Querido
diario:
Créeme, no he pasado tanto miedo en mi vida.
Comparado con esto, los dementores son micropuffs.
No tardamos
mucho en ser tragados por el bosque y su fantasmagórico
ambiente. Me sobresalté con el graznido de algún
cuervo, y no pude evitar, por inercia, el agarrarme al brazo de Ron,
que en lugar de esquivarlo, lo acarició suavemente con el
otro. "¿Por qué tuvimos que dejar la pista de
baile?" ¡Cómo me gustaría beberme esa
cerveza de mantequilla que hemos dejado en el castillo!", me
decía a mí misma. Casi al mismo tiempo, sacamos
nuestras varitas y apuntamos al frente. Había algo extraño
en ese lugar, era... era como si ya hubiese estado allí
antes... ¡Qué tontería! ¡claro que había
estado allí, muchísimas veces, y la última había
sido para luchar contra un dementor! Era por eso que el lugar me
producía escalofríos... ¿O era el viento el que
me hacía sentir helada? Ron lo había notado, porque me
tomó de la mano y la apretó muy fuerte:
- No te
pasará nada, para eso estoy yo aquí.
Sus palabras me
tranquilizaron. Era uno de los chicos que más aventuras había
vivido en tan poco tiempo, después de Harry Potter, el chico
que se enfrentó a Voldemort en más de una ocasión.
Y yo estaba con él. No. No pasaría nada.
De repente,
una luz cegadora chocó en medio de unos arbustos. Cuando
llegamos al lugar, la luz anaranjada había desaparecido y en
su lugar había algo que me robó un pequeño
gritito.
- ¡¡El joyero de Julie!!.- corrí para
cogerlo. Pero Ron me sujetó del brazo.
- ¡¡Espera!!
¿y si es una trampa?
Entonces lo comprendí. Yo ya
había estado allí, pero además viví ese
momento, una tarde en
la clase de
Pociones, mientras dormía.
- Ron, creo que sé lo
que hay que hacer
- ¿Y cómo estás tan
segura?.- esta vez levantó un ceja a modo de sospecha.
-
Soñé con este lugar, cuando Snape restó 20
puntos a Gryffindor y me quedé dormida en clase, ¿recuerdas?.-
hizo un gesto afirmativo con la cabeza.- Siento hasta el mismo frío
en mi piel...
Permanecimos en silencio. Me puse a caminar con paso
decidido, el chico me seguía imitando mi carácter.
Sabía por dónde pasaba. Cada árbol, cada rama...
todo estaba como entonces, y lo recordaba con la misma nitidez que el
agua del lago refleja las nubes. ¿Cómo es que ahora me
acuerdo de dónde puse mi reloj y cuándo lo usé
por última vez? Sin demorarnos encontramos el libro de
Hermione y tras el árbol de al lado, mi reloj. Pero me
equivoqué. No debí cogerlo, por mucha ilusión
que me hiciera encontrarlo. De repente, sentí algo raro. Era
como si mi cuerpo no pesara, y se disolviera a la velocidad de la
luz.
- ¡¡¡Rápido, Ron, es un
traslador!!!
Estaba lejos, a unos ocho pasos. Sin embargo, se
lanzó de cabeza hasta mí, sujetando con dos dedos la
hebilla de mi reloj. Había colores a nuestro alrededor. Y
dábamos vueltas en el vacío... hasta que caímos.
No había rastro del bosque ni de nada que se pareciera a
Hogwarts. Nos encontrábamos en un lugar muy oscuro...
-
¡Lumos!.- dijimos a la vez.
Era una cueva, y a excepción
del frío, no se parecía en nada al paisaje
anterior.
Empezamos a caminar despacio buscando el reloj e
intentando regresar, pero en una de nuestras pisadas, una hilera de
antorchas se encendieron, al compás de una melodía
oriental.
- Oh, no, las luces del guardián.- susurré
muerta de miedo.- esto es magia hindú, pero ya no se imparte,
es demasiado...
- ¿antigua?.- dijo Ron, que nunca atendía
a las clases de Historia de la Magia.
- ...oscura.- lo miré
seria.
