Querido
diario:
¿Cómo puede dar la vida de una persona un
viraje de 180º en menos de 24 horas? Yo aún no lo sé,
pero es exactamente lo que me ha sucedido. Todo comenzó ayer
por la mañana. Estaba pensando en disculparme con Luna por
faltar a la cita del club y en decirle todo lo que pienso acerca de
los dementores y su relación con nuestros misteriosos
extravíos. Como teníamos un hueco por la mañana,
decidí esperarla al final de su clase de Transformaciones. En
ese momento, noté cómo algo ardía en el interior
de mi bolsillo. Era un galeón, y comprendí que los
miembros del E.D iban rumbo a la Sala de los Menesteres. Pensé
que ya hablaría con Luna tras el almuerzo.
La
Sala estaba repleta, realmente era preciosa y estaba equipada para la
ocasión: "es un gimnasio para magos" me dije a mí
misma. Al principio sentí sus miradas puestas en mí, al
parecer, todos ya sabían de la fecha y hora de la reunión.
Todos menos yo, obviamente. Harry rompió el hielo diciendo:
-
Bueno, chicos, creo que todos intuís por dónde vamos a
empezar.
- Con la amenaza de los dementores, es de esperar que
repasemos nuestros patronus.
- ¿patronus?.- creo que me
descompuse al oírlo.
- Sí, patronus. Es un hechizo
defensivo que...
- ¡Ya sé lo que es!,- reproché
a Seamus Finnigan, que pretendía intimidarme con ese tono.- lo
que pasa es que...
- ¿Algún problema, Susan?- Harry
se acercó a mí.- Oye, quiero hablar contigo cuando
acabemos la reunión, ¿vale?.- sus palabras fueron puros
susurros. Yo asentí con la cabeza.- Bien, para empezar, nos
pondremos por parejas y practicaremos Expelliarmus con nuestro
compañero.
- Pero Harry, ¿no dijiste que
empezaríamos con el patronus?
- Lo siento, Seamus, pero eso
lo dijo Hermione.- esto lo dijo sonriéndole a la chica.
Y
sin perder más el tiempo, nos agrupamos. Hermione practicaba
con Harry. Éste parecía dejarse. Cho Chang lo hacía
con Ron, y sentí un escalofrío al verlos reír.
Yo probaba con Neville, y a menudo, el hechizo dio resultado. Cuando
todos lo hubimos conseguido, nos agrupamos en equipos. este ejercicio
consistía en intentar desarmar a los del equipo contrario,
sobre todo cuando intentaban atacar a nuestros compañeros. No
tardé mucho en ser desarmada.
Tras acabar con el juego
(nosotros perdimos), Harry dio por finalizada la reunión y nos
rogaba discreción al salir. cuando salieron todos, Harry cerró
la habitación. ¡Qué grande era esa habitación
para nosotros dos solos!
- Oye, ya sé por qué esa
cara cuando Hermione dijo lo del patronus.- su voz era tranquila, en
cambio yo, no lo estaba.
- Harry, yo no puedo efectuar un
patronus, es muy difícil, no puedo.- me temblaba la voz, me
daba vergüenza reconocerlo.- para ello tienes que...
-...
elegir un recuerdo feliz y mantenerlo vivo durante unos minutos, lo
sé.- entonces me miró fijamente y se acercó más
a mí, sujetándome por los hombros.- pero de veras crees
que tú lo tienes más difícil que yo? conoces
perfectamente mi pasado y tienes constancia de cómo me afectan
los dementores...
- Aún así, Harry, tú tienes
eso.
- ¿El qué?
- ¿La oportunidad de
elegir?.- me alejé de él con delicadeza y me dirigí
a la ventana. Sabía que lo tenía detrás.- Has
vivido montones de momentos con tus amigos. Peligrosos, sí,
pero unidos, y eso es lo que los hace inolvidables ahora que estáis
a salvo. En cambio yo... dime, ¿eres capaz de encontrar algún
momento feliz en mi vida?- ví que Harry se estremeció,
estaba viviendo una situación embarazosa, lo estaba
comprometiendo. Por eso sonreí y le acaricié una
mejilla.- Gracias, Harry, pero no creo que deba seguir en el E.D, no
es una buena idea.
Iba
a salir de la sala cuando escuché:
- ¡Espera!
