Disclaimer No soy David Shore para poder reclamar ni siquiera un trocito de House, M.D. como mío… y no sabéis como pesa eso cuando me entran ganas de ver a House y Cuddy juntos de una vez por todas. T.T ;)

Gaia-drea: ¡Hola linda! Antes de nada, que sepas que es tu culpa que lo haya subido antes de tiempo, porque tenía planeado esperar un poco más xD Pero te debo mucho apoyo así que eso, ¡tu culpa! ;) Me encanta que hayas captado lo del lado algo cruel de mi niño Wilson n.n, y contestando a tu pregunta sobre los pinchazos de Cuddy… Dale, es triste admitirlo, pero ya advertí del final lacrimógeno U.U Y sí, ella es judía como James, aunque yo siempre dije que me pegaba más atea xD. De nuevo gracias por todo linda, y sigo esperando más fic tuyos, mira que hasta he leído docenas de veces tus House/Cameron porque me encantó tu LAYSO (suspiro meloso) y no me decepcionaron en absoluto n.n ¡Ciao, besitos!

Ninfa: ¿Estás desaparecida? Jus, yo quiero la continuación de Hurt ¬¬ xD Es broma linda, supongo que te habrás ido de vacaciones y si es así espero que las estés disfrutando n.n Así que para cuando vuelvas ya tendrás aquí estos dos cap que espero que te sigan gustando y en vez de la secuela de Muérdago otro fic cortito hasta que se me encienda una lucecita n.n Como siempre gracias por todos tus reviews y tu fic cof cof postea cof cof xD, ¡besitos!

Shair: ¡Gracias por tu review en Técnicas, me ilusionó n.n! La frase la dijo Cuddy y sé que no era muy relevante pero dio pie a una pequeña idea "Si se te saltan los puntos, te esposaré a la cama" xD Sep… lo sé, muy malpensada ;) Wilson es un personaje adorable que no puede caer mal a nadie, y menos a mí que le adoro como el 99 de la audiencia femenina de House, M.D. xD Respecto a lo de este cap… Dale, no es que sea demasiado, sólo una ínfima parte del resto, al final, pero que bueno… creo que cuando el cap 6 me querrás matar n.n'' Muchísimas gracias linda, ¡besitos!

Pide.rulz: ¡Vaya, me sacaste los colores! n/n Por cierto que leí tu fic, muy tierno aunque me cuesta imaginar a House así, tan lindo ;P Aquí está la continuación, espero que te sigan gustando, ¡nos leemos, besitos!

GalaMD: Siento mucho haberte hecho romper tu norma, pero si ha servido para conocer tu opinión… Bueno, no puedo decir que lo sienta realmente xD Otra que me ha sacado los colores ;P ¡no merezco tantas alabanzas! Muchísimas gracias linda por todas esas líneas que me han hecho tantísima ilusión, y que te haya emocionado aquel primer cap, me emocionó a mí n.n Lisa Cuddy simplemente me parece un personaje fascinante; profesional, fría y precisa, que en apariencia tiene absolutamente toda su vida bajo control, pero que cuando ves a través de esa existencia en apariencia perfecta descubres una persona tan vulnerable y frágil como cualquier otra, incluso más, con tantos remordimientos y culpabilidad que me enternecieron, sobretodo después de Euforia. Y es que me parece adorable, en un sentido algo retorcido pero tan tierna, n.n Que te lo pases genial en vacaciones y cuando vuelvas espero que sigamos leyéndonos ¡Besitos!

Notas: Una pequeña sugerencia, y dejo de daros el coñazo xD Escribí la segunda parte del cap, a partir de cuando House se sienta al piano con Cuddy, escuchando la canción Será, de El Canto Del Loco. Si alguien tiene la posibilidad, le pediría que lo leyera escuchando esa maravillosa canción n.n No se arrepentirá de la música, e intentará suavizar el final…

Serán
(…trozos de vidas, trozos de recuerdos, de una inocencia perdida en la mordedura del tiempo)

We might kiss when we are alone
when nobody's watching.
We might take it home (…)


We might make love in some secret place.
The look on your face…
is delicate.

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Se encontraron de nuevo en el aparcamiento; Wilson estaba sacando las llaves de su coche cuando oyó el familiar sonido del bastón de House acercarse sin tomarse demasiada prisa, y suspiró; tendría que esperar a que llegara y él tenía prisa.
Finalmente, el jefe de diagnóstico llegó a su altura y sin una palabra miró con burlona expresión el nuevo coche de su amigo, alzando las cejas irónicamente.

.-Vaya, se ve que el reparto de bienes fue muy bien.

Wilson le ignoró, pero lo cierto es que sentía una punzadita en el pecho cada vez que miraba el viejo y destartalado coche que había tenido que comprar, el único que podía pagar después de que Julie le quitara todo lo que había podido hasta que al juez le dio verdadera pena del amable doctor.

.-Deja tus gracias por hoy, House. No olvides que si no fuera por mí te hubieras despertado esta mañana en tu despacho. – imploró Wilson, abriendo la puerta delantera. – ¿Qué tal con Cuddy?

House hizo una mueca, ignorando aquella todavía demasiado desconocida sensación en la boca del estómago ante la simple mención de su jefa.

.- ¿Qué quieres decir? ¿La ha pasado algo?

Wilson le miró con curiosidad por la extraña reacción de su amigo.

.-Bueno, sé que te llamó al mediodía para hablar contigo, pero desde entonces nadie te ha vuelto a ver el pelo, ni yo, ni tu equipo… Por no hablar de que Cuddy faltó hoy al ensayo general de los discursos de mañana, y ambos sabemos que eso, definitivamente, no es normal… - vaciló unos segundos. – Todo fue… bien, ¿verdad? No os tirasteis nada a la cabeza, los dos estáis sanos y salvos.

Pareció que House se relajaba y esbozó una sonrisilla interesante. Cojeando, fue hacia su moto sin contestar a su amigo, que rodó los ojos resignado y le siguió cerrando la puerta del coche.

