Sólo entre tú y yo

Porque dentro de mí quedan cosas que vi
Que me hicieron que cambiara y hoy no
diera a cualquiera mi calor.
Y es que dentro de mi queda algo que di.
Que me cuesta cada día más mostrarlo
Y regalarlo porque sí.

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Desde que House había acudido a la llamada de Cuddy, su equipo no le había visto más en todo el día. Lo único que habían sabido es que se habían vuelto encontrar en el servicio pero cómo había acabado era un absoluto misterio, ya que tampoco la directora había dado más señales de vida. Ahora la jornada finalizaba y Foreman se encontraba recogiendo sus cosas en el Departamento de Diagnósticos; con un suspiro metió en su maletín los expedientes de los pacientes del día, nada grave ya que se había dedicado única y exclusivamente a pasar consulta.
Cameron se había marchado hacía ya rato, decía que quería descansar de los pacientes como Chase hiciera una semana atrás, y el australiano parecía haber estado evitándole desde la noche que habían compartido.
Foreman se dejó caer en su silla, apoyando la frente en sus manos. Quizá no había sido tan buena idea perder el control de esa manera, permitir que el rubio atravesara su capa de frialdad y se metiera bajo su piel. Sabía que no debía haberlo consentido, pero antes que se hubiera dado cuenta habían acabado en la cama y le estaba susurrando al oído promesas volátiles que sabía que no iba a poder cumplir. Y cuando se había enfrentado a los ojos azules de Chase buscándole como un niño, no había sentido valor para negarle unas horas más de felicidad.

Pero ahora era Chase quien lo evitaba a él, y se maldecía por dejar que aquello lo afectara tanto. Por Dios, no es que fuera House para apartar a todo aquel que quisiera acercarse, pero era Foreman, y una de las reglas que regían su vida era "No acostarse – de nuevo – con un compañero de trabajo"

.-No sabía que siguieras aquí.

Una voz débil, asombrada que venía de la prueba de que había roto su primera regla. Chase se mantenía inmóvil frente a la puerta, con el fonendoscopio al cuello, sobre la corbata llamativa de un verde fosforito y los ojos claros muy abiertos que se deslizaban fugazmente al pasillo, como si se arrepintiera de haberse delatado y quisiera ir lo más lejos posible de allí.

Foreman desvió la mirada, incómodo y furioso. Metió las carpetas en el maletín con brusquedad.

.-Ya había terminado, no hace falta que te vayas.

Chase parpadeó, confundido unos instantes mientras veía como su compañero se ponía en pie y apretaba los labios, lanzándole miradas desafiantes. El australiano notó un nudo en la garganta. Sintió como algo muy dentro de él se quebraba.
Robert Chase había sido cobarde durante toda su vida; ingresó al seminario obligado, se escapó de allí por miedo, fue contratado en el equipo de House gracias a las influencias de su padre, e incluso había traicionado a su jefe durante el breve tiempo en que gobernó Vogler sobre ellos.
Sólo estaba orgulloso de algo totalmente suyo. Sólo había puesto todas sus esperanzas y sueños en una única posibilidad de ser feliz, y ahora veía frente a sus ojos como se escapaba de entre sus dedos porque no había sido lo suficientemente valiente como para retenerla.

.-En realidad…quería hablar contigo. – dijo de repente, haciendo detener a Foreman que se giró y le miró expectante. Chase suspiró. No iba a dejar pasar aquella oportunidad – Lo de la otra noche…quiero que sepas que no me arrepiento. A pesar de que ahora finja que no significó nada, que todo sea como siempre porque te haga creer que no debió pasar…No me arrepiento de nada.

Foreman estaba quieto, muy quieto, observando como su compañero – compañero, amigo, rival, tenía tantos nombres – se acercaba con vacilación a él, con un temor casi infantil que sin poder evitarlo despertó en él una ternura que no recordaba haber sentido antes.

.-Yo tampoco. – sentía la boca seca, incapaz de decir algo más cuerdo, algo más coherente. Porque Chase se iba acercando más y más, y de pronto las paredes acristaladas del despacho le parecieron estar más cerca de lo que Foreman creía.