Me
giré. ahí estaba él, con su mano inclinada hacia
delante, inmóvil.
- No tienes por qué disponer de
un recuerdo feliz.
- ¿ah no?.- de repente no entendí
nada, ¿acaso no conocía el funcionamiento de defensa
contra un dementor?
- Mira, es cierto que tengo muy buenos
recuerdos de mis amigos, pero eso no es nada comparado con la falta
de mis padres, con la convivencia con los Dursley, con Sirius, el
único pariente mago que conocí y quise, muerto, y con
un ser tenebrosamente perverso en mi camino. No, no son mis amigos
los que consiguen revivir mi patronus. No es felicidad lo que me
ayuda contra los dementores, sino mis sueños. En los sueños,
tú escribes la historia, tú cambias el guión, tú
pones las reglas. Y por eso eres feliz, todos lo somos cuando
soñamos, a menos que estemos en una pesadilla.- ambos reímos.-
sí, las pesadillas son el sueño de otro. Por eso quiero
que me hagas un favor: construye tu propio sueño, tu propio
recuerdo, ya sé que es difícil pero tú puedes
hacerlo. Y cuando lo tengas, sólo cuando lo tengas, entonces
lo probaremos y compartiremos con el resto del grupo, qué me
dices?
Afirmé. No podía hacer otra cosa, después de todo. Juntos nos fuimos hasta la sala común y una vez allí, lo perdí de vista. Yo me fui a mi habitación. Cogí mis libros de Astrología y me dirigí a clase. esa asignatura me gustaba mucho. No sólo por que Eric, el centauro, era un excelente profesor y muy simpático, sino porque me fascinaba el estudio del firmamento. Salí de clase pensando en las estrellas, como si fueran una red infinita, con montones de snitches atrapadas dentro. Y con esto recordé que debía hablar con Luna en el comedor. Sabía que estaría disgustada y efectivamente, así era. Estaba cortante conmigo. Pero yo sabía cómo arreglarlo.
CAPÍTULO 8
Querido
diario:
Luna estaba muy enfadada conmigo y eso me afectó.
Nunca imaginé que me fuera doler tanto su, en un principio,
desprecio, pero ahora sé que no quiero volver a
experimentarlo. Y es que ha sido lo más parecido a una amiga
para mí. Menos mal que por fin se ha arreglado todo. Le dije
que por favor tenía que escucharme, que sentía lo que
había hecho (o mejor dicho, lo que no había hecho:
asistir a las reuniones del club), pero que tenía algo muy
importante que contarle. Ella se mostraba fría, pero aún
así, no opuso resistencia, así que fui a mi mesa y comí
ligeramente. Ella debió darse cuenta porque cuando fui a
verla, me preguntó si quería postre. Era cierto, no
había probado bocado. Me senté a su lado mientras me
ofrecía una porción de gelatina, y sin perder más
tiempo le conté todo cuanto sabía (o creía
saber) sobre los dementores y mis conclusiones. También le
conté mi unión al E.D. y, para mi sorpresa, le alegró
mucho. Ella siempre había querido asistir pero se sentía
rechazada por todos, así que mi decisión de asistir al
grupo le agradó enormemente.
- Me alegro de ese cambio de
actitud. Si ya te decía que tu vida iba a cambiar
- Ya pero
no creas que fue por mi iniciativa. Yo no iba a hacerlo, pero tuve
una corazonada y quise apuntarme, entonces me arrepentí y Ron
Weasley me vio y...
- Vaya, vaya, así que Ron Weasley, ¿y
qué pasó?
- Pues que...
- vah, nada, nada, no me
lo digas. Te animó a que te unieras. O mejor aún: te
agregó él mismo.
- ¿Pero cómo
lo...?.- me quedé con la boca abierta. A veces me daba miedo
ese don que tenía Luna para terminar mis frases, e incluso
adivinar mis pensamientos. ¿Tendría Luna conocimientos
sobre Oclumancia y Legeremancia? ¿o acaso eran dotes de
Adivinación? En cualquier caso, yo preferiría esto
último para así sustituirla por la profesora Trelawney.
Vi que mis compañeros de sexto se habían ido, así
que me despedí y me disculpé con la chica porque de
nuevo faltaría a la reunión al tener mi clase de
Cuidado de Criaturas Mágicas, pero no se enfadó, sino
que se quedó fascinada, hablando de esa maravillosa
asignatura.
