CAPÍTULO 13

Querido diario:
Créeme, no he pasado tanto miedo en mi vida. Comparado con esto, los dementores son micropuffs.
No tardamos mucho en ser tragados por el bosque y su fantasmagórico ambiente. Me sobresalté con el graznido de algún cuervo, y no pude evitar, por inercia, el agarrarme al brazo de Ron, que en lugar de esquivarlo, lo acarició suavemente con el otro. "¿Por qué tuvimos que dejar la pista de baile?" ¡Cómo me gustaría beberme esa cerveza de mantequilla que hemos dejado en el castillo!", me decía a mí misma. Casi al mismo tiempo, sacamos nuestras varitas y apuntamos al frente. Había algo extraño en ese lugar, era... era como si ya hubiese estado allí antes... ¡Qué tontería! ¡claro que había estado allí, muchísimas veces, y la última había sido para luchar contra un dementor! Era por eso que el lugar me producía escalofríos... ¿O era el viento el que me hacía sentir helada? Ron lo había notado, porque me tomó de la mano y la apretó muy fuerte:
- No te pasará nada, para eso estoy yo aquí.
Sus palabras me tranquilizaron. Era uno de los chicos que más aventuras había vivido en tan poco tiempo, después de Harry Potter, el chico que se enfrentó a Voldemort en más de una ocasión. Y yo estaba con él. No. No pasaría nada.
De repente, una luz cegadora chocó en medio de unos arbustos. Cuando llegamos al lugar, la luz anaranjada había desaparecido y en su lugar había algo que me robó un pequeño gritito.
- ¡¡El joyero de Julie!!.- corrí para cogerlo. Pero Ron me sujetó del brazo.
- ¡¡Espera!! ¿y si es una trampa?
Entonces lo comprendí. Yo ya había estado allí, pero además viví ese momento, una tarde en la clase de Pociones, mientras dormía.
- Ron, creo que sé lo que hay que hacer
- ¿Y cómo estás tan segura?.- esta vez levantó un ceja a modo de sospecha.
- Soñé con este lugar, cuando Snape restó 20 puntos a Gryffindor y me quedé dormida en clase, ¿recuerdas?.- hizo un gesto afirmativo con la cabeza.- Siento hasta el mismo frío en mi piel...
Permanecimos en silencio. Me puse a caminar con paso decidido, el chico me seguía imitando mi carácter. Sabía por dónde pasaba. Cada árbol, cada rama... todo estaba como entonces, y lo recordaba con la misma nitidez que el agua del lago refleja las nubes. ¿Cómo es que ahora me acuerdo de dónde puse mi reloj y cuándo lo usé por última vez? Sin demorarnos encontramos el libro de Hermione y tras el árbol de al lado, mi reloj. Pero me equivoqué. No debí cogerlo, por mucha ilusión que me hiciera encontrarlo. De repente, sentí algo raro. Era como si mi cuerpo no pesara, y se disolviera a la velocidad de la luz.
- ¡¡¡Rápido, Ron, es un traslador!!!
Estaba lejos, a unos ocho pasos. Sin embargo, se lanzó de cabeza hasta mí, sujetando con dos dedos la hebilla de mi reloj. Había colores a nuestro alrededor. Y dábamos vueltas en el vacío... hasta que caímos. No había rastro del bosque ni de nada que se pareciera a Hogwarts. Nos encontrábamos en un lugar muy oscuro...
- ¡Lumos!.- dijimos a la vez.
Era una cueva, y a excepción del frío, no se parecía en nada al paisaje anterior.
Empezamos a caminar despacio buscando el reloj e intentando regresar, pero en una de nuestras pisadas, una hilera de antorchas se encendieron, al compás de una melodía oriental.
- Oh, no, las luces del guardián.- susurré muerta de miedo.- esto es magia hindú, pero ya no se imparte, es demasiado...
- ¿antigua?.- dijo Ron, que nunca atendía a las clases de Historia de la Magia.
- ...oscura.- lo miré seria.