- Bueno, míralo de otra manera, ahora estamos muy
iluminados, la "oscuridad" ya se ha ido.
- ¿Que
no lo entiendes? ¡Esto es magia oscura, y de seguro que estamos
muy lejos del colegio!
Bueno, pensemos... por qué se han
encendido las antorchas, ¿qué ha pasado exactamente?
-
Bueno, digamos que hemos alterado la sensibilidad del hechizo, o algo
así... verás... funciona como los sensores muggles: se
activan a través del sonido, del movimiento, de la luz...
-
En este caso, de nuestros pasos, ¿no?
- Puede ser
-
Espera un momento... y qué se gana con eso, quiero decir, son
luces del guardián, ¿verdad?
- Sí...-
contesté casi deduciendo lo que pensaba decir.
- Entonces,
si las luces se han encendido... ¡¡el guardián nos
ha descubierto!!
- Y puede que esté en camino, así
que démonos prisa en encontrar la salida, el reloj ha
desaparecido.
Comenzamos a caminar por ese largo camino de piedra
durante un rato que se me hizo eterno. Y encontramos algo. Una
puerta. Pero estaba cerrada.
- ¡¡Alohomora!!.-
acertamos a decir
Pero no se abrió. Ron la pateó y
golpeó, pero en lugar de abrirla, sólo consiguió
hacerse daño.
- ¿Se te ocurre algo?.- me dijo con
impaciencia.
- ¡¡Estoy pensando!!.- su actitud
infantil me ponía aún más nerviosa de lo que
estaba.- Espera un momento... ¡creo que ya lo tengo! Ron, esto
se mueve mediante magia hindú,.- el chico dijo sí con
la cabeza,- pero también con convencionalismos muggle,- volvió
a asentir,- ¡¡Ron, esto está hecho para muggles!!
Veamos, ¿qué fue lo que hizo Alí Babá
para conseguir el tesoro? Decir las... palabras mágicas, es
decir, un conjuro hindú. Además, todo encaja: las luces
del guardián, la puerta sellada, la cueva...
- pues date
prisa y prueba.- esta vez su impaciencia sonó con un leve todo
de esperanza.
- ¡¡¡Ábrete sésamo!!!
Y
sin poder creerlo, la puerta se abrió. entramos casi a
empujones, queríamos entrar antes que el otro. Luego, lo
solucionamos con una sonrisa. Sin embargo, la de Ron se hizo aún
más grande, pues vio algo que le gustó muchísimo.
-
Vaya, vaya, qué tenemos aquí... ¿una partidita a
ajedrez mágico, Susan?
- Siento desilusionarte, Ron, pero
en la civilización hindú no se había inventado
el ajedrez.
Efectivamente, así era. Ron también notó
que, aunque aparentaba un tablero blanqui-negro de ajedrez, las
fichas no aparecían por ningún sitio... y una puerta
aguardaba al otro lado del tablero.
- Ya lo tengo, Ron.
-
¿Ya?
- Piensa, ¿por qué destacaron los
persas?
- ¿Por ser vencidos por los griegos una y otra
vez?
- ¡¡Por las matemáticas!! ¡¡Ron,
esto es aritmancia hindú!!
Se le iluminaron los ojos: él
era bastante bueno en cálculos aritméticos, sobre todo
cuando veía quidditch y el marcador estaba lejos...
-
¿Conoces la historia de Ab- Derahman el Sabio?.- con su
silencio entendí que no lo había oído nunca.-
Bueno, Ab- Derahman el sabio fue el único que venció al
rey persa, el mejor matemático de la antigüedad. Éste
le retó para conseguir a la hija de Ab-Derahman y hacerla su
esclava. En cambio, si éste lograba vencerlo, podría
conseguir todo el oro que le pidiera. El rey le propuso un juego
aritmético y Ab-Derahman lo resolvió. Luego el sabio le
propuso una operación tan irracional y paradojística
que el rey tuvo que rendirse antes que cometer un error de cálculo.
- ¿Y qué tiene que ver con esto?.- Ron volvía
a impacientarse.
- El caso es que este fue el deseo de
Ab-Derahman, estamos ante su juego.
