Ninfa-LostMD: Gracias por la molestia de dejarme un review otra vez n.n ¡me hacen mucha ilusión! Me alegro que te hayan gustado esas frases xDD y estoy de acuerdo contigo, Foreman y Chase pueden ser muy cómicos juntos xDD Respecto a lo de Cameron celosa… sí, es lo suyo ;) jeje

-Dama Blanca-: Sip me alegro que te gustara lo del libro del doctor amor ;) ¿No te esperabas que House le propusiera una cita a Cuddy:P Bueno, es que sino en la fiesta iba a ser todo muy complicado xDD Espero que este cap te guste tanto como el segundo n.n

Gaia-drea: ¡Muchas gracias por tu review! n.n Sí, a mí también me encanta la relación House/Cuddy y sobretodo en el capítulo del martes de la FOX, cuando House descubre por qué la cita no era una cita xDD Ais…si es que son el uno para el otro n.n

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So why do you fill my sorrow,
With the words you've borrowed
From the only place you've known
And why do you sing Hallelujah
If it means nothing to you
Why do you sing with me at all?

&·&·&·&

Oía voces a lo lejos. Voces que, maldita sea, le estaban molestando demasiado. Voces amortiguadas, perdidas en el estado entre el sueño y la consciencia que se conoce como duermevela, y que le traían retazos de recuerdos vidriosos, de una botella de whisky, de un libro borroso, de una invitación, de una noche amarga y dedicada a la reflexión, de un ascensor neblinoso perdido entre los rincones de su consciencia, todo eso aderezado con un dolor insoportable de su pierna que le impedía pensar con claridad. Aún semiinconsciente, ahogó un gemido de frustración. De la mayor tontería que jamás había tenido el poco juicio de cometer.

Greg House abrió lentamente los ojos, arrugando el gesto con evidente dolor como si viviera una verdadera desgracia, despertando porque una de las voces que tanto le irritaban salía de su propia boca, y no paraba de lamentarse y de soltar incoherencias, tipo "Oh, no. Oh, no. No, no, no…"
Cuando se dio cuenta, cerró instantáneamente la boca, aún adormilado, pero su mente seguía lamentándose insistentemente, preguntándose cómo demonios había permitido perder el control de tal manera.

.-No, no, no… - exclamó, sin poder evitarlo, como si pudiera borrar la noche anterior así. Pero tuvo que apretar los dientes con fuerza, porque las palabras que él habría jurado susurrar resonaron como gritos de metralletas en su dolorida cabeza.

Lentamente, recuerdos más vívidos acudieron a su cabeza, tan lentos y frustrantes que House habría jurado que lo hacían a propósito para alargar más su tormento. Era de noche y estaba leyendo el libro que Wilson, en un alarde de ingenio y simpatía, le había regalado; no lo leía por propia voluntad, sino porque era tarde y en la tele sólo echaban programas guarros, y que estaba más que dispuesto a ver en su casa y con la compañía de su fiel vicodina, pero no en aquella silenciosa planta donde el más ligero sonido alertaría a la siempre vigilante Directora del Princeton-Plainsboro y provocaría una discusión que, por más que le divirtiera, no ayudaría a sus dolores de pierna. No le apetecía coger el coche en su estado, así que decidió pasar la noche en el hospital, con la espera de que Wilson se compadeciera de él y lo llevara a casa. Sí, eso lo recordaba, y también recordaba con claridad que, para distraerse, había retomado la lectura de dudosa calidad, ofrecida amablemente por el jefe de Oncología, acompañada por una buena botella de licor de manzana.
Había pasado un rato distraído burlándose de las ideas del autor, hasta que llegó hacia la mitad del segundo capítulo, en donde se advertía al lector de las consecuencias de no encontrar pareja. No era que el doctor Gregory House creyera en semejantes patrañas, y menos a estas alturas de la vida, pero la botella comenzaba a vaciarse en su estómago y en su juicio, y rememoró su pasado con Stacy, cuyo recuerdo, que aunque ya olvidado, resurgía sin aviso en una noche de soledad, encontrando de pronto muy trágica la vida sin el calor de una mujer entibiando su cama. A partir de ahí, los recuerdos se volvían más confusos.
Había destapado una botella de whisky al acabar la de licor para ahogar aquella sensación de soledad, pero la cosa no le había salido según lo planeado puesto que le había llevado a pensar en considerar la opción de retomar su vida amorosa con otra mujer. Al principio, había rechazado rotundamente el pensamiento, pero tras el primer trago ardiente en su garganta, se mostró más tolerante; al fin y al cabo, seis años de sequía amorosa – sin contar la breve aventura con su ex y las ocasionales visitas de agradables compañías – le parecían más que suficientes como para dejar de auto-compadecerse y rehacer su vida de nuevo.