- Bueno, míralo de otra manera, ahora estamos muy iluminados, la "oscuridad" ya se ha ido.
- ¿Que no lo entiendes? ¡Esto es magia oscura, y de seguro que estamos muy lejos del colegio!
Bueno, pensemos... por qué se han encendido las antorchas, ¿qué ha pasado exactamente?
- Bueno, digamos que hemos alterado la sensibilidad del hechizo, o algo así... verás... funciona como los sensores muggles: se activan a través del sonido, del movimiento, de la luz...
- En este caso, de nuestros pasos, ¿no?
- Puede ser
- Espera un momento... y qué se gana con eso, quiero decir, son luces del guardián, ¿verdad?
- Sí...- contesté casi deduciendo lo que pensaba decir.
- Entonces, si las luces se han encendido... ¡¡el guardián nos ha descubierto!!
- Y puede que esté en camino, así que démonos prisa en encontrar la salida, el reloj ha desaparecido.
Comenzamos a caminar por ese largo camino de piedra durante un rato que se me hizo eterno. Y encontramos algo. Una puerta. Pero estaba cerrada.
- ¡¡Alohomora!!.- acertamos a decir
Pero no se abrió. Ron la pateó y golpeó, pero en lugar de abrirla, sólo consiguió hacerse daño.
- ¿Se te ocurre algo?.- me dijo con impaciencia.
- ¡¡Estoy pensando!!.- su actitud infantil me ponía aún más nerviosa de lo que estaba.- Espera un momento... ¡creo que ya lo tengo! Ron, esto se mueve mediante magia hindú,.- el chico dijo sí con la cabeza,- pero también con convencionalismos muggle,- volvió a asentir,- ¡¡Ron, esto está hecho para muggles!! Veamos, ¿qué fue lo que hizo Alí Babá para conseguir el tesoro? Decir las... palabras mágicas, es decir, un conjuro hindú. Además, todo encaja: las luces del guardián, la puerta sellada, la cueva...
- pues date prisa y prueba.- esta vez su impaciencia sonó con un leve todo de esperanza.
- ¡¡¡Ábrete sésamo!!!
Y sin poder creerlo, la puerta se abrió. entramos casi a empujones, queríamos entrar antes que el otro. Luego, lo solucionamos con una sonrisa. Sin embargo, la de Ron se hizo aún más grande, pues vio algo que le gustó muchísimo.
- Vaya, vaya, qué tenemos aquí... ¿una partidita a ajedrez mágico, Susan?
- Siento desilusionarte, Ron, pero en la civilización hindú no se había inventado el ajedrez.
Efectivamente, así era. Ron también notó que, aunque aparentaba un tablero blanqui-negro de ajedrez, las fichas no aparecían por ningún sitio... y una puerta aguardaba al otro lado del tablero.
- Ya lo tengo, Ron.
- ¿Ya?
- Piensa, ¿por qué destacaron los persas?
- ¿Por ser vencidos por los griegos una y otra vez?
- ¡¡Por las matemáticas!! ¡¡Ron, esto es aritmancia hindú!!
Se le iluminaron los ojos: él era bastante bueno en cálculos aritméticos, sobre todo cuando veía quidditch y el marcador estaba lejos...
- ¿Conoces la historia de Ab- Derahman el Sabio?.- con su silencio entendí que no lo había oído nunca.- Bueno, Ab- Derahman el sabio fue el único que venció al rey persa, el mejor matemático de la antigüedad. Éste le retó para conseguir a la hija de Ab-Derahman y hacerla su esclava. En cambio, si éste lograba vencerlo, podría conseguir todo el oro que le pidiera. El rey le propuso un juego aritmético y Ab-Derahman lo resolvió. Luego el sabio le propuso una operación tan irracional y paradojística que el rey tuvo que rendirse antes que cometer un error de cálculo.
- ¿Y qué tiene que ver con esto?.- Ron volvía a impacientarse.
- El caso es que este fue el deseo de Ab-Derahman, estamos ante su juego.
