EUFORIA
Sinopsis: Fue un pensamiento estúpido, y lo sabía, pero cuando vio aquella pequeña, dulce, volátil sonrisa, más allá de la amargura y del rencor que los dos habían adoptado como segunda piel durante casi seis años, House no pudo evitar preguntarse si ella se habría contagiado también de Euforia GHxLC
Pareja: Greg House / Lisa Cuddy
Disclaimer: Creo que sería obvio que si fuera David Shore o Bryan Singer o alguien referente a la FOX y a House, M.D., no estaría aquí escribiendo, ¿verdad? ;)
Advertencias: Este capítulo contiene pequeñas escenas slash (relación hombre / hombre), muy ligeras pero que aún así, bueno, son slash al fin y al cabo, ¿no? ;)
Spoilers: Primera / Segunda temporada. Post ¿Quién es tu papá? (223). Universo Alternativo, ya que ese capítulo aún no se ha emitido en España y mis conocimientos de inglés me limitan bastante los vídeos que vi en inglés ;) Por eso, si hay algún error respecto a menciones de capítulos anteriores, os agradecería que me lo dijerais. De todas formas, tan sólo falta apenas una semana para comprobarlo por la FOX ;)
-Dama Blanca-: ¡Muchas gracias por tu review! Me hizo mucha ilusión jeje, y espero que este capítulo te parezca menos dramático :P Contestando a tu pregunta, creo que Cuddy no se queda embarazada, pero lo intenta. Este cap te lo explicará un poco :P
Ninfa-LostMD: También te estoy muy agradecida de que te hayas tomado la molestia de dejarme un lindo review :) Sí, la verdad es que los dos tienen mucho más en común de lo que quieren admitir xDD y me encanta que te gustara el abrazo, porque pensé por un momento que no quedaría muy realista, ya sabes, al fin y al cabo son la Mujer de Hielo y el frutero ;)
Algo tierno
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Hacía ya casi dos semanas que Eric Foreman se había reinsertado al equipo, trabajando como de costumbre de nuevo, con las "pequeñas tareas extra" que House le solía asignar especialmente a él y que consistían básicamente en allanar la casa del paciente, y, sin embargo, parecía que sólo Robert Chase – su Némesis, su opuesto, negro contra blanco – se daba cuenta realmente de que, en ciertos momentos, el doloroso recuerdo regresaba a los ojos oscuros del médico, provocando que, durante breves segundos, Foreman se alejara del resto de las personas casi inconscientemente, encogiéndose en sí mismo, reviviendo una y otra vez el tormento que había tenido que sufrir para valorar mucho más la vida.
Al principio, había considerado aquello como un vago pensamiento; "Hey, soy su colega, supongo que su amigo, y en este equipo, con House más sardónico de lo normal y Cameron desengañándose, es lógico que sea yo quién me preocupe por él", y se había propuesto como reto personal tratar de aliviar su dolor.
Los
primeros días, Foreman se había mostrado reacio a
ampliar la relación de ambos más allá de simples
colegas, pero a Chase, cuando se le metía algo entre ceja y
ceja, no se le podía decir que no, así que había
acabado aceptado su oferta de quedar un par de días los dos y
tomar unas copas, fuera del estrés y el constante ejercicio
mental y de resistencia al que les sometía House ocho horas al
día, a veces más de un día sin descanso.
La
cosa había ido tan bien, que Chase había cogido un
especial cariño al, en apariencia, desafiante e insensible
Foreman. Había creído ser el único que lo
conocía al menos un poco, el único al que había
mostrado ligeramente su vulnerabilidad, y comenzó a fantasear
con una sólida e inamovible amistad que durara a través
del tiempo, como la que secretamente envidiaba a House y Wilson, que
podían entenderse con una mirada y unas pocas palabras, o
incluso a House y Cuddy, que mantenían una extraña
relación entre el respeto, el desafío a la autoridad,
la – obvia – tensión sexual, y su constante guerra de
ingenio e inteligencia.
Debido a la insistencia en hacerse íntimo del médico de color, House había tomado la irritante costumbre de referirse a ellos como 'La pareja de oro', ocurrencia que demostraba por otra parte, que el brillante médico estaba perdiendo facultades, hecho realmente alarmante, o que estaba demasiado ocupado con otros temas como para molestar a su joven equipo, hecho también preocupante e intrigante a partes iguales.
Sin embargo, aquella calurosa mañana de lunes, cuando House llegó – tres cuartos de hora tarde – al vestíbulo del Princeton-Plainsboro, Chase había aplazado temporalmente a Foreman de su mente, quizá porque él y sus compañeros habían recibido una información un tanto… inusual, referente a su jefe.
.-Llegas tarde. – hizo notar Cameron, sin que hiciera ninguna falta.
House la miró alarmado.