.-No te hagas el interesante, House, ¿qué pasó?

Pero la sonrisa no se iba de los labios del médico, quien por un momento evocó las últimas horas. Él y Cuddy en los baños de hombres. La expresión de Lisa era tan graciosa cuando le contestó algo tan inesperado que, a la vez, era la única respuesta posible a su réplica. Y no se arrepentía. House se sentía ligeramente extraño mientras se sentaba en la moto. No se arrepentía en absoluto, aunque sólo fuera por haber dejado totalmente descolocada a su jefa. No, se dijo, apartando su infantil actitud, no era sólo por eso. Se había alegrado de ver feliz a su eterna rival. Se había alegrado realmente. Y, analizando de nuevo en su memoria la reacción de Cuddy aquellos primeros segundos tensos que siguieron a su totalmente inesperado deseo, con la fría calma de ver el pasado con más lógica, House se jugaría su pierna sana que también ella había sentido como él. Vulnerable y desnuda frente a su Némesis, y, aún así… con la seguridad de que estaría ahí para ella, aunque la machacara, criticara y humillara… en un retorcido sentido pero absolutamente fiel… estaría a su lado a pesar de todo.

Por eso ninguno había aparecido durante toda la tarde, porque estaban ocupados con el tratamiento, que se había llevado a cabo en unas horas por orden de la propia Cuddy, quien parecía temerosa de que su médico o ella misma se echaran para atrás en el último momento, aunque – nunca lo reconocería – House ni siquiera había contemplado la posibilidad de retractarse.

Pero la pregunta de Wilson le había descolocado y, por un momento House había creído que después había ocurrido algo más y – nunca lo admitiría en voz alta – aquel día había cambiado tantas cosas que llegó a temer que la hubiera ocurrido algo – los incómodos pinchazos la habían estado molestando toda la tarde hasta tal punto que él la había echo un análisis a sus espaldas después de tratarla, y esperaba los resultados para el día siguiente – descartándolo al momento y riéndose de su propia estupidez. Junto a él, fue vagamente consciente de que Wilson seguía dando el coñazo, y decidió responderle antes de que se acoplara al asiento trasero y le siguiera con la matraca hasta casa. En ocasiones, su amigo podía ser demasiado insistente para su propio bien, por muy buenas intenciones que tuviera.

.-Si te lo digo, ¿me dejarás en paz?

Wilson enarcó una ceja.

.- ¿Crees que tengo especiales deseos en saber todos los detalles?

House no pudo reprimir una risita; en cuanto se lo dijera, apostaba todo lo que tenía a que querría saber todos los detalles. Por si acaso, arrancó el motor y se puso el casco.

.-Está bien, pero no te hagas pipí de la emoción; tú no pasaste el casting en la no-cita; yo, sí. – la boca de Wilson cayó hasta el suelo. – Parece que encuentra más sexy a los lisiados que a los dulces, Jamie; será que le da más morbo.

Las ruedas de su moto mordieron el asfalto antes de que le diera tiempo a replicar, alejándose del hospital y del oncólogo aún perplejo y sin saber qué decir.

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El despertador bañado en bronce de la mesita de noche sonó con una irritante melodía, y Lisa Cuddy reprimió un gemido de frustración mientras apagaba el dichoso aparatito, refrenando el impulso de estamparlo contra el suelo de madera cubierto con una alfombra de época. Lo cierto es que llevaba ya un rato semidespierta, pero el comprobar de una manera tan desagradable que era hora de levantarse y afrontar un día más, igual que el anterior y del que vendría, era como para deprimir a cualquiera. Como un jarro de agua helada, se dio cuenta de que no sería un día más en su eterna vida cuando los recuerdos acudieron en tropel a su memoria. Sonriendo casi imperceptiblemente se llevó al vientre aún plano. No había sido un sueño, House había dicho… había admitido que quería ser el padre. Lisa sintió que los ojos se le humedecían, maldiciendo el exceso de hormonas en el cuerpo cuando se levantó y descalza se dirigió a la ducha. Había dicho que sí quería ser el padre… y lo que es más, lo había dicho con sincera claridad, sin ironías ni como haciendo un favor. Había dicho , simplemente. Completamente.

Y había sido el futuro padre de su hijo quien se había encargado de todo con el más profesional de los cuidados, en la intimidad del laboratorio restringido y en la más absoluta discreción. Apenas habían intercambiado palabra mientras apretaba la aguja contra su piel, ni siquiera cuando a ella se le habían escapado un par de lágrimas rebeldes que House, en un inesperado gesto de solidaridad, fingió no haber visto. No habían tenido la necesidad de explicarse, porque ninguno sabría cómo hacerlo y era todo mucho más fácil si simplemente asumían que el otro no preguntaría, refugiarse en el silencio compartido confiando en que ambos se sentían igual a pesar de las extrañas circunstancias… de la insospechada situación.

De pronto, ahogó un gemido; la tarde anterior tendría que haber ido al ensayo general de los discursos de jefes de planta y benefactores, y se le había olvidado completamente después de la sesión en el laboratorio; durante unos interminables segundos, se imaginó las risas burlonas de los miembros del consejo al ver que los minutos pasaban y ella no aparecía altiva y orgullosa por la puerta, y reprimió un pequeño suspiro de frustración; eran justo cosas como aquella y como el rumor de su aventura con House semanas atrás en su propio despacho las que provocaban rumores que la perseguían por los pasillos hasta que ella lanzaba miradas asesinas a todo aquel que se atreviera a cruzarse en su pasillo. Y luego la llamaban la Mujer de Hielo. Ja, qué simpáticos, y qué hipócritas. Y eran esos mismos que la criticaban y envidiaban los que ella daba de comer con bonitos sueldos.