- ¿Su... juego?
- Ab-Derahman le pidió al rey una moneda de oro por cada casilla del tablero, pero con una pequeña trampa. Por cada casilla, debía aumentar una moneda.
- De manera que en la primera, puso una, en la segunda, dos y...entonces, ¿pidió 64 monedas?
- Lo ves, esa fue la trampa de Ab- Derahman, y tú acabas de caer,- le dije con voz de reproche.- Si sumas una más una hasta sesenta y cuatro, tu respuesta es correcta. En cambio, si sumas uno más dos, más, tres, más cuatro...y así hasta sesenta y cuatro... Vamos Ron, tenemos que dar con la solución. Seguro que la respuesta abre la puerta.
Nos pusimos a trabajar. Él sumaba las cantidades de una fila mientras yo lo hacía con otra. Teníamos que hacerlo con cuidado, o de lo contrario daría error y no sabríamos dónde nos habíamos equivocado. Pero ahí no acabó la cosa. Fue todavía más difícil, pues el techo de la cueva se estaba desmoronando, y las rocas en breve nos sepultarían en vida.
- ¡¡Vamos Ron, sigue la operación mientras transformo las rocas!!
Era mucho más rápido que yo, y en el tiempo que yo empleaba para una fila, él conseguía otra más la mitad de la siguiente. Sin embargo, yo sabía cómo protegerlo.
- ¡¡lizós alizeias!!
Las rocas que apuntaba, las transformaba en azucenas. Por instantes, Ron permanecía envuelto en un manto de flores.
- ¡¡Oye!! ¿¿Y consiguió mucho dinero el Ab- Derachán ese??
- ¡¡Tanto que arruinó al rey y le costó su cabeza!!.- le grité desde la entrada a la sala,- ¡¡Y se dice Ab-Derahman!!

Estaba agotada. Daba la sensación de que cada vez caían más, y cada vez más pesadas, en oposición a una Susan cada vez más abatida por el cansancio.
- ¡¡¡Date prisa, Ron, no podré aguantar mucho tiempo y cada vez son más rocas!!!
Por fin, me hizo ademán de que le siguiera y, esquivando como pude los cuerpos que caían, me hice a su lado junto a la puerta cerrada.
- Vaya, Susan, no sabía que te gustara la aritmancia.
- Ni yo que se te diera tan bien la aritmética,- le dije cortésmente.- ¡La profesora de mi prima Linda te hubiera puesto sobresaliente!
Y entre risas y miradas, Ron escribió con los dedos, la cifra resultante de tan peligroso cálculo, sobre un panel de arena que había en la puerta. De repente, la arena cayó, y la puerta comenzó a ascender, dejando un gran hueco ante nosotros.
Esta vez, no nos peleábamos por entrar. A pesar de los aplausos, no nos gustó nada lo que vimos, pues comprendimos que en lugar de haber encontrado la salida, encontramos lo que quizás fuera nuestro fin.

CAPÍTULO 14

Querido diario:
De seguro te preguntarás qué es lo que nos deparaba al otro lado de la puerta. Y sobre todo, por qué no nos alegrábamos al oír esos aplausos. Pues bien. Los autores de aquellos vítores eran nada más y nada menos que veinte hombres de negro, enmascarados a base de plata y en cuyos brazos podían apreciarse los bocetos de una serpiente...
- Mortífagos...,- le susurré a Ron.- Por, Merlín, Ron, esto no me gusta nada...
- Vaya, vaya, vaya... ¿Qué tenemos aquí?.- Era una voz femenina la que hablaba.- no creáis que los aplausos son en vuestro honor, sino todo lo contrario: aplaudimos al autor de este ingenioso plan.
Tras la mujer enmascarada, llegaron otros dos, sujetando a un mago de melena rubia y ojos azules...
- ¡¡Profesor Ion Ander!!
