CAPÍTULO 10

Querido diario:
No me preguntes por qué lo hice, pues me da vergüenza responderte (aunque lo voy a hacer, ya sabes que tú eres el único que me comprendes y con el que soy capaz de sincerarme). Fue un puro impulso, no podía seguir allí un minuto más, viendo los preciosos trajes de las chicas, y yo, sin vestido. Por suerte, me calmé.
Los días que siguieron se pueden calificar de infarto; todos en Hogwarts se preguntan por sus atuendos de gala, si irían solos o acompañados a la fiesta, estaba organizada por los chicos del séptimo curso, a modo de despedida, por lo que sólo asistirían los invitados por éstos. La mayoría de los "afortunados" éramos de sexto y yo, apenas hablaba con ellos... hasta que me enfrenté al dementor.
Esa mañana me levanté temprano para repasar mi redacción de Transformaciones. La sala común estaba vacía. Ya a punto de bajar a desayunar, observé la lista de invitados. Ésta se encontraba junto al anuncio del E.D. Eran unos cincuenta los invitados a la fiesta, y los alumnos de Gryffindor aparecían subrayados. De pronto, me reconocí: Miralleso Pach, Susan . Era la última figurante de mi casa. Pensar en esa dichosa fiesta me irritaba, no tenía muy claro si iba a asistir, aunque tenía aún dos días para pensarlo (la fiesta era un viernes, y todavía era miércoles), por lo que me apresuré a bajar al Gran Comedor.
- ¡Eh, Luna! ¿Qué haces por aquí tan temprano?
- Vaya, vaya, ¿acaso yo no puedo madrugar? ¿Te hago la competencia?
- jaja, no, no es eso, es que... oye, ¿has pensado ya lo que vas a hacer?
- ¿Te refieres a mi plan? Sí, ya lo he pensado pero... aún tengo que retocar algunos pasos y... por cierto, felicidades por tu invitación, eso es algo muy especial.- sabía que Luna evadía ese tema, pero no insistí.- Yo también iré.
- ¿Y quién ha dicho que vaya a ir?- mi tono sonó cortante, por lo que continué.- Verás, es que no lo tengo muy claro.
- ¿Bromeas? ¡Vamos, lo pasaremos genial! En fin, me voy a clase, nos vemos después de... bueno, a la hora de siempre, en la biblioteca.