El agua fría resbalaba por su cuerpo. Nunca había soportado el agua caliente, aunque en invierno no tenía más remedio que ducharse a una temperatura razonable, pero en cuanto abril dejaba entrever la primavera escapaba de la lluvia caliente. Sospechaba que se debía a su excepcionalmente sensible piel, y por ironías del destino, había escogido ser Decana de una profesión en la que la piel a menudo tenía que exponerse a fármacos ácidos que la volvían áspera. Por eso había hecho todo lo posible para pasar a la administración, aunque extrañaba de vez en cuando dirigir un departamento y cuidar con sus propias manos a los pacientes.
Sin embargo, ahora ella no podía dejar de sentirse extrañamente bien consigo misma. Era algo que no recordaba haber experimentado desde hacía tanto tiempo que casi no lo reconocía, la última sensación parecida cuando a los 32 años se convirtió en la Decana más joven en la historia de Nueva Jersey al ser nombrada directora del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro, cuando aún se sentía pletórica de energías y con fuerzas suficientes como para ser alguien que había pasado por el mundo y dejado su huella tras de sí. Cuando todavía era joven y la ilusión era tan grande que había creído que lograría todo lo que se propusiera… El tiempo, las lenguas ácidas, la culpabilidad e impotencia y los golpes crueles para los que nadie la había preparado habían ido minando sus fuerzas una a una, demasiado rápido, frente a sus ojos impotentes, de una manera que casi había constituido una tortura y que la había llevado al sopor rutinario de ser alguien que, aunque poderosa, no era feliz…y había llegado a pensar, a asumir incluso, que nunca lo sería, amargada y hundida para siempre en un mar que, al descubrir tiempo atrás que lo que sentía por su médico más indomable no era mero respeto y afecto profesional, sólo se había vuelto más denso y oscuro.

Pero ahora se le ofrecía la oportunidad de redimir todos los errores y de alcanzar algo parecido a la felicidad, y casi no podía creer su suerte cuando había descubierto un pequeño agujero por el que entraba una luz que prometía protegerla de todo aquello que la iba matando día a día. Se envolvió en una toalla, con el pelo chorreando agua por su espalda y acercándose sin calzarse las zapatillas hasta el vestidor, suavemente iluminado por la luz matinal, la misma que la había salvado de la tormenta angustiosa que se había convertido en su vida.

Extendió frente a ella el vestido que se había comprado para la fiesta, acariciándolo con sus dedos. Ligero, fresco, elegante. De pronto sintió impulsos de reír, comprendiendo en un segundo todo lo que el día anterior había significado, pero se contuvo cuando una punzadita de dolor en el costado la alertó. Ignorándola, se contentó con esbozar una sonrisa sincera como pocas. Iba a ser madre… y House iba a ser el padre. Su hijo había sido concebido en la fría profesionalidad de un laboratorio, pero con el tiempo, Cuddy esperaba poder decirle que a pesar de todo, sus papás se querían.

Apartó la sofisticada prenda con cuidado, poniéndose en su lugar sobre la piel aún levemente húmeda una blusa rosada y unos vaqueros, y sonriendo a pesar de sí misma. Aún faltarían un par de días para comprobar de forma fiable si el tratamiento había sido eficaz y estaba embarazada, porque no se fiaba demasiado de los análisis, y hasta entonces seguiría con el trébol rojo, pero Cuddy deseaba de todo corazón que no tuviera que esperar más. A pesar de todos sus errores, de las opciones que debía haber tomado y dejó correr… no dejaría escapar la última oportunidad de ser feliz. Y si para eso tenía que admitir que sentía… bien, algo parecido a un enamoramiento, por House… su eterna muralla de hielo podría soportarlo.

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Chase estaba nervioso. Se había vestido a conciencia para aquella noche, procurando evitar como si de la peste se trataran las corbatas llamativas que Foreman solía criticar con burla infantil, así que, tras revisar su armario y comprobar que probablemente ninguna se adaptaba al exigente gusto del otro, optó por no ponerse ninguna. Y había acertado, si asumía que había interpretado correctamente la sonrisa disimulada de Foreman al verle y darle un rápido beso que le dejó medio tonto. Y por ahora, todo marchaba bien. Debía admitir que Cuddy se había superado a sí misma aún disponiendo de tan poco tiempo para organizar la fiesta benéfica, pero lo cierto es que parecía aún mejor que la anterior.
Empotrado en la barra libre, esperando a Foreman que había ido a desplumar en la mesa de póker a todo aquel pobre mortal que osara enfrentarle, mecía perezosamente una copa de ginebra en una mano cuando la puerta se abrió como tantas otras veces dejando paso a alguna pareja rezagada. Se atragantó con la bebida cuando vio de quiénes se trataban.

El doctor House, elegante como nunca lo había visto, con camisa azul cielo y corbata metálica a juego con los pantalones oscuros y el bastón de madera negra, se inclinaba sonriente y susurraba algo al oído de la – Chase parpadeó con fuerza para verificarlo – fría doctora Cuddy, quien enarcaba una ceja ante el comentario y se cruzaba de brazos elegantemente por encima del pecho sin poder evitar una exasperada sonrisa, en lugar de responderle mordaz como de costumbre. Chase se sobrecogió al verlos entrar juntos; era sorprendente el efecto que causaban a su paso, pero lo cierto es que las dos figuras más importantes del hospital despertaban un respeto y poder que nunca hubiera imaginado. Parecían complementarse perfectamente, a pesar de no ir agarrados del brazo ni de las manos, tan sólo unidos por la mínima distancia entre ellos. El propio ambiente parecía empujarlos el uno contra el otro cada vez más, y en ese momento Chase se preguntó como no había visto antes así de claro que, ahora que los veía en actitud distinta a sus acostumbradas peleas para variar, estaban hechos el uno para el otro, y el aire a su alrededor parecía vibrar en anticipación allí por donde ellos pasaban, el magnetismo imposible de ignorar, acompañando cada paso imponente y poderoso de la pareja, ajena a las reacciones que provocaban. Incluso la misma situación parecía querer unirlos, y ellos… no oponían resistencia.

.-Me hubieras dicho que era una fiesta temática, para poder acompañarte disfrazado de Hércules, mujer. – le estaba diciendo House con la voz ronca de franca admiración. Cuando la había recogido en el despacho apenas había sido consciente de que se había olvidado de retener aire en los pulmones al verla, pero no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad de seguir con su actitud burlona, porque estaba tomando un cariz más elevado que le gustaba demasiado como para dejarlo correr.