.-No quiero que nada cambie entre nosotros. Sólo quiero saber si estarás conmigo con la misma fuerza que yo estaré contigo. Que no correrás cuando te busque. – el rubio hablaba sin pensar, dejando que dictase el corazón cosas que ni siquiera sabía que sentía.

.-No lo haré. – aseguró el otro, tragando saliva. Porque los labios de Chase se desviaban a un punto en su cuello, apenas estirándose para nivelar ambos cuerpos, y porque el maletín había caído al suelo sin ser consciente de que no podía sujetarlo al tener ambas manos ocupadas en alejar al rubio en un vago intento, al que cedió nada más sentir la sonrisa de Chase contra su piel, segundos antes de que la buscara con su propia boca.

.-Lo sé.

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House cerró la puerta del baño y se acercó cojeando hasta el lavamanos. Se mojó la cara y se mantuvo unos segundos inmóvil, apoyado en el lavabo, enterrando la mirada en el desagüe por el que se deslizaba el agua que resbalaba por sus mejillas sin afeitar. Y por unos segundos sintió ganas de perderse también con tanta facilidad entre las cañerías. Suspirando hondo, se dio tiempo para calmarse, aunque por mucho que lo intentara, la mirada sorprendida de Cuddy perpleja y paralizaba bajo él se colaba sin permiso bajo sus ojos y lo confundía con su aroma a sándalo y frutas, que sólo se percibía cuando estabas lo suficientemente cerca. Y desde luego que lo había estado. House se estremeció con frustración. Le había susurrado al oído. Le había rozado la piel del cuello y se había enredado en los mechones de rizado cabello negro. Y la había visto no saber qué contestarle. Porque lo que había hecho él no tenía precedentes y por lo tanto Cuddy no poseía el antídoto para cubrir sus emociones, no esta vez. Nunca como ahora House se sentía totalmente confundido, y a regañadientes aceptaba sentirse a la deriva como castigo a la pequeña venganza del despacho tan sólo unos minutos atrás, pero para su sorpresa, no se arrepentía en absoluto.

Alzó los ojos y descubrió una mirada azul decidida y serena que le miraba con desafío retador desde el espejo. No se arrepentía de haber dejado entrever sus intenciones, y eso era lo que había cambiado. Por fin se daba cuenta. Aquellos sentimientos siempre habían estado allí, demasiado dentro de él como para darse cuenta y cubrirlos con ironía y mordacidad, pero ahora, con la brutal honestidad que el mismo House solía destilar, resurgían con fuerza a la superficie y le gritaban reclamando su parte en la vida, su parte en la historia. En su historia, de los dos. De él y de Cuddy. Lo saboreó en el paladar antes de decirlo en voz alta. Él y Lisa. Y para su sorpresa, descubrió que no le desagradaba la idea, sino que desprendía un aire de familiaridad y calma que no sentía desde hacía mucho tiempo, desde su primera época con Stacy. Y eso que ambas mujeres lo único que tenían en común era su extraordinario don para, aún conociéndole desde hacía años, arriesgarse a traspasar la muralla furiosa y vigilada con francotiradores que constituía el propio House e intentar descubrir qué había detrás, porque no todo podía acabar en aquel desierto desangelado y arisco que el médico se empeñaba en interponer entre él y el resto de la humanidad.

No era él quien había cambiado, ni sus sentimientos. Siempre habían sido los mismos, aunque él ni lo hubiera sospechado. Y de pronto la verdad le golpeó con más fuerza de la esperada. Le gustaba Cuddy, se sentía atraído, quizá enamorado, por su jefa, por la Mujer de Hielo del Hospital, por su eterno rival desde los tiempos universitarios.

