Todos los personajes de esta historia son propiedad de J. K. Rowling, y yo no poseo ningún derecho sobre ellos, a excepción de Morailyn, que es fruto de mi invención. Por otro lado, dedico mi historia a mi colega Sapito Feliz, en cuya historia me inspiré (¡sin copiarme, que quede bien claro!). Mi otra fuente de inspiración es la canción "La Luna", de Belinda Carlisle. El título lo saqué de un perfume, pero tampoco tengo derechos sobre él.


AGUA DE LUNA

2. Constelaciones.

-¿Qué haces aquí por las noches? –preguntó Neville apretando a Trevor contra su pecho mientras caminaban.

-Pues mis pasatiempos favoritos: mirar las estrellas, escuchar el susurro del viento y algún ruiseñor de vez de cuando y bañarme en el lago, como ya habrás visto¿no? –sonrió al ver a Neville rojo como un tomate.

-Que quede bien claro que no te estaba espiando. Mi sapo se había escapado y yo estaba corriendo detrás de él y…

-Tranquilo, no pasa nada. Te creo. Bueno¿por qué no me hablas de ti un poco?

-No creo que sea necesario. Prácticamente no tengo nada que contar sobre mí. Al menos, nada interesante. No soy nadie especial.

-Yo creo que todos somos especiales –replicó Morailyn deteniéndose. Y tú no eres una excepción.

-Gracias -Neville no pudo reprimir una sonrisa-. Vale, pues si insistes te diré que soy de Gryffindor, estudio séptimo curso y tengo algunos buenos amigos.

-Me alegro por ti. ¿En qué día naciste?

-El 31 de julio de 1980.

-Entonces eres Leo¿no?

-Pues… -Neville hizo unos cálculos-. Sí, soy Leo.

-Gryffindor y Leo… Buena combinación, sí señor: un León por partida doble. Valeroso y con una buena madera de líder.

-¿Valeroso y con madera de líder¿Yo? –Neville se echó a reír-. ¡Todo lo contrario! Ya me gustaría ser lo que tú dices…

-¿Me he equivocado? –Morailyn alzó las cejas sorprendida.

-Por completo –Neville sonrió con tristeza-. De hecho soy el más cobarde de mi casa. Y en mi situación debería ser de los más valientes.

-¿Tu situación?

-Sí, mis padres están en el hospital. Cuando yo era muy pequeño fueron torturados hasta la locura por los mortífagos, y a mí me crió mi abuela.

-No sabes cuánto lo siento -contestó Morailyn pasándole el brazo por encima del hombro.

Neville se estremeció ante este gesto, no sólo porque ninguna chica había hecho aquello antes, sino también porque al hacerlo le rozó la nuca con los dedos, y él los notó increíblemente fríos. Pero enseguida pensó que era normal, con una noche tan fría y tan poca ropa era normal que tuviera las manos heladas. Entonces cayó en la cuenta.

-¡Demonios, pero si estás helada¿Cómo se te ocurre pasear tan ligera de ropa con este tiempo¡Te puedes morir! –Neville le puso a Trevor en las manos y se desabrochó la bata para ponérsela a ella por los hombros.

-¡No, no es necesario, déjatela puesta¡Si te la quitas quien se morirá serás tú! –replicó ella volviéndosela a abrochar.

-¡Pues al menos refugiémonos en algún sitio para protegernos del frío!

Morailyn asintió y tras buscar un poco hallaron una covacha cerca del lago donde los dos se sentaron. Allí Neville se desabrochó la bata y los dos se taparon con ella. Se sintió fuertemente tentado de abrazarla, pero se contuvo. Pero para su sorpresa, fue ella quien se apoyó contra él. Un nuevo estremecimiento recorrió la espina dorsal de Neville al notar su pecho contra él y notar en sus propias carnes el frío de Morailyn.

Pasó un largo rato en el que la temperatura del cuerpo de ella no aumentó ni un solo grado y en el ella que estuvo tan quieta y con la mirada tan inexpresiva que Neville pensó aterrorizado que estaba muerta. Por suerte, la notó respirar, y su alivio fue inmenso.

-¿Estás bien?