Y – House se estremeció ante lo que se le avecinaba – después se le había ocurrido la brillante ocurrencia de plantearse qué había cambiado en su relación con Cuddy, y de comenzar a admitir que – quizá, sólo quizá – podía estar empezando a interesarse por ella. House sintió deseos de golpearse la cabeza con lo que tuviera más cerca ante el recuerdo, pero su memoria seguía avanzando, implacable e imperturbable.
Desde luego, había pensado, algo había cambiado en su relación con la Decana, y en ese momento, su aguda mente, ligera como la espuma gracias a la concentración de alcohol en su sangre, había deducido por su propio pie que lo que habían cambiado eran sus sentimientos hacia ella. Porque desde la muestra de debilidad que le había ofrecido – y que Cameron había visto en la forma de un abrazo – había comenzado a molestarla con el único fin de ver en Cuddy esa expresión indignada y burlona que hacía que algo en su interior se estremeciera, y no por el simple placer de hacerlo. ¡Por Dios, si hasta la había ayudado con el tema del donante! Y, aunque nunca lo admitiría en voz alta, durante los interminables segundos que habían pasado en su breve charla sobre ese tema, había deseado que le eligiera a él.
Y tras su quinto vaso de whisky, esa nueva realidad acerca de él y de su jefa no parecía tan mala.

Ahogó un gemido de frustración. Porque había sido justo después cuando se le había ocurrido la Idea. Así, en mayúscula, porque la ocasión lo requería. Porque la Idea no era sino el maravilloso alarde de imaginación que le había incitado a invitarla a la fiesta para recaudar fondos para el Princeton-Plainsboro.
House rodó sobre una superficie mullida hasta quedar boca abajo, y arremetió contra los cojines con la cabeza.
¿Pero en qué demonios había estado pensando para invitar a Cuddy a su propia fiesta? ¿Él, Greg House? Apenas lo recordaba… sólo una imagen persistía en su memoria, atormentándole una y otra vez; él – ¡El doctor House! – proponiéndole una cita a Lisa Cuddy – ¡Su Némesis, su opuesto, Cuddy! – y la cara de ella, atónita y burlona. Dios, seguramente se lo recordaría por el resto de la eternidad, hasta que cumpliera todas las horas de clínica que le debía desde hacía más de seis años.
Tampoco es que fuera algo tan terrible; es decir, House había decidido en secreto alzar una bandera blanca entre los dos para actuar con más cabeza y calmar los ánimos hasta que él hubiera aclarado qué sentía por su jefa, mucho antes del regalo de Wilson, del tema del embarazo de Cuddy. Exactamente, desde el abrazo que les había sorprendido a ambos semanas atrás. Pero, desde luego, no había planeado hacerlo de esta forma.
Pero, ¿qué había respondido ella? House se incorporó lentamente, ¿había aceptado? No lo recordaba, sólo sabía que después de humillarse frente a su jefa, había regresado a su despacho dándose golpes con lo que encontraba.