.- ¿Y eso te sorprende? Vaya, chica, creía que me conocías algo más. – miró en rededor, como buscando una respuesta a una pregunta inconcebible – Y, ¿qué demonios hacéis en medio del vestíbulo?
.-Cuddy nos acaba de dar un nuevo caso. – respondió Foreman, agitando una carpetilla ante él.
.-Oh, claro, y tienen que ir todos los niños para no perderse. – rodó los ojos – Podías estar haciendo algo útil, como cubrir mis horas de consulta.
Los tres jóvenes intercambiaron una mirada divertida que no pasó desapercibida para el doctor, mientras se llevaba un par de vicodinas a la boca con la rapidez y naturalidad adquiridas del paso de los años.
.-Uh, esto me huele a chisme, ¿alguien ha ligado este fin de semana?
Más risillas mal disimuladas, y eso comenzó a molestar a House. Normalmente era él quién se reía de los demás y de las caras que ponían, no al revés.
.-Así que es algo de mí, ¿no? ¿Y creéis que podéis molestarme? Puff, pobrecitos, ya les cuentan cualquier tontería para que vengan con energías al trabajo; y de todas formas, ¿dónde está Cuddy? Qué extraño que no esté aquí para abalanzarse sobre mí amenazándome con más horas de clínica.
Cameron ahogó una risilla.
.-Está reunida con el Consejo, parece que están decidiendo un tema importante, porque ha cerrado las cortinas de la sala de juntas.
House comenzó a caminar por el pasillo apoyado en el bastón, arrebatando de las manos de Foreman la carpeta con el caso.
.-Sí, ya, lo supuse cuando me dijiste que había reunido al Consejo. – respondió amargamente, irritado porque Wilson no le había comentado nada. – ¿Una niña con fatigas, mareos y desmayos? Ya os conformáis con lo que sea para no aburriros, ¿eh?
Chase avanzó más rápido, intentando alcanzar a su jefe, y frunciendo el ceño ante su inusualmente elevada ironía.
.-No es un caso normal; la chica lleva cerca de un mes enferma, fiebres, mareos, debilidad física, agotamiento mental, dolores de cabeza… Tan solo tiene catorce años, no son normales en alguien tan joven esos síntomas.
House chasqueó la lengua, impaciente por tomar un buen vaso de café que seguro que Cameron se había molestado en preparar a primera hora de la mañana.
.-Acabas de describir la mononucleosis, incluida la edad en la que se da. – se volvió hacia él con una mueca burlona. – Vaya trío de especialistas estáis hechos.
.-No sufre inflamación del brazo ni dolor de garganta. – se apresuró a contradecir Foreman – Además, la fase febril de la mononucleosis no suele pasar de los 10 días; Annia lleva más de tres semanas con fiebres altas.
.-Tampoco explica los desmayos. – añadió Cameron.
.-Los desmayos pueden ser provocados por la fatiga que la paciente sufre desde un mes. – House se giró hacia ellos, en la puerta del despacho. – Y la astenia es síntoma de la mononucleosis; recetadle ibuprofeno, líquidos y reposo en cama tres semanas, y traedme algo más interesante.
.-Creo que lo encontrarás tú mismo… - murmuró Chase con una sonrisilla, siguiendo a sus compañeros de regreso a la habitación de Annia; por suerte o por desgracia, House no llegó a oírle.
Mientras se alejaban de las paredes acristaladas del Departamento de Diagnósticos, alcanzaron a oír el sonido de una taza al caer al suelo, y la voz estrangulada de su jefe gritando una blasfemia. Foreman, Cameron y Chase intercambiaron una sonrisa cómplice antes de proseguir su marcha.
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James
Wilson acababa de regresar de la reunión extraordinaria con la
que Cuddy había convocado al Consejo, y lo único que
quería era sentarse cómodamente en su despacho durante
un buen par de horas, hasta que tuviera que comenzar con las
consultas obligatorias.
Llegó agotado a Oncología,
repasando mentalmente la discusión mantenida en la sala de
juntas minutos atrás, y tenía que admitir que Cuddy
tenía razón sobre la decisión que había
tomado; el hospital necesitaba dinero, y lo que había
propuesto la Decana de Medicina tenía sentido y ya había
demostrado funcionar en el pasado.
Sin poder evitarlo, una sonrisa de satisfacción curvó sus labios sin pretenderlo; de hecho, el inminente acontecimiento le venía de perlas para poner en marcha su pequeño plan, aunque su jefa ni lo hubiera sospechado. Seguro que a House le interesaba la información.
Y, hablando de rey de Roma, en ese momento su amigo irrumpió en el despacho como un toro en la plaza, con los ojos inyectados en indignación y furia y agitando de malas maneras un libro de bolsillo que todavía tenía adherido un lazo de regalo. Wilson cerró los ojos y se preparó mentalmente para la batalla. Casi se había olvidado de ese pequeño detalle.
.- ¡¿Qué demonios es esto! – bramó, dejando caer el tomo violentamente sobre su escritorio.