Subí rápidamente a por mis libros y
pronto llegué al borde del bosque, junto a la cabaña de
Hagrid. Todos mis compañeros estaban allí, discutiendo
con algunos chicos de Slytherin. Hagrid no había llegado, pero
había dejado como encargo vigilar a los crups que estaban
junto a la cabaña. De repente, uno de ellos comenzó a
ladrar, y cada vez que uno de nosotros se acercaba, nos mordía.
Ese perro estaba furioso.
Una chica de Slytherin comenzó a
reír:
- ¡Parece que este estúpido chucho está
loco, jajaja! Y con un tortacito (un pequeño manotazo), lo
soltó. La chica comenzó a correr gritando:
-
¡¡¡Socorro, ayúdenme, este chucho quiere
matarmeeee!!!
Pero el crup no la mordió. Pasó por su
lado como una bala, sin apenas rozarla, y rápidamente se
perdió de vista en el interior del bosque.
- Apuesto cien
galeones a que no eres capaz de traerlo de vuelta, Neville.- atajó
Malfoy burlón.
- Claro que si no lo haces, le diré
al profesor Snape lo que dijiste sobre él, ya sabes, que es un
apestoso, narigudo y apagado fwooper, y que está obsesionado
con sus inútiles jueguecitos de química.
- ¡¡Pero
yo no he dicho eso!!.- Neville se volvió rojo como un
tomate.
- Déjalo Neville, ya voy yo.- Hermione le puso una
mano sobre el hombro.
- Déjalo, asquerosa impura, ¿no
ves que no estoy hablando contigo? ¡¡eh!! ¡¡vuelve!!
¡¡¡vuelve aquí!!!
Pero fue inútil.
Hermione ya se había adentrado en el bosque.
- Debería
darte vergüenza que una chica sea más valiente que tú,
y más una sangre sucia. Harry y Ron lo apuntaban con sus
varitas. De pronto se oyó un grito. Era Hermione. Rápidamente,
Harry y Ron corrieron hacia el bosque. Y no sé por qué,
pero yo también lo hice. Cuando los alcancé, ví
que Ron estaba paralizado ante un coro de arañas, así
que Harry lo apartó del carril y lo obligó a regresar.
Éste obedeció con gusto. Pronto, el ojiverde se puso en
camino, y yo lo seguí. Estaba nervioso. Por fin encontramos a
la chica. Estaba tirada en el suelo, enredada en ramas de
pendícratos, víscosas, y quejándose de una
pierna. Intentamos levantarla, pero las ramas presionaban con más
fuerza al hacerlo.
- Hay que buscar ayuda.- Harry gritaba como si
estuviera al otro lado del bosque.- Rápido, iré a
buscar a Hagrid.- abrazó a su amiga.- Quédate aquí
con ella, por favor.
La chica lo besó como si volviera a
verlo, y en seguida desapareció.
Empezábamos a
impacientarnos, porque habían pasado veinte minutos y Harry no
aparecía.
La joven se estremecía. Yo sabía
lo mucho que se gustaban, pero no le dije nada por miedo a que se
enfadase. además, no era el momento. Estaba consiguiendo
cortar las ramas cuando un viento helado las congeló. También
los troncos estaban blanqueando y el suelo se volvió helado.
Hermione volvió a gritar. Algo detrás de mí la
aterrorizó, sobre todo porque se estiraba llorando, intentando
coger su varita. Luego descubrí que le sangraba la pierna.
Entonces lo ví. Lo que paralizó a Hermione, y le hacía
arrastrarse llorando era un dementor, lo que faltaba para empeorar la
situación. No sé expresarlo con palabras, pero era más
que miedo lo que corría por mis venas.
Pensé
durante un instante en las palabras de Harry, y en la confianza que
había depositado en mí. Ahora estaba ahí, frente
a un dementor de verdad, y no había marcha atrás: tenía
que enfrentarlo. Sabía que no era un boggart porque lo que más
miedo me daba eran los hombres-lobo, pero en ese momento un dementor
me intimidaba más que cualquier cosa, sobre todo porque sabía
que no sería el único por el bosque.