- ¿Qué conmovedor, no creen?.- volvió a hablar la cruel mortífaga.- el maravilloso pero trágico encuentro entre el profesor novato y sus estúpidos alumnos. Veamos, un aprendiz de mago que no tiene donde caerse muerto,- se acercó a Ron y le tomó un madejo de pelo.- créeme, agradecerás una muerte como esta, pues así tus padres no costearán tu entierro sino el Ministerio... en cuanto a tí... bueno, una simple sangre sucia más de la que nos vamos a librar.- miró al profesor y le hizo una reverencia.- ¿Me permite que le cuente una historia a sus... ex-alumnos?.- el profesor asintió con un grito, era evidente que estaba bajo la maldición imperius.- Bien, en ese caso acomódense.
Dos sillones de piedra aparecieron al instante. Pero al sentarnos, unas cadenas abrazaron nuestros brazos, piernas y cuello.
- Todo comenzó hace cuatro años, cuando vuestro amiguito destruyó al basilisco. La amenaza de sangre sucia en Hogwarts se multiplicaría, y los logros que ya una vez dieron comienzo con el heredero de Slytherin comenzarían a desvanecerse en nuestros propios ojos. Es por ello que elaboramos nuestro plan. Con pequeños trasladores, alejaríamos a los sangre sucia del colegio y los... eliminaríamos.- disfrutaba con su discurso, parecía como si llevara ensayándolo mucho tiempo.- Pero nuestro señor nos ordenó esperar, al menos hasta que él se sintiera totalmente recuperado y en condiciones normales para desafiar a Potter a un duelo.
- Otra vez...
- ¡¡¡Silencio, asqueroso Weasley!!! ¡¡Traidor a la sangre!!
Varios mortífagos apuntaron a Ron con su varita. Tras unos segundos, la mujer prosiguió:
- Bueno, cuando comenzamos a actuar durante este curso, nos percatamos de que era más lista de lo habitual, quizás un poco más que la sabelotodo de ojos castaños... esa que siempre anda tras de Potter... y precisamente eso era lo que os hacía distintas: si no fuera porque siempre estás sola y amargada, serías igual de ilusa a ella.- me hirieron esas palabras, habían acertado mi fibra débil.- Es por ello que decidimos traerte a ti primero, pues de ser al revés, habrías empezado a emplear tu eterno y aburrido tiempo en investigar los casos de tus compañeras, y habrías sido una amenaza para nuestro triunfo. Era ese nuestro objetivo hasta que el señor oscuro nos reunió, y entonces las cosas cambiaron, créanme. Con la desaparición de una sangre sucia y su amigo, Potter no podría resistir la insolente costumbre de entrometerse en nuestro camino y hacerse el héroe. Pronto vendrá a buscaros, y pronto veréis cómo el señor oscuro lo derrotará de una vez por todas.
- ¿Y cómo cree usted que llegará aquí, en escoba?.- Ron gritaba más por miedo que por ira.
- Veo que no ha aprendido nada en su estancia en Hogwarts, pequeño muchacho.- la mujer se acercó a Ron y le acarició la barbilla con su varita.- un traslador puede permanecer en el mismo lugar en que cae si sólo funciona de ida pero... ¿y si se hechiza para un viaje de ida y vuelta? El reloj de tu amiguita yace de nuevo en el bosque prohibido...
- No lo entiendo... sabía que había dementores, sabía que ellos nos hacían perder la memoria pero... ¿cómo consiguieron nuestros objetos? no se puede activar accio mediante trasladores...
La mortífaga se giró hacia mí. Esta vez se inclinó para regalarme una de esas miradas que hacen que se hiele la sangre.
- Chica lista...sí, señor. Verán, en un principio pensamos en atacaros en el bosque. Pero ya en una ocasión tuvimos un... pequeño percance con vuestro profesor de Defensa. Una vez fuera de juego, como ocurrió esta mañana, su actuación estaba controlada. Pero no. Tampoco era nuestra intención atacar delante de... algún alumno o habitante del castillo que posea el mapa del merodeador. Así que tuvimos que arrastrar nuestro campo de tortura hasta aquí, un lugar apreciado por nuestro señor. No sabíamos cómo conseguir vuestra atención hasta que un día, un chico nos facilitó vuestras pertenencias...