Se despejó del todo. ¿Qué había pasado después? ¿Dónde estaba? Una manta revuelta se enredaba entre sus piernas, una manta conocida para él, al igual que el sofá en el que se recuperaba de una resaca monumental, House comprendió que se encontraba en el salón de su propia casa. Aún llevaba la camisa y los pantalones del día anterior, pero alguien le había quitado los zapatos y le había colocado un cojín bajo la cabeza.
De pronto, se percató del dulce sonido de unos huevos friéndose en la cocina, y del maravilloso olor que flotaba por el salón a beicon recién hecho; una bendición para su estado, y House esbozó una sonrisa por inercia.

En ese instante, un James Wilson ataviado con un delantal y espátula en mano entró en la sala, mirándole con una sonrisa amable.

.-Ah, ya estás despierto. – se sentó junto a él. – ¿Qué tal te encuentras?

House gruñó ante el elevado nivel de decibelios de la voz de su amigo.

.-Muy bien, ¿no se me nota? – suspiró, masajeándose las sienes. – ¿Qué ha pasado?

.-Dímelo tú, ¿qué pasó anoche para que te encontrara como te encontré?

.- ¿Cómo me encontraste?

Wilson reprimió una sonrisa, sin dejar de observar al médico.

.-Medio inconsciente en el sofá de tu despacho, diciendo incoherencias acerca de una fiesta y de no acabar solo, apestando a alcohol y abrazando el libro que te regalé como si te fuera la vida en ello. Sólo te conseguí sacar algo acerca de Cuddy y de unas peritas, así que te metí en el coche y te traje a tu casa; te desplomaste en el sofá dormido antes de que pudiera llegar a tu cuarto, con lo que dormí yo en tu cama.

House cerró los ojos con una mueca de dolor, soltando lamentaciones que al oncólogo le parecieron muy graciosas.

.-Lo hice… Oh, no, lo hice de verdad…

Wilson alzó las cejas, curioso por el comportamiento de su amigo.

.- ¿El qué hiciste?

.-…Mejor no lo quieras saber.

El jefe de Oncología no evitó una carcajada.

.-Oh, sí que lo quiero saber. – hizo una pequeña pausa. – Tiene que ver con Cuddy, ¿verdad? Anoche no dejabas de hablar de ella…

El gemido que House emitió como respuesta encendió una lucecita en la cabeza de Wilson, que abrió la boca, atónito. Por más increíble que fuera, lo que se le había ocurrido era la única opción posible, lo único que explicaba todo. Cerró los ojos con una mueca mitad diversión mitad resignación.

.-Dime que no lo hiciste. Dime que estabas lo suficientemente sobrio como para evitarlo.

House ladeó la cabeza, pensativo.

.-Si quieres te lo digo, para que te sientas mejor.

Wilson ahogó una exclamación de sorpresa, sin inmutarse por olor a huevos quemados que comenzaba a llenar el salón.

.- ¡No me lo puedo creer! ¡Tú, de entre todas las personas, lo hiciste! ¡Invitaste a Cuddy a la fiesta!

House alzó las manos, rogando silencio.

.- ¡Eh, eh! Más bajo, por si aún no te has dado cuenta, tengo resaca Y si lo hice, qué, ¿eh? Ese estúpido libro tuyo me dijo que lo hiciera, tú me diste el coñazo toda la semana…

El otro le miró sorprendido, riendo sin saber muy bien de qué; de la actitud de House, de su comportamiento infantil, de lo surrealista de la situación…

.- No me intentes echar la culpa a mí, ¿desde cuándo me haces caso? Además, ¿cuándo te dije yo que ligaras con Cuddy?

.-No digas ligar, hace que parezca que mis sentimientos no son sinceros. – se burló House, con un pucherito. Después, dio la impresión de que toda su ironía se desinflaba como un globo. – No sé qué me pasó. No sé por qué lo hice, si porque estaba borracho o porque quería. Ni siquiera sé qué voy a hacer ahora.