El dementor se
acercó a Hermione, arrebatándole sus más
escalofriantes gritos de dolor. Yo me aferré a su pecho,
intentando construir ese sueño que apenas había podido
empezar, pues no hacía ni tres horas que Harry me había
enseñado a hacerlo. Estábamos en peligro y yo no podía
concentrarme. Por mi cabeza pasaron imágenes de Luna, de las
chicas del club. También pensé en Ron y en cómo
me había defendido de Malfoy. Luego me di cuenta de que
gracias a él formaba parte del E.D y que de no ser así,
Harry no me habría animado tanto con las clases ni me habría
ayudado con mis prácticas. Sentí un leve cosquilleo en
el estómago. Sí, Ron era el único que haría
posible la aparición de un patronus. Así que no lo
dudé, apreté mi varita con fuerza y grité:
-
¡¡¡¡Expectro Patronum!!!!
El dementor, que
se estaba divirtiendo con mi amiga, se giró hacia mí.
Pude sentir el dolor en mi pecho y me sentí más triste
que nunca. Pero no desistí. Mi cabeza no dejó de
funcionar, elaborando la historia que nos sacaría de allí
sanas y salvas. Lloraba de dolor, y aún así no dejé
de intentarlo. Mi mente ya trabajaba sola. Además, tenía
claro que lo conseguiría, no sabía bien si era cierto o
sólo parte de mis sueños anti-dementores, pero sentía
dentro de mí una voz que decía: "Yo te sacaré
de aquí, Hermione. Lo conseguiré. Y lo haré por
ti, gracias a Ron". Levanté la vista y de rodillas
grité:
- ¡¡¡¡Expectro
patronum!!!!
Y una luz blanca lo cegó. De repente, una
liebre plateada saltó en el aire y lo hizo retroceder. Yo
apoyé un pie en el suelo, en un intento de levantarme, pero no
lo conseguí. Alzaba mi mano hacia el dementor con fuerza y
finalmente, aquella criatura lo venció, pues el monstruo se
alejó fugazmente.
- ¡¡¡¡Hermione!!!!
Hermione, ¿te encuentras bien?.- Hagrid apareció allí
con unas tenazas y un quinqué. Harry estaba a su lado,
callado. El de los pies grandes la tomó en brazos, camino de
su cabaña, y nosotros dos lo seguimos. El chico seguía
en silencio.
- La llevaremos a la enfermería. Harry, los
profesores están haciendo inspección en las salas
comunes, así que sería mejor que os marcharais, ya me
encargo yo.
El chico asintió y nos fuimos. Una vez fuera
de la casa, me miró:
- Enhorabuena, Susan. Has hecho un
buen trabajo.
- Pero no demasiado, Hermione está
inconsciente. Soy una patosa.
- En absoluto. ¿Acaso creías
que sería sencillo?.- me miraba fijamente, pero veía
tristeza en sus ojos.- Además...- pasó su brazo por
detrás de mi cuello, dejándolo caer en mi hombro.- Eres
la primera que consigue convocar un patronus con forma.
- ¿De
verdad?.- sus palabras me halagaban, pero sobre todo me quitaban un
peso de encima. Mi torpeza no era culpa mía, sino de mi
inexperiencia.
- Es un patronus precioso, ¿no te parece?.-
ahora sí sonrió.- pero, ¿por qué una
liebre? ¿qué tiene ese animal de peculiar en tu vida?
-
¿Pero es fundamental la forma?, creía que la liebre era
temporal, que mi patronus tomaría una forma distinta en otra
ocasión.
- Te equivocas, será tu patronus siempre
que lo uses. Así que ya puedes ir acostumbrándote y
averiguando por qué ese animalito.
Ya habíamos
llegado al castillo y, antes de pasar por el hueco de la Dama Gorda,
le dije:
- Harry, por favor, no le digas nada a nadie de esto.
-
Tarde o temprano se enterarán. Hagrid también lo vió,
y de seguro que hablará con los profesores. Pero si me lo
pides, lo haré, no te preocupes.
Una vez dentro de la sala,
todos se acercaron a Harry preguntándole qué tal estaba
Hermione y qué había sucedido. Ví que Harry se
excusaba como podía y que se dirigía a su habitación,
pero nada más, porque yo ya estaba casi al final de las
escaleras que conducían al cuarto de las chicas. Estaba
agotada, apenas me sostenía en pie. me derrumbé en mi
cama y sin levantarme, estiré un brazo hasta alcanzar la bolsa
que había debajo de mi cama. Introduje mi mano y saqué
una ranita de chocolate. Mientras la saboreaba, miré a mi
derecha. Aún no podía creerlo: lo había
conseguido. Aunque Hermione se había desmayado. Deseaba verla
con todas mis fuerzas. Por eso, dejé de mirar en aquella
dirección. No podía soportar que esa noche su cama
estuviera vacía.