Wilson
parpadeó, haciéndose el sueco, y se inclinó para
leer el título del librito. "MIL CONSEJOS PARA EL AMOR,
Los aspectos que el hombre debe tener en cuenta para ser un experto
en el arte amatorio, por el psicólogo
Too-Sweetheart"
Ahogando una carcajada, se encogió de
hombros mirando inocentemente al furioso hombre frente a él.
.-A mí me parece un libro de consejos para ligar, ¿no? Vaya… ¿quién te ha hecho semejante regalo?
House entornó los ojos con suspicacia, golpeando el suelo con el bastón.
.-Hazme el favor de leer la tarjeta dedicatoria, Jamie.
"Mierda" se dijo Wilson. Sí, también había olvidado el otro pequeño detalle. Casi con temor – pero obvia diversión – carraspeó y leyó en voz alta las líneas escritas con pulcra caligrafía.
.-"Para el buen House, que lo disfrutes con salud. Jimmy-boy"
Aguantando
las ganas de reír, recordó cómo había
pasado el sábado después del trabajo por delante de una
librería que estaba en oferta por liquidación, y no
pudo reprimir el entrar a echar un vistazo y perderse entre sus
amigos más antiguos; Shakespeare, Dickens, Agatha Christie,
John Milton… Sin embargo, la velada de sus sueños se había
visto interrumpida cuando chocó con una estantería
llena del mismo volumen rosado, cuyo título pomposo y escrito
en letras rebuscadas le había suscitado el pensamiento del
plan que llevaba días soñando con preparar.
Así
que no había dudado un segundo en comprarlo y envolverlo para
regalo, como obsequio a su buen amigo, quien ahora le miraba con
obvios instintos homicidas.
.-No tienes por qué enfadarte, House. Simplemente lo vi, me acordé de ti y te lo compré. – repuso con voz totalmente inocente, aunque sin poder esconder una nota de culpabilidad al ver la expresión indescriptible del médico. – Vas a acabar solo, House, y como no tengo especiales deseos de que aporrees mi puerta mientras estoy con mi pareja, mejor te busco una y nos ahorro a los dos pasar el mal trago.
.- ¿Mientras estás con tu pareja? ¡Por Dios, Wilson, vas por tu tercer divorcio, y estás viviendo con una paciente tuya! Además, ¿qué demonios te hace pensar que yo no quiero estar solo? Por ahora no me va mal, no tengo que pelearme por quién limpia el baño o hace las comidas, como hacía contigo.
Wilson le miró, claramente dividido entre la diversión y la molestia.
.-House, durante el tiempo que estuvimos viviendo juntos, nunca peleamos por esas cosas. Siempre acababa haciéndolas yo. De hecho, me parece recordar que eliminabas los mensajes de las inmobiliarias que habían aceptado venderme un piso porque no querías que dejara de cocinar para ti…
House hizo un gesto con la mano, como si aquello no tuviera importancia.
.-No intentes cambiar de tema, Jimmy. Vale, vale, compraste el dichoso libro, lo que tú digas, pero, ¿cómo se te ocurre dejarlo en mi despacho?
Wilson alzó las cejas, fingiendo sorpresa.
.-Oh, perdón. ¡Cómo iba a suponer que pasarías por tu despacho…! – contestó, no pudiendo evitar la ironía.
Mirada asesina.
.-Sabes perfectamente que normalmente soy el último de mi equipo que llega a mi despacho. – House se interrumpió, comprendiendo de pronto la extraña actitud de sus jóvenes médicos esa mañana. – Oh, por el amor de Dios, por eso parecían colegialas excitadas…
Wilson se mordió los carrillos para no reírse descaradamente de House, y de pronto unas palabras volvieron a resonar en su mente "Está más a la defensiva de lo normal, pero también parece más humano, menos dispuesto a molestar a la gente…" y las comprendió de pronto mucho mejor; en cualquier otro día, su amigo le habría gritado y amenazado durante todo el día por haber tenido la desfachatez de ponerlo en semejante ridículo, y sin embargo… Greg House se estaba ablandando. Increíble. Inconcebible. Pero cierto.
Miró a su amigo. House se había sentado de cualquier manera en su sofá, dando vueltas al bastón, bebiendo café de su propia máquina, y lanzando de cuando en cuando miradas asqueadas al maldito libro que permanecía en su escritorio, y Wilson ladeó la cabeza, intrigado por su comportamiento. Era la primera vez que sucedía aquello en los ocho años que lo conocía.
.-Se te olvidó mencionarme lo de la reunión de hoy.
Así que era eso. El oncólogo esbozó una sonrisilla; House se estaba comportando como un crío molesto porque sus padres no le han comprado tal juguete.
.-Cuddy nos tomó por sorpresa. – se encogió de hombros. – El hospital necesita dinero.