Me apresuré hacia el aula de Adivinación, en lo alto de la torre. Había muchos compañeros de Hufflepuff que se dirigían hacia allí. Estaba en quinta planta esperando el regreso de la escalera cuando alguien gritó:
- Nunca dejas de sorprenderme, Susy.- proclamó con altanería el chico rubio platino de Slytherin.
- Varios alumnos de Gryffindor me miraron. También había chicos de Slytherin apoyándolo, pues Eric el centauro no había llegado al aula. Noté cómo me ruborizaba.
- En serio, ¿o acaso no saben que la pequeña Susan irá a la fiesta de despedida?.- ahora eran unos chicos (cuando digo chicos, me refiero a alumnos y alumnas) de Ravenclaw los que se acercaban por el pasillo.- Dime Susy, ¿quién te ha invitado, Bertha Brokling, la mema de Hufflepuff, o fue Anne Stuart, la chica que te pide ayuda en Encantamientos? Creí que los de séptimo tenían mejor gusto.
- Y yo creí que un chico de tu condición sería un poco más educado, pero me equivoqué.- las palabras escaparon cuan si fueran lenguas de fuego. Las risas del pasillo cesaron.
- ¿Cómo te atreves a...
- ¿a qué?.- lo interrumpí.- ¿a defenderme de tus insultos? ¿a intervenir de una vez y acabar con todo esto? Ya estoy harta de que te burles de mí, de que me trates como si fuera inferior.
- Pero es que...
- ¡Es que no lo soy! Y en el hipotético caso de que no lo fuera, no necesitaría que me lo recordaras tú, precisamente. Y ahora, si me disculpas, esa escalera me está esperando.
Me volví y subí el primer escalón. Los murmullos acompañaban mis pasos, y a lo lejos pude oír las crueles palabras de un Malfoy aterrador:
- No mereces la pena, Susan. Sólo me sorprendía que una estúpida sangre-sucia como tú hubiera conseguido invitación en una semana, y a un par de palurdas por amigas, en seis años, aunque esa no es la verdad: ¡¡Tú no tienes amigos, Susy, y no los tendrás nunca!!
Pero ya había llegado al final de la escalera y me apresuré en entrar al aula. Esa clase me la pasé pensando en las palabras del Slytherin y por momentos me irritaban. Tenía que reconocerlo, no tenía amigos y no los había tenido nunca. El timbre sonó como una melodía angelical, y con él iban mis pies, camino de la biblioteca. Allí aguardaban las snitches doradas.
- Hola, Susan, qué bueno que llegas.- dijo Julie alegremente.
- ¿Susan? ¿Te ocurre algo?- Luna me miraba circunspecta.
- No... nada... es que... no he tenido un buen día.- sé que no la convencí.
- No tienes buena cara, vamos, desahógate.
Sus palabras sonaron como una orden para mí. Sin poder ni querer impedirlo, rompí a llorar y les conté todo. Luna se acercó a mí hasta fijar su cara frente a la mía. Las chicas me abrazaron.
- Ese tío es un cretino, pasa de él.
- ¿Estás loca? ¡ni lo sueñes! Hazle un conjuro paralizador y cuélgalo en el alféizar de Mc Gonagall.- Todas rompimos a reír con el comentario de Nazareth.
- Oye... ¡Oye! Anímate, nosotras estamos contigo y somos tus amigas. Susan, cuando te propuse unirte al grupo, no lo hice por compasión. Yo confío en ti, todas lo hacemos.- esta vez levanté la vista y la miré.- Las snitches son como las estrellas: no siempre se ven, pero sabes que están ahí. Cuando te vi por primera vez, supe que eras especial, ¡y lo eres! Todas lo pasamos bien contigo.
- ¡Y tú con nosotras!.- Julie fingió estar enojada.
- Esa es la magia de las snitches.- dijo Luna con determinación.- Esa es la auténtica magia.
Todas guardamos silencio. Realmente, las palabras de las chicas me reconfortaron. De repente, Nazareth dijo:
- Además, Susan, por qué preocuparte y perder el tiempo con ese amargado, pelo de paja y osito de Parkinson, en lugar de alegrarte con la fiesta del viernes?- todas soltaron un gritito alegre.
- Nazareth tiene razón. Luna y tú tenéis mucha suerte. Además, a ti te invitó Gustave Kimberly, de Hufflepuff.
- ¿Bromeas?¿ese pijito?.- Julie la miró irónica.- Bueno, es igual, el caso es que podéis ir, qué suerte...
- ¿Suerte?.- dije instintivamente.- ¡No conozco a nadie en esa fiesta!
- Eso no es cierto, estarás con Luna, y el trío de Gryffindor también irá.
- Bueno, sí... ¡pero no conozco al chico que me invitó!
- Eso no es necesario, una vez en la fiesta no tienes por qué verte obligada a estar con él...
- Lo sé... y... aunque quisiera ir... ¡no puedo porque no tengo vestido!.- me sonrojé.
- ¿Cómo? ¿Entonces no lo compraste tú?
Todas mirábamos incrédulas a Nazareth. Ésta sólo hizo ademán de disculparse.
- Bueno... verás... es que... oí que Ginny le contaba a Cyntia lo bonito que era el vestido de Susan Miralleso y... pues esa eres tú. Pero pensé que lo sabías, que fue cosa tuya.
Por un segundo, todas permanecimos congeladas, inmóviles. Ya sin poder resistirlo, corrí hacia la torre de Gryffindor. Por un momento pude sentir en mi cabeza las voces de las chicas diciendo Vamos, nena, ya estás tardando en ir a ver .
Cuando llegué a mi habitación, encontré a un grupo de chicas alrededor de mi cama, y sí, allí había un hermoso vestido.

CAPÍTULO 11

Querido diario:
No sé qué hacía allí ese vestido ni quién lo había puesto, pero no había duda de que yo era su dueña:

Para Susan Miralleso, con cariño .

- ¿Qué te parece?- dijo Ginny con los ojos muy abiertos.
- Es muy bonito.- dije por fin; los nervios y el asombro me impedían decir otra cosa.
- ¿Bonito? ¡Serás el centro de la fiesta!
- No seas exagerada, iría muy guapa, eso sí.
- ¿Pero es que no piensas ir?.- Lavender me tomó por los brazos.- Ni creas que te voy a dejar que guardes ese vestido en el armario, es un regalazo.

