CAPÍTULO 7

Querido diario:
¿Cómo puede dar la vida de una persona un viraje de 180º en menos de 24 horas? Yo aún no lo sé, pero es exactamente lo que me ha sucedido. Todo comenzó ayer por la mañana. Estaba pensando en disculparme con Luna por faltar a la cita del club y en decirle todo lo que pienso acerca de los dementores y su relación con nuestros misteriosos extravíos. Como teníamos un hueco por la mañana, decidí esperarla al final de su clase de Transformaciones. En ese momento, noté cómo algo ardía en el interior de mi bolsillo. Era un galeón, y comprendí que los miembros del E.D iban rumbo a la Sala de los Menesteres. Pensé que ya hablaría con Luna tras el almuerzo.

La Sala estaba repleta, realmente era preciosa y estaba equipada para la ocasión: "es un gimnasio para magos" me dije a mí misma. Al principio sentí sus miradas puestas en mí, al parecer, todos ya sabían de la fecha y hora de la reunión. Todos menos yo, obviamente. Harry rompió el hielo diciendo:
- Bueno, chicos, creo que todos intuís por dónde vamos a empezar.
- Con la amenaza de los dementores, es de esperar que repasemos nuestros patronus.
- ¿patronus?.- creo que me descompuse al oírlo.
- Sí, patronus. Es un hechizo defensivo que...
- ¡Ya sé lo que es!,- reproché a Seamus Finnigan, que pretendía intimidarme con ese tono.- lo que pasa es que...
- ¿Algún problema, Susan?- Harry se acercó a mí.- Oye, quiero hablar contigo cuando acabemos la reunión, ¿vale?.- sus palabras fueron puros susurros. Yo asentí con la cabeza.- Bien, para empezar, nos pondremos por parejas y practicaremos Expelliarmus con nuestro compañero.
- Pero Harry, ¿no dijiste que empezaríamos con el patronus?
- Lo siento, Seamus, pero eso lo dijo Hermione.- esto lo dijo sonriéndole a la chica.

Y sin perder más el tiempo, nos agrupamos. Hermione practicaba con Harry. Éste parecía dejarse. Cho Chang lo hacía con Ron, y sentí un escalofrío al verlos reír. Yo probaba con Neville, y a menudo, el hechizo dio resultado. Cuando todos lo hubimos conseguido, nos agrupamos en equipos. este ejercicio consistía en intentar desarmar a los del equipo contrario, sobre todo cuando intentaban atacar a nuestros compañeros. No tardé mucho en ser desarmada.
Tras acabar con el juego (nosotros perdimos), Harry dio por finalizada la reunión y nos rogaba discreción al salir. cuando salieron todos, Harry cerró la habitación. ¡Qué grande era esa habitación para nosotros dos solos!
- Oye, ya sé por qué esa cara cuando Hermione dijo lo del patronus.- su voz era tranquila, en cambio yo, no lo estaba.
- Harry, yo no puedo efectuar un patronus, es muy difícil, no puedo.- me temblaba la voz, me daba vergüenza reconocerlo.- para ello tienes que...
-... elegir un recuerdo feliz y mantenerlo vivo durante unos minutos, lo sé.- entonces me miró fijamente y se acercó más a mí, sujetándome por los hombros.- pero de veras crees que tú lo tienes más difícil que yo? conoces perfectamente mi pasado y tienes constancia de cómo me afectan los dementores...
- Aún así, Harry, tú tienes eso.
- ¿El qué?
- ¿La oportunidad de elegir?.- me alejé de él con delicadeza y me dirigí a la ventana. Sabía que lo tenía detrás.- Has vivido montones de momentos con tus amigos. Peligrosos, sí, pero unidos, y eso es lo que los hace inolvidables ahora que estáis a salvo. En cambio yo... dime, ¿eres capaz de encontrar algún momento feliz en mi vida?- ví que Harry se estremeció, estaba viviendo una situación embarazosa, lo estaba comprometiendo. Por eso sonreí y le acaricié una mejilla.- Gracias, Harry, pero no creo que deba seguir en el E.D, no es una buena idea.