Ella frunció los labios en una sonrisa con una ceja alzada ante la provocación. Había esperado algún comentario por el estilo acerca de su vestido crema; era sencillo pero elegante, ceñido en la cintura y en el escote en pico que se abrochaba al cuello con cintas de crujiente seda dejando la espalda al aire, y caía en pliegues lacios y vaporosos hasta el suelo; adornado con un pañuelo de seda rosada enredado en los brazos, y con una cinta del mismo color en los rizos sueltos, recordaba a las antiguas patricias romanas. Fingió estremecerse con una sonrisa de provocación.

.-Uy… verte a ti en falda de gladiador no debe tener precio, House… - replicó ella sin poder evitar una risa ante la imagen, con voz exageradamente sedosa y bajando las pestañas con incitación.

Antes de darle tiempo a replicar, se dio la vuelta sin dejar de sonreírle y se encaminó hacia la mesa donde Foreman jugaba al póker con un residente que, por la expresión de su cara, acababa de perder el sueldo de aquel mes. House esbozó una media sonrisa y la siguió, pensando que ya tendría tiempo aquella noche para devolverla el golpe.

Pero lo cierto es que la gente no daba crédito a lo que sus ojos veían; y es que con un atrevimiento que sin duda en cualquier otra ocasión Cuddy le hubiera censurado y castigado con horas de clínica extra, House no dudaba en pasar disimuladamente el brazo por sus hombros desnudos, como marcando un territorio y dejando bien clarito que aquella noche, la mujer a la que siempre humillaba y provocaba no le castigaría por su actitud y no prestaría atención a cualquier otro.

Tampoco habían faltado los intercambios de miradas cómplices bajo el techo adornado, ni las sonrisas furtivas perdidas entre los juegos de cartas o en alguna esquina de la boca mientras se apoyaban en la barra libre y se sentían libres por primera vez en su vida, demasiado ocupados en sí mismos como para atender a los murmullos que crecían a su alrededor.

.-Buena fiesta, ¿eh?

House rodó los ojos con resignación y se giró en la banqueta del piano improvisado para enfrentarse a Wilson que, elegante y de mirada dulce como siempre le observaba con una sonrisilla de suficiencia en los labios, mientras deseaba con todas sus fuerzas que Cuddy se diera prisa por contestar a la llamada urgente que la mantenía ocupada y lejos de él.

.-Felicidades, Jimmy-boy, has superado tu meta de contención de sermones. Pero sólo por curiosidad, ¿no podías haber aguantado hasta mañana?

Wilson se inclinó hacia delante con una tímida sonrisa, mientras el jefe de diagnóstico pasaba distraídamente los dedos por las teclas.

.-Según como va la noche, no creo que ni tú ni cierta Mujer de Hielo hubierais aparecido mañana por la mañana.

Con un gruñido, House abrió mucho los ojos.

.-Ya. Por eso.

.-Me has estado evitando todo el día, y sabías que no lo conseguirías… no después de lo que me dijiste anoche. Deberías haber supuesto, oh todopoderoso e infame doctor House, que no me quedaría de brazos cruzados después de haberme dicho que en menos de veinticuatro horas Cuddy y tú habíais pasado de tiraros los pisapapeles a la cabeza a ser los futuros padres de un adorable retoño…

House arrugó el gesto ante el discursito del oncólogo, pulsando unas teclas al azar.

.- ¿Y no podías haber interrogado a la futura mamá, o es que tenías que venir precisamente a mí en busca de pacientes respuestas a cuestiones que tanto tú como yo sabemos que no te voy a dar?

Wilson se encogió de hombros, obviamente divertido por el comportamiento de su amigo.

.-Cuando intenté acorralarla me echó de su despacho con la excusa de estar ocupada con la fiesta… y francamente, el que sea mi jefa me impone más respeto que tú, House. – ignorando las protestas infantiles de House que se quejaba de su cobardía, mudó su expresión por una más seria. – Hablando en serio, House… Sé que no quieres perderla, pero todo está pasando tan deprisa… hace un mes no dejabais escapar la ocasión de probar quién era el más fuerte y hoy puede que te hayas convertido en el futuro padre de su hijo… Yo soy el primero que quiere veros felices, créeme, pero… Date un tiempo para aceptar lo que sientes, y no la cages ahora.

Su amigo rodó los ojos con impaciencia, deteniendo su improvisada melodía. ¿Cómo iba a saber qué sentía él? ¿Cómo podía imaginar Wilson que estaba volviendo a experimentar sensaciones que creía olvidadas, cuando el otro cambiaba de querida como de ropa interior? No podía esperar más tiempo; ¡Por el amor de Dios, ya había esperado seis años! Y le importaba tres pelotas lo que el maldito libro de Mil Consejos Para El Amor impusiera de tiempo mínimo para lanzarse o lo que el Don Juan jefe de Oncología le dijera, cuando había sido él mismo quién le había hecho darse cuenta de lo que sentía.

.- ¡No! ¡Ya me he dado todo el tiempo posible! ¡De hecho, creo que he agotado todo el tiempo de espera para las futuras diez generaciones! Así que me da igual lo que me digas ahora, porque lo que importa es lo que me dijiste sobre no querer perderla, y ¿sabes qué? Que nunca te había dado la razón tan rotundamente. – el veneno salió por su cuenta de la boca antes de que House captara el tono en el que lo había dicho, pero para cuando se dio cuenta Wilson tenía la expresión rota y él gruñó y siguió aporreando el piano con quizá más fuerza de la necesaria.

Como aquella vez mientras Foreman languidecía de Euforia y él estaba vigilando el sótano en busca del cuerpo de Joe, Wilson enmudeció de golpe y con la mirada herida. En aquella ocasión, House le había hecho más daño de lo que pensaba cuando le espetó que le estaba molestando como siempre, y sin embargo ahora el oncólogo se mantuvo firme en su sitio. No se dejaría amedrentar, porque no era sólo House quién dependía de que aquella noche todo saliera bien.