Lisa Cuddy, obstinada y de ideas fijas e inamovibles como era, no se había quedado cruzada de brazos cuando había conocido a aquel muchacho, entonces atlético y ágil pero igual de narcisista y orgulloso, en su primer curso en Michigan, cuando el nombre de Greg House ya sonaba trayendo aires de cambio y ya prometía ser una leyenda y tener un futuro dorado y triunfante sólo para él, que se vio truncado cuando aquel fatídico infarto le hundió el mundo sobre él y se cebó aún más al ver marchar delante de sus ojos al que consideraba el amor de su vida. House se pasaba los días pavoneándose por el campus y Cuddy había sido una de los pocos que no había temblado al interponerse en su camino una tarde de otoño y no moverse de su sitio cuando él la dirigió una de esas miradas cargadas de ironías y de promesas de victoria, sino que había alzado la barbilla con una actitud que rayaba lo infantil y había apretado más su libro de teorías biológicas contra el pecho, negándose a apartarse del estrecho pasillo. Aquel había sido el intempestivo principio de la relación extraña que, por azares del destino, había perdurado a través del tiempo y de los empujones y mordacidades que les habían acompañado de la mano desde entonces, y que habían evolucionado a otro tipo de mordeduras más ácidas y provocativas cuando volvieron a reunirse esta vez como compañeros de igual nivel, y más tarde, tras su incómodo episodio médica-paciente, a jefa y empleado.

Y ahora se repetía la historia, pensaba House mientras se miraba ausente en el espejo del baño de caballeros, con la diferencia de los papeles invertidos; ahora era él su médico y ella su paciente, era él quien aplicaba las inyecciones – reconocía que le había entusiasmado saber que las primeras dosis se debían inyectar en los glúteos, y la decepción había sido plausible cuando Cuddy le informó aliviada de que a partir de entonces ya no era necesario y bastaba con un pinchacito en el brazo – y ella la que debía permanecer sin voz y sin voto ante las decisiones médicas que tomaría House, aunque en ese caso no se pudiera cebar como hubiera deseado porque la decisión final de seguir con el tratamiento era de Cuddy y de nadie más.

Apretó los dientes y el agarre de las manos alrededor del lavabo ante una punzada de dolor en la pierna, y ese momento escogió el destino para jugarle otra mala pasada y hacer que la puerta se abriera con lentitud y apocamiento revelando a una figura pequeña que le miraba con ojos muy abiertos y muy quieta, como arrepintiéndose de su intromisión en el baño y con una mano pequeña y cuidada aún sobre el picaporte.

.- ¿Estás bien?

La disimulada preocupación impresa en la voz de Cuddy casi le hizo reírse de su ingenuidad a esas alturas de la vida, pero se contentó con incorporarse apoyado nuevamente en el bastón y dedicarle una media sonrisa chasqueando la lengua fingiendo reprobación.

.-Tisk, tisk. Niña traviesa, colándote en el lavabo de lo chicos. No tuviste suficiente con intentar que me echara atrás, que has venido para seguir con lo que empezamos, ¿eh?

La vio sonrojarse hasta la raíz del cabello y fruncir los labios con exasperación, pero lo cierto es que el recuerdo le hizo sonreírse con deleite. Si algo había cambiado y ella también lo sentía, no dudaba en que ambos disfrutarían a lo grande interpretando el papel de dos adolescentes intentando coquetear jugando al gato y al ratón el uno con el otro.

.-No intentes liarme, House, no he venido aquí para eso.

Alzó las cejas provocativamente.

.- ¿Ah, no? – se meció ligeramente apoyado en el bastón simulando reflexionar – Veamos, la todopoderosa e impecable Decana de Medicina Cuddy viene al baño de los chicos y no es para que le líe con pecaminosos recuerdos recientes… - abrió mucho los ojos – Esto promete, ¿acaso quieres repetirlos?

Mirada asesina desde los ojos grises de Cuddy, que resopló audiblemente y carraspeó intentando ignorar el comentario.

.-Respecto a lo de la fiesta de mañana…

.-Te recogeré en el despacho a las nueve. Ponte algo fresquito, que se te vea bien. – de nuevo mirada asesina. – Que se te vea el vestido, malpensada, para que lo luzcas. Yo llevaré mi bastón de gala, para no dejarte mal.

Ella no pudo reprimir un exasperado suspiro divertido frente al entusiasmo irónico de House. Sin embargo, el gesto se congeló en los labios cuando una nueva punzada de dolor la atravesó el costado. Dio un par de pasos vacilantes pero tropezó y cerró los ojos por instinto, viéndose en el suelo bajo el lavabo. Y sin embargo, nunca llegó a tocarlo. Un brazo rápido y fuerte se enroscó en su cintura cubriendo la zona dolorida como una manta cálida y sirviendo de balance y equilibrio. Con un jadeo más de sorpresa que de dolor, Lisa abrió los ojos atónita y se encontró frente a frente con House, que había sido más rápido y la sujetaba con su brazo libre y apoyándose como podía en el lavabo. Aquella imagen le suscitó el recuerdo del abrazo de aquel fatídico día en que Foreman se recuperaba, y por un momento no supo qué hacer, ignorando el dolor en el costado mitigado por el abrazo tenso y fuerte, hasta que vio la expresión tirante en la cara de House y se apartó violentamente dándole tiempo para respirar y con el ceño fruncido masajearse el muslo derecho.

