Querido
diario:
No me preguntes por qué lo hice, pues me da
vergüenza responderte (aunque lo voy a hacer, ya sabes que
tú eres el único que me comprendes y con el que soy
capaz de sincerarme). Fue un puro impulso, no podía seguir
allí un minuto más, viendo los preciosos trajes de las
chicas, y yo, sin vestido. Por suerte, me calmé.
Los días
que siguieron se pueden calificar de infarto; todos en Hogwarts se
preguntan por sus atuendos de gala, si irían solos o
acompañados a la fiesta, estaba organizada por los chicos del
séptimo curso, a modo de despedida, por lo que sólo
asistirían los invitados por éstos. La mayoría
de los "afortunados" éramos de sexto y yo, apenas
hablaba con ellos... hasta que me enfrenté al dementor.
Esa
mañana me levanté temprano para repasar mi redacción
de Transformaciones. La sala común estaba vacía. Ya a
punto de bajar a desayunar, observé la lista de invitados.
Ésta se encontraba junto al anuncio del E.D. Eran unos
cincuenta los invitados a la fiesta, y los alumnos de Gryffindor
aparecían subrayados. De pronto, me reconocí:
Miralleso Pach, Susan . Era la última figurante de mi
casa. Pensar en esa dichosa fiesta me irritaba, no tenía muy
claro si iba a asistir, aunque tenía aún dos días
para pensarlo (la fiesta era un viernes, y todavía era
miércoles), por lo que me apresuré a bajar al Gran
Comedor.
- ¡Eh, Luna! ¿Qué haces por aquí
tan temprano?
- Vaya, vaya, ¿acaso yo no puedo madrugar?
¿Te hago la competencia?
- jaja, no, no es eso, es que...
oye, ¿has pensado ya lo que vas a hacer?
- ¿Te
refieres a mi plan? Sí, ya lo he pensado pero... aún
tengo que retocar algunos pasos y... por cierto, felicidades por tu
invitación, eso es algo muy especial.- sabía que Luna
evadía ese tema, pero no insistí.- Yo también
iré.
- ¿Y quién ha dicho que vaya a ir?- mi
tono sonó cortante, por lo que continué.- Verás,
es que no lo tengo muy claro.
- ¿Bromeas? ¡Vamos, lo
pasaremos genial! En fin, me voy a clase, nos vemos después
de... bueno, a la hora de siempre, en la biblioteca.
Me
apresuré hacia el aula de Adivinación, en lo alto de la
torre. Había muchos compañeros de Hufflepuff que se
dirigían hacia allí. Estaba en quinta planta esperando
el regreso de la escalera cuando alguien gritó:
- Nunca
dejas de sorprenderme, Susy.- proclamó con altanería el
chico rubio platino de Slytherin.
- Varios alumnos de Gryffindor
me miraron. También había chicos de Slytherin
apoyándolo, pues Eric el centauro no había llegado al
aula. Noté cómo me ruborizaba.
- En serio, ¿o
acaso no saben que la pequeña Susan irá a la fiesta de
despedida?.- ahora eran unos chicos (cuando digo chicos, me refiero a
alumnos y alumnas) de Ravenclaw los que se acercaban por el pasillo.-
Dime Susy, ¿quién te ha invitado, Bertha Brokling, la
mema de Hufflepuff, o fue Anne Stuart, la chica que te pide ayuda en
Encantamientos? Creí que los de séptimo tenían
mejor gusto.
- Y yo creí que un chico de tu condición
sería un poco más educado, pero me equivoqué.-
las palabras escaparon cuan si fueran lenguas de fuego. Las risas del
pasillo cesaron.
- ¿Cómo te atreves a...
- ¿a
qué?.- lo interrumpí.- ¿a defenderme de tus
insultos? ¿a intervenir de una vez y acabar con todo esto? Ya
estoy harta de que te burles de mí, de que me trates como si
fuera inferior.
- Pero es que...
- ¡Es que no lo soy! Y
en el hipotético caso de que no lo fuera, no necesitaría
que me lo recordaras tú, precisamente. Y ahora, si me
disculpas, esa escalera me está esperando.
Me volví
y subí el primer escalón. Los murmullos acompañaban
mis pasos, y a lo lejos pude oír las crueles palabras de un
Malfoy aterrador:
- No mereces la pena, Susan. Sólo me
sorprendía que una estúpida sangre-sucia como tú
hubiera conseguido invitación en una semana, y a un par de
palurdas por amigas, en seis años, aunque esa no es la verdad:
¡¡Tú no tienes amigos, Susy, y no los tendrás
nunca!!