Iba a salir de la sala cuando escuché:
- ¡Espera!
Me giré. ahí estaba él, con su mano inclinada hacia delante, inmóvil.
- No tienes por qué disponer de un recuerdo feliz.
- ¿ah no?.- de repente no entendí nada, ¿acaso no conocía el funcionamiento de defensa contra un dementor?
- Mira, es cierto que tengo muy buenos recuerdos de mis amigos, pero eso no es nada comparado con la falta de mis padres, con la convivencia con los Dursley, con Sirius, el único pariente mago que conocí y quise, muerto, y con un ser tenebrosamente perverso en mi camino. No, no son mis amigos los que consiguen revivir mi patronus. No es felicidad lo que me ayuda contra los dementores, sino mis sueños. En los sueños, tú escribes la historia, tú cambias el guión, tú pones las reglas. Y por eso eres feliz, todos lo somos cuando soñamos, a menos que estemos en una pesadilla.- ambos reímos.- sí, las pesadillas son el sueño de otro. Por eso quiero que me hagas un favor: construye tu propio sueño, tu propio recuerdo, ya sé que es difícil pero tú puedes hacerlo. Y cuando lo tengas, sólo cuando lo tengas, entonces lo probaremos y compartiremos con el resto del grupo, qué me dices?

Afirmé. No podía hacer otra cosa, después de todo. Juntos nos fuimos hasta la sala común y una vez allí, lo perdí de vista. Yo me fui a mi habitación. Cogí mis libros de Astrología y me dirigí a clase. esa asignatura me gustaba mucho. No sólo por que Eric, el centauro, era un excelente profesor y muy simpático, sino porque me fascinaba el estudio del firmamento. Salí de clase pensando en las estrellas, como si fueran una red infinita, con montones de snitches atrapadas dentro. Y con esto recordé que debía hablar con Luna en el comedor. Sabía que estaría disgustada y efectivamente, así era. Estaba cortante conmigo. Pero yo sabía cómo arreglarlo.