.- ¿Estás bien? – le preguntó con un gruñido, repitiendo la misma cuestión que Cuddy con la misma preocupación.

Ella se llevó las manos al abdomen y sólo entonces vio que su piel había palidecido

.-No es nada.

House dejó escapar una carcajada seca y sin humor mientras se enderezaba y analizaba con ojo crítico a Cuddy que, blanca como la leche, se apretaba el torso y alzaba una ceja ante el escáner al que la estaba sometiendo.

.- ¿Me doy la vuelta o ya has acabado tu revisión? – suspiro cansado. – Estoy bien.

.-Te lleva doliendo todo el día, ¿verdad? ¿No deberías revisártelo o algo así, o es alguna nueva práctica sadomasoquista? Yo me ofrecería voluntario como acompañante. – alzó las cejas provocativamente, enmascarando la creciente preocupación en el tono de su voz, pero su jefa frunció de nuevo los labios con acritud así que decidió dejar correr el tema e ir directamente al grano. – ¿Para qué has venido, Cuddy?

Ella abrió la boca para responder, pero no imaginó que no tendría una contestación preparada. Aquello era una locura, además de una auténtica estupidez. No hacía ni diez minutos que la había dejado en su despacho totalmente confundida, acorralada y con la palabra en la boca. Porque sí, la había acorralado sin darle la oportunidad de defenderse; se había aproximado más de lo que permitían los límites de lo razonable y eso la había descolocado de tal manera que no había podido entablar alguna réplica ingeniosa con la que protegerse de las emociones que aquel acercamiento – que aunque sabía que no había tenido otro fin que el de intimidarla – le había provocado. Y parecía que sí iba a resultar tener el don masoquista que le atribuía con asombrosa jocosidad House si había ido allí para cobrarle la humillación y darle la oportunidad de restregárselo de nuevo por la cara, de pasarle por las narices el totalmente innecesario despliegue de debilidad. Bajó la cabeza ante la falta de palabras que explicaran que había sentido la necesidad de ir a buscarle para dejarle claro que aquello no había significado nada, que lo que le había dicho días antes acerca del vacío en su vida y del bebé no la habían afectado lo más mínimo. Patético.

.-Oh, ya veo. Se te comió la lengua el gato. – la miró fingiendo confusión. – Espera, ¿no se supone que yo tendría que ser el gato?

Pasó por alto aquel comentario, el paso de los años le había enseñado que era mejor ignorar los comentarios corrosivos de House cuando surcaban demasiado cerca de la verdad que ella quería evitar, y respiró audiblemente.

.-No tenías razón.

Frunció el ceño ante aquel totalmente imprevisto comentario, y Cuddy tensó su gesto.

.-Respecto a lo del embarazo. – volvió a suspirar, pasando su mano sobre el borde del lavabo y evitando deliberadamente la mirada de House. – Cuando hace unos días viniste a la consulta me dijiste que me aferraba a este embarazo como a la única oportunidad para llenar mi vida… para ser feliz.

El ceño en su frente se hizo más profundo. Sí, se acordaba de aquella conversación. No se había arrepentido ni entonces ni ahora, porque era lo que había asumido acerca de todo aquel turbio del embarazo desde la no-cita con Wilson. Cierto que había deseado ser el donante durante un tiempo y se había molestado ligeramente al ver que su amigo había sido un mejor candidato antes que él a los ojos de Cuddy, pero la verdad es que no podía culparla; el oncólogo era honrado, amable, dulce, atractivo y además compartía religión con ella, aunque ninguno pareciera darle a eso demasiada importancia, uno por las aventuras extramatrimoniales por las que era conocido, y la otra porque deberían hacer eones desde que no acudía a la sinagoga, seguramente por el trabajo.
No había creído o esperado que aquello la hubiera afectado hasta el punto de masticarlo en la cabeza durante toda la semana y acudir en su busca días después, cuando él casi se había olvidado del asunto por otras revelaciones más importantes – como sus recién descubiertos sentimientos, por citar un ejemplo cualquiera –, porque había encontrado por fin algo con que demostrarle cuan equivocado estaba.