Tras el anormal arrebato de sinceridad, House rescató su bastón de la mesita junto al sofá, y apoyó la barbilla en el mango, deseando que volviera a ser la noche anterior para rehacer aquellas horas. Wilson le observaba en silencio; no podía decir que le asombrasen los recién descubiertos sentimientos de su amigo, porque venía sospechándolos desde hacía mucho tiempo, pero sí que lo reconociera en voz alta, que admitiera que estaba perdido en esas sensaciones que seguramente no experimentaba desde lo de Stacy.

James Wilson había sido uno de los pocos que había sufrido con House el infierno de aquellos días posteriores a su infarto muscular, uno de los pocos que había visto la parte humana del egoísta médico. Uno de los pocos que lo había visto… desesperado. Cuddy y Stacy también habían estado ahí, junto a él, pero a una la culpabilidad por la traición la había desplazado de amiga a jefa a la que humillar, y a la otra House la había apartado él mismo con su sarcasmo y su crueldad, con lo que de pronto y sin previo aviso, Wilson se había visto solo, el único hombro en el que su amigo confiaba para apoyarse.
Con el paso de los años, había sido testigo de cómo la relación entre House y Cuddy había ido avanzando, a trompicones y empujazos, pero evolucionando, empezando por la decisión de la Decana de contratar al brillante doctor, y siguiendo con aquellas tensiones y guerrillas verbales que habían marcado cada pauta en su camino, probando a ver quién resistía más bajo la mordedura del otro, a ver quién era el primero en ceder a los deseos del opuesto. Porque, a pesar de que los dos médicos pensaran que eran como la Noche y el Día, como el Sol y la Luna, Wilson sabía que en el fondo eran dos almas idénticas, desesperadas por alcanzar una felicidad que, por unos motivos o por otros, le había sido negada a ambos.

Y, pensó, por fin comenzaban a darse cuenta. Wilson sabía que los sentimientos de Lisa habían sido siempre los mismos, si habían cambiado con el paso del tiempo era sólo para volverse más fuertes, cada vez más difíciles de ignorar, de ocultar, aunque los disfrazara con esas provocaciones jefa-médico que parecían más propias de dos adolescentes hormonales. Al principio no lo había creído. Que Lisa Cuddy estuviera enamorada de Greg House era como decir que los cerdos volaban y que las ranas cantaban, pero no podía evitar pensar que quizá, sólo quizá, era algo posible. Sin embargo, descubrir que Greg House sentía algo por Lisa Cuddy había sido algo menos sorprendente, si bien él ya le había advertido que entre el amor y el odio había una línea muy delgada y podía resultar terriblemente contradictorio.

Pero ya era hora de que su amigo se diera cuenta de lo que todos, menos los dos interesados, parecían haber asumido ya hacía tiempo.

.-Tal vez lo hiciste por la misma razón por la que parecías desesperado hace una semana porque mi cena con ella fuera una cita, porque sabías que la otra opción posible era el cáncer. El que estuviera enferma. – le obligó a que le mirara a los ojos, y terminó con esa intensidad made in Wilson. – El perderla para siempre.

Las palabras duras y crudas cayeron como una losa en la mente de House, que miró a su amigo como un náufrago se aferra a una tabla, tan desamparado y desnudo como la mirada de un recién nacido, con aquella apariencia vulnerable que escondía del mundo por miedo a que la dañaran.

.-No quería perderla. – murmuró, bajando la mirada. Dio un suave golpecito con el bastón en su alfombra. – No quiero perderla.

Wilson se levantó con una pequeña sonrisa, sabiendo que la parte fácil de su trabajo ya ha terminado. Suspiró, ahora tendría que comenzar con la parte difícil de aquel problema, la otra parte implicada en el asunto.