- ¿Su... juego?
-
Ab-Derahman le pidió al rey una moneda de oro por cada casilla
del tablero, pero con una pequeña trampa. Por cada casilla,
debía aumentar una moneda.
- De manera que en la primera,
puso una, en la segunda, dos y...entonces, ¿pidió 64
monedas?
- Lo ves, esa fue la trampa de Ab- Derahman, y tú
acabas de caer,- le dije con voz de reproche.- Si sumas una más
una hasta sesenta y cuatro, tu respuesta es correcta. En cambio, si
sumas uno más dos, más, tres, más cuatro...y
así hasta sesenta y cuatro... Vamos Ron, tenemos que dar con
la solución. Seguro que la respuesta abre la puerta.
Nos
pusimos a trabajar. Él sumaba las cantidades de una fila
mientras yo lo hacía con otra. Teníamos que hacerlo con
cuidado, o de lo contrario daría error y no sabríamos
dónde nos habíamos equivocado. Pero ahí no acabó
la cosa. Fue todavía más difícil, pues el techo
de la cueva se estaba desmoronando, y las rocas en breve nos
sepultarían en vida.
- ¡¡Vamos Ron, sigue la
operación mientras transformo las rocas!!
Era mucho más
rápido que yo, y en el tiempo que yo empleaba para una fila,
él conseguía otra más la mitad de la siguiente.
Sin embargo, yo sabía cómo protegerlo.
- ¡¡lizós
alizeias!!
Las rocas que apuntaba, las transformaba en azucenas.
Por instantes, Ron permanecía envuelto en un manto de flores.
- ¡¡Oye!! ¿¿Y consiguió mucho
dinero el Ab- Derachán ese??
- ¡¡Tanto que
arruinó al rey y le costó su cabeza!!.- le grité
desde la entrada a la sala,- ¡¡Y se dice Ab-Derahman!!
Estaba
agotada. Daba la sensación de que cada vez caían más,
y cada vez más pesadas, en oposición a una Susan cada
vez más abatida por el cansancio.
- ¡¡¡Date
prisa, Ron, no podré aguantar mucho tiempo y cada vez son más
rocas!!!
Por fin, me hizo ademán de que le siguiera y,
esquivando como pude los cuerpos que caían, me hice a su lado
junto a la puerta cerrada.
- Vaya, Susan, no sabía que te
gustara la aritmancia.
- Ni yo que se te diera tan bien la
aritmética,- le dije cortésmente.- ¡La profesora
de mi prima Linda te hubiera puesto sobresaliente!
Y entre risas y
miradas, Ron escribió con los dedos, la cifra resultante de
tan peligroso cálculo, sobre un panel de arena que había
en la puerta. De repente, la arena cayó, y la puerta comenzó
a ascender, dejando un gran hueco ante nosotros.
Esta vez, no nos
peleábamos por entrar. A pesar de los aplausos, no nos gustó
nada lo que vimos, pues comprendimos que en lugar de haber encontrado
la salida, encontramos lo que quizás fuera nuestro fin.
CAPÍTULO 14
Querido
diario:
De seguro te preguntarás qué es lo que nos
deparaba al otro lado de la puerta. Y sobre todo, por qué no
nos alegrábamos al oír esos aplausos. Pues bien. Los
autores de aquellos vítores eran nada más y nada menos
que veinte hombres de negro, enmascarados a base de plata y en cuyos
brazos podían apreciarse los bocetos de una serpiente...
-
Mortífagos...,- le susurré a Ron.- Por, Merlín,
Ron, esto no me gusta nada...
- Vaya, vaya, vaya... ¿Qué
tenemos aquí?.- Era una voz femenina la que hablaba.- no
creáis que los aplausos son en vuestro honor, sino todo lo
contrario: aplaudimos al autor de este ingenioso plan.
Tras la
mujer enmascarada, llegaron otros dos, sujetando a un mago de melena
rubia y ojos azules...
- ¡¡Profesor Ion Ander!!