.-Puff, menuda novedad. – resopló House – Parece como si a Cuddy le pusiera eso de convocar reuniones por temas que ya nos sabemos todos, hasta los que no queremos.
Wilson
se debería empezar a preocupar de que encontrara tan graciosa
la actitud infantil de House, no fuera a ser que se hubiera
contagiado de Euforia, pero tenía una muy buena explicación
para ello.
Dispuesto a divertirse un poco más – realmente
no podía culparse, las últimas semanas habían
sido agotadoras – se inclinó vagamente para mirar más
de cerca de su amigo.
.- ¿Sabes? Creo que no sería mala idea que te leyeras el libro. Ya sabes, por si algún día quieres dejar de ser el capullo insoportable de siempre y compartir tu vida con alguien que te soporte, alguien cercana a ti, no sé…
House se atragantó con la bebida. Hora de huir antes de que la cosa se pusiera realmente patética.
.-Jaja, qué bueno. – se levantó apoyándose en el bastón, y seguido muy de cerca por Wilson, que le miraba sabiendo que había tocado un tema tabú, libro en ristre – Por cierto, este café es un asco, vuelvo a mi despacho a beber algo decente, haber si aprendes.
.-Huye, huye como el cobarde que eres. – se hizo oír Wilson, por encima de la perorata que soltaba House para no tener que escucharle, con una sonrisa bailando en la cara. – Pero eso sólo te hace más humano, House; al fin y al cabo, todos necesitamos una muestra de afecto de vez en cuando, ¿no?
House se detuvo en la puerta, frente a la terraza. Se volvió muy lentamente, hasta encararse con un Wilson triunfante que agitaba el libro frente a sus ojos.
.- ¿Qué has dicho…?
.-Últimamente, la gente viene a mí en manada para contarme sus problemas e inquietudes, debo de tener cara de consejero espiritual, o quizá lo que pasa es que piensan que el ser tu amigo me convierte en mártir, pero el caso es que uno se entera de cosas realmente muy interesantes… Y, ¿sabes algo más? La doctora Cameron no es tan ingenua como parece. – sonrisita satisfecha – Así que vives un tórrido arrebato de pasión en el despacho de Cuddy y no me dices nada.
Touché. House cerró los ojos con dolor y en su marcador personal el afecto que sentía por Cameron bajó drásticamente.
.- ¡Oh, Jamie! ¡No perviertas mi inocente mente con esas imágenes! Pero para aplacar tus calenturientos pensamientos, te diré que tan sólo fue un abrazo, ¿vale? Me dio pena.
La risa de Wilson se escapó por la puerta semiabierta, y House se apresuró a cerrarla.
.- ¿Cuddy te dio pena? Vamos, House, a otro perro con ese hueso. Por Dios, mírate, eres Gregory House, y sin embargo últimamente no te reconozco (que no quiere decir que no me guste el cambio); aceptas ayudar a Cuddy con el tema del donante, te comportas con ella, la abrazas… - exageró la última palabra, acompañada de un gran aspaviento de brazos. – Me alegro de que no la machaques tanto pero, tío, reconoce que tú hagas eso es como para cabrearse.
.- ¡En que alta estima me tienes! – Ironizó House – A contrario de lo que piensas, sí puedo ser amable ciertas veces.
.-Sí, ciertas veces, sí. – Coincidió Wilson – Pero con Cuddy, y dos semanas seguidas, es demasiado para ti, y lo sabes, ¿qué es lo que ha cambiado?
House
se detuvo, contrariado, y se enfureció consigo mismo al no
saber qué contestar. ¿Qué es lo que ha
cambiado, Greg? De hecho, el descubrir que Cuddy había
decidido recurrir a la inseminación artificial había
supuesto un duro golpe, aunque no lo hubiera demostrado en absoluto.
Pero no podía ocultar su obvia irritación, ¿por
qué su jefa no se resignaba como él a alcanzar la
felicidad a través del trabajo, en qué se
diferenciaban? ¡¿Qué es lo que ha
cambiado!
Wilson tuvo piedad de él y puso fin a su
tormento interior depositándole en el regazo los Mil
Consejos Para El Amor.
.-Hazme caso, léelo, aunque sea sólo para divertirte. No sé si encontrarás algo útil, pero al menos pasarás un rato divertido.
House sopesó con una mano el libro, mirándolo fijamente; luego clavó los ojos azules en James y, sin una palabra, salió del despacho. Wilson sacudió la cabeza con una ligera sonrisa en los labios, pero su amigo volvió a asomar la cabeza repentinamente, ladeándola con curiosidad.
.- ¿Qué va a hacer Cuddy para ganar dinero para el hospital? Espero que colocar una cámara en su ducha…
El oncólogo, ignorando limpiamente la salida de House, dudó si decírselo o no, declinándose finalmente por lo primero.
.-Se supone que recibiréis una invitación para la próxima fiesta en el hospital el jueves, pero yo no te he dicho nada, House; ¿podrás mantener la boca cerrada tres días?