-Sí, estoy bien, Neville. Sólo estaba mirando las estrellas. Las constelaciones.

-¿Cuál es cuál? Astronomía nunca ha sido mi fuerte, siempre me quedo dormido en clase.

-Te entiendo. Mira, ésa es Escorpio. ¿La ves?

-No¿cuál es?

-Esa de ahí –Morailyn volvió a pasarle el brazo por encima a Neville y lo atrajo más hacia ella para mostrarle mejor la constelación. El rostro de Neville empezó a arder al notar su aliento tan cerca de su cara.

-Ah, sí, qué… bonita –logró balbucear-. ¿Cuáles son las demás?

Morailyn estuvo señalándole cada constelación y contándole las leyendas mitológicas relacionadas con ellas. Neville prestó muchísima atención, y cuando ella terminó él le pidió que le contara más historias.

-Es que… -Neville tuvo que inventarse una excusa rápidamente-. Bueno, eres muy buena contando historias, y creo que me he enganchado un poco… -rió nerviosamente.

Trevor croó desde una piedra dos veces mirando a Morailyn.

-Y me parece que Trevor también se ha aficionado –sonrió ella-. Muy bien, seguiré.

Las horas transcurrieron y Neville seguía cada vez más embebido de las palabras de Morailyn, que contaban cuentos y leyendas de lejanos tiempos pretéritos, pero sobre todo de aquellos labios que se contraían y estiraban para hablar. Y llegado un momento se sorprendió a sí mismo preguntándose si acaso encontraría algo de calidez en ellos. "¡Neville, por favor, te has vuelto loco o qué!", dijo dándose varios tortazos en la frente. "¡Ya eres mayorcito, contrólate de una vez, que parece que no has visto a una chica en tu vida!". Abrió los ojos y se encontró con Morailyn mirándole fijamente, con tristeza.

-Esto… yo…

-Es una lástima –murmuró ella.

-¿El… el qué? –Neville la miraba confuso y al mismo tiempo sintiéndose completamente ridículo por su comportamiento anterior-. ¿De qué hablas?

-Mira –señaló con el dedo hacia el horizonte. La luz del sol empezaba aparecer por las colinas del horizonte.

-¡Oh, Dios! –Neville se levantó de golpe chocándose contra el techo de la covacha y llenándose el pelo de polvo y piedrecillas. Tomó a Trevor en sus manos y salió de allí con Morailyn detrás-. Perdóname, pero debo irme. Si mis compañeros despiertan y descubren que no estoy me meteré en un lío muy gordo.

-Te entiendo. Muy bien, vete.

Neville salió corriendo con Trevor en las manos, pero de pronto se detuvo y se giró. No podía creerse que iba a formular semejante pregunta.

-¿Cuándo… cuando podré… volver a verte? –tragó saliva-. ¿Qué te parece… esta noche?

-No –contestó ella.

Por un momento Neville Longbottom tuvo el extraño sentimiento de que el mundo se derrumbaba bajo sus pies. Por suerte, Morailyn todavía no había terminado de contestar a su pregunta.

-Mejor mañana por la noche –un suspiro escapó de los labios de Neville sin que pudiera hacer nada por controlarlo. Has pasado toda la noche en vela, y necesitarás descansar –ante la sorpresa de Neville ella le acarició la mejilla-. Buena suerte, y nos vemos.

Sonriendo e inflando el pecho, Neville reemprendió el camino de vuelta a su habitación. Sintiendo el punzante deseo de mirar a Morailyn, se giró nuevamente, pero ella ya no estaba. No quedaba rastro de ella.

Extrañado por su repentina desaparición, Neville siguió andando y logró llegar a la Sala Común de Gryffindor. Al meterse en su cama y depositar a Trevor sobre la almohada se planteó si debía contarle a los demás su aventura nocturna, pero recordó el rostro de Morailyn, y sobre todo aquella última caricia, y entonces lo tuvo bien claro.

-No, no voy a contarles nada. Y tú guárdame el secreto también¿eh, Trevor?

El sapo croó a modo de asentimiento. Neville sonrió y a los pocos segundos se quedó dormido.