Pero ya había llegado al final de la escalera y me
apresuré en entrar al aula. Esa clase me la pasé
pensando en las palabras del Slytherin y por momentos me irritaban.
Tenía que reconocerlo, no tenía amigos y no los había
tenido nunca. El timbre sonó como una melodía
angelical, y con él iban mis pies, camino de la biblioteca.
Allí aguardaban las snitches doradas.
- Hola, Susan, qué
bueno que llegas.- dijo Julie alegremente.
- ¿Susan? ¿Te
ocurre algo?- Luna me miraba circunspecta.
- No... nada... es
que... no he tenido un buen día.- sé que no la
convencí.
- No tienes buena cara, vamos, desahógate.
Sus
palabras sonaron como una orden para mí. Sin poder ni querer
impedirlo, rompí a llorar y les conté todo. Luna se
acercó a mí hasta fijar su cara frente a la mía.
Las chicas me abrazaron.
- Ese tío es un cretino, pasa de
él.
- ¿Estás loca? ¡ni lo sueñes!
Hazle un conjuro paralizador y cuélgalo en el alféizar
de Mc Gonagall.- Todas rompimos a reír con el comentario de
Nazareth.
- Oye... ¡Oye! Anímate, nosotras estamos
contigo y somos tus amigas. Susan, cuando te propuse unirte al grupo,
no lo hice por compasión. Yo confío en ti, todas lo
hacemos.- esta vez levanté la vista y la miré.- Las
snitches son como las estrellas: no siempre se ven, pero sabes que
están ahí. Cuando te vi por primera vez, supe que eras
especial, ¡y lo eres! Todas lo pasamos bien contigo.
- ¡Y
tú con nosotras!.- Julie fingió estar enojada.
- Esa
es la magia de las snitches.- dijo Luna con determinación.-
Esa es la auténtica magia.
Todas guardamos silencio.
Realmente, las palabras de las chicas me reconfortaron. De repente,
Nazareth dijo:
- Además, Susan, por qué preocuparte
y perder el tiempo con ese amargado, pelo de paja y osito de
Parkinson, en lugar de alegrarte con la fiesta del viernes?- todas
soltaron un gritito alegre.
- Nazareth tiene razón. Luna y
tú tenéis mucha suerte. Además, a ti te invitó
Gustave Kimberly, de Hufflepuff.
- ¿Bromeas?¿ese
pijito?.- Julie la miró irónica.- Bueno, es igual, el
caso es que podéis ir, qué suerte...
- ¿Suerte?.-
dije instintivamente.- ¡No conozco a nadie en esa fiesta!
-
Eso no es cierto, estarás con Luna, y el trío de
Gryffindor también irá.
- Bueno, sí... ¡pero
no conozco al chico que me invitó!
- Eso no es necesario,
una vez en la fiesta no tienes por qué verte obligada a estar
con él...
- Lo sé... y... aunque quisiera ir... ¡no
puedo porque no tengo vestido!.- me sonrojé.
- ¿Cómo?
¿Entonces no lo compraste tú?
Todas mirábamos
incrédulas a Nazareth. Ésta sólo hizo ademán
de disculparse.
- Bueno... verás... es que... oí que
Ginny le contaba a Cyntia lo bonito que era el vestido de Susan
Miralleso y... pues esa eres tú. Pero pensé que lo
sabías, que fue cosa tuya.
Por un segundo, todas
permanecimos congeladas, inmóviles. Ya sin poder resistirlo,
corrí hacia la torre de Gryffindor. Por un momento pude sentir
en mi cabeza las voces de las chicas diciendo Vamos, nena,
ya estás tardando en ir a ver .
Cuando llegué
a mi habitación, encontré a un grupo de chicas
alrededor de mi cama, y sí, allí había un
hermoso vestido.
Querido
diario:
No sé qué hacía allí ese
vestido ni quién lo había puesto, pero no había
duda de que yo era su dueña:
Para Susan Miralleso, con cariño .
-
¿Qué te parece?- dijo Ginny con los ojos muy abiertos.
- Es muy bonito.- dije por fin; los nervios y el asombro me
impedían decir otra cosa.
- ¿Bonito? ¡Serás
el centro de la fiesta!
- No seas exagerada, iría muy
guapa, eso sí.
- ¿Pero es que no piensas ir?.-
Lavender me tomó por los brazos.- Ni creas que te voy a dejar
que guardes ese vestido en el armario, es un regalazo.