-
¿Qué conmovedor, no creen?.- volvió a hablar la
cruel mortífaga.- el maravilloso pero trágico encuentro
entre el profesor novato y sus estúpidos alumnos. Veamos, un
aprendiz de mago que no tiene donde caerse muerto,- se acercó
a Ron y le tomó un madejo de pelo.- créeme, agradecerás
una muerte como esta, pues así tus padres no costearán
tu entierro sino el Ministerio... en cuanto a tí... bueno, una
simple sangre sucia más de la que nos vamos a librar.- miró
al profesor y le hizo una reverencia.- ¿Me permite que le
cuente una historia a sus... ex-alumnos?.- el profesor asintió
con un grito, era evidente que estaba bajo la maldición
imperius.- Bien, en ese caso acomódense.
Dos sillones de
piedra aparecieron al instante. Pero al sentarnos, unas cadenas
abrazaron nuestros
brazos,
piernas y cuello.
- Todo comenzó hace cuatro años,
cuando vuestro amiguito destruyó al basilisco. La amenaza de
sangre sucia en Hogwarts se multiplicaría, y los logros que ya
una vez dieron comienzo con el heredero de Slytherin comenzarían
a desvanecerse en nuestros propios ojos. Es por ello que elaboramos
nuestro plan. Con pequeños trasladores, alejaríamos a
los sangre sucia del colegio y los... eliminaríamos.-
disfrutaba con su discurso, parecía como si llevara
ensayándolo mucho tiempo.- Pero nuestro señor nos
ordenó esperar, al menos hasta que él se sintiera
totalmente recuperado y en condiciones normales para desafiar a
Potter a un duelo.
- Otra vez...
- ¡¡¡Silencio,
asqueroso Weasley!!! ¡¡Traidor a la sangre!!
Varios
mortífagos apuntaron a Ron con su varita. Tras unos segundos,
la mujer prosiguió:
- Bueno, cuando comenzamos a actuar
durante este curso, nos percatamos de que era más lista de lo
habitual, quizás un poco más que la sabelotodo de ojos
castaños... esa que siempre anda tras de Potter... y
precisamente eso era lo que os hacía distintas: si no fuera
porque siempre estás sola y amargada, serías igual de
ilusa a ella.- me hirieron esas palabras, habían acertado mi
fibra débil.- Es por ello que decidimos traerte a ti primero,
pues de ser al revés, habrías empezado a emplear tu
eterno y aburrido tiempo en investigar los casos de tus compañeras,
y habrías sido una amenaza para nuestro triunfo. Era ese
nuestro objetivo hasta que el señor oscuro nos reunió,
y entonces las cosas cambiaron, créanme. Con la desaparición
de una sangre sucia y su amigo, Potter no podría resistir la
insolente costumbre de entrometerse en nuestro camino y hacerse el
héroe. Pronto vendrá a buscaros, y pronto veréis
cómo el señor oscuro lo derrotará de una vez por
todas.
- ¿Y cómo cree usted que llegará aquí,
en escoba?.- Ron gritaba más por miedo que por ira.
- Veo
que no ha aprendido nada en su estancia en Hogwarts, pequeño
muchacho.- la mujer se acercó a Ron y le acarició la
barbilla con su varita.- un traslador puede permanecer en el mismo
lugar en que cae si sólo funciona de ida pero... ¿y si
se hechiza para un viaje de ida y vuelta? El reloj de tu amiguita
yace de nuevo en el bosque prohibido...
- No lo entiendo... sabía
que había dementores, sabía que ellos nos hacían
perder la memoria pero... ¿cómo consiguieron nuestros
objetos? no se puede activar accio mediante
trasladores...
La mortífaga se giró hacia mí.
Esta vez se inclinó para regalarme una de esas miradas que
hacen que se hiele la sangre.
- Chica lista...sí, señor.
Verán, en un principio pensamos en atacaros en el bosque. Pero
ya en una ocasión tuvimos un... pequeño percance con
vuestro profesor de Defensa. Una vez fuera de juego, como ocurrió
esta mañana, su actuación estaba controlada. Pero no.
Tampoco era nuestra intención atacar delante de... algún
alumno o habitante del castillo que posea el mapa del merodeador. Así
que tuvimos que arrastrar nuestro campo de tortura hasta aquí,
un lugar apreciado por nuestro señor. No sabíamos cómo
conseguir vuestra atención hasta que un día, un chico
nos facilitó vuestras pertenencias...