CAPÍTULO 8

Querido diario:
Luna estaba muy enfadada conmigo y eso me afectó. Nunca imaginé que me fuera doler tanto su, en un principio, desprecio, pero ahora sé que no quiero volver a experimentarlo. Y es que ha sido lo más parecido a una amiga para mí. Menos mal que por fin se ha arreglado todo. Le dije que por favor tenía que escucharme, que sentía lo que había hecho (o mejor dicho, lo que no había hecho: asistir a las reuniones del club), pero que tenía algo muy importante que contarle. Ella se mostraba fría, pero aún así, no opuso resistencia, así que fui a mi mesa y comí ligeramente. Ella debió darse cuenta porque cuando fui a verla, me preguntó si quería postre. Era cierto, no había probado bocado. Me senté a su lado mientras me ofrecía una porción de gelatina, y sin perder más tiempo le conté todo cuanto sabía (o creía saber) sobre los dementores y mis conclusiones. También le conté mi unión al E.D. y, para mi sorpresa, le alegró mucho. Ella siempre había querido asistir pero se sentía rechazada por todos, así que mi decisión de asistir al grupo le agradó enormemente.
- Me alegro de ese cambio de actitud. Si ya te decía que tu vida iba a cambiar
- Ya pero no creas que fue por mi iniciativa. Yo no iba a hacerlo, pero tuve una corazonada y quise apuntarme, entonces me arrepentí y Ron Weasley me vio y...
- Vaya, vaya, así que Ron Weasley, ¿y qué pasó?
- Pues que...
- vah, nada, nada, no me lo digas. Te animó a que te unieras. O mejor aún: te agregó él mismo.
- ¿Pero cómo lo...?.- me quedé con la boca abierta. A veces me daba miedo ese don que tenía Luna para terminar mis frases, e incluso adivinar mis pensamientos. ¿Tendría Luna conocimientos sobre Oclumancia y Legeremancia? ¿o acaso eran dotes de Adivinación? En cualquier caso, yo preferiría esto último para así sustituirla por la profesora Trelawney.
Vi que mis compañeros de sexto se habían ido, así que me despedí y me disculpé con la chica porque de nuevo faltaría a la reunión al tener mi clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, pero no se enfadó, sino que se quedó fascinada, hablando de esa maravillosa asignatura.
Subí rápidamente a por mis libros y pronto llegué al borde del bosque, junto a la cabaña de Hagrid. Todos mis compañeros estaban allí, discutiendo con algunos chicos de Slytherin. Hagrid no había llegado, pero había dejado como encargo vigilar a los crups que estaban junto a la cabaña. De repente, uno de ellos comenzó a ladrar, y cada vez que uno de nosotros se acercaba, nos mordía. Ese perro estaba furioso.
Una chica de Slytherin comenzó a reír:
- ¡Parece que este estúpido chucho está loco, jajaja! Y con un tortacito (un pequeño manotazo), lo soltó. La chica comenzó a correr gritando:
- ¡¡¡Socorro, ayúdenme, este chucho quiere matarmeeee!!!
Pero el crup no la mordió. Pasó por su lado como una bala, sin apenas rozarla, y rápidamente se perdió de vista en el interior del bosque.
- Apuesto cien galeones a que no eres capaz de traerlo de vuelta, Neville.- atajó Malfoy burlón.
- Claro que si no lo haces, le diré al profesor Snape lo que dijiste sobre él, ya sabes, que es un apestoso, narigudo y apagado fwooper, y que está obsesionado con sus inútiles jueguecitos de química.
- ¡¡Pero yo no he dicho eso!!.- Neville se volvió rojo como un tomate.
- Déjalo Neville, ya voy yo.- Hermione le puso una mano sobre el hombro.
- Déjalo, asquerosa impura, ¿no ves que no estoy hablando contigo? ¡¡eh!! ¡¡vuelve!! ¡¡¡vuelve aquí!!!
Pero fue inútil. Hermione ya se había adentrado en el bosque.
- Debería darte vergüenza que una chica sea más valiente que tú, y más una sangre sucia. Harry y Ron lo apuntaban con sus varitas. De pronto se oyó un grito. Era Hermione. Rápidamente, Harry y Ron corrieron hacia el bosque. Y no sé por qué, pero yo también lo hice. Cuando los alcancé, ví que Ron estaba paralizado ante un coro de arañas, así que Harry lo apartó del carril y lo obligó a regresar. Éste obedeció con gusto. Pronto, el ojiverde se puso en camino, y yo lo seguí. Estaba nervioso. Por fin encontramos a la chica. Estaba tirada en el suelo, enredada en ramas de pendícratos, víscosas, y quejándose de una pierna. Intentamos levantarla, pero las ramas presionaban con más fuerza al hacerlo.
- Hay que buscar ayuda.- Harry gritaba como si estuviera al otro lado del bosque.- Rápido, iré a buscar a Hagrid.- abrazó a su amiga.- Quédate aquí con ella, por favor.
La chica lo besó como si volviera a verlo, y en seguida desapareció.
Empezábamos a impacientarnos, porque habían pasado veinte minutos y Harry no aparecía.