El otro esbozó una sonrisilla afectada.
.-Demonios, ¿Por quién me tomas?
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House
entró en la consulta 1 maldiciendo el dolor de su pierna y
sujetando un par de carpetillas azules con su mano libre, pero se
detuvo cuando vio la paciente que le esperaba, sin poder ocultar una
sonrisilla.
Cuddy estaba sentada de piernas y brazos cruzados en
la camilla, sin bata y sin el distintivo que la presentaba como
directora, mirándole de forma reprobatoria desde sus ojos
grises.
.-Llegas media hora tarde, y tengo prisa, doctor House.
.-Creí que me habías dicho que te tratara como a una paciente más. Atente a las consecuencias. – respondió él, poniéndose unos guantes y sacando una jeringuilla del bolso de la Decana, quien ni se inmutó por eso, pues mantenía la mirada fija en las carpetas que House había dejado en una mesa.
.- ¿Ya has revisado a los posibles candidatos? – no podía ocultar el temblor y la emoción en su voz. La vulnerabilidad. Se estremeció cuando el médico le aplicó calmante en el brazo, y al sentir la afilada aguja traspasar su piel.
.-Sí. – contestó secamente House, concentrándose en la inyección.
.- ¿Y? – apremió ella.
Él se tomó su tiempo para responder. Primero apartó la ahora vacía jeringuilla, puso una gasa en la zona con una imperceptible caricia, y después recogió sus cosas, dispuesto a salir de allí antes de que dijera todo lo que pensaba, y el esfuerzo de las últimas semanas por mostrarse amable con su jefa se fuera a la mierda.
.- ¿Y si mejor adoptas? – Eludió – Te ahorras nueve meses de incomodidad…
.-House… - suspiró Cuddy, frotándose la zona dolorida.
.-… las molestias del parto, las estrías post-embarazo…
.-House, no tengo tiempo para aguantarte… - la directora frunció los labios y puso los brazos en jarras.
.-… el tener que dar el pecho cada cuatro horas – él se interrumpió. – Aunque, bien pensado, eso podría ser una verdadera ventaja.
.- ¡House! – le cortó Cuddy, enojada - ¿Se puede saber qué te ocurre?
House se detuvo, mirando algún punto más debajo de la camilla fijamente, ante una expectante Cuddy, que no sabía qué pensar.
.-No quiero que recurras a la inseminación artificial.
La mujer había esperado una enrevesada respuesta llena de ironía sobre el ser una mamá soltera, lo morboso que resultará que tu jefa esté embarazada, o simplemente una larga perorata sobre su supuesta madurez como para tener un hijo. Pero, en absoluto, estaba preparada para ese brutalmente sincero impedimento.
.- ¿Cómo? Pero, si hace un par de días te mostraste de acuerdo en ayudarme… accediste a inyectarme las ampollas de la fecundación in-Vitro, y a revisar a los donantes. – estaba confusa, terriblemente confusa, y debía notársele a la legua. – No lo entiendo, si hasta llegué a pensar que…
Llegado a este punto, Cuddy se cortó violentamente, turbada y azorada. Porque, durante la pequeña charla mantenida con House sobre el donante, había llegado a pensar que él le estaba animando a pedirle que fuera el padre. Y no lo había imaginado, no; nunca había visto al egoísta y frío médico tan amable y delicado con ella, sin dejar por eso de ser el mismo de siempre. Y durante aquella conversación, había estado casi convencida de que él deseaba ser el donante.
House golpeó el suelo con su bastón, provocando un pequeño sobresalto en su jefa, y dejó caer un pequeño suspiro al sospechar qué pasaba por la mente de la Decana, resignado a que la gente se mostrar ideas equivocadas, no necesariamente en este caso.
.-No quiero que recurras a la inseminación artificial de esta forma. – se explicó, buscando las palabras adecuadas. – Porque no es la manera ideal de concebir un hijo; lo que te ocurre es que sientes que tu vida está vacía y carente de motivos de felicidad, así que quieres llenar ese vacío a cualquier precio. – Cuddy le miraba, estática, y herida. – No toda la gente decide lo mismo que tú en esas circunstancias; unos ingresarían en alguna ONG, otros buscarían pareja, algunos se refugiarían en su trabajo, pero como tú no tienes tiempo para lo primero, piensas que nunca encontrarás a nadie ideal para ti, y no puedes estar más desvivida por este hospital, lo que decides es tener un bebé.
Cuddy sintió que le temblaba la barbilla, y apartó la mirada, intentando ocultar la herida que la brutal verdad de House había abierto de nuevo. La voz vacilaba.
.- ¿Y te enfadas conmigo porque quiero ser feliz?
.-No. – contestó con sinceridad el otro, queriendo lamentar sus palabras pero no pudiendo, porque había dicho exactamente lo que pensaba. – Me molesta que no afrontes tus problemas como hacemos todos.