Y entonces apareció.
Un chico alto, rubio como el sol y de ojos grises apareció en
medio de un grupo de mortífagos, con una serpiente en el
brazo.
- ¡¡Malfoy!!.- gritamos Ron y yo al verlo.
-
Me alegro de que sean amigos. Realmente, tienen suerte de serlo,
porque es un joven de alta condición, tanto por su sangre como
por su astucia. Es cierto que por motivos personales su ayuda debía
ser inminente, pero no por ello debemos quitarle su mérito. Él
se encargó de tu reloj y de todo lo demás. El señor
tenebroso estará muy orgulloso de ti, Draco.- le dijo a su
compañero de crimen, sonriéndole.
- Y mi padre
también.- el chico le devolvió la sonrisa a su
cómplice. Bien era cierto que Lucius Malfoy seguía en
Azkaban y si se enteraba de todo esto, no podría hacer menos
que besarle los pies a su hijo, que actuaba para lord Voldemort con
la intención de liberar a su padre.
No teníamos
palabras. Odiábamos a Draco desde el primer día pero
jamás pensamos que haría una cosa así. Entonces,
descubrí que algo no encajaba...
- Un momento... ¿cómo
sabe usted lo del mapa del merodeador?
La mujer no se alarmó.
En lugar de eso, volvió a sonreír y lentamente, se
quitó su máscara.
- ¡¡Bellatrix!!
-
Exacto, Weasley, la querida prima de tu difunto amigo-perro... Sirius
Black. Él era uno de los que hacía llamarse
"merodeador", ¿cierto? Sí, Colagusano me lo
comentó.- yo no pude evitar un gritito, aterrada.- En cuanto a
tí, creo que ya he aguantado bastante tu interrogatorio. Ahora
verás cómo se siente la muerte cuando sale de mi
varita...
-
¡¡¡NOOO!!!
Un grito triple atravesó el
interior de la cueva. Había tres personas más en la
sala. Dos de ellas, para nuestro alivio, eran Harry y Hermione. Sin
embargo, había alguien más allí. Alguien al otro
lado de la sala, que para nosotros era desconocido, pero no para
Harry...
CAPÍTULO 15
Querido
diario:
Al parecer, había tres personas que no deseaban mi
muerte. Dos de ellas, nuestros queridos amigos, Harry y Hermione; en
cambio, un tercero se presentó ante el coro de mortífagos,
recibiendo reverencias por donde quiera que pasaba.
- Pero Señor,
ya hemos esperado bastante. Matémosla y continuemos nuestro
plan sin piedad
- ¿Quién ha hablado de piedad,
querida?.- El encapuchado se detuvo a su lado, pero no la miró.-
No. No es piedad lo que me retiene, sino honor. Debemos matarlos como
superiores, no como cobardes. ¿Y no es de cobardes matarlos
sin opción a defenderse?
- Pero Señor...
- ¿Temes
que se defiendan mejor que tú, querida?
- No, Señor.
-
Entonces suéltenlos. Hagamos las cosas bien, y en igualdad de
condiciones. Black, ocúpate del Weasley, no hay hombres a su
altura y eres de las más... cariñosas.- Ron hizo una
mueca de desprecio,- Crabble, Goyle, encargaos de nuestra nueva
invitada, la sangre sucia. Contigo ocurre lo contrario, niña,
por eso lucharás con los dos a la vez, creo que será
todo un detalle por nuestra parte tal jueguecito para la sabelotodo
de Hogwarts. Malfoy,- me señaló a mí,- no creo
que la pequeña sangre sucia te dé problemas, será
pan comido, comparada con tu brillante actuación.
Los
sillones y las cadenas desaparecieron, y Ron y yo caímos al
suelo.
- En cuanto a ti...- señaló a Harry.
-
Creo que necesitará un ejército entero para Harry.- me
aventuré a decir.
- No lo creo, asquerosa amenaza a la
sangre,- vi sus ojos, de un rojo intenso,- Conmigo le sobrará.