La joven se estremecía. Yo sabía lo mucho que se gustaban, pero no le dije nada por miedo a que se enfadase. además, no era el momento. Estaba consiguiendo cortar las ramas cuando un viento helado las congeló. También los troncos estaban blanqueando y el suelo se volvió helado. Hermione volvió a gritar. Algo detrás de mí la aterrorizó, sobre todo porque se estiraba llorando, intentando coger su varita. Luego descubrí que le sangraba la pierna. Entonces lo ví. Lo que paralizó a Hermione, y le hacía arrastrarse llorando era un dementor, lo que faltaba para empeorar la situación. No sé expresarlo con palabras, pero era más que miedo lo que corría por mis venas.
Pensé durante un instante en las palabras de Harry, y en la confianza que había depositado en mí. Ahora estaba ahí, frente a un dementor de verdad, y no había marcha atrás: tenía que enfrentarlo. Sabía que no era un boggart porque lo que más miedo me daba eran los hombres-lobo, pero en ese momento un dementor me intimidaba más que cualquier cosa, sobre todo porque sabía que no sería el único por el bosque.
El dementor se acercó a Hermione, arrebatándole sus más escalofriantes gritos de dolor. Yo me aferré a su pecho, intentando construir ese sueño que apenas había podido empezar, pues no hacía ni tres horas que Harry me había enseñado a hacerlo. Estábamos en peligro y yo no podía concentrarme. Por mi cabeza pasaron imágenes de Luna, de las chicas del club. También pensé en Ron y en cómo me había defendido de Malfoy. Luego me di cuenta de que gracias a él formaba parte del E.D y que de no ser así, Harry no me habría animado tanto con las clases ni me habría ayudado con mis prácticas. Sentí un leve cosquilleo en el estómago. Sí, Ron era el único que haría posible la aparición de un patronus. Así que no lo dudé, apreté mi varita con fuerza y grité:
- ¡¡¡¡Expectro Patronum!!!!
El dementor, que se estaba divirtiendo con mi amiga, se giró hacia mí. Pude sentir el dolor en mi pecho y me sentí más triste que nunca. Pero no desistí. Mi cabeza no dejó de funcionar, elaborando la historia que nos sacaría de allí sanas y salvas. Lloraba de dolor, y aún así no dejé de intentarlo. Mi mente ya trabajaba sola. Además, tenía claro que lo conseguiría, no sabía bien si era cierto o sólo parte de mis sueños anti-dementores, pero sentía dentro de mí una voz que decía: "Yo te sacaré de aquí, Hermione. Lo conseguiré. Y lo haré por ti, gracias a Ron". Levanté la vista y de rodillas grité:
- ¡¡¡¡Expectro patronum!!!!
Y una luz blanca lo cegó. De repente, una liebre plateada saltó en el aire y lo hizo retroceder. Yo apoyé un pie en el suelo, en un intento de levantarme, pero no lo conseguí. Alzaba mi mano hacia el dementor con fuerza y finalmente, aquella criatura lo venció, pues el monstruo se alejó fugazmente.
- ¡¡¡¡Hermione!!!! Hermione, ¿te encuentras bien?.- Hagrid apareció allí con unas tenazas y un quinqué. Harry estaba a su lado, callado. El de los pies grandes la tomó en brazos, camino de su cabaña, y nosotros dos lo seguimos. El chico seguía en silencio.
- La llevaremos a la enfermería. Harry, los profesores están haciendo inspección en las salas comunes, así que sería mejor que os marcharais, ya me encargo yo.
El chico asintió y nos fuimos. Una vez fuera de la casa, me miró:
- Enhorabuena, Susan. Has hecho un buen trabajo.
- Pero no demasiado, Hermione está inconsciente. Soy una patosa.
- En absoluto. ¿Acaso creías que sería sencillo?.- me miraba fijamente, pero veía tristeza en sus ojos.- Además...- pasó su brazo por detrás de mi cuello, dejándolo caer en mi hombro.- Eres la primera que consigue convocar un patronus con forma.
- ¿De verdad?.- sus palabras me halagaban, pero sobre todo me quitaban un peso de encima. Mi torpeza no era culpa mía, sino de mi inexperiencia.
- Es un patronus precioso, ¿no te parece?.- ahora sí sonrió.- pero, ¿por qué una liebre? ¿qué tiene ese animal de peculiar en tu vida?
- ¿Pero es fundamental la forma?, creía que la liebre era temporal, que mi patronus tomaría una forma distinta en otra ocasión.
- Te equivocas, será tu patronus siempre que lo uses. Así que ya puedes ir acostumbrándote y averiguando por qué ese animalito.
Ya habíamos llegado al castillo y, antes de pasar por el hueco de la Dama Gorda, le dije:
- Harry, por favor, no le digas nada a nadie de esto.
- Tarde o temprano se enterarán. Hagrid también lo vió, y de seguro que hablará con los profesores. Pero si me lo pides, lo haré, no te preocupes.
Una vez dentro de la sala, todos se acercaron a Harry preguntándole qué tal estaba Hermione y qué había sucedido. Ví que Harry se excusaba como podía y que se dirigía a su habitación, pero nada más, porque yo ya estaba casi al final de las escaleras que conducían al cuarto de las chicas. Estaba agotada, apenas me sostenía en pie. me derrumbé en mi cama y sin levantarme, estiré un brazo hasta alcanzar la bolsa que había debajo de mi cama. Introduje mi mano y saqué una ranita de chocolate. Mientras la saboreaba, miré a mi derecha. Aún no podía creerlo: lo había conseguido. Aunque Hermione se había desmayado. Deseaba verla con todas mis fuerzas. Por eso, dejé de mirar en aquella dirección. No podía soportar que esa noche su cama estuviera vacía.