.-Y no tenías razón, o al menos no de la forma que tu piensas. – se mordió ligeramente el labio inferior. – Puede que sí…necesite algo a lo que dedicar mi vida, algo por lo que merezca la pena levantarme cada mañana con la cabeza bien alta en lugar de desear no despertarme ni un día más. Y sé que a tus ojos esta es la opción más cobarde y más fácil que podía haber escogido, después de todos los esfuerzos y penurias que he tenido que pasar para poder llegar adónde estoy. – una risa seca y carente de toda emoción alertó a House de que aquella no era una reacción normal en su jefa, pero ella seguía imparable e inamovible, como semanas atrás en su despacho. – Quiero decir, dirijo un Hospital, soy la presidenta del Consejo y una persona poderosa… Y, ¡mírame! Lamentándome porque no he alcanzado las metas propuestas de la juventud y he tenido que llegar al punto en que necesito recurrir a algo tan fácil como la inseminación artificial… Puede que no estés tan equivocado cuando me llamas amargada y adicta al trabajo y a la soledad… pero ahora tengo una oportunidad de ser feliz, y creía, oh, ilusa de mí, que quizá pudieras fingir o guardarte tus opiniones sarcásticas para quien quiera oírlas.

Así que era eso. House giró el bastón sobre el suelo, sin saber muy bien cómo contestar.

.-No te hubiera dicho eso si tú no me hubieras preguntado; querías saber mi opinión, me buscaste para que te ayudara, y yo te respondí lo que pensaba. Punto.

.- ¡Oh, cierto! Todos mienten, menos el honesto doctor House, por cuya boca sólo pueden salir verdades. – ironizó, tragándose el nudo asentado en su garganta y maldiciendo el exceso de hormonas en el cuerpo. – ¿Es que ni siquiera puedes dejar de hacer bromas con esto, House? ¿Es que no puedes tomarte nada en serio? ¡No te das cuenta! ¡Esto me importa, House! ¡Me importa mucho! ¡Y todos aquí sabemos que lo único que te importa a ti es tú mismo, pero, por Dios, podrías fingir al menos que te alegras por mí, maldita sea! – la voz le temblaba y House estaba confuso. Aquella actitud en la impertérrita y ecuánime doctora Cuddy le descolocaba. – ¡Creí que todos estos días habían significado algo para ti! No sé, quizá me formé una opinión equivocada, quizá me confundieron tus intentos de paz al acceder a ayudarme y aquella bonita charla sobre elegir a alguien que me gustara… quizá tu alto al fuego, el abrazo, la invitación, sólo fueron pequeños errores que hubieras querido evitar. Pero, a pesar de todo… creía que no me había imaginado todas esas miradas y sonrisas…eso de antes en el despacho, ¡pero es obvio que me equivocaba si ni siquiera puedes tragarte tus comentarios!

House sintió ganas de gritar y de sacudirla hasta que entrara en razón, quería decirla que no se lo había imaginado, que todas esas cosas habían existido de verdad. Que eso había existido de verdad. Que no era una ilusión, y que por supuesto que todo aquello había significado mucho para él, mucho más de lo que ella en medio del mar de indignación en el que parecía navegar a la deriva podría imaginar nunca. Pero esa sensación de furia fue dejando paso a otra desconocida para él, y se dio cuenta de que no quería perderla y que para eso debería ser lo más sincero posible sin herirla más y sin traicionarse a sí mismo.

.-Esto sí que me importa, Cuddy. – respondió al fin, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que ella entendiera la delicada situación y con un aspavientos de manos ante su impotencia. – No te imaginaste nada de eso, créeme.

.-Sí, ya. – contestó Cuddy con acidez, bajando los hombros con gesto abatido. Toda la fuerza que la había sostenido durante su pequeño discurso pareció desinflarse como un globo, dejando paso a un vacío insalvable dentro de sí misma que la hacía sentirse tremendamente pequeña frente a su subordinado – No espero obras de caridad de tu parte.