Los
mortífagos rieron ruidosamente. Sabía que ese era mi
fin. Sabía que una carnicería se avecinaba, y que yo no
viviría para contarlo. El mismísimo Lord Voldemort en
persona, bromeando conmigo. Probablemente sería lo último
que oyera en toda mi vida. Y era muy triste.
- Colóquense
en disposición para dar comienzo a este maravilloso juego...
quiero decir, duelo.- de nuevo los mortífagos acompañaban
sus palabras con una carcajada.
La formación nos hizo volar
a cada uno en una posición. Hermione era la más cercana
a la salida. Frente a ella, dos enormes figuras enfundaban sus
varitas.
Pegado a mi espalda sentí a un Ron nervioso, pero
que sujetaba su varita con mucha determinación. Al sentir tal
contacto, se giró, y en nuestro cruce de miradas, yo percibí
su ira y él, mi inseguridad. Y sin esperarme nada parecido en
ese momento, me besó. Fue un beso fugaz, pero muy intenso.
Malfoy hizo un gesto de asco y me ordenó lo mirase. En el
centro, un Voldemort sereno y un Harry aterrador se cruzaban miradas
de odio infinito. Realmente, daba miedo la triste figura del señor
del mal, pero el chico de la cicatriz daba aún más
pánico. Todo él era una bola de fuego a punto de
abrasar a todo aquel que osara mirarlo.
- Para los que hoy tienen
el gusto de asistir a su primer duelo, lo primero es la reverencia.
-
¡¡¡IMPERIUS!!!.- un grito unísono hizo que
una reverencia unísona se produjera entre los alumnos de
Hogwarts. Vi cómo Malfoy me sonreía, haciéndome
una exagerada y coqueta reverencia. Yo no me contuve:
-
¡¡DIRUPTIO!!
Y Malfoy cayó derrumbado al suelo.
Con todo, los mortífagos comenzaron a atacar, pero mis amigos
ya se habían librado, al igual que yo, de la maldición
imperius.
Ron correteaba a la mortífaga sobre sus propios
pasos, pues le resultaba difícil acertar sus maldiciones y
hechizos con el pelirrojo a toda velocidad. Hermione, en cambio,
tenía la fascinante habilidad de aparecerse y desaparecerse en
cuestión de milésimas de segundo, por lo que los
mortífagos no hacían cosa mejor que enviarse
encantamientos entre ellos. Todos actuábamos acertadamente.
Todos excepto Harry, que parecía muy débil con cada
movimiento de varita que hacía.
- Por favor, usen la
cabeza, ¿¿¿acaso son imanes con polos
opuestos???
Estas palabras fueron una orden para los mortífagos.
Y en breve, un ACCIO VARITA conjunto hizo volar tales objetos de un
lado para el otro. Estábamos desarmados. Estábamos
perdidos. Pero no del todo. Crabble y Goyle no se ponían de
acuerdo en retener la varita de Hermione, pues ninguno quería
ceder a su invocación.
- ¡¡Expeliarmus!!.-
dijo ésta tras aparecerse bajo las piernas de sus enemigos y
recuperar su varita.- Vaya, vaya, quién es el desarmado ahora,
¿eh?
Efectivamente, los mortífagos no tenían
manera de defenderse. Aparentemente. Uno de ellos sacó una
serpiente de su túnica y la lanzó hacia la chica.
-
¡¡Atácala!!.- decía Lord Voldemort
-
¡¡Revélate contra tus superiores!!.- decía
Harry también.
Ron también estaba desarmado, pero
sus piernas seguían corriendo como si nada. Bellatrix lanzaba
conjuros de dos en dos, desesperada. Entonces lo entendí: lo
primero que hizo Ron con su varita fue aplicar cucurro
en sus pies. Así, éstos correrían sin parar,
pero a la vez sin cansarse.
Yo me dedicaba a esquivar los
encantamientos de Malfoy con cada hueco rocoso y con tantos saltos
como pude. Al menos, había puesto en práctica una de
mis habilidades especiales: la gimnasia. Siempre fui muy elástica
y flexible en el colegio, cuando estudiaba con los muggles. Hasta que
lo pensé. Bueno, Susan, creo que hasta ahora, tus
conocimientos muggle no te han fallado, así que, ¿por
qué habrían de hacerlo ahora? . Cogí una
piedra del suelo y esperé.