House lo observa ponerse en pie y sonreírle como si realmente lo comprendiera, y eso es algo que le da algo de fuerzas, las suficientes como para incorporarse apoyado en el bastón y fingir que los últimos diez minutos no han existido y que la breve pero reveladora conversación quedará sellada con el silencio de un amigo.

.- ¿Por qué demonios esto huele como si hubieras incendiado a una gallina ponedora?

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Aquella no era una buena mañana para Lisa Cuddy. No, de hecho, era una pésima mañana; para empezar, la consulta estaba llena, había tres médicos de baja, y los incompetentes encargados de traer la mesa para jugar al póker en la fiesta del día siguiente ya tendrían que haber aparecido por el hospital a primera hora, y ya hacían tres de eso. Cuddy frunció los labios; sabía de otros dos doctores que también tendrían que haber estado trabajando desde hacía tres horas y que seguramente llegarían en cualquier momento.
Sacudió la cabeza, intentando que su mente no se llenara de pensamientos estúpidos acerca de House y de la noche anterior, pero fue simplemente incapaz, y se dejó caer en su sillón con pesadez, apoyando la cara en las manos.

Greg House la había invitado para la fiesta y ella…ella había, ¿aceptado? Cuddy ahogó un gemido. Realmente House tendría que estar muy borracho para hacer semejante cosas, aún con Mamá Wilson ululando alrededor de él y con ese estúpido libro comiéndole el coco, tenía que haber estado muy, muy borracho.
Y eso era malo, se dijo apesadumbrada, porque eso significaría que nada más llegar al Princeton-Plainsboro, House acudiría a su despacho y le diría que lo sentía mucho, pero que no podía llevarla él a la fiesta porque, al fin y al cabo había estado como una cuba cuando se lo había pedido y, para rizar el rizo, terminaría con alguna ironía o broma acerca de ella.

No que ella quisiera que la llevara… no era eso. Era simplemente que no le gustaba que House jugara así con las personas, sí, eso era. No es que a ella le afectara de algún modo lo que pensara el médico sobre ella.
Cuddy se mordió el labio inferior, sabiendo que la actitud infantil que estaba adoptando era algo patética; Por el amor de Dios, estaba intentando disculparse con ella misma por admitir que realmente la habían afectado las palabras del médico y, de todas formas, ¿a quién quería engañar? Todo el mundo sabía, desde la más reciente enfermera a todo el equipo de diagnóstico, que lo que había entre House y ella iba más allá de las provocaciones infantiles.
Sí, todo el mundo lo sabía y lo había asumido ya, menos ella.

Unos suaves golpecitos en su puerta acristalada la hicieron elevar la mirada y encontrarse con James Wilson, que entraba con algo de timidez.

.- ¿Estás ocupada?

La Decana suspiró y se obligó a formar una sonrisa, aunque nada más ver la expresión del oncólogo sospechó para qué venía directamente a su despacho en vez de ir al suyo y esconderse de la furia que caería sobre él al haber llegado tres horas tarde al trabajo.
Él sabe algo…

.-No con nada que no pueda esperar. – apartó los papeles de la mesa mientras Wilson se sentaba frente a ella y entrelazó los dedos de sus manos, mirándole con esa confianza que habían ganado con el paso del tiempo. – ¿Qué ocurre?

El médico no parecía muy dispuesto a hablar y por un momento, a Lisa le pareció estar de nuevo en su cena con él una semana atrás, y recordó con una mueca tierna que el enmudecimiento que parecía haberle dominado entonces se debía a la preocupación de él que pensaba que le había invitado a cenar porque tenía cáncer; luego esta vez, también estaba preocupado por ella.

.-James, ¿es algo grave?

Él alzó la mirada sorprendido, y se maldijo a sí mismo por ser tan transparente. No es que era algo grave en un sentido de afectar al hospital, pero sí lo suficiente como para que él se preocupara.

.-No, en realidad quería hablarte de House.

Cuddy gimió en consternación y se frotó la mejilla con la mano.