CAPÍTULO 9
Querido
diario:
Hace un par de días que no te escribo, pero la
acumulación de deberes nos tiene muy ocupados. Debo confesar
que la situación es ahora muy distinta: todos me dirigen la
palabra, todos hablan de mí, todos quieren estar conmigo...
Definitivamente, mi vida ha cambiado. Fue la profesora Mc Gonagall la
que explicó en clase lo sucedido en el bosque:
-
Antes de comenzar las clases, les prohíbo rotundamente la
entrada en el bosque, un lugar que ya debíais saber que no
esta permitido para vosotros. Algunos alumnos en esta sala - nos miró
a Hermione, Harry y a mí.- ya han experimentado en sus propios
huesos el peligro que contiene, y más ahora, con los
dementores sueltos. Afortunadamente, Susan supo actuar correctamente,
y con gran valentía por cierto. Nadie ha conseguido efectuar
un patronus con forma en su primera vez.
La clase se giró
hacia mí. Noté cómo mi piel se encendía
por el bochorno.
- Y ahora sí: pagina ciento veinte cuatro.
Transformación de un barco de papel en una taza de té
chino.
Fue una de las clases más cortas en todo lo que llevamos de curso. Mucha gente hubo que me pidió ayuda. Otros, me preguntaban cómo me las arreglé frente al dementor.
Durante
el almuerzo, pude apreciar cómo los chicos de cuarto
cuchicheaban tras de mí cuando yo pasaba, incluso algunos me
señalaban. Por momentos, la situación me alarmaba.
Mientras me tomaba mi sopa de zanahorias, pude ver cómo
Harry conversaba con Hermione. Él jugaba con su castaño
pelo y ella leía su ejemplar de El Profeta. era una imagen
preciosa, de hecho, siempre pensé que hacían una
bellísima pareja. Al girarme, pude ver a Ron conversando con
Lavender. Esos dos sí que no hacen buena pareja. Luego lo
pensé. Sólo lo dices porque estás
enamorada, tonta me dije.
No
podía estar ahí por más tiempo, viendo cómo
Ron dejaba que esa niñita le diera mordisquitos en la oreja.
Así que me fui. Solía pasear cerca del lago cuando no
tenía nada que hacer, pues antes me sobraba todo el tiempo que
otros aprovechaban con sus amigos. Ahora, yo también había
dejado esos paseos. Pero en ese momento todos estaban en el Gran
Comedor, por lo que me apresuré hasta el jardín. Me
gustaba el olor de la hierba húmeda, y como estos días
ha estado lloviendo mucho, el aroma seguía presente,
arropador. Llevaba unos escasos minutos cuando un timbre avisaba de
las clases. ¡¡Y yo sin mis libros!!
Por mucho que
corrí hasta la torre de Gryffindor, los cogí y bajé
a las mazmorras, la clase ya había dado comienzo.
- Creo
que su reciente hazaña no le da derecho ha llegar tarde a
clase, señorita Miralleso.- Snape me miraba con
"severidad".
De nuevo la clase se haría eterna,
como en los viejos tiempos. Tal era mi aburrimiento con aquella clase
de antídotos teórica que me quedé dormida. Mi
mente viajó muy lejos, hasta un pequeño claro, en un
bosque. Era de noche. Sólo la luna me acompañaba. Había
silencio. Oía mis propias pisadas, pausadas. De repente, se
movió un matorral. No se por qué, pero seguí
aquel ruido. Empezaba a notar frío... sin apenas creer lo que
tenía ante mis pies, lo cogí y seguí caminando,
ahora a paso más decidido. Era el joyero de Julie. Más
adelante, el murmullo desapareció. Y ante mis pies apareció
esta vez el libro de Hermione. De nuevo, unas ramas se movieron. Fui
rápidamente hacia ese árbol y... encontré mi
reloj!! Era todo muy extraño, el ambiente era
fantasmagórico... tras unos minutos de caminata, encontré
un calcetín azul añil... de quién sería?
el caso es que sentí una mano en mi espalda y al volverme
comencé a gritar.