La mujer se puso en pie con una amarga carcajada.
.- ¿Desde cuando tú te enfrentas a los problemas, doctor House? Porque que yo recuerde, no te enfrentaste a lo de tu pierna cuando te salvé la vida, no te enfrentaste a que Stacy se fuera y volviera, no te atreviste a mantenerla a tu lado, y no te relacionas con los pacientes porque si estás implicado no te arriesgas ni tomas decisiones extravagantes.
Le lanzó una mirada retadora, temiendo en su interior haber ido demasiado lejos, pero House simplemente esbozó una pequeñísima sonrisa.
.-Qué simpática. – masculló entre dientes. Después se dio la vuelta, abriendo la puerta de la consulta. – Ya sé por qué tanta prisa por preparar una fiesta para recaudar dinero, cariño, lo que quieres es una última ocasión de tomar alcohol antes de nueve largos meses de sequía.
Cuddy le lanzó una mirada asesina, asegurándose de que nadie más que ella lo hubiera escuchado. Pasó por delante de House acompañada del sonido de sus altos tacones y le miró por encima del hombro, dirigiéndose a su despacho.
.-Dile a Wilson que aprenda a aguantar tus interrogatorios. – de pronto se giró en medio del abarrotado vestíbulo y le sonrió con fingida dulzura. – Oh, y, por cierto, pasé por tu despacho esta mañana. Bonitos gustos literarios.
House hizo una mueca de dolor. Eso fue un golpe bajo.
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"Primer
capítulo. Encontrar a la fémina de sus
sueños"
"Bienvenido, querido lector, y felicidades
por comprar este maravilloso manual del amor. En primer lugar, y para
ir calentando, le daremos una lista de los diez mandamientos del
conquistador de féminas, que le ayudará a elegir una y
poder adueñarse del corazón de dicha mujercita…"
.-Interesante lectura.
House levantó la vista del libro, desde su cómoda posición sentado en su silla y con los pies sobre el escritorio de cristal, y se encontró con Chase, que le observaba claramente divertido.
.-Sí, no dudo que ya te lo has leído, ¿cómo acaba? – rebatió, fingiendo excitación. Después volvió a centrarse en el libro. – ¿Qué haces aquí?
Chase inclinó la cabeza; ¿qué estaba haciendo allí, cuando podía estar con Foreman revisando los análisis de Annia?
.-Annia no responde a la medicación.
House dejó el libro sobre la mesa; estaba claro que no le iban a dejar reírse en paz ni siquiera un ratito.
.- ¿La paciente con mononucleosis?
.-No es mononucleosis; no mejora.
Con un suspiro, House recogió el bastón y se incorporó.
.-No sabéis arreglároslas sin mí, ¿eh?
"Segundo
capítulo. Conquistar a su fémina"
"Bien,
ahora que ya sabe que la elegida de su corazón debe ser
alguien que le haga sentir de forma especial, seguro, que le ayude,
que le divierta, y que le limite dentro de sus defectos, comenzaremos
con lo que debe hacer para que ella se fije en usted."
House detuvo su lectura de nuevo en las últimas dos horas, sintiéndose observado. De hecho, al alzar la vista, se encontró con su joven equipo, que le miraba expectante. Rodó los ojos.
.- ¿Qué ocurre ahora?
Cameron parpadeó, confusa.
.- ¿De verdad estás leyendo el libro de Wilson?
.- Oh, ¿eso te ha parecido? No mujer, en realidad sólo estoy viendo los dibujitos. – contestó él, fingiendo disculparla con una sonrisa. – ¿Le pasa algo a la paciente?
Foreman fue el primero en salir de su estupor, y se sentó en una de las sillas, apartando respetuosamente sus ojos curiosos del libro que seguía sujetando su jefe.
.-Teníamos razón, no es mononucleosis. No puede serlo; llevamos dos días con el tratamiento y no mejora; su sistema inmunológico está cada vez más débil…
.-Oh, ¿seguís con eso? – House se levantó, recogiendo una enciclopedia médica de una de las estanterías. La dejó caer enfrente de los jóvenes médicos. – Buscad ahí la mononucleosis, y veréis que, ¡sorpresa, los síntomas coinciden.
.- ¡No mejora! – repitió Chase, sentándose junto a Foreman, que había abierto la enciclopedia.
.-Porque no es un caso típico. – respondió Cameron por House, imitando ese retintín de superioridad. – ¿No es así?
.-Yo no hablo así. – fingió ofenderse el otro. – Pero sí, por fin alguien se da cuenta. Es una variación de la mononucleosis que se da cada tres mil casos; si me hubierais hecho caso y le hubierais suministrado la dosis adecuada ya se habría recuperado…
Foreman abrió la boca, ligeramente enojado.
.- ¡La dosis que nos pediste era exagerada! Pensábamos que simplemente tratábamos una enfermedad común, ¿por qué no nos dijiste que era una variación atípica?