CAPÍTULO 9

Querido diario:
Hace un par de días que no te escribo, pero la acumulación de deberes nos tiene muy ocupados. Debo confesar que la situación es ahora muy distinta: todos me dirigen la palabra, todos hablan de mí, todos quieren estar conmigo... Definitivamente, mi vida ha cambiado. Fue la profesora Mc Gonagall la que explicó en clase lo sucedido en el bosque:

- Antes de comenzar las clases, les prohíbo rotundamente la entrada en el bosque, un lugar que ya debíais saber que no esta permitido para vosotros. Algunos alumnos en esta sala - nos miró a Hermione, Harry y a mí.- ya han experimentado en sus propios huesos el peligro que contiene, y más ahora, con los dementores sueltos. Afortunadamente, Susan supo actuar correctamente, y con gran valentía por cierto. Nadie ha conseguido efectuar un patronus con forma en su primera vez.
La clase se giró hacia mí. Noté cómo mi piel se encendía por el bochorno.
- Y ahora sí: pagina ciento veinte cuatro. Transformación de un barco de papel en una taza de té chino.

Fue una de las clases más cortas en todo lo que llevamos de curso. Mucha gente hubo que me pidió ayuda. Otros, me preguntaban cómo me las arreglé frente al dementor.

Durante el almuerzo, pude apreciar cómo los chicos de cuarto cuchicheaban tras de mí cuando yo pasaba, incluso algunos me señalaban. Por momentos, la situación me alarmaba.
Mientras me tomaba mi sopa de zanahorias, pude ver cómo Harry conversaba con Hermione. Él jugaba con su castaño pelo y ella leía su ejemplar de El Profeta. era una imagen preciosa, de hecho, siempre pensé que hacían una bellísima pareja. Al girarme, pude ver a Ron conversando con Lavender. Esos dos sí que no hacen buena pareja. Luego lo pensé. Sólo lo dices porque estás enamorada, tonta me dije.

No podía estar ahí por más tiempo, viendo cómo Ron dejaba que esa niñita le diera mordisquitos en la oreja. Así que me fui. Solía pasear cerca del lago cuando no tenía nada que hacer, pues antes me sobraba todo el tiempo que otros aprovechaban con sus amigos. Ahora, yo también había dejado esos paseos. Pero en ese momento todos estaban en el Gran Comedor, por lo que me apresuré hasta el jardín. Me gustaba el olor de la hierba húmeda, y como estos días ha estado lloviendo mucho, el aroma seguía presente, arropador. Llevaba unos escasos minutos cuando un timbre avisaba de las clases. ¡¡Y yo sin mis libros!!
Por mucho que corrí hasta la torre de Gryffindor, los cogí y bajé a las mazmorras, la clase ya había dado comienzo.
- Creo que su reciente hazaña no le da derecho ha llegar tarde a clase, señorita Miralleso.- Snape me miraba con "severidad".
De nuevo la clase se haría eterna, como en los viejos tiempos. Tal era mi aburrimiento con aquella clase de antídotos teórica que me quedé dormida. Mi mente viajó muy lejos, hasta un pequeño claro, en un bosque. Era de noche. Sólo la luna me acompañaba. Había silencio. Oía mis propias pisadas, pausadas. De repente, se movió un matorral. No se por qué, pero seguí aquel ruido. Empezaba a notar frío... sin apenas creer lo que tenía ante mis pies, lo cogí y seguí caminando, ahora a paso más decidido. Era el joyero de Julie. Más adelante, el murmullo desapareció. Y ante mis pies apareció esta vez el libro de Hermione. De nuevo, unas ramas se movieron. Fui rápidamente hacia ese árbol y... encontré mi reloj!! Era todo muy extraño, el ambiente era fantasmagórico... tras unos minutos de caminata, encontré un calcetín azul añil... de quién sería? el caso es que sentí una mano en mi espalda y al volverme comencé a gritar.
- Veo que no le interesan mis clases, señorita Miralleso. Pues bien, le recuerdo que son OBLIGATORIAS, y que no es de buena educación dormirse en ellas.- los chicos de Slytherin no paraban de reír.- así que no tengo más remedio que restarle 20 puntos a Gryffindor, por esta falta de... respeto.