.-Ya te contó lo de anoche con pelos y señales, ¿no?

Wilson no pudo evitar pensar que era adorable la manera que los dos implicados complicaban tanto algo tan simple como una cita, pero de nuevo tuvo que reprimir la sonrisa curiosa que pugnaba por salir de sus labios.

.-Lo cierto es que me contó su versión de la historia. Su punto de vista. Pero todavía me falta por conocer el tuyo.

Cuddy lo miraba perpleja; no entendía en absoluto lo que pasaba por la mente de su honrado médico, pero nunca se había sentido con ánimos de no complacer los deseos de Wilson, quien despertaba en ella una extraña ternura. Quizá por eso había sido el primero en quien había pensado para que fuera el padre de su hijo.

.- ¿Quieres que te diga qué… uh…sentí, cuando me lo dijo? – aventuró la doctora, sorprendida. Al fin y al cabo, Wilson sabía perfectamente que Lisa no era de las personas que admitieran frente a los demás sus sentimientos.

Él simplemente esbozó una tranquila sonrisa que sin embargo dejaba entrever parte de sus nervios.

.-Ya sé lo que siente él, me falta por saber lo que sientes tú. Trabajáis juntos, y, lo que es más, sois… sois vosotros, sois House y Cuddy. Y si pasa algo en la fiesta y todos los esfuerzos por toleraros se rompen, yo seré el único punto en común que tendréis; y no quiero que me pille la tormenta, porque no podría renunciar a uno de los dos, no de esta manera.

Cuddy enarcó perpleja una elegante ceja.

.-Así que estás preocupado porque… ¿nos rompamos el corazón el uno al otro mañana por la noche y lo paguemos contigo? – no pudo evitar una carcajada. – Vamos, Wilson, ya no estamos en el instituto. Sabes perfectamente que lo único por lo que House me invitó fue por tu libro y porque llevaba dos botellas de alcohol metidas en el cuerpo. – un pinchazo de dolor acompañó a esas palabras. – Porque eso fue lo que te dijo, ¿verdad?

Wilson la miró con una seriedad inusual en el dulce doctor, incorporándose.

.-No seré yo quién te lo diga; deberías hablar con él, Cuddy. Después de todo, sigues siendo su jefa. Pero…si algo pasara en la fiesta, pensároslo muy bien; ninguno merecéis acabar así.

Giró sobre sí mismo, pensando que la mitad de la parte difícil ya estaba hecha y de forma más sencilla de lo que habría imaginado, y cerró tras él la puerta del despacho, dejando a la Decana con la boca abierta y muchas más dudas de las que le había resuelto.

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En el Departamento de Diagnósticos había flotado durante toda la mañana el mismo ambiente aburrido y somnoliento que siempre que faltaba el jefe de sección; Cameron preparaba el café en silencio y ya había organizado el correo de House, y Chase hacía un crucigrama médico; el único que parecía diferente era Foreman, quien lanzaba de vez en cuando miradas furtivas a su compañero para después esbozar una sonrisita y sacudir la cabeza; sin embargo, tanto Chase como Cameron permanecían ignorantes del comportamiento del otro.

.-Vaya, cuánto ambiente, veo que habéis adelantado la fiesta de mañana.

Los tres jóvenes médicos giraron la cabeza con sorpresa mientras House entraba en el despacho cojeando más que de costumbre, la mochila al hombro y ojeras bajo los ojos azules.

.-Ya creíamos que no venías…- tartamudeó Cameron, derramando un poco de café.

House dejó caer la mochila en la silla y sin una palabra le arrebató la taza roja de las manos a su empleada, mientras Chase y Foreman intercambiaban una mirada curiosa; el médico parecía estar de un humor extraño, entre el permanente sarcasmo, una nota elevada de irritación y una – hasta entonces desconocida – apariencia vulnerable.