.-Porque entonces no aprenderíais, ¿no es divertido? – las miradas que recibió fueron suficiente respuesta. – Bien, no me miréis así, ya sabéis lo que tenéis que hacer; ¡y dejarme leer el libro en paz de una maldita vez!
Murmurando, Foreman y Chase se apresuraron en alejarse de su jefe, pero Cameron se detuvo en la puerta.
.- ¿Debo suponer que estás interesado en alguien?
House la miró por encima del libro.
.- ¿Lo dices porque me ves leer esto, o porque le contaste a todo el hospital que me lo monté con Cuddy mientras Foreman agonizaba?
Cameron se sintió ruborizar.
.-Yo no… Estaba confundida, y me encontré con Wilson.
Él sólo soltó un "Puff" que demostraba poca convicción.
.-Te… te dejaré en paz. – la joven bajó la mirada, apenada. – Lo siento.
Cuando la puerta se cerró tras ella, el jefe de diagnósticos volvió a concentrarse en la lectura, sintiéndose sólo ligeramente incómodo por la derrota de las palabras de Cameron.
"… una
buena manera de atraer su atención, es invitarla amablemente a
tomar unas copas o, si hay cerca algún acontecimiento
importante, como una fiesta o una celebración, pedir que le
acompañe.
A las féminas les encanta. Nunca falla."
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Los
rayos de sol de la mañana se deslizaban perezosamente sobre
las sábanas revueltas, calentando los cuerpos de los dos
amantes que se negaban a levantarse de la cama, y trazando
caprichosas formas en su piel desnuda.
Chase sentía un
agradable cosquilleo en la boca del estómago, mientras unos
dedos ágiles y suaves iban de arriba a bajo sobre su brazo,
apenas acariciándolo, y un fuerte brazo lo sujetaba por la
cintura.
Se
sentía realmente bien y exhausto después de una noche
agitada, pero no le importaba, porque en aquellos momentos era
completamente feliz. Sin 'peros', sin reparos, sin excepciones.
Era simplemente feliz, estaba pletórico de alegría.
Y
sabía que la persona junto a él también se
sentía de igual manera. Un ligero sonrojo subió a sus
mejillas; se lo había repetido numerosas veces durante la
noche, y aquella mañana, al despertarse juntos. Eran felices.
Sólo un ligero y molesto pensamiento perturbaba su calma, y
era especialmente insistente.
.-Anoche recibí una invitación a una fiesta para recaudar fondos firmada por Cuddy. – dijo de pronto una voz junto él, mientras le besaba el hombro, y Chase sintió su sonrisa contra su piel; mañana a la misma hora, tendría una bonita marca morada justo donde los labios hacían de las suyas. – Justo antes de que vinieras y te lanzaras a mi cuello.
El australiano se ruborizó.
.-No te oí quejarte.
Foreman rió contra su cuerpo, provocando un estremecimiento en el rubio.
.-No me quejo. – confirmó.
Una
respuesta anhelada. Un cómodo silencio. Una habitación
en calma, y los – benditos – dedos de su compañero
ofreciéndole una dulce tortura, llevándole lentamente a
la locura.
Foreman se incorporó un poco, satisfecho con los
estremecimientos del otro, y se inclinó para mordisquearle el
lóbulo de la oreja. Sus ojos oscuros captaron un fugaz
pensamiento al ver juntas las dos pieles. Negro y blanco. La piel
blanca de Chase contra las pequeñas marcas que había
allí donde los dientes y labios de Eric pasaban. El contraste
de las suaves sábanas blancas de lino contra su piel morena.
.- ¿Vendrás a la fiesta conmigo?
Y Chase sonrió, dejándose llevar.
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Greg
House apoyó la cabeza en la puerta del ascensor, no creyéndose
lo que estaba a punto de hacer. Había terminado de leer el
capítulo dos del horrible manual, y quizá fuera eso, o
que Wilson le había estado dando el coñazo toda la
semana con el tema, o que la botella de whisky se había
acabado en esa noche, pero el caso es que prácticamente, se
había visto obligado a arrastrase hasta la puerta del
despacho de Lisa Cuddy en plena noche.
El ascensor se detuvo, y el
médico tomó una bocanada de aire antes de avanzar a la
sala de la administradora. Debía ser el alcohol, se dijo, que
le hacía ver la vida más amarga de lo que era en
realidad.
Porque,
sí, aquella noche había apurado una botella de licor de
manzana y otra de whisky, y de pronto se había encontrado a sí
mismo reflexionando sobre su vida. El maldito libro le estaba
comiendo la cabeza, eso era hecho consumado ya, y le estaba
ocasionando dudas. No quería acabar como uno de los hombres
amargados y rencorosos que describía el autor con sádica
crueldad.
Para su sorpresa, se había encontrado
considerando la opción de tomar a Cuddy como su 'fémina',
ocurrencia que le había parecido enormemente graciosa tras el
segundo vaso de whisky, y no tanto después del quinto.