Era un vestido de tirantes, largo como la vida, azul marino y bañado de estrellas. Una vez puesto, al moverme, despedía destellos, como si se tratase del mismísimo cielo en un cuerpo de mujer. Y ahí estaba yo, en medio de todo esos haces de luz.
- ¡Se te ve preciosa!.- todas aplaudieron.
La verdad es que era cierto, nunca me había visto así. Yo, que siempre figuro con el pelo recogido y ropa ancha, en caso de que no vaya con la túnica. Parvati me soltó mi largo cabello rubio, cayendo tímidamente por los hombros y el cuello. Cuando me miré en el espejo, sólo pude centrarme en una cosa: en esos ojos que me miraban más celestes que nunca.
A la mañana siguiente, me apresuré en bajar al Gran Comedor. Tenía que hablarle a Luna del vestido, de que podría ir con ella a la fiesta, de que ya no tendría que ir sola... pero Luna no estaba allí. En su lugar, estaba Alice, una chica de Ravenclaw, del primer año, pero en la que Luna confiaba plenamente.
- Susan, Luna me ha dado esto para ti, me dijo que era urgente.
Abrí la nota. Efectivamente, el motivo para el recado requería urgencia:
Susan,
Siento
no poder hablar contigo, y tampoco asistir a la reunión de las
snitches doradas. Pero es que el motivo de mi ausencia es importante.
Creo que sé quién está detrás de todo
esto, de las pérdidas de objetos. Es cierto que los dementores
pueden influir en vuestra pérdida de memoria, pero robar
vuestras pertenencias, esas están escogidas caprichosamente.
Aún no puedo afirmar que sea "él", pero estoy
casi segura. Te ruego tengas mucho cuidado en los cambios de clases,
no salgas sola a los terrenos del colegio y sobre todo, no te
enfrentes con NADIE (y NADIE incluye a Draco y sus compinches).
Espero que todo salga bien.
P.D.: Siento tener que decirte esto, pero no voy a poder ir a la fiesta, es de súbita importancia. Digamos que tengo que comprobar si todos los invitados "asistirán". Por favor, preséntate allí, no hagas locuras, tú eres una de las invitadas y yo comprobaré que estaréis TODOS.
Atentamente, Luna.
¿Qué tan urgente debía ser su motivo para faltar? Esa era mi gran pregunta. Al parecer, todo indica que Luna sabe algo sobre los objetos desaparecidos, aunque nunca le había dado mucha importancia. Ahora, sin embargo, falta a clase y la causa parece ser esa. ¿y qué quiso decir con "él"? ¿acaso era una persona la culpable? ¿o se trataba de... un chico? Lo que más me desconcertaba era el que no iría a la fiesta, ahora que yo me había decidido a ir. ¿y qué quiso decir con eso de comprobar que todos iríamos? Creí que sería más fácil averiguarlo si estás presente y los cuentas... El caso es que su mensaje me dejó totalmente fuera de partida.
A
pesar de que la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras era mi
preferida, ese día el profesor Ion Ander no conseguía
atraer mi atención. En ese momento, la nota de Luna me
interesaba más que el estudio de los inferi mordidos por
hombres lobo.
Miré hacia Fraco y su grupo. Luna me había
advertido de él. Bueno, en realidad, me había advertido
de todo peligro. ¿Pero qué peligro? Se iba a producir
una fiesta en el colegio y Luna insinuaba falta de seguridad.
Esa
frase me acompañó a lo largo del día, y por su
puesto fue lo último que mi mente pensó antes de
dormir:
Mañana habrá una fiesta en Hogwarts
y Luna insinúa peligro
CAPÍTULO 12
Querido
diario:
Estaba muy nerviosa. Faltaban unos minutos escasos para
que dieran las diez. Y yo ahí, de nuevo frente al espejo con
mi vestido puesto, como ya lo había hecho dos días
antes. La verdad es que tuve que agradecerles a Ginny y Lavender su
interés por mí: me peinaron, me arreglaron y me
maquillaron fugazmente para convertirme en la princesa de cuento que
ni yo misma conocía. Aunque esa "magia artificial"
sólo duraría una noche. Luego volvería a ser la
cenicienta, el patito feo que era.
- Vamos, baja ya, son las diez
y quince minutos, todos estarán abajo.- Ginny me ponía
cada vez más nerviosa.
- Si no bajas ya, todos empezarán
a preguntar por los invitados que faltan, y entonces se percatarán
más de tu ausencia.- Lavender me recordó más de
un pensamiento con sus palabras, sobre todo con "ausencia".
-
No se preocupen, no tengo prisa porque no me perderé gran
cosa. Además, Hermione aún no ha salido de la ducha, no
creen que está tardando mucho en salir?