.-Pues ya ves, tres horas tarde pero he venido. – tras el primer sorbo de café caliente, House parecía haber recuperado algo de educación. – ¿Algún caso nuevo? – evitó deliberadamente mencionar a su jefa, esperando que sus empleados captaran la indirecta y mantuvieran a Cuddy alejada durante la mañana, pero al parecer ninguno de los tres estaba aún despierto del todo.

.-No, Cuddy está demasiado ocupada con organizar la fiesta para mandarnos nada; nos ha pedido que dediquemos el día a las consultas. – dijo Foreman. – Te estábamos esperando para que organizaras los horarios; supongo que querrás las mínimas horas posibles.

.- ¿Y me habéis esperado tres horas? ¡Qué tíos, como se os nota que queréis trabajar duro! – ironizó él, llevándose a la boca un par de vicodinas, mientras el teléfono empezaba a sonar.

.-Departamento de Diagnóstico Clínico. Doctora Cameron. – contestó la joven, eficiente como siempre. Unos segundos en silencio, y después se giró hacia House. – Sí, está bien.

Cameron colgó con una extraña expresión en el rostro y se encaró a su jefe, quien intentaba salir de allí pasando desapercibido ante las miradas divertidas de Chase y Foreman.

.- ¡House! – le llamó la médica. – Cuddy quiere verte en su despacho, ahora.

El doctor australiano esbozó una sonrisilla burlona mientras House se detenía y cerraba los ojos en una mueca de dolor.

.- ¿Has hecho algo malo, House? ¿Te va a castigar?

Foreman y Cameron se miraron entre ellos, ambos captando el peligro en la situación, pero House simplemente le sonrió con condescendencia, como si le diera lástima de él.

.-Sí, me da que con la misma fusta que usa contigo; imagínate qué malo he sido.

Mientras salía del despacho acristalado oyó las risas de Cameron y Foreman y las quejas de Chase, y no pudo ocultar una sonrisilla divertida que sin embargo le trajo una inquietante pregunta a la mente.

¿Cómo ha reaccionado Cuddy?

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Cuddy trataba de serenarse, pero lo único que conseguía era que su mirada resbalara una y otra vez hacia el elegante reloj que colgaba en la pared, sin poder ocultar su inquietud; ya habían pasado diez minutos desde que había pedido que acudiera House a su despacho, y ni siquiera él tardaba tanto. Frunció los labios con cansancio. Si su médico creía que se iba a librar de enfrentarse a lo sucedido la noche anterior…

Suspiró hondo, evocando en su memoria lo aprendido durante las fugaces clases de Yoga, y dejó que el aire llenara lentamente sus pulmones, brindándola esa paz y control mental que necesitaría para ser fuerte frente a House y dejar entrever lo justo como para hacerle entender que le había agradado que la invitara pero que no consentiría ninguna clase de comportamiento impropio. Exhaló el aire. Era mucho pedirle a House.

Repentinamente, se llevó las manos al costado con una mueca de dolor, doblándose sobre sí misma sin poder ocultar un jadeo. Sorprendida por el latigazo que de pronto había sentido, respiró pesadamente, tratando de recuperar el oxígeno perdido y entornó los ojos ante lo extraño del asunto.
El dolor seguía allí, punzante, caliente, húmedo, justo por la zona del ombligo, y Lisa sintió como la sangre se calentaba en sus venas. La sensación fue remitiendo tan súbitamente como empezó.

.- ¿Estás bien?

Lisa alzó la mirada, aún apretándose el costado. House inclinaba la cabeza con preocupación frente a ella, al otro lado del escritorio. Por un instante, olvidó por qué le había llamado, confundida momentáneamente por la impaciente inquietud que asolaba los ojos del médico. Fue vagamente consciente de que esperaba una respuesta.

.-Sí, por supuesto. No ha sido nada. – inhaló hondo y puso una forzada sonrisa en sus labios ante el escepticismo del otro. – Estoy bien.