- Está... es...tá
bien, Malfoy.- fingí que jadeaba.- tú...tú ga..
tú ganas, ya no... puedo más... estoy... a...
agotada...
Pude oír sus pasos lentamente. Yo en cambio,
tenía esa enorme piedra en mi mano y estaba dispuesta a
tirársela a la cara. Ya faltaba poco... ya casi estaba...
-
¡¡¡Aaaaaahhhhhhh!!! ¡¡¡Mi
nariz!!!
- ¡¡Petrificus totalus!!
Por fin, lo había
hecho. Y no me refería a derrotar a Malfoy, sino a lanzarle
esa piedra en toda su tibia cara. ¡Cuántas veces había
soñado con eso!
Me giré y vi que mis compañeros
lo estaban pasando muy mal. Hermione ya no luchaba contra los
mortífagos, sino con una pitón que no se rendía.
Ron seguía con su carrera, pero con el riesgo de que la
mortífaga tuviera mejor puntería, pues ya había
empezado a enviar maldiciones en diagonal, para que rebotasen en las
paredes y acabaran en su cuerpo. Ahora se trataba de una carrera de
obstáculos.
Pero sin duda, quien peor lo estaba pasando era
Harry. Ya apenas podía sujetar su varita, era como si le
pesase.
Vamos, Susan, piensa Mi cabeza hizo un
viaje en el tiempo. Recordé las palabras de Ron al discutir
con Malfoy en el gran comedor. Las palabras de Harry al acabar la
sesión del E.D.: Concéntrate y construye tu
propio sueño feliz Pero eso ahora no me servía.
No había dementores a la vista. De pronto, recordé las
palabras de Luna Aún no puedo afirmar que sea "él"...
no te enfrentes con NADIE (y NADIE incluye a Draco y sus
compinches)... nosotras estamos contigo y somos tus amigas. Susan,
cuando te propuse unirte al grupo, no lo hice por compasión.
Yo confío en ti, todas lo hacemos... Las snitches son como las
estrellas: no siempre se ven, pero sabes que están ahí.
Cuando te vi por primera vez, supe que eras especial, ¡y lo
eres!... esa es la magia de las snitches... Esa es la auténtica
magia
Por primera vez supe lo que significaban esas
palabras que tantas veces había oído en boca de mi
amiga. Las snitches... Soy una Snitch me dije,
Soy una Snitch y voy a actuar como tal .
Corrí hacia
la salida. Nadie echó de menos mi falta. Me dolían los
pies, pero sabía que si lo hacía bien, daría
resultado. Por fin, me hallé frente a una hilera de antorchas
encendidas. Cogí dos y las apagué.
- ¡¡Mutatio
Saeta de Fuego!!.- grité, y rápidamente, las dos
antorchas formaron una preciosa escoba.
Mi regreso hacia la sala
principal fue en escoba.
- ¡¡Harry!! ¡¡Rápido,
utiliza esto!!
- ¡¡Accio Saeta de Fuego!!
- Vamos,
chicos, ¿¿acaso somos jugadores de quidditch
retirados??
Y al igual que en ocasiones anteriores los mortífagos
se tomaban estas palabras como órdenes, mis compañeros
tomaron las mías como una única salida.
- ¡¡GEMINO
SAETA DE FUEGO!!
Y tres escobas aparecieron a nuestro lado,
duplicadas de la primera. Por fin, todos teníamos nuestras
varitas. Por fin, habíamos empatado el partido. Los mortífagos
acabaron desmemorizados gracias a un perfecto ataque de Hermione.
Malfoy yacía congelado junto a la roca que me sirvió de
protección. Y ahora, Ron y yo nos enfrentábamos a la
mortífaga, que apenas podía seguir lanzando ataques.
-
¿Qué te pasa, querida? ¿Ya has acabado tu
repertorio?.- le dije en tono burlón.