.-Escucha, yo… sólo te pido que no te precipites. Ambos merecéis esta oportunidad. Los dos.

En ese momento, Cuddy llegó hasta ellos con un teléfono móvil en la mano y gesto cansado, sorprendida de ver a Wilson en el piano junto a un House con la mirada perdida en el teclado. El oncólogo le dedicó una sonrisa, apenas deteniendo la mirada en el vientre de su jefa con un extraño parpadeo, y se puso en pie dispuesto a irse. House le detuvo en el último momento, sintiéndose repentinamente culpable. Era una sensación desconocida que sin embargo en las últimas semanas le había molestado más de lo que hubiera querido, así que sólo pudo aspirar aire y decir:

.-Gracias.

Captando la disculpa implícita en el tono condescendiente del médico, James sonrió con algo de timidez, asintió con la cabeza y se marchó dejando a los dos médicos solos. Con una ligera sonrisa, House le indicó a Lisa que tomara asiento junto a él, ignorando su mirada interrogante.

.- ¿Qué era eso tan urgente? – le preguntó mientras sus dedos casi volaban sobre las teclas y comenzaban a tocar casi inconscientemente la célebre "Para Elisa" del maestro Beethoven. A su lado, ella sonrió y negó suavemente con la cabeza, creyendo que de pronto habían retrocedido en el tiempo y volvían a estar en la anterior fiesta. Un poco más, y estaba sentada entre Wilson y Stacy en una de las reuniones a las que de cuando en cuando acudía a casa del médico. Y, en el principio de todo… en una habitación en penumbra que creía casi olvidada, con la inocencia de los diecinueve años, vestida solamente con una camiseta demasiado grande para ella, sentada en una cama que no era la de su residencia y viendo a su joven amante dirigirle miradas indescifrables entre las sombras de la madrugada mientras la dedicaba aquella misma melodía en su piano portátil. Obligándose a salir del sopor de los recuerdos, miró de reojo a House, y su sonrisa se acentuó ocultando un sonrojo. Prefería infinitamente la situación actual, aunque aquel recuerdo que olía a verano, a sueños y al ardor eterno del desierto cuya energía parecía fluir por las venas de ambos amantes siempre ocuparía un lugar muy especial en su memoria. El médico observó divertido las distintas fases que atravesaba el rostro de su jefa y continuó con su interpretación excepcional.

.- "Para Lisa". – en venganza por su anterior comentario sobre él en faldas de gladiador, murmuró en su oído con una sonrisa maliciosa la frase que sabía que despertaría recuerdos de noches universitarias… las calles mojadas y los amaneceres infinitos que compartieron con tanta fogosidad y pasión como breves fueron sus tormentosos encuentros, que ambos habían decidido acallar y esconder del mundo en un pacto silencioso. Ella le miró fulminante por debajo de las pestañas, pero en su boca luchaba por formarse una sonrisa. House apartó la vista con burla extrañamente inofensiva y ejecutó la pieza. El pequeño círculo que se había formado a su alrededor se fue extinguiendo con comentarios curiosos ante la extraña imagen que sus ojos habían visto y a regañadientes admiración ante el músico, y él sonrió con suficiencia.

.-Soy un genio.

Cuddy se contuvo a tiempo de golpearle en el hombro por su narcisismo. Con un pequeño lamento, bajó las manos lo justo para apretarse el costado sin que su acompañante se diera cuenta. Ahora no, pensó desesperada. Repentinamente, se puso en pie disimulando una mueca de dolor.

.- ¿Salimos a tomar el aire?

Él la miró con curiosidad, pero parpadeó ocultando la sorpresa y asintió con la cabeza. En ese momento, Allison Cameron llegó a donde se encontraba su jefe con un sobre cerrado en la mano y se detuvo con un extraño gesto en el rostro al ver a los dos doctores juntos y el poderoso efecto que causaban, como una sensación de déjà vu.
Sobreponiéndose, extendió la pequeña carpeta a House apartando la mirada.

.-Los resultados de las pruebas que solicitaste ayer, House. – hizo un mohín de resignación – Me dijeron que me habías dicho que yo te los entregara… Primera noticia.

Él los agarró con algo de brusquedad, ignorando el obvio tono cansado en la voz de su empleada y esquivando la mirada de su jefa, que frunció el ceño entre el dolor y la curiosidad.

.- ¿De quiénes son?

.- ¿Esto? – eludió House, quitando importancia con un aspaviento. – De un paciente que vino ayer a la consulta, nada importante.

Cuddy acentuó aún más su ceño, no pasando por alto que el día anterior había estado toda la jornada con ella en el laboratorio y por tanto era imposible que hubiera atendido a nadie más, pero decidió que aquello no era tan importante ya que la necesidad de aire fresco estaba sobrepasando sus límites.

.-Lo que tú digas. Yo voy a la terraza. Cuando termines ese asunto tan poco importante ya sabes dónde buscarme… - era consciente del duro tono de voz con el que lo había dicho, pero en realidad que tenía que escapar del sopor de aquel ambiente y de las miradas insistentes que la doctora Cameron mantenía clavadas en su nuca, sin reparar en el gesto indescifrable que atravesó el rostro sin afeitar de House al verla marchar airadamente de allí.

A pesar del agobiante calor de aquella noche, a pesar de que las nubes negras se arremolinaban sobre la terraza del Princeton-Plainsboro anunciando una tormenta de verano, a pesar de que la luna creciente se erguía orgullosa muy cerca del suelo ese día y de la brisa cálida que barría la superficie…Cuddy sentía un extraño frío muy dentro de ella – en total contraste con el fuego que la consumía el estómago – que quizá tuviera que ver con la soledad que de repente le apretaba el corazón como una garra de hierro. Contuvo un escalofrío, envolviéndose en el pañuelo de seda que apenas la protegía del viento tibio. Había sido una estúpida estropeando aquella noche porque no había podido contener su lengua y había tenido que dejar que su mordacidad hablara por ella porque estaba resentida de que House no le hubiera contado la verdad sobre aquellos análisis. Bajó la cabeza con pesadumbre, apoyada en el muro. Había sido algo infantil y totalmente impropio de su ecuánime carácter.