Él la aguantó la mirada unos segundos y después asintió como única respuesta. Se sentó en uno de los cómodos sillones, encontrando de pronto terriblemente interesante la moqueta del despacho. Cuddy suspiró, ignorando las punzadas en el estómago; sabía que no iba a ser fácil para ninguno de los dos hablar de la incómoda situación pero, ¡por Dios! Ya eran adultos, y no quería sacar las cosas de su sitio.

.-Respecto a lo de anoche… - empezó él. Lisa giró bruscamente, maldiciéndose por el dolor costal – Quiero que sepas que me había tomado dos botellas de alcohol, así que sí era posible que anduviera algo borracho…

Cuddy se mordió los labios, la parte profesional de su cabeza gritando un segundo indignada por la confesión de House de beber durante el trabajo.

.-Si quieres retractarte te comprendo. – las palabras salieron de forma mecánica de sus labios, y Lisa se mordió más fuerte. Estúpida más que estúpida. ¡Estúpida más que estúpida! Y, sin embargo, House alzó la mirada con la sombra divertida que le había caracterizado siempre.

.- ¿Quién dijo que me quería echar atrás? – Cuddy quedó inmóvil. House, complacido ante el hecho de haber dejado sin palabras a la fría directora, se incorporó y avanzó lentamente hacia ella, quien retrocedía inconscientemente a su vez. – A menos que tú me lo pidas, yo no pienso cambiar de opinión. – la espalda de Cuddy chocó contra su escritorio, y, sabiéndola atrapada, House se inclinó sobre ella con una peligrosa sonrisa. Respiraciones aceleradas, un volátil rastro de dolor en el costado, el corazón latiendo deprisa y un sin fin de incoherencias que Cuddy no supo catalogar le ahogaban el corazón. – Además… - aquella voz grave haciéndole cosquillas en el oído, sintiendo como los labios se curvaban en una sonrisa a unos pocos centímetros de la piel estremecida de su cuello - … creo que me debes una cena.

Ahogando un jadeo, Cuddy sintió como House se alejaba con una mueca triunfante al comprobar el insospechado rubor en las pálidas mejillas de su jefa y su expresión asombrada.
Sonrió con esa expresión tan suya y se alejó cojeando mientras, detrás de él, Lisa recuperaba lentamente el control y se preguntaba qué demonios había sido aquello.

Por una vez, había sido Greg House quién había terminado una discusión total y absolutamente.

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¡Hola! n.n

El fragmento de la canción del principio es de Delicate, de Damien Rice, que sonó en el tercer capítulo de la segunda temporada, ese en el que un obrero de Cuddy resulta enfermo, y personalmente me encanta porque me recuerda que House y Cuddy no son tan distintos como quieren parecer n.n

Ahora… ¿qué tal el capítulo? Espero que os siga gustando n.n y que me dejéis vuestras opiniones, cuantas más mejor y más rápido actualizaré jeje ;)

A los que leyeron Muérdago: ¡Waw! n/n no sospechaba que fuera a tener tantos reviewdadores :P ¡Y tampoco me esperaba que tantos me pidierais saber qué pasó después del beso! Me hicieron muchísima ilusión vuestros comentarios, pero ahora estoy intentando acabar Euphoria, al que solo le quedan dos capítulos, y marcho de vacaciones hasta mediados de agosto a un sitio que no tengo Internet U.U

Eso sí, antes de que me marche espero haber subido el próximo cap de Euphoria pero sólo si me dejáis reviews para saber si de verdad os gusta… ¡solo son dos minutos, y no tenéis que enrollaros ni nada :P! Con que me digáis qué os gustó y que no me vale y actualizaré mucho más rápido xDD Además, como pequeño incentivo os diré que a quien le gustó el beso de Muérdago le gustará el cap 4 n.n ;)

Cuando vuelva prometo tener la continuación de Muérdago y el capítulo final de Euphoria n.n

¡Besitos!

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