.- ¡Por eso tienes que creerme! Oye, sabes que nunca te he dejado respirar y ni siquiera te obedezco la mayor parte del tiempo, por eso no deberías dudar de lo que te digo… Esto me importa. Por el amor de Dios, creí que lo había dejado claro; ayudarte con lo del bebé, invitarte a la fiesta, todos estos días… ¡son el tipo de cosas que no hago! – tragó saliva y formó una pequeña sonrisa amarga – Y no te acostumbres a esto, pero supongo que ya habrás deducido que, luego, tú también me importas.

Un silencio denso siguió a aquellas palabras mientras Cuddy las asimilaba y mantenía cansada una ceja en alto como dudando en si creerlo o no. Casi desesperado para que ella lo entendiera sin tener que explicárselo más detalladamente, poniéndolos a ambos en una situación abochornante y totalmente innecesaria, House contestó con la única verdad que su honestidad y sus sentimientos por un lado, y su deseo de no tener que mostrarlos explícitamente al menos por el momento por el otro, le permitían.

.-Quiero ser el padre.

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No tengo prisa
por oír un sí
que diga ahora
ya no nos separamos.
No tengo prisa
por verte aquí;
Prefiero sólo pensar
que algo ha nacido en mí

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¡Volví! ¡Volví! ¡Volvííí! n.n ¡Sí! Después de dos semanas de exilio paradisíaco, ¡he regresado! xD Bien, antes que nada, gracias a todas mis lindas lectoras… y si hay algún lector también por ahí gracias a él también n.n Y seré breve; me conecto un momentín porque acabo de dejar las maletas en la cama y lo primero que he hecho ha sido conectarme y maravillarme por todos vuestros reviews y por las maravillosas actualizaciones de mis fics preferidos · pero he quedado en cinco minutos así que, siento mucho no poder responder personalmente a cada uno de vuestros fantásticos reviews que, como siempre, me alegran la vida porque sois fantásticos, y aunque ya sé que prometí la secuela de Muérdago, digamos que la musa que me inspiró para ese fic también tomó sus vacaciones U.U en cualquier caso, lo intentaré cuanto antes posible… Para compensaros de algún modo, las vacaciones me dieron para escribir otro pequeño oneshot de carácter similar – Huddy, relación entre la tensión sexual y el constante enfrentamiento que resulta cómico y entrañable al mismo tiempo n.n – pero a la vez totalmente distinto… me explico bien, ¿verdad? xD Creo que el título ya dice bastante, Técnicas de persuasión, y la subiré seguramente mañana tempranito n.n

Por otra parte, también prometí el final de Euphoria… que terminaba en teoría en el cap 5 xD pero vi que el 4 me quedaba demasiado largo, así que lo corté en dos, es decir, que el final sería el 6, que ya está escrito y listo para subir n.n aunque, debo advertiros… la idea original del fic surgió después de ver Euforia II, y tenía como fin devolver de alguna forma todo el dolor que provocó a Foreman y a House Cuddy, y a la vez, demostrarle a House que quizá no era eso lo que quería ver, que no la quería ver pasar por lo mismo, así que el final es lacrimógeno… Snif T.T En fin, no voy a adelantar más acontecimientos porque no quiero ahogar ninguna sorpresa… sólo deciros que el próximo cap es mi favorito… menos el final T.T

Subiré los capítulos a medida que vaya recibiendo reviews… y mirad que convencí a mis papás para que volviéramos antes y pasáramos la semana que nos queda para finales de agosto principios de septiembre, ¿eh? Así que me gustaría ver que no me habéis olvidado después de estos quince días n.n''
Bueno, también por cierto concierto de ECDL al que asistí anoche y que es el responsable de que en este cap aparezcan dos fragmentos de dos grandes canciones suyas (Dentro de mí) (Ekix) n.n

Ojo al Dato… en los capítulos que faltan aparecerán también fragmentos de canciones al principio y al final (y, sí, seguramente casi todas sean de ECDL xD) y atentos porque son como pequeños resúmenes de lo que va sucediendo, y un pequeño adelanto del siguiente… ¿Estúpido? Bueno, me gusta n.n

¡Besitos!

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