Y ahora probablemente House estaría en su moto camino a su casa y recriminándose a sí mismo por haber perdido el tiempo con alguien que, obviamente, no estaba dispuesta a morderse la lengua y confiar en él. Parpadeó para contener las lágrimas. Estúpida.

.-Lisa…

Ella no se giró, y sólo mostró alguna reacción cuando Wilson se inclinó en la barandilla junto a Cuddy. Una sonrisa tensa, forzada, a las que se había acostumbrado tanto a lo largo del tiempo que ya las consideraba parte de ella, recibió al oncólogo.

Y por unos momentos nadie dice nada, porque todo es demasiado surrealista y el silencio es el más seguro de los refugios para ambos, y Lisa lo agradece pero durante un instante de lucidez, añora el sonido de una voz preocupada y templada, cálida y suave que se dirija a ella no porque sea la jefa, sino porque la aprecia de verdad.

.-Lo siento.

Ella sonríe mecánicamente de nuevo, un gesto amargo que le duele en el alma casi tanto como le duele el abdomen, apenas calmado por la imperceptible caricia de Wilson y de la copa de crema de limoncello italiano que le pone entre las manos y que ella lleva a los labios hasta que el líquido denso baja quemando por la garganta apenas lo suficiente como para aclararle la voz y el dolor físico.

.-No ha sido culpa suya, si eso es lo que piensas…

No fue culpa de House, que se había mostrado excepcionalmente… caballeroso aquella noche, que había sabido limitar sus comentarios a provocaciones para las que sabía que ella tendría respuesta. No había sido culpa de Greg, que por primera vez en años la había tratado como a una verdadera amiga, como algo más de hecho, haciéndola sentirse bien consigo misma. No había sido culpa del misántropo doctor, que había hecho sin duda un esfuerzo descomunal para no jugársela en aquella fiesta porque sabía que era importante para ella.
Seguramente, Wilson sabía que no podía imaginar como se sentía, pero de todas formas también le agradece enormemente por su bondad y por su figura de apoyo junto a ella, escuchándola sin mediar palabra porque intuye que es mejor dejarla hablar, mientras sigue bebiendo la crema de sabor a limón, que arde en su garganta con la extraña dulzura y fogosidad serena de Italia, proporcionándola la fuerza para seguir hablando sin que su voz se transforme en un llanto desesperado y humillante.

.-Por extraño que pueda parecer, él se ha comportado esta noche… Fui yo la que no supo encajar el cambio.

Fue ella la que había creído que aquella noche podría sonreír y callar sin hacer nada más, la que había albergado la ilusa esperanza de que pudiera ser el fin de su era oscura y el principio de una nueva, desembarazada del sopor de la rutina. Fue ella la que casi había conseguido rozar con los dedos aquella felicidad tantas veces llorada y ansiada, y la que con una frase, con una mirada, con un tono venenoso, había destrozado en menos de un minuto aquella velada perfecta que tanto tendría que haber significado, por una tontería. Apretó la delicada copa tanto que creyó que se astillaría entre sus manos pequeñas.

.-Así que no me defiendas, James… Porque ha sido culpa mía.

.-Menos mal que siempre estará Pepito Wilson para asegurarte de que el Malvado House se lo merecía…

Cuddy y Wilson se giraron cuando el propio House entró en la terraza con el bastón en una mano y los análisis en la otra. Wilson miró a ambos como en un partido de tenis y finalmente bajó la vista y salió por la puerta acristalada entreabierta por la que se colaban los sonidos y el ambiente festivo del otro lado. House sostuvo la puerta y la cerró con suavidad cuando su amigo pasó junto a él con un gesto indescifrable antes de perderse entre los invitados. Durante unos momentos, ninguno de los dos dijo nada. Él mantenía sus ojos azules clavados en Cuddy, como si pudiera ver a través de su muralla; a ella aún le temblaba la barbilla y la crema de limoncello amenazaba por derramarse de la copa.

.-Deberías darme esa copa, Lisa. – la voz era extraña, fue lo primero que a la mente de la Decana le desconcertó, incluso aún más que el que pronunciara su nombre con delicadeza, como probando su sabor en el paladar. Parecía… distante. Y cercana a la vez. Como conteniéndose y aún así, muriéndose por revelarle su secreto. Ella parpadeó confundida, con el mismo extraño nudo en la garganta que la había ahogado aquel día, semanas atrás, cuando House fue en su despacho a recriminarla el haber alargado el sufrimiento de Foreman. Le quemaba el costado con fuerza, le quemaba el limoncello en la garganta y le quemaban las lágrimas al otro lado de los ojos, pero a pesar de todo se refugió como siempre – estúpida, estúpida – en su lado de la muralla de hielo que interponía entre ella y el mundo – la misma que le reprochaba después a House – desde donde podía observar la escena sin que ningún picor la ardiera sobre la piel.

.-Antes no quise ser tan brusca. Sé que no fue ni la mejor actitud, ni la mejor reacción a una estupidez…

.-Dame la copa, Lisa. Cuando se está en tus circunstancias, no se debe tomar alcohol. – aquella voz de nuevo, calmada, pausada, serena y ausente, impropia de él. El nudo en la garganta la quemaba incluso más que la crema italiana, y su obstinada parte racional seguía pretendiendo tomar control de la situación.

.- Qué… qué circunstancias. Hasta que no sepamos los resultados, el posible feto no estaría en riesgo…

.-No. Ya no. – le cortó él, con su extraño tono de voz y media sonrisa luchando por dejarse ver sin miedos, alzando los análisis para que no la pasaran desapercibidos como a una niña de parvulario. – Tú eras mi paciente.

Desde afuera, parecía que nada había cambiado. Cuddy luchaba por ignorar el significado de aquella simple frase, empujando todo razonamiento porque no quería decepciones.