- Esto... verás
es que Hermione... ella se fue al baño de prefectos para estar
más tranquila.
- ¿Tranquila? ¿Quieres decir
que le molesta mi presencia? ¿Me estás diciendo que le
estorbo?
- ¡¡No, no!! No me malinterpretes, es que...
bueno... allí no habrá nadie y...
- ¡¡Y
no la molestarán!!.- me puse hecha una fiera.- Vaya, gracias
por decírmelo, Ginny, pero no te preocupes que ahora mismo
bajo a hablar con ella y preguntarle qué es exactamente lo que
le molesta de mí, si el que vaya también a la fiesta o
simplemente mi presencia. Mira por donde, chica, lo has conseguido,
voy a bajar ya, ya es hora.
Bajé
en seguida las escaleras que desembocaban en la sala común y
salí por el hueco de la pared. Mi paso era decidido, mi pulso,
tenso, y mi cabeza, echaba humo, pues no podía creer que le
fuese molesta a Hermione, precisamente yo, quien le había
salvado la vida.
Por fin llegué al Gran Comedor. Había
música y manjares, y todos estaban allí. Me percaté
de que muchas miradas se habían cruzado con mi llegada, pero
me daba igual, en ese momento lo importante era hablar con Granger.
-
¡Susan!.- exclamó tras de mí justamente la
persona que estaba buscando.
- Ah, hola, Granger. Precisamente te
estaba buscando.- noté cómo me irritaba hablar con
ella.
- Granger, por favor, llámame Hermione, como lo has
hecho siempre.
- ¡Por qué has tenido que...
-
Susan, caray, estás guapísima,.- dijo Harry, que
acababa de llegar con Ron, situándose cada uno a ambos lado de
la chica.- ¿No es cierto, Ron?
El pelirrojo no contestó.
En su lugar agachó la cabeza. Pensé que por un momento
no le agradó el comentario, o que no opinaba lo mismo que su
amigo. Aunque Hermione explicó la causa del silencio:
-
Sabía que te quedaría bonito pero no tanto,.- miró
a Ron.- La verdad es que no sabía muy bien cual elegir, todos
lo vestidos eran muy lindos. Menos mal que Ron me ayudó, tenía
mucho empeño en que te comprara este.
Me quedé de
piedra. Ahora lo entendía todo. Hermione me había dado
una gran sorpresa con su regalo. Fue por eso por lo que no se arregló
en la habitación, y fue por eso que Ginny no me quiso contar
nada. Cuando miré a Ron, lo entendí todo aún
más. Su cabeza agachada impedía que le viésemos
un rostro aún más rojo que su cabello.
- Vaya,
muchísimas gracias, pero de veras no tenías que haberte
molestado.
- ¿Bromeas? es lo menos que podía hacer
por tí. Además, sabía que te haría
ilusión lucir un vestido para la fiesta.- miró a sus
amigos y levantándole la cara a su tímido y sonrojado
amigo dijo:- por cierto, ¿qué era eso que me estabas
contando?
- Ah... no nada, precisamente eso. Te decía que
por qué has tenido que molestarte con el vestido, no era
necesario que me lo agradecieras.
- Insisto. Bueno, Harry y yo
vamos a bailar, veniros vosotros dos también.
¿Había
oído bien? ¿Se refería a Ron y a mí? Por
lo que pude apreciar, Ron se hacía las mismas preguntas.
Hermione se molestó por la tardanza. Nos tomó las manos
y nos agarró fuerte, a modo de nudo.
- Vamos, quedáis
ridículos en medio de la pista de baile así de quietos,
muévanse.
Le hicimos caso (Ron a regañadientes) y
comenzamos a bailar. Al principio, se trataba de pasos muy simples,
casi robóticos. Creo que el chico se relajó un poco
cuando le dije que parecíamos dos inferi bailando bajo la
maldición imperius. Soltó una ruidosa carcajada. Harry
y Hermione nos miraron, y al vernos reír divertidamente, se
sonrieron y se empezaron a hablar en el oído. Yo apenas les
prestaba atención porque Ron me estaba contando un chiste que
a su padre le habían contado en el ministerio sobre ese tipo
de "seres".
Pero no llegó a terminarlo. Harry lo
interrumpió.
- Eh, Ron, ¿por qué no me
acompañas a la mesa a por 4 cervezas de mantequilla?.- Harry
lo tenía agarrado por el brazo.
- Espera, tío, ¡aún
no terminado de contarle el chiste!
- Déjalo para después
y ven conmigo.
