenina general esta noche, pero creo que ustedes dos deberían arreglar sus cosas y dejar de meternos en sus pedos mentales.

Ven que oscureció
se detuvo el destino en la habitación
quizás perdí mi ser
la violencia del aire quebrantó su piel

Y en secreto se inundaba el bosque
donde vimos crecer aquella flor
te besé y me rogaste que te amara
ruégame otra vez, otra vez

Más sorpresa. Matsuyama había escuchado que el embarazo había vuelto muy aguda a la dulce Sanae, pero no experimentó en carne propia el tremendo cambio.

- Tienes razón, pero esta vez no voy a hacer nada.


Aquí velaste al sol
siendo el resto de tu alma mi redención
presencié un eclipse en ti
es eterno el desierto que sonríe el fin

Y en secreto se inundaba el bosque
donde vimos crecer aquella flor
te besé y me rogaste que te amara
ruégame otra vez, ruégame

- "Se pasan de ridículos estos jóvenes de hoy… bueno, ya hice mi parte, el resto depende de este par de idiotas"

Toqué la soledad
en su vientre anhelando no despertar
volar bajo la piel
se adormecen tus manos al palpar mi sed

Tantas sombras en mi alma
tantas noches que me abrazan
óyeme que el cielo sangra
y de su sangre creo darte
y esta noche quiero verte
aunque sea dentro mío

Siguieron bailando un buen rato, hasta que el cansancio impidió a Sanae desarticular más las caderas, para disgusto de muchos atentos observadores.

Fueron a sentarse cuando Taro y Yoshiko decidieron lo mismo, pero al verlos, ella dio la vuelta y empezó a caminar hacia la barra. Matsuyama ya se había acomodado entre Machiko y Yayoi, así que no la vio escapar de él. Taro logró seguirle el paso y alcanzarla casi llegando al bar, se sentaron y pidieron un par más de tragos extravagantes. Esperaron sin hablar a que se los llevaran, y luego de abrirse paso entre la exuberante vegetación del decorado de las copas, se animaron a decir algo.

- Creo, mi estimadísima Yoshiko – tono sarcástico, por favor – que ustedes dos están perdiendo tiempo. Se mueren por tocarse, por darse un beso y son tan tontos como para negar algo que sienten y que hasta el resto nota… ¿no piensas hacer algo por eso?

- Lo que pasa, mi distinguido Taro, es que esta vez él la arruinó toda. Yo no pienso hacer más.

- ¡¿Pero qué hiciste!

Creo que aún recuerdas
que fui yo quien dijo basta
basta de atarme al trueno
basta de quemar tus sueños
ya no quedan más tormentas
tu deseo es mi deseo

Y al reír sangras la esencia
que deshace a mi lamento
recuerda que nadie espera
odio en tus ojos princesa


Se quedaron otra vez callados, sabían que era verdad, algo que nadie se había animado a hacerle notar tan claramente… pero a veces el orgullo también cuenta.

Y en secreto se inundaba el bosque
donde vimos crecer aquella flor
te besé y me rogaste que te amara
ruégame otra vez, otra vez

Se quedaron callados buen tiempo. Orgullo va y viene, también cierto tipo. Yoshiko se alejó un poco de Taro porque renegaba y no quería lastimarlo con alguna torpeza, así que no se dio cuenta de nada. Taró se alejó rápidamente y al sentir un movimiento extraño al su lado se dio la vuelta para pedirle a su amigo que no se enoje, que la disculpe por ser tan tonta y que intentaría calmarse y disfrutar lo que quedaba de noche. Matsuyama miraba al frente, apoyado en el lugar de Taro, con los brazos y piernas cruzados, sin decir nada. Yoshiko se quedó muda al ver que él era tan terco y tan insistente al darle una oportunidad que no merecía, le agradeció el defecto de personalidad. No supo qué decir y volteó más rápido que la primera vez, para ubicarse en tiempo, persona y espacio, y encontrar algo interesante que decir. No fue necesario. Lo mejor entre ellos dos es que no tenían que fingir nada, y sólo se miraron y rieron. Empezaron a hablar de Sanae, de la bárbara de Yayoi, de Taro y Machiko, normal, como si nada, pero Yoshiko sintió un beso suyo siendo secuestrado de repente, con un ágil movimiento de Matsuyama a su lado. No fue el beso desatapasiones típico, sino que fue un asalto tierno a su boca, sin contar claro, al resto de ella misma. Fue un movimiento torpe y rápido, no calculado, pero efectivo.

Se quedó más sorprendida. No dijeron nada y cada uno volvió a apoyarse en la barra sin decir nada. Yoshiko jaló los brazos y buscó su mano, Matsuyama la agarró y la apretó muy fuerte. No se movieron y no había nada que decir. De lejos se podía ver a los dos sonriendo, y nada más.