.-Los análisis pueden equivocarse, House.

.-Los revisé dos veces. – la sonrisa seguía ahí, tan desconocida como la voz, y ella se sentía torpe, lenta, como en un sueño. – Por la dirección del Hospital Universitario Princeton-Plainsboro, la doctora Lisa Cuddy nos dirá qué significa la bipartición de células tras un tratamiento de fecundación in-Vitro.

Lisa tardó unos segundos en procesar y asimilar las simples palabras en su mente, aún algo espesa por el escaso alcohol en sus venas y por el cansancio de aquella noche. Observó desde una extraña segunda perspectiva como la mujer pequeña y vestida de romana abría mucho los ojos cuando comprendía la totalidad de lo que significaba aquello, pero no se movía en absoluto mientras House frente a ella sonreía con sinceridad en mucho, mucho tiempo. Y eso, y la gota de lluvia caliente que la cayó en la punta de la nariz la devolvieron de un golpe seco a su cuerpo, y antes de que recuperara el control de sus actos había envuelto los brazos alrededor del cuello de Greg poniéndose de puntillas y deshaciéndose por fin de aquella torpeza que parecía melaza en su cuerpo.

House sintió la risa fresca y limpia en su cuello y sonrió como no recordaba haberlo hecho en tanto que era una sensación que creía olvidada, al igual que aquel sonido junto a su oído que recibía como un inesperado regalo. Enroscando los brazos alrededor de la fina cintura, apoyándose contra el muro mientras el bastón, la copa y los análisis caían al suelo mojado y la lluvia comenzaba a empaparlos con agotadora calma. Lisa sacó la cara del cuello del médico y le observó con los ojos muy grandes y muy sorprendidos, apoyado para no tropezar con su pierna mala y sosteniéndola con un insospechado cuidado. House repasó con la mirada la carita empapada, los rizos mojados de agua de lluvia. La expresión tierna y asustada en los ojos grises, los labios semiabiertos y las gotas resbalando por el cuello. Tan distinta a su actitud normal, tan suya. Con esa vulnerabilidad que nunca exhibía porque la desnudaba y la volvía… débil, tan frágil como cualquier otra persona, y la despojaba de la racionalización y la frialdad que la caracterizaban. Tan parecida a él… tan distinta. Tan delicada. Le apartó con suavidad un mechón rizado del rostro. Tan suya, sólo suya.

Cuando se inclinó por puro instinto, ella se apartó ligeramente en su abrazo.

.- ¿Q-qué haces…?

Greg dejó escapar un suspiro exageradamente exasperado que chocó en la lluvia que resbalaba por las mejillas de Lisa.

.- ¿Te quieres estar quieta por una vez en tu vida?

Y ella no se movió. Quizá fuera porque se encontraba atrapada entre los brazos y el cuerpo mojado del doctor, porque sus músculos no le respondieron o porque aún estaba demasiado aturdida y extasiada con la noticia.

Fue similar a lanzarse al mar desde lo más alto de un acantilado, a correr, casi volar cuesta abajo una colina contra el viento. La sensación de placentero vértigo en la boca del estómago y de lo más grande en el mundo estallando en mil burbujas en el corazón palpitante, dentro de un pecho que parecía demasiado pequeño como para contener la pequeña supernova en él, sensación que la lluvia caliente sobre ellos sólo incrementaba hasta límites casi insoportables.

Los labios de él sobre los suyos, una ligera caricia que la hizo cerrar los ojos con anhelo contenido, moviéndose con una lentitud que constituía casi una tortura, atrapando el labio inferior entre los suyos con una sonrisa y el sabor de su boca entremezclado con las gotas de agua, de una forma tan tierna y pura que Lisa adivinó al instante que era una pequeña provocación. Cuánto resistiría. Quién cedería antes. Una pequeña parodia de lo que era – antes, justo antes de eso – su relación diaria. En cualquier otro día, en cualquier otra circunstancia, ella no habría dudado en competir con él. Pero no aquella noche. No en aquel beso.

Los trozos de lluvia, de agua que resbalaban por la comisura de los labios de Cuddy y que House sintió la intensa necesidad, porque estaba alcanzando la categoría de dolorosa, de ceder a aquella batalla sin cuartel y recoger las gotas que resbalaban por la boca escapando de él, con su lengua. Contuvo un escalofrío cuando ella le mordió ligeramente el labio en pequeña venganza a la curiosidad de sus manos, que vagaban por los recovecos más inhóspitos de su vestido empapado, pero qué quieres, pensó él simulando inocencia entre beso y beso, ligeros como plumas, si toda tú provocas a mi pobre imaginación y no haces nada por evitarlo. Así que irrumpió en su boca sin esperar permiso alguno, enzarzando ambas lenguas en una guerra sin tregua, situada en la humedad de la lluvia caliente que hacía resbalar a las partes implicadas juntándolas más si era posible, y en la que los dos hacían trampas, mientras las manos parecían que volaban y se perdían en la ropa mojada acariciando con ternura y fervor cada trocito de piel y provocando estremecimientos en campamento enemigo.

Cuando se separaron, House ahogó un jadeo descontrolado que sabía que la tormenta ahogaría mientras intentaba dominar las emociones que ahogaban sus actos y su corazón como la lluvia caía, insistente y agobiante. Sin poder evitarlo, esbozó una sonrisa orgullosa al juntar ambas frentes y ver de cerca el efecto que había tenido en ella aquel beso, dejándola con la boca entreabierta, los párpados cerrados, el cabello mojado, los pómulos eternamente níveos, sonrosados, intentando sin duda recuperar algo de cordura que no la recordara que su médico más indomable la había echo perder el control en medio de su terraza y bajo una lluvia torrencial. Sonrió de nuevo, maliciosamente. Tan delicada, tan ardiente, tan fría, tan suya.

.-Hola, mi bebé. – le susurró.

Ella rió de nuevo contra su cuello, nerviosa, impaciente, feliz, ocultando su aliento en la piel mojada y estremecida. Y no tuvo muy claro en ese momento quién estaba haciendo perder el control a quién cuando susurró entre dientes con voz ronca, muy cerca de su oído.