- Veo que no le interesan mis clases,
señorita Miralleso. Pues bien, le recuerdo que son
OBLIGATORIAS, y que no es de buena educación dormirse en
ellas.- los chicos de Slytherin no paraban de reír.- así
que no tengo más remedio que restarle 20 puntos a Gryffindor,
por esta falta de... respeto.
Estaba indignada: cómo no iba a dormirme, si esas clases teóricas eran de lo más aburridas. A menudo se me habían dado mal Pociones, pero siempre me esforzaba al máximo para superarme. Menos mal que en poco tiempo se encontraría con las snitches en la biblioteca, después de tanto tiempo.
-
Vaya, vaya, pero si es Susan, la snitch perdida.- Nazareth esbozó
una sonrisa con estas palabras.
- Lo siento, chicas, pero ya
sabéis que estoy muy liada con los estudios...
- Sí,
sí, y con el E.D, y los demetores, y Ron Weasley...- ahora era
Julie quien hablaba.
Me encendí con sólo oírla.
- ¿¿Qué??.- me puse seria,- a qué
viene Ron Weasley ahora?
- Bueno, es que os vi el otro día,
al salir de Astronomía. Iba siguiéndote.
-
¡¡¡¡Tonterías!!!!
Todas comenzaron
a reír.
- Vamos, no te enfades, es cierto que Ron te
necesita, ahora que Hermione lo ha dejado de lado.
- ¿¿De
lado?? pero bueno, ¿en qué planeta vivís?.- no
comprendía nada.- ¿Acaso no están siempre
juntos?
- Verás, Susan. Hace tiempo que están
distanciados.- Nazareth miró hacia un lado y a otro antes de
proseguir.- Al parecer, Harry y Hermione están saliendo,
aunque eso no se puede confirmar.
- ¡¡eh!! ¿No
era una de nuestras normas abstenernos de chismes baratos?.- Julie se
quejaba fingidamente.
- Lo siento, nena, pero ya sabes quién
es mi compi en Encantamientos: Ginny Weasley. Ella me lo contó.
La pobre está destrozada. Aunque esté saliendo con
otro, aún le sigue gustando Harry. Además, es muy amiga
de Hermione...
- A propósito de Hermione, aún no ha
recuperado su libro.- acerté a decir, cambiando el rumbo que
estaba tomando la conversación.
- Ni nosotras nuestras
cosas.- Julie lo dijo sin darle importancia.
Les conté mi
teoría acerca de los dementores, nuestros objetos y las sangre
sucia. Las chicas permanecieron calladas.
- Oye, se me ocurre una
idea. ¿Por qué no tendemos una trampa? Así,
capturaremos al ladrón.- Nazareth se levantó de su
asiento entusiasmada.
- Y cómo sabremos qué objeto
ha de ponerse, ¿lista?.- le reprendimos Julie y yo al
unísono.
- Se me está ocurriendo algo mejor... pero
tengo que pensarlo primero. Se nos hace tarde, mejor vayamos a la
sala de estar para coger los deberes de hoy. ¡¡Hasta
luego, Susan!!
Y en seguida se marcharon. Ya sin nada que hacer
allí, me fui a mi torre. Estaba aburrida, así que
decidí subir a mi habitación y leer un rato. Una vez
arriba, mi asombro fue mayúsculo.
- ¿Qué
estáis haciendo?
- ¿A que son preciosos? ¿te
gustan?.- Parvati y Hermione daban vueltas a mi alrededor con unos
hermosos vestidos de gala.
- ¿Qué hacéis así
vestidas?.- parpadeaba.- ¿Vais a una boda?
- A una boda
no,- las chicas reían alegremente.- pero a una fiesta, sí.
-
Y tú estás invitada.- Padma había entrado en la
habitación y me había colocado una mano sobre el
hombro, Ginny estaba con ella.- figuras abajo, en la lista de
invitados.
No sé por qué lo hice, pero salí
corriendo de la habitación, bajé a toda prisa y me
encerré en un aula de la segunda planta, alterada. Habría
una fiesta y yo podría ir. Pero no debía hacerlo: no
tenía amistad con las chicas y chicos de sexto, no tenía
ropa adecuada y lo más importante, no tenía confianza
en mí misma. No, definitivamente, no iría a la fiesta.