Y entonces apareció. Un chico alto, rubio como el sol y de ojos grises apareció en medio de un grupo de mortífagos, con una serpiente en el brazo.
- ¡¡Malfoy!!.- gritamos Ron y yo al verlo.
- Me alegro de que sean amigos. Realmente, tienen suerte de serlo, porque es un joven de alta condición, tanto por su sangre como por su astucia. Es cierto que por motivos personales su ayuda debía ser inminente, pero no por ello debemos quitarle su mérito. Él se encargó de tu reloj y de todo lo demás. El señor tenebroso estará muy orgulloso de ti, Draco.- le dijo a su compañero de crimen, sonriéndole.
- Y mi padre también.- el chico le devolvió la sonrisa a su cómplice. Bien era cierto que Lucius Malfoy seguía en Azkaban y si se enteraba de todo esto, no podría hacer menos que besarle los pies a su hijo, que actuaba para lord Voldemort con la intención de liberar a su padre.
No teníamos palabras. Odiábamos a Draco desde el primer día pero jamás pensamos que haría una cosa así. Entonces, descubrí que algo no encajaba...
- Un momento... ¿cómo sabe usted lo del mapa del merodeador?
La mujer no se alarmó. En lugar de eso, volvió a sonreír y lentamente, se quitó su máscara.
- ¡¡Bellatrix!!
- Exacto, Weasley, la querida prima de tu difunto amigo-perro... Sirius Black. Él era uno de los que hacía llamarse "merodeador", ¿cierto? Sí, Colagusano me lo comentó.- yo no pude evitar un gritito, aterrada.- En cuanto a tí, creo que ya he aguantado bastante tu interrogatorio. Ahora verás cómo se siente la muerte cuando sale de mi varita...

- ¡¡¡NOOO!!!
Un grito triple atravesó el interior de la cueva. Había tres personas más en la sala. Dos de ellas, para nuestro alivio, eran Harry y Hermione. Sin embargo, había alguien más allí. Alguien al otro lado de la sala, que para nosotros era desconocido, pero no para Harry...

CAPÍTULO 15

Querido diario:
Al parecer, había tres personas que no deseaban mi muerte. Dos de ellas, nuestros queridos amigos, Harry y Hermione; en cambio, un tercero se presentó ante el coro de mortífagos, recibiendo reverencias por donde quiera que pasaba.
- Pero Señor, ya hemos esperado bastante. Matémosla y continuemos nuestro plan sin piedad
- ¿Quién ha hablado de piedad, querida?.- El encapuchado se detuvo a su lado, pero no la miró.- No. No es piedad lo que me retiene, sino honor. Debemos matarlos como superiores, no como cobardes. ¿Y no es de cobardes matarlos sin opción a defenderse?
- Pero Señor...
- ¿Temes que se defiendan mejor que tú, querida?
- No, Señor.
- Entonces suéltenlos. Hagamos las cosas bien, y en igualdad de condiciones. Black, ocúpate del Weasley, no hay hombres a su altura y eres de las más... cariñosas.- Ron hizo una mueca de desprecio,- Crabble, Goyle, encargaos de nuestra nueva invitada, la sangre sucia. Contigo ocurre lo contrario, niña, por eso lucharás con los dos a la vez, creo que será todo un detalle por nuestra parte tal jueguecito para la sabelotodo de Hogwarts. Malfoy,- me señaló a mí,- no creo que la pequeña sangre sucia te dé problemas, será pan comido, comparada con tu brillante actuación.
Los sillones y las cadenas desaparecieron, y Ron y yo caímos al suelo.
- En cuanto a ti...- señaló a Harry.
- Creo que necesitará un ejército entero para Harry.- me aventuré a decir.
- No lo creo, asquerosa amenaza a la sangre,- vi sus ojos, de un rojo intenso,- Conmigo le sobrará.