Estaba indignada: cómo no iba a dormirme, si esas clases teóricas eran de lo más aburridas. A menudo se me habían dado mal Pociones, pero siempre me esforzaba al máximo para superarme. Menos mal que en poco tiempo se encontraría con las snitches en la biblioteca, después de tanto tiempo.

- Vaya, vaya, pero si es Susan, la snitch perdida.- Nazareth esbozó una sonrisa con estas palabras.
- Lo siento, chicas, pero ya sabéis que estoy muy liada con los estudios...
- Sí, sí, y con el E.D, y los demetores, y Ron Weasley...- ahora era Julie quien hablaba.
Me encendí con sólo oírla.
- ¿¿Qué??.- me puse seria,- a qué viene Ron Weasley ahora?
- Bueno, es que os vi el otro día, al salir de Astronomía. Iba siguiéndote.
- ¡¡¡¡Tonterías!!!!
Todas comenzaron a reír.
- Vamos, no te enfades, es cierto que Ron te necesita, ahora que Hermione lo ha dejado de lado.
- ¿¿De lado?? pero bueno, ¿en qué planeta vivís?.- no comprendía nada.- ¿Acaso no están siempre juntos?
- Verás, Susan. Hace tiempo que están distanciados.- Nazareth miró hacia un lado y a otro antes de proseguir.- Al parecer, Harry y Hermione están saliendo, aunque eso no se puede confirmar.
- ¡¡eh!! ¿No era una de nuestras normas abstenernos de chismes baratos?.- Julie se quejaba fingidamente.
- Lo siento, nena, pero ya sabes quién es mi compi en Encantamientos: Ginny Weasley. Ella me lo contó. La pobre está destrozada. Aunque esté saliendo con otro, aún le sigue gustando Harry. Además, es muy amiga de Hermione...
- A propósito de Hermione, aún no ha recuperado su libro.- acerté a decir, cambiando el rumbo que estaba tomando la conversación.
- Ni nosotras nuestras cosas.- Julie lo dijo sin darle importancia.
Les conté mi teoría acerca de los dementores, nuestros objetos y las sangre sucia. Las chicas permanecieron calladas.
- Oye, se me ocurre una idea. ¿Por qué no tendemos una trampa? Así, capturaremos al ladrón.- Nazareth se levantó de su asiento entusiasmada.
- Y cómo sabremos qué objeto ha de ponerse, ¿lista?.- le reprendimos Julie y yo al unísono.
- Se me está ocurriendo algo mejor... pero tengo que pensarlo primero. Se nos hace tarde, mejor vayamos a la sala de estar para coger los deberes de hoy. ¡¡Hasta luego, Susan!!
Y en seguida se marcharon. Ya sin nada que hacer allí, me fui a mi torre. Estaba aburrida, así que decidí subir a mi habitación y leer un rato. Una vez arriba, mi asombro fue mayúsculo.
- ¿Qué estáis haciendo?
- ¿A que son preciosos? ¿te gustan?.- Parvati y Hermione daban vueltas a mi alrededor con unos hermosos vestidos de gala.
- ¿Qué hacéis así vestidas?.- parpadeaba.- ¿Vais a una boda?
- A una boda no,- las chicas reían alegremente.- pero a una fiesta, sí.
- Y tú estás invitada.- Padma había entrado en la habitación y me había colocado una mano sobre el hombro, Ginny estaba con ella.- figuras abajo, en la lista de invitados.
No sé por qué lo hice, pero salí corriendo de la habitación, bajé a toda prisa y me encerré en un aula de la segunda planta, alterada. Habría una fiesta y yo podría ir. Pero no debía hacerlo: no tenía amistad con las chicas y chicos de sexto, no tenía ropa adecuada y lo más importante, no tenía confianza en mí misma. No, definitivamente, no iría a la fiesta.