No le dejó contestar. Ya se había
marchado y Hermione reapareció en el Sitio donde antes se
encontraban los chicos.
- ¿Qué? te gusta, ¿no?
-
¿Eh?
- No lo niegues, por favor, se te nota desde
segundo.
- No entiendo de qué me hablas...- aunque no la
convencí. La verdad es que el rojo de mi rostro no hacía
juego con el azul del vestido.
- Estuviste muy atenta con él
cuando hicimos los deberes de Pociones. Y además, te llevaste
una semana soñando que espantabas las arañas de la cama
de Ron...
Me quedé muda. ¿En serio oyó eso?
-
Mira, no te preocupes de nada porque Ron parece sentir lo mismo por
ti. No sé... el otro día me dijo que ya iba siendo hora
de acabar con Malfoy. Harry y yo pensamos que lo diría por su
hermana, ya sabes, nunca para de molestarla, pero... nos dijo que te
enfrentaste a él y que te dijo cosas horribles. Chica, yo no
lo había visto tan preocupado por nadie, ni siquiera con
Lavender. Ah, por cierto, Lavender y él ya no están
juntos.
- ¿No?.- abrí mucho los ojos para intentar
oír mejor.- ¿Y eso?
- Bueno, digamos que a la chica
no le agrada que su novio esté tan pendiente de ti. Verás,
ella y tú nunca habéis tenido problemas y sois buenas
compañeras, pero si él te ha preferido a ti...
- Me
estás diciendo que...
- ¡¡Ya estamos aquí!!.-
Harry canturreó esas palabras mientras le ofrecía una
cerveza a Hermione. Luego la tomó por la cintura.- Señorita
Granger, ¿sería usted tan amable de acompañarme
a la pista, por favor?
- Encantada, señor Potter, ya estaba
usted tardando en pedírmelo.- la chica puso voz de hombre,
pero sonaba divertida. Ambos se marcharon.
- Toma, la he traído
para tí.- Ron me ofreció una cerveza de mantequilla,
luego miró hacia el suelo.
- ¿Te apetece que sigamos
bailando?
- No, mejor no.- seguía mirando al suelo, y eso
no me gustaba nada.- ¿Por qué no salimos afuera y damos
un paseo?
Eso era lo último que esperaba oir, pero era tan
buena idea que en poco estábamos saliendo del castillo. Hacía
una noche hermosa, y el viento acariciaba nuestros cuerpos.
¡qué
bonita noche!
- Ron, ¿te encuentras bien?.- desde que
habíamos salido, el pelirrojo no había abierto la
boca.- Termina de contarme el chiste.
- ¡¡No!!.-
parecía que le había pedido un delito.- Quiero decir...
¿Para qué, pudiendo hablar de otra cosa...?
- ¿Otra
cosa?.- creí que ya supe lo que pasaba.- Por curiosidad, ¿qué
habéis estado hablando Harry y tú?
- Nada... cosas
sin importancia, nada más.- su voz se tambaleaba.
- ¿Nada?
¿Estás seguro?.- lo miré fijamente, como no lo
había hecho en toda mi vida. Pude apreciar con total nitidez
cada una de las pequitas que componían su cara. El chico me
devolvió el gesto, mirando fijamente a los ojos.
- Caray,
Susan, no me había fijado, tienes unos ojos muy bonitos.
-
Esto... gracias.- pero dime, ¿habéis estado hablando de
mis ojos Harry y tú?
- Bueno, de tus ojos no, pero de la
similitud entre el cielo de hoy y tu vestido...- esta vez se acercó
un pelín más hacia mí. Me tomó de la mano
y volvió a mirarme.
No dijimos nada. Sólo se oía
un pequeño susurro, que parecía venir del fondo del
lago. Poco a poco, el chico se fue acercando a mi rostro, hasta el
punto de poder sentir su respiración. Nos envolvía el
aroma de ambos. Ya casi notaba el leve roce de su labio inferior
junto al mío. Estaba a punto de suceder... estaba a punto de
ocurrir... Pero no ocurrió. En lugar de eso, nos deslumbró
un breve destello anaranjado en el fondo del bosque.
- ¿Qué
ha sido eso?.- el rayo me había sobresaltado.
- Vayamos a
ver...
- ¿Crees que es buena idea?.- atendí a decir.
No quería que Ron entrara en el bosque prohibido, me traía
malos recuerdos.
Pero Ron salió corriendo en dirección
al bosque. No sé si por Ron o por pura cabezonería,
pero lo cierto es que me tragué todo mi orgullo y en breve
había dos chicos de Gryffindor de sexto en ese horrible lugar.