Los mortífagos rieron ruidosamente. Sabía que ese era mi fin. Sabía que una carnicería se avecinaba, y que yo no viviría para contarlo. El mismísimo Lord Voldemort en persona, bromeando conmigo. Probablemente sería lo último que oyera en toda mi vida. Y era muy triste.
- Colóquense en disposición para dar comienzo a este maravilloso juego... quiero decir, duelo.- de nuevo los mortífagos acompañaban sus palabras con una carcajada.
La formación nos hizo volar a cada uno en una posición. Hermione era la más cercana a la salida. Frente a ella, dos enormes figuras enfundaban sus varitas.
Pegado a mi espalda sentí a un Ron nervioso, pero que sujetaba su varita con mucha determinación. Al sentir tal contacto, se giró, y en nuestro cruce de miradas, yo percibí su ira y él, mi inseguridad. Y sin esperarme nada parecido en ese momento, me besó. Fue un beso fugaz, pero muy intenso. Malfoy hizo un gesto de asco y me ordenó lo mirase. En el centro, un Voldemort sereno y un Harry aterrador se cruzaban miradas de odio infinito. Realmente, daba miedo la triste figura del señor del mal, pero el chico de la cicatriz daba aún más pánico. Todo él era una bola de fuego a punto de abrasar a todo aquel que osara mirarlo.
- Para los que hoy tienen el gusto de asistir a su primer duelo, lo primero es la reverencia.
- ¡¡¡IMPERIUS!!!.- un grito unísono hizo que una reverencia unísona se produjera entre los alumnos de Hogwarts. Vi cómo Malfoy me sonreía, haciéndome una exagerada y coqueta reverencia. Yo no me contuve:
- ¡¡DIRUPTIO!!
Y Malfoy cayó derrumbado al suelo. Con todo, los mortífagos comenzaron a atacar, pero mis amigos ya se habían librado, al igual que yo, de la maldición imperius.
Ron correteaba a la mortífaga sobre sus propios pasos, pues le resultaba difícil acertar sus maldiciones y hechizos con el pelirrojo a toda velocidad. Hermione, en cambio, tenía la fascinante habilidad de aparecerse y desaparecerse en cuestión de milésimas de segundo, por lo que los mortífagos no hacían cosa mejor que enviarse encantamientos entre ellos. Todos actuábamos acertadamente. Todos excepto Harry, que parecía muy débil con cada movimiento de varita que hacía.
- Por favor, usen la cabeza, ¿¿¿acaso son imanes con polos opuestos???
Estas palabras fueron una orden para los mortífagos. Y en breve, un ACCIO VARITA conjunto hizo volar tales objetos de un lado para el otro. Estábamos desarmados. Estábamos perdidos. Pero no del todo. Crabble y Goyle no se ponían de acuerdo en retener la varita de Hermione, pues ninguno quería ceder a su invocación.
- ¡¡Expeliarmus!!.- dijo ésta tras aparecerse bajo las piernas de sus enemigos y recuperar su varita.- Vaya, vaya, quién es el desarmado ahora, ¿eh?
Efectivamente, los mortífagos no tenían manera de defenderse. Aparentemente. Uno de ellos sacó una serpiente de su túnica y la lanzó hacia la chica.
- ¡¡Atácala!!.- decía Lord Voldemort
- ¡¡Revélate contra tus superiores!!.- decía Harry también.
Ron también estaba desarmado, pero sus piernas seguían corriendo como si nada. Bellatrix lanzaba conjuros de dos en dos, desesperada. Entonces lo entendí: lo primero que hizo Ron con su varita fue aplicar cucurro en sus pies. Así, éstos correrían sin parar, pero a la vez sin cansarse.
Yo me dedicaba a esquivar los encantamientos de Malfoy con cada hueco rocoso y con tantos saltos como pude. Al menos, había puesto en práctica una de mis habilidades especiales: la gimnasia. Siempre fui muy elástica y flexible en el colegio, cuando estudiaba con los muggles. Hasta que lo pensé. Bueno, Susan, creo que hasta ahora, tus conocimientos muggle no te han fallado, así que, ¿por qué habrían de hacerlo ahora? . Cogí una piedra del suelo y esperé.