.-Eres un idiota…pero me gusta.

Otro beso perdido entre la lluvia, suspiros y manos que volaban, y palabras incoherentes que poco tenían en cuenta que se pudieran escuchar al otro lado de la puerta acristalada de la terraza. Caricias que torturaban cada milímetro del otro y disfrutaban con los jadeos de anhelo contenido que se estrellaban en la garganta contigua, siendo acallados al instante con una nueva embestida de lenguas.

.-No tengo que decirlo, ¿verdad?

Lisa sonrió en su mejilla áspera, rozándola ligeramente con la punta de la nariz, ante la pregunta en la que House se respondía a sí mismo, ignorando el dolor punzante en el costado porque era todo demasiado hermoso como para empañarlo con aquella nimiedad.

.-No tienes que decirlo.

El silencio roto por la tormenta y el sonido de los dedos curiosos en el apretado abrazo. Besos vaporosos como el vuelo de una mariposa que él repartía por las mejillas y los párpados cerrados de Cuddy, haciéndola reír, con esa risa cristalina que nunca había oído en ella y a la que sabía que se podría acostumbrar con demasiada facilidad. Trozos de la promesa de una vida plena en los labios rojos de la doctora, en el vientre que él rodeaba con los brazos.

Cuando se agachó suavemente y besó con insospechada ternura el estómago sobre la tela mojada ella ahogó un sollozo de pura felicidad. Lentamente, él se incorporó y tuvo la seguridad de que en esos momentos, la lluvia no era lo único que resbalaba por las mejillas de Lisa, en cuyos labios temblorosos se formaba una sonrisa gloriosa como el sol. Y fue en ese momento, justo antes de que ella, en medio de lágrimas y sonrisas que lo decían todo, le besara como si no hubiera un mañana, cuando supo sin lugar a dudas que lo había enamorado completamente. Estúpidamente. Irremediablemente.

La lluvia, los escalofríos, aquel beso, El Beso, el estómago donde había nacido un mundo nuevo. Todo era perfecto. Todo era un sueño, y no querían despertar.

Pero de pronto, ese todo cambió de la misma forma en que empezó. Greg detuvo su mano en la cintura al sentirla empapada de algo que no era lluvia, algo más espeso y que formaba una mancha oscura en el vestido claro. Fue vagamente consciente de que ya no sentía la respiración en su cuello haciéndole cosquillas al bajar la mirada y ver el costado ahogado en sangre que resbalaba por el vestido diluida de agua. El tiempo se congeló en el aire.

.- ¿Lisa?

Desde afuera, sabía que su voz había sonado extraña, o quizá fuera efecto de la lluvia. Ella le miró con los ojos grises vacíos de la sorpresa y una expresión de dolor roto. Un miedo frío, seco, áspero estrujó su corazón. Todo se precipitó sobre ellos como una exhalación.

.-House…

La voz asombrada, perpleja, dejando la puerta abierta para mostrar el súbito dolor. Sin decir más palabra. Sin explicarle nada. Sólo aquella mirada seca, desnuda. Después, se desplomó en sus brazos, inerte, como una muñeca, y él sólo podía contemplar la escena sin comprender, aún dominado por aquella muda y desesperada confusión que le paralizaba los músculos.

Seguía cayendo una lluvia caliente sobre ellos, desde la tormenta. Aún quedaban trozos rotos de lluvia en sus labios.

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Dentro de mi vida,
donde se ha creado todo.
Donde están todos mis miedos,
donde entro si estoy solo.
Donde guardo mis caricias
como si fueran tesoros,
Donde tengo mis sonrisas
escondidas como el oro.
Lejos de tu vida,
dentro de la mía.

Será para ti un regalo por abrir.
Que tendrás que cuidar
para abrirme más a ti.

Y serás para mí lo más
grande hasta morir.
Te querré todo y más.
Mírame yo estoy aquí.

En el centro de mi vida,
donde ha nacido todo,
Donde estoy yo de pequeño
Donde escucho, creo y lloro.
Donde está eso que me invita.
A acercarme y no estar sólo.
Todo eso te lo entrego.
Cuídalo que es mi tesoro.

Lejos de tu vida,
dentro de la mía.

Será para ti un regalo por abrir.
Que tendrás que cuidar
para abrirme más a ti.

Y serás para mí lo más
grande hasta morir.
Te querré todo y más.
Mírame yo estoy aquí.

Y dentro del amor existe
una mitad que da miedo pensar.
Que da miedo afrontar.
Y que se acaba, cuando
tú quieras eso cambia.
Y hoy cambiaré pensar
por dejarme llevar.
Voy a intentar mostrar
lo que hay que regalar con la mirada.
Seguro que mi cara gana.

Dentro de mi vida,
donde se ha creado todo.
Donde están todos mis miedos,
donde entro si estoy solo.

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Sí, siento debilidad por los momentos románticos en las fiestas, pero no podéis culparme realmente xD ¡Por fin! ¡Por fin puedo decir que YA se besaron! Como ya dije antes, este cap es mi favorito por muchos sentidos, aparte del beso. Una pobre servidora intenta reflejar la complicidad entre House y Cuddy y su pasado en Michigan desde mi punto de vista n.n, y no me disgustó demasiado el resultado, pero como siempre, tiene que haber un punto negro sobre la tela blanca, y este caso ese punto híjole y quisquilloso es ese final de cap abierto que estoy segura no gusta demasiado U.U

Como ya dije antes, tengo el final listo. Como también dije, final lacrimógeno, con sólo un resquicio esperanzador. Como algo nuevo, tengo en la manga continuaciones a la idea original. Ahora sólo depende de vosotros que suba el cap 6, y los siguientes n.n'' Esto no es un chantaje xD pero dejo caer que los reviews son una buena motivación para postear rápido el próximo cap ;) Y no, no me siento buena persona al decirlo, pero dale, los reviews si me hacen sentir bien n.n xDD

¡Besitos!

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