Era un vestido de tirantes, largo como la vida, azul marino y bañado de estrellas. Una vez puesto, al moverme, despedía destellos, como si se tratase del mismísimo cielo en un cuerpo de mujer. Y ahí estaba yo, en medio de todo esos haces de luz.

- ¡Se te ve preciosa!.- todas aplaudieron.

La verdad es que era cierto, nunca me había visto así. Yo, que siempre figuro con el pelo recogido y ropa ancha, en caso de que no vaya con la túnica. Parvati me soltó mi largo cabello rubio, cayendo tímidamente por los hombros y el cuello. Cuando me miré en el espejo, sólo pude centrarme en una cosa: en esos ojos que me miraban más celestes que nunca.

A la mañana siguiente, me apresuré en bajar al Gran Comedor. Tenía que hablarle a Luna del vestido, de que podría ir con ella a la fiesta, de que ya no tendría que ir sola... pero Luna no estaba allí. En su lugar, estaba Alice, una chica de Ravenclaw, del primer año, pero en la que Luna confiaba plenamente.

- Susan, Luna me ha dado esto para ti, me dijo que era urgente.

Abrí la nota. Efectivamente, el motivo para el recado requería urgencia:

Susan,
Siento no poder hablar contigo, y tampoco asistir a la reunión de las snitches doradas. Pero es que el motivo de mi ausencia es importante. Creo que sé quién está detrás de todo esto, de las pérdidas de objetos. Es cierto que los dementores pueden influir en vuestra pérdida de memoria, pero robar vuestras pertenencias, esas están escogidas caprichosamente. Aún no puedo afirmar que sea "él", pero estoy casi segura. Te ruego tengas mucho cuidado en los cambios de clases, no salgas sola a los terrenos del colegio y sobre todo, no te enfrentes con NADIE (y NADIE incluye a Draco y sus compinches). Espero que todo salga bien.

P.D.: Siento tener que decirte esto, pero no voy a poder ir a la fiesta, es de súbita importancia. Digamos que tengo que comprobar si todos los invitados "asistirán". Por favor, preséntate allí, no hagas locuras, tú eres una de las invitadas y yo comprobaré que estaréis TODOS.

Atentamente, Luna.

¿Qué tan urgente debía ser su motivo para faltar? Esa era mi gran pregunta. Al parecer, todo indica que Luna sabe algo sobre los objetos desaparecidos, aunque nunca le había dado mucha importancia. Ahora, sin embargo, falta a clase y la causa parece ser esa. ¿y qué quiso decir con "él"? ¿acaso era una persona la culpable? ¿o se trataba de... un chico? Lo que más me desconcertaba era el que no iría a la fiesta, ahora que yo me había decidido a ir. ¿y qué quiso decir con eso de comprobar que todos iríamos? Creí que sería más fácil averiguarlo si estás presente y los cuentas... El caso es que su mensaje me dejó totalmente fuera de partida.

A pesar de que la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras era mi preferida, ese día el profesor Ion Ander no conseguía atraer mi atención. En ese momento, la nota de Luna me interesaba más que el estudio de los inferi mordidos por hombres lobo.
Miré hacia Fraco y su grupo. Luna me había advertido de él. Bueno, en realidad, me había advertido de todo peligro. ¿Pero qué peligro? Se iba a producir una fiesta en el colegio y Luna insinuaba falta de seguridad.

Esa frase me acompañó a lo largo del día, y por su puesto fue lo último que mi mente pensó antes de dormir:
Mañana habrá una fiesta en Hogwarts y Luna insinúa peligro

CAPÍTULO 12

Querido diario:
Estaba muy nerviosa. Faltaban unos minutos escasos para que dieran las diez. Y yo ahí, de nuevo frente al espejo con mi vestido puesto, como ya lo había hecho dos días antes. La verdad es que tuve que agradecerles a Ginny y Lavender su interés por mí: me peinaron, me arreglaron y me maquillaron fugazmente para convertirme en la princesa de cuento que ni yo misma conocía. Aunque esa "magia artificial" sólo duraría una noche. Luego volvería a ser la cenicienta, el patito feo que era.
- Vamos, baja ya, son las diez y quince minutos, todos estarán abajo.- Ginny me ponía cada vez más nerviosa.
- Si no bajas ya, todos empezarán a preguntar por los invitados que faltan, y entonces se percatarán más de tu ausencia.- Lavender me recordó más de un pensamiento con sus palabras, sobre todo con "ausencia".
- No se preocupen, no tengo prisa porque no me perderé gran cosa. Además, Hermione aún no ha salido de la ducha, no creen que está tardando mucho en salir?
- Esto... verás es que Hermione... ella se fue al baño de prefectos para estar más tranquila.
- ¿Tranquila? ¿Quieres decir que le molesta mi presencia? ¿Me estás diciendo que le estorbo?
- ¡¡No, no!! No me malinterpretes, es que... bueno... allí no habrá nadie y...
- ¡¡Y no la molestarán!!.- me puse hecha una fiera.- Vaya, gracias por decírmelo, Ginny, pero no te preocupes que ahora mismo bajo a hablar con ella y preguntarle qué es exactamente lo que le molesta de mí, si el que vaya también a la fiesta o simplemente mi presencia. Mira por donde, chica, lo has conseguido, voy a bajar ya, ya es hora.