- Está... es...tá bien, Malfoy.- fingí que jadeaba.- tú...tú ga.. tú ganas, ya no... puedo más... estoy... a... agotada...
Pude oír sus pasos lentamente. Yo en cambio, tenía esa enorme piedra en mi mano y estaba dispuesta a tirársela a la cara. Ya faltaba poco... ya casi estaba...
- ¡¡¡Aaaaaahhhhhhh!!! ¡¡¡Mi nariz!!!
- ¡¡Petrificus totalus!!
Por fin, lo había hecho. Y no me refería a derrotar a Malfoy, sino a lanzarle esa piedra en toda su tibia cara. ¡Cuántas veces había soñado con eso!
Me giré y vi que mis compañeros lo estaban pasando muy mal. Hermione ya no luchaba contra los mortífagos, sino con una pitón que no se rendía. Ron seguía con su carrera, pero con el riesgo de que la mortífaga tuviera mejor puntería, pues ya había empezado a enviar maldiciones en diagonal, para que rebotasen en las paredes y acabaran en su cuerpo. Ahora se trataba de una carrera de obstáculos.
Pero sin duda, quien peor lo estaba pasando era Harry. Ya apenas podía sujetar su varita, era como si le pesase.
Vamos, Susan, piensa Mi cabeza hizo un viaje en el tiempo. Recordé las palabras de Ron al discutir con Malfoy en el gran comedor. Las palabras de Harry al acabar la sesión del E.D.: Concéntrate y construye tu propio sueño feliz Pero eso ahora no me servía. No había dementores a la vista. De pronto, recordé las palabras de Luna Aún no puedo afirmar que sea "él"... no te enfrentes con NADIE (y NADIE incluye a Draco y sus compinches)... nosotras estamos contigo y somos tus amigas. Susan, cuando te propuse unirte al grupo, no lo hice por compasión. Yo confío en ti, todas lo hacemos... Las snitches son como las estrellas: no siempre se ven, pero sabes que están ahí. Cuando te vi por primera vez, supe que eras especial, ¡y lo eres!... esa es la magia de las snitches... Esa es la auténtica magia
Por primera vez supe lo que significaban esas palabras que tantas veces había oído en boca de mi amiga. Las snitches... Soy una Snitch me dije, Soy una Snitch y voy a actuar como tal .
Corrí hacia la salida. Nadie echó de menos mi falta. Me dolían los pies, pero sabía que si lo hacía bien, daría resultado. Por fin, me hallé frente a una hilera de antorchas encendidas. Cogí dos y las apagué.
- ¡¡Mutatio Saeta de Fuego!!.- grité, y rápidamente, las dos antorchas formaron una preciosa escoba.
Mi regreso hacia la sala principal fue en escoba.
- ¡¡Harry!! ¡¡Rápido, utiliza esto!!
- ¡¡Accio Saeta de Fuego!!
- Vamos, chicos, ¿¿acaso somos jugadores de quidditch retirados??
Y al igual que en ocasiones anteriores los mortífagos se tomaban estas palabras como órdenes, mis compañeros tomaron las mías como una única salida.
- ¡¡GEMINO SAETA DE FUEGO!!
Y tres escobas aparecieron a nuestro lado, duplicadas de la primera. Por fin, todos teníamos nuestras varitas. Por fin, habíamos empatado el partido. Los mortífagos acabaron desmemorizados gracias a un perfecto ataque de Hermione. Malfoy yacía congelado junto a la roca que me sirvió de protección. Y ahora, Ron y yo nos enfrentábamos a la mortífaga, que apenas podía seguir lanzando ataques.
- ¿Qué te pasa, querida? ¿Ya has acabado tu repertorio?.- le dije en tono burlón.