No nos llevó
mucho tiempo en hincharla como un globo y atarla a una roca, oyendo
cómo decía, desmemorizada, si habíamos llegado a
Francia.
Ya sólo quedaba Voldemort.
- Oigan,
compañeros, ocúltense hasta que nos volvamos a reunir.
Potter no tardará en caer, lloriqueando como lo hizo su sucia
madre.
Al oír volé hacia donde estaba mi amigo.
Nadie llama sucia a una muggle que dio su vida por
salvar a su hijo.
- ¡¡NOOO!!.- me gritó éste
con rabia.- No necesitaré ayuda para acabar con este perro
moribundo.
- No estás en condiciones de llamarme así.
Una escoba no cambia las cosas.
- Cierto, pero las mejora. ¿O
es que no sabes volar en escoba?
- No necesito una escoba para
volar.- se elevó hasta encontrarse a su altura, pero a unos
metros de distancia.- Estoy harto de que sigas vivo, ya me he cansado
de jugar.
- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ADAVA
KEDAVRA!!!!!!!!!!!!!!!!
Fue una maldición doble. Ambos
duelistas la habían lanzado. Uno, un asesino cotizado. El
otro, una víctima fallicia de la misma maldición.
Los
mortífagos lanzaron un escudo protector hacia su señor.
Voldemort no dijo nada. Entonces lo hice:
- ¡¡EXPECTO
PATRONUM!!
Un conejo apareció junto a Harry y se recostó
sobre su hombro, gruñendo hacia su agresor. Ron y Hermione me
imitaron.
- ¡¡Qué conmovedor!! Tres animalitos
besuqueando al débil Potter. Un final feliz...
- ¡¡¡Eso!!!
¡¡¡No lo habría dicho mejor ni yo mismo!!!
¡¡¡Ahora verás!!!!.- todos vimos un brillo
especial en los ojos de Harry.- RON, SIN IMPORTAR LA POBREZA, LA
HUMILLACIÓN Y LA MISERIA. TÚ HAS SIDO, ¡¡¡¡ERES
Y SERÁS SIEMPRE MI MEJOR AMIGO!!!!
A Ron le brillaron los
ojos, como a Harry. Sin duda, se había emocionado.
-
HERMIONE, SIN IMPORTAR LOS COMENTARIOS QUE TE RODEAN Y SIN IMPORTAR
TU SANGRE, ¡¡¡¡ERES LO QUE MÁS QUIERO
EN EL MUNDO!!!!
Hermione también se conmovió. Le
temblaban las piernas y una lágrima cruzó su semblante.
Yo me preguntaba qué estaba haciendo con ese discurso.
Acaso... ¿acaso se estaba despidiendo?
- SUSAN, SIN
IMPORTAR TU PASADO, DESAGRADABLE COMO EL MÍO, POR FAVOR,
¡¡¡¡NO ME DEJES NUNCA PORQUE TE NECESITO EN
MI VIDA!!!!
No lo podía creer. Esas fueron las palabras más
bellas que me habían dicho nunca.
- EN CUANTO A TI...
ASESINO... TÚ PODRÁS CONSEGUIR SER EL DUEÑO DE
TODO. EL SEÑOR DE TODAS LAS COSAS Y DE TODAS LAS GENTES...
PERO NO TENDRÁS AMIGOS. SÓLO SIERVOS, SÚBDITOS...
SÚBDITOS QUE OBEDECEN POR MIEDO EN LUGAR DE LEALTAD, FIDELIDAD
O... AMISTAD. TÚ NO TIENES AMIGOS, ¡¡¡¡Y
NO LOS TENDRÁS NUNCA!!!! ¡¡¡¡NO
CONOCERÁS EL AMOR!!!
Tres siluetas aparecieron en torno a
Harry. Una de ellas era femenina, y compartía con Harry el
mismo color de ojos. Sujetaba la nutria de Hermione. Las otras dos,
masculinas, compartían los otros patronus. Uno de ellos era
idéntico a Harry. El otro era Sirius Black.
- Cariño,
nosotros te ayudaremos.
Los haces de luz despendían chispas
de fuego, que incendiaban las paredes.
De repente, hubo una
explosión.