Bajé en seguida las escaleras que desembocaban en la sala común y salí por el hueco de la pared. Mi paso era decidido, mi pulso, tenso, y mi cabeza, echaba humo, pues no podía creer que le fuese molesta a Hermione, precisamente yo, quien le había salvado la vida.
Por fin llegué al Gran Comedor. Había música y manjares, y todos estaban allí. Me percaté de que muchas miradas se habían cruzado con mi llegada, pero me daba igual, en ese momento lo importante era hablar con Granger.
- ¡Susan!.- exclamó tras de mí justamente la persona que estaba buscando.
- Ah, hola, Granger. Precisamente te estaba buscando.- noté cómo me irritaba hablar con ella.
- Granger, por favor, llámame Hermione, como lo has hecho siempre.
- ¡Por qué has tenido que...
- Susan, caray, estás guapísima,.- dijo Harry, que acababa de llegar con Ron, situándose cada uno a ambos lado de la chica.- ¿No es cierto, Ron?
El pelirrojo no contestó. En su lugar agachó la cabeza. Pensé que por un momento no le agradó el comentario, o que no opinaba lo mismo que su amigo. Aunque Hermione explicó la causa del silencio:
- Sabía que te quedaría bonito pero no tanto,.- miró a Ron.- La verdad es que no sabía muy bien cual elegir, todos lo vestidos eran muy lindos. Menos mal que Ron me ayudó, tenía mucho empeño en que te comprara este.
Me quedé de piedra. Ahora lo entendía todo. Hermione me había dado una gran sorpresa con su regalo. Fue por eso por lo que no se arregló en la habitación, y fue por eso que Ginny no me quiso contar nada. Cuando miré a Ron, lo entendí todo aún más. Su cabeza agachada impedía que le viésemos un rostro aún más rojo que su cabello.
- Vaya, muchísimas gracias, pero de veras no tenías que haberte molestado.
- ¿Bromeas? es lo menos que podía hacer por tí. Además, sabía que te haría ilusión lucir un vestido para la fiesta.- miró a sus amigos y levantándole la cara a su tímido y sonrojado amigo dijo:- por cierto, ¿qué era eso que me estabas contando?
- Ah... no nada, precisamente eso. Te decía que por qué has tenido que molestarte con el vestido, no era necesario que me lo agradecieras.
- Insisto. Bueno, Harry y yo vamos a bailar, veniros vosotros dos también.
¿Había oído bien? ¿Se refería a Ron y a mí? Por lo que pude apreciar, Ron se hacía las mismas preguntas. Hermione se molestó por la tardanza. Nos tomó las manos y nos agarró fuerte, a modo de nudo.
- Vamos, quedáis ridículos en medio de la pista de baile así de quietos, muévanse.
Le hicimos caso (Ron a regañadientes) y comenzamos a bailar. Al principio, se trataba de pasos muy simples, casi robóticos. Creo que el chico se relajó un poco cuando le dije que parecíamos dos inferi bailando bajo la maldición imperius. Soltó una ruidosa carcajada. Harry y Hermione nos miraron, y al vernos reír divertidamente, se sonrieron y se empezaron a hablar en el oído. Yo apenas les prestaba atención porque Ron me estaba contando un chiste que a su padre le habían contado en el ministerio sobre ese tipo de "seres".
Pero no llegó a terminarlo. Harry lo interrumpió.
- Eh, Ron, ¿por qué no me acompañas a la mesa a por 4 cervezas de mantequilla?.- Harry lo tenía agarrado por el brazo.
- Espera, tío, ¡aún no terminado de contarle el chiste!
- Déjalo para después y ven conmigo.
No le dejó contestar. Ya se había marchado y Hermione reapareció en el Sitio donde antes se encontraban los chicos.
- ¿Qué? te gusta, ¿no?
- ¿Eh?
- No lo niegues, por favor, se te nota desde segundo.
- No entiendo de qué me hablas...- aunque no la convencí. La verdad es que el rojo de mi rostro no hacía juego con el azul del vestido.