No nos llevó mucho tiempo en hincharla como un globo y atarla a una roca, oyendo cómo decía, desmemorizada, si habíamos llegado a Francia.
Ya sólo quedaba Voldemort.
- Oigan, compañeros, ocúltense hasta que nos volvamos a reunir. Potter no tardará en caer, lloriqueando como lo hizo su sucia madre.
Al oír volé hacia donde estaba mi amigo. Nadie llama sucia a una muggle que dio su vida por salvar a su hijo.
- ¡¡NOOO!!.- me gritó éste con rabia.- No necesitaré ayuda para acabar con este perro moribundo.
- No estás en condiciones de llamarme así. Una escoba no cambia las cosas.
- Cierto, pero las mejora. ¿O es que no sabes volar en escoba?
- No necesito una escoba para volar.- se elevó hasta encontrarse a su altura, pero a unos metros de distancia.- Estoy harto de que sigas vivo, ya me he cansado de jugar.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ADAVA KEDAVRA!!!!!!!!!!!!!!!!
Fue una maldición doble. Ambos duelistas la habían lanzado. Uno, un asesino cotizado. El otro, una víctima fallicia de la misma maldición.
Los mortífagos lanzaron un escudo protector hacia su señor. Voldemort no dijo nada. Entonces lo hice:
- ¡¡EXPECTO PATRONUM!!
Un conejo apareció junto a Harry y se recostó sobre su hombro, gruñendo hacia su agresor. Ron y Hermione me imitaron.
- ¡¡Qué conmovedor!! Tres animalitos besuqueando al débil Potter. Un final feliz...
- ¡¡¡Eso!!! ¡¡¡No lo habría dicho mejor ni yo mismo!!! ¡¡¡Ahora verás!!!!.- todos vimos un brillo especial en los ojos de Harry.- RON, SIN IMPORTAR LA POBREZA, LA HUMILLACIÓN Y LA MISERIA. TÚ HAS SIDO, ¡¡¡¡ERES Y SERÁS SIEMPRE MI MEJOR AMIGO!!!!
A Ron le brillaron los ojos, como a Harry. Sin duda, se había emocionado.
- HERMIONE, SIN IMPORTAR LOS COMENTARIOS QUE TE RODEAN Y SIN IMPORTAR TU SANGRE, ¡¡¡¡ERES LO QUE MÁS QUIERO EN EL MUNDO!!!!
Hermione también se conmovió. Le temblaban las piernas y una lágrima cruzó su semblante. Yo me preguntaba qué estaba haciendo con ese discurso. Acaso... ¿acaso se estaba despidiendo?
- SUSAN, SIN IMPORTAR TU PASADO, DESAGRADABLE COMO EL MÍO, POR FAVOR, ¡¡¡¡NO ME DEJES NUNCA PORQUE TE NECESITO EN MI VIDA!!!!
No lo podía creer. Esas fueron las palabras más bellas que me habían dicho nunca.
- EN CUANTO A TI... ASESINO... TÚ PODRÁS CONSEGUIR SER EL DUEÑO DE TODO. EL SEÑOR DE TODAS LAS COSAS Y DE TODAS LAS GENTES... PERO NO TENDRÁS AMIGOS. SÓLO SIERVOS, SÚBDITOS... SÚBDITOS QUE OBEDECEN POR MIEDO EN LUGAR DE LEALTAD, FIDELIDAD O... AMISTAD. TÚ NO TIENES AMIGOS, ¡¡¡¡Y NO LOS TENDRÁS NUNCA!!!! ¡¡¡¡NO CONOCERÁS EL AMOR!!!
Tres siluetas aparecieron en torno a Harry. Una de ellas era femenina, y compartía con Harry el mismo color de ojos. Sujetaba la nutria de Hermione. Las otras dos, masculinas, compartían los otros patronus. Uno de ellos era idéntico a Harry. El otro era Sirius Black.
- Cariño, nosotros te ayudaremos.
Los haces de luz despendían chispas de fuego, que incendiaban las paredes.
De repente, hubo una explosión.