Era
una buena candidata, se dijo, y tal como la describía el
manual; era lista, le divertía meterse con ella, le sabía
limitar sus extravagantes caprichos, respondía a sus
provocaciones con tantas ganas como él, y, por supuesto, era
un bombón.
El médico esbozó una sonrisilla ante el pensamiento. Oh, sí, Lisa Cuddy estaba como un queso. De hecho, cada vez que lucía uno de esos escotes que hacen que el doctor se ponga bizco, a House le costaba mucho (pero mucho) centrarse y molestarla con eso mismo. Sí, eso era. El que fuera a hacer lo que iba a hacer era tan sólo una buena oportunidad para estudiar más de cerca las curvas peligrosas que su jefa paseaba atrevidamente por el hospital, no era para nada porque últimamente no sentía tantas ganas de molestarla para meterse con ella, sino para ver si estaba a su altura y porque le divertía a lo grande ver la expresión indignada que se formaba en la cara de la Decana cada vez que comentaba algo acerca de sus grandes dotes de mando.
Pero no era sólo eso, se dijo, y frunció el ceño. Durante mucho tiempo, Cuddy sólo había sido una cara bonita y un cuerpo encantador, a la que el hecho de ser su jefa sólo añadía más morbo al asunto. Y, sin embargo, en los últimos tiempos, había ido a algo más. Ya no era sólo un escote autoritario sobre el que babear, sino alguien que podía pararle; y si un día era cruel con ella, Cuddy sólo sonreía irónicamente y le contestaba. A él. A Greg House. Y en sus largas batallas verbales, no siempre ganaba él; de hecho, Cuddy casi siempre ponía la última carta sobre la mesa.
.- ¿House? – Dios, ya hasta tenía alucinaciones con su jefa. Sacudió la cabeza para apartar aquella voz de su mente. – House, ¿estás bien?
Miró alrededor y la vio, frente a su despacho, con los brazos cruzados por encima del pecho y esperando una respuesta con las cejas alzadas. House reprimió una risilla lo oportuno de la situación y se obligó a mantenerse serio.
.-Ya recibí tu invitación; bonita tarjeta, por cierto.
Ella parpadeó; obviamente, no había esperado aquello, pero parecía que últimamente House la sorprendía más que de costumbre.
.-Y vine aquí para pedirte que vinieras conmigo.
Silencio. Cuddy parpadeó de nuevo, sin poder evitar que una sonrisa burlona asomara a sus labios.
.- ¿Estás borracho?
.-Eh… sólo un poco. Sabes que sé cuándo parar, cariño. – respondió House, guiñándole un ojo.
Ella ya no hacía nada por ocultar su expresión socarrona.
.-Entonces, ¿me estás proponiendo una cita?
Aquello era surrealista, se dijo House. ¿Qué demonios estaba haciendo? Debía parar ahora y decirle que todo había sido una broma de borracho.
.-Sí. - ¡Ouch! Maldito subconsciente. – Pero no quiero que te hagas ilusiones; sólo una cita en el aspecto de poder reclamar como mías las peritas que sin duda pasearás con orgullo en la fiesta; ya sabes cuánto baboso hay suelto.
Cuddy cerró la boca, atónita. No sabía qué contestar. No sabía si quiera si House lo decía en serio, o era fruto del alcohol. No podía creer que aquella noche se había encerrado en el despacho con la intención de organizar la fiesta del domingo, y hubiera acabado siendo invitada a la misma por la persona que menos se hubiera esperado.
.-Sí, mucho baboso suelto. – no se sentía capaz de decir algo más coherente, todavía confundida por el shock.
House asintió con la cabeza, sintiéndose de pronto mucho más sobrio, y maldiciéndose por ello. Cuddy, aún aturdida, dio la vuelta muy lentamente, y volvió a entrar en su despacho cerrando la puerta tras ella, intentando deshacerse de la sensación de surrealismo que agobiaba la situación, y preguntándose súbitamente por qué demonios había aceptado la invitación en primer lugar.
House sólo pudo regresar al ascensor y golpearse la cabeza con el bastón, intentando volver a la ebriedad.
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¡Aquí tenéis el segundo cap! Personalmente no sé si me gusta más que el primero, pero sí tengo que admitir que es bastante menos trágico, no me lo negaréis xDD
A, y por cierto, el caso de la paciente de mononucleosis está basado en un caso real. De hecho, en mi caso UU ;P; el año pasado estuve enferma durante más de un mes y los médicos me dijeron que era una variación desconocida de la mononucleosis, así que se me ocurrió meterla en este cap ;P
A lo que iba… me haría muchisisissisisima ilusión saber qué pensáis, sólo son dos minutos de vuestro tiempo, y haréis que actualice antes y mejor :D jeje ok eso es una excusa pero en serio… ¿si?
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