- Estuviste muy atenta con él cuando hicimos los deberes de Pociones. Y además, te llevaste una semana soñando que espantabas las arañas de la cama de Ron...
Me quedé muda. ¿En serio oyó eso?
- Mira, no te preocupes de nada porque Ron parece sentir lo mismo por ti. No sé... el otro día me dijo que ya iba siendo hora de acabar con Malfoy. Harry y yo pensamos que lo diría por su hermana, ya sabes, nunca para de molestarla, pero... nos dijo que te enfrentaste a él y que te dijo cosas horribles. Chica, yo no lo había visto tan preocupado por nadie, ni siquiera con Lavender. Ah, por cierto, Lavender y él ya no están juntos.
- ¿No?.- abrí mucho los ojos para intentar oír mejor.- ¿Y eso?
- Bueno, digamos que a la chica no le agrada que su novio esté tan pendiente de ti. Verás, ella y tú nunca habéis tenido problemas y sois buenas compañeras, pero si él te ha preferido a ti...
- Me estás diciendo que...
- ¡¡Ya estamos aquí!!.- Harry canturreó esas palabras mientras le ofrecía una cerveza a Hermione. Luego la tomó por la cintura.- Señorita Granger, ¿sería usted tan amable de acompañarme a la pista, por favor?
- Encantada, señor Potter, ya estaba usted tardando en pedírmelo.- la chica puso voz de hombre, pero sonaba divertida. Ambos se marcharon.
- Toma, la he traído para tí.- Ron me ofreció una cerveza de mantequilla, luego miró hacia el suelo.
- ¿Te apetece que sigamos bailando?
- No, mejor no.- seguía mirando al suelo, y eso no me gustaba nada.- ¿Por qué no salimos afuera y damos un paseo?
Eso era lo último que esperaba oir, pero era tan buena idea que en poco estábamos saliendo del castillo. Hacía una noche hermosa, y el viento acariciaba nuestros cuerpos.
¡qué bonita noche!
- Ron, ¿te encuentras bien?.- desde que habíamos salido, el pelirrojo no había abierto la boca.- Termina de contarme el chiste.
- ¡¡No!!.- parecía que le había pedido un delito.- Quiero decir... ¿Para qué, pudiendo hablar de otra cosa...?
- ¿Otra cosa?.- creí que ya supe lo que pasaba.- Por curiosidad, ¿qué habéis estado hablando Harry y tú?
- Nada... cosas sin importancia, nada más.- su voz se tambaleaba.
- ¿Nada? ¿Estás seguro?.- lo miré fijamente, como no lo había hecho en toda mi vida. Pude apreciar con total nitidez cada una de las pequitas que componían su cara. El chico me devolvió el gesto, mirando fijamente a los ojos.
- Caray, Susan, no me había fijado, tienes unos ojos muy bonitos.
- Esto... gracias.- pero dime, ¿habéis estado hablando de mis ojos Harry y tú?
- Bueno, de tus ojos no, pero de la similitud entre el cielo de hoy y tu vestido...- esta vez se acercó un pelín más hacia mí. Me tomó de la mano y volvió a mirarme.
No dijimos nada. Sólo se oía un pequeño susurro, que parecía venir del fondo del lago. Poco a poco, el chico se fue acercando a mi rostro, hasta el punto de poder sentir su respiración. Nos envolvía el aroma de ambos. Ya casi notaba el leve roce de su labio inferior junto al mío. Estaba a punto de suceder... estaba a punto de ocurrir... Pero no ocurrió. En lugar de eso, nos deslumbró un breve destello anaranjado en el fondo del bosque.
- ¿Qué ha sido eso?.- el rayo me había sobresaltado.
- Vayamos a ver...
- ¿Crees que es buena idea?.- atendí a decir. No quería que Ron entrara en el bosque prohibido, me traía malos recuerdos.
Pero Ron salió corriendo en dirección al bosque. No sé si por Ron o por pura cabezonería, pero lo cierto es que me tragué todo mi orgullo y en breve había dos chicos de Gryffindor de sexto en ese horrible lugar.